Mi nueva vida con un playboy: Capítulo 23



 Derrota


El tiempo había transcurrido con infinita lentitud, yo me había tratado de mantener ocupado jugando y hablando con Ann, pero no podía evitar en imaginar que es lo que estaría sucediendo en esa estúpida cena en la que estaban con los que se habían hecho llamar mis amigos, ahí estaban ellos pasando el tiempo con un hombre que pretendía quitarme a la única mujer que me había interesado de verdad y que era la madre de mis hijos.

— ¡Papá! —gritó la niña a mi lado mirándome ceñuda. Desde que los gemelos habían nacido Ann me llamaba más veces papá que Eddie.

— ¿Qué sucede?

— ¿Tengo que irme a casa? —preguntó tratando de convencerme de lo contrario con esa mirada tierna que ella sabía poner y con la que conseguía doblegarme. Pero esta vez era diferente.

—Tienes que irte a casa, mañana podrás regresar temprano.

—Quiero dormir con Bella, ella siempre me lee un cuento y me abraza. —dijo abrazando uno de los cojines de la cama de Bella en la que nos habíamos acomodado para ver una de las películas que le gustaban. No me había dado cuenta en qué momento Ann había comenzado a ver a Bella de una manera diferente, era obvio que ella ya no la veía solo como mi amiga, ella la quería y la estaba dejando que le brindara el afecto que no le podía dar Charlotte. Para Ann, Bella era como su madre. ¿Bella, sería consciente de eso?

—Puedes dormir conmigo esta noche y tal vez mañana puedas dormir con Bella, pero debes de pedírselo.

—Eso haré. — me dio un beso y salió de la habitación para buscar a Carmen que seguro estaría en la cocina con Lily esperando que le indicara que se llevara a Ann.

Unos minutos después fui a indicarle que la preparara para que durmiera en mi cama y que después ella se podría machar a descansar. Le aseguré que yo me encargaría de los niños si despertaban, esperaría a que Bella regresara.

Cuando dieron las diez estaba en la sala sentado en el sillón por el cual podía ver perfectamente la puerta, la cual se mantuvo cerrada por un largo rato. Mi mirada iba de la puerta al reloj que estaba sobre la chimenea. Me llevé las manos al rostro al notar que ya habían pasado diez minutos y ella no aparecía. ¿Cómo podía estarse retrasando tanto? Me levanté y comencé a caminar de un lado al otro del salón como león enjaulado, el más mínimo ruido me hacia detenerme y mirar a la puerta que seguía permaneciendo cerrada.

Fue poco después de las diez y media que se escuchó como una llave era introducida y la suave risa de ella. Me senté en el sillón que estaba de espaldas a la puerta en el cual me podía ocultar.

—Ha sido una noche excelente, tus amigos son muy agradables.

—Sí, yo también lo he pasado muy bien, a los chicos les simpatizaste y hasta tienes entrada al próximo partido de los gigantes.

— ¿Estás segura de que no quieres acompañarme? Sé de un lugar donde podemos comer y pasar un rato agradable. — apreté los puños al escuchar como su voz se iba haciendo más sedosa y era obvio que estaba tratando de seducirla.

—Me encantaría poder acompañarte, pero no puedo estar tanto tiempo lejos de los niños, sabes que ellos dependen completamente de mí.

—Conozco un lugar cerca de aquí que estoy seguro les gustará ¿Quieres ir este fin de semana?

—Me encantaría. — la emoción en su voz era notoria y yo estaba muriéndome de los celos. Ella estaba dándose la oportunidad para salir con otro hombre, ¿Me había olvidado realmente?

—Pasaré por ustedes el domingo temprano ¿a las ocho te parece bien?

—Perfecto.

—Bueno tengo que irme, pero te llamaré mañana. — tras cada palabras su voz se iba haciendo más suave y cuando se quedó en silencio supe que no era una buena señal por lo que me levanté de un salto y me detuve en el marco de la puerta solo para ver como él miraba directamente a los ojos de Bella quien estaba demasiado cerca. Me aclaré la garganta rompiendo el momento y ganándome su atención.

— ¿Interrumpí algo? —pregunté inocentemente.

—Yo solo me iba. Que tengas una buena noche Bella. — le dio un beso en la mejilla y se marchó. El cretino solo se había despedido de ella como si yo no estuviera cerca. ¿Qué clase de educación tenía ese hombre?

—Pensé que ya estarías en tu departamento. —dijo quitándose el abrigo y dejando el bolso en la mesita más cercana. Yo la miré sin decir nada, ella parecía tan tranquila pero a la vez un nuevo brillo estaba presente en su rostro, una señal de que parecía que la estaba perdiendo.

—Me quedé cuidando de los niños hasta que llegaras. ¿Te divertiste? —pregunté tratando de sonar desinteresado.

—Fue maravilloso. Ya sabes cómo es Emmett, nos mantuvo riendo con sus nuevas anécdotas, quiso mostrarle a Rupert una jugada pero fue Emmett quien terminó en el suelo. Creo que no sabe que es un tanto difícil tomar a un agente con la guardia baja. — dijo con una sonrisa. Ese hombre la estaba haciendo sonreír y sentir tranquila, que era algo que parecía yo ya no podía conseguir. Sabía que ellos podían tener algunos gustos en común, pero nosotros teníamos dos pequeños que nos necesitaban. — Me iré a cambiar y preparar ya que casi es hora de la siguiente toma.

— ¿Quieres ayuda? —me ofrecí buscando estar un poco más con ella.

—No es necesario. Ya nos veremos mañana. —acepté con un gesto de asentimiento y me dirigí a la puerta, pero me detuve al escuchar su móvil timbrar, me giré solo para ver como ella lo sacaba de su bolso y al ver el nombre que aparecía su rostro se iluminaba.

—Rupert. —Dijo con alegría y soltó una suave risita—Permíteme. — cubrió el auricular y me miró. — Que descanses Edward. Nos vemos mañana.

—Hasta mañana. —dije en un murmullo abriendo la puerta.

—No interrumpiste nada. Solo Edward que ya se iba. — fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta para dirigirme fuera del edificio en lugar de mi departamento donde debía de estar.

Caminé por unos cuantos minutos sabiendo que alguno de mis hombres iba detrás de mí cuidándome las espaldas, entré en un bar que estaba en la acera de enfrente y pedí un whisky doble. A este lugar había venido infinidad de veces antes de conocer a Bella, había conocido a algunas de las que habían sido mis conquistas de una sola noche.

Una chica rubia se me acercó y se inclinó para pedir al chico una bebida mientras dejaba ver sus largas piernas que iban al descubierto por el pequeño vestido que llevaba puesto, sus senos eran prominentes y se encontraban aprisionados en ese ajustado vestido, echó el cabello de lado y me miró sugerentemente al tiempo que pasaba su lengua por sus labios en una clara invitación.

— ¿Está ocupado este lugar? —preguntó del banco que estaba junto a mí. Yo solo negué con la cabeza y la vi tomarlo. — Mi nombre es Susan— extendió su mano que tomé y ella me acercó hasta posar sus labios muy cerca de los míos.

En algún momento, un par de años atrás, ella bien hubiera podido ser una más de mis conquistas de una noche y estaba seguro que hubiera sido una noche interesante pero sorprendentemente a pesar de que lucía bastante provocativa no me parecía sexy y no lograba despertar nada en mi. ¿Me había conformado con tan poco? Me pregunté al observarla detenidamente. Podía que a muchos les pareciera una chica hermosa pero para mí era una belleza bastante artificial y estaba seguro que tenía algún par de cirugías estéticas y que debajo de ese maquillaje no se encontraba un cutis perfecto como el de Bella.

— ¿Me estás escuchando? —preguntó enarcando una ceja. — te estaba diciendo que…

—Lo siento pero no estoy interesado, conmigo pierdes tu tiempo. — le dije terminando mi bebida de un trago y dejando el vaso sobre la barra con más fuerza de la debida. Me levanté y pagué antes de marcharme del lugar.

Sin darme cuanta Isabella se había convertido en la única mujer que parecía lograba despertar el deseo en mí, la única que parecía podía lograr que mi cuerpo respondiera. Ella era la única mujer que me importaba y parecía que ya no estaba interesada en mí. ¡Estaba jodido!

Llegué a casa y después de un baño me metí en la cama donde descansaba la pequeña figura de mi hermana que abrazaba su muñeca favorita, la cual yo le había regalado. Tal vez yo fuera su hermano pero me encargaría de ser un buen ejemplo y darle todo el amor que mi padre le hubiera dado.

El viernes llegué temprano a cenar y me encontré que no lo haríamos solos, ahí estaba Rupert con Eddie en brazos que parecía aceptarlo, sentía como la furia crecía en mi interior y comenzaba a carcomerme, me mordí varias veces la lengua para no soltar un comentario mordaz, mientras que Bella hablaba y jugaba con Ann sin soltar a Tonny que estaba en sus brazos. La cena me pareció bastante larga y me mantuve callado solo mirando la manera en que ellos hablaban y hasta como Ann estaba divirtiéndose con sus historias, que ese intruso estaba contando. Agradecí que se marchara justo después de la cena por asuntos que debía de atender y aproveché el momento para estar con mi familia.

— ¿Qué dices si vamos a algún sitio este fin de semana? —le dije a Bella esperando que aceptara estar conmigo en lugar de salir con su "amigo" como sabia habían acordado, esperaba que me diera mi lugar y que comprendiera que era preferible que mis hijos estuvieran conmigo en lugar de con ese hombre.

—Hmmm, creo que no se va a poder. —dijo un poco avergonzada. — Ya teníamos planes para este fin de semana, iremos a un parque cercano a un picnic. Ann está entusiasmada y estoy segura que a los niños les vendrá bien un poco de sol.

— ¿Irás con Rupert? —pregunté aunque sabía la respuesta.

—Sí, me lo pidió la noche que salimos a cenar con los chicos. ¿Quiéres venir con nosotros? — ¡Estaba loca! Quería que fuera para ver como ese hombre intentaba robármela y yo no podía romperle la cara porque sabía que ella se molestaría y diría que no había cambiado.

—Diviértanse yo tengo cosas que hacer.

El domingo vi cuando se marcharon mientras que yo me quedaba solo en mi departamento. En lugar de ponerme a trabajar fui a caminar por la ciudad y compré un par de cosas para los niños, desayuné en un restaurante que me gustaba y que tenía mucho sin ir. Más tarde estaba saliendo de una juguetería cuando me encontré de frente con Emmett que mantenía un brazo sobre los hombros de su esposa y junto a ellos estaban Alice y Jasper, ambos nos sorprendimos pero decidimos ir a comer juntos.

Fuimos a un restaurante cercano de comida internacional donde podíamos estar tranquilamente. Al inicio solo comenzamos a hablar de las cosas que habían sucedido recientemente y como las cosas iba mejorando para ellos.

— ¿Dónde está Bella? —preguntó Rose.

—Salió con un amigo y los niños. —dije entre dientes.

— ¿Con Rupert? —preguntó Alice con una sonrisa. Yo asentí.

—Es un hombre muy divertido, el día que salimos a cenar lo pasamos muy bien. —sentenció Emmett.

—Eso dijo ella.

—Me alegro de que ella esté saliendo con alguien, es una chica hermosa y que se lo merece. — soltó Rose dejándome estupefacto.

— ¿Cómo puedes decir eso? —gruñí inclinándome hacia adelante apoyando las manos en el borde de la mesa. — Ese hombre…

—Será mejor que te hagas a la idea Edward, tú la alejaste y debes de dejar que ella continúe con su vida. Me alegro de que lo esté haciendo. —secundó Alice.

—Sé que cometí errores y que la lastimé, pero la amo. Es la madre de mis hijos y no quiero que sea otro hombre el que esté con ellos porque es mi lugar. —gruñí furioso.

—Tuviste tu oportunidad y la desperdiciaste. —Emmett chasqueó la lengua—Deja que ella sea feliz. Ahora lo parece.

—Sí, lo parece. — dije con pesar recordando la sonrisa que estaba en sus labios desde hace semanas. Me negaba a ver lo obvio, yo la había tenido y la había alejado de mí. Todo esto era mi culpa.

Estuve con ellos durante la comida pero traté de que habláramos de otras cosas que no tuvieran nada que ver con mi relación con Bella. Pero apenas terminamos de comer me marché alegando que tenía que ir a recoger algo que había pedido para los niños. Era una mentira pero no podía estar ahí sabiendo que ellos veían con buenos ojos que Bella estuviera lista para iniciar una nueva relación y que era mejor que yo me hiciera a un lado.

Fue cerca de las seis de la tarde que ellos regresaron y supe al instante que lo habían pasado muy bien por el rostro de felicidad de mis dos mujeres y la tranquilidad de mis hijos que estaban dormidos. Aunque sabía que debía de dejar que ella fuera feliz no me veía lejos de ella y tenía que hacer todo lo posible porque ella se diera cuenta de que yo era una mejor opción que ese hombre que estaba tratando de conquistarla.

La primera semana pasé el mayor tiempo posible con ella en casa y hasta llegué a mantener un par de videoconferencias para no tener que moverme de ahí. Pero aun cuando hablaba con ella tenía que soportar ver que se alejaba cuando ese hombre la llamaba ya que estaba fuera de la ciudad atendiendo otros asuntos de trabajo, mientras que ella estaba sin tener que planear ninguna nueva estrategia, solo se encargaba de revisar un par de documentos, lo que la dejaba estar totalmente atenta a los niños.

La siguiente semana Rupert había regresado y habían salido un par de veces, un día había estado a punto de decirle que ya había salido bastante y que no olvidara que tenía dos hijos que la necesitaban, pero me había mordido la lengua y dejé que se marchara con ese tipo que cada vez me caía peor. Era sábado por la mañana y quería asegurarme de que este fin de semana lo pasaríamos juntos.

—Bella…—ella se giró aún meciendo a Eddie. — ¿Quieres salir a cenar conmigo?

— ¿A qué viene la propuesta?

— ¿No puedo invitarte a cenar? —contesté su pregunta con otra.

—Es solo que no lo esperaba. —dijo encogiéndose de hombros. —Pero me gustaría.

— ¿De verdad? —enarcó una ceja.

—Si lo que…

—Ahora mismo hago las reservaciones. Conozco un lugar que apuesto te encantará. —dije saliendo de la habitación con Tonny en brazos, llamé a mi asistente y le pedí que hiciera la reservación para las ocho de la noche lo que nos daría tiempo para cenar con calma en lo que los niños dormían.

Durante la comida estuvimos tranquilamente hasta que recibimos la visita indeseada de Rupert que había ido a invitarla a salir, pero que ella se negó ya que saldría conmigo y eso me dio una satisfacción.

Ella se arregló de manera simple lo que resaltó más su belleza natural. Nos despedimos de Ann que se había puesto un poco triste por no acompañarnos pero que había solucionado pidiéndole que cuidara de los bebés una tarea que le gustó y por la que ya no protestó más.

Se sorprendió que en lugar de dirigirla hacia el auto que estaba estacionado fuera del edificio tomara su mano y entrelazara nuestros dedos y la guiara calle abajo un par de cuadras antes de girar a la derecha donde estaba un pequeño restaurante de comida italiana. Sabía que la había sorprendido el lugar pero se relajó al sentir la calidez. Nos llevaron a nuestra mesa que estaba en una de las partes más privadas del lugar iluminadas por velas dando un toque romántico.

El mesero hizo el ademán de retirar la silla para Bella, pero yo se lo impedí adelantándome y permitiendo que se sentara.

— ¿Te gusta? —le pregunté tomando mi lugar.

—Es un lugar lindo. —noté que su mirada recorría el lugar y el brillo en sus ojos que dejaba claro que le gustaba. —Pensé que cenaríamos en otro lugar, pero me alegro de que escogieras este que es más simple.

—Puede que aún no me creas pero he cambiado y ahora no entiendo como llegué a ser tan superficial. —dije tomando su mano sobre la mesa.

Ella se removió un poco nerviosa y apartó su mano de la mía, aunque habían sido solo unos segundos había sentido como su piel se erizaba y la luz de las velas no permitía verla con absoluta claridad pude notar como sus mejillas se encendieron levemente, más se ocultó detrás del menú, el cual estudió por unos minutos antes de ordenar una pasta con una bebida libre de alcohol.

Hablamos de los niños y de lo bien que se estaba adaptando Ann a estar en la ciudad y vivir entre los dos, además de lo mucho que le gustaba estar con los niños y como se había comenzado a tomar enserio el papel de hermana mayor, algo que había dicho sin pensar y contrario a lo que esperaba ella me dio la razón y dejó claro que sería una excelente hermana mayor ya que jugaba y cuidaba de ellos. La cena no tardó mucho en llegar y antes de comenzar a comer me aclaré la garganta y tomé mi copa.

—Por la primera noche en la que podemos estar solos y disfrutar de nuestra compañía. —dije chocando mi copa con la suya. —Gracias por aceptar salir conmigo.

—No me lo habías pedido antes. —dijo dando un sorbito para después hundir el tenedor en su pasta.

—Lo hice, pero tú ya tenías planes. —traté de que no se notara lo mucho que me afectaba.

—No podía cancelarlos, —seguí el tenedor hasta que entró en su boca y ésta se cerró en torno a él para después retirarlo con lentitud. Esa imagen provocó que mi cuerpo reaccionara. Reí por lo bajo. — ¿Me manché de salsa? —preguntó pasando la servilleta por su boca y barbilla.

—No es eso. —le dije tomando mis cubiertos para comenzar a comer. Si solo supiera que con ese simple gesto de comer lentamente había provocado lo que una mujer en un minivestido no había logrado. ¡Era patético! Me excitaba verla comer pero no me excitaba una mujer prácticamente desnuda. ¡Estaba perdido! — ¿Puedo preguntar algo?

—Claro.

— ¿Te gusta Rupert? —pregunté al fin sin poder ocultar los celos que sentía y ella hizo una extraña mueca.

—Es atento y divertido. —dijo con esa sonrisita tonta en sus labios.

—Pensé que aún tendríamos una oportunidad.

—Las cosas cambian Edward. —dijo muy bajito dejando el tenedor de lado y mirándome con pena. —Yo… dije que podíamos ser amigos.

— ¿Amigos? —dejé el tenedor sobre la mesa con más fuerza de la necesaria y apreté la servilleta que estaba en mis piernas. —Tendré que acostumbrarme a ello.

Ella me miró con los ojos abiertos pero no dijo una sola palabra más, estuvimos ahí por diez minutos más en los que ella comió solo un poco pero no se terminó su plato al igual que yo tampoco pude hacerlo así que salimos del lugar antes de lo planeado. El camino fue en un silencio, incómodo.

Ann al vernos llegar nos abrazó y nos informó que los bebés no habían despertado y que ella los había estado vigilando durante nuestra ausencia. Información que fue confirmada por Carmen que nos dijo que se había tomado muy en serio su papel y cada veinte minutos le pedía que detuviera la película que estaba viendo e iba a ver los bebés. Bella se inclinó para agradecerlo y darle un par de besos que ella aceptó contenta.

Estuve ahí y la ayudé a atender a los niños, aunque nosotros no nos dirigíamos la palabra. Me mantuve hablando con mis hijos a los que les murmuraba lo mucho que los quería y que siempre estaría con ellos cuidando de que nada les faltara y que no me perdería ningún momento especial e importante de su vida. Sentía la mirada de Bella sobre mí, pero evité devolvérsela ya que no quería que se diera cuenta de el dolor que estaba sintiendo y que mis ojos se habían comenzado a humedecer al saber lo que estaba perdiendo y que no tenía ni idea de que hacer para que eso no sucediera. Le había hecho daño y parecía que nada de lo que hacía para demostrar mi cambio funcionaba, ella no entendía que estaba dispuesto a renunciar a todo por ella y mis hijos.

Cuando los bebés se durmieron y ella estaba colocando al último en su cuna, yo solo le deseé una buena noche y me marché a su habitación para llevarme a Annett que se había quedado dormida y la llevé conmigo hasta mi departamento.

La siguiente semana estuve al pendiente de ellos y pasé tiempo con mis hijos pero traté de no quedarme a solas con ella ya que no sabía si podría soportar estar tan cerca y al mismo tiempo tan lejos. Cada vez que la veía y me recordaba que ya no había oportunidad me entraban unas ganas enormes de besarla y mantenerla en mis brazos para que se diera cuenta de lo mucho que la amaba, porque eso era lo que sentía por ella.

El jueves había llegado temprano al edificio solo para ver Rupert llegar y sabía que iba a verla, así que en lugar de entrar me fui a caminar y tratar de despejar mi mente. Aún me costaba hacerme a la idea de que la vería siempre pero en compañía de otro hombre, que sería otro quien cuidara de ella, quien recibiría su cariño y sus muestras de afecto, quien sentiría la dicha de tenerla junto a él, otro él que recorrería su cuerpo y compartiría la intimidad con ella.

Ahora lo único sano que quedaba era apartarme de su camino y dejarla que ella fuera feliz… aunque no fuera conmigo.

Perdí la noción del tiempo, no supe cuando me quedé sentado en un rincón de un pequeño bar, pero me di cuenta de que había sido mucho tiempo cuando salí y la calle estaba oscura y con muy poca gente transitando por ella. Me dirigí al departamento y fui a ver a mis hijos, solo rogaba que ese hombre se hubiera marchado y agradecí que así fuera.

— ¿Estás bien? —preguntó Bella que me abrió la puerta y tocó mi frente con el dorso de su mano.

—Solo estoy cansado, fue un día pesado. —mentí alejándome de su tacto.

— ¿Ya cenaste? es demasiado tarde y se me hacia extraño que aún no volvieras y que no llamaras. — me sorprendió escuchar que ella se había preocupado un poco. Sonreí levemente pero desapareció cuando recordé que ella solo era amable más no le preocupaba en realidad.

—Tuve que estar más tiempo en la oficina, cosas que no podía dejar para mañana, pero solo vengo a ver a los niños. — ella asintió y me permitió pasar.

— ¡Papi! —recibí a Ann en mis brazos y le di un beso en la mejilla. — ¿Ya te dijo Bella que mañana pasaremos la noche en nuestra casita, los bebés estarán con nosotros?

Lo que me acababa de decir Ann me había tomado por sorpresa y de inmediato miré a Bella que se sonrojó, miró al suelo y sus zapatos los cuales movía levemente.

—No lo sabía. —fue mi respuesta y tras un gran esfuerzo busqué los ojos de Bella que se sonrojó aun más y supe que era algo que no me gustaría escuchar.

—Bueno pensé que sería buena idea ya que mañana prepararé una cena y creí que no te importaría que los niños estuvieran contigo. —dijo mirándome a los ojos con nerviosismo.

—Ya veo. —dije tratando de que mi voz no sonara furiosa. Ella se estaba burlando de mí, algunas cosas las podía pasar pero si lo que quería era humillarme más, no lo iba a conseguir, aún tenía orgullo. —Lamentablemente no podré hacerlo. —la vi enarcar una ceja. — Surgió un problema en Londres, es por eso que tardé en salir de la oficina, y tengo que viajar. —mentí sorprendiéndome de lo creíble y sencillo que resultaba. —De hecho saldré en unas horas y quería pedirte que te quedaras con Ann estos días que estaré fuera.

—Sabes que no es ningún problema.

—Solo iré a ver a los niños. — le dije antes de dirigirme a la habitación de mis hijos.

Me incliné en las cunas y acaricié el rostro de cada uno de mis hijos, les había prometido que no los dejaría pero en este momento lo único sensato era huir, alejarme antes de que me lastimara más. Era algo cobarde lo que estaba a punto de hacer pero mi única solución.

Les susurré que los quería y que regresaría pronto.

Abandoné el departamento tras despedirme de Ann que me pidió que no olvidara traerle un regalo y que también para los bebés. Le prometí que lo haría a cambio de que ayudara a Bella y ella dijo que lo haría.

—Gracias por cuidarla de nuevo. Buenas noches. — fueron las palabras que le dije a Bella antes de salir del departamento dejándola sorprendida ya que al parecer no era lo que esperaba.

La realidad es que dicho viaje de negocios no existía, pero me iría bien el alejarme un par de días de todo. Ordenar nuevamente mis prioridades ya que habían sufrido un cambio.

Llamé a mi piloto para que estuviera en el jet en una hora. Mientras armaba mi mochila decidí a qué lugar me dirigiría y decidí que me marcharía a una cabaña en Canadá, que era de uno de mis socios que me había sugerido utilizar hace meses pero que por el trabajo yo lo rechacé, pero ahora era necesario.

Llamé a mi socio y encantado me indicó que podía utilizarla, que cuando llegara estaría lista para ser utilizada y que iría alguien para abastecer la nevera y que mi estancia fuera lo más placentera.

Al llegar contemplé que la cabaña era más grande de lo que me imaginaba y tenía unas vistas maravillosas, sin duda se apreciaban mejor con la luz del sol que estaría iluminando el cielo en un par de horas. La cabaña era perfecta, era privada y contaba con todos los lujos.

Me dejé caer en el sillón frente a una chimenea de piedra que estaba ya con la leña en su sitio para ser utilizada y sin pensarlo más me levanté y la encendí. Me senté en la alfombra frente al fuego y me perdí escuchando el chispar de la leña en llamas y como estas parecían bailar. Esto que estaba por hacer era lo más difícil que iba a hacer pero sin duda dejaría claro que mi cambio era real, que era un mejor hombre aunque ya no importaba demasiado. —claro que importa— murmuró una voz en mi cabeza y supe que tenía razón, tal vez ya no lo sería para Bella, pero sí que importaba para mis hijos, sería un padre ejemplar.

Desperté tras escuchar como la puerta era cerrada de golpe, me levanté y aún adormilado me acerqué para ver a una mujer que estaba sonrojada y que al verme comenzó a disculparse por azotar la puerta, algo a lo que le resté importancia y la ayudé con las bolsas que llevaba en sus manos. Me indicó donde estaba cada cosa y dejó un par de platillos en la nevera para que solo los calentara lo que era una excelente ayuda.

Tras darme una ducha di un paseo por los alrededores y regresé justo a la hora de la comida para atender una llamada de mi secretaria que quería hablarme de pequeños asuntos que requerían mi atención por lo que tuve que ponerme frente al ordenador y trabajar un poco, eso claro después de comer.

Por la noche tras ver una película y armado de valor llamé para saber cómo estaban, pero colgué antes de que hubiera timbrado un par de veces ya que recordé la cena de esa noche. Lancé el móvil que cayó sobre la alfombra amortiguando la caída. La charla tendría que esperar al día siguiente.

La noche siguiente sentía las palmas de mis manos húmedas y tras frotarlas en mi pantalón tomé el móvil y llamé a Bella. Fueron solo tres timbrazos los que dio antes de que fuera su voz la que se escuchara al otro lado de la línea. Mi corazón martilleaba tan fuertemente que dolía.

— ¿Edward? —preguntó ya que me había quedado mudo.

—Buenas noches. —saludé tratando de mantener un tono de voz neutral.

— ¿Está todo bien? —preguntó. Me aclaré la garganta, me apoyé por completo en el sillón en que estaba y cerré los ojos con fuerza.

La decisión que había tomado era indiscutible.

—Me gustaría hablar un par de cosas contigo. —dije con seriedad y tras el silencio tomé aire. —Quiero que arreglemos todo acerca de los niños. Yo seguiré haciéndome cargo de la mayoría de los gastos aunque sé que eres perfectamente capaz de hacerlo tú, pero no olvides que son mis hijos.

—Espera…

—Sobre Ann, sé que está muy encariñada contigo, pero ya que las cosas están por cambiar creo que lo mejor es que comencemos a distanciarla lentamente ya que de golpe puede ser muy duro y más tras la muerte de su madre. Es lo mejor ahora que sabemos que no serás una figura constante en su vida.

—Espera, Edward. No estoy comprendiendo nada. —me pareció percibir una nota de miedo en su voz.

—He intentado por todos los medios posibles demostrarte que cambié, que no soy más ese hombre egocéntrico e inmaduro al que te viste obligada a cuidar. —cerré el puño al borde del sillón. — He comprendido que fui yo quien terminó con todo lo bueno que teníamos, que debía haberte hablado con la verdad desde un inicio y así nos hubiéramos evitado todo este sufrimiento. Pero el hubiera no existe.

—Ed…

—Te perdí. Pero sobre todas las cosas te deseo lo mejor, aunque ya no sea a mi lado. Sé que el daño que te causé fue irreparable, quiero que sepas que siempre ocuparás un sitio importante en mi corazón. Solo quiero que me prometas algo. —esperé a escuchar alguna respuesta pero tras unos segundos de silencio volví a hablar. — Sé feliz Bella, te lo mereces.

—Edward yo…

—Me permites hablar con Annett, por favor. —le pedí.

La escuché llamar a Ann que no tardó en ponerse al teléfono y comenzó a contarme todo lo que había hecho ella junto con los bebés, también me recordó que no olvidara llevarle un obsequio y que no tardara demasiado en regresar ya que me extrañaba mucho. Le dije que la quería y escuché que dejaba el teléfono y en seguida escuché la voz de Bella pero en lugar de hablar colgué.

Esa noche la pasé frente al fuego y con una botella de whisky junto a mí. El ahogar las penas en alcohol no es la decisión más inteligente pero al menos ayudaba a olvidar todo y el dolor se atenuaba por un rato antes de regresar con mayor intensidad con los recuerdos que me estaba empeñando en olvidar.

De ahora en adelante solo debía de pensar en mis hijos y mi hermana. Esos tres niños eran lo que me impulsarían a continuar. Eran mi todo.

Tras una semana fuera decidí que ya era hora de regresar y enfrentarme a mi nueva realidad. Ya me había escondido lo suficiente y era el momento de dar la cara.

Durante el vuelo recordé las llamadas que había realizado para saber cómo estaban mis hijos y mi hermana, las conversaciones con Bella solo eran por pura cortesía, donde solo me limitaba a preguntar cómo estaba ella pero lo demás era referente a mis hijos y tras ese intercambio de palabras pedía hablar con Ann quien me hacía reír con sus ocurrencias y tras hablar con ella colgaba ya que no sabía de que más hablar con Bella. Si realmente quería dejar de sentir lo que sentía por ella debía de comenzar a construir una barrera entre nosotros.
Me debatí en ir a ver a mis hijos apenas llegar, pero decidí que lo mejor era darme un baño y después ya limpio podría ir a verlos, estar con ellos por un rato y después llevaría a Annett a cenar fuera a alguno de esos lugares para niños que sabía le encantaría. Debía de hacer que Annett comenzara a acostumbrarse a pasar más tiempo conmigo para que no extrañara tanto a Bella.

Las puertas del ascensor se abrieron y tras abrir la puerta de mi departamento encendí la luz del pasillo y caminé despacio hacia mi habitación pero cuando pase por la puerta del comedor me quedé estático al ver que estaba la mesa puesta para dos y una botella de champán enfriándose.

—Hola—me giré para ver a Bella apoyada en la pared. Llevaba un pequeño vestido dorado que se ajustaba a su cuerpo y que tenía un escote prominente, unas zapatillas altas que hacían parecer sus piernas más largas y el cabello le caía como una cascada de rizos castaños.

Cerré los ojos con fuerza pensando que solo se trataba de una alucinación mía, pero al abrirlos ahí estaba ella con una hermosa sonrisa en su rostro. Era una realidad y no comprendía que es lo que sucedía.



Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

2 comentarios:

  1. Sabes que nunca la he mentido a un autor y no te mentiré ahora, odio este capitulo y creo que seria muy malo si Edward la perdona ahora; sencillamente me parece injusto

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  2. Lo que Edward he hecho a Bella no tiene perdon, toda la humillacion que ella pasó es inolbidable. Ahora parece que el ha cambiado, pero antes tambien lo parecia y hubo tanto sufrimiento. Todo el dolor que Edward pasó en este capitulo no supero los dolores de Bella. Marta.

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