Dolorosa traición: Capítulo 6



 Confiando

— ¿Contigo? No lo haré. — me alejé de él.

— No en mi casa— se llevó una mano al cabello— en uno de los departamentos de la constructora

—No puedo hacerlo. Yo...


— Se que vas a decir que tu eres capaz de cuidarte y lo sé, pero este no es el momento para ser terca y no ver que no solo eres tú; debes de pensar en tu bebé y yo lo único que te ofrezco es una gran oportunidad—acarició mi mejilla y yo cerré los ojos ante su tacto— lo hago por ambos. ¿Empacas tú o lo hago yo?

— Aun no he aceptado, además es muy poco caballeroso que quieras empacar mis cosas— me cruce de brazos y el sonrió.

Nuestro duelo de miradas duró solo unos segundos y finalmente gire sobre mis talones y fui hasta mi habitación seguida por Edward.
Intenté hacerlo cambiar de opinión, pero fui inútil, era como si le hablara a una piedra. Terminé guardando mi ropa. Tomó ambas valijas que había hecho y cuando vio que iba a protestar tomó mi bolso y me lo dio.

—Tú lleva eso y deja que yo me encargue del resto. Mañana Emmett vendrá contigo para que saques lo demás y lo lleves al departamento.

—Edward...

— ¿Te gustan las hamburguesas?—asentí— te llevaré a que pruebes las mejores de la ciudad.

Me llevó a un pequeño restaurante donde me había asegurado preparaban las mejores hamburguesas y ensaladas, y era verdad. No pude dejar de saborear cada bocado y lo que más disfrute fueron las papas de las cuales robe algunas de Edward y agradecí que no se diera cuenta y si lo hizo no me dijo nada, al final me sentí algo avergonzada ya que yo había devorado mi comida como si tuviera mucho tiempo sin comer; me disculpé y el fingió saber de que hablaba lo que me hizo sentir mejor.

El camino al departamento solo hablamos por unos minutos ya que su teléfono comenzó a timbrar y no tuvo más opción que atender la llamada, mientras yo me perdía viendo las luces que se iban encendiendo ya que estaba oscureciendo y lentamente me quede dormida.

Un aroma familiar pero muy agradable me hizo relajar y pegué más el rostro a la fuente que era dura.

—Creo que te aprovechas de ella, la haces trabajar de más.

— He intentado de que no sea tan pesado pero sabes que últimamente hay mucho trabajo. —Abrí los ojos de golpe al reconocer la voz de Edward. Levanté la mirada para encontrarme con la de él— despertaste Bella durmiente.

—Yo... Bájame por favor— me removí totalmente ruborizada y mi vergüenza aumentó cuando vi a Emmett sonreírme...

Me dejó en el suelo pero me mantuvo sujeta de la cintura y me empujó dentro del departamento, al encender la luz me quede sin habla, era varias veces más grande del que había estado viviendo, los ventanales me permitían una hermosa vista.

—Es demasiado— dije mirando a los ojos, me miro unos segundos y luego apartó la mirada hacia Emmett y le indicó que se irían en unos minutos, se despidió y se marcho dejándonos solos, provocando mi nerviosismo.

—Aquí estarán mejor. — Tomo mis manos con suavidad—. Te dije que yo cuidaría de ambos y es lo que hago.

— No sé cómo como podré pagarte...— negó para silenciarme.

—Sigue trabajando como hasta ahora y deja de quejarte cuando intente hacer algo por ustedes— sonrió y me empujó para mostrarme el departamento, entrar en cada habitación me hacía sentir como en un sueño.

—Esto es demasiado, no puedo— repetí nuevamente, pero él me ignoró como lo había hecho antes. — ¡Edward! — le grité y al instante cubrí mi boca con mis manos.

— Te recomiendo que te des un baño para relajarte y después te metas a la cama. Debes de dormir bien.

— ¿Te preocupa que no rinda en mi trabajo?— contraataqué enarcando una ceja, dio un paso y luego otro hasta quedar frente a mí.

—Podría mentir diciendo que si— levantó mi barbilla y acarició con su pulgar debajo de mi labio, lo que mando una señal de alerta mas no pude alejarme. Se inclinó un poco y su aliento choco contra el mío. — pero la realidad es que ahora solo quiero asegurarme de que ambos estén bien.

— Deja de hablar en plural— dije en el mismo tono suave y bajo que el estaba empleando.

— Ahora son dos— tocó mi vientre y besó mi nariz, un acto que tomó absolutamente por sorpresa y que al parecer el también notó que había estado fuera de lugar porque se apartó y dio media vuelta y antes de que pudiera decir algo se despidió con un seco "Buenas noches" y salió dejándome sola en este nuevo departamento.

A la mañana siguiente me desperté como lo hacía habitualmente y fue en ese momento que caí en cuenta que no sabía en qué lugar estaba y no sabía que tan lejos me quedaba la oficina y lo peor de todo era que no sabía que transporte utilizar, y no podía ir en taxi todos los días, era un lujo que no podía permitirme, pero hoy no me quedaba otra alternativa.

Tomé el ascensor y al llegar a la primera planta ahí estaba un hombre que al solo verme se me acercó y se presentó como Daniel que era el portero del edificio. Le pedí que me pidiera un taxi pero me aseguró que no era necesario ya que Emmett ya me estaba esperando, abrió la
puerta del auto apenas me vio y temí que Edward estuviera dentro pero agradecí que estuviera vacío y eso me tranquilizó un poco.

— Parece que Edward te conoce mejor de lo que creíamos— me dijo ya con el auto en marcha y mirándome por el retrovisor, sonrió al notar mi desconcierto.— dijo que apostaba que saldrías temprano ya que no sabías que tan lejos estaba de la empresa, así que me envió por ti.

— Ayer olvidé preguntar la distancia y no quiero llegar tarde.

— Está extremadamente lejos, así que Ponte cómoda— abrí los ojos y mire mi reloj solo para comprobar que tenía una hora para llegar, y él soltó una carcajada. — Era broma, está muy cerca a solo diez minutos.

Miré el camino y me fijé en los transportes que pasaban cerca y que serían los que utilizaría. Se detuvo denté al edificio y me baje del acto antes de que el abriera la puerta. Al entrar saludé al guardia de seguridad que me sonrió y llamó al ascensor que abrió sus puertas.

Al llegar al piso, los nervios regresaron, pero sabía que lo que había pasado la noche anterior era solo un error y debía olvidarlo, tenía que concentrarme en el trabajo.

— Buenos días Bella. ¿Dormiste bien?— preguntó saliendo de su oficina.

— Bueno días, mejor que bien ¿y tú?— pregunté dejando mis cosas en mi escritorio y encendiendo la computadora y revisando la agenda para ver los eventos del día.

— He tenido mejores noches— lo miré enarcando una ceja y me imaginé que su aspecto cansado era por haber pasado una noche muy activa al lado de alguna escultural mujer. Me miré el vientre para recordarme que yo no entraba en ese grupo, pero me sentí molesta por permitirme siquiera pensar que él podía verme de manera diferente.

— Si sigues presionando ese bolígrafo con tanta fuerza terminarás rompiéndolo. No sé qué te hizo enojar pero ahora sé porque Jasper le temía a mi hermana se molestaba y ella estaba embarazada. —se burló y yo me sentí aun más estúpida.

—Lo siento, es solo que…—miré la agenda y después a él— debes de ir al departamento de contabilidad si de verdad los quieres sorprender como pretendías.

—Lo había olvidado. —Entró en su oficina y salió rápidamente con los documentos que estaban llenos de errores, iba hacia el ascensor cuando se giro y comenzó a darme indicaciones—: Llama a Steven, el encargado de la obra en Houston y dile que después de medio día le enviare las correcciones del salón principal. Y asegúrate de que este todo listo en el restaurante del hotel Trum International donde quedé con los inversionistas y puedes enviar la contestación a las cartas que deje sobre mi escritorio y…

—También el Fax a Hong Kong y la declinación a la invitación del baile en New York y la confirmación a la cena del próximo fin de semana—. Lo interrumpí sabiendo todo lo que me diría y el solo sonrió satisfecho.

—Asegúrate que sean 2 pases, he decidido que llevare a una acompañante. —asentí—No tardo.

—Espera— se detuvo y antes de que preguntara le estaba acomodando el nudo de la corbata que estaba mal hecho. — ahora estás perfecto para atemorizar al departamento de contabilidad.

—Gracias. — se despidió guiñando un ojo y se marchó.

Durante la mañana estuve ocupada, entre llamadas, enviando correos, recibiendo paquetes. Colgué el teléfono y anoté el recado para Edward cuando el llegó.

— ¿Aun sigues aquí? —levanté la mirada y vi a Edward que negaba con la cabeza.

— ¿Dónde mas podría estar? — pregunté aun sin entender su pregunta.

—Comiendo por ejemplo. — iba a protestar cuando me di cuenta de que ya casi se terminaba la hora de la comida y yo la había dejado pasar. —Tus comidas son más importantes que unas llamadas u otra cosa.

—Se me pasó. Estaba tan ocupada que me me di cuenta de la hora.

—Quiero que sea la primera y última vez que sucede. — Dijo completamente serio y en lugar de asentir intimidada solté una carcajada. — ¿Qué te parece tan gracioso?

—Es solo que me recordaste a mi padre, cuando me regañaba. —sonreí con melancolía al saber que ahora cada en su mirada ya no estaba el anhelo o satisfacción por mí, lo único que yo despertaba era decepción.

—Pero a que soy más guapo. — me guiñó un ojo y entró en su oficina para después gritar que me marchara a comer y me tomara la hora.

El resto de la tarde lo pasamos envueltos en el trabajo, con el termino de algunas construcciones, se venían algunas nuevas que eran las que me hacían mantenerme pegada al teléfono o al ordenador.

Estaba enviando un fax cuando Edward me dijo que Emmett me estaba esperando para ir a recoger el resto de mis pertenencias que había dejado en el que hasta ayer había sido mi departamento.

El recoger mis cosas me tomo muy poco tiempo ya que eran pocas y hasta cierto punto me sentía algo avergonzada de que un hombre tan importante como Edward se hubiera dado cuenta de la manera tan modesta en que vivía, sabía que bien podía haber encontrado algo mejor, pero yo en estos momentos no buscaba comodidad lo que quería era poder
ahorrar para la llegada de mi bebe que me traería muchos gastos unos que debía de solventar yo sola, pero también me traería muchas alegrías.

—Deberías de estar feliz por dejar esta ratonera, yo estoy encantado de que Edward te sacara de aquí— señaló Emmett al tiempo que subía la última caja con mis pertenencias y se ganaba una mirada recelosa delante mujer que era dueña de los departamentos.

—No quiero dar de que hablar y ahora que sepan que Edward me dejó vivir en un departamento de la compañía estaré en boca de todos en la oficina—dije con pesar

—Nadie tiene por que enterarse, además son las cosas de Edward y él sabe como las maneja, si quiere puede regalarlas y nadie le puede decir absolutamente nada.

—Se que tienes razón pero las personas no lo ven así y lo que menos deseo es que comiencen a hablar de mí.

—No lo harán y ahora lo único por lo que debes de preocuparte es porque ese bebe nazca sano—asentí con una tímida sonrisa y subí al auto no sin antes darle las gracias a la mujer que me mostró una mueca en lugar de una sonrisa.

Durante el trayecto de regreso al departamento no pude dejar de pensar de que al menos estaría en un lugar mucho mejor y que podría cuidarme realmente.

Aunque quería evitarlo no podía evitar sentir que desentonaba en el apartamento lujoso, era un recordatorio constante de que yo no pertenecía a este lugar, que gracias a creerme las palabras de un hombre de buena posición se hubiera fijado en una simple profesora de
preescolar me había hecho alucinar mas solo me había traído problemas y humillaciones.

—Lo que sea que estés pensando te sugiero que lo olvides, tu rostro refleja angustia y mi abuela decía que todas las emociones de la madre las siente el bebé—traté de sonreír pero sabía que no había resultado

— ¿Tienes hijos Emmett?— inmediatamente después de lanzar la pregunta me sentí estúpida yo no era quien para meterme en su vida privada.

—No te sonrojes. Tengo tres hijos, la más pequeña es una niña y tiene 3 años. Aunque no me lo digas yo deduzco que toda tu aflicción esta en el padre del bebé; solo te diré que a mi parecer es un hombre muy ciego que no tiene idea de lo que se está perdiendo. —Me guiñó el ojo. — te diré que mis tres hijos fueron una sorpresa y no por eso me arrepiento de tenerlos conmigo, ahora no me veo sin ellos gritando y peleando cada vez que vuelvo a casa.

— Todo lo que hago lo hago pensando que es por el bien del bebé, puede que su padre no lo quiera pero para mí es lo más importante. — Traté de ocultar las lágrimas pero fallé— había intentado rehacer mi vida para que Ja... digo ese hombre no me encontrara ya que no se dé que sería capaz. —miré por la ventana y encajé las uñas en mis piernas. Era una tonta por no poder olvidar a Jacob, pero más tonta hablando de él con personas que tal vez lo conocieran y pudieran decirle donde me encontraba.

—No sé quien es y la verdad es que no me interesa saberlo; lo único que te puedo asegurar es que no se merece un solo pensamiento de tu parte y te prometo que mientras estés en la empresa y en esta ciudad yo me encargaré de que estés segura y no debes de dudar que Edward también cuidará de ti.

—No sé ni porqué te he contado todo esto. — Admití nerviosa—nada de lo que me has dicho se lo diré a nadie mucho menos a Edward, tu eres la única que puede hacerlo.

—Gracias —dije más tranquila pero aun que quería creerle sabía que no debía confiar en nadie.

Cuando llegamos al departamento me prohibió subir algo y entre él y el conserje lo subieron y lo dejaron donde lo indique, Emmett se despidió ya que aun debía de pasar por Edward más me recordó que no debía de preocuparme que él no le diría a nadie lo que le había contado más que esperaba que pronto le contara toda la historia para así poder ayudarme y que yo pudiera estar tranquila.

Acomodé mis pocas pertenencias en la casa y di una ducha rápida sin dejar de pensar en lo que me prepararía para cenar, me coloqué un short y una blusa que se ajustaba un poco a la nueva figura que estaba adquiriendo y solo pude sonreír mientras acariciaba la pequeña
protuberancia que me recordaba que dentro de mí se estaba formando una vida una que dependería completamente de mi.

Preparé un emparedado, una ensalada y un poco de limonada y me senté en la isla de la cocina para comer lo que con tanto esmero había preparado, pero antes de poder probar algo, el timbre sonó y fui hasta la puerta para ver quién podía ser y al mirar por la mirilla vi a Edward y me miré para notar que estaba hecha un asco, di un paso hacia atrás intentando pensar cuanto me tomaría ir hasta el dormitorio y ponerme algo más apropiado.

— ¡Bella!— el timbre había pasado a segundo plano y estaba golpeando la puerta de tal manera que los vecinos no tardarían en salir para ver que estaba ocurriendo y conocer el porqué del escándalo.

—Hola—lo salude tímidamente al abrir la puerta de inmediato lo vi percatarse de mi atuendo y un gesto en su rostro al reparar en mi barriga que resaltaba un poco mas por lo ajustado de la blusa.

—Pensé que te había pasado algo. —negué y lo deje entrar.

—Estaba por cenar ¿gustas?

—Solo pase para ver que estuvieras bien y que no te hiciera falta nada, se que este lugar es nuevo pero pronto te acostumbraras, además puedes dormir un poco mas ya que estas muy cerca de la empresa.

—Eres muy generoso Edward y no sé si alguna vez podré pagarte lo que estás haciendo por m... nosotros— le dije sintiendo mis mejillas arder.

—Solo cuídate y sigue trabajando como hasta ahora y eso me bastará. —Sonrió ampliamente y antes de que pudiera decir algo mas se quitó el saco y la corbata al tiempo que desbrochaba el último botón de su camisa y se arremangaba las mangas— ¿Que dijiste que cenarías? ¿Segura que hay suficiente?

—Nos alcanzara o puedo prepararte algo mas— me ofrecí recordando lo que había en el refrigerador.

—Nada de eso, en ese caso yo me prepare algo.

Compartimos la cena pero para él no fue suficiente por lo que se preparó un emparedado con aun más cosas de las use para preparar el mío y sin poder evitarlo se me hizo agua a la boca algo que él notó y lo colocó delante de mí para que le diera la primera mordida aunque me resistí no tuve más alternativa que hacerlo y fue algo delicioso y sumamente vergonzoso no podía olvidar que el saber que estaba junto a mi era mi jefe y prácticamente le había robado un trozo de su emparedado.

—Lo siento— dije totalmente avergonzada aun saboreando su emparedado.

—Ya te diste cuenta de que también soy un gran cocinero. — me guiñó un ojo.

Comencé a hablar de trabajo ya que de esa manera nos estaba recordando que entre nosotros no podía haber nada más que una simple amistad, además estaba segura que era verdad lo que me habían dicho mis padres y ningún hombre en su sano juicio le gustaría hacerse cargo de un niño que no era de su sangre. Que me convertiría en una madre soltera y muchos me señalarían por ser la que había llevado a mi familia a la vergüenza, para muchos sería algo estúpido pero era un pueblo y ahí la gente era muy moralista y el hecho de que yo estuviera embarazada fuera del matrimonio daría mucho de qué hablar algo para la que mi familia no estaba preparada y habían preferido dejarme sola que enfrentarse a las habladurías del pueblo, había dejado de ser la chica que sería un ejemplo a seguir para ser una vergüenza.

—¿Que sucede?— negué levantándome y comenzando a recoger todo lo que estaba fuera de su lugar, pero el nudo que sentía en la garganta y sabia que tardaría poco en llorar y es lo que menos deseaba. —Bella, dije algo...

—No es nada es solo que de repente por la revolución hormonal me dan ganas de llorar, es algo estúpido— limpié mi mejilla con el dorso de mi mano. Y tratando de esbozar una sonrisa.

—Son pocas las cosas que son un misterio para mí, pero lo que encabeza mi lista en estos momentos son las mujeres embarazadas.

—No soy una cosa—espeté dándole un golpe y el arrugó el entrecejo lo que me preocupó— yo lo… ¡ah!— grité cuando me tomó en brazos.

—Yo jamás dije que fueras una cosa, y si lo fueras serias una cosita muy adorable—oculté mi rostro en su pecho para que no me viera sonrojar pero solo fue un error ya que su aroma me invadió y me sentí perturbada y emocionada por sentir la cercanía de Edward que me reconfortaba y al mismo tiempo me hacía sentir una serie de sensaciones que me había jurado no sentir por un hombre imposible.

—Será mejor que me vaya ya que tú debes de descansar—me dejó con cuidado sobre el suelo, tomo mi rostro entre sus manos y de inmediato.

Me puse rígida pero solo me beso en la frente y me recordó que si necesitaba algo no dudara en llamarlo.

Ese fin de semana Edward debía de asistir a una cena de beneficencia para la que había pedido un pase para una acompañante y no pude tratar de adivinar qué mujer seria, aun no había conocido a ninguna pero de lo que podía estar segura es que se trataría de una mujer
hermosa y con mucha clase.

Cuando llegué a mi departamento fui directamente a la cocina para tomar una fruta, cerré los ojos al darle una mordida a la manzana y me imagine a Edward llevando del brazo a una hermosa pelirroja con la última mujer que lo había visto salir en una de las revistas, traté de borrar esas imágenes y fui a mi habitación solo para quedarme extrañada al ver una enorme caja en mi cama; la curiosidad fue mayor y desanudé el moño y abrí la caja con cuidado donde había un hermoso vestido turquesa, unas zapatillas no muy altas y lencería que debía ser de la mejor y lo más asombroso es que era de mi talla. Al final solo había una notita:

"Lamento el pedírtelo hasta ahora pero no quería una negativa, espero que me acompañes al baile al que tengo que asistir. Paso por ti a las 8. Edward "

En un inicio me resistí a ir y sabía que no era más que una estupidez pero la idea de estar un poco mas con él me llamó y quise hacerlo por lo que me sin prisa y rogué por lograr un aspecto que no lo hiciera quedar en ridículo. Me tomó cerca de 4 horas el maquillarme y lograr que el cabello quedara de la manera que lo deseaba pero el resultado me había satisfecho, ahora solo esperaba que el pensara lo mismo cuando me viera y no se diera cuenta de que llevarme era el más grande error que había cometido y por ello sería el hazmerreír de la cena.
Cuando escuché que llamaban a la puerta mi estómago se contrajo y caminé hasta la puerta, miré por la mirilla solo para comprobar que del otro lado estaba Edward quien llamó de nuevo y luego miró su reloj, tomé aire y abrí la puerta y me sostuve de esta para evitar caer ya que mis piernas parecían querer traicionarme; el lucia aun más guapo de lo que habitualmente lo hacía.

—Te ves muy guapa. ¿Lista para dejar a muchos con la boca abierta?

—Yo no creo que reparen en mi, ahí van a ver muchas mujeres que de verdad son muy guapas. —chasqueo la lengua y me tomo de los brazos.

—Tu te vez muy hermosa y te puedo apostar que todos te miraran, tú tienes algo que hace girar a cualquiera...

—Mi vientre ya no se puede ocultar— soltó una carcajada y negó con la cabeza—no tonta, se nota que tu eres una mujer autentica no como todas esas mujeres que son una mala imitación de una barbie.

— ¿Pensaste en que muchos se percatarían de mi estado y eso levantara chismes?—pregunté mordiéndome la lengua.

—Eso es lo que menos importa—se alejó de mi y colocó un abrigo sobre mis hombros— Si estás lista es hora de irnos y sólo te pido que disfrutes la fiesta y cuando te sientas cansada me lo hagas saber para volver a casa.

—Yo podría volver en un ta...

—Olvídelo Srta. Swan, yo la llevo al baile y la regreso a casa. — me tomó del brazo, apagó las luces y me condujo hasta el auto que nos esperaba en la entrada del edificio.

La cena había sido algo completamente nuevo para mí, en más de una ocasión me recordaba a lo que había vivido con Jacob, estar rodeada de tanta gente que su máxima preocupación era lo que se pondría al día siguiente y que solo veía lo que llevaban las demás personas, mientras que yo me sentía como un pez fuera del agua y muy ansiosa por las miradas que muchas mujeres me lanzaban y que yo traté de ignorar.

Edward se había mantenido junto a mí y las personas con las que nos habían sentado eran agradables, todos me habían mirado y sonreído pero eso no me hacía sentir mejor. Fue estando ahí que me di cuenta del grave error que había cometido al aceptar venir, todos los que estaban ahí eran gente importante y por lo tanto podría haber alguien que hubiera visto con Jacob y se lo mencionara como algo sin importancia y el sabría donde encontrarnos, si eso sucedía debía de marcharme para proteger a mi bebé.

Las siguientes semanas fueron de mucho trabajo y por lo menos tres veces por semana el iba a mi departamento para cenar y poder platicar ya que sabía que no me relacionaba mucho con los demás miembros de la empresa y a él no le gustaba que me sintiera sola, decía que el que estuviera embarazada no era razón para aislarme, un par de veces me había llevado a cenar algo que ya trataba de evitar al recordar las miradas que se habían posado en nosotros y mas en mi ya que mi embarazo comenzaba a hacerse cada vez más notorio y no quería que se comenzara algún chisme que implicara a Edward.

Él se había portado demasiado bien conmigo como para ser la causante de que la prensa de nuevo volviera a molestarlo, ya había tenido suficiente con todo lo que se había escrito cuando la novia no se había presentado el día de su boda. Lo que no entendía es como es mujer había podido hacerle algo así a Edward.

Un jueves estaba revisando su correo en espera de la contestación de uno de los socios cuando recibí una llamada que no me esperaba. Edward me había hecho una cita con una de las mejores ginecólogas de la ciudad, la misma que había atendido los embarazos de su hermana.

Había intentado negarme pero me amenazo con llevarme en brazos hasta el auto donde Emmett me esperaba y el tampoco se dejó convencer de lo contrario y finalmente terminé asistiendo a la consulta que fue mucho mejor que la que había tenido las veces anteriores y me sentí muchos más segura del bienestar de mi bebé. Había comprado un poco de ropa ya que la mía estaba muy justa, muchos estaban sorprendidos de que con 4 meses mi barriga no fuera tan enorme y aunque en un principio también me preocupe fue la ginecóloga la que me dijo que todo estaba bien, que había mujeres como yo que no subían tanto de peso los primeros meses y que era en el último trimestre en que el vientre crecía mas. Había asistido a un ultrasonido más y no había podido sentirme nostálgica al ver que la mayoría de las mujeres acudían con sus parejas mientras que yo iba sola.

Una semana después del ultrasonido estaba terminando de guardar mis cosas y pensando que ese fin de semana al fin iría a buscar algunas de las cosas para el bebé, había buscado en Internet sobre algunas tiendas que contaran con todo lo necesario para un bebé y que a la vez fueran de precios razonables ya que aunque mi salario era bueno no debía de gastarlo todo ya que debía se guardar algo puesto que duraría un tiempo sin trabajar para cuidar de mi pequeño; porque había descubierto que sería un niño.

—Desde que te enteraste del sexo del bebé no dejas de sonreír, solo me pregunto si tu sonrisa seria más amplia si en lugar de un niño fuera una hermosa niña. — la sonrisa de Edward era enorme.

—Estoy más que feliz porque sé que está bien. El sexo es lo de menos solo quiero que mi bebé este sano. —dije con sinceridad.

—Y se que lo estará. —Apoyo las manos sobre el escritorio— este fin de semana vendrán mis padres...— de inmediato recordé que me había contado que el departamento que estaba utilizando era el que sus padres utilizaban cuando estaban en la cuidad.

—Buscaré donde irme, pero debiste de decírmelo antes. — de inmediato comencé a ver a donde me podría ir y tal vez ya fuera tiempo de dejar su departamento que había utilizado un par de semanas y que él me había impedido abandonar hasta no encontrar un lugar que el
encontrara como ideal para el bebe y para mí.

— ¡No quiero que te vayas!— dijo con sorpresa y sonrió de lado— creo que no me expresé correctamente y además no me dejaste terminar. — me Miró fijamente y su sonrisa se hizo más amplia— Mis padres y mi hermana estarán en la ciudad este fin de semana y tanto mi madre como Alice quieren conocerte ya que les he hablado de ti.

—Espero que no la hayas dicho nada malo.—dije tratando de olvidar todas las veces que había olvidado que era mi jefe y le hacía comentarios como si fuera un igual, cuando lo regañaba por algo que había olvidado y cuando me había burlado de él.

—He sido sincero y ellas quieren conocer a la mujer que me regaña como si fuera mi madre— sentí mis mejillas arder y el solo soltó una carcajada. — es broma Bella, pero ellas mueren por conocerte e iremos a cenar con ellos esta misma noche.

 ...


Gracias por seguir leyendo mis locuras y siento los horrores de ortografía, pero como es evidente este capítulo no pasó por manos de mi beta.

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