Mi nueva vida con un playboy: Capítulo 16



 Pérdidas


EPOV


Hace solo dos días aún podía decir que éramos una familia, pero desde que mi padre había sido honesto con mi madre todo parecía ir en pique, ellos apenas se hablaban. En este momento me sentía solo, no podía acudir a nadie ya que las únicas personas en las que podía confiar estaban pasándola tan mal como yo.

Estar en mi departamento no ayudaba demasiado, cada parte de él me recordaba un poco a Bella, si cerraba los ojos aún podía jurar que la escuchaba andar por la casa. Me hacía falta tenerla conmigo, por las noches la cama me parecía enorme, me había acostumbrado a sentir su calor y como parecía buscarme y estar en mis brazos.

Me llevé ambas manos al cabello y reprimí un grito de frustración.

—Señor, tiene una llamada. —dijo mi ama de llaves mirándome con compasión.

—Gracias. —tomé el teléfono sin ganas y tuve que fingir una voz suave y dulce para que la pequeña que estaba al otro lado de la línea no se percatara de mi verdadero estado de ánimo.

Para muchos era una estupidez que hubiera permitido que pareciera que fuera mi hija cuando era un error de mi padre. Pero es que aunque miles de veces me habían dicho que no había sido mi culpa yo no lo creía de esa manera, porque había sido yo el que insistió que contratara a Charlotte cuando él había querido que fuera una mujer mayor y con más experiencia y no ella. Me había extrañado cuando ella había renunciado pero creí ingenuamente cuando dijo que había surgido un puesto mejor y no lo había podido rechazar cuando la verdad es que ella estaba embarazada y solo estaba poniendo tierra de por medio. Me había enterado cuando había notando extraño a mi padre y tras varias veces de negarlo lo seguí, aguardé en la sala de espera y me quedé de piedra cuando un doctor lo felicitó por su hija, la primera en verme fue Charlotte que perdió el rubor de su rostro y se puso completamente pálida. Había esperado solo una confirmación sobre lo que había oído y cuando la obtuve me había marchado y de la ciudad. Unos días después fui a casa donde había tenido una charla con mi padre que me explicó la situación y aunque era comprensible en cierto aspecto porque él creía que su matrimonio ya se había terminado, fue cuando me enteré de que ella no quería pedirle nada a mi padre y él no sabía qué hacer, así que hablé con Charlotte y después de mucho la convencí de que lo mejor es que la niña llevara el apellido pero que sería yo el que aparecería como su padre y no quien verdaderamente lo era, que si en algún momento se llegaba a descubrir esto ninguno de los dos se vería seriamente afectado.

Un desliz por soledad y trae consecuencias desastrosas para terceras personas, un dolor que había intentado apartar de mi madre ya lo estaba sintiendo. Solo esperaba que pudieran salir de ésta, no era de los que creía que se debe perdonar una infidelidad, pero mi padre no había vuelto a ver a otra mujer que no fuera mi madre.

Tenía demasiadas preocupaciones en este momento, aún me quedaba el compromiso para poder ir a buscar a Bella.

La noche de navidad llegó y como cada año fuimos a una fastuosa fiesta que había sido organizada por amigos de mis padres, de mi brazo iba Jane que parecía como una niña asustada, en el trayecto no había hablado con ella y cuando llegamos al lugar donde sería la fiesta la ayudé a bajar pero solo porque sabía que las miradas estaban en nosotros.

Mis padres habían asistido juntos, pero aunque querían ocultar lo que estaba ocurriendo en su matrimonio, se notaba cierta frialdad en ellos y como evitaban que sus miradas se cruzaran. Fui al aseo y cuando regresaba a la mesa la orquesta comenzó a tocar y las parejas comenzaron a llenar la pista, en ese momento tuve una gran idea, caminé por la pista y vi como Jane parecía sonreír pensando que la sacaría a bailar, pero en lugar de hacerlo fui a una mesa continua donde estaba una amiga que tenía tiempo sin ver y la llevé a la pista ante la mirada incrédula de Jane y muchos de los presentes.

Perdí la cuenta de cuantas piezas bailé y con cuantas chicas, pero estaba saltando de alegría internamente al ver la mirada herida de Jane y como ella se estaba humillando públicamente. Al regresar a la mesa tomé un sorbo de mi copa y ella cerró su mano en mi brazo tratando de ejercer presión.

— ¿Qué se supone que haces dejándome en ridículo? —Me gruñó furiosa. — Soy tu prometida.

—Por imposición no porque yo lo quisiera, no soy el príncipe azul que pensabas y será mejor que te hagas a la idea. —toqué su mejilla con delicadeza. — tu limítate a ver cómo me divierto porque no si bailas con alguien más que no sea yo o tu padre la gente comenzará a murmurar.

— ¡Estúpido! —dijo por lo bajo.

—Esto apenas es el comienzo de tu cuento de horror. — le di una suave palmadita en la mano y me levanté para llevar a mi madre a bailar.

Jane estaba furiosa por verme divertirme mientras ella estaba en su sitio sola, ya que hasta sus padres estaban en la pista. Cuando alguien se acercaba a preguntar por qué no estaba bailando había inventado que cuando venía se había lastimado un pie y le estaba molestando.

La llevé a su casa y no dejó de decir lo humillada que se sentía y eso fue como música para mis oídos, detuve el auto frente a su casa y ella me miró al notar que no había apagado el motor.

— ¿No vas a acompañarme?

—Por algo el auto sigue encendido. —golpeé ligeramente el volante. — ¿Vas a bajarte hoy?

— ¡Te odio!

—El sentimiento es mutuo. — le dije cuando estuvo fuera del auto, arranqué y miré complacido por el retrovisor como el vestido de Jane se había ensuciado de barro y como ella estaba furiosa, al menos me divertiría un poco haciéndola quedar mal, la humillación que le había causado a Bella la pagaría con creces.

El día después de navidad no fue la gran celebración, mis padres ya dormían en habitación separadas y no se encontraron en el comedor, yo por mi parte traté de mantenerme neutral y dejar que fueran ellos los que arreglaran todo este embrollo, hablaba con cada uno pero nunca tocaba el tema central. Además hablé con Annett que agradeció los regalos que le había enviado junto con uno de mi padre.

El miércoles asistí a una cena de la empresa en la que Jane apareció y parecía dispuesta a querer avergonzarme por lo que había hecho en la cena de navidad, pero los hombres que estaban ahí la ignoraron y ella cansada de no poder hablar comenzó a tratar de introducirse en la conversación pero la pobre no entendía muy bien de que iba todo haciendo que los hombres rieran por su falta de conocimiento pero ella estúpidamente creía que reían con ella.

— ¿Dónde ha estudiado Srta. Benedic? —preguntó uno de los presentes.

—En un instituto exclusivo para señoritas en Suiza. —dijo con orgullo.

—Espero que me pueda dar el nombre, para no enviar a mis hijas ahí. —dijo el más joven de todos que ya estaba un poco desinhibido por el alcohol. Los demás estallaron en sonoras carcajadas y ella se sonrojó mientras se mostraba indignada y me miraba tratando de que dijera algo en su defensa.

—Por eso yo no tendré hijos, no sea que esto sea hereditario. —dije logrando hacerla enfurecer y yo reí encantado por continuar humillándola.

Hizo un ademán de levantarse, pero se lo impedí tomando su mano con rudeza y susurrando por lo bajo que no debía de hacer una escena a no ser que quisiera ser la comidilla de todos al día siguiente, se mantuvo callada y escuchando nuestra conversación y soportando una que otra broma por su falta de conocimientos en asuntos básicos.

Esta vez en lugar de llevarla detuve un taxi para que la llevara a su casa lo que no le hizo gracia y estuvo a punto de estallar.

—Yo no te traje aquí, así que agradece que al menos pague tu regreso. —mantuve la puerta abierta hasta que subió y le indiqué la dirección al taxista para después pagar no sin antes advertirlo del temperamento de su pasajera.

Asistimos a la cena de año nuevo con las personas que pertenecían a nuestro círculo, al igual que la vez anterior pasé de Jane, pero en esta oportunidad estuve más con mi madre que estaba cada día más apagada y comenzaba a resentir que sus amistades comenzaran a ver el problema que había en su familia.

Solo dos días después de año nuevo encontré a mi padre en mi oficina, pero no me sorprendió cuando me dijo que finalmente mi madre le había pedido el divorcio ya que ella no podía perdonar una infidelidad y ya no soportaba tenerlo cerca. En ese momento solo pude apoyarlo con palabras y hacerlo ver que siempre estaría ahí para él, del mismo modo lo hice con mi madre que decía no merecer mi afecto después de que ella alejara a Bella de mi vida y que por protegerla a ella de un escándalo hubiera aceptado estar con una chica como Jane.

Trataron de mantener todo el asunto del divorcio con discreción y lo estaban consiguiendo, me entristecía el saber que pronto mi familia estaría separada y que mi madre había decidido que viviría en Francia lo que la alejaba aún más y no la vería tan a menudo.

Mi padre se había mudado conmigo para darle tranquilidad a mi madre que parecía estar confinada a su habitación ya que no salía mientras mi padre estuviera en la casa.

El viernes por la noche después de cenar en un restaurante cercano llegamos a casa y nos sentamos en el sillón con un buen vaso de whisky escocés.

—Esto ya ha salido a la luz, espero que termines ese compromiso con la hija de Eleazar. —me dijo sirviéndose otro poco.

—Esperare a que mamá esté más tranquila, las murmuraciones la están matando. —dije y mi padre asintió. — además me estoy divirtiendo con Jane, le estoy haciendo pagar la humillación a la que sometió a Bella.

— ¿No has pensado en buscarla? —preguntó

—En unas semanas viajaré a New York, creo que esto se lo debo decir de frente aunque no sé si me escuche antes de que me dé una paliza. —mi padre soltó una risita. —En serio papá, puede parecer una chica indefensa, pero es muy astuta y fuerte, me lo demostró una vez.

—Esa chica siempre me gustó. —me guiñó un ojo.

—Es mi mujer perfecta. — susurré sin poder evitar una sonrisa.

Una semana después mi padre se había incorporado de nuevo al trabajo para tratar de sobrellevar el mal momento, pero sin abusar. Pero este día él no se había presentado lo que me extrañó y cuando lo llamé me dijo que llegaría tarde ya que estaba hablando con Charlotte y vería a Annett.

Por la noche mientras tomaba una ducha escuché que mi móvil timbraba de manera insistente, cuando atendí la llamada solo deseé que se tratara de una broma de pésimo gusto, me vestí en tiempo record y conduje hasta el hospital del que me habían llamado.

— ¿Edward Cullen? —preguntó un hombre de bata blanca antes de que llegara junto a una enfermera.

— ¿Qué sucedió? ¿Puedo verlo? —el hombre me guió entre corredores hasta un ascensor y de ahí por otro par de pasillos.

—Las heridas son serias y no estamos seguros de que pase la noche. —presionó mi hombro. — Ya hicimos todo lo que estaba en nuestras manos, lo que falta le corresponde a él.

— ¿Iba solo? —pregunte al recordar que había estado con Charlotte y Annett, de solo pensarlo un miedo me invadió.

—Una mujer lo acompañaba. —me detuve y miré al médico. —la mujer murió en el lugar, al parecer el auto patinó por el hielo en la carretera, se salieron del camino y…

Entré a ver a mi padre que estaba conectado a una serie de aparatos, pero su cuerpo presentaba cardenales y cortes. Tomé su mano y él la apretó al tiempo que abría los ojos.

—Tienes que ponerte bien. —le dije y el pestañeó un par de veces al tiempo que intentaba decir algo. —no comprendo, pero no debes de hablar. — pero él seguía insistiendo por lo que me acerqué y escuché claramente "Cuida de Annett, a tu madre y busca a Bella" — Lo haré, ¿Dónde está Annett?

—En casa. — me dijo con esfuerzo.

—No te preocupes yo cuidaré bien de ellas. —prometí y con eso se relajó.

Estuve toda la noche despierto y preguntando a las enfermeras si había un cambio en su condición ellas cabizbajas me decían que no con un movimiento de cabeza, cerca de las cuatro de la mañana los aparatos comenzaron a timbrar como locos y en cuestión de segundos un equipo llegó a atenderlo y me sacaron de la habitación, solo escuchaba que estaban tratando de reanimarlo, pero nada parecía funcionar y a cada minuto parecía que las esperanzas se iban perdiendo, me quedé apoyado en la pared en cuclillas cubriendo el rostro con mis manos.

—Sr. Cullen. —Levanté el rostro para ver al médico y solo con ver su mirada compasiva supe lo que había sucedido—Lo lamento mucho.

Me quedé un largo rato en la misma posición hasta que llegó el momento de comenzar a arreglar todos los papeles para llevarme el cuerpo de mi padre. Cuando hube firmado todo, en lugar de llamar a casa fui para hablar con mi madre, en el trayecto llamé a casa de Charlotte donde una mujer me contestó y me aseguró que se haría cargo de la niña mientras yo podía ir por ella.

Cuando llegué a casa de mi madre, el valor que había conseguido se esfumó, pero sabía que debía entrar y decírselo. Cuando ingresé a su habitación después de llamar un par de veces se sorprendió al verme a esas horas allí.

— ¿Tuviste algún problema? —preguntó tomando mi mano y llevándome a uno de los sillones que había.

—Mamá…—tomé una enorme bocanada de aire y evité mirarla a los ojos. —hay algo que tengo que decirte y que no son buenas noticias.

— ¿Le paso algo a Carlisle? —preguntó con temor. — ¡Contesta de una vez!

—Tuvo un accidente. —con esas tres palabras ella rompió a llorar y me permitió envolverla en mis brazos para tratar de reconfortarla, aunque las últimas semanas ambos se habían separado sabía que lo que ella sentía por mi padre aún estaba presente y parecía que ahora también se sentiría algo culpable por estar lejos de él durante los últimos días.

Muchas personas se congregaron para estar junto a mi madre y darnos las condolencias por la lamentable pérdida que habíamos sufrido, aunque sabía que muchas de ellas no eran sinceras aún así tuve que agradecer y mostrarme agradable.

Lo más duro fue tener que dar las últimas palabras antes de que lo sepultaran, hablar sin que la voz se me cortara fue un gran reto y en ese momento deseé que Bella estuviera ahí conmigo, ella era la única en que sabía podría apoyarme en este momento, pero no la tenía.

Al día siguiente tuve que partir a Newcastle donde los restos de Charlotte habían sido incinerados y estaban esperando mi llegada para finalizar con el entierro, en comparación con el de mi padre al de ella habían asistido muy pocas personas y la pequeña se mantuvo aferrada a mí preguntando por su madre. Decirle que ella ya no regresaría porque se había marchado al cielo había sido una tarea muy difícil y más cuando la pequeña se había echado a llorar por un rato muy largo.

— ¿Me vas a dejar? —preguntó cuando llegamos a la que hasta ese día había sido su casa.

—No cariño, yo cuidaré de ti. —le dije acunándola en mis brazos. — nos llevaremos tus cosas favoritas.

— ¿A dónde vamos?

—Vivirás conmigo en Londres. —le dije sabiendo que en realidad ella no comprendía mucho todo, la ventaja es que era pequeña y se podía adaptar a una nueva vida.

Al día siguiente una de las vecinas se ofreció a ayudarme a guardar las pertenencias de Charlotte en lo que decidía que hacer con ellas.

Los primeros días fueron un completo caos, tenía que estar en la empresa atendiendo cada uno de los asuntos pero, al mismo tiempo, haciéndome cargo de la pequeña que no hacía otra cosa más que jugar, gritar y tratar de dibujar solecitos. Dos veces había dibujado solecitos en documentos importantes que mi secretaria había tenido que imprimir de nuevo, aunque estaba molesto no haría nada que la lastimara, tendría que acostumbrarme a ella ya que era mi responsabilidad.

Dos semanas después ya había contratado una niñera que se hacía cargo del pequeño mostrito mientras yo trabajaba.

Esa día en los periódicos se habló de que mi padre no iba solo en el auto y que su acompañante también había muerto. Cuando me pidieron declaraciones dije que eran mentiras, pero ahí no ceso todo y pronto me encontré con que habían encontrado pruebas y estaban divulgándolas por todos los medios. ¿Es qué la prensa no sabía respetar el momento que estábamos viviendo?

Como era de esperarse mi madre fue la más afectada que comenzó a sentirse señalada por sus supuestas amigas que hablaban a sus espaldas. Pero lo peor de todo fue cuando Jane en un intento de venganza dio a la prensa la información que tenía su padre y todo se salió de control.

Mi madre comenzaba a deteriorarse mientras que la seguridad de Annett peligraba, tenía que cuidar de ambas y solo encontré una solución que quitaría de la mira a mi madre. Iba a declarar públicamente que Annett era mi hija y que los papeles que había obtenido Eleazar eran falsos, pero antes de poder programar la entrevista, los medios habían conseguido la información verdadera dada por enfermeras, y el mismo médico que atendió a Charlotte durante todo el embarazo hasta la hora del parto. Ante esas declaraciones no había nada que pudiera hacer para minimizar el daño que había provocado Jane, lo único bueno de todo esto era que con la verdad al descubierto el maldito compromiso con Jane se había terminado.

Fui a casa de Eleazar donde lo encontré enfurecido y gritándole a Jane y Carmen que la había intentado defender. Me detuve para ver el temor reflejado en las miradas de ambas mujeres.

—Lamento interrumpir esta adorable muestra de afecto familiar. —dije con sarcasmo.

—Lo que Jane…

—Lo que Jane hizo fue quitarme un enorme peso de encima, gracias a que sacó a la luz esa información yo ya no estoy obligado a casarme con ella. —dije mirándola con una enorme sonrisa. —Gracias, al final de cuentas fuiste de gran ayuda.

—No puedes dejarme sin la ayuda que…—protestó Eleazar.

—No solo no recibirás la ayuda que tanto necesitabas, si no que encontré información muy importante que servirá para que vayas a prisión. —dije con alegría al recordar la información que había recibido esa mañana. —En éste momento ya debe de estar en manos de las autoridades y no me extrañaría que vinieran a buscarte en cualquier momento, creo que deberás explicar que hiciste con el dinero de varias viudas que dejaste en la calle.

—Te vas a arrepentir si lo haces y…

—No más amenazas Eleazar. —el hombre tenía una mirada de pánico. —Esto demostrará que nunca debes de juzgar a los demás, quisiste chantajearnos con una información confidencial y eso te costará no solo la libertad, sino la pérdida de tus bienes y reputación.

El hombre me había intentado atacar pero gracias a que un par de mis hombres habían estado conmigo no había pasado de simples amenazas que me servirían para agregar a su historial y un castigo mayor.

Ese mismo día, después de que me marchara de su casa, habían llegado las autoridades con una orden de aprensión y se lo habían llevado ante algún par de medios a los que yo amablemente había avisado de lo que sucedería y sería una gran exclusiva y se encargarían de difundirla rápidamente terminando con la reputación de esa familia. Al menos no solo la mía estaría en medio de un escándalo mediático.

Los días seguían pasando y yo me mantenía al frente de la empresa haciendo que se mantuviera entre una de las mejores. Además con todo el escándalo de la aventura de mi padre los medios parecían multiplicarse en torno a nosotros tratando de conseguir una mejor fotografía de la pequeña Cullen y como mi madre estaba viviendo tras el escándalo de que su perfecto matrimonio no había sido tan perfecto. Para mi madre era casi como un exilio, muchas de sus supuestas amistades continuaban murmurando a sus espaldas, y aunque la seguían invitando a sus reuniones, sus pláticas siempre llegaban a un punto: la infidelidad de mi padre. Era por eso que me esforzaba porque tanto mi madre como Annett estuvieran siempre bien vigiladas ya que no quería ni pensar lo que esas personas serian capaz de provocar por una estúpida fotografía.

Estar al frente de la empresa y cuidar de ambas mujeres era una tarea ardua, ya que ahora también debía de dedicar bastante tiempo a una pequeña que me esperaba cada noche a cenar y un par de veces me había sorprendido diciendo que había ayudado al chef a preparar la cena, esa pequeñita tenía en la palma de su mano a cada uno de mis empleados y a mí. La única que se habían mantenido al margen era mi madre, decía no estar lista para conocerla personalmente pero ya la había visto en un par de imágenes que habían salido en algunos medios de comunicación y había dicho que sin duda era una Cullen que tenia los rasgos de los padres de Carlisle, los que yo también había heredado.

Eran inicios de marzo cuando finalmente pude viajar a New York, durante el vuelo no pude evitar sentir esa sensación de regocijo porque finalmente podía encontrarme con esa bella mujer que desde que la había conocido no había abandonado mi cabeza.

—Tengo sueño. —dijo la pequeña que iba dibujando frente a mí, se talló sus ojitos y dejó escapar un bostezo dejando ver el espacio vacío donde hacía falta ya un diente.

—Entonces duerme pequeñita, aún falta un rato para llegar. — me levanté de mi lugar y la tomé en brazos para llevarla al cuarto que tenía el jet donde había una cama enorme que le permitiría dormir con tranquilidad.

La dejé bajo el cuidado de su niñera que había demostrado ser una mujer cariñosa y que trataba muy bien a Annett, me había ayudado a adaptarme a esta nueva etapa explicándome cuidadosamente los cuidados y las necesidades primarias de una niña de su edad.

Al llegar a la ciudad no podía evitar reír al ver como la pequeña se mantenía pegada al cristal de la ventana mirando y señalando las cosas nuevas que veía y que llamaban su atención, me había hecho prometer que le llevaría a conocer ya varios lugares. Las dejé en el departamento que había sido mi hogar por un tiempo, dejé un par de mis hombres y un chofer con ellas para que pudieran salir si lo deseaban mientras que yo iba en busca de Bella e intentar hablar con ella.

Al llegar a las oficinas centrales del FBI, muchos se sorprendieron de verme pero no me impidieron el paso cuando dije que iba a hablar con uno de los directivos, pero antes de llegar a la planta superior me detuve en la que recordaba se encontraba la pequeña oficina de Bella, tomé aire y entré sin llamar encontrándome con un hombre rubio de ojos oscuros y que me miró enarcando una ceja.

—Lo lamento, me equivoqué. Sé que querrás matarme y… —dije cerrando la puerta y pensando que tal vez la habían promovido, así que en lugar de ir abriendo puertas me dirigí hacia la oficina de su superior.

Al llegar, la mujer que me había dado la dirección de Bella me miró con asombro y yo le sonreí amablemente.

— ¿Podría hablar con el agente Demetri? —pregunté y ella inmediatamente levantó el auricular, dijo unas palabras y me guió hasta la oficina que estaba casi al final del pasillo.

Al entrar el hombre estaba sentado en su silla detrás del escritorio de manera rígida y con la mirada llena de odio, despidió a su secretaria y esperó unos segundos antes de moverse un poco.

—Siéntate. —me indicó una de las sillas y así lo hice. —Me sorprende que estés aquí. Debes de agradecer mi entrenamiento o en este momento ya estarías muerto.

— ¿Muerto? —pregunté in entender sus palabras.

—No sabes el esfuerzo que me está tomando el no dispararte en este mismo instante. —gruñó.

—Estoy aquí solo porque quiero saber donde está Bella. —dije tratando de no demostrar que me estaba intimidando por su conducta. —Fui a la que era su oficina pero ya no está ahí, necesito hablar con ella, hay muchas cosas que…

—Renunció. —fue lo único que dijo y sentí como mi sangre dejaba de fluir, escuchar que ella ya no estaba ahí me paralizó e hizo que por un segundo todas mis esperanzas de hablar y arreglar las cosas con ella desaparecieran.

Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

1 comentario:

  1. OMG No puede ser!!! El cap estuvo buenísimo, hay me encanta cuando pasan cosas así y estas super metido en la historia porque sientes incluso la adrenalina, la tristeza y el cansancio, CP (capitulo perfecto) felicidades

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