Junto a ti



JUNTO A TI


Me acomode en mi silla y me lleve la mano al cuello mientras lo movía, mis compañeros seguían enfrascados en sus planos trazando líneas y borrando, mientras que yo ya solo me limitaba a fingir trabajar ya que me encontraba aburrida. Mire mi reloj de pulsera y suspire al notar que aun faltaban quince minutos para poder salir. Dejé mi lápiz sobre el restirador y centre toda mi atención a lo que sucedía fuera del aula. Siempre elegía el lugar junto a la ventana ya que me permitía desconectarme un poco de lo que sucedía dentro y…


—El plano es para este viernes Srta. Leighton—. Me sobresalte al ver al profesor delante de mí inclinado mirando minuciosamente mi plano. Le dio un par de golpecitos antes de negar y mirarme. — Y le recuerdo que hoy es miércoles.

—Lo tendré listo —.Dije con seguridad y sin ocultar mi enfado. ¿Creía que no sabía en qué día vivía? Su comentario solo consiguió enfadarme y esta vez no me importo que lo notara. Pero lo que más coraje me daba era el que esta vez tenía razón y sabía que gracias a mi retraso pasaría unas noches de desvelo.

—Eso espero. —Se alejo para ir a ver el trabajo de mis compañeros.

Me lleve la mano a mi cabello pelirrojo que malamente el día de hoy había decidido llevar suelto y, que en este momento me estorbaba, por más que lo quería acomodar me era imposible, lo peor de todo es que estaba segura que debía de lucir como un espantapajaros. Muchos decían que era una chica hermosa, pero la realidad es que yo no sentía así, en mi casa la mujer que resaltaba era mi hermana Julie, ella era: alta, rubia, de tez pálida unos impresionantes ojos azules y con un cuerpo escultural que muchas mujeres envidiaban; mientras que yo tenía la estatura promedio, era de tez blanca como la de Julie, pero el cabello pelirrojo, ojos grises y un par de pecas salpicaban mi rostro, lo que algunos decían había arruinado la perfección de mi rostro, mi cuerpo estaba bien formado gracias a las largas horas que pasaba en la piscina y ejercitándome en el gimnasio para alcanzar solo un poco de la perfección que mi familia quería.

En lo académico no era tan diferente la historia, Julie siempre se destaco por ser la chica lista, aunque yo era consciente de que no era por merito propio. Ella sabia mover las piezas a su favor y lograr que las cosas siempre fueran de la manera que ella deseaba, sus buenos resultados en los exámenes era solo gracias a que previamente conseguía las respuestas y es por eso que sus calificaciones eran casi siempre perfectas. Ella era la chica popular mientas que yo era catalogada como un ratón de biblioteca. Yo obtenía buenas notas pero siempre eran por mis esfuerzos y no como ella.

Julie era la chica perfecta mientras que Katherine era solo una chica normal que la gente a veces podía pasar desapercibida, al principio era algo que me molestaba, pero ahora era algo no me importaba, en realidad era lo mejor ya que no me  gustaba ser el centro de atención. Algo difícil cuando se llevaba el apellido Leighton, la gente siempre lo asociaba con los dueños de la constructora Leighton, primero fue mi abuelo quien se abrió camino después mi padre quien consiguió posicionarnos como una de las mejores y por lo tanto reconocidas y como era de esperarse estaba Julie quien se acababa de unir y finalmente yo, lo que muchos esperaban era que mantuviéramos la empresa como hasta ahora o mejorarla si era posible, el peso sobre nuestros hombros era inmenso.

Había crecido escuchando todo lo referente a las construcciones y al inicio creía que yo sería una gran arquitecta, pero un día descubrí que mi pasión estaba en otro sitio, mas fue inaceptable que pensara en dedicarme a algo que no fuera el negocio familiar. No fue el hecho de una desilusión lo que me empujó a elegir esta carrera, la razón fue el orgullo y el demostrar a mi padre que podía ser mejor que mi hermana, de la cual siempre había sido una sombra durante toda mi vida, algo que cambio cuando comencé la facultad, desde el inicio mis notas fueron buenas, lo que más me destacaba eran mis proyectos que siempre conseguían estar en los primeros lugares y por lo tanto elogios y reconocimientos que Julie no había obtenido, lo que provocó la reacción que había estado esperando de mi padre, por primera vez me veía con luz propia y se sentía orgulloso de mi.

Suspire audiblemente y mire al hombre que continuaba supervisando los planos de mis compañeros, haciendo correcciones de una manera más amable que como lo hacía conmigo. No pude reprimir de maldecir nuevamente al Sr. Brown que eligió un muy mal momento para someterse a una cirugía pensando que sería algo sencillo, sin tomar en cuenta las complicaciones posteriores que lo dejaron fuera de seguir impartiendo clases, por lo que nos asignaron un nuevo profesor que resulto ser uno de los arquitectos más reconocidos.

Mire de nuevo a través de la ventana y recordé claramente el momento que lo vi en el estacionamiento, bajar de un ostentoso lamborghini, no era el primero aparcado en el estacionamiento de la prestigiosa universidad donde predominaban los autos de lujo, lo que realmente llamo mi atención fue ver al dueño de ese auto, un hombre alto, de cabello oscuro, ojos de un verde claro que resaltaban por su piel tostada y un cuerpo musculoso que se dejaba entrever por la manera en que su traje se llegaba a pegar a partes de su anatomía, tras ciertos movimientos. Al pasar junto a él intente de que no se notara la manera en que me había perturbado y me sorprendió cuando me saludo con una inclinación de cabeza y una sonrisa presuntuosa señal de que era consciente de que lo había estado observando, le sonreí al tiempo que sentía mis mejillas encenderse por la vergüenza de ser descubierta.

Después de una clase aburrida y a la cual no le encontraba el más mínimo sentido, entre al aula donde rápidamente fui hasta mi restirador junto a la ventana, y mis amigas solo rieron ya que siempre lo hacía aun cuando todos sabían que era mi sitio.

Me pareció extraño que el profesor se estuviera retrasando cuando él era un hombre extremadamente puntual, así que me enfrasque en una plática con mis amigas de lo que haríamos el siguiente fin de semana y me quede en silencio al ver que el hombre del estacionamiento entraba en el aula y dejaba sus cosas en el escritorio del profesor y unos segundos después se presento como el profesor suplente, Alexander Di Benedetto, su nombre quedo grabado en mi mente desde el momento que él lo pronuncio; su semblante era duro y su manera de hablar era intimidante, dejándonos claro que nos esperaba un semestre bastante duro y que con este hombre al mando nuestros momentos de tranquilidad se habían terminado.

No negare que me uní al grupo de chicas que comenzó a fantasear con el Sr. Di Benedetto. Era un hombre interesante y que emanaba una seguridad sorprendente, una que ansiaba poseer aunque sólo fuera una pizca. Era un hombre con 36 años, pero aparentaba un par de años menos, al saber su edad supe que lo único que podía hacer yo al igual que el resto de mis compañeras era fantasear, un hombre como él jamás se fijaría en chicas trece años menos, era seguro que deseaba a una mujer con experiencia.

Juro que intente no pensar en él, pero falle estrepitosamente debido a que pasó a ocupar la mayoría de mis pensamientos. Fueron dos semanas después cuando supe que era un error, no solo era mi profesor si no también conocía a mi padre que se encargo de presentarnos y de esa manera hacer que el hombre estuviera mas al pendiente de cada uno de mis movimientos, me vi obligada a esforzarme el doble, ahora no solo debía de demostrar a mi padre que era buena, sino también a Alexander Di Benedetto que dejó claro que la arquitectura no era lo mío y que si tenía éxito sólo era por ser una Leighton.

Me lleve las manos al cabello y erguí mi espalda ante la frustración que sentía por recordar como desde ese momento Alexander me estaba complicando las cosas. En la primera prueba me había puesto una calificación que por mucho era más baja de lo que siempre obtenía debido a que mis respuestas no eran lo que esperaba, y sin duda bajaría mi promedio haciéndome perder por todo lo que había trabajado durante los últimos cuatro años.

—El plano debe de estar terminado para el viernes. —indico cuando la clase termino, salte de mi banco y comencé a recoger mis cosas, escuchando el murmullo de mis compañeros que no paraban de hablar de una fiesta que se daría ese fin semana en uno de los antros de la ciudad.

—Sabes que Andrew eligió esa noche para acercarse a ti—.murmuró Samantha con picardía y entusiasmo, pasándome una de mis plumas.

— ¿A mí? — enarque una ceja y mi castaña amiga sonrió asintiendo. — Ya lo he rechazado un par de veces, no veo por qué seguir insistiendo y sabe que no obtendrá nada.

—No sé porque lo rechazas, ¿no te das cuenta de que hay muchas chicas que desearían estar en tu lugar? —acomode un mechón de cabello detrás de mi oreja y tome mis cosas.

—En este momento lo primero y lo único es mi carrera, ya tendré tiempo para otras cosas. — esas palabras eran más para mí que para mi amiga. No podía tener ninguna clase de distracción, no ahora que era mi último semestre y el más importante para mí.

—Kate, muchas mujeres quisieran tener la suerte que tienes tú con los chicos. —simplemente me encogí de hombros.

—No tengo tiempo. —era mi excusa habitual cuando se trataba de una relación.

— ¿Y cuando tendrás tiempo?

—No lo sé Sam —dije con exasperación y ella comprendió que no estaba de humor para seguir en esa conversación por lo que decidió guardar silencio y dirigirse a la salida al ver que solo estábamos nostras y dos compañeros mas en el aula.

—Señorita Leighton, me gustaría hablar unos minutos con usted. —mire a mi amiga lanzándole una mirada de resignación e indicándole que ya me reuniría con ella cuando escuchara lo que Alexander tuviera que decirme, gire sobre mis talones y camine hasta quedar frente su escritorio no dijo una sola palabra hasta que el ultimo alumno abandono el aula. — ¿Es acaso un momento de rebeldía Katherine?

— ¿De rebeldía? —Repetí acomodando mi mochila sobre mi hombro y retire nuevamente el cabello del rostro.

—Estos últimos días has estado totalmente distraída en mis clases, y vas muy atrasada en el plano que tienes que entregar el viernes. —se levanto metiendo la manos en los bolsillos de su pantalón y se apoyo en el escritorio quedando delante de mí. — ¿Es que piensas que tendré algún tipo de consideración contigo porque eres una Leighton y conozco a tu padre?

—Está claro que no le importa cuál sea mi apellido y aunque es algo que siempre he buscado en este momento sólo quiero entender porque siempre esta complicándome las cosas.

— ¿Disculpa? —enarco una ceja y supe que me había extralimitado, pero me estaba sacando de quicio y ya no lo pensaba ocultar.

—Es mas meticuloso cuando es un trabajo mío que cualquiera de mis compañeros, no hay clase en al que no me cuestione y ponga en tela de juicio mi capacidad en esta profesión.

—Me has sorprendido por tu dedicación y la manera en que te desenvuelves, pero aun sigo creyendo que tú no naciste para ser una arquitecta como los demás miembros de tu familia. ¿Esto es lo que realmente deseas Kate? — sus palabras habían sido suaves, pero lo que más me había sorprendido es que no me llamara por mi nombre o por mi apellido. Como solía hacerlo siempre, esta vez había utilizado la manera en que mis amigos me llamaban, lo pronuncio con una suavidad como si hubiera disfrutado cada una de las letras.

—Es lo que deseo profesor, ¿de qué otra manera estaría aquí? —dije con un tono de superioridad, enarcando una ceja, olvidándome de que estaba hablando con un profesor. — ¿Cree que porque usted es un arquitecto reconocido tiene el derecho de juzgar a los demás? —Su mirada seguí puesta en la mía lo que me estaba poniendo seriamente nerviosa y decidí dar por finalizada esta… charla— ¿Era todo lo que quería que decirme? —tras un segundo de vacilación asintió.

Antes de que dijera una sola palabra me marche, estaba molesta por la intromisión. Llegue al jardín donde estaba mi amiga leyendo el nuevo libro que se acababa de comprar mientras tomaba un poco el sol, y sin molestarme en ser delicada deje caer todo haciendo que me mirara de manera reprobatoria, pero no dijo una sola palabra y continuo con su lectura. Estaba furiosa, pero la furia se desvaneció y dio lugar al pánico al darme cuenta de que había sido grosera con un hombre que era mi profesor y del cual tenía el poder de seguir bajando mis notas y esta vez con justa razón, era obvio que lo único que estaba consiguiendo era que él me odiara aun mas de que lo que ya lo hacía.

— ¿Qué sucedió? —aparto su libro y me miro fijamente, al notar que ya me estaba tranquilizando, con cuidado me senté junto a ella.

—Hablo sobre el retraso de mi trabajo y… creo que me sobresalte y dije algunas cosas, bueno en realidad fue el tono en que las dije que creo que me traerán graves problemas.

— ¿Qué fue exactamente lo que te dijo?

—Me dijo que él seguía creyendo que yo no sería una gran arquitecta. ¡Es un estúpido!

—Tienes talento, puede que te distraigas, pero tus diseños demuestran que la arquitectura la traes en la sangre. Aunque sabes que tu pasión esta en otro sitio.

—Pues él no cree en eso. ¿Te importaría que habláramos de otra cosa?

Ella negó y de inmediato cambió el rumbo de la conversación y nos enfocamos a hablar de lo que haríamos en la fiesta del fin de semana. Era un buen momento para tomarme un respiro y disfrutar, al menos los fines de semana podía ser simplemente Kate y olvidarme de mi apellido. Lo mejor de todo es que sabía estarían todas nuestras amigas lo que garantizaba que sería la fiesta en grande.

El resto del día asistí a clases, pero en mi cabeza seguían rondando las palabras de Alexander, era imposible que el supiera que la arquitectura no era lo que me hacia completamente feliz, pero mi orgullo no me dejaba dejarlo saber que tenía razón. Era buena en mi trabajo y después de un tiempo podía complementarlo con mi pasión.
Conduje por las transitadas calles de Chicago y llegue hasta el edificio donde estaba el departamento que mi padre me acababa de regalar y que él creía estaba arreglando un decorador profesional, pero lo que él no sabía era yo la que estaba haciendo. Desde algún tiempo trabajaba medio tiempo en la decoradora de un amigo, bastante reconocido por su buen trabajo y exquisito gusto, uno que mi padre ya había alabado. Él sabía que me gustaba el diseño de interiores, pero cuando se lo había dicho parecía que hubiera cometido un crimen, él no podía aceptar que una de sus hijas hiciera otra cosa que no fuera dedicarse a la empresa familiar.

Estaba tan envuelta en mi trabajo que el tiempo se me paso volando y cuando mire mi reloj me sorprendí de ver lo tarde que era, ya eran cerca de las siete y desde hace un par de horas los demás trabajadores se habían marchado a sus casas, así que hice lo mismo. Iba preparando una nueva excusa por mi tardanza y por las veces que no atendí las llamadas, pero ninguna fue necesaria ya que mis padres estaban dando los toques finales para una cena que iban a ofrecer, no tuve tiempo de preguntar el motivo ya que sabiendo que se me exigía estar presente y vestirme de acuerdo a la ocasión, corrí hacia mi habitación donde me tuve que vestir lo más rápido posible ya que los invitados de mis padres no tardarían en llegar, lo único que esperaba era que no me mantuvieran gran parte de la noche ahí con ellos. Ya que aun tenía que terminar el plano que debía de entregar y en el que estaba muy retrasada.

Baje las escaleras rápidamente mientras me abrochaba una pulsera, lo que me hizo no ver que la alfombra estaba mal acomodada y el tacón de mi zapatilla se atascara, cerré los ojos con fuerza y me prepare para lo inevitable, mas nunca toque el suelo, alguien me sostuvo justo a tiempo..

—Siempre he dicho que esas zapatillas son instrumentos mortales. —abrí los ojos ante la sorpresa de reconocer esa voz, mire a mi profesor que me sonrío y no pude evitar sonrojarme un poco.

—Gracias. —acomode mi falda y le sonreí con timidez. —Profesor…

—Aquí no soy tu profesor Katherine, llámame Alexander. —me guiño un ojo, un gesto insignificante, pero que hizo que mi estómago se contrajera.

—Alexander… quiero pedirte una disculpa por mi comportamiento de esta mañana yo…

—Déjalo, aunque quiero un ensayo de la arquitectura griega en mi escritorio el viernes, junto con el plano. —iba a protestar pero apareció mi hermana que apenas ver a Alexander sonrió abiertamente y se colgó de su brazo guiándolo hacia uno de los saloncitos donde estarían el resto de los invitados. Camine detrás de mi hermana que no paraba de coquetear con Alexander y él parecía encantado con las atenciones que estaba recibiendo de Julie.

Apenas entrar al salón no pude contener una sonrisa al notar que entre las parejas invitadas estaba Blake un amigo mío que se pasaba la mayor parte del tiempo viajando, algo que envidiaba ya que él había vivido experiencias que sería muy raro que yo consiguiera. Salude a todos con cortesía y me disculpe por mi evidente retraso lo que pareció no importarle a nadie.
Mi amigo se hizo a un lado, para que me sentara junto a él y eso fue lo que hice.

—En mi último viaje me acorde mucho de ti y decidí traerte un pequeño obsequio. — me entrego un envoltorio que al principio quise rechazar, pero que acepte.

Hice el ademan de abrirlo, pero él me detuvo al tiempo que me susurraba que debía de hacerlo a solas o mi padre lo acusaría de provocar que su hija siguiera teniendo fantasías absurdas con un trabajo que no tenia futuro.

Después de que todos hubieran tomado una copa nos dirigimos al comedor que estaba inmaculado con todos los cubiertos que requería la más alta etiqueta. Blake se sentó a mi lado y Alexander quedo frente a mí y junto a él mi hermana que no dejaba de sonreír lo que me indico que había convertido a mi profesor en su siguiente presa. Podría sentir un poco de compasión por él si no se portara de esa manera tan desagradable conmigo, al parecer eso de que cada uno recibía lo que se merecía era muy cierto y Alexander ya estaba por comprobarlo.

Mi padre conversaba con Alexander y se centro en lo importante que seria que algún día nuestra empresa pudiera trabajar en conjunto. Alexander por su parte aunque dijo que sin duda dejaría un muy buen resultado, no dio indicios de que quisiera hacerlo en algún momento cercano.

Cuando mi padre comenzó a hablar con los demás invitados, Julie volvió al ataque obteniendo su total atención. En varias ocasiones note como mi padre sonreía al ver que Julie estaba interactuando con Alexander y que parecía estar disfrutando de su compañía. Trate de ignorar lo que sucedía y me mantuve platicando con Blake que estaba aun emocionado por todo lo que había logrado vivir en su estancia en España.
Aunque me alegraba de tener a mi amigo que me hacía más llevadera la cena, no podía dejar de mirar a mi hermana que era demasiada obvia en sus intenciones, pero lo que más me ponía enferma era el ver la manera en que Alexander estaba disfrutando el estar con ella. Fue cerca de las diez que los invitados comenzaron a retirarse alegando que tenían trabajo que hacer al día siguiente. 

En cuanto todos los invitados se marcharon, fui directamente a cambiarme para de esa manera poder trabajar, la curiosidad pudo mas así que antes de ir al estudio me senté en la orilla de mi cama y desenvolví el regalo que Blake me había entregado, me encontré con un enorme libro lleno de ideas y consejos para los decoradores profesionales. Y en la primera hoja se podía leer con su deforme caligrafía una dedicatoria que me hizo sonreír.

<<Se que algún día llegaras a ser una excelente decoradora, no abandones tus sueños. >>

Dos noches fueron las que pase prácticamente en vela, pero estaba segura de que esta vez Alexander no se podría quejar de mi trabajo, también tenía listo el ensayo sobre la arquitectura griega que me había pedido durante la cena, no estaba segura si lo había dicho en broma o había sido totalmente en serio, pero no me arriesgaría a cometer otro error.

Cuando llegue al aula él ya estaba encendiendo su laptop para comenzar con un poco de teoría como lo hacía cada vez que comenzábamos con un tema nuevo; entré y fui directamente a su escritorio.

—No hay excusa válida para no entregar el plano terminado. — dijo sin apenas mirarme, saque la carpeta y se la deje junto a su mano que estaba apoyada en el escritorio, consiguiendo que me mirara.

—Sólo le entrego el trabajo que me pidió por lo de la vez anterior. —di media vuelta y me dirigí a mi asiento donde inmediatamente Sam me preguntó si había una tarea de la cual ella no se estaba enterada, negué y quede de explicárselo al termino de la clase ya que estaba por comenzar y no quería dar motivos a que Alexander comenzara a cuestionarme.

Al término de la clase nos vimos envueltos en un par de investigaciones y él comienzo de un nuevo proyecto nuevo, nos dio las especificaciones como si él fuera el cliente y esperaba ser sorprendido, algo que yo sabía hacer muy bien.

Pero en ese momento me olvide de ese asunto y me concentre en la fiesta que se llevaría a cabo el día siguiente y que por mucho era una de las más esperadas. Las siguientes clases eran más tranquilas o al menos yo no las sentía tan pesadas, no era sencillo tener que trabajar bajo la mirada evaluadora de un hombre que se estaba convirtiendo en el dueño de mis fantasías, aun de aquellas mas prohibidas, lo que comenzaba a asustarme.

Estaba tumbada en el césped esperado a que Dafne llegara de la biblioteca para sí poder marcharnos, ella era otra de mis amigas, era de pelo oscuro y ojos azul eléctrico, tez apiñonada, de buen cuerpo y de una risa angelical, pero de un carácter irritable. Las tres éramos un tanto diferentes pero nos habíamos acoplado gracias a que las tres disfrutábamos de las cosas sencillas, preferíamos ver una buena película que salir cada fin de semana, un concierto de música clásica a uno de una de las bandas del momento.

Deje mis pensamientos de lado al ver a Alexander hablar con el director de la facultad. Me perdí observando cada uno de sus movimientos, no era el hombre que aparecía en las revistas por la que cantidad de mujeres estuvieran locas, pero sin duda era un hombre que tenía su encanto. Sus ojos verdes contrastaban con su cabello oscuro y su piel morena, sus facciones no eran finas, la nariz era un poco más grande, labios delgados y mandíbula cuadrada. Y como pasar desapercibido su cuerpo, estaba segura que debajo de su ropa se escondía el cuerpo de un hombre que pasaba horas ejercitándose, lo que me preguntaba es que se sentiría estar en sus brazos, sentir sus labios tocar los míos y sus manos tocar la piel desnuda debajo de mi blusa. ¿Seria su voz igual de grave cuando estuviera excitado?

—No sé que estas pensando pero estoy segura que se trata de algo sumamente placentero. —levante la mirada y me encontré con Sam que se quito las gafas de sol y miro en dirección hacia donde había estado viendo. —Pensé que había dicho que era un estúpido.

— ¿Quién es un estúpido? — pregunto Dafne que había llegado con un par de libros en los brazos.

—Alexander Di Benedetto—señalo Sam al hombre que seguía hablando con el director. — Es un hombre que te hace fantasear.

—Dicen que ha tenido varias relaciones, pero que no quiere un compromiso. —dijo Dafne restándole importancia. —además es algo que no nos debe de importar, está muy fuera de nuestro alcance. Para él nosotras somos unas niñas.

—Nadie hablo de un interés por Di Benedetto. —Dije poniéndome de pie y tomando mis cosas, sintiendo las mirada de mis amigas— ¿Qué?

—Tú dices que ese hombre es un arrogante y estúpido, fuiste la primera en señalar que era 13 años mayor que nosotras, pero te pierdes observándolo y muestras más interés en él que en alguno de los chicos que ha movido cielo, mar y tierra para que les prestes atención. ¿Estas segura que no te interesa?

— ¿Interesarme? ¡Ha! Esa una locura. — me burle pero al mismo tiempo me preguntaba si el hecho de que siempre pensara en él, no iba más allá de una fantasía.

Tratando de olvidar las palabras de mis amigas, me fui a mi departamento para seguir con el trabajo. Cada día tomaba mas el estilo que deseaba, era minimalista, pero había elegido algunas piezas clásicas que le daban un toque acogedor y los colores brindaban iluminación.

La cena junto con mi familia era igual que siempre, se hablaba de trabajo y de los nuevos proyectos que se avecinaban, además de que mi padre estaba ansioso de que finalmente me uniera al equipo de trabajo para así demostrar que nuestra empresa aun tenía mucho futuro. Lo que no me esperaba es que de pronto la conversación se centrará en Alexander. Mi padre le había sugerido a Julie que sería muy bueno que al fin dejara de estar jugando con algunos chicos y que tratara de buscar a un buen hombre para establecer una relación seria y que para él no había hombre más indicado que Alexander que además nos beneficiaria una alianza con su empresa.

— ¿Estas sugiriendo que Julie salga con Di Benedetto solo para obtener una alianza con su constructora? —pregunte totalmente sorprendida, sabía que mi padre podía ser algo, frívolo pero jamás había imagine que estuviera dispuesto a intercambiar a una de sus hijas para lograr algo que se había propuesto.

—No me mires de esa manera Katherine. —Me apunto con el tenedor— No soy el primero ni el ultimo en sugerir algo como esto. Además no tiene nada de malo, Alexander dejo claro que siente cierto interés por tu hermana.

—Es algo tan arcaico. —me limpie la comisura de los labios

— ¿Es que desearías ser tú la que tuviera que llamar la atención de Alexander? —la voz de Julie fue completamente burlona.

—Yo no me prestaría para hacer algo tan bajo. —me levante sin terminar la cena y me gire para ver a mi padre de nuevo. —Siempre quise creer que lo que algunos de tus socios decían de ti era solo por resentimiento debido a tu éxito, pero ahora entiendo cuando decían: <<Rupert es un hombre sin escrúpulos que no le importa vender a su propia sangre con tal de obtener lo que quiere.>>

—No me hables así jovencita, no olvides que aunque no te guste soy tu padre. Y tú tienes un compromiso con esta familia.

— ¿Crees que es fácil olvidar el compromiso que adquirí con solo nacer? —bufe, di media vuelta y salí del comedor.

Ignore la voz de mi madre que parecía sorprendida y al mismo tiempo molesta por mi actitud.

Me detuve en el pasillo al notar que mi padre seguía hablado con mi hermana y ella con orgullo le informo que él ya la había invitado a salir y que aprovecharía esa cita para hacer que él se interesara aun mas en ella, que no sería cosa muy difícil.

Seguí mi camino hasta llegar a mi habitación y dejarme caer en mi cama. Por pláticas entre mis compañeras sabíamos que Alexander era feliz siendo un soltero, que prefería relaciones cortas a un compromiso que lo atara. Detrás de esos pensamientos, tenía que haber una razón de peso para evitar el compromiso y esperaba que fuera lo suficientemente fuerte para que no cayera en las redes de mi hermana.

Tras un rato en la misma posición y pensando en lo mismo, me levante e hice mi ritual antes de meterme a la cama: lave mi rostro y cepille mi cabello y mis dientes, me coloque el pijama y cuando estaba por meterme debajo de las mantas la puerta de mi habitación se abrió y por ella entro mi hermana.

— ¿En qué puedo ayudarte? —pregunte molesta, ante la invasión a mi privacidad.

—Tú has tratado un poco más a Alexander, quiero que me digas algo que me pueda ayudar—. No era la primera vez que me pedía un favor de ese tipo, pero si era la primera vez que me sentía una punzada en el estomago. Me molesto cuando alguno de los chicos que me pretendían terminaban saliendo con Julie, pero después de un tiempo me decía que era mejor así, si estaba con Julie era porque realmente no valían la pena.

— ¿Qué quieres demostrar prestándote al juego absurdo de papá? ¿En verdad te interesa o es sólo uno más de tu colección de hombres inalcanzables? — pregunte tratando de ocultar mi enfado.

—Yo no tengo la culpa de que nadie se fije en ti. Eres demasiado simple. — Sonrió de lado y me evaluó con la mirada—. ¿Te interesa Alexander?

Su comentario me dejo desarmada debido a que no me lo esperaba, su mirada era de incredulidad y al mismo tiempo de diversión.

— ¿Cómo puedes pensar que me interesaría? ¡Es mi profesor! — traté de que no se notara la incomodidad de su pregunta.

—Me alegro de que no te interese, porque sería muy duro para ti que él te rechazara, ¿sería el número 30 o el 31?

—No fueron más de diez y ellos no me han rechazado, he sido yo quien no ha querido seguir saliendo con ellos.

—Con los que salí dijeron que eras una aburrida y que no tenías estilo. Algo que salta a simple vista.

—Lo que los demás digan de mi no me importa y olvídate de que te ayudare con Alexander. Esta vez sí lo quieres debes de conseguirlo por tus medios. —Se levanto molesta de la cama y abrió la boca pero antes de que dijera alguna cosa me le adelante— ahora sólo vete de mi habitación.

—El jamás se fijara en ti Kate, ¿entre tú y yo, a quien crees que elegiría? — sonrió ante mi silencio y salió de la habitación dando un portazo.

Era obvio que la mayoría de los hombres elegían a mi hermana, no es que fuera la chica más inteligente, es solo que era una chica de la cual podía obtener todo lo que deseaban y ella se los brindaba pensando que de esa manera tenía el control, pero la realidad era que ella no era más que un adorno.

Trate de pensar en algo que no fuera Alexander, vi un rato una serie en la televisión, para después finalmente meterme entre las mantas y quedarme dormida.

Estaba enfrascada en unos planos y al levantar la vista me encontré con esos ojos verdes que me miraban de manera diferente, mis compañeros estaban trabajando y ninguno levantaba la vista de sus trazos. Intente concentrarme en mi trabajo pero al sentir un aliento en mi cuello me hizo estremecer, cerré los ojos y al instante unas manos se acomodaron en mi cadera y comenzaron a moverse hacia abajo tocando mis piernas hasta llegar a mis rodillas al tiempo que unos labios tocaban mi cuello y al llegar al lóbulo de mi oreja la mordió con suavidad mientras sus manos regresaban al tiempo que separaban lentamente mis piernas.

—Detente, pueden…

—Ellos están trabajado. —su voz era aun más áspera y me estremecí cuando una de sus manos acariciaron la cara interna de mis muslos y continuo subiendo hasta llegar a esa parte delicada que aunque estaba cubierta por la ropa, había reaccionado.

Gire el rostro para encontrarme con sus labios que se unieron en un beso hambriento, una de sus manos seguía tocando entre mis piernas mientras que la otra ya estaba debajo de mi blusa y sus dedos de manera hábil habían entrado debajo del sujetador para tocar una de las duras puntas. Me obligo a levantarme y comenzó a desabrochar mi ropa al mismo tiempo que hacía lo mismo con la de él, al girarme a mi alrededor todos habían desaparecido y solo estábamos nosotros, el calor de mi cuerpo había aumentado y solo deseaba el poder unirme a él de la manera más intima.

Pero antes de que otra cosa sucediera el sonido de mi despertador me hizo volver a la realidad, mi corazón latía deprisa y mi respiración era demasiado rápida, había sido un sueño demasiado real del que me hubiera gustado no despertar hasta llegar al final.

Apague el odioso aparato y me dejé caer sobre las almohadas. Era la primera vez que tenía un sueño de ese tipo, y por más que quisiera negarlo sabia que Alexander despertó algo en mi que nadie mas había conseguido, ahora cada vez que lo mirara recordaría el sueño del que acababa de despertar.

Samantha y Dafne llegaron a mi casa después de la comida, entre las tres nos preparamos para la gran noche que nos esperaba. Las tres habíamos elegido un minivestidos straples que se ajustaban a nuestros cuerpos como una segunda piel, nuestros parpados estaban maquillados para resaltar nuestras miradas mi sombra de ojos hacia que el gris tomara un destello azul y finalmente unos stilettos que hacían parecer mis piernas aun más largas y torneadas.

El lugar estaba abarrotado pero no nos tomo mucho tiempo el poder entrar. La música retumbaba y el ritmo hacia que quisiera entrar a la pista de baile y olvidarme un rato de todo lo que me rodeaba. En una de las mejores mesas encontramos a nuestro grupo de amigos que a juzgar por la cantidad de copas y colillas de cigarros ya tenían un tiempo en el lugar.

Al escuchar el pegajoso ritmo que me hacia mover la cadera, no me lo pensé tome la mano de Brad que era el capitán del equipo de rugby y quien estaba más cerca en ese instante, lo lleve a la pista donde juntos bailamos y nos movimos al ritmo sensual de la pieza, cuando intentaba acercarse más de la cuenta lo retiraba y él solo fruncía el ceño pero continuaba insistiendo. Al girar el rostro me encontré con Alexander que estaba en una de las mesas del rincón tomando una bebida, pero tenía la mirada puesta en mí, o eso es lo que parecía. No sé qué fue lo que me poseyó en ese instante, pero comencé a moverme de manera más sensual y provocativa que conseguí cuando deje de ver a Brad y con los ojos cerrados pensé que el que estaba a mi lado era Alexander, me mordí el labio sin dejar de contonearme y frotarme con mi compañero que en un par de ocasiones dejo escapar un gemido, pero que era disfrazado por el sonido.

Cuando la pieza termino note la mirada oscura de Brad y le sonreí al tiempo que me giraba para ver la cara de Alexander esperando que hubiera disfrutado del show, pero para mi sorpresa él había desaparecido, lo busque mirando hacia los lados, pero no estaba en ningún lado ¿Es que acaso lo había imaginado?

Al regresar a la mesa todos alabaron mi excelente forma de bailar y le dieron palmaditas a Brad que aun tenía una sonrisa tonta en el rostro y no dejaba de verme de manera sugestiva, al poco rato llego Andrew que trato de hacer que bailara con él, pero obviamente me negué y volví a recordarle que no me interesaba y que lo único que conseguiría de mi era una amistad, que si no se conformaba con ello que lo mejor era que se alejara definitivamente y parece que fue su elección ya que tras decir unas apalabras nada agradables se marcho.

Bebimos y disfrutamos de la música, mas en ninguna otra ocasión volví a bailar de la manera provocativa que lo hice en un inicio, fue poco después de las dos de la mañana que un par de chicos que ya estaban pasados de copas se fueron a golpes por culpa de una chica que simplemente se quedo de pie estupefacta viendo lo que ocurría, fueron otros los que los intentaron separar, pero solo consiguieron que se pusieran más agresivos y comenzaran a lanzarse todo lo que tenían a la mano, cerca de nosotros se estrello un vaso y otras cosas más, el alboroto comenzó y todos intentamos salir evitando las cosas que seguían volando, les grite a mis amigas que las vería en el estacionamiento ya que íbamos dispersas. Trate de llegar a una de las salidas pero un chico tiro de mi para quitarme de su camino lo que provoco que perdiera el equilibrio y fuera a parar al suelo donde el trozo de cristal se me incrusto en una de las piernas, trate de ponerme de incorporarme, pero el pie me dolía y solo podía esperara a que las cosas se calmaran y que alguien me ayudara.

— ¿Estás bien? — junto a mi estaba Alexander que de inmediato noto el cristal en mi pierna y como si no pesara absolutamente nada me levanto y me llevo hasta la salida.

Camino hasta detenerse frente al Lamboghini que recordaba y lo abrió para dejarme en el asiento del copiloto, se inclino y deslizo una de sus manos por mi pierna hasta llegar al área lesionada, murmuro que dolería un poco y antes de que pudiera preguntar retiro el pequeño trozo de cristal y con su pañuelo hizo presión para evitar que continuara sangrando.

—No es profunda, pero te dará un poco de molestias. Será mejor que vayamos a una clínica para que la curen y así evitar que se te infecte.

—No es para tanto. —trate de restar importancia, pero el permaneció serio. — Además mis amigas se preguntaran donde estoy. Ellas me…

En ese instante como si las hubiera invocado.

— ¡Kate! — escuche la voz de Sam y al instante llego Dafne y un par de nuestros amigos. — ¿Qué te sucedió?

—Un accidente, alguien me empujo y caí al piso encajándome un cristal. No es nada serio.

—La llevare a una clínica para que la revisen y de ahí a su casa. — todos miramos a Alexander que me lanzo una mirada de advertencia al ver que planeaba protestar. — Y espero que ustedes vayan directamente a sus casas.

Mis amigas me miraron para saber si estaba de acuerdo y sabiendo que Alexander no me dejaría marcharme, les dije que las llamaría por la tarde, sin más se despidieron y se fueron.

Me ayudo a acomodar mis piernas dentro del vehículo y un estremecimiento se apodero de mi cuerpo, con esa simple caricia había recordado mi sueño de la noche anterior, el auto tenía su aroma, era masculina pero muy agradable.

Durante el trayecto no dijo una sola palabra y cuando llegamos al hospital me impidió que caminara y de nuevo me llevo en brazos lo que me hizo sentir ridícula, además de que me recordó a esas damiselas en peligro que son rescatadas por sus príncipes. La herida no era grave, pero la curaron para evitar que después tuviera que regresar por una infección, me vendaron y recomendaron evitar las zapatillas altas por algunos días.

De regreso al auto pretendía caminar, pero no me lo permitió ya que aseguro que me ensuciaría y tras unos pasos y sentir lo áspero del concreto no me queje cuando me levanto en brazos y me llevo hasta el auto, esta vez envolví su cuello con mis brazos, de inmediato mi cuerpo reacciono y solo pude rogar porque él no lo notara.

Segundos después ya nos encontrábamos de camino a mi casa, las calles estaban desiertas y la música suave de la radio era lo único que nos envolvía, tras un suspiro gire mi rostro para mirarlo.

—Gracias por traerme al hospital. —dije después de unos minutos de silencio.

—No fue nada. — al cambiar la velocidad, su mano rozo una de mis piernas haciendo que una corriente me recorriera y, al parecer a él le sucedió algo similar ya que él apretó la palanca de velocidades y tenso la mandíbula.

De nuevo ambos nos quedamos en silencio y agradecí cuando vi mi casa a pocos metros, se detuvo frente a la puerta y apago el auto.

—Gracias por todo lo que hiciste esta noche por mí. —volví agradecer.

—Me gustaría poder decir lo mismo. —gruño acomodándose de lado para poder mirarme.

—No entiendo de que está hablando. —enarco una ceja y se desabrocho un botón más de su camisa.

—Dime una cosa Kate. —acaricio mi mejilla con sus nudillos y bajo lentamente por mi cuello y al sentir que seguía descendiendo mi respiración se detuvo, una vocecita me decía que saliera y me alejara de él, pero mi cuerpo no pensaba lo mismo. — ¿Sueles bailar así siempre o solo era para provocarme?

Quería negarlo, pero evidentemente no serviría de nada, además no podía mentirle ya que sus dedos recorrieron el borde de mi escote quitándome todo pensamiento coherente y solo pude abandonarme a las sensaciones.

— ¿Crees que no note que me miraste y después de eso comenzaste a moverte de una manera sensual que despertó los instintos más básicos que poseo?

—Yo…

— ¿Estoy equivocado, Kate? —quise negarlo, pero por primera vez decidí arriesgarme al recordar la palabra de Julie. Ella creía que ningún hombre se podía fijar en mí, pero era claro que Alexander lo había hecho y eso me producía cierta excitación.

—No. — murmure al tiempo que mi corazón se aceleraba.

—Esto es un error Katherine, soy más de 10 años mayor que tu y debes de comprender que yo busco algo diferente…—mi corazón pareció detenerse y comprendí que me estaba rechazando, él prefería a una rubia que a una aburrida pelirroja, retire su mano de mi cuerpo.

—La edad es solo un numero sin importancia, pero sé que tu estas interesado en Julie. ¿Quién se fijaría en una simple pelirroja cuando hay una maravillosa rubia? —antes de que dijera algo salí del auto y no me moleste en cerrar la puerta con cuidado. Camine deprisa descalza con los zapatos en mis manos e ignorando el dolor punzante en mi pierna, tenía que alejarme, no era la primera vez que recibía una negativa, pero si era la primera vez que de verdad me dolía y sentía ganas de llorar mas no dejaría que él viera lo mucho que me afecto el que eligiera a mi hermana. Entre y de inmediato cerré la puerta más me mantuve pegada a ella hasta que escuche el sonido de su auto alejándose.

Era un error monumental el haber aceptado que ese baile lo había hecho porque sabía que él me estaba mirando, fui una estúpida al pensar que él podía estar interesado en mí, era obvio que sus intereses eran otros. Por duro que me pareciera debía de admitir que de nueva cuenta Julie había ganado, pero esta vez me dolía ya que él de verdad me interesaba.

El domingo fue bastante tranquilo y me sirvió para descansar, mi pierna no me molestaba solo cuando hacia movimientos muy rápidos, y sólo en esos momentos sentía un leve tironcito. Estaba en la sala leyendo el libro que Blake me había regalado cuando escuche que el timbre, espere que alguna de las chicas de servicio atendiera, pero al escuchar que nuevamente llamaban, me levante y fui a abrir, solo para encontrarme con la sorpresa que ahí afuera estaba Alexander vestido con uno de sus tantos trajes que apostaba estaban hechos a la medida y que lo hacían lucir aun más guapo.

—Buenas tardes, Katherine. —saludo de manera cordial y formal, pero parecía incomodo.

—Buenas tardes Profesor Di Benedetto. — Yo también podía jugar su mismo juego. Además de esa manera remarcar la barrera que nos dividía, el recordarnos que solo éramos profesor y alumna y que lo de la noche anterior había sido un terrible error.

—Kate…

—Llegas justo a tiempo Alexander—murmuro mi hermana que bajaba las escaleras de manera lenta, iba vestida con uno de sus mejores vestidos de diseñador, uno que marcaba cada una de sus curvas y dejaba muy poco a la imaginación. —Kate, dile a mamá que cenare fuera con Alexander y que llegare tarde.

—Claro. — mi voz había sonado normal, agradecía que no se notara lo mucho que me estaba doliendo.

—Adiós. —se despidió mi hermana con una enorme sonrisa, obviamente sabia que ella había ganado y yo estaba de nuevo con las manos vacías.

Alexander se despidió con una inclinación de cabeza, poso una de sus manos en la cintura de mi hermana y guiándola hasta su auto.

Durante la cena, mi madre estaba emocionada de que Julie tal vez consiguiera lo que se había propuesto, que tal vez dentro de poco ella tendría una relación con un hombre respetable y sobre todo un hombre exitoso. Y mi padre no dejaba de repetir que Julie tenía un poco mas de cerebro que yo, que debía de aprender que para obtener lo que uno deseaba siempre hay que sacrificar un par de cosas. Mas yo no estaba dispuesta a dejar que a mí me trataran como una moneda de cambio. Yo sabía que tenía un valor mucho más alto del que mi familia parecía creer.

Aunque me fui temprano a mi habitación, la verdad es que permanecí despierta hasta que escuche que Julie llegaba y al ver que era más de las dos no pude dejar de imaginar todo lo que habían estado haciendo durante ese tiempo. Las tácticas de seducción que debía de haber empleado para hacer que él cediera a sus encantos.

Intente dormir más me resulto demasiado difícil. Quería comprender que es lo que estaba sucediendo, saber porque Alexander me había dado a entender que él se sentía atraído por mí, solo para después decirme que su verdadero interés estaba en alguien más, que prefería algo diferente algo que sin duda había encontrado en mi hermana que sin que él lo supiera solo lo estaba utilizando.

Sabía que me lo encontraría en los pasillos de la facultad, pero no esperaba que fuera solo a los minutos de llegar.

—Katherine. —me detuve al escuchar mi nombre. Un segundo después él estaba frente a mí provocando que retrocediera y chocara con un chico que se molesto, pero no me importo, solo quería alejarme de Alexander. Estiro su mano para tocarme pero yo retrocedí.

—Voy tarde para mi siguiente clase.

— ¿Qué intentas demostrarme hablándome de esa manera tan fría?

—Le hablo de la manera que lo hago con todos mis profesores. ¿Por qué debería de ser diferente con usted? —enarque una ceja y él pareció molestarse.

—Así que solo seremos profesor y alumna.

—Es lo que somos profesor y si me disculpa voy tarde para mi siguiente clase.

—No la entretengo más Srta. Leighton. —se hizo a un lado y con un movimiento de mano me indico que podía pasar y cuando lo hice tomo mi brazo y se inclino para susurrarme <<Esto aun no termina Kate>>

Ese día me resulto un tanto difícil concentrarme, pero lo logre y no pude sentirme más orgullosa. Trate por todos los medios el no ver al hombre que estaba constantemente en mi cabeza, pero en los pasillos y el estacionamiento lo vi y solo pude fingir que no me importaba. Me reí al darme cuenta que me estaba comportando como si en realidad tuviéramos algo, pero la realidad era que apenas y nos conocíamos.

El siguiente día acudí a las primeras clases con normalidad, pero cuando llego la hora de entrar a su clase me sentí nerviosa y por primera vez me plantee el no hacerlo y marcharme, pero con eso solo le demostraría que me afectaba estar cerca de él y era algo que no le dejaría saber, él ni nadie debía de saber que lo que había comenzado como un simple juego y fantasías sin sentido se había convertido en una especie de obsesión.

Su clase fue peor que cualquier otra, durante las dos horas busco el encontrarme distraída para asediarme con preguntar y juzgar mi manera de tomar decisiones, además en un par de ocasiones me llamo la atención por estar distraída y no por estar trabajando. Así que los últimos minutos mantuve la vista fija en él mientras tomaba notas, se notaba molesto y su manera de mirarme era diferente a la manera en que veía a cualquiera de mis compañeros.

Nos dejó aun más tarea de la que ya acostumbraba y cuando algunos protestaron aumento un poco más lo que nos demostró su mal humor. No obstante con su tarea estaba una maqueta que debía de entregar en dos semanas ya que se presentaría en una exposición de los de último curso. Para muchos era una experiencia fascinante y muy enriquecedora, más ninguno de ellos tenía el apellido Leighton y debía de asegurarse de obtener un primer lugar, ninguno de ellos tenía la presión de demostrar que valía por sí solo y no por el apellido que portaba.

Las siguientes semanas fueron un caos total. Las tareas habían aumentado, además recibí una excelente oferta para hacerme cargo de decorar la casa de un empresario Griego que se trasladaba a la ciudad y que esperaba la perfección en nuestro trabajo, sabía que podía hacerlo y era más un reto personal que otra cosa, quería demostrarme a mi misma que podía ser una excelente decoradora. Pero las horas que tenía el día no me daban abasto, entre la decoración del empresario griego y la exposición de mi maqueta no me daba tiempo para pensar en otra cosa, hasta había ignorado todas aquellas veces en las que Alexander me cuestionaba en clases y no me había importado el día anterior cuando me expulso de su clase debido a que en lugar de prestarle atención me estaba quedando dormida y todo debido a la carga que estaba teniendo en esos momentos.

El día de la exposición llegó. Me mire al espejo y sonreí al ver mi aspecto, un pantalón sastre ajustado y una blusa de seda de cuello alto sin mangas, unos stilettos y el cabello me caía en suaves ondas, un par de pendientes y el maquillaje resaltaba mis ojos. Sin duda estaba perfecta.

Apenas llegar al salón donde estaba la exposición de proyectos recibí un par de felicitaciones y muchos de los directivos me felicitaron por tan buen trabajo.

—Era obvio que te llevarías el primer lugar. —murmuro Dafne con una sonrisa al llegar junto a mí.

—No podía darme el lujo de obtener nada menos. —dije con una sonrisa forzada

—Te exiges demasiado Kate. Debes de divertirte un poco más. —murmuro Sam al tiempo que Dafne asentía.

—Ya tendré tiempo para hacerlo.

Mis amigas se despidieron y fueron junto a sus proyectos que estabas siendo evaluado. Yo fui hacia el mío pero quise dar media vuelta al ver que Alexander lo estaba revisándolo, su rostro no mostraba ninguna expresión lo que no me daba una sola pista de lo que pensaba de él. Alzo la vista y supe que ya no podía huir, que lo mejor era que me acercara y escuchara las críticas que tenía que darme.

—Buenas tardes profesor.

—Buenas tarde Katherine. —vio un par de segundos más mi trabajo y después su atención se poso en mi. —Tu trabajo es muy bueno, sin duda el mejor de los que están aquí expuestos, aunque hay algo que me llama la atención y en el que hiciste mucho énfasis en la explicación que entregaste.

—Cubrí todos los…

—Aun no termino Srta. Leighton. —apreté los labios y con una mirada me disculpe. —Todos sus compañeros fueron más extensos en la explicación de los costos, materiales etc. Aunque usted toco cada uno de los puntos también hizo mucho énfasis en la decoración que llevaría su Hotel, una que si me permite lo haría lucir como un hotel de cinco estrellas pero que estaría a un precio razonable. ¿Recibió ayuda de algún decorador profesional? ¿Siempre busca la perfección Srta. Leighton?

—Creo que usted mejor que nadie sabe que aunque uno no alcance la perfección, con el simple hecho de buscarla se acerca a ella y, eso es lo que marca la diferencia entre alguien que solo trata de hacer las cosas bien a alguien que intenta ser el mejor. —él asintió y me sonrió de una manera que me hizo contener las ganas de respirar.

—No creí que diría esto, pero debo de felicitarla por este trabajo…

—Alexander. —escuche la chillona voz de mi hermana seguida de un tirón en el brazo para quitarme del camino y poder llegar junto a mi profesor que sonrió de manera forzada, algo que me pareció extraño y que mi hermano siquiera noto.

—Rupert, Joan. —saludo a mis padres que habían llegado y sonreían al ver que mi hermana ya estaba colgada del brazo de Alexander.

Comenzaron a platicar y en ningún momento vi que mi padre viera el trabajo que estaba presentando, el parecía más interesado en ver que mi hermana llevara a cabo sus planes y que consiguiera que mi profesor se fijara en ella.

Cuando dieron los premios sentí una enorme satisfacción al recibir el primer lugar y además elogios por el buen diseño que tenía, tomaron un par de fotos y en ese momento fue cuando mi padre se coloco junto a mí, estaba mostrando que el talento estaba en los Leighton.

Como si no fuera demasiado mis padres invitaron a Alexander a cenar lo que me pareció una tortura, así que tuve que disculparme al decir que ya tenía planes con mis amigos y que lamentaba mucho el no poder acompañarlos. Al principio mi madre intento hacerme ver que era una grosería que no fuera, pero al ver que no cambiaba de opinión se marcho y mi hermana iba más que encantada de que todos la vieran ir junto a un hombre como Alexander.

Pase gran parte de la noche con mis amigos y cuando regrese a casa ya todos estaban dormidos por lo que intente no hacer ruido y me metí a la cama.

Me había costado el levantarme pero el saber que era viernes me animo, además saliendo de la facultad tenía que ir a ver como iba quedando la casa que estaba arreglando.

Estaba tomando notas para evitar mirar a Alexander más de lo estrictamente necesario. Pero cada él había pasado constantemente por mi sitio y me lanzo un par de miradas como si intentara ver lo que estaba pensando

—Esta semana han trabajado de manera formidable y por el éxito de la exposición de ayer, los dejare disfrutar de su fin de semana. — todos lanzamos una exclamación de júbilo y yo al mismo tiempo pensé que tendría más tiempo libre para seguir revisando el avance de la casa que estaba decorando. —Señorita Leighton, quiero hablar con usted.

— ¿Qué hiciste ahora? —pregunto uno de mis compañeros que se sentaba en el restirado frente a mí.

—No lo sé.

Guarde mi cosa con calma y le entregue a Sam las llaves de mi auto para que me esperara mientras averiguaba que es lo que había hecho mal. Cuando salió el último de mis compañeros, Alexander cerró la puerta y se acerco a mi restirado donde se apoyo y me miro detenidamente.

— ¿Puedo saber porque me ha hecho que me esperara al final? —pregunte de manera segura.

— ¿A qué estás jugando Kate? —Enarque una ceja— No te hagas la ingenua que bien sabes de lo que estoy hablando.

—Lo lamento profesor, pero no se dé que habla. He cumplido con mi trabajo, he estado atenta en clase y tomado nota de todo lo que dice…

—Sabes que no hablo de las clases. —soltó un poco de aire y se aflojo la corbata el tiempo que se desabrochaba el primer botón de su camisa. — ¿Tienes una idea del tormento que han sido estas semanas?

—Creo que la conversación esta fuera de lugar y se está aprovechando de la autoridad que ejerce como mi profesor deje decirle que a las autoridades académicas no les gustara…

— ¡Cállate, Katherine! — cerré la boca y él sonrió—. Quise aclarar las cosas, pero tú no me permitiste hablar y dejaste claro que tú y yo solo éramos profesor y alumna. Intente comportarme de esa manera y fracase. Es verdad que te atacaba en clases para que me prestaras un poco de atención, quería fastidiarte solo para hacerte sentir un poco de lo mal que me siento yo. ¡Demonios! Ya no soporto tu indiferencia.

— ¿Qué está diciendo? —las palabras estaban entrando en mi cerebro de manera lenta y no podía asimilar que fuera verdad lo que me estaba escuchando.

—Te estoy diciendo que ya no soporto que me ignores, no cuando yo deseo tenerte cerca. Sé que es una estupidez, pero te deseo Kate y ya no me conformo con verte en clases y tenerte en mis sueños.

— ¿Me deseas? — repetí aun sin poder creerlo.

—Eso es lo que te he estado diciendo.

— ¿Cómo te atreves, cuando estas saliendo con mi hermana? — me levante rápidamente y tome mis cosa dispuesta a salir y olvidarme de lo que había dicho. Era lo más sano.

—Yo no estoy saliendo con Julie—gruño al tiempo que intentaba tomarme del brazo, pero yo logre apartarme antes de que lo hiciera.

— ¿Cómo explicas que ella este pegada a ti y tu no haces nada para que se aparte? Es obvio que te gusta tenerla cerca. ¡La invitaste a salir! Y ayer fuiste a cenar con mis padres y Julie.

—No me gusta tenerla pegada a mí, pero es por educación que no la aparto de la manera que me gustaría y sobre que la invite a salir es una mentira, ella fue la que me pidió que la acompañara a ver un espectáculo que me pareció de lo más banal. —sus manos se acomodaron en mi cintura y me acerco a su cuerpo, sin que yo opusiera resistencia.

—Pero Julie…

—Tu hermana es una mujer que solo quiere recibir atención y que un hombre solo tiene valor para ella por los bienes y el capital que posee. Yo no deseo estar con alguien superficial como ella. —me pego aun mas a su cuerpo y con una de sus manos toco mi rostro y me obligo a mirarlo. — Deduzco que aun no sabes lo que paso durante la cena.

Negué con un movimiento de cabeza y sintiendo gran curiosidad.

—Si acepte ir a cenar con tus padres era por que al menos sabia que podría tenerte un poco cerca y que la frialdad con la que me tratabas desaparecería por unos instantes, sabía que te comportarías delante de ellos y fingirías no odiarme, pero para mi sorpresa tu no fuiste y ya no soporte estar en una plática trivial y con las constantes insinuaciones de tu hermana que en lugar de parecer encantadora se ven como las de una mujer desesperada, así que me disculpe con tus padres porque ellos pensaran que mis intensiones con tu hermana fueran otras, pero les deje claro que no me atraía y que jamás la había visto como algo mas.

— ¿Rechazaste a Julie? —pregunte atónita y él asintió.

—No estaba dispuesto a dejar que el que me vieran con tu hermana arruinara mi oportunidad con la mujer que pretendo sea mi pareja.

—Al menos veo que tienes un poco de sentido común y que sabes que estar con mi hermana haría que esa mujer no se fijara en ti. A nadie le gusta sentirse como el premio de consolación.

— ¡Diablos Kate! Es que no lo has entendido. —soltó un suspiro. —Fuera otra mujer la que me interesara no tendría ningún problema que me vieran con Julie, pero eso sugiere un problema grave cuando la mujer que me interesa es su hermana...

— ¿Su hermana? ¿Yo? —pregunte con la voz entrecortada por la emoción de su declaración, pero estaba segura de que se trataba de un sueño.

—Quien más, tonta. Es lo que te he venido diciendo desde hace un rato…

—Tú eres mi profesor, esto está mal. — mire a la puerta temiendo que alguien pudiera vernos y malinterpretara… no era que malinterpretara las cosas, es que era tal y como se veía.

— ¿Crees que no lo he pensado? Pero la atracción que siento por ti es más fuerte. —sus labios rozaron los míos. —No puedo quitarme de la cabeza aquel baile, aun recuerdo la manera en que tus caderas se movían y como tu rostro mostraba lo mucho que lo estabas disfrutando.

—Pensaba en ti. —murmure y sonreí al ver que se había quedado sin palabras. Me arme de valor y capture sus labios y de inmediato se convirtió en un beso apasionado, en que ambos dejábamos salir la frustración y lo mucho que habíamos añorado ese momento.

Fue un grito el que nos recordó donde estábamos y nos separamos, ambos miramos a la puerta y respire al ver que se trataba de una chica que perseguía a un chico porque le había quitado su cuaderno.

—Esto está mal, muy mal. Tengo que irme. —tome mis cosas y salí del aula corriendo, ignore la voz de Alexander que le llamo un par de veces. Había soñado con el momento en que Alexander me dijera que sentía algo por mí, pero ahora que había sucedido era presa del pánico, lo nuestro no podía ser, si alguien se entraba de lo que pasaba entre nosotros, el podía ser despedido y yo expulsada de la facultad cuando ya solo me faltaban un par de meses para recibir mi título.

— ¡Dios Kate! ¿Qué sucedió? —pregunto mi amiga alarmada.

—Solo dame las llaves del auto ¡ahora! —me las dio abrochándose el cinturón y no dijo nada cuando salí a toda velocidad del estacionamiento.

— ¿Qué fue lo que te dijo para que te pusieras en ese estado?

—Sabes que es un idiota y prefiero no hablar de ello. ¿Te llevo a casa o al trabajo de tu madre?

—Con mamá estará bien.

Cuando el deje en el trabajo de su madre me pidió que me fuera con cuidado y que no pensara en lo que me había dicho Alexander, pero la verdad es que en mi cabeza no había otra cosa en ese momento. Para mí era aun tan irreal que él dijera que me elegía a mí en lugar de mi hermana, que me dijera que era yo la chica que despertaba en él el deseo, yo no era la clase de chica que lograba levantar esa clase de emociones.

Me dirigí a las afueras de la ciudad donde sabia que estarían aun trabajando en la casa que debíamos de entregar en un par de semanas, tal vez el supervisar y envolverme en el modo que debían de ir cada una de las estancias me ayudaría a que la serenidad volviera a mí.
Mi plan parecía que iba funcionando, el estar con el equipo de trabajo encargado me ayudo a relajarme, mas no contaba con que no sería por mucho tiempo.

—Esa araña iba en el recibidor no en el comedor. —le dije al hombre que estaba tratando de sujetarla.

—Kate, alguien te busca. —me gire para ver de quien se trataba y mi sangre se fue al suelo al ver al hombre que estaba de pie en el umbral y que me miraba con una mezcla de sorpresa y de lo que parecía ser admiración.

—Ya lo atiendo. —trate de darme valor y pensé muy bien las que iba a utilizar.

— ¿Tengo que cambiar la araña? —me gire al hombre que me vio de manera suplicante.

—Tienes que hacerlo o afectara la manera en que debía de lucir este salón. —soltó un resoplido y comenzó a quitarla.

— ¿Quién está a cargo de esta decoración? —pregunto Alexander mirando a ambos lados y notando el avance que se veía ya en un par de habitaciones.

—Yo estoy a cargo. —frote mis manos contra mi falda.

—Así que es por eso que en tu proyecto te enfocaste a la decoración de tu hotel, ¿Por eso no contestaste cuando te pregunte si un profesional te había ayudado?

— ¿Qué quieres Alexander? ¿Cómo diste conmigo? —pregunte guiándolo hasta el patio trasero donde sabia que nadie nos escucharía.

—No terminamos lo que estábamos hablando. Así que te seguí.

—Es una locura y lo sabes bien. ¿Tienes una idea de lo que sucedería si alguien en la escuela se llega a dar cuenta de que un profesor y una alumna se están involucrando?

—Yo no necesito el trabajo, solo lo estoy haciendo porque le debía un favor a Michael, el rector de la Universidad. —acaricio una mejilla.

—Yo puedo ser expulsada y mi trabajo de 4 años se iría a la basura. —le dije de manera suplicante sin alejarme de su toque.

—Dime que no sientes nada por mí y te juro que ya no volveré a hablar sobre las sensaciones tan intensas que despiertas en mí.

—Sabes que si lo hiciera estaría mintiendo. —solté el poco aire que había en mis pulmones. — maldita la hora en que comencé a verte como un hombre y no solo como mi profesor.

—Es obvio que ambos deseamos que esto suceda. —se inclino y tomo mi labio inferior entre los suyos, me unió más a su cuerpo y yo solo pude pegarme más a él. —Tranquila cariño, no podemos dar un espectáculo.

— ¿Qué haremos al respecto? —le pregunte dejando mis manos sobre su pecho y mirando sus ojos verdes que parecían más oscuros.

—Dejarnos llevar. —dejo uno de sus dedos en mis labios. —Te prometo que nadie se dará cuenta de que hay algo entre nosotros, lo último que deseo es que tú seas afectada.

—Tengo que pensarlo, esto es muy arriesgado. Además ahora mi familia te detesta por despreciar a Julie.

—A mi no me importa tu familia, la que me importa eres tú. Además te aseguro que los riesgos son excitantes. —unió nuestros labios al tiempo que una de sus manos apretaba mi trasero lo que me hizo saltar sonrojada.

—Podrías comportarte como el hombre adulto que se supone que eres. —le dije fingiendo enojo pero la realidad es que esa acción me había tomado por sorpresa pero no me había molestado.

— ¿Podre quedarme aquí mientras tú sigues haciendo lo que sea que estés haciendo? —toque mi barbilla y fingí estar pensando si era buena idea o no.

—Solo que prometas estarte quieto y no causar ningún desastre. —asintió y me siguió al interior de la casa.

Me sentí como en clase, estaba nerviosa sabiendo que él me estaba observando y que estaba tratando de adivinar que es lo que estaba pasando por mi cabeza, daba órdenes y ayude a acomodar un par de muebles al tiempo que revisaba el progreso en el resto de las habitaciones y hacia un par de modificaciones.

— ¿Estas saliendo con ese hombre? —pregunto una de las chicas que no había parado de mirarlo. Me quede en silencio al darme cuenta que no sabía que es lo que había entre nosotros.

—Podría decirse. —me encogí de hombros y regrese la atención a mi trabajo, atendí un par de llamadas y discutí con un par de pintores que habían utilizado los colores de manera invertida.

A las cinco todos comenzaron a recoger sus cosas y sabia que había llegado la hora de dar por terminado el día, el sábado seria un día muy ocupado y debía de encontrar la manera de arreglármelas para salir de casa sin levantar sospechas.

—Pensé que nunca terminarías. —tomó mi mano y me acompaño hasta mi auto.

—El tiempo vuela, debemos de entregar esta casa en un par de semanas, y aun faltan muchas cosas que arreglar y que tengamos errores solo retrasa el trabajo.

—Estoy seguro de que lo lograras, pero ahora solo quiero que vayamos a algún lugar donde podamos comer ya que no vi que probaras bocado.

—No pasa nada, es que me envuelvo en el trabajo que olvido que no he comido. Pero ya estoy acostumbrada.

—Yo me encargare de que no lo olvides, yo te seguiré ve al restaurante que desees.

—No te importa si fuera uno de comida rápida. —dije tratando de ver la cara que ponía, pero se encogió de hombros como si no tuviera importancia. — Solo pretendía molestarte.

— Estoy acostumbrado a comer de todo, cariño. Sólo guíame a donde quieras.

Conduje de manera normal sin poder evitar ver el espejo retrovisor de manera constante, solo quería comprobar que él aun iba detrás de mí y que en realidad íbamos a comer o mejor dicho a cenar juntos, los dos solos.

Era un restaurante delicioso de comida internacional que muy poca gente frecuentaba ya que estaba a las afueras de la ciudad, pero agradecí que pudiéramos tener un poco de intimidad sin estar cuidando de que alguien nos viera.

Ordenamos nuestra comida y ambos nos quedamos en silencio, parecía que esperábamos que fuera el otro el que tomara la iniciativa y comenzara a hablar.

— ¿Qué estas pensando? —tomo mi mano sobre la mesa y con su pulgar acaricio el dorso.

—No puedo creer que esto esté sucediendo en realidad.

—Más vale que te hagas a la idea porque es una realidad cariño. —levanto mi mano y dejo sus labios en mi muñeca sin apartar sus ojos de los míos.

—No hagas eso.

—Tranquilízate Kate, no estamos haciendo nada malo. —enarque una ceja. —Bueno puede que algunos piensen que me aprovechare de una mujer joven y hermosa.

— ¿Dime porque estás dando clases en una universidad americana en lugar de estar atendiendo tu negocio en Italia? —pregunte y él se acomodo en su asiento.

—Como te lo dije, Michael me pidió que cubriera el lugar de un profesor que se había visto incapacitado de seguir dando clases en este curso debido a una cirugía mal practicada. Él sabía que deseaba introducirme para ver el tipo de enseñanza que hay en una universidad en este país y me dijo que podía hacerlo de primera mano siendo un profesor, que además sería muy bueno ya que sus alumnos podía aprender de un hombre con éxito y que los podía motivar.

—O en mi caso tratar de desalentar. —dije apoyándome en la mesa y mirándolo fijamente.

—Te juzgue muy mal al principio, pero había escuchado que si seguías en esa universidad no era precisamente por tu talento en la arquitectura, que eras la clase de chica que conseguía las pruebas y que lograba que los empleados de tu padre hicieran tus tareas, así que me propuse desenmascararte y dejar al descubierto que había una Leighton que no había nacido para la arquitectura como tu padre tanto presumía. —se inclino y tomo nuevamente mi mano. —Lo siento Kate, al principio pensé que tu distracción era porque te sentías superior a tus compañeros, que creías que con tu apellido podías conseguir lo que quisieras.

— ¿Y qué te hizo cambiar de opinión?

—Eres una chica que se esfuerza por ser la mejor, note tu dedicación en cada trabajo, tu frustración al no obtener la nota que deseabas y como luchabas para demostrarme que te merecías la mejor nota.

— ¿Al menos ahora puedo esperar un mejor trato? —pregunte con una sonrisa y él soltó una risita.

— ¿Así que esperas que te trate mejor que a los demás porque estas saliendo conmigo?

—Honestamente eso espero.

—Te equivocas preciosa, tú tendrás que esforzarte más que los demás. Además puede parecer sospechoso que de la noche a la mañana te trate mejor que como lo hacía siempre.

—Y yo que creía que salir con un profesor me traería beneficios. —solté una risita y le deje claro que había estado bromeando.

El resto de la cena hablamos de todo lo que nos gustaba y de las cosas que no soportábamos, de nuestras familia y por primera vez me sentí que alguien estaba realmente interesado en mi, que no le importaba nada más que la chica que se llamaba Katherine y que el hecho de tener una familia conocida no era relevante.

Me acompaño hasta el auto y espero a que subiera y antes de cerrar la puerta me robo un beso e ignorando mis protestas me siguió hasta que vio que llegue a mi casa.

Al entrar me encontré con mi padre que me saludo de manera seca y me indico que fuera a la sala, espere por un rato y cuando llego al fin también lo hicieron mi madre y mi hermana. Se me cuestiono un poco el donde había estado gran parte de la mañana y tuve que mentir diciendo que lo había pasado con Sam, la cual sabia que me cubriría si mis padres le llamaran. También me entere de que sus planes de que Julie sedujera a Alexander se habían visto arruinados debido a que él había dicho que no le interesaba mi hermana, lo que mi hermana aun seguía diciendo que era una estupidez, que ella era una mujer perfecta y que no entendía cómo era posible que ese hombre no la hubiera aceptado, mas que estaba segura que se arrepentiría y cuando decidiera volver para pedirle que saliera ella le haría pagar su desplante.

—Si es un hombre inteligente dudo que se vuelva a acercar a Julie. —dije con una sonrisa que la hizo enfurecer, pero yo estaba encantada de saber que había un hombre que prefirió a la pelirroja en lugar de la rubia.

Aproveche la pequeña reunión para decirles que el día siguiente lo pasaría fuera con mis amigas, que quería aprovechar que no había deberes y que aun no me unía a la vida laboral para disfrutar un fin de semana sin una sola presión. Aunque no les pareció del todo bien accedieron y no preguntaron mas, estaban más interesados en ver la manera en que Julie se recuperara del enfado que le había traído el rechazo de Alexander.

Estaba en la cama cuando mi teléfono comenzó a timbrar, me levante y lo saque de mi bolsa, era un número desconocido que sin saber bien porque hizo mi corazón palpitar ante la perspectiva.

—Buenas noches pequeña.

— ¿Cómo conseguiste mi numero? —le pregunte volviendo a la cama.

—Tengo mis medios, solo quería escucharte y saber que tienes planeado para mañana.

—Tengo que seguir trabajando en la casa.

—Estaré ahí al medio día, antes tengo que ver a un cliente. Pero el resto del día lo pasare viendo si eres mejor decoradora que arquitecta.

— ¿Es una evaluación profesor? —pregunte jugando.

—Me interesa evaluarte en otros aspectos, pero para eso se que debo de esperar un poco.

— ¡Alexander! —lo reprendí y él solo soltó una carcajada, me deseo buenas noches y colgó.

El fin de semana fue agradable, como lo había prometido estuvo conmigo y me dio un par de ideas lo que me sorprendió un poco, mas me dejo claro que él solo sabia un poco más la experta era yo y tenía la última palabra.

Estaba ansiosa de que llegara su clase, esta vez estaba nerviosa porque no sabía que es lo que debía de esperar y solo esperaba que los nervios no me traicionaran y fuera notorio que las cosas entre ambos habían cambiado.

Estuve atenta a sus explicaciones y tomaba nota, en un par de ocasiones nuestras miradas se cruzaron mas él parecía que no le afectaba y seguía como sin nada, cerré los ojos al recordar aquel sueño que había tenido en esta misma aula, al abrirlos no pude reprimir una sonrisa.

— ¿Se puede saber que estas pensando? —preguntó Dafne que me había arrojado una bolita de papel y me indico que estaba sonrojada.

—Cállense o nos van a…

—Parece que mi clase le parece la indicada para ponerse al día Srta. Leighton, ¿es algo que pueda compartir con la clase?

—No profesor. —dije avergonzada y mire a mis amigas de manera asesina.

—Parece que trata de retarme señorita y creo que llego la hora de que comience a ser un poco más estricto con usted.

—Ella no tiene la culpa profesor, yo…

—Guarde silencio señorita Gray. —Dafne estaba sonrojada

—Después de clase la espero en mi oficina, donde me podrá ayudar a revisar un par de trabajos y me podrá demostrar porque se cree mejor que sus compañeros.

—Yo no…

—Parece que estará toda la semana ayudándome con mi trabajo—enarco una ceja, yo negué y evite mirarlo. En lugar de portarse un poco más amable se estaba comportando como un patán.

Dafne me pidió una disculpa y yo le reste importancia, al finalizar la clase tome mis cosas y pretendí salir sin despedirme.

—No olvide que la estaré esperando en mi oficina que esta….

—Se en donde esta profesor. — fui fría y me marche junto a mis amigas que no pararon de decir que al parecer se había levantado de muy mal humor y como siempre yo había terminado siendo con quien descargaba su ira.

Al termino de las clases me dirigí a su oficina que estaba cerrada, di un par de golpecitos y esta se abrió, se hizo a un lado y me dejo entrar para después cerrar la puerta y antes de que pudiera reaccionar me estaba abrazando y me estaba besando de una manera un tanto salvaje que me estaba dejando sin aire y que en cuestión de segundos me hizo gemir.

—Hola preciosa.

— ¿Que significa todo esto? —pregunte con la voz entrecortada.

—Te quería un rato solo para mí. —me sentó en su escritorio y volvió a besarme, pero esta vez era más lento, pero al mismo tiempo más sensual, me incitaba apegarme más a él a tratar de sentir su calor.

—Fuiste un grosero. —le golpee el hombro con mi puño.

—Pero fue creíble, ahora nadie se preguntara porque estas todos los días conmigo después de clase.

—Pero solo esta semana. —roce su labio inferior con mi lengua y sentí como se estremeció.

—Ya buscare otra excusa para las siguientes semanas. Solo quiero que me hagas un favor.

—Depende.

—Deja de verme de esa manera picara en clase, no me dejas concentrar. —solté una risita

—Lo intentare. —la verdad es que lo haría sufrir un poco, ahora que sabia el poder que poseía no lo desaprovecharía.

El primer mes había pasado y sorprendentemente las cosas entre Alexander y yo iban muy bien, había salido con él un par de fines de semanas en los que mis padres creían que me había quedado en casa de alguna de mis amigas. Había entregado la casa que había arreglado y el cliente había quedado completamente satisfecho, por otra parte mi hermana aun esperaba que Alexander llegara un día a la puerta pidiendo una nueva oportunidad.

Me había mudado a mi departamento solo dos semanas atrás, lo que me daba mucha más libertad una que Julie no dejaba de criticar. Para ella era algo tonto de mi parte, ya que me vería privada de muchos de los lujos que contaba en casa con mis padres, unos que ella no quería perder y la razón principal por la que seguía con ellos.

Los trabajos de la escuela me estaban absorbiendo demasiado y me dejaba poco tiempo para estar en mi trabajo. Algunas veces opte por quedarme a trabajar en la escuela más específicamente en la oficina de Alexander y él se había ofrecido a ayudarme, pero era una ayuda que tenía que declinar ya que debía de hacerlo yo y no era justo que recibiera ayuda del profesor. Además mis amigas ya comenzaban a sospechar de que había encontrado a alguien que me gustaba y que al parecer por mi renovada felicidad él también me correspondía, tuve que admitirlo pero les dije que no podía presentárselo hasta que no supiera que era algo serio y ellas accedieron, lo único que quería era tiempo a que la escuela terminara para poder decirles que estaba en una relación con el profesor que parecía disfrutar asediándome con preguntas que esperaba no pudiera responder.

Ese fin de semana lo pasaría en casa de Alexander. Me sorprendió consiguiendo entradas para la presentación de un ballet ruso muy famoso y para el cual ya me había hecho a la idea de que me perdería y todo por no apartar las entradas a tiempo, pero él se las ingenio para conseguir que pudiera asistir. Pensé que se aburriría mas él estaba relajado y observaba cada movimiento de las bailarinas, mantenía mi mano entre la suya y en un par de ocasiones cuando la luz se había apagado se inclino para robarme un beso.

Estaba nerviosa cuando llegamos a su departamento, pero él parecía no notarlo y me ofreció una taza de té. Estuvimos platicando un rato frente a la pequeña chimenea que le daba un aspecto romántico al momento. Nos perdimos viendo las llamas bailar y escuchar el chisporroteo, levante la mirada y me encontré con la suya, me estire un poco y él se inclino para tocar mis labios.

Fue un beso suave, era una clara promesa de lo que seguía y yo estaba ansiosa de poder unirme por primera vez a él. Me acomodo en su regazo sin dejar de besarme al tiempo que sus manos comenzaban a explorar partes de mi cuerpo que aun no conocían. Levante el vestido para poder acomodarme a horcadas sobre él. Mi respiración comenzó a acelerarse al tiempo que mi corazón comenzaba a palpitar más rápidamente.

Le quite la corbata y comencé a desabrochar su camisa dejando al descubierto su pecho que tenía una serie de rizos oscuros, mis dedos exploraron la piel desnuda y cuando tocaron sus pezones él no pudo evitar gemir y acto seguido se levanto obligándome a envolver su cintura con mis piernas, movía mis labios al ritmo que él me estaba marcando y moví mi cadera haciendo que se detuviera antes de llegar a su habitación.

—Estate quieta o te tomare en el pasillo y no es lo que espero. —me mordí el labio y me quede inmóvil para dejar que me llevara hasta su habitación, empujo la puerta con el pie y cuando entramos la cerrar de la misma manera y encendió la luz que fue tenue pero que me hizo sentir nerviosa.

—Puedes apagar la luz. —le pedí

—No. Quiero verte— mordió mi labio inferior y bajo besando mi cuello. —quiero ver cada parte de tu cuerpo que acaricie, que bese…

Me lanzo sobre la cama y yo solo me incorpore para ver que él se quitaba la camisa y comenzaba a quitarse el cinturón.

—Déjame hacerlo. —sonrió complacido y aparto las manos de su ropa. Bese dorso mientras desabrochaba el botón de su pantalón y bajaba la cremallera, gemí al sentir su potente erección baje lentamente su pantalón acariciando sus musculosas piernas y acaricie con mi lengua su miembro erecto que pareció endurecerse aun mas con esa simple caricia.

Me alejo de él y antes de que protestara me beso y sus ávidas manos comenzaron a desvestirme dejando que el vestido cayera al suelo y dejara al descubierto que no llevaba sujetador y que solo tenía puesta una fina tanguita de encaje que lo hizo gruñir. Me tumbo sobre la cama y sus labios abandonaron los míos para comenzar a vagar por mi cuerpo, se detuvieron en las puntas rosadas de mis pechos, los acaricio con los labios, jugó con ellos con la lengua y finalmente se los metió en la boca succionando suavemente haciéndome estremecer y gemir más alto de lo que había esperado.

Beso mi vientre y continuo bajando cuando me di cuenta de lo que pretendía intente aparatarlo, pero él me quito las manos y antes de que volviera a intentarlos poso sus labios entre mis piernas tocando el botón que estaba oculto en la parte más intima de mi cuerpo, al notar que ya no opondría resistencia se separo un poco y quito el pequeño triangulo de tela que lo separaba de mi piel que estaba comenzando a humedecerse, su lengua rozo hábilmente los puntos exactos que me hicieron arquear la espalda y apretar la manta que estaba debajo de mi cuerpo.

—¿Quieres que me detenga? —con la sola mención me horrorice y negué. Él soltó una risita de satisfacción. —Sabia que eso dirías. Ahora solo disfruta amor.

Su lengua fue sustituida por sus dedos y cada vez me sentía más cerca de llegar al punto más alto, pero él se separo y yo prácticamente chille por su repentina acción. Se inclino para besar mis labios y de inmediato enrede mis piernas en su cintura sintiendo como su erección rozaba el punto que más lo deseaba.

—Espera kitty. —me detuve al escuchar cómo me había llamado, Lo empuje tratando de separarlo ¿es que a caso se había confundido?—Nunca escuchaste hablar de Kitty Kat. Es una lida gatita como tú. — su lengua acaricio la comisura de mis labios. —Cada vez que escuches hablar de Kitty kat te acordaras de este momento, para ti ya no será una caricatura para niños.

—Quieres continuar. —chille irritada, el tomo un preservativo que se coloco en segundos.

Acomodo una de mis piernas en su hombro y beso mi piernas al tiempo que comenzaba a introducirse levemente y sentí como nada fibra de mi cuerpo se iba expandiendo para dejar que el entrara y nos pudiéramos convertir en un solo ser. Se inclino un poco más al frente sin dejar de entrar y salir de mi cuerpo al tiempo que probaba que tenía más flexibilidad de la que esperaba y cada uno de sus roces los sentía de manera más intensa que la anterior, supe que había perdido la razón mas no me importaba, perder la razón de esta manera era exquisito, arquee la espalda aun mas y me aferre a la colcha cuando sentí que mi cuerpo se contraía y que una sensación de sumo placer me embriagaba completamente, gemí su nombre y me quede disfrutando del momento unos minutos más hasta que un par de embestidas después el gruño y su cuerpo se tenso, beso mi pierna y la acomodo de nuevo sobre la cama para dejarse caer sobre mi y besar mi pecho desnudo, ambos teníamos el cuerpo cubierto por una fina capa de sudor.

—Fue grandioso. —le dije acariciándole la espalda.

—Y fue la primera de la noche cariño, aun tenemos un largo camino por recorrer. —mordió suavemente mi cuello y yo solté una risita de puro placer.

Dos semanas habían pasado desde nuestro encuentro y a partir de ahí tratábamos de pasar más tiempo juntos, mas como ya se acercaba el fin del semestre siempre estaba ocupada. En clases no podía parar de mirarlo y trataba de ponerlo nervioso, pero cuando sabia que lo estaba consiguiendo él me lanzaba una mirada de advertencia, que decidía tomar debido a que no sabía que represalias podía tomar y lo que menos deseaba era que él se molestara conmigo.

—Katherine quédate al final de la clase, quiero que me expliques algo sobre el trabajo que me entregaste ayer. —asentí y me despedí de mis amigas que salieron junto al resto de la clase, la puerta se cerro y el camino con paso decidido hacia mí que me mantuve apoyada en el restirador. — ¿Te divertiste poniéndome en aprietos?

—Yo no estaba haciendo nada. —dije con fingida inocencia.

—Así que no eres la responsable de esto. —tomo mi mano y se la llevo a la entrepierna que dejaba clara su erección.

—Puedes comportarte. Alguien puede vernos. —le dije apartando la mano y levantándome de puntillas para ver que no hubiera nadie cerca.

—Ya te había dicho que no jugaras conmigo kitty, pero parece que no entiendes. —me tomo de la cintura y me pego a su cuerpo. — ¿Estas dispuesta a correr el riesgo?

— ¿Aquí? —pregunte incrédula y el asintió.

—Te dije que el peligro hace las cosas más excitantes.

—Pero alguien puede vernos.

—No si somos rápidos y muy silenciosos. —antes de que pudiera contestarle metió las manos debajo de mi falda y comenzó a besar mi cuello y a tocar el lugar más sensible y que ocultaba el botón que me llevaba al borde del placer, yo desabroche su pantalón acariciando su miembro que se estaba poniendo cada vez más rígido, y en cuestión de minutos yo ya estaba lista para recibirlo y él al comprobarlo me acomodo sobre el restirado y comenzó a entrar, me aferre a su cuerpo dejando que me poseyera por completo, se aferro al restirado y yo a él, sus movimientos eran rápidos y ambos nos mordíamos la lengua para no gemir de la manera que deseábamos hacerlo, esta vez lo sentí llegar a él primero pero no dejo de tocarme hasta que yo alcance el punto más alto.

— ¿excitante? —asentí mordiendo su labio inferior y bajando con su ayuda del restirado para poder acomodar mi ropa, ayude a acomodar la suya y el trato de poner un poco de orden mientras que yo me arreglaba el cabello.

—Nos vemos esta tarde. —me despedí besándolo fugazmente y salí del salón agradeciendo que nadie estaba cerca y sin poder ocultar mi enorme sonrisa.

Al llegar a mi auto vi a mis amigas que estaban platicando alegremente, me lanzaron una mirada rápida y después se miraron entre ellas pero no dijeron una sola palabra, así que intente ignorarlas, subieron al auto y salí del estacionamiento con rumbo a casa de Dafne.

— ¿Qué es lo que tenia tu trabajo? —mire a Sam que se había acomodado en el asiento trasero para escuchar la respuesta a su pregunta y Dafne me miraba con un brillo en los ojos.

—Un par de punto que no aclare bien.

—Tú no sueles pasar algo así por alto. —Dafne me miro nuevamente y se llevo las manos a la boca y finalmente soltó la boca. — ¿Te estás acostando con Alexander Di Benedetto?

— ¿Qué?

—Lo estás haciendo. —chillo Sam sonriendo.

—Yo no…

—No puedes negarlo, es obvio que lo que hicieron en ese salón no tuvo nada que ver nada con la revisión de un trabajo, más bien fue anatomía. Te delata el brillo de tus ojos, tu pelo acomodado de otra manera y el color de tus labios. —sentencio Dafne divertida, inconscientemente pase mi mano por mis labios como si de esa manera se pudiera limpiar la evidencia. — ¿Cuando no lo contarías?

—Cuando el curso terminara. —Dije con resignación ya no tenía caso mentirles a mis amigas. —solo espero que no se lo digan a nadie o nos traerá problema a ambos.

—Seremos una tumba. —ambas levantaron la mano en señal de promesa.

Esa tarde fui a comer con Alexander que me hablo de lo bueno que seria que cuando terminara la carrera siguiera con mi sueño de ser decoradora, que él me apoyaría ya que había visto que era lo que realmente me apasionaba. Además de que teniendo una constructora era más sencillo que lograra hacerme un nombre propio y que la gente pronto se pelearía por mí. Había decidido no contarle nada de que mis amigas habían descubierto la verdad, pero sabía que ellas me guardarían el secreto aunque debía de prepararme para sus constantes burlas.

Y como lo habían esperado las siguientes clases de Alexander mis amigas me lanzaban miradas divertidas y cuando notaban que estaba intentando ponerlo nervioso ellas me pedían que lo dejara concentrarse que ya después lo podía tener para mi solita.

La primera vez había sido la más difícil, pero era verdad que el peligro hacia más excitante el encuentro, lo habíamos hecho un par de veces en el aula, en su oficina. Después de mucho tiempo me sentía realmente feliz de la relación que estaba manteniendo, y deseaba que las cosas no cambiaran.

El día de la graduación llego y estaba muy emocionada porque al fin recibiría mi título, había conseguido una de las mejores calificaciones de la generación y por mucho dejaba abajo a Julie que estaba molesta al ver que mi padre no dejaba de presumir el reconocimiento que obtuve por mi nivel académico, además de que tenía varias ofertas para trabajar en el extranjero y posibles asociaciones con otras constructoras.
Abrace a mis compañeros y me despedí de algunos de mis profesores. Cuando llegue frente a Alexander me abrazo fuertemente y me dio un beso en la mejilla para después susurrarme que me tenía una sorpresa reservada.

—No sabía que se permitía ser tan afectuoso con una alumna. —gruño mi padre al notar que aun seguía en los brazos de Alexander.

—Solo me estaba felicitando. —proteste.

Me tuve que ir con mi familia que no dejaba de decir que ese hombre era un idiota que no valía la pena y que lo mejor era que no me relacionara con esa clase de personas, lo que ellos no sabían es que estaba totalmente involucrada con ese hombre.

Mi graduación se celebro en mi casa con una enorme cena, que no tuvo la menor importancia para mí ya que no estaba el hombre que amaba, porque aunque pareciera loco sabía que estaba completamente enamorada de un hombre que había conocido apenas un par de meses y podía apostar que él sentía lo mismo por mí.

El primer mes tuve que incorporar a la empresa familiar y mi tiempo se veía limitado, por lo que solo había hablado con Alexander y de verdad que necesitaba estar con él, solo los fines de semana lográbamos estar juntos y disfrutar de la compañía del otro. Estar en la empresa me dio el poder para comenzar a demostrar que Julie no era tan perfecta y que no era tan buena arquitecta como muchos creían. Ella estaba rabiosa cuando logre que alguno de los proyectos que ella deseaba se me ofreciera a mi primero debido a su inevitable incompetencia para llevarlos a cabo.

Era viernes y había quedado de salir con Alexander que pasaría por mí a mi departamento, cuando escuche el timbre corrí a abrir y me encontré con la sorpresa de que era mi familia que se abrió paso y entro sin esperar una invitación.

— ¿Qué sucede? —pregunte

— ¿Cómo te atreves a preguntar? Hemos descubierto que nos has visto la cara de idiotas por mucho tiempo. Pero se acabo—gruño mi padre

—No se…

—Te seguí y adivina que descubrí. —hablo mi hermana con completa satisfacción. —Me entere de que trabajas desde hace mucho en una empresa que se encarga de la decoración y además que mantienes una relación con Alexander mucho antes de que salieras de la universidad.

—Lo que haga no…

—Te das cuenta que dejas en vergüenza a la familia con tu comportamiento. Salías con un profesor y has dejado el nombre de los Leighton en los suelos, ser decoradora es una estupidez. —retrocedí un par de pasos ante la furia de mi padre.

—Ser decoradora no es algo denigrante ni por lo que tenga que avergonzarme. Es un trabajo tan bueno como ser arquitecto.

—Eso es una estupidez y qué decir de esa relación que mantienes con Di Benedetto.

— ¿Qué tiene de malo?

—Es mucho mayor que tu…

—La edad es un número irrelevante. —me gire a escuchar la profunda voz de Alexander que había llegado utilizando finalmente la llave que le había entregado. Tenerlo conmigo me daba seguridad y fuerza para enfrentarme a mi familia… si así se lo podía llamar.

— ¿Qué haces aquí? No eres bienvenido en esta casa. —bramo mi padre rojo de ira.

—Si mal no recuerdo es la casa de Kate, y solo ella puede pedirme que me vaya, algo que dudo debido a que fue ella quien me entrego una llave. —se la mostro a mi padre con una sonrisa, sabía que estaba molestándolo y lo estaba consiguiendo.

—No aceptare que pongas nuestro apellido en vergüenza Katherine. —grito mi padre. — ¿Elige si deseas estar con él o con tu familia?

—¿En verdad me estas dando a elegir? — pregunte tanteando terreno, el se mantuvo sin decir una palabra, algo que me ayudo.—Es sencillo papá. —mire a Alexander.

— ¿Perdiste el juicio? —apretó los puños y vi a mi madre que le murmuraba que se tranquilizara. —Si lo eliges a él debes de saber que dejaras de ser de esta familia y que no querré saber nada de ti.

Mire a mis padres y a Alexander, ¿Cómo podía darme a elegir de esta manera? Apreté los puños y antes de que hablara Alexander se coloco frente a mí y dejo sus manos en mis brazos.

—Tranquila cariño. Te lo dije una vez y te lo repito: no importa la decisión que tomes, yo siempre te apoyare. No estás sola Kitty. —sonreí al escuchar ese intimo apelativo lo que me hizo recordar la primera vez que habíamos estado juntos, la seguridad y el amor que el conseguía trasmitirme, a su lado estaría mejor que renunciando a él.

Era una elección bastante sencilla y que sabia no me arrepentiría. Sé hizo a un lado para que pudiera ver a mis padres.

—Si no me dan más elección solo debo de decirles adiós. —Tome la mano de Alexander. — Una vez permití que casi me hicieran renunciar a mis sueños, deje que me trataran como si no tuviera el mayor valor, pero no voy a permitir que me alejen de la única persona que me ha tratado como un igual, que se que me quiere y que contare con él en cualquier momento.

Fui a mi habitación y con ayuda de Alexander tome mi ropa y la coloque en un par de mochilas, había llegado el momento de hacer lo que quería y ser feliz. Algo que conseguiría sólo junto a él.


Cinco años después, estaba orgullosa de la decisión que había tomado. Deje Chicago y me mude a Italia justo en el tiempo en que todos se daban cuenta de que Alexander y yo habíamos comenzado nuestra relación cuando aun era su alumna. Mi familia se había encargado de tratar de desacreditar a Alexander pero en su juego solo consiguieron ganarse la repulsión de muchas personas que estaban sorprendidas de que me hubieran dejado fuera solo por tener un romance con un hombre que era algunos años mayor que yo, pero que evidentemente me quería y respetaba.

Nos mudamos a Roma donde estaba la empresa de Alexander y donde comencé a trabajar, después de un tiempo él me sorprendió con una pequeña empresa de decoración de la que esperaba que me hiciera cargo. Obviamente, estaba asociada con su constructora lo que de inmediato me comenzó a proporcionar trabajo y pronto comencé a florecer por cuenta propia logrando cumplir mi sueño mas anhelado… en realidad ya no estaba tan segura de que ese lo fuera, no después del regalo que había llegado hace tres años.

Aparte la mirada del nuevo boceto y mire por la ventana hacia el jardín. Sonreí al reconocer que Alexander me conocía a la perfección, sabia lo mucho que me gustaban los espacios abiertos y por eso había comprado una casa a las afueras de la ciudad y mi estudio era el que poseía los ventanales más grande y daba a la parte trasera dejando un paisaje digno de admirar.

— ¿Sra. Di Benedetto, hasta cuándo va a dejar de soñar despierta? —gire la cabeza con una sonrisa en mis labios y me encontré con la mirada de mi marido que sonreía apoyado en el umbral de la puerta.

—No lo sé. ¿Va a castigarme? —pregunte con picardía.

—Estoy pensando cual puede ser su castigo y en que parte de la casa podemos llevarlo a cabo sin interrupciones.

—Promesas… solo son promesas. —Me burle al recordar las últimas ocasiones en que nos vimos interrumpidos por Sophie nuestra pequeña de tres años y que era nuestra adoración.— Aún creo que tengo muchas cosas que aprender. —pase la lengua por mi labio inferior.

—Podemos probar si aun sigues siendo tan buena alumna.

— ¿Qué me enseñara hoy profesor? — pregunte al tiempo que me levantaba y desabrochaba el primer botón de mi blusa de seda rosa, notando el ardor en su mirada.

—Algo que te va a encantar.


FIN






2 comentarios:

  1. Esmeralda28/1/13 13:29

    Felicidades Titilinda, preciosa historia, como siempre maravillosa. Besos guapa.

    Esmeralda

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  2. Muy buena historia! Me encanto, escribes muy bien n_n

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