Dolorosa Traición: Capítulo 2



 Ella


Hace apenas unas semanas mi vida era perfecta, aun no podía creer lo estúpida que había sido. Solo había sido un juego: me había usado. Pero no obstante con la humillación se había mostrado como el hombre sin escrúpulos y ruin que era. Pero aunque sabía que debía de odiarlo mi corazón todavía saltaba cuando escuchaba su nombre, él había sido el primer hombre que me había hecho sentir querida, se había mostrado paciente y muy atento, pero todo era solo para conseguir que yo terminara en su cama.


Más aun me aterraba la reacción violenta que había tenido cuando yo estúpidamente le había contado la consecuencia que había tenido uno de nuestros encuentros más apasionados, uno de sus guardaespaldas había tenido que interferir para que no me lastimara y la secretaria me había sacado de la oficina mientras temblaba y Jacob no paraba de gritar palabras horrorosas que sabia había escuchado todo el edificio.

Volví al presente y me quede mirando a través del cristal a las personas pasar, unas más deprisa que las demás, algunas con el teléfono pegado en la oreja, otras mirando su reloj, pero lo que hizo que mi corazón se estrujara fue el ver a una mujer que llevaba de la mano a un pequeño, por instinto lleve mi mano a mi vientre, pensando en la vida que seguía desarrollando dentro.

—Vuelve al trabajo. — di un saltito al escuchar esa voz en mi oído, levante los platos sucios de la mesa y la propina que habían dejado.

Como cada tarde trabajaba en una cafetería que estaba en una de las mejores zonas de la ciudad, lo que me permitía recibir buenas propinas. Necesitaba todo el dinero que fuera capaz de reunir para poder recibir a mi pequeño y rogando porque él no me encontrara.

Seguí trabajando tomando ordenes y llevando la comida a los clientes, eran cerca de las ocho, mi hora de salida, estaba contenta porque la cafetería solo había un par de personas y como todas ya habían terminado no había problema si me marchaba unos minutos antes, lo que me alegraba ya que de lo contrario perdería el bus de las 8:15 y tendría que esperar media hora mas para el siguiente, pero aunque tenía más opciones ese bus me dejaba a unas pocas calles de mi modesto departamento o mejor dicho cuarto que estaba alquilando.

Pero mis planes se vinieron abajo cuando las campanillas de la puerta indicaron que había llegado un nuevo cliente, con resignación tome uno de los menús y me acerque a la mesa donde un hombre me daba la espalda.

—Buenas noches. —lo salude con la sonrisa que siempre trataba de mantener en mi rostro, pero que a esta hora del día ya me costaba mantener por que estaba cansada y lo único que deseaba era poder dormir un poco.

Mi respiración se vio interrumpida cuando un par de ojos verdes se encontraron con los míos, me quede estática unos segundos permitiéndome observar a ese hombre tan perfecto. ¿Qué haría un hombre como él en una cafetería como esta? Era obvio que el podía permitirse algo mucho mejor, pero no era quien para cuestionarlo y lo peor que podía hacer era hacerlo sentir incomodo. Reaccione al ver su mano moverse frete a mis ojos, al instante me sonroje.

—Solo tráeme un café. —asentí alejándome, volví intentando no mirarlo, ya suficientemente avergonzada me encontraba con que él se hubiera dado cuenta de la manera en que me había perdido viéndolo.

Le lleve el café que había pedido y al ver que parecía no querer nada más me aleje; retire los platos de una de las mesas y no me pude contener de acomodar la servilleta que los padres le habían puesto a un niño como babero, pero que no estaba sirviendo de nada. Un par de personas más entraron y solo pude dejar escapar un suspiro al ver que Victoria llegaría de nuevo tarde y que me tocaría cubrirla, aunque no me agradaba, eso era tiempo extra lo que significaba unos cuantos dólares extra en mi paga.

A las 8:25 había salido de la cafetería y me dirigía hacia la parada del bus para poder al fin llegar a casa, me abroche el abrigo ajustando mi bolso. Sabía que había una parada a solo dos cuadras del trabajo pero siempre prefería tomar la que estaba a diez minutos ya que me podía perder viendo aparadores, disfrutando de la parte hermosa de la ciudad, no como la zona en la que actualmente vivía.

Después de una hora había llegado al pequeño cuarto que ocupaba, era una zona bastante fea y no precisamente la más segura, pero si de las mas económicas y tenía que adaptarme, ya que lo que ganaba debía de ahorrarlo para cuando el bebé naciera y cuando él o ella estuviera aquí me mudaría a un sitio mejor.

Cubrí mi rostro con mi almohada al escuchar el ya conocido ruido de mi vecino, solo a ese hombre se le ocurría escuchar música a todo volumen a las 11 de la noche, ¿es que no pensaba que habíamos personas que nos teníamos que levantar temprano para ir a trabajar?
Lance lo primero que encontré contra la pared lo que provoco que el hombre subiera un poco más el volumen.

Como era de esperarse esa noche pude dormir poco. Llegue media hora antes a la oficina donde estaba trabajando de secretaria temporal. Me dolía el tener que estar haciendo algo que no iba con lo que yo sabía, yo era maestra de preescolar, pero sabía que para Jacob sería muy sencillo encontrarme si trabajaba en alguna escuela, así que había abandonado mi vocación por mi bebé, ningún sacrificio sería suficiente para asegurarme de que estaría a salvo. Para asegurarme de que no le faltaría nada, tenía dos empleos, por las mañanas trabajaba de secretaria temporal y por las tardes en la cafetería de una de las mejores zonas financieras lo que nos garantizaba buenas propinas.

Mi trabajo no era muy dinámico, solo me encargaba de: archivar, contestar llamadas, escribir cartas, sacar copias y ser la chica que llevaba los cafés. Lo que esperaba impaciente era el momento de ir al siguiente trabajo, ya que está moviéndome de un lado a otro me mantenía mas ocupada y el tiempo se me pasaba aun más de prisa.

Como todos los días salía corriendo para tomar el bus y poder llegar a tiempo a la cafetería para comenzar a trabajar, ese día estuvo lleno y hubo un par de accidentes que me vi obligada a limpiar, un niño me lanzo un trozo de jitomate y tuve que dejarlo pasar.

Ese día termine agotada al punto que si mi vecino había puesto la música como cada noche no la escuche.

Al día siguiente el mismo hombre de hace un par de días que se sentó en el mismo lugar, le lleve una taza de café que el agradeció e hizo su orden sin apartar el teléfono de su oreja. Al final de mi turno el hombre se había marchado dejando una generosa propina. Al día siguiente él volvió aparecer a la misma hora, y sucedió todo de la misma forma que había ocurrido las dos veces anteriores, bueno… casi igual de no ser por la sonrisa torcida que me dedico cuando le deje su pedido frente a é siguiente volvió aparecer, pero esta vez Victoria fue quien lo atendió por la cantidad de pedidos que yo tenía, mas debido a su insistente coqueteo lo termino de atender Kate y vi al hombre relajarse, me pareció una alucinación pero podía sentir su mirada sobre mí, algo que me fue confirmado cuando Kate me lo dijo.

El resto de la semana no fue muy diferente solo que cada día me sentía más cansada, sabía que el exceso de trabajo no era bueno para el bebé pero necesitaba el dinero.

—Estoy segura que ese hombre viene cada día solo por verte a ti. —me susurro Kate viendo sobre su hombro con una enorme sonrisa.

—Dejen de parlotear y dedíquense a trabajar. Para eso les pago. —gruño Tyler nuestro jefe. Ambos dejamos de hablar y continuamos llevando los pedidos

Me acerque a él tratando de que no se notara que me estaba poniendo nerviosa, era estúpido creer que ese extraño me hiciera sentir de esa manera. Me abría asustado si él me diera un indicio de que era una amenaza, pero su mirada era dulce y escondía una incógnita, parecía querer descubrir algo, mas no sabía de que se trataba, de lo único que estaba segura era de que debía de estar alejada de él. Era un extraño y como tal debía de tener cuidado.

Fui hasta él que ya había dejado el menú de lado y estaba listo para levantar su pedido.

—Hola, ¿ya sabes lo que vas a ordenar? —le pregunte lista para tomar el pedido.

—Que me recomiendas. — le indique algunas de las cosas, pero al final el solo dijo "sorpréndeme". Pero la sorprendida fui yo que me vi obligada a elegir su comida, algo que fue completamente extraño.

Cuando me alejaba sentí como tomaba mi mano lo que mando una corriente a todo mi cuerpo y al instante la separe de la suya.

—Lo siento, es solo que olvide pedir mi café. —asentí alejándome aun sintiendo lo que su simple toque me había producido.

Trate de que no afectara y continúe con mi trabajo, pero el acto de ese hombre no paso desapercibido por Tyler que me llamo la atención e hizo que Kate se hiciera cargo de él. No lo había vuelto a mirar ya que Tyler había sido claro respecto al hecho de que no quería que la escena se repitiera, no le importo cuando le dije que solo fue porque había olvidado pedir un café y no porque yo estuviera coqueteando con él.

Cuando termino mi turno me marche disfrutando de la brisa nocturna y recordando la sensación que había producido su toque en mi. Había sido como una pequeña descarga algo que no había sentido nunca, ni cuando Jacob me tocaba. Sacudí la cabeza intentando olvidar todo lo que tuviera que ver con Black; ese hombre no merecía siquiera que pensara en él. Pero aunque quería evitarlo no podía dejar de mantenerlo en mi cabeza, recordaba las cosas hermosas que habíamos vivido aunque habían sido una mentira y mi corazón saltaba, pero sentía mi corazón romperse al recordar su engaño y la manera en que había tratado de solucionar el problema.

Termine mi trabajo y me marche a casa, estaba muy cansada sabia que en cuento estuviera en mi cama dormiría como un tronco. Era domingo y agradecía que fuera el único día en el que podía descansar el tiempo que yo quisiera, no había necesidad de preocuparme por no llegar a tiempo. Me levante tarde ya que bien merecido tenía mi descanso, me prepare algo de desayunar y finalmente me di un baño para poder salir a comprar lo que hacía falta en mi despensa.

El trayecto al mercadillo más cercano era largo, pero debía ir hasta ahí si quería conseguir buenos precios, parecía que estuviera obsesionada con el dinero, pero la verdad era que tenía que cuidar cada centavo, no podía malgastarlo porque ese dinero ya estaba destinado para una personita, una muy especial.

El lunes me desperté con una extraña motivación por ver al extraño que la semana pasada había estado asistiendo a la cafetería. La mañana en la oficina fue las mas movida de toda el tiempo que llevaba ahí, así que no me dio tiempo de pensar en nada, cuando reaccione ya era hora de marcharme a la cafetería. En el camino supe que estaría nerviosa por la visita de aquel hombre que parecía estar esperando algo, era como un depredador que vigila su presa y cuando menos se lo espera ataca. Quite esos absurdos pensamientos de mi cabeza y me enfoque en mi trabajo.

El trabajo en la cafetería era el de siempre, sin embargo yo miraba constantemente el reloj que estaba colgado en la pared y cuando las ocho se acercaban me sentí ansiosa por la llegada del extraño. Mas una vocecita en mi interior diciéndome "¿Es que no aprendiste de tu error y quieres cometer otro?" sabía que era estúpido pero me pregunte si en algún momento yo podría rehacer mi vida y dejar atrás lo que me había pasado, en esta época no era la primera ni la última mujer que sería madre soltera, pero de lo que estaba segura es que cualquier hombre se alejaría de mi antes de tener que hacerse cargo de un niño que no era de su sangre y yo jamás abandonaría a mi bebé.

Mis nervios fueron estúpidos ya que ese día el no apareció en todo mi turno y me hizo sentir como una tonta, cada vez que la campanilla de la puerta había sonado, me giraba para ver si se trataba de él, pero nunca lo fue.

El resto de la semana no fue muy diferente, pareciera que hubiera sido producto de mi imaginación, el viernes fue extremadamente largo y más porque no había visto aquel hombre que había llamado mi atención.

El sábado intente hacer mi trabajo lo mejor que pude aunque ya estaba algo cansada y lo peor de todo era que las nauseas comenzaban a hacer de las suyas, lo que era de verdad un inconveniente para mi debido a que algunas aromas que inundaban el local hacían mi estómago contraerse, lo más vergonzoso fue con una mujer que logro que mi estómago se contrajera cuando su perfume llego a mi nariz, me había girado y entregado mi libretita a Kate para que siguiera tomando la orden y yo salir corriendo al baño, después me había disculpado con la mujer que me dedico una sonrisa tierna ya que Kate le había explicado que estaba embarazada y había comenzado con las nauseas.

Debido a mis nauseas, Tyler me dejo salir antes pero sin pagarme el par de horas que me habían hecho falta, estaba claro que ese hombre solo pensaba en él y los demás no le importábamos, pero más valía no quejarme o sabia que me echaría y yo necesitaba el trabajo.
Me detuve en una de las esquinas esperando que el semáforo se pudiera en rojo para poder cruzar, ese día aprovecharía que había salido temprano y disfrutaría de una de mis pasiones, entraría a una galería y observaría la exposición de uno de los fotógrafos más importantes de esta época.

Comencé a ver cada una las fotografías y sonreí para mí misma, al ver la manera tan increíble con la que lograba plasmar las emociones, la luz que daba ese toque majestuoso y los esplendorosos escenarios que había elegido. Me detuve frente a un cuadro que mostraba a una niña en el campo, el viento jugaba con su vestido y ella sostenía su sombrerito para que no abandonara su cabeza, y la hermosa sonrisa que cubría su bello rostro, además de que la luz resaltaba el entorno y eso hacia a la foto una imagen fascinante.

—Creo que el fotógrafo logro plasmar la felicidad, inocencia y libertad que refleja esa niña. —sonreí ampliamente y me gire para contestar pero me quede estática al ver que se trataba del hombre que había esperado ver, ¿era coincidencia o era acaso el destino?

—Sí, creo que logro plasmarlo bien. —respondí con timidez apartando mi mirada de la de él.

—Me llamo Edward. —extendió su mano, lo dude un poco pero la tome.

—Yo soy Isabella, pero dime Bella.

—Un placer en conocerte Bella. —mi cuerpo se estremeció al sentir sus labios en el dorso de mi mano, y mi respiración fallo con el tono aterciopelado de su voz. — te importaría que te haga compañía mientras vez el resto de las fotografías.

—No. —sonreí con timidez, apartando mi mano y comenzando a caminar mirando las fotografías, pero no podía observarlas con claridad ya que Edward me perturbaba con su presencia.

Comentamos acerca de las imágenes y me agrado ver que sus conocimientos eran bastante buenos y lograba apreciar lo que el fotógrafo había intentado captar con su lente, solo las personas que sabían de arte podían entender tan bien cada detalle.

Al final del recorrido no podía dejar de sonreír por tenerlo a mi lado, no había sido la mejor semana pero este día lo había compensado, en la cafetería solo me limitaba a verlo de lejos pero ahora estaba con él a mi lado compartiendo un momento agradable.

— ¿Qué harás ahora? —aparte la vista de la imagen para verlo.

—Iré a casa. —me encogí de hombros.

— ¿Me acompañarías a cenar? —pregunto con una sonrisa torcida y un brillo en su mirada.

—No creo que este bien.

— ¿Que tiene de malo? —metió las manos a los bolsillos de su pantalón.

—No nos conocemos.

—Por eso. Quiero conocerte y es por lo que te invito a cenar.

— ¿Por qué? —pregunte confundida.

—Eres una chica especial, algo tienes que incitas a que te miren. Y me has dejado cautivado con lo bien que sabes expresarte acerca de arte, no había conocido a alguien que sintiera esa pasión al ver cada fotografía.

—No creo que sea buena idea. —mordí mi labio y frote las palmas de mis manos contra la tela de mi abrigo, el parecía un dios en aquel traje mientras que yo lucia fatal en las ropas que traía.

—Por favor. —suspire cerrando los ojos para no verlo.

—Lo siento pero no puedo. —antes de que intentara convencerme di media vuelta y me marche lo más rápido que podía, me mezcle entre las personas que caminaban por la acera.

Sentada en el incomodo asiento del bus, no pude evitar comparar a Jacob con el extraño. Jacob me había invitado a cenar, después al cine y algunas obras de teatro, parecía agradable y comenzó a seducirme de manera lenta hasta que me tuvo en sus manos. Podía que cometiera un error pero de lo que estaba segura es que no lo cometería dos veces.
...

Gracias por seguir leyendo mis locuras y siento los horrores de ortografía, pero como es evidente este capítulo no pasó por manos de mi beta.

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