El trato que unió nuestras vidas: Capitulo 19


CORAZÓN… ¿COMPLETO?

Apenas había logrado abrir la puerta cuando esta se cerró bruscamente, levanté mi rostro y noté una mano  aferrada a  la madera evitando que me marchara o mejor dicho que huyera como planeaba hacerlo.


—¿Sabes?, solo hablaste tú, pero no me diste tiempo de decirte un par de cosas—no podía verlo me mantuve dándole la espalda, no podía enfrentarme a su mirada helada.

—Edward…

—Tú solo pensaste en lo que tú quieres y no te detuviste a pensar en que es lo que yo deseo—no lograba entender sus palabras—tú quieres el divorcio…

—Es algo que habíamos acordado. Cuando pasara lo de Aro podríamos…

—Sé lo que acordamos—no me permitió terminar de hablar—pero por si no te has dado cuenta esto aún no termina.

—Pero no falta mucho para que acabe, y el final será el mismo.

— ¡Maldita sea!, es que no pensaste que tal vez yo no querría el divorcio—me giré con cautela, su cuerpo estaba rígido detrás de mí, me sentía acorralada, bueno en realidad lo estaba, no tenia salida. Me detuve para mirarlo con detenimiento y me sorprendió ver al hombre que estaba delante de mí, su aspecto impecable había desaparecido, en su lugar delante de mí estaba la imagen de un hombre vulnerable y absolutamente sexy. Sus manos ahora en sus bolsillos y el cabello más alborotado que de costumbre, eso solo me indicaba que había estado pasando sus manos por él, por esa mata de cabello cobrizo, sedoso y de una suavidad increíble, la sombra de su barba me dejaba claro que no se había rasurado esta mañana, algo extraño en él, que cuidaba que su aspecto siempre fuera pulcro, su camisa de manga larga estaba enrollada hasta sus codos, los primeros botones de su camisa abiertos dejando una parte visible de su pálida piel y la corbata sobresalía de uno de sus bolsillos del pantalón, este hombre no se parecía en nada a aquel con  quien me había casado, ¿Qué le había sucedido?.

—Pero…—su mirada era aún más fría.

— ¡NO!,  escucha, no planeo dejarte ir—se acercó un poco más a mi.

—Tienes que hacerlo—retrocedí hasta que mi espalda chocó con la puerta, su cercanía comenzaba a afectarme, es que no se daba cuenta de que esto no tenía un futuro, que debíamos hacerlo ahora antes de que mi fuerza de voluntad se rompiera y no fuera capaz de afrontar la separación— esto no puede continuar.

— ¿En verdad te importó tan poco todo esto?, ¿mis palabras siguen pareciéndote vacías?

—No puedo continuar con esta farsa—murmuré.

— ¿Por qué?, dame una buena razón para entenderte—sus manos se ciñeron en mis brazos, con más fuerza de la necesaria lastimándome un poco, aunque estaba consciente de que había mostrado una mueca de dolor que él parecía no haber notado.

—No importa

—A mi me importa—me movió un poco con brusquedad, baje la mirada al suelo dejando las lágrimas comenzar a correr.

— ¡Mírame Isabella!, y dime porqué—volvió a moverme con brusquedad, logrando que levantara mi mirada para encontrarme con la suya.

—No puedo—sollocé, noté la vacilación y la duda en su mirada, pero aun así seguía sin soltarme y sabía que era demasiado difícil que lo hiciera.

—Solo dímelo, ¡Maldición!, solo habla de una vez—gruñó, golpeando la puerta con su puño, me estremecí ante tal reacción, respiré un par de veces antes de hablar.

—Tenemos que hacerlo porque soy una estúpida, estos eran negocios y yo terminé involucrándome de una manera que no era la apropiada. ¡Me enamoré de ti!, por eso es que debemos separarnos— ya nada importaba al final él se marcharía o seria yo, lo único que sabía es que no podíamos vernos por un largo tiempo. Puse mis manos sobre su pecho separándolo un poco de mí, su esencia me estaba embriagando y no me permitía pensar con la claridad que necesitaba.

— Aún no he terminado—cerró la puerta de nuevo encerrándome entre sus brazos.

—Ya lo dijimos todo. Déjame ir—supliqué.

—No, no lo hemos dicho todo.

—Edward…—puso un dedo en mis labios, provocando que una descarga recorriera todo mi cuerpo, un simple toque era suficiente para tener una reacción.

—Déjame hablar o puede que después no tenga el valor suficiente para decirte todo lo que quiero—me sorprendí ante sus palabras, él siempre era tan seguro y en este momento me estaba diciendo que podía no tener el coraje de seguir.

—Suena tan fácil decirlo pero es difícil, sumamente difícil hacerlo, me tomó meses pero ahora sé que no puedo posponerlo por más tiempo—pasó una mano por esa mata de cabello cobrizo, desordenándolo aún más—Te amo Bella.

—No juegues, por favor no lo hagas.

— ¿Crees que jugaría con algo como esto?—me quedé callada sin saber que debía responder.

—Déjame ir—supliqué.

—Ya te dije que no lo haré—su brazos rodearon mi cintura pegándome a su cuerpo, este cuerpo que me incitaba a los placeres prohibidos unos que no volvería a disfrutar— ¿Cómo puedes pedirme  que terminemos con esto, como si no hubiera significado nada?, dime entonces, ¿qué fue lo vivimos durante estos meses?

—Fue una mentira—susurré.

—Y que hay del deseo incontrolable que sentimos—su rostro se  acercó peligrosamente al mío.

—El deseo y el sexo van completamente de la mano, pero eso no implica ningún sentimiento de por medio—intenté hablar con mayor seguridad, pero su cercanía me nublaba los sentidos. — Hay que admitir que como pareja a veces somos algo disfuncionales pero en la cama eso no parece importar. Para mí no es suficiente, yo no quiero estar envuelta en una relación en la que solo el deseo y la pasión desenfrenada sean lo más importante—me alejé de él.

—Te he dicho que te amo—repitió con desesperación en su voz.

—Estás confundido, solo lo haces para que no termine con esto, ¡esto se acabo!— palabras que decía mas para mí que para él.

— Si en verdad me amas, ¿por qué te alejas? —su voz se había suavizado y comenzado a… ¿quebrarse?

—Por eso mismo, quiero que encuentres a alguien que pueda hacerte feliz, alguien que sea capaz de darte lo que está claro yo no soy capaz—sollocé recordando la pérdida de nuestro bebé, me habían dicho que eso no implicaba ningún problema para volver a embarazarme pero yo no creí posible hacerlo, no sintiéndome como me sentía.

—Ya la encontré. Encontré a la mujer que quiero tener el resto de mi vida junto a mí, esa mujer es divina, y lo mejor de todo es que ya me pertenece. Es mi esposa y no planeo perderla.

—Edward no puedes hacerme esto—sollocé aún más alto.

—  Es que no lo entiendes Bella, eres mi vida, lo eres todo para mí—tomó mi rostro entre sus manos y con las mías me aferré a su camisa—tú eres la única que me importa, tú me puedes dar todo lo que yo deseo y más.

—No sabes lo que dices, ¡soy un monstruo!, eso es lo que soy— le grité logrando al fin que me soltara, llevé las manos a mi pecho tratando de controlar mi respiración, aparté con mis manos sus intentos de abrazarme, me dejé caer de rodillas mostrando todo ese dolor que sentía aún en mi interior.

—Soy un monstruo—cubrí mi rostro con mis manos, no podía parar de llorar, sus brazos me envolvieron dejando de lado mis inútiles intentos de zafarme, me aferré a su camisa hasta que poco a poco me fui tranquilizando, solo eran ligeros espasmos los que invadían mi cuerpo.

—Dime porque dices que eso de ti mi amor.

—Yo… yo—sentí como él dejaba de respirar—cuando me enteré de que estaba embarazada me solté a llorar, no fui como cualquier otra mujer que rebosa de alegría, yo me sentí mal porque pensé que lo había arruinado. ¡Estaba embarazada! Se me hacía injusto traer al mundo a un bebé en una relación como la nuestra, no le di  el lugar que se merecía. Me gustaba la idea de pensar que era una parte de ambos, pero aun así seguía considerándolo algo inapropiado y fue hasta el momento en que lo perdí—mordí mi labio intentando ahogar un nuevo sollozo—fue en ese momento que me di cuenta de que amaba la idea de ser madre. Pero era demasiado tarde, ya no estaba, lo había perdido, y esa pequeña criaturita no había recibido todo el amor que se merecía, es como si lo hubiera rechazado. ¡Yo!, la única persona que se supone lo amaba lo rechazaba, soy un monstruo Edward.

—¿Por qué jamás me dijiste como te sentías respecto al embarazo?—tomó mi rostro entre sus manos obligándome a verlo, su mirada era confusa y no sabía qué era lo que estaba pensando, de lo único que estaba segura es que había perdido el concepto que tenía de mí, ahora mismo no lo culparía si decidía alejarse, intenté  separarme de él pero me lo impidió— Pensé que había aceptado perfectamente la idea del embarazo, yo estaba extasiado por la idea, aunque sabía que no había sido el mejor momento, creí que ese pequeño nos uniría aun mas.

—No puedo sentirme bien después de saber la persona horrible que soy, me dolía darme cuenta de todo lo que había hecho y ya no había manera de remediarlo, lo había perdido, solo podía sentir un horrible vacio y una inmensa culpa

—No tienes la culpa pequeña, lo que sucedió nada tiene que ver con eso, no diré que sé cómo te sientes porque mentiría. Ambos continuábamos engañándonos, yo me preguntaba si cuando todo pasara me permitirías seguir formando parte de la vida de ambos. Me dolió el saber que lo habías perdido, pero aunque es un bebé irremplazable sé que…—tomó una enorme bocanada de aire, apoyó su frente contra la mía y acunando mi rostro entre sus manos—sé que podríamos intentarlo de nuevo.

—Edward, yo no…

—Sé que es pronto y que quizá no estés lista pero estoy dispuesto a esperar el tiempo que tú me pidas—me besó dulcemente logrando que me estremeciera— te juro que no hay nada que desee mas en este mundo que un bebé de ambos.

— ¿Hablas en serio?, no te importa la persona horrible que soy, te acabo de confesar lo que le hice a nuestro bebé y no te importa.

—Hablo completamente en serio mi amor, se que ese no fue el momento perfecto para la llegada de nuestro bebé—se levantó obligándome a hacer lo mismo, pero manteniéndome en sus brazos.

—Lo perdí, y no sé si seré capaz de volver a intentarlo, no podría soportar una pérdida como esa nuevamente.

—No estarás sola pequeña, yo estaré junto a ti, como debí estarlo la primera vez— rozó mis labios de una manera dulce—.Quiero que me perdones por alejarme en lugar de afrontar lo que nos estaba pasando, no fui el hombre que necesitabas pero también estaba dolido por lo que nos sucedió. Verte en ese estado de negación en el que te abandonaste me lastimaba, me dolía mas saber que te podía perder a ti también , y en lugar de intentar apoyarte me alejé creyendo que eso te ayudaría, pero no fue así, solo te aparté mas.

—Pensé que te costaba demasiado verme después de no ser capaz de proteger a nuestro bebé.

—Fui un cobarde mi amor, y en lugar de afrontar lo que se nos presentaba huí, eso fue lo que hice, me refugié en el trabajo intentando olvidar lo que nos ocurría, pero aunque no lo creas que te fueras me hizo despertar y darme cuenta de que no podía perderte pequeña, no después de que me has convertido en un hombre diferente, que te has convertido en lo más importante en mi vida.

—Me dolió ver la manera en que te distanciaste, aunque era consciente de que yo te había alejado de mi lado. Además ante mi viaje esperaba un poco mas de resistencia y cediste con mucha facilidad.

—Jamás estuviste sola mi amor, desde el momento que me dijiste lo que planeabas hacer, puse a un guardaespaldas cuidándote nuevamente, temía que te fueras en un momento en el que yo no estuviera y lo hiciste. Me debatí en ir detrás de ti pero sabía que necesitabas estar sola y pensar, es por eso que no tomé el primer avión para ir detrás de ti.

— ¿Por qué me mandaste cuidar? —estaba sorprendida ante su confesión, en otro momento me hubiera molestado pero ahora estaba conmocionada.

—Porque me preocupo por ti, y no iba a permitir que la única mujer que me importa de verdad se alejara de mí, no sin antes saber lo que yo sentía por ti realmente mi amor—deslizó sus dedos por mi cuello hasta mi nuca obligándome a acercarme a sus labios y disfrutar de un dulce y apasionado beso—Te amo y nada cambiara eso.

—Yo también te amo—envolví mis brazos en su cuello y lo besé un par de veces, me detuve para observar su mirada y notar que al igual que yo, había derramado un par de lagrimas, limpié sus mejillas con dulzura— quiero que sepas que te amo Edward, te amo como jamás pensé amar a alguien.

— ¿Me amas? —Su rostro se iluminó.

—Lo hago, y es por eso, que creí que lo mejor era terminar con esta farsa, así tú podrías encontrar a alguien que te diera lo que te mereces y con la que tú pudieras hacer tu vida.

— ¿Terminar?, ahora que hemos dejado de engañarnos, no lo creo mi amor—inclinó su rostro hasta que sus labios se posicionaron sobre los míos, me besó con pasión una de la cual no me pude resistir, me sostuve fuertemente de su camisa para no caer, sabía a licor pero no me importó aun así, ahí estaba su característico sabor, me separé en busca de aire—Te amo Bella—abrí los ojos aun sin poder creer  que estaba escuchando esas palabras de sus labios, por mucho tiempo las había imaginado y ahora eran reales, él me las estaba diciendo.

—Repítelo—susurré sin poder ocultar mi voz llena de emoción.

—Te amo mi pequeña gatita—lo abracé fuerte y me sentí en casa cuando sus brazos me rodearon.

—Yo también te amo—respondí sin poder ocultar mi enorme sonrisa, una que no se presentaba desde hace un buen tiempo en mi rostro.

—Por cierto. Bienvenida a casa mi amor—apartó un  mechón de mi cabello antes de volver a besarme, pero esta vez de manera lenta, dándose y dándome el tiempo de saborear el exquisito beso que estábamos compartiendo.

—Te extrañé—dejé que mi frente descansara sobre la de él y le sonreí de manera tímida.

—No te volverás a alejar —hundí mi rostro en su pecho permitiendo que su característico aroma inundara mis sentidos.

—No lo haré—me perdí en el verde de su mirada, di un sonoro suspiro y me acerqué un poco más a él levanté mi mano hasta colocarla en su mejilla y notar el estremecimiento que recorrió su cuerpo y la manera en que cerró sus ojos me demostró que mis caricias tenían más efecto del que recordaba, sonreí al mismo tiempo que él lo hacía.

Esa tarde la pasamos juntos, aún se me hacia irreal el saber que realmente así estábamos, esta vez de verdad, ya no había más farsas, él me amaba igual que yo lo amaba a él. Me encontraba acurrucada en sus brazos mientras veíamos un reporte financiero, lo sé, nada romántico pero al menos podíamos estar unidos.

Me tomé un par de días antes de tomar el valor necesario para retomar mi vida habitual, la vida que había llevado y que estaba dispuesta a recuperar, me había rehusado a hacerlo en un principio pero Edward tenía razón, tenía que volver a retomar mi vida.

—Todo estará bien pequeña—me dio un beso antes de bajar del auto y ayudarme a hacer lo mismo, posó su mano en mi espalda baja y me empujó suavemente para hacerme entrar a la empresa. Las miradas de muchos se encontraron con la mía, noté como parecían sorprendidos ante mi presencia, habían pasado muchas semanas en las que no había estado en este lugar, aunque estaba algo intimidada mantuve mi porte de siempre. Esperando el ascensor estaba mi padre en su traje impecable y con el portafolio en su mano lo que me indicaba que también acababa de llegar.

—Buenos días—dije con voz segura logrando que se girara, me vio de arriba abajo y una enorme sonrisa se formó en su rostro.

—Belly—lo abracé dejando que me envolviera en los suyos.

—Estoy de vuelta—susurré alejándome un poco de él.

—No sabes la alegría que me da escuchar eso cariño, ya te echábamos de menos en la empresa, dime a quién debo de agradecer esa hermosa sonrisa—tocó mi nariz.

—Solo a una persona—abracé a mi esposo que me envolvió en los suyos, mi padre lo vio con completa seriedad— ¿Sucede algo?

—Charlie no estuvo de acuerdo en que te dejara marchar sola, pero aunque me dolió hacerlo, sabía que era lo que necesitabas y ahora sé que tomé la decisión correcta—besó mi sien, me condujo dentro del ascensor al momento que este se abrió.

—Aún no estoy de acuerdo con lo que hizo pero debo de admitir que funcionó, de nuevo tienes esa hermosa sonrisa en tu rostro.

—Me perdí mucho en estas semanas, así que tendré mucho trabajo—me recargué totalmente en mi esposo y aunque mi papá lo intentaba disimular notaba su semblante lleno de duda ante nuestra cercanía.

—Nada de qué preocuparte, James y yo nos hicimos cargo de tu trabajo, así que puedes estar segura de que no tendrás mucho acumulado— me despedí de mi padre para salir en el piso donde estaba mi oficina, Lauren junto con otras chicas parecieron atragantarse con el café que estaban tomando al verme de regreso.

—Jane, podrías traernos un café—la chica asintió mientras los dos entrábamos a mi oficina—Ignora las miradas de todos, no dejes que eso te afecte.

—No me afectan, será mejor que comience a trabajar—me senté en mi silla y encendí la computadora, me giré para ver a Edward en una de las sillas mirándome fijamente— ¿Qué sucede?

—Me alegra tenerte de vuelta.

Después de compartir un café y que me pusiera al corriente de lo que había pasado en la empresa, hablé con James que apenas se enteró que estaba de regreso se pasó por mi oficina o mejor dicho se fue a trabajar un rato conmigo, cuando lo convencí de regresar a su oficina, fue el turno de Edward para que entre ambos elaboramos una estrategia para elevar nuestras ganancias.

Una semana después había regresado a mi vida habitual, claro que no lo había hecho sola, estaba acudiendo a un psicólogo que me estaba ayudando a sobrellevar mi problema. Había llorado cuando había hablado de ello, pero tener a Edward junto a mí, sosteniendo mi mano me había dado el valor para tomar la decisión de recibir ayuda.

Había vuelto a reordenar mis prioridades, estaba feliz y sabía que mi apariencia lo demostraba. El momento que tanto esperamos al fin había llegado, una baja en la bolsa se había presentado dándonos la oportunidad de comprar algunas de las acciones de Aro y con ese movimiento nos asegurábamos de que nuestras empresas quedaban a salvo, al menos así no se le  ocurría dañarnos sabiendo que poseíamos parte de su empresa y si nosotros caíamos el sufriría una fractura dando lugar a una compra masiva y por lo tanto su desaparición.

—Ya era hora de que sucediera—entro mi padre a la oficina de Edward donde nos encontró hablando.

—La espera valió la pena, después de todo no tiene el mejor equipo, logramos hacernos de un 30% de las acciones.

— ¿Hablan en serio? —se acomodó en la silla junto a mi

—Yo logré hacerme apenas de un 10%—apuntó mi esposo—el resto es por cuenta de esta pequeña escurridiza.

—Lo bueno es que la tenemos de nuestro lado y no en nuestra contra—se burló mi padre revolviendo mi cabello que lo llevaba suelto.

—Serian un gran reto.

—Con Carlisle decidimos ir a celebrar este gran día, así que ¿por qué no vamos a cenar?—propuso- — a lo que nosotros accedimos, me dio un beso en la mejilla y desapareció de la misma manera que había llegado. Un problema con la cuenta de uno de los clientes de medio Oriente nos mantuvo en la oficina por un poco más de tiempo dejándonos sin tiempo para ir a nuestra casa y cambiarnos.

Entramos al restaurante que estaba cerca de Central Park y que era uno de los favoritos de mi madre y Esme, uno de los anfitriones nos guió hasta la mesa en la que estaban nuestros padres. La mirada de mi madre me dio a entender lo que las palabras no podrían expresar, me envolvió en sus brazos y me susurró lo mucho que me quería y lo bien que lucía, Esme igual de afectuosa que mi madre logró que me sonrojara un poco.

—Bueno les parece si brindamos por lo que estos dos chicos han conseguido—mi padre nos señaló a ambos, sonreí abiertamente y Edward solo me guiñó un ojo.

—A decir verdad las felicitaciones deben de ser mas para Bella, ella logró comprar el doble que yo, gracias a una mente realmente brillante.

—Podrían dejar de avergonzarme y mejor ordenar.

Hicimos nuestro pedido y esperamos a que la cena llegara, escuche la plática de mi mamá y de Esme respecto a la semana de la moda en Paris a la que habían asistido.
Cenamos entre comentarios ligeros y alegres de nuestros padres, en algún punto de la velada comenzaron a contar anécdotas de la universidad y de la infancia que desconocía de mis padres y por supuesto que no me esperaba de mis suegros, intente detenerlos cuando la conversación se comenzó a centrar en nosotros y empezaron a hablar de las cosas que habíamos hecho de pequeños, mis mejillas ardieron y solo sentí los labios de Edward en mi mejilla.

Nos fuimos a nuestra casa después de que todos quedamos lo suficientemente avergonzados, mi esposo no paraba de reír al recordar algunas de las anécdotas e imaginar a sus padres en esas situaciones, aunque me habían parecido graciosas para mí era más vergonzoso recordar todo lo que mis padres habían contado sobre mi infancia en la cual había sido una chica con muy poca coordinación.

Tres días después, la amenaza de Aro desapareció.  Él mismo, había ido a nuestras oficinas al darse cuenta de que nos habíamos infiltrado en su empresa y que no podía hacer nada contra nosotros, al menos no mientras  contáramos con parte de sus acciones.  Estaba furiosos pero no con nosotros sino con su equipo, que él consideraba invencible pero en realidad era un fraude, hizo ofertas muy tentadoras para recuperar sus bienes pero eso solo nos convertiría nuevamente en su blanco, cosa que no me apetecía debido a la presión que esto ejercía.

—Veo que después de todo su plan no fue tan descabellado—Edward tomó mi cintura de manera protectora al mismo tiempo que lo sentí ponerse rígido— admiro su entrega, y es por eso que no deben  preocuparse de que haga algo contra ustedes, sé que son capaces de cualquier cosa y aunque me duela admitirlo, admiro su tenacidad.

El hombre salió sin despedirse, al menos ya podíamos respirar tranquilos, después de esta mañana estresante era un hecho que nuestra empresa no estaría más en la mira de ese espantoso hombre.

— ¿Viste la manera en que ese hombre te estaba viendo?—sin poder contenerme solté una carcajada, logrando que gruñera y que el resto de los hombres que estaban en la sala me miraran — ¿Qué te parece tan gracioso Isabella?, no tiene gracia.

—Amor estás celoso—envolví mis brazos en su cuello— ¡Dios! Edward, ese hombre me dobla la edad.

—Y yo te gano con 7 años.

—Mi amor, no hay comparación entre los 7 años con los 20 o 25 que tiene ese hombre—hice una mueca de desagrado con solo pensarlo—además él es un hombre horrible y tu eres uno demasiado sexy— negó sonriendo, con delicadeza me obligó a separarme de su cuerpo, hice un mohín solo para recibir un beso en la frente de su parte.

—Lo siento mi amor, pero no creo que sea muy buena idea que estés cerca de mí, no tienes idea de lo que me provocas —si amaba a este hombre ahora mismo podía decir que lo amaba con mayor intensidad, aunque sabía que me deseaba no me insinuaba nada y mucho menos me lo había propuesto porque él esperaba que fuera yo quien lo dijera, quería que yo me sintiera lista para dar ese paso de nuevo.

—Edward, Bella—me sonrojé al notar la presencia de nuestros padres y más aun al notar el brillo cómplice en la mirada de Carlisle que estaba junto a mi—Los esperamos a cenar esta noche, Esme muere por verlos.

—Ahí estaremos—mi esposo solo asintió y cada uno se marchó a sus actividades.

Por la tarde Edward mandó mi auto a nuestra casa para no tener que ir a casa de sus padres en autos diferentes. Él junto con James se envolvieron tanto en un nuevo proyecto que se olvidaron de la hora hasta que me cansé y fui a recordárselo, ambos se sorprendieron y fueron por sus cosas ya que eran cerca de las 8; llegamos con el tiempo justo a su casa, siempre me había parecido hermosa, la había visitado un par de veces cuando aun no conocía a Edward.

—Pensé que me dejarían plantada—me abrazó para después guiarme al comedor.

—Sabes Esme, tu hijo soy yo y Bella es tu nuera—sonreí divertida ante su comentario, Esme me soltó y fue a darle un efusivo abrazo.

—Pero tú sabes lo mucho que quise una niña, puede que no sea mi hija pero es lo más cercano que tendré—entramos al comedor donde estaban mis padres— ¿Qué les parece si cenamos?

Todos asentimos y nos acomodamos en nuestros lugares, el salón estaba iluminado por un candelabro enorme que le daba un estilo propio a esta habitación de amplios ventanales. Disfrutamos de la cena y agradecí que no hablaran de negocios ya que había tenido suficiente por el día de hoy, descubrí a mi madre y a Esme mirándome un par de veces pero asumí que solo eran ideas mías, así que lo dejé pasar. Cuando fue momento de tomar el café fuimos a la sala ya que alegaron estar más cómodos, me acomodé junto a Edward mientras que mi madre y Esme se acomodaron frente a nosotros y nuestros padres en los individuales que había al lado de cada una de ellas. El silencio era algo incómodo y me removí un par de veces en mi lugar, escuché un suspiro y como mi padre se aclaraba la garganta.

—Bueno chicos se preguntaran porqué les hemos pedido que vengan.

—Pensé que se trataba solo de una cena sin un detalle en particular—me llevé la taza a los labios cuidando de no quemarme.

—Sabemos que el peligro ya pasó—agregó Esme quien  mantenía su mirada fija en ambos. Estaba claro que ahora deseaban saber qué es lo siguiente que haríamos.

—También sabemos que habían acordado que cuando esto pasara cada uno seguiría su camino, solo queremos saber qué es lo que sigue ahora—inquirió mi madre

—Sé que lo que vivieron hace poco tiempo dejará una huella imborrable, pero eso no es un motivo para dejarse vencer, ambos van a poder rehacer su vida.— agrego Esme en lo que dejaba la tasa sobre la mesita delante de nosotros.

—Hija, sabes que tienes nuestro apoyo y tal vez te parezca dura la idea de volver a intentarlo pero nosotros estamos aquí para cuando nos necesites. —la mirada de mi madre rebosaba en ternura.

—Podrán terminar con este arreglo cuando ustedes lo deseen, la tormenta ya pasó—agregó mi padre quien  al igual que Carlisle se mostraban cautelosos—Podrán dejar de fingir.

— ¿Fingir? —les pregunté y ellas volvieron a asentir bueno mi madre porque Esme pareció comprender.

—No nos separaremos—la voz de Edward fue firme, mientras  entrelazaba sus dedos con los míos.

—Después de todo, tenias razón Esme, el destino nos tiene sorpresas y esta es una de ellas, desde hace tiempo nuestro matrimonio dejó de ser una farsa y se convirtió en una realidad.

—Pero…

—Sé que a veces parecía que las cosas no iban del todo bien y no lo iban, pero era por falta de comunicación, no hablábamos y solo sacábamos deducciones que en su totalidad resultaban erróneas, no puedo buscar a ese hombre perfecto porque ya lo tengo—me sonrojé ante lo que acababa de decir, dejé descansar mi rostro en su pecho sintiendo como me rodeaba con sus brazos.

—Admito que hace unos años no fui el mejor hombre pero te aseguro Charlie que jamás dañaría a esta pequeña mujer, ella me ha enseñado cosas increíbles, cambió mis prioridades y ahora que encontré a la mujer correcta, no la dejaré.

—Lo sabía. Bienvenida nuevamente a la familia cariño—me vi envuelta en los brazos de Esme y mi madre abrazó a Edward, vi tanto a mi padre como a Carlisle negar y sonreír.

—Hay algo de que quiero hablar contigo Belly, ¿podemos?—asentí siguiendo a mi madre que me llevó al jardín—hija me alegra que tomaras la decisión de quedarte junto a Edward, después de todo resultó ser un gran hombre y uno que te adora.

—Es perfecto para mi mamá—tomó mis brazos con suavidad.

—Cariño quiero saber cómo te sientes respecto a…—de inmediato me tensé, era un tema del que no me gustaba hablar, pero debía aprender a hacerlo y no permitir que me siguiera afectando tanto.

—Aunque diga que estoy bien, aún me duele esa pérdida, pero el apoyo de Edward y la orientación de Mark me están ayudando, y ahora más que nunca debo comenzar a superarlo, quiero… quiero formar una familia con Edward—le sonreí con timidez y vi en su rostro una enorme sonrisa, me abrazó reconfortándome— ¿crees que sea buena idea si estoy pensando en embarazarme de nuevo?

—Es una maravillosa idea, eso te ayudara a recuperarte—mi labio tembló—pero no olvides al pequeño ángel que siempre los cuidará.

—Gracias mamá, no sabes lo que significa para mi que me ayudes en esta situación además de que fuiste un gran apoyo cuando más te necesité.

—Solo hice mi trabajo cariño, mi lugar era estar contigo, Edward estaba demasiado desconcertado, fue en ese momento que me di cuenta lo que él sentía por ti, me dolía ver como eras tú quien lo alejaba, pero no podía entrometerme, no podía hacerlo porque no sabía de qué manera lo tomarías.

—Fui la única ciega, yo me enamoré de él y creí que él no sentía nada por mí, le pedí el divorcio. ¿Te das cuenta que estuve por perder al amor de mi vida?—me reí con nostalgia— soné como de telenovela, recuerdas lo mucho que me burlaba cuando en alguno de tus programas decían la frase, era algo trillado.

—Sumamente trillado—secundó sonriendo.

—Creo que en este momento busco lo trillado para mi vida. Como cambian las cosas en un abrir y cerrar de ojos, hace un año si alguien me hubiera dicho que pasaría por todo esto la hubiera tachado de loca.

—La vida nos esconde grandes sorpresas, hija—me abrazó con dulzura dejándome claro todo el amor que sentía por mí.

—Regresemos—tomé su mano y entré de vuelta a la casa, los vi a todos de pie en el pasillo, el semblante de Edward cambió apenas y me vio, solté la mano de mi madre y caminé aprisa para abrazarlo y dejar que me reconfortara en sus brazos.

— ¿Está todo bien pequeña?—asentí acariciando su mejilla y robándole un casto beso— ¿quieres que nos vayamos? —susurré un suave .

Nos despedimos de nuestros padres y nos fuimos a casa, debíamos comenzar de nuevo pero esta vez lo haríamos de la manera que debió ser desde un principio, sin máscaras y demostrando abiertamente lo que sentíamos el uno por el otro.

Tres meses de arduo trabajo nos trajo como recompensa unas pequeñas vacaciones en las islas Maldivas. Era un lugar hermoso donde podríamos disfrutar de la tranquilidad que deseábamos. El primer día solo paseamos por la playa maravillándonos con la belleza natural del encantador lugar. Edward se había portado de manera maravillosa conmigo, me había acompañado a terapias para superar el estado de depresión en el que había caído, se mantenía a mi lado ayudándome en lo que necesitaba y sobre todo, no había mencionado el hecho de que volviéramos a compartir intimidad, eso es lo que más le agradecía ya que aún no me sentía preparada para volver a intentarlo.

A la mañana siguiente me desperté para encontrarme en la hermosa habitación, cubrí mi cuerpo con la sábana, la puerta de la terraza estaba abierta permitiendo que la brisa penetrara en la habitación haciendo que la fina cortina ondeara. Tomé la bata que estaba a los pies de la cama y la anude, pase mis dedos por mi cabello para alisarlo un poco para después dirigirme a la puerta de cristal y ahí en las escaleritas se encontraba sentado Edward con la mirada perdida en el mar que se veía detrás de unas palmeras.

—Buenos días —saludé consiguiendo su total atención.

—Pensé que dormirías un poco más—negué, se iba a levantar pero yo se lo impedí sentándome en su regazo.

— ¿En qué pensabas? —pregunté ganándome un pequeño beso.

—Solo puedo pensar en una cosa, en una hermosa mujer—me guiñó un ojo—no se lo digas a mi esposa, pero esa chica me nubla los sentidos y no puedo sacarla de mi mente. Pero aunque no me permita pensar con claridad, la amo.

—Yo también te amo—envolví su cuello con mis manos—hubo muchas veces que tuve que morderme la lengua para no decirte que te amaba y solo decía un te quiero en su lugar, no deseaba que te alejaras de mi.

—Fuimos unos tontos, en lugar de hablar nos hicimos ideas absurdas y nos engañamos.

—Pero eso ya no importa, lo que importa ahora es que estamos juntos y comenzaremos de nuevo—besé su nariz.

—Sí, un nuevo comienzo—asintió ocultado mi rostro en su cuello—Bueno hermosa dama, será mejor que vayamos a desayunar, no sé tú, pero yo muero de hambre. —Después de una rápida ducha, tomamos un delicioso desayuno.

El resto del día lo pasamos tomando el sol y dentro de la calidez del agua cristalina, y pensar que hace poco menos de un mes había estado aquí en el mismo lugar debatiéndome en hallar la forma terminar con algo que estaba por comenzar.

— ¿Sabes qué me recuerda esto? —besó mi hombro para después permitirme que me recargara en su pecho—Me recuerda a nuestra luna de miel, a los momentos en que pasábamos observando los atardeceres.

— ¿Lo recuerdas? —para mi habían sido unos momentos grandiosos pero estaba segura que para él había pasado como sucesos irrelevantes

—Cómo crees que iba a olvidarlo pequeña. No he olvidado ninguno de los momentos que he pasado contigo. Me dijo mientras me tomaba de la mano.
 Cuando el sol se ocultó fuimos a cambiarnos para ir a cenar.

Después de la cena volvimos a sentarnos en la playa cerca de una las palmeras donde apenas la luz llegaba, mas no era necesaria ya que la luna estaba en todo su esplendor dándole un aspecto mágico al momento. Edward acomodó su espalda en la palmera y me obligó a acomodarme a horcadas.

—Puedo decir algo—asentí, acariciando su cabello.

—Eres la mujer más perfecta y no puedo creer aún que seas mía.

—Edward yo…—dejó un dedo en mis labios.

—No puedo creer que todavía  no lo creas, pero espero que lo hagas ya que lo escucharas muy a menudo, para mí eres la mujer más hermosa que existe—acunó mi rostro entre sus manos acercándome a sus labios.

—Creo que puedo acostumbrarme, pero no esperes a que me convierta en una egocéntrica como tú—una hermosa risita salió de sus labios antes de besarme con sutileza.

— ¿Eso quiere decir que ya no dudarás de mis palabras como lo hacías antes?

—No. Ya no lo haré, ahora sé que lo dices de verdad, sé que fui insegura pero no podía evitarlo, yo pensaba que tu no sentías nada por mi y con la llegada de Jessica…

—Eres demasiado insegura mi vida. En otra situación tu actitud me hubiera hecho apartarme pero no lo hice porque te amaba, te amo y lo único que quería era estar contigo y demostrarte lo mucho que me importabas, además de que eres la única mujer para mí.

— ¿En verdad no tienes ojos para otra mujer?

—Tengo ojos para una sola mujer, mi mujer—rozó mis labios, arrancándome una sonrisa.

—Ahora quiero hablar de otra cosa que he estado pensando—murmuré.

—Tiene algo que ver con las terapias—asentí.

—Lo he estado pensando y creo que sería bueno si lo… lo intentáramos de nuevo—dije con timidez, dejando mis dedos recorrer sus brazos.

—Bella sabes que yo puedo esperar, no quiero forzarte a nada.

—Lo sé y agradezco tu paciencia, pero quiero  hacerlo—envolví su cuello y cubrí sus labios con los míos.

—Creo que deberíamos de esperar un poco—dijo separándose de mis labios con suavidad.

— ¿Ya no me deseas? —pregunté dolida.

—Cómo no desearte mi amor, pero no quiero que echemos por la borda todo el trabajo que llevas hasta ahora, no me gustaría verte de nuevo afectada y distante por hacer algo para lo que aún no estás preparada —Sabia que lo que necesitaba era exactamente lo que le estaba pidiendo, quería sentirme nuevamente en sus brazos y experimentar todas esas sensaciones que solo él podía despertar, me levanté sin darle tiempo a impedírmelo.

—Me iré a la cama, ya es tarde—prácticamente corrí hasta llegar al interior de nuestra habitación, me cambié y entré en la cama sintiendo la mirada de Edward, que estaba sentado en una de las sillas de la mesita que estaba en una las esquinas de la habitación.

—Pequeña yo…

—No importa, en verdad no importa solo quiero dormir—le di la espalda e intenté cerrar los ojos y descansar, pero no podía, después de lo que me pareció una eternidad lo sentí acomodarse junto a mí, rodear mi cintura y pegarme a su cuerpo.

—Sé que estas despierta—susurró contra mi oído logrando un suspiro, su mano acarició el contorno de mis caderas subiendo hasta el borde de mis senos, giré mi rostro para encontrar sus labios y cuando los sentí sobre los míos me gire completamente sin apartar sus manos de mi cuerpo y me pegué al suyo, los besos y las caricias cobraron intensidad en pocos minutos todas nuestras prendas habían abandonado nuestros cuerpos.

—No tienes  idea de todas las veces que esperé para volver a sentirte en mis brazos—deslicé mis manos sobre su pecho desnudo recordando cada uno de los músculos que poseía, deleitándome con su perfección.

—Te necesito—murmuré antes de adueñarme nuevamente de sus labios y presionarme más contra él, moví mi cadera contra la suya arrancándole un fuerte gemido de placer, al mismo tiempo que asumía el control total de la situación, sus labios abandonaron mis labios y fueron directamente a mis senos, tomando entre sus labios uno de los pezones que se había endurecido debido al placer que había despertado nuevamente en mi.

Dejé mis manos cobrar vida y recorrí cuanta parte del cuerpo de mi esposo me era posible, sentía como sus labios se deleitaban con lo que estaban probando, sus dedos se internaron en el punto más intimo de mi anatomía y que solo él había explorado, dejé escapar un gemido profundo cuando sus dedos comenzaron a acariciar la pequeña protuberancia de placer con la que contaba mi cuerpo.

—Edward por favor—intenté ocultar un nuevo gemido ante su afán de seguir jugando y mantenerme expectante, mi respiración se detuvo al momento que dos de sus dedos se adentraban en lo más profundo, comenzó a moverlos a un ritmo abrumador, sin aparatar sus labios de mis senos, cerré los ojos hundiendo mis manos en su cabello, gemía sin control y repetía su nombre cuantas veces la respiración me lo permitía. Súbitamente el orgasmo me golpeó dejándome atontada pero feliz por haberme sentido otra vez así.. Esperé a que mi respiración se normalizara para abrir los ojos y encontrarme de frente con mi esposo que me miraba con los ojos oscurecidos por el deseo.

—Fue grandioso—murmuré acariciando su mejilla, se giró súbitamente para besar la mano que lo acariciaba.

—Esto aún no termina mi amor, fue solo el comienzo— De nuevo me dejé guiar por la intensidad de sus caricias y la profundidad de sus besos, arqueé mi espalda y grité sin poder contenerme cuando me dio el beso mas intimo presionando con sus labios el pequeño botoncito de placer enviando una descarga por todo mi cuerpo, gemí su nombre un par de veces, supliqué por que terminara pero él parecía no escucharme ya que continuaba con la tortura, una exquisita tortura. Nuestros ojos se encontraron cuando lo sentí posicionarse entre mis piernas, su dureza acariciaba los delicados pliegues de mi feminidad y lentamente se fue resbalando en mi interior.

—Oh… Bella—sus manos estaban posicionadas a ambos lados de mi rostro, se inclinó para besar mi cuello mientras mi respiración se había hecho lenta, mordió el lóbulo de mi oreja haciéndome gemir antes sus pequeños jadeos—eres tan estrecha mi amor.

—Yo…—es que podía ser que eso le molestara.

—Es perfecto mi amor, me encantas—gruñó contra mi oído provocando que envolviera mis piernas en su cintura para hacerlo entrar completamente, ambos gemimos y comencé a moverme al ritmo que él lo hacía,  escuchándolo susurrar mi nombre mientras seguía moviéndose dentro y fuera de mi.

Por primera vez después de todas las veces que habíamos estado juntos, sentía que hacíamos el amor, en verdad estábamos haciendo el amor, sabía que él me amaba de la misma manera que yo lo hacía. Mi cuerpo se tensó y sabía que estaba por alcanzar el límite pero no quería hacerlo antes que él, mas él parecía empeñado en hacer que lo hiciera, unos segundos después ambos tocamos el cielo y me sentí satisfecha. Su cuerpo quedó sobre el mío, su rostro estaba oculto en mi cuello dejando que sus respiraciones agitadas chocaban contra mi piel, reí suavemente y lo obligué a separarse de mi cuando sus labios comenzaron a moverse nuevamente contra mi piel.

—Te amo—susurré ganándome una hermosa sonrisa torcida.

—No más de lo que yo te amo a ti mi pequeña gatita—me acurruqué contra su cuerpo, esta vez era un hecho, las mentiras habían quedado atrás y ahora podíamos disfrutar de lo que la vida nos tenía preparada para nuestro futuro juntos.

Desperté sola en la cama como la mañana anterior, dejé que mis ojos se acostumbraran a la claridad para así poder levantarme. No pude reprimir una sonrisa al encontrarme desnuda bajo la sábana, eso indicaba que la noche anterior había sido real y no solo un sueño.

Tome un panty de uno de los cajones y la camisa de Edward que descansaba en el respaldo de una de las sillas, dejé abiertos los primero botones, recogí mi cabello en una coleta antes de salir al porche donde sabía que podría encontrar a mi esposo.

— ¿Mala noche? —le pregunté logrando que se girara con el semblante contraído.

—La mejor de las noches diría yo—me ruboricé al sentir su mirada recorrer mi cuerpo de pies a cabeza y deteniéndose en algunos lugares.

—No es muy agradable despertar sola—me acomodé junto a él dejando que me envolviera con uno de sus brazos.

—Estabas tan cómoda que me dio pena despertarte, además tuve que salir de la cama ya que la tentación era demasiada—murmuró contra mi oído en un tono bastante sensual.

—No hay mejor manera de despertar que estando junto a ti o tal vez podría mejorar—susurré.

— ¿Cómo lo mejorarías? —mordió el lóbulo de mi oreja, sentí un calor repentino en mi cuerpo y no era el sol que apenas me rozaba, era el cuerpo y las palabras de mi esposo.

—Te lo mostraré uno de estos días—le sonreí de forma coqueta haciéndolo gruñir.

—Un día de estos lo que vas a conseguir es matarme.

—Moriría junto contigo. Mi vida sin tí no tiene el más mínimo sentido.

—No hables de esa manera, mejor vayamos a desayunar.

— ¿Tienes hambre?

—Lógico. Después de un ejercicio exhaustivo como el de anoche—me acomodó en su regazo.

— ¡Cállate!, me estás avergonzando.

—Que tiene de malo que mencione lo bien que la pasamos juntos, además te aconsejo que te acostumbres, planeo recordártelo muy a menudo—deslizó una de sus manos por mi pierna erizando mi piel.

—Eres un descarado—golpeé su hombro antes de levantarme y entrar de nuevo a nuestra habitación. Tomamos una ducha por separado ya que si lo hacíamos juntos jamás saldríamos, pero eso no lo detuvo ya que al final de cuentas nos quedamos sin desayunar pues aprovechamos el tiempo en algo mucho más placentero.

No podía evitar sentirme mal por lo que había dejado escapar, si al menos le hubiera hecho caso a las palabras de Alice cuando me dijo que Edward me amaba y que no era solo una mentira como yo lo quería creer. Pero debo de admitir que era más fácil pensar que él no sentía lo mismo y que esto era una cuestión de negocios que darme cuenta de lo que realmente nos sucedía.

Pero esto ya era pasado, ahora el presente es lo único que importa. Un presente que se mostraba más claro y despejado, la tormenta ya había pasado y era momento de disfrutar, disfrutar una vida junto a un hombre extraordinario al que tenía que compensar.

...

Gracias al curso de betas que se encargo de arreglar este capítulo.

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