No me dejes caer: Capítulo 53



 Lejos



Me gire hacia Edward que tomo mi mano e intento llevarme de regreso con los demás pero me aferre en mi lugar y seguí escuchando, sé que es de mala educación pero no podía dejar que Renée volviera a envolver a mi padre con sus mentiras ya que eso solo lo volviera a lastimar; aunque mi padre lo negara yo sabía que el seguía sintiendo algo por ella, cosa que una mujer como Renée sabría aprovechar , escuche con sorpresa que Phil la había engañado y esta había firmado un par de documentos sin saber que le estaba cediendo todos los derechos, le había robado de la misma manera que ella lo había hecho con mi padre, entre sin llamar y me encontré a mi padre tomándose el puente de la nariz


—Buenas tardes — presione la mano de Edward que cerró la puerta

—Que hacen ustedes aquí — se limpio las mejillas de manera brusca

—Solo vine para asegurarme de que papá estuviera bien

—Estoy bien cariño— sus palabras decían una cosa pero sus ojos me demostraban lo contrario

—Veo que los rumores son ciertos, estas embarazada de nuevo— instintivamente lleve mis manos a mi vientre protegiendo a mis bebés

—No comprendo cómo es que te a atreves a venir a esta casa, que no sabes el significado de la palabra vergüenza? — le dije cambiando de tema, lo que menos deseaba era que dijera algo sobre mi embarazo

—Vine a hablar con tu padre, no contigo— dijo de manera mordaz

—No dejare que lo vuelvas a enredar

—Cállate no sabes siquiera a que he venido

—Siendo tu, no debe de ser nada bueno, pero lo único que te diré es que Charlie no está solo y yo no dejare que lo lastimes más de lo que ya lo has hecho

—Como puedes defenderlo después de todo lo que él te hizo

—Eso ya es pasado para mí—le reste importancia aunque los recuerdos seguían latentes, el había sabido la manera de irse ganando mi perdón, me lo había demostrado con acciones y con palabras

—Como puedes perdonar todo el daño que te hizo

—La única que me ha lastimado realmente eres tú, sin ti las cosas abrían sido diferentes, aun no logro comprender porque cambiaste tanto

—Sabes lo que fue tener una hija cuando era un muy joven, tener que sacrificar mi vida cuidándola, perder mi libertad, pero después tuve la oportunidad de recuperar el tiempo que tú me arrebataste — sus palabras estaban cargadas de resentimiento

—Que clase de madre eres?

—Soy sincera Isabella, cuando tu naciste tu padre centro toda su atención en ti, a mi me dejo en segundo plano, no le importaba que yo hubiera sacrificado mi vida por tenerte, sacrifique cosas realmente importantes — cada palabra estaban cargadas de resentimiento, no comprendía como una persona podía decir tan fríamente las cosas pero ella lo estaba haciendo, para ella no me había significado nada

—Así que es verdad que yo siempre fui para ti una carga, algo no deseado — las manos de Edward se acomodaron en mi cintura y sus pulgares se movían de manera circular intentado tranquilizarme

—Tu padre descubrió mi embarazo por lo que nos casamos, pero mis planes eran otros — había pensado en abortar, se quería deshacer de mi, las manos de mi esposo apretaron mi cintura sin apretar demasiado su agarre para no lastimarme.

—Como pudiste pensar en abortar y cómo puedes decírmelo — me sorprendí de que mi voz no demostrara el dolor que sentía al escucharla, yo sabía por sus propios labios que siempre había sido considerada una carga para ella, pero jamás me imagine que había pensado el aborta, el quitarme del camino de esa manera.

—Sabia que teniéndote mi vida cambiaria y lo hizo, al principio fue un tormento que intente llevar de la mejor manera, me canse de tener que cuidarte y mas que tu padre apenas y se paraba en la casa, cuando lo hacía tú eras la que recibía todas las atenciones, dime donde quedaba yo?, estaba dispuesta a abandonarlos pero tu padre consiguió ascender y darme todo lo que yo soñaba, así que porque dejarlo?, además el me lo debía después de soportarte por tanto tiempo — dio un sorbo a su bebida con una sonrisa de lado

—Aunque solo faltaba un detalle que en un par de años logre arreglar —enarque una ceja y ella sonrió— te mande aun internado y lo mejor es que estaba muy lejos , no tenia porque preocuparme de ti, te había sacado de mi camino

—Cállate Renée— grito mi padre que se acerco peligrosamente hacia ella, lo tome de la mano evitando que cometiera una locura

—Déjala que hable— las manos de Edward aflojaron su agarre sabía que era por la sorpresa de mis palabras, mi padre me lanzo una mirada interrogante

—Hija…

—Fueron los años más felices, pude disfrutar de todo sin tener que preocuparme de la carga que había tenido durante años, pero no fue durante mucho ya que como siempre regresaste, pero esta vez me encargue de que tu padre no me hiciera a un lado— sonrió de manera cínica— fue bastante fácil de manejar

—Siempre fue un títere para ti— gruño mi padre, Edward extendió uno de sus brazos para detener a mi padre

—Te quise es verdad, pero para ti solo había dos cosas importantes, tu hija y tu trabajo, yo no me pensaba quedar con las migajas, disfrute la vida al máximo hasta que ya no hubo más que me pudieras dar— se encogió de hombros, sabía que era una mujer cínica pero no creía que pudiera ser a tal grado

—Ya dejaste claro algunos puntos, lo que no comprendo es que haces aquí? — la cuestione

—Vine a hablar con tu padre, no contigo

—No nos moveremos de aquí hasta que te vayas de esta casa

—No sé que hacen todos ellos aquí, es que ahora te juntas con perdedores— la mirada de mi madre se fijo en la de mi padre

—No lo llames así— intente acercarme pero Edward me lo impidió

—Todos ellos no son más que unos pobretones que solo se conforman con lo que consiguen de su trabajo, el cual es mediocre, pensé que eras más inteligente Isabella y buscarías a un hombre con ambiciones y no un medicucho de quinta, que vas a hacer cuando tu adorado esposo se quede sin trabajo, lo vas a mantener?

—Veo que se preocupa por el bienestar de MI FAMILIA, pero solo le tengo que decir que no debe de hacerlo, a Bella y nuestros hijos no les hará falta absolutamente nada, si trabajamos es porque mis padres y mis abuelos nos enseñaron a ganarnos el dinero de manera justa y no utilizar el dinero de la fortuna familiar…

—Cuanto dinero pueden tener? — Se burlo — contar con unos cuantos miles de dólares no es considerado una fortuna, deberías de investigar el término para que…

—No acostumbramos a hablar de ella ya que lo consideramos algo de mal gusto, pero para que le quede claro o mejor dicho sea de una idea, solo le diré que el dinero que me corresponde a mí, es suficiente para que varias generaciones nuestras no tengan de que preocuparse, pueden derrocharlo sin preocuparse de quedar en la ruina— los ojos de mi madre se abrieron de sorpresa y note que mi padre también lo estaba, abrace a Edward por la cintura, el me abrazo de manera protectora y sus labios besaron mi sien.

—De que estás hablando?, ustedes no son más que unos muertos de hambre

—Pocos saben de nuestra fortuna, porque es algo de lo que no nos gusta alardear

—Vaya entonces Bella resulto ser una excelente caza fortunas— sonrió complacida mientras su mirada me recorría de arriba abajo— quien lo diría la recta Isabella Swan se caso contigo solo por el dinero que posees

—No todas somos como tu—grite sintiendo mi cuerpo tensarse, como podía decir algo como eso

—Cariño todas somos iguales

—Te equivocas, algunas tenemos principios— respire profundo— eres mi madre pero no por eso significa que somos iguales, tu y yo somos opuestas, tu eres egoísta y yo altruista, soy una mujer preparada, exitosa, una excelente madre y esposa, algo con lo que tú no puedes competir

—Te equi…

—Si lo fueras no estarías aquí rogando por ayuda, tu sola te buscaste esto ahora arréglalo de la misma manera, s-o-l-a – mi voz había vuelto a ser sedosa— escúchame bien yo no dejare que papá gaste un solo centavo más en ti, a ti no te importo dejarlo aun cuando estuvo a punto de morir

—Por si no te has dado cuenta esta era una conversación entre tu padre y yo

—Y como te lo dije antes no dejaría que enredaras a mi padre de nuevo

—Todo está bien cariño— me beso en la mejilla

—Sabes Renée, después de todo lo que me has dicho ni siquiera te odio— me solté del agarre de Edward que se rehusaba a hacerlo y me coloque delante de ella que me veía con el rostro fruncido—odiarte significaría pensar en ti y es algo que no prendo hacer, tu para mí y mi familia serás como si nunca existieras, mis hijos solo tendrán una abuela, una que los ama de la manera que ellos se merecen

—Yo no tengo porque querer a esos— la rabia me invadía como podía dirigirse de esa manera de mis hijos

—Como te lo dije yo no pretendo volver a pensar en ti, pero estoy segura que tu jamás te olvidaras de mi y de lo que perdiste

—Crees que eso me importa?— termino el contenido de su vaso— dime no te da miedo que te abandone de nuevo?, porque eso fue lo que hizo, no entiendo cómo es que pudiste traer al mundo a ese niño, cualquiera en tu lugar se hubiera desecho de él— mi mano encontró su mejilla, Edward me abrazo de nuevo protegiéndome de mi madre que amenazo con regresarme el golpe

—Yo jamás le haría eso a mi hijo, escúchalo bien, jamás me paso por la cabeza el abortar—tome una de las manos de Edward y la presione— aunque Edward no estuvo conmigo, Evan es una pequeñita parte de ambos, fue creado gracias al amor que sentimos uno por el otro

—Al abandonarte demostró lo mucho que te ama— se burlo

—No lo entenderías y no me molestare en explicarlo, solo fue un grave error que nos hizo madurar y darnos cuenta de que lo que sentíamos era más que un romance pasajero, lo que nos une es más fuerte que eso, pero jamás entenderías lo que es el amor, ya que nunca has amado a nadie, solo te importa la cantidad que hay en sus cuentas

—El amor no existe…

—La ambición te cerró los ojos y es por eso que te quedaras sola y en la ruina, pasaras de ser la gran Renée Swan a una gran nada.

—No me hables así niña aunque no te guste soy tu madre

—Si lo eres, pero nunca te comportaste como una, yo solo conozco una que me ha demostrado su amor con apenas conocerme, me ayudo mas de que tu lo hiciste, estuvo conmigo en los momentos más duros y es una mujer extraordinaria, una que tu siquiera deberías de nombrar, no eres digna de dirigirte a ella— tomo su bolso y su abrigo, se lo coloco de manera brusca

—Ya te vas?— pregunto mi padre sin ocultar su tono de alivio

—Que no es obvio, pero nos volveremos a ver— me encogí de hombros, camino hasta la puerta se giro mostrando una amplia sonrisa

—Esperas que te muestre la salida— pregunto mi padre

—Solo te recomiendo que te cuides Isabella

—Me estas amenazando? — la piel se me erizo, mis manos las lleve a mi vientre y ella soltó una risita

—Nadie sabe si llegaras a conocer a esos "bebes"— cerró la puerta de golpe, los brazos de Edward me soltaron y lo vi salir detrás de mi madre, salí detrás de él y lo vi tomando a mi madre fuertemente del brazo

—Suéltame estúpido — chillo, el cuerpo de Edward estaba tenso pero le estaba susurrando algo, mi padre se acerco de la misma manera que en segundo llegaron los demás, mi hijo abrió sus ojitos y Esme se lo llevo para que no presenciara la escena

—Edward suéltala— pidió Carlisle en tono grave, Emmett le quito la mano del brazo de mi madre

—No te quiero volver a ver en esta casa y mucho menos cerca de mi hija y mis nietos— grito mi padre, la tomo del brazo y la arrastro hasta le salida seguidos por Carlisle, Emmett y Jasper le decían algo a Edward que mantenía los puños apretados, su respiración se notaba irregular y la cabeza baja.

Me sostuve de la mesita que tenía cerca, un mareo como el que no había sentido antes todo parecía dar vueltas, un fuerte dolor me hizo llevar mi mano libre a mi vientre, el dolor se intensificaba solo recuerdo que dije el nombre de Edward y después todo desapareció, se volvió completamente oscuro y todos los sonidos se fueron apagando hasta quedar en un profundo silencio.

De pronto todo comenzó a aclararse, me encontraba detrás de un cristal observando las incubadoras, ahí estaban mis hijos, el niño más hermoso que estiraba sus manitas, tez blanca cabello castaño y unos hermoso ojitos chocolate, la pequeña era realmente hermosa tez blanca cabello cobrizo y unos hermosos ojitos chocolate, mantenía su dedito en su boca, escuche mi nombre me gire hacia ambos lados solo para ver que no había nada, cuando me gire de nuevo a donde estaban mis hijos estos habían desaparecido, mis manos las coloque sobre el cristal intente gritar pero de mi garganta no salía ni un solo sonido, un dolor en mi mano me hizo provoco que todo comenzara a desvanecerse.

Abrí los ojos lentamente, el cuarto estaba sumamente iluminado haciendo que cerrara mis ojos, un pitidito y un par de murmullos eran los únicos sonidos que habían, termine de despertar para comprobar que no estaba en mi habitación, podría decir que estaba en un hospital.

—Edward… — mi voz apenas fue audible pero suficiente para que me escucharan, un par de sillas se corrieron

—Cariño, como te sientes? — la voz de Esme reflejaba preocupación, acaricio mi rostro con dulzura, me perdí en la dulzura de sus ojos, nada en comparación con el odio que reflejaban los ojos de Renée

—Que sucedió? —pregunte intente mover mis brazos pero estaban demasiado pesados, pasaron unos segundos de silencio

—Demasiadas emociones no le hicieron bien a los bebés — señalo Alice que tomo una de mis manos y se inclino para darme un beso, me asuste ante las palabras, pero no tuve tiempo de decir nada, la puerta se abrió de inmediato y frente a mi apareció mi esposo con su semblante pálido, se inclino para besarme dulcemente, pero en este momento solo me importaba algo

—Los bebes, como están los bebes — apreté su mano

—Cariño, los bebes están bien, pero debemos de tener mucho cuidado un par de meses —ego su frente con la mía, su mirada era intensa y penetrante, leyó la pregunta que se estaba formando en mi cabeza

—Actuamos rápido y no paso a mayores, están bien pero aun hay ciertos riesgos por los que debemos de cuidarte y cuidarlos

—Hare lo que sea, perdóname

—No tengo nada que perdonarte, solo debes de prometer que me harás caso, así te parezcan medidas exageradas, no olvides que lo hago por el bien de mis tres amores— respiro profundo

—Te lo prometo, hare cualquier cosa por cuidarlos

—Te amo pequeña— beso mi frente y se incorporo sin soltar mi mano

—Amor…— su mirada se encontró con la mía y una sonrisa apareció—tengo hambre

—Esa voz me agrada, ya que te has perdido dos comida — abrí los ojos ante tal información, se levanto y salió de la habitación en menos de dos minutos regreso avisándome de que no tardarían en traer mi comida.

En cuanto llevaron mi comida el desapareció ya que tenía que seguir con sus consultas, Jasper se había llevado a Alice para que comidera algo ya que por su estado no debía de saltarse las comidas, además de que su pequeña se lo estaba exigiendo, pero prometieron regresar con una sorpresa no sé si eso debía de agradarme o darme pánico. Esme se quedo junto conmigo hasta que termine lo de mi bandeja, trenzo el cabello y acomodo mis almohadas para que estuviera mas cómoda, era una mujer extraordinaria.

Se acomodo en la silla que estaba junto, tome su mano ganándome una sonrisa

—Gracias Esme, no sé si te lo he dicho antes pero eres una gran mujer, espero que al menos yo pueda ser una decima parte de lo que tú eres — se levanto para besar mi frente

—Gracias por esas palabras tan hermosas, pero tú ya eres una gran mujer, lo has demostrado en cada una de tus acciones, desafiaste lo que los demás tenia elegido para ti, trajiste al mundo a mi hermoso nieto sola lo cual es admirable, te enfrentaste al mundo ganándote tu lugar, pudiste perdonarnos y le diste una nueva oportunidad a Edward, eso es solo decir algo, tú vales mucho más de lo que crees— toco mi nariz y yo solo sonreí tímidamente

—Se puede saber de qué hablan? — pregunto Edward cerrando con cuidado la puerta y una enorme sonrisa

—Cosas de mujeres — me guiño un ojo Esme y yo solo asentí

—Mamá deberías de ir a comer algo, papá está en su consultorio esperándote

—No tendrás consultas por la tarde? — cuestiono Esme quien claramente no quería dejarme

—Un colega se hará cargo de ellas para que yo este junto a mi esposa — beso mi frente

—Pero regresare más tarde — se inclino para besar mi mejilla y se acerco a mi oído— te quiero hija, eso no lo olvides

—Yo también Esme— sentí mis ojos humedecerse

Se fue sin antes darle unas claras indicaciones a mi esposo ignorando el hecho de que era medico, asintió sin quitar su característica sonrisa y la acompaño hasta la puerta, me hice a un lado para que se acomodara junto a mi pero se sentó en la silla, logrando que hiciera un mohín

—Y esa expresión? — pregunto acariciando mi mano donde tenía puesto el suero

—Te deje un espacio y tu preferiste estar ahí

—Lo siento — se levanto y se acomodo junto a mi pasando su brazo detrás de mis hombros y dejando que mi cabeza descansara en su hombro, tome aire permitiendo que su aroma penetrara en mis sentidos

—Seguro que nuestros bebes están bien? — su mano libre se acomodo sobre mi vientre y sus labios acariciaron mi sien

—Están bien amor, te prometí que cuidaría de los 4 y eso es lo que hago

—Que fue lo que sucedió?

—Olvídate de eso mi vida, lo que importa es que están bien, ahora deberás de estar un tiempo en reposo, estarás en casa— hice un mohín — recuerda que es por el bien de nuestros bebés

—Pero me dejaras trabajar en casa— pregunte tomando la orilla de mi blusita, hasta ese momento caí en cuenta de que llevaba puesta una pijama y no esas feas batas de hospital

—Podrás hacerlo pero nada de salir de casa, hable con Maxwell dijo que él se haría cargo, al igual que tu padre dijo que ayudaría— sus dedos hacían círculos en mi hombro

—Pretendes tenerme encerrada?

—Nada de eso amor, a lo que me refiero es que no lo harás sola, yo te llevare a donde tú quieras

—Pero si tengo a Peter

—Se que es un hombre de confianza, pero prefiero hacerme cargo yo de las personas más valiosas que tengo— se inclino rozo mis labios susurro un te amo antes de besarme, me perdí en el movimiento lento, mi corazón se comenzó a acelerar por consecuencia el monitor comenzó a pitar como loco, Edward se separo de mi justo cuando una de las enfermeras entraba asustada

—Lo siento lulú— se disculpo mi esposo

—Doctor su esposa necesita reposo— lo reprendió antes de salir, no pude evitar reírme y él me beso nuevamente, lo separe antes de que el monitor comenzara a sonar como loco nuevamente, estuvimos platicando de cosas triviales hasta que me fui quedando nuevamente dormida.

Unos labios en mi frente y unas manitas en mi mejilla me hicieron abrir los ojos y encontrarme con la sorpresa que Alice me había prometido, mi hijo que estaba sentado junto a mí, acaricie su mejilla y el sonrió

—Como tas mami?

—Bien corazón

—Y mis hemanitos

—También están bien —acomode su cabello y el entrecerró sus ojitos, sabía que odiaba que hiciera eso ya que le gustaba traer su cabello como su papá, ambos eran indomables pero adorables

La hora de la cena llego y no pude estar más feliz, en verdad que tenía hambre compartí parte de mi cena con Evan, a las 8 en punto tuvieron que marcharse, solo Edward se había quedado para cuidarme por la noche, insiste en que no era necesario pero me callo con un beso, Evan se había marchado con Esme y Carlisle. Fue una noche bastante pesada, me levante varias veces al baño, algunas intente hacerlo yo sola pero Edward se molestaba porque no lo despertaba, dormí un poco pero la cama era dura y no encontraba una posición cómoda y lo peor es que estaba haciendo que mi esposo no durmiera tampoco.

—Que sucede amor? — me pregunto desde el sillón donde se encontraba acostado ya que se había rehusado a acostarse junto a mi porque quería que durmiera lo mas cómoda

—No logro acomodarme, la cama es dura, quiero mi cama — solo escuche su risa y acomodarse junto a mí, recargue mi cabeza sobre su pecho y sus brazos ceñirse a mi alrededor

—Así está mejor? — pregunto sabiendo la respuesta, asentí mientras me deleitaba con su dulce aroma, comenzó a tararear una melodía que me mando directo al mundo de los sueños.

Los días pasaron y por fin estaba de vuelta en mi casa y en mi cama, mi hijo llego un par de minutos después de nosotros, brinco para subirse a la cama y abrazarme, los ladridos de Max se escucharon por el pasillo, el perrito asomo la cabeza y entro olfateando buscando a mi hijo cuando lo encontró intento subir a la cama pero Edward se lo impidió y comenzó a jugar con él mientras Evan mantenía su cabecita en mi hombro y sus bracitos me rodeaban, me conto todo lo que había hecho en sus abuelos y había abrazado a Alex, que Rose y Emmett le habían comprado un helado de zarzamora que le había gustado, acaricie su espalda mientras me contaba y poco a poco se fue quedando dormido, mientras Edward seguía sumamente entretenido jugando con Max quien corría por la pelota que le lanzaba

—Mi vida podrías aclararme una duda que tengo desde navidad — enarco una ceja sin levantarse el suelo donde estaba esperando que Max regresar con la pelota, asintió — a Max lo compraste porque nuestro hijo lo quería o porque tu deseabas una mascota

—Que te hace pensar eso? — pregunto mientras intentaba que Max soltara la pelota

—No sé quien se divierta más si tú o Evan — el solo dejo escapar una carcajada

—Lo compre por Evan, deseaba que tuviera alguien con quien jugar pero admito que yo también adoro jugar con nuestro perro— rodé los ojos

—Cuando termines de jugar con tu mascota, podrías traernos algo, a los mellizos ya les dio hambre

—Claro los mellizos— se levanto entro al baño a lavarse las manos y se quito la camisa, salió con una enorme sonrisa al notar que no apartaba la mirada, fue hasta el armario y tomo una limpia— y dime que quieren comer los mellizos

—Quiero un batido de fresa, un plátano cubierto de chocolate, también Pringles original y cheesy cheese — enarco una ceja sin quitar su sonrisa— y un envase enorme de helado de limón

—Solo eso?

—No te burles y ve a conseguirlo, anda que quiero mis pringles y mi batido — me beso y salió riendo de la habitación, me acomode mejor en la cama sin soltar a mi pequeño que dormía plácidamente mientras me abrazaba.

Edward llego con lo que le había pedido cerca de una hora y media después, me abalance primero con las patatas y mi batido, Evan hizo una cara de desagrado ante mi combinación pero con una sonrisa acepto comer de mi helado.

Nunca había estado acostumbrada a estar en casa y de verdad que me sentía encerrada, no me habían enviado nada de la oficina porque no había nada de vital importancia que debería de revisar, estuve un rato en el jardín en compañía de Max pero el calor era insoportable y solo me hacía sentirme más desesperada. Necesitaba regresar a mi vida habitual, regrese al interior de la casa con mi fiel guardián detrás, tome el teléfono de la cocina para llamar al consultorio de Edward, me acomode en una de las sillas altas dejando que mis pies colgaran y evitando que Max mordiera los cordones de mis tenis, 5 timbres después Anne me contesto, apenas reconoció mi voz y paso la llamada, yo seguía tratando de evitar que Max me mordiera pero parecía que él creía que yo estaba jugando, sin querer uno de sus colmillos rozo la piel logrando que soltara una exclamación de dolor

—Bella estas bien? — note la voz de preocupación de Edward

—Si, solo que Max… basta! —exclame logrando que se detuviera, alce mis pies y mire ceñuda al animalito que se había sentado observando mis pies mientras movía su colita

—Que le haces a Max — su voz había cambiado a divertida

—El no deja de morder los cordones de mis tenis— se burlo abiertamente — No es gracioso Anthony

—Como me llamaste? — Fue mi turno de reír— Muy simpática

—Edward estoy aburrida, no tengo nada que hacer, no hay nada en la televisión y sorprendentemente está haciendo demasiado calor para estar en el jardín, los libros que hay en la biblioteca ya los leí — bufe desesperada solo escuche su risa — quiero salir ya no aguanto este encierro, me volveré claustrofóbica

—Bella te quejas como una niña pequeña

—Pues tu pequeña esposa esta aburrida — vi que Max se marchaba así que baje mis pies y los comencé a balancear, soltó una carcajada, gruñí pero no le importo se burlo por cerca de un minuto, logrando que me molestara de verdad así que lo siguiente que salió de mis labios parecía mas bien un gruñido— no le encuentro la gracia

—Lo siento, es solo que es demasiado gracioso

—Y de nuevo te burlas

—No me cuelgues — me conocía bastante bien para saber lo que planeaba hacer, suspire — es que entiéndeme mi vida, no me negaras que es gracioso, te quejas por que estas encerrada, me parecería más lógico si fuera después de un par de semanas pero apenas es el primer día que te quedas en casa

—No estoy acostumbrada a estar encerrada—dije resignada

—Recuerda que debes de estar en reposo, es por tu bien y el de los mellizos, solo tengo que ver un par de pacientes, dejar unas indicaciones y estaré junto contigo compartiendo la cruel tortura del encierro

—Te estaré esperando — dije sin ocultar mi felicidad, me dijo que me amaba y después colgó

Pase el resto de la mañana observando cómo cocinaba Dafne, mientras yo comía helado de limón, alguno de mis pequeños debía de amarlo ya que me hacia comerlo a toda hora. Dafne pacientemente me explicaba cómo preparar espagueti a la boloñesa en lo que ella lo preparaba.

—Dafne pierdes tu tiempo con esta mujer, excelente en los negocios pero mala en la cocina— se burlo mi esposo que me abrazo y coloco su mentón sobre mi hombro, la risita apaciguada de Dafne fue lo que se escucho

—Creo que siempre hay tiempo para aprender y Bella tiene ganas de hacerlo— le saque la lengua a mi esposo que solo le sonrió a Dafne que continuo en su labor ignorándonos

—Ven te traje una sorpresa— tomo mi cintura ya que mis manos iban ocupadas en una llevaba la cuchara y en otra el bote de helado, junto a la puerta había una enorme caja envuelta, le entregue mi helado para poder abrirla y cuando lo hice me encontré con una enorme colección de películas— creo que esto te ayudara a pasar las mañanas de aburrimiento

—Gracias — me levante de puntillas para besarlo, me separe y vi como pasaba su lengua por sus labios

—Sabes a limón — me reí señalándole mi helado—no crees que comes demasiado helado de limón

—Alguien y no sé quien sea el responsable es el o la que me obliga — señale mi vientre

—Lo descubriremos en un tiempo —me beso y nos separamos casi al instante al escuchar una exclamación de desagrado que solo podía provenir de nuestro pequeño que se cubrió los ojitos y Ángela evitaba reír

Cuando le aseguramos que podía abrir los ojos me entrego un chocolate que me había comprado, le agradecí con beso, le dio un beso a Edward y salió corriendo en busca de Max que no tardo en encontrarlo.

Odiaba estar en casa pero había dos hermosas razones por las que debía de hacerlo, ya había pasado cerca de 4 semanas, aunque me aburría me quedaba en casa viendo películas, revisando algunos balances los cuales eran pocos ya que evitaban dejarme trabajo, por las tardes salíamos con Edward y Evan, eran los momentos que mas me gustaban ya que podía dejar atrás las paredes de mi hogar, habíamos ido a librerías, al cine, a comer, a cenar y por supuesto a comprar mis antojos, debo de decir que esa la mejor parte.

Como era lógico mi embarazo ya no era un secreto, la noticia se había difundido de una manera veloz lo que me mantenía en la mira de algunos fotógrafos al igual que a Alice, ella parecía no darle mucha importancia pero a mí me molestaba sentirme vigilada.

Gracias a los cuidados que había tenido por cerca de 2 meses ahora ya estaba de vuelta en mi trabajo, Edward se había rehusado a que manejara así que la primera semana deje que fuera él quien me llevara y también el encargado de pasar por mi después de recoger a Evan, pero esta semana lo había convencido de que podía valerme por mi misma, además de que tendría muchísimo cuidado, aun así llegaba a mi oficina minutos antes de la hora que me iría a casa, de esa manera me cuidaba, este hombre era de verdad exagerado pero aun así lo amaba.

El tiempo transcurriendo sin ningún incidente, ya estaba por llegar al sexto mes y cada día estaba más grande, mi embarazo y el de Alice iba de maravilla, bueno casi de maravilla; mis hormonas me estaban jugando una mala jugada, mis deseos de estar con Edward se habían multiplicado, lo había intentado pero él se había negado ya que creía que no era conveniente debido al riesgo que había tenido de perder a los bebés, lo había intentado de diferentes maneras pero su auto control no había flaqueado, mi mente me hacia imaginar cosas que me asustaban, pero de las cuales estaba segura Edward no sería capaz de hacer, así que mejor me había rendido, no lo culpaba, quien desearía estar con alguien con una barriga como la mía, pero que estaba diciendo, amaba mi barriguita, dentro estaban mis dos amores, malditas hormonas me hacían pensar cosas estúpidas.

Sabía que cuando la pequeña duende se enterara se pondría histérica por no avisarle, pero en definitiva esto era algo que solo Edward se merecía y lo mejor sería que no hubiera nadie más, lo había engañado con un repentino antojo de una clase de Helados que solo vendían en una sección de la ciudad que para mi suerte estaba a solo un par de locales del destino real, cuando estaciono el auto y me ayudo a bajar tome su mano y lo dirigí a nuestro destino, el brillo en sus ojos y la sonrisa me indicaron que era una sorpresa y que le gustaba la idea.

—Así que el helado fue solo un anzuelo? — Enarco una ceja mientras abría la puerta y me dejaba pasar— no crees que Alice se molestara

—Ya lo había pensado, pero esto es algo que solo tú y yo debemos elegir — tome su mano y lo dirigí a las hermosas cunas que había delante, deslice mis dedos por el borde

—Me gusta, pero creo que la de ahí se ve mejor— me señalo a la derecha y ahí vi una magnifica cuna, me llevo hasta ella y quede maravillada, tome el precio y creí que era exagerado

—Olvídate de ese detalle, te dije que quiero lo mejor para nuestro bebés — me abrazo besando mi sien

—Pero no crees que es exagerado

—Nada es demasiado cuando se trata de mi familia — iba a protestar justo cuando se nos acerco un chico con una enorme sonrisa

—Buenas tardes algo en que pueda ayudarlos

—Cuanto tiempo tardan en entregarlas — pregunto mi esposo

—De 2 a 3 semanas — respondió, le indicamos la cuna que deseábamos y los muebles a juego con las cunas, después de casi dos horas terminamos con las compras de los muebles, fuimos a pasear al centro comercial

—Amor…— su mirada se encontró con la mía y me indico un lugar que estaba a mis espaldas, me gire y al otro extremo estaba una tienda de ropa de bebé, asentí y prácticamente me arrastro hasta la tienda, se detuvo frente al aparador y se quedo observando un vestidito rosa con pequeño holanes

—Planeas quedarte aquí afuera o prefieres entrar a ver que mas encontramos — abrió la puerta de cristal y comenzamos a ver la ropita que había, tome un par de prendas de las que me había enamorado y cuando me gire vi a Edward tomando un par de vestiditos, parecía un niño pequeño en la dulcería, lo deje un momento en lo que elegía un trajecito para nuestro pequeño, me acerque a mi esposo cuando note que tenia cosas de mas en sus manos

—No te gustan —me mostro un par de vestidos mas, uno en un azul aqua— además también hay un par de cosas para nuestro pequeño

—Lo que me parece es que serás el padre mas consentidor— me levante de puntillas y lo bese quietándole las cosas de las manos

—Que haces?

—Elige tres cosas solamente, no olvides que Alice y Rose están creando una línea exclusiva para los bebés— creo que fue un momento bastante cómico no solo para mi, si no para la chica que estaba ahí, veía un vestido y después otro.

—Es tan difícil, no es más fácil si no los llevamos todos—enarque una ceja—  Sabes que quieres decir que si.

—Como puedo negarme ante esa cara—me beso tomando las cosas de nuevo en sus manos, y un par de cobijitas que en lo particular me gustaron.

Salimos con el cargando todas las bolsas, lo lleve hasta Victoria Secret's, me miro interrogante pero con su hermosa sonrisa torcida, le especifique que solo necesitaba un par de sujetadores ya que los había comprado hace menos de un mes ya no eran los mas cómodos, mis pechos seguían creciendo.

—Creo que me quedare aquí— lo mire ceñuda— alguien debe de cuidar las bolsas?

—O temes que veas algo que te guste y no lo pueda usar porque estoy enorme— me di media vuelta y entre.

Cuando estuve dentro me fui directamente donde estaban los sujetadores, tome un par, aun no deseaba comenzar a usar los característicos de maternidad, aun tenía tiempo para utilizar los que me gustaban, fui al probador para comprobar que estos eran realmente cómodos, tome unos cuantos mas y note un hermoso camisón que sin duda usaría si no estuviera en este estado, compre un par de prendas mas y fui a la caja a pagar , tome mi bolsa y me dirigí hasta donde me esperaba mi esposo que al notar mi presencia se levanto he intento quitarme la bolsa de las manos pero se lo impedí y me dirigí hasta el estacionamiento sin decir una sola palabra, metimos las bolsas con el resto y salimos del lugar, tomo mi mano y sonreí como si nada hubiera sucedido

Cenamos junto con nuestro hijo, lo recostamos para después marcharnos a nuestra habitación, me metí al baño para colocarme mi pijama, me trence el cabello y me metí en la cama y me acomode adoptando una posición cómoda que me permitiera dormir tranquila, le desee buenas noches a mi esposo que se inclino para besarme y seguir con la vista puesta en el televisor, me quede dormida en cuestión de minutos.

Sentí que mordían el lóbulo de mi oreja, una respiración dar contra mi cuello y algo fino delinear la línea de mi mandíbula, brinque al sentir un tacto en mi vientre, temía que si abría los ojos todo fuera más que una ilusión, deje escapar un jadeo

—Se que estas despierta — beso mis parpados y lentamente abrí los ojos temiendo lo peor pero nada sucedió.

—Que haces? — me acomode mejor en las almohadas, sus labios se unieron a los míos, ambos se movieron con la misma intensidad, tome su rostro entre mis manos sin dejar de besarlo, y note que sus dedos acariciaban mi vientre y subían hasta mis senos, tenía que detenerlo antes de que no pudiera contenerme y de verdad me sintiera mal— de…detente

—Segura?

—Se porque haces esto, y creo que la imagen no será agradable, estoy gorda— retire sus manos de mi cuerpo y tire de las mantas hasta cubrirme hasta el cuello, cerré mis ojos— buenas noches Edward

—Mi vida escúchame— tomo mi mentón y me vi obligada a abrir los ojos para perderme en esas orbes verdes— te vez completamente…

—Gorda— entrecerró los ojos negando

—La palabra que iba a decir era divina— se acerco a mi oído— y deseable, te deseo Bella, para mí siempre serás perfecta, amo ver tu cuerpo desnudo porque eres hermosa y creo que esta pancita te hace ver a un mas adorable

—Enserio?

—Claro mi vida, recuerda que si no quería que hiciéramos el amor, era por lo que sucedió un par de meses, pero creo que si somos cuidadosos nada malo sucederá— me guiño un ojo— sol déjate llevar.

Así lo hice me deje llevar en cada una de las sensaciones que me hacía sentir, sentir nuevamente sus labios sobre mi piel era una sensación única y que estaba segura jamás dejaría de disfrutar, me coloco sobre él y se acomodo sobre las almohadas para poder besarnos, además de esa manera yo controlara la velocidad con la que el entraba y salía de mi interior, y claro la razón más importante era para no aplastarnos, el momento de la culminación llego y debo de admitir que había sido completamente único, nuestras respiraciones se mezclaban, me ayudo a acomodarme de nuevo en la cama y me abrazo por la espalda rodeándome con sus brazos.

—Fue mucho mejor de lo que me lo imaginaba — susurre

—Fue Excelente, pero ahora debes de descansar y mañana puede que lo repitamos — dejes escapar una risita, él solo me abrazo pegándome más a su musculoso cuerpo.

Como lo había previsto Alice se molesto por no avisarle cuando habíamos ido a comprar las cunas y todo lo que necesitábamos para el cuarto de los mellizos, Esme se había hecho cargo de la decoración solo nos había pedido opinión y había conseguido quien pintara la habitación y entre ambas ordenamos como acomodar las cunas cuando llegaron, la sorpresa entre los muebles fue una hermosa mecedora de la cual no me había percatado cuando Edward la había comprado, pero que era simplemente perfecta.

Mis pequeños comenzaban a moverse al principio me habían tomado por sorpresa pero cada día se hacían más habituales sus estiramientos, todo indicaba que el espacio ya era algo estrecho, la primera vez que Edward sintió como se movían había tenido una sonrisa tonta por el resto del día, hace una semana había descubierto que les gustaba escuchar mi voz o eso quería pensar, pero se movían cuando duraba un largo tiempo hablándoles.

Una de nuestras tantas tardes en casa, de las cuales yo era la responsable debido a que me sentía cansada después del día de trabajo y por el constante acoso de los medios, habíamos optado por pasar algunas tardes en casa, viendo películas, en la piscina o simplemente escuchando como Edward tocaba el piano, bueno también lo hacia Evan quien ya lograba formar un par de notas; una de esas tardes en lugar de hacer lo habitual propuse algo en lo que no nos habíamos detenido a pensar, en los nombres de nuestros pequeños, debo de admitir que fue un trabajo duro, ya que algunos no eran del agrado de Edward o simplemente de nuestro hijo quien estaba participando y hacía gestos cuando el nombre no le parecía el indicado para sus hermanitos, pero al final después de casi 4 horas lo habíamos logrado, teníamos los nombres para nuestro pequeños.

Yo estaba por llegar al octavo mes y Alice estaba por tener a su bebé lo que la mantenía emocionada pero nerviosa, Rose y yo la intentábamos reconfortar parecía que lo lográbamos pero unos minutos después todo nuestro trabajo desaparecía.

—Definitivamente eres la mamá más sexy— me dijo cuando llego junto a mí, estaba tomando el sol mientras Evan y Ángela estaban en la piscina, me había puesto un bikini negro ya que los completos me hacían sentir como ballena.

—Claro…

—Sabes que lo digo en serio amor— me beso dulcemente apartando un mechón de cabello que estaba en mi rostro.

—Papi, me enseñadas a nada— grito mi hijo logrando nuestra atención

—Solo me cambio— me dio un beso rápido y se marcho a los 10 minutos estaba de regreso lo ayude a colocarse bloqueador y me llevo con él a la piscina, me ayudo a entrar al agua cálida, Ángela le entrego a Evan y se marcho para verificar que todo estuviera bien.

Me reí al ver los intentos de mi hijo al aprender a nadar, solo salpicaba y no avanzaba nada, pero ambos se estaban divirtiendo, cerca de 20 minutos después comenzó a mejorar ya se mantenía a flote por un par de segundos, se dirigió hasta mi y cuando se acercaba Edward lo soltó y yo lo recibí le di un beso de premio y no pude evitar hacer una mueca, Edward se movió rápido y me quito a Evan

—Lo siento, no debí de…—coloque un dedo en sus labios y tome una de sus manos y la lleve hasta mi pancita para que sintiera los movimientos de los nuestros pequeños, sonrió abiertamente y me beso ignorando la exclamación de nuestro hijo

—Tus hermanitos se están moviendo, quieres sentirlos — inmediatamente dijo un sí, tome su manita y la coloque donde comenzaba a sentir había movimiento, su boquita se formo una hermosa O

Cuando dejaron de moverse regresaron a sus clases, Ángela nos aviso que la cena estaría en media hora por lo que nos salimos del agua, ella se encargo de bañar a Evan y nosotros nos fuimos a nuestra habitación, intente controlarme al sentir sus manos enjabonar mi cuerpo, debido a mi embarazo el hacer el amor en la ducha no era una muy buena opción, pero era un juego que nos enloquecía, le rogué porque se detuviera cuando comenzó a acariciar partes bastante sensibles, y lo hizo sin chistar pero el también estaba completamente listo , termine de darme una ducha, salí de la regadera no sin antes quitar casi toda el agua caliente, solo se quejo y cerró el paso del agua, para mirarme ceñudo

—Necesitabas urgentemente una ducha fría— bese su mejilla y regrese a nuestra habitación en busca de mi ropa.

La cena transcurrió sin nada de mayor relevancia, solo que Evan hizo que Edward le prometiera que seguirían con las clases y mi esposo acepto encantado, sabía que amaba el tiempo que pasaba con Evan, que en poco más de un mes se vería dividido por la llegada de los mellizos. Como cada noche me fui directamente a la cama y para mi sorpresa y mis hombres favoritos se fueron a hacerme compañía, mi pequeño se acomodo junto a mi envolviéndome con sus bracitos en lo que Edward le comenzaba a leer, enrede mis dedos en sus cabellos y poco a poco fue cayendo en un profundo sueño el mismo que me invadió a mi también. Me desperté sobresaltada al revivir en sueños la discusión con mi madre en la cual había terminado con una amenaza y conmigo en el hospital

—Que sucede pequeña, respira— encendió la luz y se puso de pie en un abrir y cerrar de ojos

—Solo un mal sueño

—Segura que no te duele nada — negué palmeando la cama para que volviera a mi lado, me observo por unos minutos y volvió a su sitio , me abrazo por la espalda, dejando que sus manos descansaran en mi vientre

—Quieres hablar de ello? — lo dijo mientras besaba mi cabello

—Estoy bien— pegue mas mi cuerpo a su pecho, entrelace nuestras manos, le desee buenas noches y me dispuse a dormir de nuevo.

Había olvidado lo difícil que era poder dormir el último mes, Evan había sido inquieto pero por lo menos permitía que lograra dormir 6 horas corridas por las noches, pero estos pequeños se movían demasiado, por las noches era una especie de milagro cuando lograba mantener los ojos cerrados más de 4 horas, intentaba moverme lo menos posible para que Edward no se despertara y al menos uno de los dos lograra descansar.

Gran parte de la tarde había estado pegada al teléfono con mi cuñada que estaba intentando disipar sus nervios, ella ya estaba casi en la fecha y eso la estaba poniendo más nerviosa, intente ayudarla a que los nervios desaparecieran con una plática sobre alguno de los temas de mayor interés para ella, claro las compras, no pude evitar reírme cuando escuche la voz de su esposo "Ali por dios amor, podrías estarte quieta, vas a hacer un agujero en medio de la sala", ella solo había bufado y parecía que lo había obedecido para después quejarse conmigo, así habíamos durado cerca de media hora más hasta que tuvo un repentino antojo por palomitas acarameladas, se disculpo pero dijo que yo sabía lo que sucedía cuando no se complacía esa clase de antojos.

Me quede un poco más de tiempo recostada en el sillón, había logrado una posición bastante cómoda lo que parecía me permitiría tomar una pequeña siesta, pero justo cuando el sueño comenzaba a llegar a mí, mis pequeños comenzaron a moverse espantando totalmente la oportunidad de dormir.

—Vamos amores, es tan difícil que dejen dormir unos minutos a mami— acaricie mi pancita sintiendo el bordito que sobresalía y se movía lentamente para después desaparece y dar lugar a otro— saben que los amo, pero en verdad mami necesita dormir un poquito, sean buenos y concédanme eso

—Con quien hablas? —me sobresalte al ver a mi esposo recargado en el marco de la puerta

—Es obvio no lo crees—señale mi vientre, se acerco y se sentó junto a mí, coloco sus manos sobre mi vientre, se inclino para besarme y después beso mi barriguita, se separo un poco solo sentía el roce de su nariz contra la tela que cubría la parte que sobresalía de mi anatomía

—Creo que deberían dejar descansar a mami, ella se lo merece—acaricie su cabello e inmediatamente sentí como los bebés comenzaban a moverse

—Creo que solo lograste el efecto contrario, les gusta escuchar tu voz y te lo hacen saber moviéndose—me beso susurrando una disculpa sincera— está bien, así es el último mes, solo que estos pequeños son más inquietos y adoran escuchar tu voz, algo que comparto con ellos.

—Créeme que prefieren la tuya— me beso para que no protestara, el beso se torno más intenso dejándonos con la respiración entrecortada, solo basto una mirada para comprender lo que deseábamos ambos, me ayudo a levantarme y nos fuimos a nuestra habitación sabiendo que nuestro hijo estaba tomando una siesta.

Simplemente lo vivido esta tarde había sido intenso verdaderamente grandioso, me había demostrado que me seguía deseando con la misma intensidad, para él no había cambiado en lo absoluto, el brillo en su mirada era suficiente para comprender que el deseo no había disminuido y que en verdad no le importaba el tamaño que tenía en estos momentos, el me dejaba tener el control, para que fuera yo la que decidiera la intensidad con la que entraba o salía de mi interior, era cuidadoso con cada caricia y sus besos eran los más dulces. Tomamos una ducha para después poder ir a cenar junto a nuestro pequeño, íbamos por la mitad cuando el celular de Edward comenzó a sonar hice, un mohín al saber que seguramente se trataba de una emergencia y tendría que ir al hospital, cuando se levanto y salió de prisa supe que así era, se iría.

—Ya no tienes hambre? —me pregunto al ver que ya no tocaba mi plato, honestamente ya me sentía satisfecha

—Una emergencia? — pregunte , me coloco un abrigo sobre los hombros y le pidió a Ángela que cuidara de Evan iba a protestar pero coloco un dedo en mis labios.


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