Protegiendo a un playboy: Capítulo 4


Vecinos


Ignoré el hecho de que el nuevamente se negara a hacer algo que sabía era completamente nuevo. No me imaginaba al gran Edward Cullen haciendo las compras enfundado en uno de esos trajes que a simple vista denotaban ser muy caros.

—Me escuchaste, no iré. —grito al inicio de las escaleras ya que yo había subido en busca de mi bolso.


Me mire en el espejo recogiendo mi cabello y preparándome para enfrentarme con mi flamante esposo.

—Sera mejor que te levantes de ese sillón, vamos a salir. —le dije al verlo echado en uno de los sillones de la sala.

—Ve tu sola, yo no pienso poner un pie en un lugar como ese.

—Deja de comportarte como un niño. Tú tienes que estar donde yo este, así que más vale que te levantes.

—Para que quieres que vaya

—Que parte de la que no te puedo perder de vista es la que no has comprendido. —acomode mi bolso sobre mi hombro y le indique la puerta.

Nos tomó un par de miradas amenazantes, pero como es lógico me salí con la mía, se levanto diciendo cosas entre dientes y de las cuales estaba segura no me gustaría enterarme del significado.

Apenas estuvimos fuera, él soltó un resoplido.

— ¿Ahora qué haces? —me pregunto al ver que rebuscaba en mi bolso.

—Busco el control para activar de aquí el sistema de alarma—rodo los ojos

Me dirigí al auto pero en cuento abrí la puerta me di cuenta de que Edward se había sentado en la escalerilla del Porche. Regrese sobre mis pasos hasta quedar delante de él.

— ¿Qué esperas?

—No quiero ir.

—Lo harás si quieres comer algo.

—Esto es lo peor que me ha sucedido.

—No es lo peor que te puede suceder. —le recordé la razón por la que tenía que esconderse.

Se levanto y sonreí al ver que no me había costado mucho el convencerlo. Pero mi pequeña sonrisa se borro al verlo caminar hacia la casa.

—Ni te atrevas…—hale de su playera, pero él era más fuerte que yo así que pronto llego a la puerta. —si es lo que quieres.

Lo tome de la cintura y con todas mis fuerzas lo obligue a retroceder. De algo me había servido el entrenar tanto, podía luchar con hombres que me triplicaban en peso.

—No lo hare. —bufe al verlo abrazar una de las columnas lo que hacía más difícil el tirar de él.

—Deja de comportarte como un niño—chille tirando con fuerza.

Durante unos minutos estudios en un estira y afloja que no nos llevaba a ningún lado, pero era obvio que los dos estábamos demostrando: el quería dejar en claro que no lo mandaban y hacia lo que el quería y era claro que yo intentaba demostrarle quien mandaba.

Un carraspeo fue el que nos hizo darnos cuenta de que no estábamos solos, solté la cintura de Edward y me gire para encontrarme con una pareja que parecía completamente interesada en nosotros.

—Ustedes deben de ser los nuevos inquilinos. —señalo el hombre rubio que nos miraba a ambos.

—Mi nombre es Jessica y el es mi esposo Mike Newton, vivimos en la casa que está en frente—levante la mirada para ver la casa pintada de color melocotón y que su jardín delantero reflejaba el cuidado que tenían.

—Un placer conocerlos, yo soy Marie y el mi esposo Anthony Masen. —estreche la mano de la mujer y mirando detenidamente a ambos que parecían mas interesados en nuestro aspecto que en otra cosa.

—No podíamos creer que alguien se mudara, ya que la casa tenía años sola. —señalo Jessica.

—No está en las mejores condiciones. —señalo Mike una parte del Porche que estaba rota.

—Y eso que no has visto na…—le di un golpe en las costillas a Edward que me lanzo una mirada asesina.

—Esta casa la compro uno de mis hermanos y no ha tenido tiempo de remodelarla y es por eso que estaremos aquí. Posiblemente nos quedemos a vivir aquí.

—Es un lugar encantador. —me puse rígida ante las palabras de Edward, pero más porque me había tomado de la cintura pegándome a su cuerpo. —

— ¿Tienen mucho tiempo de casados?

—Solo un par de meses—contesto Edward moviendo su pulgar sobre mi cintura.

—Platicaremos en otra ocasión, ahora íbamos al supermercado.

—Parece que a Anthony no le agradaba la idea. —Jessica enarco una ceja.

Lo que me recordó el momento en que nos habían encontrado.

—Marie quería ir al supermercado, pero yo tenía en mente algo más divertido para lo que no es necesario salir de casa. —me guiño un ojo logrando que Jessica dejara escapar una sonrisa al comprender a lo que se refería.

—Sera mejor que los dejemos, así regresaran pronto y harán lo que tenían en mente. —hablo Mike de manera cómplice dándole un golpecito en la espalda a Edward que no le hizo mucha gracia.

La mujer era demasiado curiosa por lo que me costó un poco de tiempo el hacer que dejara de hablar y nos permitiera marcharnos al supermercado.

—Creí que había sido clara cuando te dije que no me tocaras. —le gruñí molesta pero él me ignoro por completo. — ¿Me estas escuchando?

—Es imposible no hacerlo—inquirió molesto.

Apreté el volante dejando que mis nudillos se volvieran blancos, aparque en un lugar que estaba un poco retirado de la entrada y por lo que escuche una serie de quejas pero que decidí ignorar.

Tome un carrito y lo empuje dentro del supermercado del pueblo, apenas entrar las miradas se posaron en nosotros. Era lógico que todos se conocieran debido a que era muy pequeño y nosotros éramos los nuevos así que atraíamos todas las miradas.

—Muévete Masen—le di un golpecito con el carrito.

Comencé a tomar un poco de verduras y frutas mientras Edward se mantenía junto a mí mirando todo de manera despectiva o un poco atemorizada como si en cualquier momento las cosas tomaran vida y lo atacaran.

— ¿Jamás habías surtido la despensa de tu casa?

—Para eso tengo gente que lo haga.

—Yo no soy esa clase de gente, así que más vale que me ayudes ya que tú comerás de esto.

— ¿Sabes cocinar? —pregunto con curiosidad.

—No crees que es un poco tarde para preguntar eso amigo. —me gire al ver a un hombre bastante grande, pero que tenía el rostro de un niño y sobre todo una sonrisa encantadora. —Mi nombre es Emmett McCarty.

—Anthony Masen. —estrecho su mano.

—Veo que también te traen al supermercado. No sé porque se empeñan a hacernos participar en esta clase de tareas.

—Al fin encuentro a alguien que…—su frase fue cortada cuando una rubia golpeo al hombre que el que hablaba.

—Rose. —gruño

—No porque tú detestes acompañarme a comprar la despensa, eso no quiere decir que los demás lo hagan.

—Marie Masen—salude a la rubia que me lanzo una mirada evaluadora, aunque me hizo estremecer y sentirme diminuta no lo demostré.

Esa mujer tenía un cuerpo impresionante y vestía muy bien. Fue ahí cuando me quedo claro que es lo que estaba mirando en mí.

—Rosalie McCarty y este hombre que está tratando de convencer al tuyo de una rebelión es mi esposo Emmett.

— ¿Son nuevos en la ciudad? —pregunto apenas estrecho mi mano.

—Nos acabamos de mudar a…

— ¿La casa que esta frente a la de los Newton? —Edward y yo nos miramos al ver que ambos sabían a cual casa. — Los Newton son los encargados de esparcir los chismes en el pueblo, ellos dijeron que habían visto un par de camiones de mudanza en la vieja casa que fue de Steve Green.

— ¿Ustedes compraron esa casa? —pregunto Emmett

—Jamás en mi vida hubiera comprado una casa en tales condiciones.

—En realidad la casa es de uno de mis hermanos y nosotros queríamos salir de la ciudad por lo que no la ofreció, le daremos unas remodelaciones y tal vez nos quedemos a vivir. — de nuevo Edward paso su mano sobre mi cintura pero la quito de inmediato cuando mi mirada se encontró con la suya en una señal de advertencia.

—Tienen mucho trabajo que hacer. —asentí

—Nosotros tenemos una podadora que les podemos prestar ya que el jardín esta hecho un asco. —sentencio Rosalie mientras tomaba un par de vegetales y los agregaba en su carrito. — se que se preguntaran que como lo sé, la respuesta es simple vivimos a solo una cuadra de ahí y siempre pasamos por su nueva casa.

—Creo que es algo que a Anthony le encantara hacer, adora encargarse del mantenimiento del jardín. —le dije posando mi mano en su brazo de manera cariñosa, la sonrisa que estaba en mi rostro parecía de una chica enamorada pero en realidad era burlona al saber que lo acababa de comprometer a algo que estaba segura tampoco había hecho en su vida.

—Emmett se las puede llevar o si lo prefieren pueden pasar por ella a nuestra casa. —comencé a empujar mi carrito junto con el de la rubia que seguía hablando.

Aunque estaba prestándole atención a Rosalie, no dejaba de escuchar la charla que mantenía Emmett con Edward. El grandulón le estaba dando un par de consejos que él creía útil para salir rápidamente del supermercado; los cuales consistían en arrojar al carrito todo lo que les llamara la atención sin molestarse en ver de qué se trataba.

Vi a Emmett llevar a cabo su plan mientras su rubia esposa estaba revisando una de las etiquetas de un frasco de mermelada.

—Ni lo pienses Masen. —le advertí cuando lo vi con intensiones de lanzar una frasco de comida para bebé.

—Pero…

Detuve el carrito de manera inesperada hasta quedar junto a él, me levante de puntillas quedando a solo milímetros de sus labios.

—No olvides quien soy, te estoy vigilando. —su aliento choco contra el mío, note un brillo en sus ojos que fue una señal de alarma y me obligo a separarme y seguir agregando cosas.

—Tu esposa sabe cómo controlarte, te deslumbra con sus encantos—me ruborice al escuchar la manera en que Emmett se había expresado de mi. Era uno de los pocos hombres que no me catalogaban como un adefesio.

No es que fuera una chica fea y totalmente descuidada; pero solo utilizaba ropa un o dos tallas más grande que la que necesitaba para de esa manera evitar la mirada de los hombres, de hombres como Edward Cullen que solo buscaban aventuras de una noche y que yo había estado a punto de convertirme en una más en su lista.

—Marie. —moví la cabeza suavemente para ver a Rosalie que pasaba una mano frente a mis ojos. — te perdiste.

—Yo lo siento, solo estaba pensando en otras cosas.

—Esta pequeña no puede esperar a llegar a casa y continuar con la celebración. — me tomo de la cintura y deposito un beso en mi cuello lo que le hizo ganar un pisotón y un golpe en las costillas, que dejo perplejos a nuestros nuevos conocidos.

—Es pequeña, pero ruda.

—Alguien debe de enseñarles quien manda. —me felicito Rose. — ¿Puedes enseñarme un par de movimientos para neutralizar a ese grandulón?

—Sera un placer. —le dije sin ocultar mi sonrisa

—Creo que será mejor mantenerlas separadas.

—No tienes una idea de lo que mi pequeña esposa es capaz de hacer, un mal movimiento y te deja inmovilizado. No te dejes guiar por su tamaño, creo que podría contigo, eso te lo aseguro. —dijo Edward lo que me hizo sonreír abiertamente al recordar el incidente de su habitación.

—Mayor razón para mantenerlas ale… deberías de probar esas chuletas— reí por lo bajo al ver la cara de asco de Edward, pero parecía que Emmett no se había percatado de eso porque lo empujo hasta llegar a la vitrina donde los exhibían.

—Tu esposo parece que no le agrada mucho ver la carne.

—Anthony es un poco sensible…—mire a Edward que me lanzo una mirada envenenada que ignore dándole la espalda— y ahora mas, ayer vio un documental de la manera en que los animales son sacrificados para después empacarlos y llevarlos a los supermercados.

— ¿Hablas enserio? —pregunto divertida Rose.

—Pero fue peor hace unos meses que lo deje ver un documental sobre la caza de focas bebé, estuvo a punto de unirse a PETA. — finalice sonriendo y la rubia soltó una carcajada.— Pero eso no se compara como cuando vio la pelicula de babe: el puerquito valiente. Duró al menos dos meses sin consumir carne.

— ¿Te diviertes cariño? —sus manos se ciñeron en mi cintura presionando más de la cuenta, su voz aunque era suave, era claramente una advertencia de que no siguiera.

—Lo siento amor, pero es que aun no puedo creer que seas tan sensible—me gire quedando de frente aun atrapada en sus brazos, nos miramos a los ojos en un claro duelo de miradas.

La voz de Emmett fue la que nos interrumpió, después de media hora terminamos las compras en las que me toco ceder en llevar cosas que no podía creer un hombre como Edward Cullen deseara comer, no me lo imaginaba comiendo comida pre cocida ni bebiendo cerveza que Emmett le había recomendado.

Pero lo más extraño fue cuando Edward llevo la mayoría de las bolsas dejándome las más livianas, nos despedimos de los McCarty que subieron a un monstruoso jeep, que estaba segura pertenecía a Emmett ya que Rose no tenía pinta de ser la poseedora de ese vehículo.

El camino a casa fue en silencio lo que era un poco extraño, pero se notaba tenso ya que su mandíbula estaba rígida, los músculos de su cuello se notaban levemente y sus manos estaban hechas puños dejando sus nudillos blancos.

Me estacione en el lugar que se suponía era el estacionamiento pero que al igual que el resto del jardín estaba cubierto por mucha maleza.

— ¿Te divertiste dejándome en ridículo? —en un movimiento inesperado había impedido que saliera cerrando la puerta y me miraba fijamente.

Era claro que con esa mirada y el tono de voz amenazante siempre lograba lo que se proponía, asustar a sus oponentes.

—La verdad es que me divertí mucho. —golpe su pecho saliendo del pick up y tomando un par de bolsas y caminar hacia la puerta sin perder de vista a Edward que solo había tomado una bolsa.

Me tomó dos viajes mas a la pick up para dejar todas las cosas en la mesilla de la cocina viendo como el arrogante millonario sacaba un par de cosas tirando la basura al piso.

—Más vale que lo levantes porque yo no planeo hacerlo, soy la encargada de tu protección mas no soy tu sirvienta.

—Con ese aspecto…

—No te atrevas a decirlo si sabes lo que te conviene. —lo amenace sacando un vaso que acababa de sacar de la alacena.

—No hace falta decirlo tú lo sabes. —me miro con superioridad lo que me hizo enfurecer y en un movimiento rápido le lance el vaso que se estrello en la pared haciéndose trisas. — ¿Qué te pasa?

—Te la vives insultándome y tratándome como si fuera inferior a ti. —tome una manzana y se la arroje fallando de nuevo solo porque el tenia buenos reflejos— Puede que no tenga el dinero que tú tienes, pero al menos no soy una niña mimada que es repugnante para la mayoría de la gente, que solo te sonríe por que le pagas o porque quieren obtener algo de ti. Jamás conocerás lo que es una verdadera amistad porque tú no sabes lo que eso significa.

—No hables de las cosas que no sabes. —gruño tirando un par de cosas al suelo

— ¿Dime cuantos amigos verdaderos tienes? —sus ojos ardieron en furia y era solo porque yo tenía la razón, el sabia que la gente que lo rodeaba y que acepta sus malos tratos eran solo porque él les pagaba o necesitaban de él. —Y si sigues comportándote como hasta ahora jamás conocerás lo que es que te quieran por ti y no por lo que eres.

—Me lo dice una disque agente que no tiene idea de lo que es la moda y mucho menos su arreglo personal.

—Lo de mi aspecto es asunto mío... —me acerque a él encajándole mi dedo en el pecho.

—De eso no tengo la menor duda, pero deberías de esforzarte un poco más o te convertirás en una solterona amargada. Con ese aspecto ningún hombre se te acercara.

—preferible a ser catalogada una chica fácil que solo es utilizada por su apellido y que no sabe el valor que tiene en realidad.

— ¿Te refieres a mi? crees que las chicas que han estado en mi cama solo lo hacen por i dinero y no por lo bueno que puedo llegar a ser.

—No me importa.

Deje escapar un gritito ahogado cuando sus manos me tomaron de la cintura y en un rápido movimiento me alzo dejándome en la mesilla haciendo caer un par de bolsas más. Tire de su playera intentando zafarme.

— ¿Tienes miedo a que no seas tan inmune a mi?

—Aléjate de mi cerdo mise…— mi frase se interrumpió cuando sentí su aliento chocar contra el mío y verlo a solo milímetros de mi rostro.

Su mirada se había suavizado y parecía algo confuso, así que aproveche ese momento para empujarlo y poderme bajar de la mesilla con cuidado de no pisar nada de lo que estaba tirado en el suelo.

Antes de que hiciera otro movimiento el timbre de nuestra puerta sonó insistentemente, bufe sin mirarlo y salte un par de cosas hasta llegar al pasillo desconectar el sistema de alarma y abrir la puerta y encontrarme con una mujer algo baja acompañada de un rubio que parecía incomodo.

—Hola—salude con cautela.

—Nosotros somos los Hale, vivimos a un par de casas de aquí y solo queríamos traerles este pastel como bienvenida. —mire extrañada a la mujer que sonreía abiertamente.

—Espero que no seamos inoportunos. —Se disculpo el hombre—lo lamento soy Jasper y ella es mi esposa Alice.

—No interrumpen nada. —Inconscientemente pase una mano por mi cabello haciéndolos reír — no debieron de molestarse. —acepte el pastel avergonzada.

—Pueden comerlo sin preocuparse de ser envenenados, ya que lo compramos.

— ¡Jasper! — lo golpeo irritada y yo solo cubrí mi boca para evitar que vieran mi sonrisa.

—No desconocido para todo el pueblo que eres mala en la cocina.

—Lo que importa es el detalle, que tonta, mi nombre es Marie Masen.

— ¿Y el es tu esposo? —pregunto la mujer que se había levantado de puntillas para ver sobre mi hombro.

—Eh, si… Anthony —lo llame sorprendida de verlo estar levantando las cosas que estaban en el piso, al escuchar su nombre dejo lo que estaba haciendo y me miro pero no con la mirada altanera que siempre estaba en su rostro, esta vez parecía muy confundido. —puedes venir un segundo.

—Te dije que interrumpimos algo—chillo Alice a su esposo, yo negué frenéticamente.

Basto ver el aspecto de Edward y, un rápido vistazo al mío, para ver que parecía que lo que había pasado en la cocina no había sido una discusión, si no el inicio de algo más apasionante, algo que harían un par de recién casados, algo que estábamos lejos de ser.

—Cuando escuchamos ruido pensamos que estaban ocupados, pero mi esposa dijo que no era posible.

—El esperar hace más interesante el momento, ¿no lo crees cielo? —me quede de piedra al escuchar que me había llamado cielo, había pasado un brazo sobre mis hombros y me había dado un beso en la sien.

Levante mi mirada para dejarle claro que no se pasara pero me sorprendió ver esa mirada confundida en conjunto con un brillo diferente, ese detalle me dejo sin aliento y sentí como el jugar donde sus labios habían estado comenzaba a arder.

El solo estaba haciendo su papel a la vez que quería demostrarme que el podía conquistar a cualquier chica, inclusive a mí. Jamás le daría la satisfacción de tenerme en su cama.

No sería una más en la lista del diablo Cullen

Gracias por seguir leyendo mis locuras

4 comentarios:

  1. JAJAJA pronto Marie caera rendida al los pies de Edward y Edward besara el piso por donde ella pase XD

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  2. recien estoy empezando a leer y esta buenisima me estoy partiendo de la risa

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    1. Disfruta de la lectura ;) y gracias por el comentario.

      Saludos!

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  3. dios edward se dio cuenra de su amor escondido y que bella es mas que una simple chica es unica como disen al hacerla rompieron el molde no encontrara a niguna como ella y ojala la acepte y se de cuenta si no !!!! , me encanta esta lectura apenas eh encontrado tus fics en FF, que pena que tubieras que borrarlos ya que me es mas facil leerlos ayi pero aqui estamos leyendo jajaj suerte y me encanto !!!!! :)

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