Mi sol entre millones de estrellas: Capítulo 9




 Una maravillosa ayuda


—Edward creo que deberíamos dejar esto para otro día—dijo apenas entre en el auto

—No hay cambios de planes señorita—me estire para tomar el cinturón y abrocharlo, asegurándome de que no sería tan fácil que escapara. —mejor revisa a nuestra pasajera del asiento trasero que va muy quieta.


—Está dormida—se había girado para verla, me gire hacia ella dejando que nuestras miradas se cruzaran, bajo la mirada y se reincorporo en su asiento.

—Algo que se te antoje para cenar—pregunte saliendo del estacionamiento e incorporándome en el tráfico. — ¿Te gusta la comida china?

— ¡Claro! —gire en un lugar donde estaba prohibido logrando solo una mirada asesina de su parte, me disculpe haciéndola bufar

—No debes de llevar la temperatura tan alta, el cambio de clima tan brusco puede hacer que se enferme el bebé—señalo reacomodando la temperatura, encendió la radio buscando algo que escuchar pero al no encontrar nada lo apago.

—Algo en especial—pregunte cuando me detuve fuera del restaurante de comida china en cual a veces llevaba para cenar.

—Solo asegúrate de que te den suficientes rollos primavera—me reí al ver que se había inclinado sobre el asiento vacío para decírmelo sin gritarlo para no despertar a Millie.

Entre al restaurante y pedí un poco de lo que esperaba le gustara, habíamos conversado sobre algunos temas pero no habíamos hablado de la comida, pasaron cerca de 20 minutos en los que me entregaron varias cajitas con nuestra comida, me asegure de llevar bastantes rollos primavera como lo había pedido, al menos sabía que si no le gustaba lo que había elegido podría comer los rollos.

Al abrir la puerta del auto ella estaba hincada sobre su asiento jugando con Millie, quien parecía bastante divertida.

—Veo que no se aburrieron durante mi ausencia—se sonrojo y volvió a sentarse en su asiento recibiendo la cena.

—Comenzó a llorar y al ver que no tenían un biberón tuve que improvisar—fue mi turno de sonrojarme.

—Solo traigo los suficientes, ya que a estas horas ya estamos en casa…

—Esa no es escusa—me amenazo con el dedo con una mirada divertida—Dr. Cullen siempre debe de estar prevenido, nunca sabe cuando se te podrá ofrecer y no olvides que no siempre estaré ahí para correr a banco de leche y conseguirte uno.

— ¿Recuerdas eso? —pregunte mientras emprendía marcha a mi casa que no estaba muy lejos, si aceleraba lo suficiente lograría tomar los siguientes dos semáforos en verde y después regresar a una velocidad un poco más baja para tomar el ultimo y llegar a casa en menos de 10 minutos.

—Como olvidarlo, no es fácil olvidar la primera vez que te salve la vida. Yo Isabella Swan salve al gran Edward Cullen—se burlo como si fuera algo difícil de creer.

—Muy simpática—le sonreí apretando suavemente su rodilla, logrando un sonrojo y que se girara hacia la ventanilla intentando ocultarlo.

—Cullen no tienes porque ir tan de prisa—bufe pero baje la velocidad para complacerla el camino seria unos minutos más largos de que esperaba.

Entre a la calle principal manejando a una velocidad más moderada, presione el botón para abrir la puerta eléctrica del garaje y estacione el auto junto a la camioneta que vendería, la había comprado por Victoria así que ya no me serbia de nada. Tome la comida que Bella mantenía cerca de de ella.

—Yo me encargo de Millie—me dijo abriendo la puerta trasera sacando con cuidado a mí hija, yo saque el resto de las cosas y abrí la puerta para dejarlas entrar, esta puerta daba a la cocina.

— ¿Quieres cenar? —pregunte dejando las cosas en la mesita

—Creo que primero le daré un baño a esta princesa para que coma y si ella lo quiere pueda dormir nuevamente

— ¿Recuerdas el camino? —ella asintió

Bien podía seguirla, pero preferí poner un poco de orden en mi desorganizada cocina, esta vez no era demasiado, pero era vergonzoso que siempre que viniera la casa estuviera un tanto desordenada. Coloque la comida en recipientes para intentar de esa manera conservar un poco el calor aunque siempre estaba el microondas. Enjuague los biberones sucios y los metí al lavavajillas para después subir las escaleras.

Entre al cuarto de Millie y pude escuchar la voz de Bella que cantaba alguna canción de cuna, me acerque con cautela hasta detenerme en el marco de la puerta y escuchar con claridad su voz, estaba hincada con la blusa enrollada hasta los codos pero que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, era una vista maravillosa, moví mi cabeza bruscamente para intentar apartar esa imagen de mí, no quería que se alejara nuevamente, aunque sabía que no le era totalmente indiferente sabia que debía de llevar las cosas con calma. Me senté en el borde de la bañera para verlas mejor, Millie realmente estaba disfrutando del baño.

—Parece feliz de que al fin la bañe alguien que sabe

— ¿Aun tienes miedo? —me miro frunciendo el ceño

—Es muy pequeña y temo ser demasiado brusco

—Te he visto como eres con ella Edward y puedo decirte que no eres brusco eres un buen padre, ella es pequeña eso es cierto pero no se va a romper—me dijo sin apartar la vista de Millie, ambas tenían sus miradas conectadas y parecía que las caras que Bella le hacía le encantaban.

La sacó de la bañera envolviéndola en una toalla y llevándola al cambiador donde ya había dejado todo preparado para solo cambiarla. Fue muy cuidadosa, me gustaba ver la manera en que la trataba, era claro que la quería.

BVOP

Después de que Millie estuviera lista y abrigadita bajamos a la cocina. Ahí estaba una sillita donde apostaba la ponía mientras él estaba en la cocina. La deje con cuidado para preparar el biberón, mientras que Edward arreglaba la mesa y calentaba la cena.

La alimente mientras Edward comenzaba a dejar los moldes con la comida en la mesa, coloco un plato frente a mí y otro a mi lado, cuando Millie no quiso comer más me asegure de que expulsara el aire para dejarla nuevamente en su sillita cerca de mí.

Me serví un poco de arroz, unas costillitas agridulces, verduras salteadas y un par de rollos primavera, me lleve un poco a la boca disfrutando del delicioso sabor, tenía tiempo sin comer comida china que estuviera tan buena.

—No deja de jugar con sus manos—escuche a Edward y mire a Millie que jugaba con ellas.

—Es normal, está descubriendo su cuerpo y ahora sus manitas parecen ser una parte fascinante

— ¿Te gusto la comida?

—Esta deliciosa—le di un sorbo al vaso con té que tenía delante

Platicamos un poco, pregunto sobre lo que había hecho durante estas semanas, también de manera sutil pregunto por mi aspecto, si tenía algún problema o solo se trataba de una carga excesiva de trabajo. Le dije que solo era el trabajo y la investigación que estaba haciendo en este momento; le hable un poco del tema y de la importancia que esta nueva investigación.

Comencé a recoger los platos mientras él me escuchaba hablar, me daba sus puntos de vista y hacia preguntas que no había planteado al respecto y que sin duda eran algo que debía de pensar. Comencé a meter los platos al lavavajillas cuando caí en cuenta de que tenía mucho rato hablando.

—Lo siento—me disculpe poniendo en marcha el aparato.

—Porque te disculpas—levanto con cuidado a Millie de la sillita donde se había quedado dormida.

—Te debo de estar aburriendo, se que este tema no es mucho de tu área y…—coloco un dedo en mis labios haciéndome callar.

—En lo absoluto, me resultas apasionante, que diga me resulta apasionante la manera en que te involucras en tu trabajo—me regalo una sonrisa torcida y tomo mi mano—vamos a dejar este angelito en su cuna y después elegimos que película ver.

Soltó mi mano hasta que llegamos a la habitación de Millie, acomode su cunita y el depósito con cuidado de no despertarla, se removió un poco pero no despertó, encendió su lamparita de noche. Tomo en monitor y bajamos a la sala para sentarnos frente al televisor.

—Ya tenias todo preparado—señale las películas que estaban en la mesita central

—Pensaba verlas solo, pero es mejor acompañado, además se que a ti te gusta—asentí, tomando las películas y dejándolas en mi regazo, había unas cuantas de terror que descarte rotundamente, unas de comedia y unas que recordaba le había dicho que eran de mis favoritas.

—Con que tú solo—le mostré las películas que apostaría solo las había llevado por mi

—Me descubriste, ¿quieres ver alguna?

—Elige tú—se las entregue

—Eso es trampa—me encogí de hombros, hubo una pequeña discusión porque película es que deberíamos de ver, pero al final terminamos con una de romance y drama "Quiéreme si te atreves"

Estaba segura que no era su género favorito pero agradecía que no me pusiera a ver una película de acción o de terror que me dejaría sin dormir toda la noche. Ambos quedamos uno al lado del otro separados por unos cuantos centímetros y un par de cojines que nos servían de barrera, me quite las zapatillas y deje descansar mis piernas en el sillón.

Me sumergí en la película olvidándome de donde estaba y de todo lo que me estaba ocurriendo, era realmente hermosa, todo había comenzado por un juego, se divertían y saltaban las reglas solo para ver que no tenían miedo a lo que hacían, pero el juego dejo de serlo y ambos se enamoraron, pero no se atrevían a decir un te quiero en su lugar seguían diciendo Me atrevo. Apoye mi cabeza en el respaldo del sillón buscando una posición más cómoda.

Abrí los ojos perezosamente al sentir un movimiento, descubrí que la película había terminado y la pantalla estaba blanca, me removí intentando levantarme pero algo firme en mi cintura me lo impidió, moví un poco mi cabeza y descubrí que estaba apoyada en el pecho de Edward que por el ritmo de su respiración estaba dormido. Me paralice ante tal descubrimiento, no recordaba en qué momento me había quedado dormida y mucho menos sobre Edward. Intente levantarme sin despertarlo y poder marcharme, pero la realidad me golpeo. No traía mi auto.

— ¡Demonios! —gruñí por lo bajo intentado quitar el brazo de Edward que rodeaba mi cintura.

— ¿Está todo bien? —escuche la voz ronca de Edward y mis intentos por ser delicada terminaron por el susto de escucharlo, me levante de golpe pasando por encima de su cuerpo y cayendo al suelo. — Bella ¿Te hiciste daño?

—No. Estoy bien—evite mirarlo ya estaba completamente avergonzada y sentía mis mejillas arder, tome su mano que me extendió para ayudar a levantarme. Un pequeño sollozo nos hizo separarnos, se disculpo y fue a ver a Millie.

Me dejé caer nuevamente en el sillón sintiéndome absolutamente estúpida mientras me colocaba nuevamente mis zapatillas, en primer lugar me había quedado dormida viendo una película no obstante con eso había sido sobre él. Intente arreglar un poco mi aspecto pero tuve que parar cuando escuche el sonido conocido de mi celular, lo tome de mi boso que descansaba en una de las sillas de la cocina donde estaba el resto de las cosas que Edward había bajado del auto.

Era un mensaje de texto, sabía que no debía de hacerlo pero tenía que averiguar si al que había visto al dejar el estacionamiento con Edward había sido él. Lo abrí para encontrar mi respuesta afirmativa

"Veo que no pierdes el tiempo y ya tienes un nuevo amiguito que además tiene una hija. Me pregunto si el sabrá que eres pésima en la cama y que no eres una mujer completa… jamás podrás ser madre. Creo que él no lo sabe de lo contrario no estaría perdiendo su tiempo contigo."

Repentinamente sentí miedo pero no por mí sino por Edward y Millie, los estaba exponiendo a un peligro certero, sabía que Demetri no se detendría en lastimar a mi pequeña princesa. Sabía que no debía de haber cedido tan fácil a Edward pero como no hacerlo con sus palabras y la manera en que me hacía sentir. El tener a Millie me estaba dando una oportunidad que yo creía perdida, mordí mi labio para no llorar.

—Está todo bien Bella—pregunto colocando una mano en mi hombro. Cerré el celular y lo presione en mi mano.

—Si.

—Te notas algo tensa—me obligo a girarme para quedar de frente

—Es solo que vi la hora, si eso vi la hora y ya son casi las 11. No debería de estar tan tarde en tu casa. —dije con rapidez, me miro unos segundo y por su mirada sabía que no me creía.

—Bella hablas como si fuéramos un par de adolescentes. Somos adultos y no es ningún problema que estés a estas horas en mi casa, sabes que eres bienvenida.

—Creo que será mejor que me vaya—camine hacia la entrada intentado ser más rápida para que no me lo impidiera, abrí la puerta y me quede paralizada.

—Parece que no te podrás ir—susurro en mi oído, dejando sus manos en mis brazos y parándose detrás de mí.

—Está nevando—dije extendiendo mi mano permitiendo que pequeños copos de nieve quedaran ahí.

—Me gusta la nieve—me obligo a entrar nuevamente a la casa, cerrando la puerta esta vez asegurándose de hacerlo con llave y activar el sistema de alarma.

—No puedo quedarme Edward. Llamare a un taxi

—Cuando hay tormentas jamás llegan los taxis hasta esta zona, te llevaría pero sería sacar a Millie al frio y no creo que sea muy bueno o esta la siguiente posibilidad de que te lleves mi auto pero no sé si estés acostumbrada a conducir con una tormenta como esta—dijo abriendo la ventana permitiendo observar que era un poco más fuerte.

—Yo… no… cielos que vergüenza

—Nada de eso, eres una invitada. —Me guiño un ojo para después tomar mi mano—vamos te mostrare tu habitación.

Me deje llevar aun sintiendo mis mejillas arder, ya no era por saber que me quedaría a dormir en su casa, era por la sensación de sentir su mano sobre la mía, el delicioso calor que desprendía y el repentino cosquilleo que invadía mi cuerpo. Abrió la puerta que estaba frente a la habitación de Millie.

—Como sabes esa es la habitación de Millie, la que está al lado es la mía—señalo la puerta que estaba cerrada, encendió la luz y entro a la habitación que estaba perfectamente acomodada, cerró las cortinas y abrió otra puerta. —tendrás tu propio baño, ahí hay toallas limpias y cosas de chicas por si quieres darte una ducha.

—Gracias—me acerque hasta donde estaba y comprobé que efectivamente había cosas de chicas lo que me preguntaba es porque las tendría ahí

—Sé lo que estas pensando—levante la vista y vi su sonrisa torcida y tenue rubor mientras se pasaba la mano por su cabello—Estas cosas están ahí porque mi madre pensó que siempre era bueno tener algo para chicas ya que no sabía cuando podía tener una invitada. No quiero que pienses que traigo chicas o algo así, tú serás la primera que se queda.

—No tienes porque explicármelo

—Tienes razón no tengo porque hacerlo pero no quiero que pienses mal. —tomo mis brazos con sus manos y note que se inclinaba lentamente, bueno puede que no fuera lentamente pero yo lo sentía en cámara lenta ¡dios! Iba a besarme, pero sus labios jamás llegaron a los míos al contrario se detuvieron en mi frente donde sentí esa zona arder. —Buenas noches Bella. Si necesitas algo solo llámame.

—Gracias Edward.

Volví a respirar con normalidad cuando salió de la habitación, no era muy grande pero parecía espaciosa, la cama era grande y parecía muy cómoda. Me senté sobre ella comprobando que realmente lo era, me quite las zapatillas y el abrigo que deje en la silla junto a la ventana; desabotone mi blusa sabiendo que tendría que dormir en ropa interior, doble mi blusa junto con el pantalón dejándolos en la silla del tocador, entre al baño y tomo una toalla en la que envolví, lave mi rostro e intente trenzar mi cabello para evitar que se me enredara.

Abrí la puerta y de la impresión la toalla se me soto dejando al descubierto el pequeño conjunto que apenas y cubría mi cuerpo, reaccione al instante tomando la toalla del suelo y cubriéndome torpemente.

—Lo siento. Lo siento—Edward se había girado.

—Pudiste llamar antes de entrar—dije en un susurro bastante avergonzada de que me hubiera visto con tan poca ropa.

—Lo hice pero no hubo respuesta, por eso entre

—Yo no escuche, estaba en el baño—sentía mi rostro en llamas, no entendía cómo era posible que tantas cosas bochornosas me sucedieran en un solo día y con un solo hombre que además era perfecto.

—Yo solo te traía algo con lo que podías dormir—me extendió su mano aun sin girarse, tome la ropa y comprobé que era un pantalón y una playera de él. —El pantalón encogió en la secadora así que puede que te quede y la playera no creo que sea problema.

—Gracias, eres muy considerado—apreté la ropa que me había entregado contra mi pecho, se aclaro la garganta y salió de la habitación sin decir nada más.

Me tomó unos segundos volver a la realidad, me deje caer sobre la cama aun sosteniendo la ropa entre mis brazos, hundí mi rostro dejando que su característica aroma me invadiera. Me reí un poco al darme cuenta de que debía de parecer muy tonta por lo que estaba haciendo pero yo no tenía la culpa que el oliera tan bien. El pantalón me quedo un poco flojo pero no se caería y la playera era grande pero no importaba, me metí bajo las mantas y pronto volví a dormir, extrañamente el estar fuera de mi departamento y sabiendo que estaba Edward cerca me hacía sentir segura.

Desperté sobresaltada cuando uno de esos feos sueños interrumpió uno más agradable en el que estaba con mis dos personas favoritas en este momento, respire profundo para escuchar un pequeño llanto, mire la hora en mi celular y comprobé que eran cerca de las 4. Sin pensarlo me levante y fui a la habitación de Millie pero no la encontré en su cuna por lo que suponía que debía de estar con Edward así que decidí regresar a mi cama bajo el calor de las mantas; pasaron cerca de 15 minutos y el llanto seguía escuchándose por lo que me arme de valor y me detuve frente a la puerta de Edward, ahora solo me debatía en si debía de tocar o no pero un sollozo mas fuerte decidió por mí. Un par de golpecitos y abrí la puerta lo vi de pie meciendo a Millie quien sollozaba pero eso no era todo el solo llevaba el pantalón de su pijama y nada más, me permitió una vista asombrosa del resto de su cuerpo que estaba en perfecta forma.

—Lamento si te despertamos—entre completamente cerrando la puerta detrás de mí, su rostro reflejaba frustración por no tranquilizar a la pequeña.

—No me despertaron, ya estaba despierta. Escuché su llanto y fui a su habitación pero al ver que continuaba quise venir para ver si necesitabas ayuda

—No quiere volver a dormir, ya la cambie y le intente dar de comer

— ¿Puedo? —me la entrego aun llorando, la mecí un momento pero nada cambio. —Está bien veamos qué es lo que sucede mi amor.

La deje sobre la cama y la revise por si estaba mojada nuevamente pero al ver no era eso intente darle el biberón que rechazo, la revise detenidamente solo para descubrir que le estaba rozando una costura de su pijamita y le había rozado el cuellito.

— ¡Bingo!

— ¿Encontraste la causa? —me pregunto Edward acercándose a mí, lo bastante cerca para percibir el calor que desprendía su cuerpo, me aclare a garganta e intente no girarme ya que no sabía qué cara pondría al tenerlo tan cerca y con tan poca ropa.

—Una rozadura, podrías… podrías traer otra pijamita para cambiarla—solo escuche un claro muy cerca de mi oído y la puerta a salir. Desvestí con cuidado a mi princesa y comencé a hacerle mimos, levante la vista y observe la habitación que era más grande que en la que me estaba quedando, había dos puertas una debía de ser el armario y otra el baño, un enorme ventanal que solo estaba cubierta por una cortina delgada, estaba pintada en colores tierra y había un par de cuadros pero ninguna fotografía de Edward con Victoria, parecía que la había querido sacar de su vida como ella los había dejado fuera.

—Esta siempre le gusta—me entrego una de color azul de una tela muy suave, metí su piernitas y después sus manitas. —Esta pomada mi mamá me la había dejado en caso de rozaduras.

—Me sirve—coloque un poco en el área afectada con cuidado de que no sintiera dolor. —Sh… no sucede nada corazón, con esto te sentirás mejor—le dije al ver que iba a llorar, unos minutos después nos veía con sus ojos azules bien abiertos.

—Algo me dice que el sueño se fue—suspiro viéndola. —Puedo hacerme cargo de esto, no tienes porque desvelarte.

—Te ayudare. Además, ¿que tan malo puede ser? —me encogí de hombros

—No tienes ni idea de lo que dices—se sentó en la cama al otro lado apoyando su espalda en las almohadas deje a Millie mas al centro y me subí a la cama sentada de piernas cruzadas, comencé a jugar con ella, moviendo sus manitas, sus piernitas y haciéndole gestos.

—Ahora no se cual de mis niñas tiene mas energía—se burlo tomando el biberón. —ya casi es hora de su siguiente toma, iré a calentarlo.

—Aquí te esperamos—le dije al verlo salir, me había tomado por sorpresa su comentario, era lógico que esta preciosidad fuera su niña pero porque había hablado en plural, debía de ser imaginación mía.

Regreso al cabo de unos minutos con la leche tibia, acune a Millie en mis brazos y pegue mi espalda a las almohadas, ella comenzó a comer sin apartar su mirada de la mía, bueno eso duro hasta que Edward se acerco a nosotras y me robo su atención, le quiete el biberón cuando lo termino y ella hizo un pucherito encantador.

—Con esa es más que suficiente, cuando despiertes te daré otro poco—Edward le saco el aire y la dejo en la cama, yo la acomode boca abajo para evitar algún roce con su piel sensible y se despertara.

Acomode la cabeza en a almohada mientras acariciaba a espaldita de la bebé que se metió su pulgar a su boquita, parecía que no quería dormir así que comencé a cantarle una pequeña canción de cuna sin dejar de acariciarla.

—Tienes una linda voz—levante mi rostro y sonreí al ver que Edward ocultaba un bostezo, estaba conseguir dormirlo a él en lugar del hermoso ángel que parecía resistirse.

—Estoy intentado que ella se duerma no tu—se encogió de hombros.

EVOP

Tuve que salir de la habitación a verla jugar con Millie, de verdad estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no besarla y acariciar su fina figura. Deje apoyadas mis manos en la mesa y baje mi rostro cerrando los ojos, intentaba apartar su imagen semidesnuda pero en lugar de eso parecía revivirla, su cintura pequeña realzaba su cadera que aunque no era demasiado grande a hacia apetecible y su pecho no era pequeño pero me era perfecto, toda ella era perfecta y ahora solo podía imaginar cómo sería tenerla en mis brazos y besar cada parte delicada de piel, como reaccionaria ella al sentir que dejaba besos húmedos por su cuerpo mientras mis manos exploraban cada rincón.

—Deja de pensar eso Cullen—me regañe al sentir el efecto de mis pensamientos, no podía darme una dicha fría y no quería salir al frio que calmara los ánimos que se habían despertado. Me tranquilice antes de volver a la habitación agradeciendo que no me prestara atención y esta de la dedicara por completo a mi hija.

—Tienes una linda voz—le dije sin poder evitar un bostezo

—Estoy intentando que ella se duerma, no tu—me sentí avergonzado pero que podía decir, su voz arrullaba.

Poco a poco vi como su mano dejaba de moverse hasta quedar quieta en la espaldita de mi hija, me incline un poco y la vi dormida, me levante y cerré las cortinas para evitar que los rayos del sol la despertaran bueno si es que mañana salía, me acerque junto a ella y con cuidado la metí bajo las mantas cuide de arroparlas a ambas antes de regresar a mi lado de la cama, algo me impidió apagar la luz de mi lámpara y solo me perdí observando a la mujer que descansaba pacíficamente en mi cama, ahora más que nunca sabia que debía de protegerla y tenerla conmigo. Retire un mechón de su cabello con cuidado.

—Descansa princesa—bese los finos y dulces cabellos de mi hija y sin poder resistirme me incline un poco mas y roce los labios de Bella, al separarme solo escuche un murmullo pero me alegre cuando de sus labios salió mi nombre "Edward", acaso me había reconocido o estaba soñando conmigo.

A la mañana siguiente Bella fue la primera en despertarse, sus mejillas estaban sonrojadas y sabía que la razón era que estaba en mi cama, le reste importancia y la invite a desayunar, reímos y disfrutamos de esa mañana como no me lo esperaba. Lo más doloroso fue llevarla a casa ya que no me quería separar de ella y por los pucheritos de Millie sabía que a ella tampoco le gustaba la idea.

Todos los días la llamaba con la escusa de que a Millie le gustaba escucha su voz antes de dormir, pero la verdad es que era para asegurarme de que ella estaba bien. Cuando estábamos fuera siempre la notaba algo inquieta y mirando a todos lados y sabia la razón, sabia cuando él llamaba o le enviaba un mensaje ya que su rostro perdía el color y sus ojos reflejaban miedo. Quería decirle que lo sabía y que no iba a permitir que nada le pasara pero no podía romper mi promesa.

La había convencido que los viernes se quedara en mi casa así podía pasar más tiempo con la bebé aunque lo dudo al final accedió, me gustaba ver la manera en que interactuaba con mi hija, si alguien ajeno las viera y no supiera la verdad rápidamente asociarían que son madre e hija.

Una semana había pasado en las que había está estado un par de veces en nuestra casa ayudándome a poner un pequeño árbol y a decorar un poco ya que la navidad se acercaba. El viernes había llegado, Bella estaba terminando de vestirla después del baño y yo acomodando los platos donde estaba la cena, esta vez habíamos elegido sushi. En una gran variedad ya que ambos queríamos que el otro probara diferentes. Un aclaramiento de garganta me hizo dejar mi tarea y solo pude sonreír ampliamente al ver a mis dos mujeres, pero mi corazón salto al ver a la más pequeña.

—Dime si no es adorable—me pregunto. La tenía abrazada de manera que su espaldita estaba contra su pecho permitiéndome contemplarla.

—Es la conejita más linda que he visto—me acerque para abrazar a mi hija que tenia puesta una pijamita con gorrita de la cual se desprendían dos orejitas como si fuera una conejita, la alce en brazos y deje que nuestras narices rozaran, se veía hermosa muy adorable. —Esta pijamita…

—El otro día estuve en el centro comercial con Ángela y al pasar por una de las tiendas de bebé la vi y no me pude resistir a cómprala, pensé que luciría divina pero me equivoque. —la mire sin entender a que se refería, se acerco hasta dejar sus manos en mi brazo para de esa manera ver a Millie directamente. —es encantadora, la conejita más hermosa.

—Concuerdo contigo la conejita más hermosa. Gracias. —la vi tan cerca, baje mi mirada a sus labios y después la regrese a sus ojos, al notar el brillo de estos y que no se apartaba me incline un poco mas hasta capturarlos en los míos. Tome su labio superior con suavidad sintiendo que se quedaba quieta hice un poco de presión y pronto ella presiono mi labio inferior, nuestros labios despertaron al sentir su complemento, el beso no duro mucho, pero fue suficiente para saber que ella aun sentía algo y podía aprovechar el tiempo que estaríamos juntos.

—Lo siento—me disculpe cuando nos separamos.

— ¿En verdad lo sientes?—pregunto quitándome a mi hija de mis brazos.

—Diré que sí, pero la verdad es que no lo siento en lo absoluto—eso parecí sonrojarla más y me gusto saber que eso lo conseguía yo. ¿Sus mejillas se encenderían cuando la hiciera conocer todo el placer que estaba dispuesto a proporcionarle?

—Edward en que estas pensando. —reaccione y fue mi turno de avergonzarme, ella debería de haber notado mi sonrisa tonta mientras me la imaginaba sin esa ropa que llevaba, en mi cama y bajo mi cuerpo; moví la cabeza con brusquedad lo estaba haciendo nuevamente.

—Lo siento es solo que no se si recuerdas que ya casi es navidad.

—Pusimos el árbol el martes Edward, recuerdo que la próxima semana será navidad.

—Me alegro de que no olvidaras. ¿Tienes pensado que harás? —dejo a Millie en su sillita y se sentó frente a ella, su mano acariciaba la carita y el pechito de la bebé haciéndola notar que seguía ahí.

—Creo que lo pasare en casa, aun no decido que preparare para cenar. ¿Qué harán ustedes? —pregunto con timidez pero su voz parecía apagada.

—Alice a insistido que vayamos a Chicago ya mis padres pasaran las fiestas en su casa—le dije restando importancia.

—Suena bien. —sonrió débilmente mirando a Millie.

—Bella…—me senté junto a ella tomando su barbilla obligando que me mirara. —Quiero que vengas con nosotros. ¿Qué dices?

...

Gracias por seguir leyendo mis locuras y siento los horrores de ortografía, pero como es evidente este capítulo no pasó por manos de mi beta.

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