Dolorosa traición: Capítulo 5



Instinto de protección

Emmett detuvo el auto en la entrada de uno de los hoteles más caros de la ciudad. Edward acarició el dorso de mi mano como si supiera lo nerviosa que me encontraba, me ayudó a bajar y me guió hasta uno de los salones, donde apenas entrar la mayoría de las miradas se pusieron en nosotros.


Ángela llegó envuelta en un hermoso vestido perla.

—Luces Hermosa.

—No mas que tu. — le aseguré dándole un abrazo.

— ¿De verdad tienen que viajar mañana? —volvió a preguntar haciendo un mohín, esperando que los planes se hubieran cancelado u pudieras quedarnos a su boda.

—Negocios Angie, pero vinimos a la cena de ensayo y ya cuenta de algo. —le dijo sin dejar de sonreír.

—Mis padres quieren saludarte. — Le indico a Edward y después se giro a mí— y también te quieren conocer, les he hablado tanto de ti.

— ¿A mí?

—A quien más tonta, quieren conocer a la magnífica mujer que será mi remplazo.

Unos instantes después conocí a sus padres, a sus amigas que serían sus damas de honor y algunos de sus familiares que estaban ahí reunidos, todos eran muy amables y carismáticos como la misma Ángela. Y de Ben solo podía decir que era magnífico y que se notaba a simple vista lo mucho que adoraba a su futura esposa. Cuando hablamos con él se mostro tan atento y simpático como el par de veces que lo había visto en la oficina, mas lo que no esperábamos era que Edward entre sus felicitación también incluyera una clara advertencia sobre el hacer enojar a Ángela, ya que podía ser una chica de cuidado.

—Gracias por la advertencia, pero ya llega un poco tarde; ya he sido víctima de su temperamento. —dijo sin borrar su resplandeciente sonrisa.

Edward fue a saludar a algunos conocidos, yo me excuse para ir al tocador, pero la realidad era que no quería interferir en sus amistades y que se viera obligado a cuidar de mí durante la velada y no poder disfrutar bailando con alguien más. Me mantuve alejada mirando como el rápidamente se acoplaba a un grupo y parecía robar la atención; mientras que yo me sentía completamente fuera de lugar, sentía claramente como no encajaba y mi pecho se comenzó a oprimir cuando noté las miradas que estaban posadas en él, las mujeres mayores solo le dedicaban unos minutos de su atención, mientras que las mas jóvenes trataban de hacerse notar y cuando lo lograban él solo les mostraba una resplandeciente sonrisa.

— ¿Parece que no te diviertes? — me gire para ver al dueño de la voz, y fue un hombre que no debía de rebasar los 27 y que era obvio que ya tenía unas copas de más y me veía de una manera no muy agradable: estaba incomoda.

—Estoy bien, gracias. —dije fríamente pero sin dejar de ser cortes, antes que nada no debía de olvidar que era un invitado de Ángela y era su fiesta.

—Ayúdame a entender como una Hermosa chica puede estar sola. —acarició mi mejilla y yo di un salto hacia atrás haciéndolo reír ante mi reacción—No muerdo… a menos que así lo quieras.

—Solo me gustaría que se alejara. —pedí dando un par de pasos hacia atrás y chocando con algo sólido que me rodeó la cintura con un brazo.

—Joseph, ve a molestar a alguien más, pero a ella déjala tranquila o hare que te echen. — el hombre hizo una mueca, nos dio la espalda y se marcho. —Discúlpalo, se pone pesado cuando bebe. —mire a Ben que estaba muy avergonzado.

—No pasa nada, creo que no hay un borracho al que se pueda soportar, algunos ríen, otros lloran y más de uno le da por cantar. —le dije tratando de aligerar el momento y al parecer funcionó.

—No conforme con quitarme a mi secretaria ahora me quieres quitar al remplazo. —soltó una carcajada y quitó la mano que rodeaba mi cintura y las levanto sobre su cabeza a modo de rendición.

—Solo la salve de un pariente que la estaba incomodando.

—Gracias Ben. —dije sinceramente mirando a Ángela que se abría paso entre la multitud. —Parece que te buscan.

—Que puedo decir… no vive sin mí. —Ángela rodo los ojos y le dio un golpe levantando una serie de risas de los que habían presenciado la escena. —Aun no estamos casados y ya soy maltratado. — antes de que Ángela protestara la cayo con un beso.

—Esperen a su noche de bodas. —dijo Edward divertido viendo el sonrojo de ambos.

Se disculparon y se marcharon dejándonos solos.

—Las mujeres en tu estado no deben de beber. —antes de que pudiera protestar me había quitado la copa y se la había llevado a los labios. — ¿Ponche?

— ¿Que esperabas? —recuperé mi copa y evite mirarlo, aun no entendía porque había hecho eso, había sido un gesto un poco intimo ya que se había preocupado por mi y hacia tanto que alguien no lo hacía de verdad.

—Solo quería asegurarme. —me guiño un ojo.

Por unos minutos nos quedamos en silencio y sin movernos, solo miramos a las personas que se movían de un extremo al otro del salón, pase el peso de mi cuerpo a un solo pie; el estar junto con Edward hacia que las miradas estuvieran dirigidas hacia nosotros, algunas me lanzaban miradas asesinas, pero cuando miraban a Edward eran miradas seductoras y el apenas las miraba, a lo mucho les dedicaba una leve sonrisa que se veía forzada.

— ¡Edward! —una mujer rubia de buen cuerpo y con un vestido que apenas cubría lo necesario, lo había abrazado haciéndome a un lado de un empujón, le estaba coqueteando descaradamente mientras él se notaba incomodo. — ¿Vienes solo?

—No. —tomó mi cintura logrando que una descarga recorriera mi cuerpo. —Vengo con Isabella.

—Un placer. —dijo recorriéndome con la Mirada descaradamente, tomo aire y volvió toda su atención a él como si yo no estuviera. —Pensé que podríamos disfrutar de nuestra compañía y recordar…

— ¿Recordar? —la interrumpió Edward quien no le importa sonar grosero. —Nos conocimos en un baile, coincidimos en unos mas y se acabo la historia. —la mujer se sonrojo. — Si nos disculpas, a mi hermosa acompañante le apetece bailar.

Me llevo a la pista ante la mirada de desconcierto de la rubia que se perdió entre las personas, sin duda había herido su orgullo y a Edward parecía no importarle en lo absoluto.

—No sé bailar. —dije recordando uno de los últimos bailes en los que había asistido con Jacob y este me dijo de manera fría que no le pidiera bailar ya que no era para nada Buena y solo levantaría las miradas de los demás por ser…ligeramente torpe.

—Lo harás bien. El secreto es quien te guía. Deja que me preocupe yo. —me costó un poco confiar, pero cuando lo hice note que el tenia razón, con él guiándome resultaba más sencillo y parecía como si flotara.

El resto de la velada no se aparto de mí, bailamos y me presentó ante algunos de sus conocidos, pero el detalle más lindo fue que no permitió que nadie me hiciera sentir incomoda.

Nos despedimos de los novios deseándoles lo mejor y que de verdad lamentábamos el no poder estar al día siguiente como nos gustaría.

Ya en el auto recordé que pasaría la noche en el departamento de Edward y eso me llevo a preguntarme ¿Algunas vez Ángela pasaría la noche ahí? ¿Qué pensaría Ben al respecto? Sabía que era una tontería pensar en eso pero es que era extraña la manera en la que se comportaba conmigo ¿Dónde se había visto a un jefe tan preocupado por una de sus empleadas? Dejé de pensar en eso cuando el auto se detuvo y antes de bajar Edward le recordó a Emmett que debía de estar por nosotros a las cinco, el asintió y se marchó en cuanto estuvimos en el edificio que era vigilado por varios de sus hombres.

Edward me llevo a mi habitación y antes de dejarme, tomó mi mano obligándome a verlo y sintiendo ese extraño pero placentero cosquilleo que iba de mi mano al resto de mi cuerpo.

—Gracias por acompañarme.

—Prácticamente me secuestraste. —le recordé con una sonrisa y solo se encogió de hombros. — La pasé muy bien, lo único malo de todo esto es que tú pagaras…

—Es lo que menos importa, además luces preciosa y esa es la mejor paga. —acarició mi mejilla y una alarma se activo en mi interior, había atracción y el que dejara que fluyera solo me traería problemas.

—Es tarde deberíamos dormir—Asintió inclinándose y di un paso atrás evitando su contacto. —Buenas noches Edward. — cerré la puerta y, me quedé apoyada en la puerta. Cerré los ojos y me pareció ver a Jake después de una de nuestras citas.

Fue una noche grandiosa. —murmuré acariciando mi mentón para después seguir con mi labio; un temblor sacudió mi cuerpo.

Yo también la pasé muy bien. —asintió hasta dejar sus labios apoyados en los míos, los entreabrió con suavidad y sus manos envolvieron mi cintura.

— ¡Basta!—me dije molesta, era una estupidez que siguiera pensando en él, debía de recordar que solo había jugado conmigo, aunque lo intentaba su recuerdo aun me perseguía y parecía que entre más intentaba olvidarlo más se aferraba. Era una estúpida por no poder dejar de amarlo.

Limpié mis mejillas con brusquedad y busqué mi pijama en la valija que aun estaba donde la había dejado, entre en el baño para desmaquillarme y quitarme el vestido que Edward había comprado. Solo era un recordatorio de que él solo me veía como un objeto y no como una mujer.

Esa noche fue muy larga, cada que cerraba los ojos recordaba a Jacob y como había aparentado ser otra persona, todo para conseguir que me acostara con él y finalmente sacarme de su vida.

Mi corazón comenzó a latir rápidamente y me sentía de nuevo atrapada.
Estaba de nuevo en la habitación blanca y la mujer que revisaba que la solución continuara pasando, después desparecía y cuando regresaba no lo hacía sola, junto a ella estaba un hombre de bata blanca. El pánico me invadió al reconocer aquel lugar, era ese horrible hospital.

Por favor—rogué removiéndome intentando que el hombre que acaba de entrar me dejara marchar. —No lo haga yo lo quiero. —lleve las manos a mi vientre.

Bella—oí mi nombre y como el hombre se inclinaba y tocaba mi mejilla.

Suéltame. — grité abriendo los ojos e incorporándome agitada y pegando mi espalda a la cabecera.

—Tranquila Bella. Soy yo. — miré a Edward que acerco sus manos hasta dejarlas en mis brazos y yo comencé a sollozar.

—Lo siento. —me disculpé levantándome de prisa para poder escaparme al baño y evitar la humillación.

Pero no alcance a dar más de tres pasos cuando me envolvió en sus brazos y al sentir la calidad de su abrazo me rompí y me eché a llorar apoyada en su pecho.

— ¿Qué sucede? —preguntó en mi oído, yo negué intentando separarme más, él dudó unos segundos y finalmente me lo permitió.

—Un mal sueño. Lamento si te desperté.

—Ya casi es hora de alistarnos. — dijo restándole importancia pero aun me sentía avergonzada.

—Edward, yo…— negó lentamente

—Me lo dirás cuando estés lista para hacerlo; yo solo quiero que sepas que nadie te lastimará y mucho menos a tu bebé. —abrí los ojos con sorpresa ante sus palabras. —Yo cuidare de ambos.

Antes de que pudiera decir algo, él había salido. Por una parte sentí alivio al saber que de verdad él nos cuidaría, porque hasta el momento había cumplido sus promesas… pero también recordé las promesas de Jacob, unas que había roto, había prometido cuidarme y al contrario me había lastimado y lo peor…

—Solo seremos tú y yo. —le dije a mi bebé, después me levante para alistarme.

Durante el viaje a New Jersey me había hecho conocerlo un poco más, me había llevado a la construcción para que viera su trabajo en directo; antes de entrar me colocó un casco y al notar mi indecisión me tomo del brazo y me llevo con él. Cuando se había acercado a una de las orillas, yo me había mantenido alejada ya que estábamos en una de las plantas más altas y ver hacia abajo me causaba vértigo, aunque estaba dando indicaciones en ningún momento dejo de cuidarme, constantemente me miraba para asegurarse que seguía ahí y yo solo sonreía para indicarle que todo estaba bien.

Había tomado notas en el par de reuniones que había tenido. Me cautivó mas al ver su determinación y como no dejaba que hombres mayores trataran de hacer su trabajo inferior a los de ellos, él tenía experiencia y lo demostraba con cada palabra y defendiendo sus propuestas de manera concreta y de manera que nadie pudiera decir que estaban mal.

Cuando finalmente habíamos dejado la construcción para volver al hotel y cenar, habíamos hablado del trabajo y de boda de Ángela quien a esa hora ya estaría disfrutando de su fiesta, lo que agradecía es que no tocara el tema del sueño.

El lunes llegue antes que cualquiera a la empresa y me sorprendí de ya encontrar a Edward que me saludo amablemente y me dejo una lista enorme de las cosas de las que me debía de ocupar durante la mañana. Mi trabajo había comenzado y tenía que demostrarle que era tan buena como Ángela había sido.

Durante la primera semana la mayoría de los días había salido un poco más tarde que los demás, aunque se había ofrecido a llevarme me había negado, recibiendo una mirada reprobatoria por parte de Emmett al que ya consideraba un amigo. Ese fin de semana me relaje ya que Edward viajó al cumpleaños de su sobrina con la que lo había escuchado hablar un par de veces durante la semana, cada vez que lo hacia sus ojos brillaban y una hermosa sonrisa adornaba su rostro. El jueves me había hecho salir con él porque necesitaba mi ayuda, y sonreía al darme cuenta de que se trataba, me había hecho acompañarlo a una juguetería para elegir el regalo de la festejada y otro para su hermano. Sin duda sería un gran padre cuando la oportunidad se le presentara.

Deje esos recuerdos de lado y fui a mi cita con la ginecóloga de la pequeña clínica que había cerca; no pude evitar que las lagrimas saltaran al escuchar el hermoso sonido del corazón de mi bebé; porque solo era mío.

El domingo hice limpieza de mi pequeño departamento y después fui al mercadillo más cercano, ahí conseguía las frutas y verduras más frescas y a un precio razonable; lo único que no había tomado en cuenta fue el regreso con las bolsas lo que me dejo exhausta.

El lunes Edward parecía muy relajado y cuando fui a su oficina a dejarle el café hablamos un poco y me contó a grandes rasgos como había estado su fin de semana y cuando preguntó por el mío me limite a decir que bien, que había logrado hacer todo lo que deseaba.

La carga de trabajo se estaba multiplicando, para el jueves llegue a mi casa arrastrando los pies, me di una ducha y cene un emparedado para después irme a la cama y descansar mis piernas. El viernes después de la comida había tenido que entrar a la oficina de Edward por un número de teléfono y me quede observando las imágenes que aparecían en el monitor, era la fiesta familiar: él con una mujer de ojos color caramelo que sonreía mientras él la abrazaba, la siguiente con una mujer de cabello corto alborotado que lo abrazaba y el parecía querer huir, la siguiente lo mostraba con la misma mujer pero él besando su mejilla, la siguiente fue de una hermosa niña prendada a su cuello y besando su mejilla y otra con un pequeño sobre sus hombros.

—Son unos demonios—solté la pluma al oír su voz.

—Pero encantadores. —murmure avergonzada inclinándome a levantar la pluma.

—Tienes razón. —se sentó en su silla las miro por unos segundos con una sonrisa bailando en sus labios para después mirarme. —me comunicas con Leo de la obra en Houston.

—Ahora mismo. —Salí dejándolo solo y lista para continuar con mi trabajo.

El sábado después de salir me había invitado a cenar ya que había salido más tarde cuando se suponía que era al medio día, le agradecí la invitación pero me negué mintiendo que ya tenía planes y que no podía cancelarlos. Me había prometido mantener las distancias y no salir más con él, solo a menos que fuera estrictamente necesario y con eso me refería a cosas de trabajo.

Cuando llegué a mi departamento el vecino tenia la música bastante alta lo que me aseguró que no dormiría muy bien, tenía que soportarlo ya que había escuchado que podía ser algo violento y no quería arriesgarnos.

No supe cuando me quede dormida, pero si fui consciente del sonido de mi móvil, estiré la mano y lancé un chillido al ver que apenas serian las siete y lo peor… ¡era domingo!

— ¿Diga?

— ¿La fiesta estuvo en grande? —me desperté por completo al reconocer la voz de Edward.

— ¿Sucede algo?

—Lo siento de verdad Bella, pero te necesito en la oficina en media hora. —me deje caer de nuevo sobre la cama y quise maldecir. — Emmett ya fue por ti.

—No tardaré.

—Nos vemos.

Cuando llegué lo encontré buscando entre archivos y la agenda, lo ayudé y rápidamente logramos enviar todas las especificaciones para un nuevo proyecto que aseguraba sería una fortuna si se lo daban. Desayunamos juntos en un restaurante cerca del lago Michigan, no dejó de disculparse por hacerme trabajar en domingo, pero le recordé que era lo malo de ser su secretaria y asistente personal, mas no estaba preparada para sus preguntas.

— ¿Cómo va tu embarazo? —preguntó señalando mi vientre que había comenzado a abultarse.

—Va bien, aunque pronto no entraré en mi ropa. —dije con simpleza.

— ¿Has ido al médico? —Enarqué una ceja—mi hermana decía que ir a revisiones era muy importante.

—Lo es. La semana pasada fui a mi cita y todo marcha bien—sonreía al recordar el latido del bebé.

—lo noto por tu enorme sonrisa. —apretó mi mano y no quise apartarla, las suyas eran cálidas. —Puedo saber porque estás sola en esto y no junta al…

—Este bebé es solo mío. —aparté la mano y lo había dicho en un tono frío.

—Lo siento no quise meterme donde no debía. Solo que es inaceptable. —me miró intensamente. —Conmigo estás bien, ¿Me crees?

—Si—mentí después de unos minutos.

—Puedes hacerlo Bella, conmigo están seguros. — su voz era sincera y algo en mi interior me dijo que debía de creerle y lo hice aunque una parte de mi me decía que era un nuevo error.

Esta vez ignoró mis protestas y me llevo hasta mi departamento, a penas entrar al barrio se tenso y no dejaba de mirar a ambos lados tensando la mandíbula.

—Llegamos. —anuncio Emmett.

— ¿Es una broma? — me tomó de la mano evitando que saliera.

—Aquí vivo. No tiene nada de malo.

— ¿Qué no tiene nada de malo? Es uno de los barrios más peligrosos de la ciudad. —gruño.

—Puedo cuidarme sola. — aparté mi mano y salí del auto. —Nos vemos mañana.

Entré en el edificio solo para ver que se marchaba, me cambie de ropa y fui a hacer las compras y cuando regrese me encargué de poner en orden el departamento y antes de comer me fui un rato a la cama con la intención de tomar una pequeña siesta que se alargo más de la cuenta y solo desperté al escuchar que alguien tocaba la puerta desesperadamente me di cuenta de que ya estaba oscureciendo. Me tomo unos segundos ir hasta la puerta que parecía la echarían abajo si no abría, me asomo por la mirilla y ahogue un grito al ver a Edward.

—Bella— llamo nuevamente golpeando la puerta, quite los cerrojos y abrí. —Pensé que tendría que tirar la puerta.

—No te falto mucho. — Dije con sarcasmo— ¿Qué haces aquí?

—Desde que te dejé esta mañana supe que debía de hacer algo, no puedes seguir aquí.

—Yo…

—Te dije que cuidaría de ti y es lo que pretendo. —entró mirando el pequeño lugar y soltó un resoplido, cerró la puerta y me tomo por los hombros. —Recoge tus cosas.

— ¿Qué pretendes? —me aparte de él.

—Me preocupa tu seguridad.

—Yo…

—No seas cabezota, lo hago por ti y por tu bebé. —me dijo con dulzura tomando mi cintura. —Este no es un buen sitio para ustedes.

—Edward…

—Toma lo necesario, mañana Emmett te acompañará a venir por el resto. Ya pague por la interrupción de contrato.

— ¿Y donde pretendes que viva? —pregunte molesta, es que no se daba cuenta que yo no tenía las posibilidades que el tenia.

—Conmigo. —dijo con simpleza haciéndome quedar muda.
 ...


Gracias por seguir leyendo mis locuras y siento los horrores de ortografía, pero como es evidente este capítulo no pasó por manos de mi beta.

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