Inevitable: Capítulo VII

Capítulo VII




EVOP

Había esperado que el ir a Austin sirviera de algo, pero nuevamente obtuve una negativa. Estaba comenzando a perder la esperanza pero bastaba hablar con la hermosa castaña que estaba en casa para saber que debía continuar intentándolo. Ella que no estaba pasándolo mejor siempre trataba de alentarme diciendo que pronto las cosas mejorarían y yo quería creerle. Era a lo único a lo que podía aferrarme.



Sorprendentemente Renée estaba haciendo un maravilloso trabajo con la casa, parecía que estar ese corto tiempo con Esme le fue muy útil para aprender a hacer las cosas como estábamos acostumbrados y lo mejor de todo es que la comida era deliciosa.

Lo único malo era el comportamiento de Lizzy que parecía no aceptarla, el comentario que escuché de su parte merecía que le llamara la atención ya que Renée no estaba haciendo nada malo, al contrario. Y a pesar del comentario ella intercedido para evitar que yo le llamara la atención. Un gesto noble de su parte que esperaba que mi hija tomara en cuenta y se quitara esos prejuicios que tenía en su contra.

Era una mujer maravillosa de la que cada instante me costaba más mantenerme alejado. Parecería estúpido, pero podía asegurar que algo como una extraña corriente me atraía hacia ella, su aroma se estaba convirtiendo en una especie de droga a la que ya era prácticamente adicto.

Era viernes y Esme se había llevado a Eve con ella ya que la pequeña se lo pidió y no tuve más alternativa que aceptar. Evité ir a casa ya que sabiendo que estaba Renée sola sería una tentación muy grande y no sabía si tendría las fuerzas para no tomarla en mis brazos como lo venía deseando desde hace algún tiempo, me estaba resistiendo pero mis barreras estaban flaqueando a decir verdad estaban por derrumbarse.

Cerré los ojos y pude recordar la noche que ella se había despertado gritando bastante asustada tras un mal sueño del que no supo hablarme. Me mantuve junto a ella hasta que se quedó dormida, con cuidado aparté el cabello que cubría su rostro y acaricié sus mejillas suaves y sonrojadas. Me podrían tomar como una clase de pervertido por mirarla cuando ella dormía y comenzar a fantasear lo que sería estar con ella en la intimidad, sintiendo sus caricias, escuchando como su respiración se aceleraba al mismo tiempo que gemía suavemente por disfrutar de mis atenciones. Esa castaña me estaba volviendo loco y si no tenía cuidado caería en sus encantos los cuales parecía estar utilizando de manera consciente o tal vez esa era su naturaleza: ser irresistible sin proponérselo. La atracción que ejercía sobre mi era sutil, nada comparada con la de otras mujeres y tal vez era la razón por la que estaba consiguiendo romper la coraza en la que pretendía encerrar mi corazón.

Levanté un poco el ala del sombrero y miré hacia la casa donde la vi sentada en el último escalón del porche mirando a la nada mientras con su pie dibujaba algo en la tierra. Era como una especie de imán lo que me atraía hacia ella, sin pensarlo demasiado dejé lo que estaba haciendo y me acerqué a ella con paso lento aun cuando una vocecita en mi cabeza gritaba que corriera… hacia el lado contrario, que me alejara de ella, pero la atracción que ejercía sobe mí era más fuerte.

—Hola vaquero. —me saludó con una sonrisa colocando su mano sobre sus ojos para cubrirse del sol.

— ¿Y el sombrero que te dio Esme?—le pregunté al tiempo que le colocaba el mío y me sentaba junto a ella. —Tienes una piel muy bonita y el sol te la puede maltratar.

—Está en mi habitación, pero no quise subir por él. —se encogió de hombros, se Quito mi sombrero y me lo puso de nuevo. — ¿Quieres agua?

—Ve por tu sombrero, me acompañaras a dar un recorrido por los terrenos. —ella pareció pensarlo y sonrió levantándose de un salto.

— ¿Estás seguro de querer exponer a uno de tus caballos a mí? —solo pude reír al recordar nuestra accidentada primera y hasta el momento única salida.

—Yo me preocuparía más por ti, pero estoy seguro de que ambas sobrevivirán.

—Ya que insistes. No tardo.

Entré detrás de ella y fui por un vaso con agua mientras ella regresaba, estaba bebiéndomelo cuando ella llegó lista para salir.

La dejé que montara la misma yegua de la primera vez y eso parecía hacerla sentir cómoda. En lugar de tomar uno de los caminos la llevé entre el pasto que comenzaban siendo de un tono amarillo hasta ir tiñéndose de un verde más intenso conforme los terrenos estaban más cerca del riachuelo que pasaba por la propiedad y al que la había llevado en nuestra primera excursión. Ella se mantenía a mi lado mirando todo como si fuera algo nuevo y no las tierras que ya había visto una vez.

— ¿A dónde vamos? —Preguntó finalmente.

—Pensé que no lo preguntarías.

—Confió en ti. —me dijo con esa linda sonrisa que me gustaba tanto. Ella no tenía idea de lo mucho que significaban esas palabras para mí.

—Tengo que revisar que todo el ganado esté en la parte adecuada y que no esté disperso. Es una parte del que tendré que vender. —anuncié mirando hacia adelante pero ella estiró su mano hasta dejarla sobre la mía y presionarla suavemente.

—Quisiera ayudarte para que no tuvieras que perder todo lo que quieres. —suspiró —pero no tengo ni idea de que manera hacerlo y no tengo idea de si yo tengo algo o tal vez no tenga nada.

—Ya me ayudas manteniendo de pie la casa y cuidando de ciertas revoltosas que apuesto duplican tu trabajo cuando están en casa. —ella negó, pero apostaría a que tenía razón, tomé su mano y la levanté hasta dejar mis labios sobre su piel que se erizó inmediatamente.

Ella se sonrojó pero no apartó su mano de la mía durante un largo tiempo. Sólo la soltó cuando estuvo por perder el equilibrio, algo que me causó gracia y me recordó que aunque fuera mayor que mis hijas debía de cuidarla como a ellas.

Nos detuvimos en un área donde podía ver el ganado y varios de mis hombres cuidaban de que no se dispersaran.

— ¿Cuantas venderás? —Preguntó mirando al ganado que se estaba reduciendo para que el rancho subsistiera.

—Unas 20 o más. —contesté desanimado sabiendo que si no conseguía el dinero que necesitaba pronto tendría que vender otras más. —Y también despediré a tres peones, lo que aumenta mi trabajo y...

—Yo estaré ahí contigo, es lo único que te puedo ofrecer aunque no sea mucho.—ella no tenía idea que eso era suficiente.—Ya se me ocurrirá algo.

—Es mi problema y no quiero que te preocupes por eso. Saldré de esto y cuando este lugar recobre su esplendor te encantará y podrás disfrutar de él. —maldije por lo bajo ya que estaba pensando en un futuro, el cual posiblemente no compartiríamos por obvias razones.

—Aun así es un lugar precioso. Tú haces que este lugar sea como un sueño.

—Es mi sueño de toda la vida y es por eso que me niego a renunciar. Y que tú me alientes a continuar me hace creer que es posible y no sólo una pérdida de tiempo.

—Todo mejorará. —sonrió enderezándose mirando hacia al frente y acomodando su sombrero.

Cambié el rumbo de la conversación, tal vez no supiera quién era y aún no descubriera sus gustos pero ya había descubierto que tenía facilidad para varias cosas, al igual que predilección para algunas comidas que disfrutaba. Me acerqué a uno de mis hombres para darle unas indicaciones y no pasé desapercibida la manera en que miraba a la castaña que permanecía lejos de nosotros observando parte del ganado que estaba pastando a pocos metros.

—Te sugiero que dejes de mirarla de esa manera si pretendes conservar tu trabajo —murmuré por lo bajo para que sólo el hombre me escuchara. Y sin querer él solo se había anotado en la nueva lista de próximos despidos.

—Lo siento jefe. —dijo apartando la mirada de la castaña.

—Asegúrate de llevar las que cumplan las especificaciones que te dio Josh, yo las revisaré con él. —él hombre asintió y se fue junto a otro y comenzaron a elegir las reses que venderíamos. —Es hora de regresar.

Ella tiró de las riendas y se dirigió hacia mí para emprender juntos el camino de regreso a casa con el crepúsculo pronto a mostrarse en el cielo. El camino fue en silencio pero me permitió pensar en lo que estaba haciendo, el dar esa orden a mi hombre me mostraba como un hombre celoso, como si Renée me perteneciera. Esta mujer me estaba haciendo hacer cosas inimaginables.

Esperaba la llegada de las niñas que ocuparían mi mente en otras cosas y podría dejar de pensar en besar a Bella que miraba encantada los colores que estaba tomando el cielo mientras que yo la miraba a ella.

Al llegar a los establos vi salir a mi capataz que me avisó iría al pueblo y regresaría pronto. Me detuve fuera del establo y bajé sin problema, me acerqué a ella para ayudarla a bajar. Tomé su cintura dándole seguridad para que se girara con cuidado de no golpearme, ella colocó sus manos en mis hombros y me miró a los ojos que brillaban. La bajé lentamente y su cuerpo se pegó al mío deslizándose suavemente dejándome sentir cada una de sus curvas que eran suaves y despertaron el deseo reprimido en mi.

Cuando sus pies tocaron el suelo no la aparté de mí al contrario la pegué un poco más ignorando cierta parte de mi cuerpo que comenzaba a endurecerse con su cercanía, ella envolvió mi cuello con sus brazos y se levantó de puntillas haciendo que sus senos se apretaran aún más contra mi pecho y la respiración se me entrecortara. Hacía tanto que no sentía a una mujer de esta manera que había llegado a jurar que mi cuerpo ya no respondería. No después de mi tiempo de celibato.

—No...

—Shh... —se acercó un poco más y sus labios rozaron los míos haciendo que una descarga aún más fuerte que las venía sintiendo me recorriera, pero en lugar de romper el espacio que nos separaba me enderecé haciendo gala de mi estatura y tomando sus brazos sin llegar a lastimarla la separé de mí.

—Lo siento, pero ya sabes lo que pienso al respecto. Simplemente no puedo hacerlo. — ella se soltó de mi agarre y evitó mirarme.

—Tengo que preparar la cena. — se excusó dando media vuelta y dirigiéndose a la casa.

No aparté la mirada de ella hasta que despareció por la puerta principal, esa mujer era una tentación y un peligro mucho más grande del que había imaginado.

Me tomé mi tiempo en quitar la silla a los caballos, los cepillé y arrimé su comida. Estaba haciendo tiempo para no entrar en la casa donde ella aún estaba sola y no estaba seguro de poder volver a evitar tocarla o besarla como una parte de mí me lo estaba exigiendo. «Tienes que resistir» me dije apretando los dientes y pateando el heno que estaba cerca.

— ¿Se encuentra bien, jefe? —me giré y vi a uno de mis hombres mirarme extrañado.

—Perfectamente. —dije sarcástico.

—Debería descansar, estos días han sido pesados…

—Deja de meterte en mi vida, no te pago para que me des consejos estúpidos. — me apreté el puente de la nariz y maldije por lo bajo. —Lo siento Fred, no he tenido el mejor día.

—Todos tenemos malos días, lo entiendo perfectamente. —hizo una mueca cuando parecía intentar sonreír.

—No creo que puedan empeorar. —dije con resignación.

Justo en ese instante escuché la camioneta de mi capataz que se estacionaba cerca del establo. Al menos con Josh aquí podría hablar sobre el trabajo y el ganado que vendería impidiendo mi vuelta a casa.

Lo ayudé a descargar la camioneta y cuando terminamos nos sentamos fuera sobre las cercas bebiendo cerveza que él tenía en la pequeña oficina que le pertenecía. Lo vi dar varios tragos largos y finalmente comenzó a jugar con la botella.

—Hay algo que quiero hablar con usted jefe. —enarqué una ceja pero sabía que él no podía notarlo por la oscuridad en la que estábamos sumidos. —Como sabe mi hija se casó hace unos meses.

—Ajá. —bebí de un trago la cerveza que quedaba en mi botella.

—Me llamó ayer por la noche para contarme que seré abuelo. — coloqué mi mano sobre su hombro y lo felicité respirando aliviado ya que me imagina algo peor. —Y ya que ella y su marido viven en Montana…

— ¿Quieres decirme qué te marchas? —pregunté dejándome de rodeos y rogando porque me dijera que estaba equivocado.

—Sí eso es lo que quiero decir. Montana está muy lejos y ellos son la única familia que me queda por lo que quiero estar cerca de ellos, además mi yerno me dejará trabajar en su rancho.

—Tu lugar es junto a ellos. —intenté sonreír y sonar despreocupado, pero la realidad era que con su partida el trabajo se me cargaría aún más. — ¿Cuándo te marcharás?

—Pensaba en un mes aproximadamente.

—Creo que eso nos dará el tiempo suficiente para arreglar todo aquí y dejar todo en orden antes de que te marches. —salté de la cerca y respiré profundamente. —Ya hablaremos mañana.

Con paso lento me dirigí a casa, vi la luz de la cocina encendida y por la ventana la vi pasar de una lado al otro, sabiendo que se encontraba ocupada, entré y fui directamente a mi habitación para tomar una ducha y seguí haciendo tiempo en lo que regresaban las niñas. Cuando salí de la ducha las niñas ya habían regresado, la risa inconfundible de Eve fue la que me lo indicó.

Al bajar encontré a Lizzy viendo televisión pero Eve estaba siguiendo a Renée que estaba rodeando la mesa de la cocina huyendo de mi hija, sin parar de reír. Me quedé mirándolas unos segundos en lo que ellas se daban cuenta de mi presencia, el momento en que lo hicieron Renée se detuvo provocando que Eve se estrellara contra sus piernas y cayera sentada, de inmediato Renée la tomó en brazos y contrario a lo que esperaba mi hija volvió a reír.

— ¿Me ayudas a servir la cena? —le preguntó a Eve que asintió removiéndose en sus brazos.

— ¿Puedo ayudar? —me ofrecí dando un paso más hacia ellas.

—Creo que podrías avisarle a Lizzy que la cena estará servida en un momento y pedirle que se lave las manos. —asentí sin dejar de mirarla pero ella en ningún momento me vio a los ojos.

Después de la cena y que las niñas contaran todo lo que hicieron con Esme las llevamos a su habitación, mientras yo me encargaba de Lizzy, Renée estaba leyendo un cuento a la más pequeña.

Necesitaba un poco de aire así que salí al porche sin encender la luz, me senté en la baranda del lado contrario a donde se encontraba el columpio de madera. Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás hasta que chocó con la pared de la casa, así estuve un largo rato hasta que escuché la puerta abrirse, sabía de quién se trataba pero aun así no pude resistirme a mirarla. Envuelta en esa bata a cuadros que parecía un par de tallas más grandes de la que necesitaba. Se apoyó en una de las columnas y la vi suspirar un par de ocasiones, se giró al notar que era observada y yo me sentí estúpido.

— ¿Edward?

— ¿Esperabas a alguien más? —pregunté receloso y ella negó con la cabeza sin moverse al igual que yo permanecí en mi lugar cubierto en las penumbras. —Parece que Eve te dio un poco más de trabajo esta noche. Por cierto… muchas gracias por hacerte cargo de ella, he notado lo mucho que le encanta que seas tú la que le lea antes de dormir.

—Me sorprendió que aún contara con tanta energía después de lo que dijo que hicieron durante la tarde. —apretó más el nudo de su bata. — ¿Te molesta qué lo haga? Si te molesta dejaré que seas tú el que…

—En lo absoluto. —ella sonrió levemente.

— ¿Sucede algo? —preguntó de pronto.

— ¿Por qué lo preguntas?

—Te quedaste en silencio por más tiempo de lo acostumbrado. — esa declaración me tomó por sorpresa ya que yo no sentí que fuera demasiado tiempo.

—Josh, el capataz, me acaba de decir que se marchara del rancho. —tomé aire y antes de que preguntara él por qué me adelanté a contestar. —Su hija vive en Montana, está embarazada y Josh se irá para estar más cerca de ellos. No puedo detenerlo.

—Ya veo. ¿Eso te doblará el trabajo, no es así?

—Tendré que encontrar un nuevo capataz, pero mientras tanto yo podré hacerme cargo de todo. —dije sabiendo perfectamente que podía y no tenía más alternativa que hacerlo.

—Edward sobre…—la vi dar sólo dos pasos vacilantes hacia mí cuando me levanté bruscamente haciéndola que se detuviera.

—Sólo olvida lo que sucedió, es lo que yo planeo hacer. —la vi morderse el labio inferior y deseé ser yo quien… apreté el puente de mi nariz evitando mirarla.

—Edward…

—No te acerques, no puedo…

—Yo sólo…

— ¡No te me acerques!

—Lo siento. Me mantendré alejada de ti, no te incomodaré más. —fueron sus últimas palabras antes de entrar en casa y me maldije por la manera tan ruda en la que sonó mi petición, pero la verdad es que no tenía idea de si podría contenerme de besarla.

Al día siguiente como lo prometió Esme, se presentaron para comer y ambos parecieron notar como Renée evitaba mirarme e incluso cualquier intento que hacía por tocar su brazo o su mano, se retiraba y en una ocasión prácticamente saltó de la mesa alegando que tenía que poner la cafetera y servir pastel a los niños.

Fui con Carlisle y los niños a ver el ganado que me vi obligado a vender y por el cual pasarían en cualquier momento. Un cuarto de hora después estábamos cargando el ganado con cuidado ante la atenta mirada de los niños a los que les hicimos prometer que se mantendrían en el sitio que los dejamos sentados ya que era peligroso para ellos. Cuando la última res estuvo en el camión se cerraron las puertas y me despedí del hombre que emprendió su marcha.

—Ya vendrán tiempos mejores. —me dijo Carlisle palmeando mi espalda con suavidad.

—Eso es lo que espero, no tengo idea de cuánto tiempo más podré aguantar esta situación. —suspiré y miré a mis hijas que me sonrieron, fui hasta ellas para bajarlas de la cerca y permitir que fueran a ver los caballos que estaban en sus cuadras, llevándose con ellas a James que aunque era mayor que ambas se estaba acoplando a convivir con ellas.

Sonreí divertido al ver los intentos fallidos de Eve por subir a la parte de la cerca como lo habían hecho James y Lizzy, pero al no poder se conformó con ver entre las maderas.

— ¿Sucedió algo nuevo con Renée? —preguntó de pronto sin apartar a mirada de su hijo.

— ¿Te habló del sueño que tuvo hace unos días? —frunció el ceño y negó. —Se despertó gritando, estaba agitada y muy asustada, pero cuando le pregunté sobre de que iba sólo me dijo que aún era confuso y le restó importancia.

—Lo hablaré con mi amigo, el especialista que la vio cuando estuvo en el hospital antes de darla de alta. —cruzó sus brazos y me miró. —Yo no me refería a algo más, no sé si serán alucinaciones mías pero no parecía la misma que en semanas anteriores. ¿Sucedió algo entre ustedes?

— ¿Entre nosotros? —pregunté agradeciendo que mi voz no me delatara. —Entre nosotros no ha sucedido nada, yo jamás me aprovecharía…

—No estoy diciendo que lo hagas, es solo que me extraña notar esa actitud. Seguro es sólo algo debido a su estado. —finalizó con una sonrisa acercándose a los niños.

Mis tíos se marcharon más tarde de lo acostumbrado debido a la plática tan agradable. Eve se quedó dormida en los brazos de Renée que se encargó de colocarle su pijama y meterla bajo las mantas.

Los días siguientes fueron una verdadera tortura, Renée cumplía su palabra de mantenerse alejada de mí y parecía evitar mirarme ya que sólo lo hacía cuando era estrictamente necesario. Un par de noches la vi con intensiones de salir al porche pero al darse cuenta de que me encontraba ahí simplemente desistía y regresaba a su habitación.

El preparar todo para que Josh se marchara me mantenía ocupado ya que eran muchas las cosas que se debían de revisar y aunque sólo eran pocos días lo que habían pasado extrañaba el hablar con ella y la sensación tan reconfortante que me hacía sentir.

Era nuevamente sábado después de la hora de la comida e iba a dar un recorrido en los terrenos para asegurarme que el ganado permanecía en la parte que lo dejamos esa mañana cerca del riachuelo ya que era una zona más fresca y con un buen pasto. Acabé de ensillar a mi caballo y me disponía a salir cuando escuché un ruido fuera que llamó mi atención, salí manteniendo las riendas en mis manos y vi una vieja furgoneta parada delante de casa y un rubio acercarse con paso lento pero seguro hasta donde me encontraba.

— ¿El señor Edward Masen? —preguntó apenas llegar. Asentí con la cabeza esperando. —Mi nombre es Jasper Hale y el Dr. Cullen me dijo que estaba en la busca de un capataz.

— ¿Carlisle? ¿Conoce a mi tío?

—Es el médico que vio a mi esposa hace unos días. —con un movimiento de cabeza señaló la vieja furgoneta que estaba bajo el sol. —Acabamos de llegar a la ciudad y estoy en la busca de trabajo y fue el Dr. Cullen quien me habló de que usted estaba en la busca de un capataz.

— ¿Dónde trabajaba antes Sr. Hale? —tenía que conocer un poco antes de este hombre para ver si podía permitir estar en mis tierras y cerca de mi familia.

—En un rancho en Nuevo México.

— ¿Lo despidieron o usted lo dejó? —lo vi tomar aire lo que me indicó que la segunda opción era la correcta lo que acababa de darle un punto menos. Yo quería a alguien seguro que durara un largo tiempo o al menos el tiempo que el rancho permaneciera en mis manos, no quería enseñar a alguien para que después a los pocos días dejara el trabajo o en el peor de los casos a un hombre que no se comprometiera con él.

—Dejé el empleo. —miró a su espalda al vehículo. —Hubo unos problemas con uno de los dueños…—levantó la mirada. —Quiso propasarse con mi mujer y eso no lo podía permitir y menos ahora que seremos padres. Sólo hice lo mejor para mi familia.

Lo miré por unos segundos para asegurarme de que no estuviera mintiendo, pero parecía tan honesto y estaba seguro que Carlisle había visto algo bueno en él ya que si no jamás lo hubiera enviado conmigo.

Él solo estaba cuidando a su familia y sería algo que yo haría si me viera en una situación como la de él. Levanté la vista al ver que de la vieja furgoneta bajaba una mujer no muy alta con el cabello corto y piel más clara que la del hombre que estaba delante de mí. Se abanicaba con la mano y miraba hacia nosotros, después giró el rostro hacia la casa donde vi aparecer a Renée que se acercó a la mujer y la condujo a la sombra del porche.
—El lunes al amanecer. —le dije serio y aunque él mantuvo su rostro inescrutable, el brillo en sus ojos delataba la alegría que generaba esa segunda oportunidad.

—Graci…

— ¿Dónde se están quedando?

— ¿Se refiere a donde vivimos? —asentí.

—Estamos rentando un cuartito pequeño en un viejo edificio en el centro del pueblo.

— ¿Los de Bertha Perkins? —el rubio asintió y yo no pude más que bufar, esa mujer se aprovechaba de cualquier situación y estaba seguro de que les estaría cobrando más de lo que valía el cuarto. Me llevé la mano al cuello y sólo esperaba no equivocarme, pero al ver a la mujer embarazada supe que necesitarían más espacio que el que estaban ocupando en ese momento.

—A poco menos de medio kilómetro en el camino que hay subiendo a la colina está la casa del capataz, la cual en este momento es una bodega ya que mi capataz no la quiso utilizar. —el hombre parecía sorprendido.

— ¿Podríamos utilizarla nosotros?

—Podrán utilizarla, pero entenderá que espero un compromiso completo con el trabajo. —él asintió enérgicamente con la cabeza y sonrió ampliamente.

—No lo defraudaré, vera que no se arrepentirá.

—Eso espero yo también. —le dije mirándolo serio.


Gracias a Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

2 comentarios:

  1. Edward es un tontooooo le hubiera dado bien el beso, bien que quiere jajajajajajaja por un momento hay que aprovecharse de las situaciones no?

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  2. Hola!!1

    Por aquí autalizándome con la historia!

    De verdad que a veces Edward es muy bruto para hablar , pobre Bella!!

    Llegaron Alice y Jasper a la historia!! Vamos a ver como se relaciona estos personajes!!

    Gracia Por seguir la historia!!

    besos

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