El trato que unió nuestras vidas: Capitulo 3


Decisiones

—Bella cariño —sentí como mi cama se hundía.

—Quiero estar sola mamá —pedí, pero ella me ignoró y se acomodó junto a mí. Sus dedos se deslizaron por mi cabello. Esperé en silencio unos minutos, creyendo que si no hablaba, entonces ella se iría; pero no lo hizo, lo que me obligó a incorporarme, apoyando la espalda en las almohadas.


—Bella... —miré a mi padre —a quien no había sentido entrar— estaba sentado en el banquillo de mi tocador, y se veía consternado.

—Tiene que haber otra solución. No pueden obligarme a que me case con un hombre que apenas y conozco. ¡Por dios, Charlie!, solo he conversado una sola noche con él, ¿Y ahora pretenden que me sea mi esposo? —chillé. Mi padre mantenía su vista fija en el suelo, sabía que solo lo llamaba Charlie cuando estaba verdaderamente molesta, y en verdad que lo estaba en este momento.

—Cariño, nadie los está obligando, solo es la única solución factible que encontramos y quisimos proponérselas. Ustedes son los únicos que decidirán qué hacer.

—¿Están seguros de que no hay otra alternativa?, ¡Papá, él es seis años mayor que yo!

—Son siete, —corrigió tímidamente— y no, no hay otra alternativa. ¿Crees que si la hubiera, les habríamos pedido tal cosa?

—Fue un día duro. Mañana nos alegraremos con nuestra tarde de compras, ¿Te parece si vamos a comer y de ahí visitamos un par de tiendas?—preguntó mi madre emocionada, dando por terminada la discusión que no nos llevaría a ningún lado.

—Primero debo de hablar con mi jefe para ver si me autoriza a no asistir por la tarde —me burlé de mi padre.

—Debe ser un ogro, pero apuesto a que lo entenderá —se levantó, me dio un beso y se disponía a salir, pero antes se giró—. Tómate la tarde libre y piensa lo de esta noche.

—Gracias papá.

—Bueno cariño, es hora de que duermas porque mañana nos espera una gran tarde de compras. —La mirada de mi madre era para asustar a cualquiera, sabía lo que me esperaba al día siguiente.

Seguí dándole vueltas al asunto antes de quedarme profundamente dormida. Aunque dormí, no logré descansar; la sola idea de casarme me aterraba. Jamás me había puesto a pensar que el día que me casara lo haría de esta manera, siempre soñé con un hombre diferente. No es que Edward fuese feo —estaría loca si dijera algo similar— ese hombre es lo más parecido a la perfección; pero tenía un gran defecto: había estado con muchas mujeres con las que yo no podía ni competir. Además, era un hombre que según las conversaciones que había tenido con Esme, estaba a punto de cumplir treinta y dos años, ¿Cómo alguien como él, querría casarse con alguien como yo?

No tenía que casarme, mi padre lo había dicho, pero si no lo hacía nuestra empresa y patrimonio estarían en la cuerda floja, tenía que decidir si podía casarme con alguien a quien apenas conozco, o bien, dejar que todo se perdiera y cargar en mi conciencia el hecho de una posible ruina… adiós a todo por lo que mi padre ha trabajado. Era una decisión difícil, de la cual ya sabía la respuesta y esperaba que en algún momento me perdonaran.

El día comenzó como cualquier otro, me preparé para mi gran tarde de compras con mi madre, en el desayuno nos pusimos de acuerdo en el lugar que nos veríamos; agradecí que ninguno tocara el tema que aún me rondaba por la cabeza.

Había demasiado trabajo y muchas llamadas que atender, lo que me mantuvo distraída toda la mañana. A las dos en punto tomé mis cosas y me fui al restaurante donde había acordado verme con mi mamá; la vi leyendo el menú en una de las mesas que daban a un pequeño jardín.

—Lo siento, el tráfico de esta ciudad cada día es más horrible, ahora entiendo lo de la jungla de asfalto —comenté, besándola y tomando mi lugar.

—No te preocupes, sé a lo que te refieres y entiendo que tienes trabajo.

— ¿Ya sabes qué ordenaras? —ella asintió.

Una copa de vino tinto fue el acompañante de nuestra ensalada. Disfruté de sus anécdotas de lo ocurrido en el club. Cuando mencionó a Esme mi garganta se cerró y pensé que me ahogaría, pero no mencionó nada sobre mi decisión, al menos no en ese momento. Tomamos un café antes de disponernos a ir de compras.

—Parece que no dormiste bien, se te nota cansada —acarició las líneas debajo de mis ojos, que debían de comenzar a notarse.

—Estoy bien, con muchas cosas en la cabeza, pero nada de qué preocuparse —le sonreí, sabiendo que no era una sonrisa del todo sincera.

—Sé que no debo de interferir, y mucho menos presionarte pero, ¿Ya lo pensaste?

—No hay nada que pensar mamá —dejé mi taza y me acomodé en mi silla para mirarla fijamente—. Lo siento, pero no puedo hacerlo. Es un hombre que acabo de conocer, tiene cerca de un año que no figura por sus tórridos romances, o mejor dicho aventuras. Sé que es hijo de Esme pero eso no le quita el hecho de que es un hombre superficial, alguien que yo no deseo tener junto a mí.

—No importa cariño, ya no las arreglaremos, todo saldrá bien —acarició mi mano, y su sonrisa, aunque era amplia, era triste. Mi corazón saltó al darme cuenta de que ella sabía que podíamos perderlo todo y no había manera de mantener la vida que llevábamos ahora. Pagué antes que ella y nos fuimos a la quinta avenida. Entramos a un par de tiendas y en todas ellas compramos un par de prendas, debido a la cantidad de eventos a los que debíamos asistir, necesitábamos tener un amplio guardarropa.

Al entrar a Victoria's Secret mi madre se volvió como un demonio. Solo veía sus manos arrojar conjuntos a la canastilla que tenía en mis manos, intenté quitarlos, pero ella me lo impidió, alegando que serían perfectos, que era momento de un cambio, que ahora que era joven debía de lucirlos… pero no tenía sentido ya que la mayoría de ese tipo de ropa provocativa solo tenía un fin en particular, ser visto por alguien especial, ese alguien con quien yo no contaba.

Llegamos a casa justo a la hora de la cena, mi padre nos recibió y al ver la cantidad de bolsas en el maletero dio media vuelta y entró. Siempre prefería ignorar la cantidad de bolsas y solo ver lo que tenía que pagar en el estado de cuenta de la tarjeta de mamá.

Subí a mi habitación a dejar las cosas y refrescarme antes de la cena. Me di una ducha rápida y me vestí con unos vaqueros y una blusa sencilla, era algo casual como solo solía vestirme en casa o cuando estábamos de vacaciones fuera del ojo público. Un par de toques me hicieron girar.

—Srta. Bella, un joven la busca —pedí que le dijeran que iba en un minuto, estaba segura que era James que había quedado de mostrarme el próximo regalo de Victoria ya que se acercaba su cumpleaños.

Salí de mi habitación amarrando mi cabello en una coleta. Al entrar a la sala, la vi vacía, ¿Es que acaso mi amigo se estaba escondiendo? Vi a Mirna —nuestra empleada— quien comprendió la pregunta que iba a hacer, por lo que me contestó diciendo que estaba esperando a fuera, ¿Acaso le había comprado algo que no podía entrar en la casa? ¿Era tanta su devoción por Victoria que había gastado tanto en ella? Eso me sorprendía ya que no solía ser la clase de hombre detallista.

—¿Te vas a lo grande? —pregunté al salir, pero me quedé muda. Allí no estaba James, era Edward, quien me miró de manera profunda.

—¿Disculpa? —se acercó, y no supe si debía de dar un par de pasos y cerrar la puerta o esperar para ver qué era lo que deseaba, claro que la curiosidad fue la que ganó, como siempre.

—Lo siento, pensé que eras otra persona —me disculpé, saliendo por completo y cerrando la puerta detrás de mí.

—Lamento si interrumpo algo, pero deseaba hablar contigo. Fui esta tarde a tu oficina y me dijeron que te habías tomado el día libre —sonrió de lado.

—Una tarde madre e hija —respondí y el asintió.

—Bella, ¿Puedo llamarte así? —asentí, dando pauta a que continuara con lo que iba a decir— sé que es una situación difícil, a ambos nos pusieron en una encrucijada.

—Es algo atroz —caminé un par de pasos hasta llegar a la escalinata. Me senté como lo hacía cuando estaba sola. Me giré, sorprendiéndome al verlo a mi lado, no le había importado ensuciar su fino traje.

—Eres buena en tu trabajo. Me basté verte una vez en acción para saber que tienes carácter para este trabajo, y es por eso que sé que no es desconocida para ti la situación actual.

—Es difícil, pero tiene que haber otra manera —se llevó la mano al pelo y negó. No sé porqué insistía en engañarme, intentando encontrar otra salida donde no la había; yo misma había averiguado solo para darme cuenta de que no había otra manera. Un matrimonio nos garantizaba un 85% de posibilidades de no ser dañados, ya que nuestra empresa contaría con la protección de los Cullen y ellos con nuestra protección.

—Hice una revisión exhaustiva y es la manera más segura, las demás no servirán de mucho.

—Lo sé —murmuré y el mantuvo la mirada en el cielo oscuro.

—Lo has pensado —asentí— yo ya tome mi decisión, ¿y tú?

—También —cerré los ojos, cubriendo mi rostro con mis manos—. ¿Y cuál fue la decisión que tomaste?

—Si abrieras los ojos sabrías la respuesta —no sabía si debía de hacerlo, pero lo hice, delante de mi había una cajita de terciopelo negra que mostraba un hermoso anillo de… ¿Compromiso? Vi el diamante y luego a él.

—Edward, ¿Qué significa esto?

—Creo que es claro lo que he decidido, me sacrificaré por mi familia —sacó el anillo de la cajita de terciopelo y me lo puso delante para que lo observara con mayor detenimiento— ¿Y cuál es tu respuesta?

Mi voz se había marchado. No era nada difícil, solo tenía que levantarme de ahí y decir que no lo haría, que debía de buscar a alguien más, pero yo no podría casarme con alguien a quien apenas conocía y el cual tenía un historial no muy grato.

Mordí mi labio y seguí sintiendo su mirada interrogante, parecía estar tratando de leer lo que pensaba. Él había aceptado sacrificarse por su familia. Mi mente se vio invadida por los maravillosos recuerdos de mis padres conmigo, ellos siempre habían estado cuando yo los había necesitado, no había cosa que yo deseara y que ellos no me hubieran dado… era el momento de regresar un poco de todo eso que ellos me habían dado. Pero la realidad era que yo pensaba darles la espalda y seguir esperando a mi 'príncipe azul', ese que tal vez jamás llegaría. Lo único que conseguiría sería hacer infeliz a mi familia al privarla de todo lo que habían conseguido; yo era su única esperanza, pero no podía, solo esperaba que algún día me llegaran a perdonar.

—Edward yo… —me levanté tome aire y noté que él me imitaba.

—Pensé que tenías tu respuesta o es que debo de interpretarla —señaló jugando con el anillo entre sus dedos.

—Acepto. —las palabras salieron de una manera fluida, sin una pizca de duda. Yo misma me había sorprendido de la decisión que acababa de tomar. Tomó mi mano y colocó el anillo con sumo cuidado. El roce de sus dedos al depositarlo me estremeció y no pude evitar sentir mi mano extraña por la pieza que había sido depositada en ella.

—Bueno, eso significa que estamos comprometidos —metió las manos en sus bolsillos y lo dijo como si eso fuera algo totalmente desagradable. Su mirada la posó en otro punto que no era yo, cosa que me hizo sentir muy incómoda. Tomó un poco de aire— Creo qué es lo menos que se merecen nuestras familias, ¿No piensas lo mismo?

—Sí —respondí en un susurro. Lo vi inclinarse y me quise alejar, pero mi cuerpo no me respondió, sus labios rozaron muy cerca de la comisura de los mios.

—Comeremos mañana, creo que hay algunos puntos que debemos de tratar si vamos a hacer esto.

— ¿Es una pregunta o un hecho?

—Un hecho—afirmó.

—No te detuviste a pensar que tal vez yo ya tenía planes.

—Simple. Cancélalos —se encogió de hombros. Dejé escapar un bufido, ¿Cómo un hombre podía llegar a ser tan prepotente? Pensaba que todos debían de hacer lo que él quería, pero aunque me doliera admitirlo teníamos que hablar.

—En primer lugar deberías de preguntar primero si la otra persona no tenía planes y no solo imponer lo que deseas, y acepto, solo porque tenemos que hablar, a pesar de que fuiste un patán —enarcó una ceja.

—Elige el lugar.

— ¿Te apetece uno de comida internacional?

—Yo me acoplo a ti, ¿Está bien si paso a las dos?

—Podríamos vernos ahí para que no tengas que desviarte, el restaurante está muy cerca de tu oficina —dije. Quise parecer cortés, pero lo que en realidad deseaba era no tener que verlo antes, había aceptado en casarme con un hombre que parecía no tener una pizca de sentimientos.

—Preferiría pasar por ti, la distancia no es problema alguno —me guiñó un ojo.

—Entonces a las dos está bien.

—Entonces nos vemos mañana —dio media vuelta. Observé el anillo que descansaba en mi dedo y no me resistí.

—Edward, —él se detuvo y se giró para verme— ¿Cómo sabías que aceptaría?

—No lo sabía, solo lo esperaba —una hermosa sonrisa torcida apareció en su rostro.

—Es hermoso —le sonreí de manera tímida, él solo se encogió de hombros.

—Veo que mi asistente lo eligió bien, le diré que te gustó —hubiera preferido que me mintiera y me dijera que él lo había elegido, pero eso era demasiado para un hombre como él. Subió a su auto sin decir una sola palabra. Entré a mi casa antes de que encendiera el auto y se marchara, eso no debía de hacerlo, pero no tenía por qué tomarme molestias con un hombre que no se las pensaba tomar conmigo. Caminé al comedor, escuchando el ronroneo de un auto al alejarse.

— ¿Estás bien cariño?

—Sí, mamá —me acomodé en mi silla aunque no tenía hambre.

—Así que, ¿Cuál será el regalo? —la miré sin comprender.

— ¿De qué hablas? —pregunté extrañada.

— ¿De qué va a ser?, se supone que esa era la razón por la que James estuvo aquí.

—No era James —le aclaré alejando el plato con mi cena.

—Si no era James, ¿Quién era? —preguntó mi padre entrecerrando los ojos.

—Era Edward —contesté sin mirarlos, quité el anillo de mi dedo y lo guardé en el bolsillo, aún no estaba lista para decirles que nos casaríamos.

—¿Y para qué ha venido?—cuestionó mi madre, olvidando la cena y centrando su atención en mí.

—¿No crees saber ya la razón?

—¿Así que llegaron a una conclusión? —asentí. Ambos se miraron y luego a mí, sabía que con la mirada me gritaban que respondiera, pero era difícil.

—Lo hemos hecho y de verdad preferiría no hablar de ello.

—Pero, ¿Cuál fue la decisión final?

—No quiero hablar, de todas maneras se enterarán muy pronto —respondí levantándome. No tenía hambre, había un enorme nudo en mi estomago que me impedía seguir comiendo algo, aún cuando no había probado nada.

—Bella…

—Buenas noches —los besé y me marché a mi habitación.

Sabía que la respuesta era no, pero en ese momento me di cuenta de que no podía ser egoísta y privar a mis padres de la vida que ellos llevaban y la cual les había costado mucho trabajo obtener. Si Edward estaba siendo capaz de sacrificarse, ¿Por qué no debía de hacerlo yo también?, ambos lo hacíamos por el bienestar de nuestras familias, esas que nos habían dado todo sin condiciones ni limitaciones, las que nos habían apoyado en todo lo que hacíamos; ahora era nuestro momento de retribuírselos, ellos merecían seguir donde estaban ahora, y si ambos podíamos asegurarlo, lo haríamos, aunque eso implicara un gran sacrificio.

Esta noche no había sido mejor que la anterior. En mi mesita de noche descansaba la hermosa sortija, la que me comprometía a seguir con un trato que no sería del todo agradable, pero que debía de hacerlo por las personas que más amaba.

Entré en la ducha intentando relajarme, pero al recordar que hoy iba a comer con él los nervios regresaron, ¿Cómo debía comportarme?, ¿Qué debía vestir?, mordí mi labio y tomé una falda amplia con una blusa a juego. Un par de miradas en el espejo y sonreí complacida con el resultado: sencilla, pero sofisticada. Antes de salir, dejé la sortija en la cajita donde guardaba mis joyas.

Mis padres me sonrieron y me saludaron como cada mañana, me recordaron el evento del fin de semana, el cumpleaños de uno de los amigos de papá, en el que solo un grupo selecto había sido invitado; aproveché para informarles que esta noche llegaría tarde ya que sería la noche de chicas y en la cual había muchas cosas nuevas que contar.

La mañana en la empresa pasó con rapidez, James y yo revisamos un par de informes mientras platicábamos de algunas cosas que no tenían nada que ver con el trabajo. Se disculpó por no ir a mostrarme el regalo, pero que lo haría esta noche, tuve que desistir debido a la reunión con las chicas, las cuales siempre se alargaban hasta horas altas de la noche.

—Srta. Swan —escuché la inconfundible voz de mi secretaria, que se asomaba por la puerta. Su voz se escuchaba más melosa.

—Dime, Lauren.

—La buscan —informó con una sonrisa. Observé el reloj de mi computadora y noté que faltaban diez minutos para las dos; solo podía ser una persona.

—Hazlo pasar —ella asintió sonriendo como una boba. Me giré para terminar el trabajo que estábamos finalizando con James.

—Buenas tardes —saludó de manera educada, logrando que tanto yo como James nos giráramos a verlo. Iba impecable, con un traje oscuro a la medida.

—James, el es Edward Cullen —presenté, mi amigo se levantó para estrechar su mano.

— ¿El hijo de Carlisle?

—El mismo —confirmó dejando su rostro libre de alguna expresión.

—Siéntate, en un minuto nos vamos —el asintió y se acomodó en una de las sillas frente al escritorio. Continúe recargada en la silla que James ocupaba, mi amigo observaba al recién llegado y el hacía lo mismo.

—Revisa la celda F19, colocaste un cero de mas —hablé para hacer que mi amigo volviera la vista a la computadora.

—¿Te parece si yo termino el escrito y en la tarde cuando estés de regreso lo revisas?

—¿Seguro? —arrastré las palabras, pero él fingió no entender, ¿no se daba cuenta de que no quería irme, porque sabía que la conversación no sería una de mis favoritas?, pero mi amigo parecía divertido.

—Seguro, además aún tenemos que ponernos al día sobre la reunión de esta mañana —con la mirada me señaló que se refería a Edward como su supuesta reunión.

—Claro y gracias —tomé mis cosas y salí junto con Edward. La mirada de Lauren no podía ser más descarada que lo que estaba siendo en ese momento.

—Lauren, si hay algo de vital importancia llámame, espero estar de vuelta pronto.

Llegamos a su auto sin decir una sola palabra. Le indiqué con precisión un par de atajos que nos libraría del tráfico de las principales avenidas, haciendo que llegáramos en menos de media hora. Nos dieron una mesa cerca de uno de los ventanales. Agradecí al mesero cuando me entregó el menú, ordené una ensalada y una botella de agua mineral; él optó por un platillo de carne con verduras y una copa de vino. Ambos evitábamos mirarnos, solo escuchábamos las voces y las risas de los que estaban en el establecimiento. Tomé un poco de agua y dejé la copa en su sitio, justo en ese momento sentí su mano sobre la mía.

—Pensé que habías dicho que te había gustado el anillo —comentó acariciando el lugar donde debería estar la sortija.

—Es perfecto.

—¿Entonces por qué no lo llevas puesto? —enarcó una de las cejas.

—Aún no estoy lista para contestar todas las preguntas que esa sortija puede generar, preferiría dejar todo en claro antes de llevarla.

—¿Quieres que comencemos o prefieres que sea después de la comida? —pero no fue necesario elegir ya que nuestros platillos llegaron en ese momento.

Me llevé a la boca un par de trozos de lechuga y zanahoria, pero mi estómago estaba contraído ante lo que se avecinaba; comencé a revolver la ensalada con la vista perdida en las personas que caminaban por la acera de enfrente.

— ¿Sucede algo con la ensalada?

— ¡No!, es perfecta. Gracias —me sonrojé al darme cuenta de que él ya había terminado y yo no había comido ni la mitad.

—Si es perfecta, ¿Por qué parece que no es de tu agrado?

—Solo que no tengo hambre.

—¿Es que eres de las que comen poco en sus citas? —preguntó al mismo tiempo que sonreía.

—De ninguna manera, no le encuentro sentido a ocultar lo que comen, si al final de cuentas en algún punto sabrán la verdad —me encogí de hombros y tomé el resto del contenido de mi vaso. El mesero que nos atendía se llevo el plato de Edward y pedí que el mío también, ordenamos un café que nos fue traído en seguida.

—Creo que es momento de que hablemos de lo ocurrirá —lo miré directamente a los ojos.

—Sabes que nuestra boda, aunque sea íntima, será una noticia —se acomodó en la silla junto a mí para quedar más cerca y así evitar que alguien escuchara nuestra conversación.

—Claro, seré la chica que amarró a Edward Cullen—dije sonriendo de lado, las palabras habían abandonado mi boca sin siquiera pensarlas bien, pensé que se molestaría, pero al contrario de lo que yo esperaba, sonrió.

—No lo había visto de esa manera.

—La razón principal de nuestro matrimonio debe ser un secreto —asintió—, pero creo que debemos de inventar algo para cuando las preguntas lleguen.

—Tenemos una gran ventaja, nuestros padres son amigos así que podremos decir que nos conocimos algunos meses atrás, que nos comunicábamos a menudo, además ayuda el hecho de que tú y tu familia viajan a menudo, podríamos utilizarlos como encuentros entre ambos.

— ¿Crees que esa historia se la van a creer?, ¿Qué hay de tus relaciones anteriores?

—Lo creerán. Además, hace meses que no me ven con nadie porque he estado demasiado ocupado en los negocios de la familia, tenemos todo a nuestro favor. Diremos que los últimos seis meses hemos mantenido una relación a distancia—me apoyé en el respaldo de la silla y me giré hacia la calle, él lo hacía parecer tan sencillo, pero no sabía si podría hacerlo, no era demasiado buena mintiendo.

—Soy mala mintiendo—confesé antes de mirarlo de nuevo.

—Sé que lo harás bien —acarició mi mano—. Como sabes, el viernes hay una cena.

—Planeas que…

—Creo que puede ser nuestro primer evento como pareja —observé el reloj y me sorprendí al ver que eran cerca de las cuatro. Aún tenía cosas por hacer, si quería llegar a tiempo a cenar con las chicas— ¿Sucede algo?

—Es demasiado tarde, ¿te parece si terminamos esta conversación después? —asintió pidiendo la cuenta.

— ¿Esta noche?

—Tengo otro compromiso, pero nos veremos el viernes.

—No hagas eso, Bella—habló al ver que tomaba mi bolso—, yo te invité a comer.

—No estoy acostumbrada a que paguen por mí.

—Más vale que te acostumbres, porque así será cada vez que salgamos juntos—bufé y él soltó una pequeña risita.

Intenté marcharme en taxi, pero él se opuso y me llevó de nuevo a mi trabajo. Se estacionó frente a la puerta principal y bajó a abrirme la puerta; noté a algunas de las secretarias que iban regresando de su hora de comida que comenzaban a cuchichear con solo verme junto a Edward.

—Muchas gracias.                                

—Nos veremos mañana —se inclinó y depositó un beso en mi mejilla, me separé al instante; antes de decir algo él subió a su auto y se marchó.

Entré de nuevo a mi oficina y agradecí que James estuviera en una junta lo que al menos me libraría de explicaciones. Me mantuve ocupada atendiendo llamadas de clientes y de algunos de los directivos de la empresa.

Salí con el tiempo justo para llegar al restaurante donde vería a las chicas. Entré al lugar para encontrarme con mis amigas, al menos el día terminaría de manera agradable.

—Estábamos por llamarte —dijo Tanya después de darme un abrazo.

—Ya estoy aquí.

—¿Y qué tal el día? —preguntó Rose, me encogí de hombros dejando el menú a un lado, ya sabía lo que pediría, frecuentábamos bastante este restaurante.

—Parece que no del todo bien —comentó Tanya por mí.

—Muchas cosas inesperadas, demasiadas llamadas —tomé la copa de Rose que era la más cercana y bebí su contenido.

—Creo que alguien quiere beber un poco.

—Sería maravilloso —pedimos nuestra cena y algo más de beber. Estar solo con ellas lograba relajarme.

—Que te parece si nos cuentas de Paris y después lo que te tiene de ese humor —propuso Alice.

—Fue un viaje inesperado, lamento dejarlas plantadas —ellas hicieron un gesto, señalando que no había problema.

—Pero, ¿conociste algún chico?

—A muchos —respondí recordando al chico que terminó pagando mi café; al del bar; el que estaba hospedado en el mismo hotel y que todos los días me lo cruzaba en el lobby y finalmente el último día me había hablado, pero era demasiado tarde; ¡y cómo olvidar el que me ayudo con las bolsas!

—¿Y probaste suerte? —sonreí negando con la cabeza.

—Aburrida —dijeron Tanya y Rose al mismo tiempo, Alice por su parte solo frunció el ceño.

—La pasé bien, fui de compras y me mimé un poco.

—Ya te lo merecías, a veces pienso que trabajas demasiado…

—¿Pero qué te tiene de ese humor? Conociste chicos guapos, fuiste de compras a París y conociéndote, trajiste diseños de las siguientes temporadas —chilló Alice y yo asentí. Agradecí que llegara el mesero con nuestra cena.

Mientras cenábamos, escuchábamos lo que había hecho Tanya durante sus vacaciones. Ella nos demostró que nunca cambiaría; había salido con tres chicos diferentes, pero solo con uno había llegado más que un simple beso. No nos sorprendíamos por la vida que llevaba, solo le pedíamos que se cuidara.

Rose no pudo ocultar la felicidad cuando mencionó que Emmett —su novio— había viajado hasta Rusia solo para estar cerca de ella. A veces envidiaba tanto a mi amiga, ella era la única de las cuatro que mantenía una relación estable, ambos se amaban y estaba segura que pronto lo formalizarían: el amor que le profesaba el grandulón era único y ella era de apariencia fría, pero con él dejaba al lado esa máscara y se mostraba como la chica dulce que era.

Y Alice habló del maravilloso chico que había conocido durante su estancia en la playa. Todas sabíamos que aunque ella insistiera en buscar a su chico ideal, éste ya había llegado, pero se había marchado a China por un par de meses, pues tenía que atender un trabajo. Alice amaba a Jasper —el hermano de Rosalie—, pero en ese momento estaba furiosa con él por tener que irse.

—Bien, ya todas hablamos y tu no dices que te aflige —exigió Rose.

—¿Por qué piensas que algo me aflige?, estoy bien —dije antes de llevarme nuevamente el tenedor a la boca.

—No lo pareces, hasta juraría que nos ocultas algo —asumió Tanya, ella era la más distraída de todas y si lo había notado era porque era demasiado transparente. Tomé un poco de agua.

—Llegué a la oficina para encontrarme con un altero de documentos por revisar, James y yo estuvimos trabajando durante toda la mañana en un proyecto que debemos de presentar mañana y apenas nos lo asignaron, ya sabes que a Dorian se le da eso de quererme hacer sentir inferior; Lauren perdió un papel importante; un sinfín de llamadas y luego entretener a la esposa de un cliente de papá, la mujer no paraba de pavonearse y hablar de cosas como si yo no supiera de lo que me hablaba, ¿Pueden creer que me presumió su bolso Louis Vuitton? —todas rieron.

—Eso pone de mal humor a cualquiera.

—Y eso que no la escucharon, solo hablaba y hablaba, me dio un dolor de cabeza horrible, ¡Ah y por cierto! el detalle más insignificante —llevé la copa a mis labios—: estoy comprometida.

— ¿Qué dijiste? —preguntaron todas acercándose y mirándome con los ojos abiertos.

—Me voy a casar —lo dije para después beber el contenido de mi copa.

— ¿Que tú qué? —era el momento de ver que tan buena era mintiendo, el viernes tendría que hacerlo delante de mucha gente.

—Me voy a casar —volví a repetir pero esta vez con mayor seguridad.

—Debes de estar bromeando —comentó Tanya.

—No es una broma, me lo propuso ayer por la noche.

— ¿Y el anillo? —la mano de Rose tomó mi mano y recordé que no lo llevaba.

—Creo que tanto trabajo te afectó, ya imaginas cosas —Tanya soltó una carcajada al igual que las chicas.

—Habló en serio —gruñí.

—Por favor Bells, esto es algo inesperado y tú no eres de esa clase de chicas, tú sueles planear más las cosas.

—¿Y cuándo conoceremos al afortunado? —noté la voz burlona de Tanya. Rosalie se cubría la boca para no reír, y Alice solo mantenía la vista en otro punto, pero aún así se estaba riendo.

—El viernes en la cena por el cumpleaños de Henry Wilson —las tres seguían riéndose. ¿Acaso ellas pensaban que me quedaría solterona? Eso me enfureció, mis amigas se burlaban de mí. Me levanté dejando la servilleta que tenía sobre las piernas en la mesa, saqué el dinero de mi cartera y lo dejé ahí.

—Bella —reprocharon.

—Que pasen buenas noches —salí sin decir nada más. Tomé mi auto y me fui a mi casa. Me llamaron un par de veces, pero las ignoré, se habían burlado de mi, ellas sabían que no era de la clase de chicas que vivía aventuras y que se lanzaba a algo sin haberlo pensado demasiado, y esta vez no era la excepción… pero me había visto obligada a tomar esta decisión por el bien de mi familia. 


...

Gracias por leer mis locuras, y gracias al curso de betas que se encargo de corregir este capítulo.

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