Mi nueva vida con un playboy: Capítulo 19



 Oportunidad


EVOP

Desde que llegué a la habitación del hotel en el que estaba, no podía dejar de recordar cada una de las palabras de Bella, me había abiertos los ojos de la manera tan detestable en que la había tratado. Yo solo había pretendido llenarla de regalos y que su vida fuera más agradable. Pero con eso solo había conseguido que ella pensara que la estaba comprando. Tenía razón al decir que ella había sido la que puso más de su parte que yo, ella aceptó entrar en mi mundo y cambió por mí.


—Eres un completo idiota Cullen. —me dije al recordar como ella había cambiado su forma de vestir y su comportamiento y en ese momento yo me había mostrado aún más atento.

Su cambio me había tomado por sorpresa y me gustó, no me di cuenta que con ello, ella estaba perdiendo su individualidad y solo para encajar en mi mundo, para demostrarle a mi madre que ella era tan buena como cualquier otra y que merecía estar conmigo.

Le había fallado desde un inicio, le había mentido, la había hecho cambiar y todo por un hombre que no se merecía tenerla. Sabía que ella era demasiado buena para mí, que era más de lo que me merecía pero ya no podía vivir sin ella, no solo era deseo lo que sentía por ella, la amaba y esa era una verdad. Decírselo a Félix me había costado trabajo, pero ahora sonaba tan bien y no me avergonzaba el poder decirlo, ya no me importaba que ella supiera que me tenía en sus manos.

Todo se aclaraba justo en el momento que ella ya no estaba dispuesta a darme una nueva oportunidad. Anoche había dejado claro que ella se había despedido, puede que ella estaba lista para separarse de mí, pero jamás podría dejarla. Sé que había hecho las cosas de la manera incorrecta y que merecía todo lo que me estaba sucediendo, pero no podía imaginar mi vida sin Bella y sin esos pequeños que estaban en su vientre.

Apenas me levanté me di una ducha y fui al rancho de Félix, tenía que intentar que Bella cambiara de parecer, tenía que hacer que me diera una nueva oportunidad, necesitaba que ella me dejara estar cerca de ella y de mis hijos. Mi vida ya no tendría sentido si los perdía.

Cuando llegué al rancho entré a la casa como si se tratara de la mía y me encontré con Félix y Sam que estaban desayunando, ambos me miraron enarcando una ceja.

—No sé si lo sabías pero debes de llamar antes de entrar a una casa. —dijo Félix que se había levantado de su silla.

—Necesito hablar con Bella. — pedí o mejor dicho rogué.

—Pensé que había sido claro ayer y ya la dejarías tranquila. — me vio por unos largos minutos, era como si intentara leer lo que estaba pasando por mi cabeza, negó con la cabeza y suspiró. —Llegas tarde. Ella se marchó.

— ¿A dónde? —pregunté impaciente y temeroso.

—Si ella se marchó es porque no quiere verte, ¿por qué debería de decirte dónde está?

—Sé que debes de odiarme. Admito que fui un ciego y dejé que las cosas se me fueran de las manos. Quiero a Bella y siempre temí decírselo pensando que eso me haría más vulnerable.

—Simple y estúpido miedo. —asentí ante las palabras del hombre que había dejado de parecer a punto de golpearme. — Eres un estúpido hombre, Bella es una mujer de apariencia impenetrable pero es muy sensible, ella te entregó su corazón y tú lo dañaste.

—Las cosas han sido un caos, una mentira que llevó a otra hasta que se salieron de control. Ella siempre me gustó por ser independiente y sin querer la obligué a cambiar, no confié en ella dejándome guiar por otras personas. Le fallé de tantas maneras…

—Nadie es perfecto, pero aunque desearía matarte no lo hago porque a pesar de que ella lo niegue sé que aún siente algo por ti y como no hacerlo cuando lleva algo tuyo. —apoyó una mano en mi hombro. —Está en casa con sus padres, si te atreves a ir espero que cuentes con un buen seguro de vida ya que Charlie te hará pagar lo que le hiciste a su pequeña.

—Me lo merezco, sé que debería temer pero no lo hago la quiero y me enfrentaré a lo que sea necesario. — soltó un resoplido.

—Eres valiente chico. Que tengas suerte.

—La necesitaras. — dijo Sam con una sonrisa.

BVOP

Había sido una decisión precipitada pero fue la mejor, sabía que si continuaba ahí volvería a ver a Edward y ya había llegado demasiado lejos cuando le besé en la mejilla. Me había intentado despedir de él pero solo había logrado revivir sensaciones que pretendía dejar en el olvido, un simple toque y estaba perdida.

Toda la charla que habíamos tenido había parecido tan irreal, él parecía tan abatido y tan seguro de lo que decía que me había costado mucho el no creerle, pero tenía que admitir que era una historia demasiado fantástica. ¿Por qué seguir negando a su hija?

Cuando llegué al aeropuerto me encontré con mis padres que ya me estaban esperando. De inmediato me vi envuelta en los brazos de mi madre y noté una mirada de sorpresa de mi padre que revolvió mi cabello y besó mi coronilla.

— ¿A que está preciosa? —preguntó mi madre a mi padre que seguía mirándome.

—Sin duda, pero yo recuerdo a una mujer aún más hermosa en ese estado. — enarqué una ceja y le sonrió a mi madre. — Tu mamá lucía preciosa cuando estaba embarazada.

—Es obvio que yo también luzca divina. — le sonríe y palmeé suavemente su mejilla. — ¿Te importaría si vamos por mi equipaje y de ahí a comer algo? ¡muero de hambre!

Después de comer partimos a casa que estaba a un par de horas de ahí, suspiré con pesadez al ver el paisaje que pasaba delante de mis ojos. Me gustaba estar en casa, pero también echaría de menos estar en Texas, ahí había dejado buenas amigas de las que no me había podido despedir por lo precipitado de mi viaje.

Me quedé dormida y cuando desperté estaba en mi habitación cubierta por una mantita, me incorporé y encontré a mi madre sentada en el alfeizar de mi ventana mientras tejía.

—Dime que papá no se rompió la espalda. — fue lo primero que dije ganándome una sonora carcajada de mi madre.

—Es un hombre fuerte cariño, dice que no pesas nada.

—Se están moviendo. —le dije a mi madre que dejó lo que estaba haciendo y vino hasta mí para sentir el movimiento de los bebés. — son inquietos.

—Tú no eras la bebé más tranquila. — se recostó junto a mí. —Félix nos contó que Edward estaba ahí y que fue por eso que te precipitaste a regresar. ¿Cómo te encuentras?

—No lo sé. — cambié de posición viendo al techo para no ver a mi madre. — Pensé que cuando lo viera ya no me afectaría tanto, pero descubrí que lo sigue haciendo como la primera vez.

— ¿Se lo dijiste? — Señaló mi vientre y yo asentí— ¿y?

—Estuve tentada a no decirle que eran suyos, pero con eso solo mentiría y sería igual que él. Más le dejé claro que no quería tenerlo cerca, que eran mis bebés y que no lo necesitarían para nada, que no quería que un hombre como él estuviera cerca de ellos.

—Sabes que él puede pedir verlos, pero eso es algo de lo que nos preocuparemos después. ¿Quieres cenar? — cambió de tema sabiendo que estaría muerta de hambre.

La verdad es que no me había puesto a pensar que él podía pedir la custodia de los bebés, podía quitármelos si quería y yo no podría hacer nada. Pero aún tenía varias cartas a mi favor, siempre se le daba prioridad a la madre y también como ex -agente poseía contactos valiosos. Pero de eso me preocuparía solo si se presentaba la situación.

Durante los siguientes días junto con mi madre comenzamos a arreglar la habitación de los bebés, mi padre había desocupado una de las más amplias de invitados, mi madre la había pintado de un hermoso color verde ya que para ese entonces no sabíamos el sexo, y aunque había dicho que podíamos cambiarlo me negué ya que ese verde aqua me gustaba. Ahora solo necesitábamos ir en busca de un par de cunas, aunque mi padre había dicho que con una bastaría ya que los bebes no son muy grandes sabía que al final después tendría que comprar otra ya que con el paso de los meses crecerían y necesitarían su espacio.

Estábamos con mi madre acomodando las cortinas que acabábamos de comprar cuando escuchamos unos pasos subir corriendo por la escalera, ahí fuera de la habitación estaba uno de los peones del rancho.

—Lamento haber entrado sin permiso, pero el señor está discutiendo con un hombre en el jardín y están por llegar a los golpes. — dijo el chico avergonzado.

Con mi madre no esperamos a que lo repitiera y dejamos que lo que estábamos haciendo para ir en busca de mi padre y ver qué es lo que había despertado ese lado agresivo en él. Bajé las escaleras siguiendo a mi madre que aunque estaba ansiosa bajó con calma para evitar que yo fuera más aprisa. Cuando llegamos a la puerta me quedé de piedra al ver que mi padre lanzaba un golpe dándole de lleno en el rostro a Edward que cayó de espalda, pero lo que más me asustó fue ver que mi padre tenía su pistola en su cinturón.

— ¡Mamá! — chillé completamente asustada.

—Espera aquí cariño, yo me encargo. — bajó los escalones del porche y corrió hasta donde mi padre que estaba gritando y maldiciendo, mientras que Edward se había puesto de pie con el labio sangrando.

Me quedé unos segundos apoyada en el quicio de la puerta, viendo como mi madre trataba de tranquilizar a mi padre y haciendo que Edward ya no dijera nada, pero ninguno de los dos parecía hacer caso y tras cada palabra mi padre se notaba más furioso y el tono de su voz subió por completo que me dejaba escuchar de lo que estaban hablando.

—Vete Edward. —pidió mi madre que aún trataba de controlar a mi padre.

—No lo haré hasta que vea y hable con ella. Si cree que me asusta con estúpidas amenazas no me marcharé. — le dijo a mi padre que en un movimiento rápido tomó el arma y solo escuché el sonido característico de cuando era utilizada.

— ¡Edward! —grité y fui hasta donde estaban, mis movimientos no eran tan rápidos como quisiera, él había caído al piso y un par de lágrimas ya bajaban por mis mejillas pensando lo peor, hice a un lado a mis padres para ver que el hombre que estaba en el césped se movía, vi a mi padre que empuñaba su arma apuntando al cielo.

—Bella. — dijo suavemente me llevé las manos al pecho y me giré hacia mi padre aún con el corazón latiendo a mil por hora.

— ¿Qué pretendías papá?

—Hacer que este gusano se marchara de mi propiedad. — volvió a colocar su arma en su funda, me tomó con cuidado y se colocó delante de mí para alejarme de Edward que con trabajo se estaba poniendo de pie. —Vete de aquí antes de que haga que venga la policía y te lleve a prisión por invasión de propiedad privada.

—Puede hacer lo que quiera, pero no me iré sin hablar con Bella. — me levanté de puntillas para ver sobre el hombro de mi padre, ahí de pie estaba Edward que sostenía su costado, su labio mostraba un rastro de sangre.

Apreté el brazo de mi padre y dejé de estar oculta tras él. Miré a Edward que sonrió de lado, esa sonrisa que tantas veces había visto y que me encantaba.

— ¿Qué es lo que quieres? —pregunté con la voz entrecortada.

— ¿No crees que es obvio?, vine por ti. — se acercó y yo retrocedí. — Sé que no querías volver a verme, pero eso no será posible dado que ellos son mis hijos. Y no planeo dejarlos.

—Ellos no te necesitan. ¿Dime que les puedes ofrecer? — di un paso hasta él y golpeé su pecho con mi dedo. — Tú solo eres capaz de ofrecer cosas que el dinero puedan comprar.

—Te puedo demostrar que no es así, dime que tengo que hacer para que me creas que por ustedes soy capaz de todo.

—Ya es muy tarde, entre nosotros ya no puede haber nada. —dejé caer mis manos al lado de mi cuerpo.

Di media vuelta y me marché hacia la casa junto con mi madre, mi padre se nos unió solo un par de minutos después con una enorme sonrisa en el rostro.

—Lo que hiciste estuvo muy mal papá. —lo reprendí seriamente, él enarco una ceja. — Tienes una idea de si lo hubieras lastimado el lío en que te habrías metido.

—La policía ya se está haciendo cargo de él. —dijo con una enorme sonrisa.

— ¿La policía? ¿Llamaste al sheriff? — pregunté atónita a lo que asintió y mi madre se echo a reír. — no es gracioso.

—Se lo tiene bien merecido, le di oportunidad de que se marchara pero él prefirió quedarse y es momento de que se atenga a las consecuencias.

Asentí sintiendo pena por él, aunque debía de admitir que sonaba bastante gracioso el hecho de que el gran Edward Cullen se encontrara en la cárcel acusado de invadir propiedad privada, si eso llegaba a la prensa sería una bomba.

Antes de la cena comencé a sentirme mal, por lo que fui directamente a mi habitación, pero al notar que nada cambiaba mi madre llamó a la ginecóloga que me había visto antes de marcharme con Félix y ella solo dijo que era un pequeño aumento en la presión, algo que debía de cuidar por lo que me mandó a mantener unos días en completo reposo.

Fue así como me encontré confinada a mi cama o en el columpio que estaba en el porche. A los dos días del encuentro con Edward comenzaron a llegarme pequeños arreglos florales que aunque eran sencillos eran hermosos y lo que más me impresionó fue que llevara mis flores favoritas. Mis padres al igual que yo estaban desconcertados.

— ¿Sabes quién llamó? — me preguntó mi madre que se acomodó junto a mí. Yo negué pero en mi interior deseaba escuchar que había sido él. — Edward ha llamado desde ayer.

— ¿Por qué no lo me lo habías dicho?

—Pensé que no te interesaría. —se encogió de hombros. — es un hombre muy complejo.

—No sé que pensar mamá. — acomodé mi cabeza en su hombro. — Me lastimó y esa herida aún está presente, no es fácil olvidar todo lo que paso en el tiempo que estuvimos juntos.

—Es algo que solo tú puedes decidir pequeña. —me dio un beso en la coronilla.

Me quedé en esa posición mirando a la nada. Sabía que Edward me había mentido y era seguro que no se tocaría el corazón para volver a hacerlo, pero lo que no me quedaba claro era porque seguía insistiendo en volver.

— ¿Crees que él solo insiste por los bebés? —le pregunté a mi madre la pequeña idea que había parecido en mi cabeza.

—No lo sé cariño.

Me sentía estúpida por estar sucumbiendo, él me había mentido y utilizado, no podía estar pensando en verdad en perdonarlo. Era difícil olvidar todo como si no hubiera pasado, yo no estaba dispuesta a cambiar nuevamente solo para complacerlo y complacer a su familia. Me había humillado y lo peor de todo es que estaba tan ciega que le había permitido que me utilizara.

Había dejado a la agente Isabella Swan de lado para mostrar a una mujer más femenina de la que él había estado maravillado de mostrar, me había convertido en un adorno algo que siempre había señalado.

Tal vez ahora se mostrara atento solo para conseguir tener a mis hijos, pero no sería una tarea sencilla ya que no iba a permitir que él los consiguiera, sabía que a su lado no conocerían el amor que una familia debía de brindar, él había demostrado que siempre estaba el trabajo primero antes de cualquier cosa. Pero eso también ya era contradictorio, se había alejado de sus negocios para venir a buscarme.

—Estoy tan confundida mamá. — sollocé y agradecí que solo apretara mi mano y me permitiera llorar.

Jamás me había sentido de esta manera, siempre sabia que es lo que tenía que hacer, había sido una de las mejores agentes y ahora eso parecía haber desaparecido por completo. La mujer que solía ser solo un año atrás, ya no existía, había sido remplazada por una mujer insegura.

Dejé que los días siguieran transcurriendo, los arreglos habían dejado de llegar pero sabía que él seguía llamando para preguntar por mí ya que yo aún no estaba preparada para hablar con él. Fue una semana después cuando finalmente me armé de valor y cuando mi madre me hizo una seña de que estaba hablando con él le pedí que me dejara hablar.

—Hola. — saludé indecisa.

—Hola Bella, ¿Cómo sigues, pequeña? — mis labios temblaron al escucharlo llamarme pequeña.

—Estoy bien, cansada de estar sin hacer nada. — dejé escapar un bufido y él soltó una suave risita. — ¿Qué tal tu estancia en la comisaria?

—Uff… un lugar que no imaginé conocer en algún momento, no estuve mucho tiempo pero si lo suficiente para saber que no quiero regresar ahí. — se aclaró la garganta. — Bella, me gustaría verte.

Me mordí el labio porque no sabía que es lo que quería en ese instante, no quería dar una respuesta de la cual me arrepentiría después.

—Bella…

—Me encargaré de que mi padre no haga que visites la comisaria de nuevo. — respondí apretando el auricular y levanté la vista para ver a mi madre sonreír.

—Estaré ahí mañana. — sonreía sin querer al escuchar la emoción en su voz. —Cuídate y cuida a nuestros pequeños.

—Siempre lo hago. — dije con un nuevo nudo en la garganta. —Nos vemos.

Al cortar me quedé un momento aún con el auricular pegado en la oreja, estaba aún sorprendida de lo que acababa de hacer, pero ya no había manera de retirar la invitación.

Lo más complicado fue decírselo a mi padre que no lo tomó muy bien. Al principio me miró como si estuviera loca o poseída, pero tras unas miradas secretas con mi madre él se relajó y prometió que no haría nada para que lo encerraran y que no lo lastimaría nuevamente, claro que si hacía algo que me molestara intervendría sin dudar.

Al día siguiente me arreglé como siempre lo hacía, no quería que pensara que lo hacía por él, me reía de mi misma frente al espejo, parecía que había regresado en el tiempo y estaba ansiosa de mi primera cita con un chico del instituto.

Fue cerca del medio día que un auto se detuvo cerca de la entrada de la casa, me mantuve en el columpio del porche mirando como de él descendía un hombre que hizo mi corazón saltar como la primera vez y mis pequeños se unieron ya que comenzaron a moverse suavemente.

—Hola— levanté la mirada y me encontré con Edward vestido de manera simple, pero seguía luciendo tan bien como siempre. — ¿puedo?

—Claro. — acepté dejando que se sentara junto a mí.

—Tenía que verte para saber que estabas bien, lamento si fui el causante de que te vieras confinada a la cama. — tomó mi mano con cuidado, un cosquilleo recorrió de mi mano hasta mi estómago.

—Fue un poco de todo, no había descansado del viaje de regreso, además de que estaba arreglando la habitación de los niños y es una tarea demandante. — el sonrió de lado.

—Debe de ser un lugar precioso. — acomodó sus codos en sus rodillas y miró hacia el frente.

—Aún faltan ir a elegir las cunas y las cómodas. —le dije notando como eso lo hacía sonreír levemente.

— ¿Te importaría si te acompaño? —esa propuesta me había sorprendido pero no pude contener la sonrisa de notar que él quería compartir ese momento conmigo.

— ¿Lo dices en serio? — él asintió. — Por mí no habría problema.

Se puso de pie de manera brusca al escuchar el claxon de su auto. Miró el vehículo, movió los hombros de manera nerviosa, dejó sus manos en los bolsillos de su pantalón antes de mirarme.

—Sé que debí de preguntártelo antes, pero hay alguien que quería conocerte. — lo miré con la boca ligeramente abierta, miré al auto donde aunque estaban los cristales oscuros podía notarse que alguien se movía dentro.

—Edward…

—Sé que aún no me crees lo que te dije, pero te juro que es verdad esa pequeña no es mi hija, es mi hermana y ahora que tanto su madre como mi padre murieron soy lo único que le queda. — miró sus zapatos y después resopló. — Lamento arruinar el momento. Será mejor que me vaya.

—Aún me cuesta creer tu historia, pero creo que esa pequeña es la menos culpable de todo. — me encogí de hombros sintiendo su mirada en mí. — Me gustaría conocerla.

—Gracias Bella. — me dio un beso en la coronilla antes de ir hasta el auto, donde abrió la puerta trasera y ayudó a que una pequeña que iba vestida con vaqueros y una camisa a cuadros descendiera, tomó su mano y aunque estaba algo lejos podía asegurar que estaba disfrutando de la vista y los animales que se veían. Detrás de ellos bajó una mujer que miró a todos lados y los siguió, no era muy joven pero tenía un rostro que emanaba tranquilidad.

Me removí nerviosa cuando estaban más cerca, la pequeña se parecía muchísimo a Edward lo que hizo mi corazón encogerse, tal vez después de todo era una mentira, pero como se lo acaba de decir a él, la pequeña era la menos culpable de todo. Ambos se detuvieron a unos pasos de mí, Edward se colocó en cuclillas para quedar a la altura de la pequeña que me miró con sus enormes ojos verdes que aunque eran del mismo color que los de Edward su mirada me recordaba a la de Carlisle.

—Hola, yo me llamo Bella ¿y tú? — le pregunté con una sonrisa ya que se estaba mostrando tímida pegándose al cuerpo de Edward.

—Ella es la amiga de la que te hablé pequeña. — le dijo Edward, una sensación de regocijo se removió en mi interior, él le había hablado de mi.

—Hola. — se acercó a mi extendiendo su manita que tomé delicadamente con una de las mías, ella sonrió y me dejó ver el pequeño huequito que había entre sus dientes.

—Eres una niña muy hermosa.

—Eddie dijo que eras una amiga a la que quería mucho y que yo te gustaría. — miré a Edward que se sonrojo.

— ¿Cómo no ibas a gustarme pequeña?, eres encantadora. —acaricié su rostro apartando un mechón de cabello.

— ¿Puedo ver los animales? —preguntó entusiasmada.

—Ann…— sonreía al escuchar la voz de Edward que era como una pequeña advertencia haciendo que la niña se encogiera de hombros avergonzada.

—Por supuesto. — me levanté y extendí mi mano que ella tomó en ese instante. — ¿Quieres montar un poni?

— ¡Un poni! — saltó ante la propuesta.

Me llevé a la pequeña a los establos donde había un par de caballos y donde estaban los únicos dos ponis que mi padre había adquirido para sus dos pequeños nietos que aún no habían nacido. Edward iba detrás de nosotros sonriendo y sonrojándose ante las palabras de la pequeña que iba junto a mí, no podía dejar de sonreír al ver que a cada paso parecía danzar y que sus ojos brillaban en expectativa de lo que haría. Hice que uno de los hombres lo ensillara y cuando estuvo listo dejé que uno de los encargados le diera un paseo que ella estaba esperando.

La llevó a un área donde solían entrenar a los caballos adultos, me apoyé en la cerca y miré como la pequeña estaba atenta a las palabras del chico que le estaba explicando como debía de hacerlo para no caerse.

—Lo hace muy bien. — le dije a Edward que asintió sonriendo mirando a la niña —Sí, hace días que no la veía tan feliz. Ha comenzado a resentir la falta de su madre. — suspiró. — Ella aún necesita atención.

—Aún es pequeña. ¿Tú te estás haciendo completamente cargo de ella?

—No tiene a nadie más. Ha sido toda una aventura tenerla conmigo. —sonrió apoyándose en la cerca y me miró. —Al inicio no contaba con la ayuda de Carmen, su niñera, y la tenía conmigo todo el tiempo, no tienes idea de la cantidad de veces que arruinó papeles importantes solo porque estaba dibujando solecitos. —solté una pequeña carcajada imaginando a la pequeña dibujando solecitos.

—Solo les estaba dando un poco de color.

— ¡Eddie! —gritó la pequeña que estaba cabalgando sola y el chico se mantenía a unos pasos detrás dejando que ella sintiera la libertad.

—Sostente bien preciosa. — le gritó haciendo que levantara un pulgar haciéndola ver realmente tierna y también que se tambaleara haciendo que Edward prácticamente saltara la cerca, pero el chico que estaba cuidando de ella la acomodó en su silla y le pidió que no soltara las riendas.

—Eres rápido Cullen. — le dije y él regresó junto a mí en un movimiento.

Después del paseo en poni fuimos a dar un paseo con la pequeña que saltaba alegremente y que tropezó un par de veces pero que mantenía la sonrisa en su rostro y no dejaba de preguntar sobre las cosas que eran nuevas para ella y que Edward o yo le explicábamos con paciencia.

Regresamos a casa cuando fue la hora de la comida, Edward se puso rígido cuando le pedí que se quedaran a comer con mis padres, él trató de negarse pero ya era demasiado tarde mi madre estaba en el porche hablando con la niñera de Annett y la pequeña ya estaba saludando a mi madre que aunque se notaba algo tensa estaba siendo tan linda como con cualquier niño.

—No quiero tentar la paciencia de tu padre.

—Se comportará si tú lo haces, además Annett está disfrutando este día, no la he dejado de ver sonreír. — toqué su brazo sintiendo como el calor de su cuerpo traspasaba la tela y llegaba a mi mano. Tuve que hacer un gran esfuerzo para que el suspiro que estaba naciendo no saliera.

Aceptó y lo conduje hacia la puerta de la casa, más antes de entrar me giré quedando de frente a él.

—Antes de que entres quiero advertirte que la comida no es a la que estás acostumbrado y que no encontraras los cubiertos de plata ni la vajilla de porcelana fina y mucho menos todos esos cubiertos para cada tipo de…—me detuve al ver que fruncía el ceño. — Solo quería que lo supieras.

Al entrar estaba mi madre que saludó a Edward con cortesía pero seguía tensa, la pequeña me tomó de la mano y me llevó detrás de mi madre al interior de la cocina. La ayudé a lavarse las manos y la acomodé en la silla junto a mí. Mi padre entró unos minutos después, besó a mi madre como lo hacía siempre y fue en ese momento que se dio cuenta de que no estábamos solos, me miró enarcando una ceja pero no hizo ningún comentario.

Mi madre con ayuda del ama de llaves sirvieron la comida mientras todos nos manteníamos en silencio.

— ¿Quién es esa pequeñita? —preguntó mi padre con una sonrisa mirando a la niña que se estaba mostrando tímida y apenas había probado la comida. Me miró con sus ojos muy abiertos.

—Él es mi papá Ann. — utilicé la manera en que había escuchado que Edward lo había llamado, acaricié su cabello y ella sonrió.

—Me llamo Annett. —se presentó tímidamente.

—Que bonito nombre. ¿Te gusta el pastel de chocolate? —preguntó mi padre y la niña asintió moviendo fervientemente la cabeza y sonriendo. — Si comes bien te daré una rebanada más grande que a los demás.

Fueron las palabras mágicas para que la pequeña comenzara a comer, parecía que mi padre la había intimidado un poco y por eso se había mantenido calladita, pero tras ver que no era tan malo como parecía comenzó a hablar y hablar haciéndonos reír y enrojecer un par de veces a Edward, cosa que parecía encantar a mi padre.

Con los simples comentarios que hacia la pequeña sobre Edward nos dejaba claro que él representaba una parte fundamental en su vida y que a pesar de la manera que lo habíamos juzgado era un hombre con corazón y que estaba seriamente preocupado por ella, que estaba enseñándose a organizarse para dedicarle el tiempo necesario a la niña. No estaba segura si todo esto era solo un teatro y estaba utilizando a la niña para que viera que podía ser diferente o si era una realidad.

Como mi padre lo había prometido le dio una enorme rebanada de pastel que disfrutó y terminó con la boca llena de chocolate lo que me pareció muy gracioso, la limpié con cuidado y dejé que fuera con mi padre que le prometió llevarla de nuevo a montar el poni.

Con Edward estuvimos en el porche hablando de muchas cosas sin llegar a tocar algún tema que nos llevara a una discusión. La mayor parte la pasamos hablando del embarazo. Me moví ya que me había cansado de estar en una posición y ese movimiento hizo que los pequeños se acomodaran.

— ¡Wow!—exclamé llevándome una mano al vientre. — cada día se mueven mas.

— ¿Se están moviendo? —asentí, tomé su mano y la coloqué en mi vientre donde los pequeños aún seguían moviéndose, una enorme sonrisa apareció en su rostro. — ¿Se mueven mucho?

—Pero la mayoría del tiempo son unos niños muy buenos.

— ¿Puedo preguntar cuando nacerán?

—En junio. — respondí viendo como se quedaba en silencio, lo miré con curiosidad y me sonrojé al percatarme de lo que estaba haciendo, estaba sacando cuentas.

—¿Sucedió en la playa?, nuestra primera semana juntos. —asentí y permití que tomara mi mano, me recargué en su hombro y me quedé en esa posición por un largo rato.

Todo lo que había sucedido este día era una locura, sabía que debía de odiarlo y mantenerlo lejos de mí, pero era idiota de mi parte el negar lo que aún sentía por él. Sabía que había hecho muchas cosas que me habían herido y que no se merecía mi perdón, pero lo que sentía era más fuerte y luchar contra ese sentimiento solo me traería más dolor, además de que compartiríamos algo muy preciado, dos pequeños que estaban creciendo en mi interior.

— ¿En qué piensas? —preguntó acariciando mi espalda con suavidad lo que me hizo suspirar.

—En lo mucho que se supone debo odiarte y que no debería de permitirte estar cerca de mi o de los bebés.

—Lo sé cariño, sé que no he sido el mejor hombre pero quiero que sepas que te quiero. Sé que actué muy mal pero fue por miedo a mostrarme vulnerable más eso ya no me importa. No me imagino lejos de ti.

—Son lindas esas palabras, pero creo que entiendes que no puedo confiar plenamente en ti. Aún es muy pronto.

—No te forzaré a nada Bella, tomaremos las cosas con calma y dejaremos que seas tú la que decida hacia donde llegara todo esto. —me sorprendió que él estuviera dispuesto a aceptar lo que yo decidiera, era un paso importante ya que siempre trataba de ser él quien llevara las riendas de todo.

Se marcharon por la noche después de la cena, Annett se había quedado dormida, agotada después de todas las actividades en las que había participado. Le di un beso en la mejilla antes de que se fueran y aclaré que podían regresar cuando quisieran.

Mi madre estuvo junto a mí mientras esperaba que el auto desapareciera en la oscuridad del camino.

—Aún estás confundida.

—Más que nunca.

—El tiempo lo aclarara todo cariño. Tal vez la relación no funciono pero si puedes tener un amigo. — asentí, más no estaba segura de que pudiera verlo solo como un amigo cuando habíamos vivido tantas cosas juntos, que me tocara aún hacia que mi piel se erizara y sintiera esa sensación de revoloteo en mi estómago.

Sería la prueba más difícil que debía de llevar a cabo, me jugaría todo solo para saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar.



Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

1 comentario:

  1. Awwwwwwwww al fin por fin :D !!!! Edward se merecía una pequeña oportunidad, otro capitulo casi perfecto (te debes preguntar porque casi, bueno yo hubiera cambiado un poco las palabras de Charlie pero fuera de eso prefecto) felicitaciones, clau ( tal vez tambien te pregunte porque en la mayoría de los capítulos no pongo mi nombre así que te explico que lo que pasa es que se me olvida)

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