Dolorosa Traición: Capítulo 3



Propuesta


El lunes llego y con eso el regreso a la rutina, bueno hubo algunos cambios y un de ellos fue que Edward no apareció en la cafetería lo que me hizo pensar que con mi rechazo del sábado le había bastado y, se había dado cuenta de que yo no era como esas chicas fáciles que están encantadas de adornar el brazo de un hombre rico.

Pero mi sorpresa llego a la hora de mi salida que lo encontré apoyado en un flamante mercedes y al verme de inmediato fue hasta mi con una sonrisa que me paralizo y que me alerto que debía de tener cuidado con él. Era más peligroso de lo que había creído.

— Hola— Levante la mirada al ver a Edward que sonreía y le devolví el saludo—. ¿Hoy si aceptaras a cenar conmigo?

— Lo siento, aun tengo cosas por hacer. — me negué nuevamente pero sentía que una parte de mi quería aceptar, pero sabia que no debía de hacerlo la ultima vez había tenido que abandonar la ciudad y ahora no era bueno tener que marcharme.

—Es solo una cena— insistió

—Trabajo mañana temprano— puse de pretexto mi trabajo.

— ¿Y el fin de semana?— negué — Seguiré insistiendo hasta que accedas.

—Buenas noches— me despedí dirigiéndome hacia la parada del bus que ya estaba por llegar.

El día siguiente fue normal y me sentí tranquila y al mismo tiempo decepcionado de que Edward no apareciera, pero no podía esperar algo diferente de un hombre como él. Pero el miércoles ahí estuvo y lo primero que hizo fue disculparse por no ir el día anterior, a lo que le reste importancia pero ese detalle me hizo sentir especial ya antes de marcharse me volvió a invitar a salir y la respuesta fue la misma, el jueves fue lo mismo y volví a negarme y finalmente el viernes acepte ya que deseaba terminar con esta situación tanta insistencia de su parte solo me traería problemas. Más me prometí que seria la peor cena y con eso me aseguraría de que dejaría de buscarme.

El sábado había llegado y aunque sabia que esta noche cenaría con Edward no hice nada por resaltar mi aspecto y me vestí como lo hacia usualmente, no quería que pensara que lo hacia por él.

Salí de la cafetería cinco minutos tarde y cuando estuve en la calle me encontré a Edward que iba vestido de manera informal y hacia que muchas mujeres lo voltearan a ver y yo me sintiera más vulnerable.

— Pensé que tendría que entrar a buscarte

— Me alegro de que no lo hicieras. — abrió la puerta del Aston martí en el que había estado recargado. "Si que sabia como no llamar la atención" pensé con ironía. Entré con cuidado y fue agradable la calidez, pero me sentí nerviosa cuando comenzó a conducir y mas cuando se detuvo frente a uno de los restaurantes mas exclusivos de la cuidad.

—No creo que este utilizando la ropa adecuada— dije avergonzada mirando mi ropa.

— Estas perfecta—. Me ayudo a salir del auto y tomo mi mano acercándose a la entrada y yo me tense. Antes de que me diera cuenta atravesó la calle corriendo haciendo que varios conductores hicieran sonar sus claxon enfadados y yo en ese momento solo temí por mi bebé.

— ¿Estas bien? — me pregunto con una sonrisa y yo me solté de su mano molesta.

—¿Pretendías que nos mataran?— gruñí molesta

— Lo siento— se disculpo y volvió a tomar mi mano. — espero que no te importe que cenemos en este restaurante.

— En lo absoluto— dije más relajada ya que no me veía entrando al que estaba al otro lado de la calle.

— El otro es para los que quieren llamar la atención y yo pretendo que platiquemos y nos conozcamos mejor.

Abrió la puerta y me relaje al ver el ambiente cálido y el que parecía no importar la posición social, solo era un lugar que brindaba intimidad.

— ¿Bella?— Levante mi rostro y el sonrió al tener mi atención— no te importa esperar un momento.

— No, por supuesto que no— me ayudo a quitarme el abrigo y se entrego a una chica que sonrió y espero hasta llevarse su chaqueta.

Unos minutos después tomo una de mis manos y me guió hasta la mesa para dos que estaba cerca de una de las ventana, retiro la silla para que me sentara.

— Espero que te guste la comida italiana.

— Es una de mis favoritas.

— Aquí preparan la mejor de la ciudad.

— ¿Vienes a menudo?— pregunte imaginándome que no era la primera chica en traer a este lugar.

— Me gusta venir los fines de semana para olvidarme de la rutina, es un lugar tranquilo con comida deliciosa y lo mejor es que nadie te molesta.

— Cuando dices nadie te moleta ¿a quien te refieres?

— La prensa— respondió con simpleza y en ese momento recordé algunos artículos en unas revistas del corazón.

— Eres Edward Cullen, el famoso arquitecto— él asintió sonriendo pero no una sonrisa que le llegara a los ojos.

—El mismo. Aunque no me agrada ser el centro de atención, si no es por mi trabajo—. Me mordí la lengua ya que iba a mencionar que había leído sobre él, en el artículo sobre su boda o mejor dicho la que hubiera sido su boda pero que la novia lo había dejado por otro.

Sin poder evitarlo pensé en Jacob que siempre quería ser el centro de atención y que si había medios de comunicación él estaría presente. Lo había acompañado a un par de cenas pero nunca me presento como su novia, y yo estúpidamente siempre había creído que lo hacia como un modo de cuidarme pero la verdad es que el solo cuidaba que ella no se diera cuenta que la engañaba conmigo. Aun no podía creer que Edward no quisiera la atención, tal vez solo se trataba de una jugada para que yo pensara que él era diferente.

— ¿Puedo preguntar porque?—mi voz mostraba que era claro que no le creía lo de su desinterés por los medios.

— Noto una nota escepticismo en tu voz. Y no se porque.

—Simple, nunca había conocido a un hombre con tu posición que no quiera estar en los titulares de la prensa.

—No me interesa estar en las revistas para chicas, si hay publicidad sobre mi quiero que sea por mi trabajo. — Se encogió de hombros— hace algunos meses estuve en la mayoría de las revistas, el hecho de que mi ex- prometida cambiara de opinión fue una noticia que recorrió
el mundo.

—Leí algo sobre eso—. Dije llevándome la copa de agua a los labios, pero me arrepentí al ver su mirada y quise arreglar las cosas —: no es que acostumbre a leer esas revistas es solo que...

— No importa. ¿Te parece si ordenamos?— asentí sabiendo que él quería dar por finalizado el tema.

Con su ayuda pide elegir el platillo y cuando me ofreció el beber un poco de vino para acompañar nuestra comida tuve que declinar la invitación y beber solo agua mineral. Mientras esperábamos comenzamos a hablar de la exposición y poco a poco fui olvidando la idea que tenia de ser desagradable con él, podía que no hubiera querido asistir en un inicio, pero su compañía era muy agradable. Me comenzó a hablar de su trabajo y quede maravilladla por su pasión.

—Y hasta el momento es el proyecto mas ambicioso— sus ojos brillaron y de pronto se quedo serio— ¿Te estoy aburriendo?

—Para nada. Por tu manera de hablar es claro que amas tu trabajo. — corte un trocito de pan y me lo lleve a la boca.

— ¿Y tu no? — sus dedos rozaron mi mano y un estremecimiento recorrió de la zona que estaba tocando hasta la columna vertebral.

—Ahora tengo dos empleos. —retire mi mano de la suya, y evite que nuestras miradas se cruzaran, al tiempo que no pude evitar recordar el tiempo que disfrutaba con los niños que estaban a mi cargo. Pero todo eso era pasado y, ahora debía de tratar de concentrarme en el futuro. Me acomode en la silla—. Por las mañanas trabajo como secretaria temporal en una agencia y por las tardes en la cafetería.

— ¿Por qué dos empleos?

—Necesito el dinero. El trabajo como temporal no es tan malo…

— ¿Y el de la cafetería?—pregunto como si supiera que no me agradaba mucho.

—Es desgastante. — evite quejarme aunque lo deseaba.

— ¿Tu empleo como temporal cuando dices que termina?

—En ningún momento dije cuando terminaría. —enarque una ceja.

—Se que es una cena de amigos, pero quiero que sepas que estoy en la busca de una secretaria ya que Ángela se marchara en un par de semanas y aun no hay nadie que de el ancho para quedarse en su lugar.

— ¿Y quien te dice que yo puedo dar el ancho?

—Ve la próxima semana a una entrevista. Te aseguro que es un buen sueldo y tienes las mejores prestaciones.

—Pero tiene que haber algo malo o de lo contrario tu secretaria no se marcharía. —soltó una carcajada y no pude evitar sonreír al ver como se formaban unas arruguitas alrededor de sus ojos.

—Te aseguro que no soy un ogro como jefe. Si Ángela se marcha es porque se va a casar en un par de semanas y su esposo trabaja en otra ciudad. —Se inclino y me vio directamente a los ojos. — Piénsalo, no pierdes nada con presentarte.

— Gracias, pero es algo que debo de pensar muy bien.

—Le diré a Ángela que iras el martes… ¿a las 3 te va bien?

—Nunca aceptas un no. —en lugar de estar molesta estaba sonriendo.

—Si lo hiciera no estaría en donde estoy.

—Eres imposible—. Se encogió de hombros y me relaje completamente.

La cena llego en ese momento y mi estómago hizo un ruidito que esperaba no hubiera sido lo suficientemente fuerte para que él lo escuchara y al parecer no lo escucho o fingió no escucharlo. Mientras comíamos hablamos de las cosas que nos gustaban hacer y el tipo de películas, o música que escuchábamos, y me hizo reír con algunos de sus chistes.

Al final de la velada intente pagar pero el me arrebato el bolso y no me lo devolvió hasta que salimos del restaurante, cuando me propuso llevarme a casa me opuse y no me quedo mas remedio que subir a un taxi que me obligo a tomar ya que era mas seguro. Cuando llegue a mi pequeño departamento me deje caer sobre la cama y cubrí mi rostro con la almohada para intentar que el ruido de los vecinos no perturbara mi sueño.

Intente dormir pero me desperté antes del amanecer debido a que de nuevo estaba soñando con Jake; sabia que él no se merecía un solo de mis pensamientos ya que me había traicionado y no le había importado en convertirse en un asesino, mas agradecía que hubiera personas que aun tuvieran sentimientos y me hubieran ayudado, lo que me recordaba que no debía de confiar en Edward, él podía ser exactamente igual que Jacob y cuando consiguiera lo que deseaba me dejaría de lado, todos los hombres ricos eran iguales. Además ya no me podía fiar de nadie, no cuando Jacob me había traicionado envolviéndome en sus mentiras para después destrozarme, el me había demostrado que ningún hombre de su posición se fijaría en un chica de mi clase y ahora nadie lo haría ¿Quién querría hacerse cargo de un bebé que era de otro hombre?

El domingo fui a hacer las compras y arregle mi departamento. Aunque trate de dejar de lado a Edward, su propuesta de trabajo me rondaba constantemente, sabia que era maestra de profesión, pero durante un tiempo había trabajo de secretaria para pagar mis estudios lo que hacia que mi trabajo fuera mas fácil. Tenía mucho que pensar, en este momento no me podía arriesgar a cometer un error.

El lunes había tenido mucho trabajo en la oficina haciéndome llegar tarde a la cafetería ganándome un regaño de Tyler y que me mantuviera trabajando sin darme tiempo de comer más que media manzana y un poco de jugo. Su enfado aumento cuando yo comencé de nuevo con las nauseas, que hicieron que saliera un par de veces de la cafetería para evitar que mi estómago se siguiera revolviendo. Por la noche tuve que esperar ya que de nuevo Victoria no había llegado y fue aun peor cuando note que Edward había llegado, tome un menú y se lo entregue, pero lo dejo de lado.

— ¿Qué haces aun trabajando? —pregunto sin apartar su mirada.

—Mi compañera no ha llegado. ¿Quieres algo? —mire hacia donde estaba Tyler que no dejaba de mirarme.

—Luces agotada. —enarque una ceja y el entendió el mensaje— Un café estará bien.

Cuando llegue a la barra para tomar la cafetera, Tyler tomo mi mano con brusquedad y me recordó que el coquetear con los clientes no estaba permitido, di media vuelta para llevarle el café a Edward y alcance a escuchar que murmuraba lo lamentable que era que yo estuviera embarazada, lo que me dio asco; todos los hombres pensaban en sexo y nada mas.
Seguí tomando pedidos sintiendo la mirada de Edward y de Tyler que me vigilaba de que no hablara con Edward, mas me sentí mas tranquila cuando vi a Victoria llegar y comenzar a hacerse cargo de los clientes.

—Lo lamento Bella, será mejor que te vayas yo me hago cargo de todo. —asentí y me marche a cambiarme.

Cuando salí vi que Edward aun estaba en la cafetería con el móvil pegado en la oreja y solo le dije adiós con un movimiento de mano y al instante note como él se levantaba y salía de la cafetería.

—No olvides la entrevista. —me recordó al tiempo que guardaba su móvil.

—No aseguro nada.

—Te estaré esperando.

—Es muy poco ético que tú hagas la entrevista. —enarque una ceja.

—No la hare yo, pero espero que lo hagas lo mejor posible.

—Lo pensare. —Termine de abotonar mi abrigo y acomode mi bolso—. Será mejor que me vaya a casa, hoy estoy agotada.

—Yo tengo que regresar a la oficina. — me lanzo una mirada evaluadora y sin darme tiempo a nada tomo mi mano y comenzó a caminar.

— ¿Qué crees que haces? Tengo que irme a casa, estoy cansada— solo de detuvo porque el semáforo estaba en verde y no podíamos cruzar. —Me estas escuchando.

—Claramente. ¿Planeas irte a casa en trasporte público?

—Así lo hago siempre. —me encogí de hombros y me vi arrastrada al otro extremo de la calle.

—No tienes buen aspecto y, no estaré muy cómodo sin saber si llegaste bien.

—No puedes llevarme a casa, dijiste que tenías que volver a la oficina.

—Lamentablemente tengo un par de cosas que terminar, pero Emmett te llevara. — entramos en uno de los edificios que destacaban por su estructura; saludo al guardia de seguridad que me lanzo una mirada y después vio hacia otro lado.

— ¿Quién es Emmett?

—Es mi chofer y mi jefe de seguridad. — Me metió en el ascensor y bajamos hasta el sótano donde al salir estaba un volvo y un hombre alto, fuerte lo que lo hacia parecer intimidante, mas poseía un rostro de alguien mas joven y su mirada era como la de un niño. — No es necesario.

—No discutas. —dijo con seriedad y se giro al hombre que estaba esperado que subiera al auto. — La señorita te dará la dirección, asegúrate de que entre a su casa. —El hombre asintió y fue a tomar su lugar detrás del volante. Edward por su parte me ayudo a subir.

—Nos vemos mañana. Descansa. —me dio un beso en la frente y cerro la puerta, de inmediato el auto comenzó a avanzar, me gire y vi a Edward permanecer en su sitio mirando el auto alejarse y después entrar de nuevo al edificio.

— ¿A dónde la llevo? — mire al hombre que me veía por el retrovisor.

—Hay una parada de bus a dos cuadras, ahí estará bien.

—El Sr. Cullen fue muy especifico de que la llevara a su casa y es ahí donde la llevare.

—No me gusta que tomen decisiones por mi, en ningún momento me pregunto su estaba de acuerdo—apreté mi bolso—quiero bajarme.

—Señorita, el…

—Me importa un bledo lo que Edward Cullen le dijo. Quiero bajarme ¡Ahora! — sus ojos mostraron sorpresa al mismo tiempo que diversión.

—Hace mucho tiempo que no veía a Edward preocupado por el bienestar de una mujer. Parece que se había olvidado del sexo femenino.

—Emmett ¿cierto? —asintió. — No me siento cómoda, prefiero viajar en transporte público.

—Pero es incomodo e inseguro.

—Eso no es verdad— enarco una ceja— Esta bien, tienes razón.

—Dígame la dirección. —insistió y aunque me mordí la lengua finalmente se la di. Al principio fue en completo silencio, uno que termino por romper él.

— ¿Hace cuanto que conoce a Edward? —me sonroje al recordar que tenia apenas un par de semanas. —Por el sonrojo de sus mejillas deduzco que es muy poco el tiempo. No la estoy juzgando Señorita…

—Isabella Swan. — me presente y el sonrió.

— Es solo que ahora que la veo creo saber que usted es la responsable del pequeño cambio que ha tenido Edward. Es un buen hombre, pero la prensa lo hace parecer un Casanova.

— ¿Y no es así? Me da la impresión que lo es.

—Lo han relacionado con muchas mujeres, pero la verdad es que desde lo de Tanya no ha tenido ninguna relación, salía a cenar con amigas pero nada serio; se ha mantenido fuera del ojo publico. —giro a la izquierda y note que entrabamos al barrio en que vivía, la inseguridad era palpable.

—Te dijo que me contaras esto para…

—No me pidió nada y me despediría si se entera que lo he hecho. Es muy celoso con su privacidad.

— ¿Entonces porque me lo estas contando?

—Veo tu desconfianza y un gran interés por su parte. ¿Crees que me hace llevar a sus citas? —asentí sin un atisbo de vergüenza y el chasqueo la lengua— No se si te dijo que no solo soy su chofer también soy el jefe de seguridad y solo yo me encargo de lo que es valioso para él, su familia y el mismo.

—Tuve una mala experiencia con un hombre de su posición, por un momento me olvide de que éramos completamente diferentes. Como te darás cuenta no soy una chica rica, ni heredera, solo soy una chica normal; y se que los hombres como Edward solo buscan una cosa: una aventura.

—No todos son iguales, yo llevo años trabajando para él y te diré que cuando estuvo con Tanya el no miraba a otra mujer, aunque tuvo miles de oportunidades, pero el siempre le fue fiel.

— ¿Es tan necesario que él tenga un grupo de hombres protegiéndolo?

—Como tú lo dijiste hace un momento, él tiene una posición privilegiada, por lo tanto es más susceptible a un ataque por lo que siempre debe de haber alguien protegiéndolo. Apuesto a que sabes que es uno de los arquitectos de mayor renombre, su padre y él crearon la constructora EC Cullen Comapany. Por su éxito también reciben amenazas constantes y una vez ya hubo un incidente con Carlisle: su padre, lo que hizo que toda la familia reforzara su seguridad. Aunque debo de decir que yo protejo al que suele escabullirse más constantemente, él ama su privacidad y lo que se dice en las revistas de él en su mayoría solo son mentiras. Date una oportunidad y conócelo.

—Es difícil confiar en alguien como él, por unos pierden todos. —le indique el edificio y se detuvo frente a el.

—Pero no es justo juzgar a todos por los errores de uno solo. A Edward no le hará gracia el lugar donde vive, es muy inseguro para una mujer como usted. —saque mi juego de llaves y lo mire de manera altiva.

—Yo decido donde vivir y Edward no tiene porque opinar y le agradecería que no se lo dijera, suficiente tengo ya con su insistencia.

—Tiene carácter, es una mujer real. —sonrió complacido y no estaba enfadado como lo esperaba.

—Gracias por traerme Emmett y dile a tu jefe que no iré a la entrevista. —enarco una ceja pero asintió.

El deje de seguridad de Edward no se marcho hasta que yo estuve dentro. Al llegar fui directamente a la ducha y me prepare un par de emparedados que disfrute tras cada mordida. Sabia que había sido una estupidez el rechazar su oferta, pero lo único que estaba segura era que debía de alejarme de Edward y todos los hombres como él; Emmett había hablado maravillas de Edward pero era lógico siendo su jefe. No podía cometer el mismo error; yo había confiado plenamente en Jacob y me había engañado y humillado, no podría soportarlo de nuevo.

Esa noche como las anteriores soñé con el hombre que pretendía olvidar, mis mejillas estaban húmedas, aun me negaba a creer que aquel hombre tierno, romántico que tenia hermosos detalles conmigo solo hubiera jugado conmigo y que hubiera pretendido que hiciera algo de lo que jamás me hubiera perdonado.

Me aliste como cada mañana y salí al frio de la calle rumbo a la oficina donde me esperaban muchos papeles por archivas y fotocopiar, pero sin duda lo mas difícil seria estar en la cafetería donde muchos aromas me causaban nauseas y por tanto regaños de mi jefe que no era mas que un ser asqueroso que acostumbraba a mirar a la mujeres descaradamente, recorriendo su cuerpo de manera lasciva y que a mi en mas de una ocasión me había dado ganas de abofetearlo, pero me había tenido que contener y no estaba segura de cuanto tiempo mas podría soportar.

Al llegar a la oficina mi escritorio ya tenia varias columnas de papeles que esperaban ser archivados, había notas de documentos que debía de buscar y entregar, lo que me dio una mañana muy ocupada y apenas me dio tiempo de almorzar y milagrosamente llegue a la cafetería a tiempo. Me cambie en tiempo record y estaba pasando la primera orden a cocina cuando Tyler me indico que quería hablar conmigo en su diminuta oficina.

— ¿Qué sucede? ¿Hice algo mal?

—Sabes que esta prohibido coquetear con los clientes.

—Si hablas de lo de anoche, conozco a ese hombre y solo estaba siendo amable. —él se acomodo en su silla y su mirada me recorrió haciéndome sentir desnuda.

—Conozco a las mujeres como tu, terminan embarazadas y como el padre no se hace responsable quieren que sea otro el que lo haga.

—Yo no soy así y, no tienes ningún derecho a juzgarme. — apreté el pequeño delantal y lo mire con furia.

—Yo podría darte lo que quieres a cambio de…

—Cerdo, estúpido—le grite arrojando lo primero que encontré, se levanto y lo vi acercarse a mí, salí al pequeño corredor. —renuncio, no trabajare para un imbécil.

Otra de la chicas que presencio la escena se marcho ante el gruñido de Tyler. Yo me cambie rápidamente y salí ante la mirada de los que habían sido mis compañeros de trabajo.

Al salir a la calle respire con tranquilidad y me di cuenta de que había perdido mi trabajo y el viernes seria el ultimo día como temporal, que me daba a la tarea de buscar uno nuevo y rápido. Camine por unos minutos y tragándome mis palabras regrese sobre mis pasos y entre en las oficinas de EC Cullen, solo esperaba que aun pudiera hacer la entrevista. Alise mi falda y camine con paso firme hasta recepción donde una chica con una sonrisa me pidió esperar.

— ¿Isabella? —me gire y vi a Emmett que se acerco con una sonrisa— ¿Cambiaste de opinión? —asentí avergonzada. — Es de sabios hacerlo.

—Señorita—escuche a la recepcionista y antes de que yo dijera algo, Emmett le informo que iba a una entrevista con Ángela y que el me acompañaría.
Llegamos a la planta superior donde solo había una chica que atendía una llamada y sonrió al vernos.

—Es Isabella— me presento Emmett.

—Edward dijo que no vendrías. Pero me alegro de que estés aquí. — despidió a Emmett y me llevo a una salita. — ¿Quieres agua?

—Si por favor— mire la salita finamente decorada y la manera en que Ángela se movía con libertad y completa soltura.

—Esta mañana Edward me dijo que no vendrías y parecía algo decepcionado, pero lo importante esa que cambiaste de opinión. — se sentó frente a mi y abrió un cuaderno. — Comencemos.

Respire hondo y me prepare para contestar las preguntas e intentar conseguir el trabajo; aunque eso implicara ver diariamente a Edward.

Gracias por seguir leyendo mis locuras y siento los horrores de ortografía, pero como es evidente este capítulo no pasó por manos de mi beta.

2 comentarios:

  1. Me encanta poder leerme este fic, no lo habia terminadoo...
    Escribes geniallll XD

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    1. Que bueno que te guste AnnMarie, esa es mi única paga. Saludos!

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