No me dejes caer: Capítulo 10


 Sobreviviendo a Renée

— ¿Acabas de de llegar? —pregunto evidentemente molesto.

— ¿Que te hace pensar eso?— abrí cuidadosamente una de las puertitas y metí mi abrigo y mi bolso.


—Son más de las 2 y tú sigues con la misma ropa, solo explícame porque traes esa pinta. —señalo mi aspecto con desdén, y aunque quisiera negarlo sabia que lucía terrible, me había acostado con Demetri y luego salí huyendo sin detenerme a verme en un espejo, no tenía otra cosa más que improvisar.

—Me quede dormida y baje por un vaso de agua— mentí encogiéndome de hombros y el solo pudo enarcar una de sus cejas.

—Sírveme uno a mí. —exigió. Tome dos vasos y los llene de agua, se lo entregue mientras yo me quede con el mío al que le di un pequeño sorbo. —Ya te dijo tu madre que mañana irán a comprar los vestidos para el baile de este fin de semana.

—Si ya lo hizo, me dijo que habías autorizado que saliera.

—Sabes lo importante que es para tu madre, además creo que les hace falta pasar más tiempo juntas.

— ¿Tiempo? —pregunte sin poder evitar el sarcasmo y que una pequeña sonrisa se formara en mis labios.

—Sí, tiempo. —corto mirándome fríamente.

—Ella siempre está ocupada al igual que tu. Buenas noches Charlie—tome el vaso de agua y salí de la cocina ignorando a mi padre.

No sé si fue por el movimiento brusco pero sentí como si el piso se comenzara a mover, pero no paso nada, entre en mi habitación y me deje caer sobre la cama, con cada acción que estaba haciendo daba un pequeño paso hacia un barco que estaba destinado a hundirse; con lo que acababa de hacer este barco había zarpado, ya no había vuelta atrás, el final estaba cerca.

¿Quién demonios había inventado el despertador?, estire mi mano para apagar ese maldito aparato.

Otro día acaba de comenzar, uno que pondría a prueba mi resistencia. Me levante y de inmediato fui a dar al suelo, todo me había dado vueltas esta vez me sentí completamente mareada y tardo en pasarse ese maldito movimiento.

— ¿Se encuentra bien señorita? —me pregunto una de las chicas de servicio que había entrado a mi habitación para verificar que me hubiera levantado y no se me hiciera tarde para llegar a la empresa.

—Solo tropecé— acepte su ayuda para ponerme de pie.

—Venia a decirle que sus padres la esperan en el comedor en 20 minutos.

—Susy un favor. —ella me miro esperando que continuara. —En una de las puertitas de la isla de la cocina deje mi abrigo y mi bolso, me los podrías traer sin que mis padres te vean. Ella asintió y salió silenciosamente.

Una ducha de agua fría era lo que necesitaba, tenía que despertar de manera urgente: cerré los ojos y lo único que recordaba era como un par de manos bruscas tocando mi cuerpo, deje escapar un suspiro, había hecho algo imperdonable y lo peor es que estaba asegura que no sería la última vez, cuando había dicho que su silencio tenía un precio podía apostar cual era. Salí y me cambie lo más aprisa que pude, un vestido ajustado de manga corta y escote un poco pronunciado una linda gargantilla, zapatillas altas y una bolsa a juego; este día iría de compras y mi madre no aceptaría que fuera sin verme despampanante, siempre debíamos de ser el centro de todas las miradas, mi cabello lo deje suelto y maquille levemente antes de bajar para desayunar con mi encantadora familia.

—Buenos días—salude apenas entre al comedor donde ya estaban mis padres.

—Veo que te has vestido para la ocasión. —me miro mi madre dejando de prestar atención a su plato de fruta y mi padre bajo levemente el periódico para verme y después me ignoro enfrascándose en lo que estaba leyendo.

—Al menos te gusto.

—No seas grosera Isabella—gruño entre dientes.

Una de las chicas dejo delante de mí: un tazón con cereal, fruta y jugo.

—Isabella, no sé por qué dices que estabas cuidándote si es claro que no lo haces. —miro reprobatoriamente lo que me habían llevado.

— ¿Ahora que es lo que está mal? —pregunte agradeciendo que se quejara, eso me daba la oportunidad de no comer.

—Ese cereal es…

—Contenta— bebí el jugo y me levante, me sostuve de la silla ya que repentinamente me había mareado.

—No me hables así, ¿quien te crees niña?

—Discúlpate Isabella, no debes de hablarle así a tu madre. —mire a mi padre que doblaba el periódico y solo me vio unos segundos, pero el mensaje fue claro, me mordí la lengua para no decir lo que realmente deseaba.

—Lo siento— susurre antes de salir del comedor. Fui a mi habitación a lavarme los dientes, "cálmate Isabella, solo unos días más y estarás lejos de ellos" —me recordé.

—Señorita su teléfono estaba timbrando. —anuncio susy que terminaba de arreglar mi habitación. Agradecí al tiempo que verificaba de quien era la llamada, suspire al ver que era de Jessica lo regrese de nuevo al interior del bolso, lo tome y salí a donde me esperaba mi padre.

—Ya era hora. Muévete— abrió la puerta pero primero salió el obligándome a seguirlo.

Subimos a su camioneta, él enfrascado en su periódico mientras yo solo me preparaba mentalmente para el fatídico día que me esperaba. Muchas chicas en la facultad siempre me decían que era la que conocía mas lugares, que estaba rodeada de gente importante, que podía tener todo lo que quisiera que siempre tenía a alguien conmigo que era realmente afortunada, pero la verdad era otra; si conocía muchísimos lugares, siempre estaba rodeada de gente importante, aunque siempre tenía lo que quería había aprendido que lo material no importa, lo que realmente importa es el cariño, algo que me había faltado desde que mi padre se convirtió en un hombre importante.

Apenas la camioneta se detuvo baje sin decir nada, subí con él en el mismo ascensor, a pesar de sentirme mal mi apariencia demostraba lo contrario, me había convertido en una maravillosa actriz.

—Hola Bella.

—Jasper— dije secamente.

—Te ves bien— su voz no sonó del todo convencida, pero no le di importancia.

—Gracias. ¿Hoy no tienes compañía?— vi por sobre sus hombros para ver que se encontraba solo.

—No olvides que Emmett tiene una entrevista gracias a ti, Edward tenía que estar en el hospital y las chicas irían de compras junto con Esme y mi madre.

—Me lo imagino.

—Suena extraño, pero parece que a ti no te gusta eso. —me miro ladeando su cabeza, era como si intentara ver que es lo que estaba pensando, de inmediato me puse rígida y endurecí mi mirada para que dejara de estudiarme.

—Me gustan las compras, pero no ir con mi madre.

—Creo que debes de tener trabajo.

—Sí. —fue lo único que dije antes de seguir con mi camino ignorándolo por completo.

—Adiós— lo escuche pero no respondí y mucho menos me gire.

—Srta. Swan, le trajeron esto— tome la cajita de Cartier que Megan me extendió. La abrí en ese momento, dentro se encontraba un hermoso brazalete, vi que era de Demetri y eso fue suficiente para hacer una mueca de desagrado.

—Quédate con el— se lo deje sobre el escritorio.

—¡Srta. Swan! — exclamo bastante sorprendida.

—Si no lo quieres al menos lo puedes vender. Te aseguro que te pagaran bien por él.—entre en mi oficina y continúe con mi trabajo reacomodando mi proyecto, pero fui interrumpida cuando mi teléfono comenzó a sonar.

—Si— conteste sin mirar de quien se trataba.

—Hola preciosa, ¿que tal dormiste? —con solo escuchar esa voz el estomago se me revolvió y deje hacer lo que estaba haciendo.

—Estoy ocupada Demetri.

—Espero que no hayas olvidado que mi silencio tiene precio.

—Sé que lo tiene. —murmure enfadada.

— ¿Te gusto mi regalo? —pregunto esperanzado.

—Tengo muchos de esos, además… sabes que odio los regalos.

— ¿Y que harás con él? — había un poco de burla en sus palabras, pero sabía que esta desaparecería al instante.

—Ya lo regale

— ¿Que hiciste qué?

—Es mío, así que puedo hacer con él lo que me plazca. No usare algo que venga de ti.

—No sé porque te haces la difícil si lo pasamos muy bien anoche. —me recordó mi momento de estupidez.

—Solo fue una noche y tampoco te creas tan bueno.

— ¿Me estás diciendo que no lo disfrutaste? —pregunto molesto.

—Te diré que he tenido mejores. —mentí y con alegría lo escuche maldecir.

—Ayer no lo parecía, tu cuerpo me decía todo lo contrario.

— ¿Solo para eso me llamaste?

—Te parece si comemos hoy y hablamos de cómo será que me puedes pagar.

—Hoy saldré con mi madre.

—Ahora entiendo porque estas tan molesta. —soltó una risita apagada.

—No es solo eso, también tu me molestas.

—Cariño…

—No me llames así— le dije molesta y en un tono más alto.

—Entonces Bella… ¿sabes cómo puedes pagar mi silencio?

— ¿Que es lo que quieres?

—Es obvio… a ti

—Piensa en otra cosa que yo no…

—Escúchame Isabella, si quieres que nadie lo sepa, creo que pasaremos muchas más noches juntos. —advirtió dejando los juegos de lado y tomando la postura dominante y amenazadora que siempre poseía.

— ¡Eres un estúpido!

—Un estúpido que te tendrá en su cama. —se mofo divertido.

—Si no tienes nada más importante que decir nos vemos—corte la llamada y sin poder contenerme grite de frustración.

— ¿Está todo bien? —vi a Megan asomarse preocupada.

—Solo tráeme un vaso con agua—así lo hizo y continúe trabajando, haciendo que los números cuadraran, que los movimientos en la bolsa de valores fueran a nuestro favor.

— ¿Qué esperas niña? Es hora. —levante mi rostro al escuchar la voz impaciente de mi madre.

—Hola Renée. —la salude con desgana.

—Vamos no tengo todo el día.

—Solo dame unos minutos para enviar este archivo.

—Siempre es lo mismo contigo, date prisa— lo envié tome mis cosas y salí detrás de mi madre.

—Cualquier cosa me llamas a mi móvil, estaré fuera lo que resta del día. — le anuncie a mi secretaria que asintió mirando a mi madre con cautela.

—Solo que sea de vida o muerte y, con ello me refiero a la de alguien importante, no la tuya— hablo mi madre, antes de tirar de mi hacia el ascensor.

— ¿A dónde iremos primero? —pregunte para saber donde comenzaría mi tormento.

—No podemos llevar cualquier cosa. Iremos a Chanel, Versace cualquiera que sea de diseñador, no podemos llegar con un vestido de alguien desconocido. —dijo caminando más aprisa y yo la seguía muy de cerca, sin fijarme había estado a punto de caer.

— ¿Se encuentra bien? —pregunto el hombre que me había sostenido.

—Sí, solo un mal pasó.

—Te he dicho que te fijes por donde caminas. —me miro mi madre con desaprobación y seguí caminando.

—Gracias—agradecí al guardia que me había salvado de caer, mi zapatilla se había atorado en una rejilla.

Subí detrás de mi madre en la camioneta que nos esperaba.

—Pensé que ya habías superado tu etapa de torpeza—evite responder, me limite a observar los edificios y los autos que pasaban cerca de nosotros. Nos detuvimos delante de la tienda de Versace, mi madre le indico al chofer a qué hora debería de pasar por nosotras.

—Sra. Swan— apenas entramos la encargada de la tienda se acerco a nosotros y saludo a mi madre con alegría, ¿y cómo no estarlo? Mi madre era una de sus mejores clientas y siempre ganaba una buena comisión.

—Samantha.

— ¿Que podemos hacer por ustedes? —me saludo con un simple movimiento de cabeza.

—Necesitamos un vestido para el baile de este fin de semana, ya sabes… algo espectacular.

—Tenemos algunos espectaculares para usted— le dijo a mi madre con una enorme sonrisa, la condujo al interior, mientras que yo comencé a caminar por lo largo de la tienda viendo los vestidos.

Podría utilizar uno como los que siempre utilizaba en esta clase de eventos o utilizar uno que dejara sin aliento a más de uno, había de toda clase de vestido desde unos un tanto recatados o los más atrevidos, vi a mi madre dirigirse a uno de los vestidores con un par de vestidos.

—Alguno que sea de su agrado señorita o busca algo en especial. —pregunto la mujer que había atendido a mi madre.

—Quiero algo diferente, ya sabes un poco más llamativo. — le informe haciéndola sonreír.

—Creo que iré por algunos que se que le irán de maravilla.

—Seguiré viendo los que hay aquí. —ella accedió y se marcho dejándome seguir mirando.

Continúe paseándome entre los vestidos, de pronto todo me comenzó a dar vueltas me sostuve de una de las mesitas que estaban cerca, tenia días sintiendo esos mareos y sabia que pronto se me pasaría, pero esta vez no fue igual. Solo recuerdo que alguien grito mi nombre antes de que todo se volviera negro.

Denle un poco de aire.

Esta muy pálida.

Bella, reacciona—escuchaba 4 voces algo lejanas poco a poco se hacían más fuertes, abrí mis ojos y me encontré con mi cabeza en el regazo de una mujer de piel pálida y cabello caramelo, me intente levantar pero ella me lo impidió.

—Tranquila querida, no tan aprisa. —dijo con dulzura acariciando mi rostro.

— ¿Que me paso? —pregunte desorientada tocando mi cabeza.

—Te desmayaste— enfoque mi mirada hacia un lado y me encontré con Alice, Rose y Giselle.

— ¿Está todo bien? —pregunto Giselle igualmente preocupada.

—Sí, no sé qué fue lo que sucedió. — me comencé a mover.

—Levántate con cuidado— me ayudo a levantarme la mujer que me había tenido en su regazo.

—Bella, ella es mi madre: Esme. —me dijo Alice con una sonrisa y con evidente orgullo, como no estarlo si parecía ser una mujer dulce.

—Gracias Esme. — le dije con una tímida sonrisa mientras sacudía mi vestido.

—No tienes porque agradecer. —acaricio mi rostro con dulzura.

—Cielos, ¿qué te sucedió cariño?— mi madre hizo a un lado a Esme y llego a mi lado como si en verdad le importara.

—Ya estoy bien— me separe de ella de manera brusca.

— ¿Estas segura? —pregunto Esme que había visto mi reacción ante mi madre.

—Sí muchas gracias Esme— dije con un tono de voz más suave.

—Giselle, querida— saludo mi madre efusivamente, no pude evitar notar la mirada de desagrado que le lanzo a su acompañante— Esme.

—Hola Renee que suerte encontrarte en esta tienda, ¿de compras por el baile? —hablo la madre de Rosalie que a la vez parecía todo menos encantada de ver a mi madre en el mismo lugar.

—Aquí encontraras los mejores vestidos de la ciudad. —anuncio mi madre.

—Eso es lo que escuchamos, por eso hemos venido.

—Srta. Swan. —me gire al escuchar mi nombre y mire a la dependiente que sostenía un par de vestidos. Me disculpe y fue junto con la chica que tenia sobre sus brazos un par de vestidos, uno era de color verde de tirantes finos el otro era de un solo hombro un poco más ajustado.

— ¿Le gusta alguno? —pregunto al ver mi expresión.

—Honestamente no.

—Le mostrare otro: el vestido es muy bonito, palabra de honor con apertura lateral y en color crema con pedrería incrustada. —asentí y ella camino de prisa por uno de los pasillos y regreso al instante con él entre sus manos.

—Este es el vestido. —me lo mostro y de inmediato supe que era el que había estado buscando.

—Es Hermoso. —sonreí para mí y toque el vestido con la yema de mis dedos.

— ¿Quiere probárselo?

—Por supuesto—me lo probé y al mirarme en el espejo sonreí con satisfacción era simplemente hermoso, me vi de diferentes ángulos solo para comprobar que se ajustaba a cada una de las pequeñas curvas de mi cuerpo, que aunque no era exuberante eran muy llamativas, me lo quite para volver a colocarme mi ropa.

— ¿Que le ha parecido? —pregunto la chica al verme salir del probador con él en brazos.

—Me lo llevo.

—Isabella, estás segura que te llevaras ese vestido. —pregunto mi madre con desaprobación y sabia que aunque le gustaba ella no deseaba que las miradas se centraran en mi, quería ser ella la dueña de todas.

—Si me gusto, y me lo llevare. —le dije firmemente sin dejar de mirarla.

—Es precioso Bella—observe a Alice quien veía mi vestido.

—Gracias.

—Te ves hermosa en ese vestido. Esa noche brillaras.

—Gracias Esme— le sonreí cariñosamente, solo escuche como mi madre dejaba escapar un bufido de enfado.

—Iré a probarme algunos vestidos. —asentí con desgana.

—Cielo, en verdad te encuentras bien. —pregunto nuevamente la madre de Alice que aun parecía preocupada. Me sentí extraña de que alguien me mirara con cariño y se preocupara por mí, era algo que tenía mucho que no me sucedía.

—Si Esme, creo que es por agotamiento, he estado trabajando mucho.

—Deberías de descansar un poco, luces muy pálida. —toco mi rostro con delicadeza.

—Yo soy pálida— sonreí de nuevo.

—Señora, su vestido.

—Creo que será mejor que me vaya a probar algunos vestidos. —me dijo regalándome una sonrisita.

—Claro— me quede helada al sentir como depositaba un beso sobre mi frente.

—Cuídate y descansa cariño— yo solo pude asentir.

Media hora más tarde mi madre al fin había encontrado su vestido y como era de esperarse era muy llamativo, era de un color verde straple, el pecho era plisado caía de manera recta y poseía una pequeña cola, veía como Rosalie y Alice se habían probado cerca de 10 vestidos cada una y aun seguían sin encontrar el que les gustara por completo.

—Ahora iremos a buscar nuestros zapatos. —anuncio mi madre con tono autoritario, solo asentí.

Nos despedimos de Giselle y Esme ya que las chicas aun seguían probándose y tratando de encontrar el vestido perfecto. Le indique a la encargada para que las enviaran a casa y prometió que estarían ahí en solo un par de horas. Le indique a mi madre que ya estaba arreglado y nos podíamos marchar. Antes de salir mi madre se giro.

—Giselle, no olvide que hoy iremos al club, sería bueno que fueras para que conocieras a mis amigas.

—Lo siento Renée, pero Esme y yo ya teníamos planes. — el mohín que hizo fue completamente notorio, sabía que era porque no estaba acostumbrada a que le dijeran que no y segunda ya que era obvio que Esme no era de su agrado.

—Querida deberías de hacer nuevas amistades, recuerda que ahora eres más importante no puedes seguir viviendo de la misma manera. —rodé lo ojos por la superficialidad de mi madre.

— ¿Podemos irnos?—interrumpí antes de que siguiera lastimando a Esme, quien claramente se sintió menospreciada por los comentarios de mi madre. Pero seguía mostrando una sonrisa.

—Nos vemos pronto. —se despidió mi madre.

—Un gusto conocerte Isabella. — tomo mi mano ignorando a mi madre. Y tomándome por sorpresa

—El gusto ha sido mío Esme, hasta pronto Giselle. —aparte mi mano de la calidad en la que se había visto envuelta.

—Camina niña—murmuro colocándose sus anteojos oscuros. Salimos de la tienda y de inmediato nos dirigimos a otra.

Visitamos un sinfín de tiendas para conseguir unos zapatos adecuados, esta vez fui yo la que tardo más, pero al final había dado con los correctos.

Fuimos a comer a un restaurant que estaba cerca y que mi madre eligió. Dentro nos encontramos con dos de sus amigas, aquellas que solo se distinguían por ser las chismosas de nuestro circulo social, tan metidas estaban actualizándose que no se percato de que apenas había tocado mi plato.

De regreso a casa mi madre iba pegada a su teléfono móvil hablando mal de algunas de sus conocidas, de lo hermoso que era su vestido y de lo lamentable que era que la sentaran lejos de ella.

—Isabella, te estoy hablando. —demando mi atención, me gire para verla con el ceño fruncido.

— ¿Que decías? —pregunte con desgana.

—Como siempre solo quieres llamar la atención.

— ¿Crees que eso es lo que hago? —me defendí enfadada y sin saber a que venia todo esto.

—Es más que obvio. —rodé los ojos y baje de la camioneta en cuento se detuvo frente a la casa. — Te estoy hablando Isabella.

La ignore y seguí subiendo las escaleras hasta llegar a la puerta y entrar en la casa.

—Vuelve aquí Isabella—me alcanzo antes de llegar a las escaleras que llevaban a la segunda planta, cerrando su mano alrededor de mi brazo.

— ¿Que quieres Renee?

—A mi no me hablas de esa manera. —apretó su agarre—Solo quiero advertirte que no quiero que se repita tu show de hoy.

—Yo no soy como tu Renee, yo no hago un show para que todos me miren. Yo tengo los pies bien plantados sobre la tierra. No soy como tú que piensa que el mundo gira a mí alrededor.— sentí como su mano se estampaba sobre mi mejilla.

—Eres una insolente, después de todo lo que hemos hecho por ti así nos pagas.

— ¿Que sucede aquí? —ambos nos giramos para ver a mi padre que había llegado y que evidentemente parecía molesto por encontrarse con esta escena.

—Isabella que me levanto la voz—chillo mi madre haciéndose la víctima, soltándome y dirigiéndose cerca de él.

—Quiero que le pidas una disculpa a tu madre. ¿Me escuchaste?

—Si— dije en un susurro, encaje mis uñas en el interior de mis manos y me mordí la lengua de decir un par de verdades mas, respire profundamente un par de veces antes de levantar la mirada y encontrarme con la de mi madre. — Lo siento.

Tras esas palabras me di media vuelta y subía las escaleras rápidamente pero sin perder el estilo. Estaba furiosa, después de todo la que siempre tenía la culpa era yo, era una lástima que cuando el momento llegara yo no pudiera ver el rostro de ambos, y más aun el de Renee que se vería envuelta en una cantidad desmesurada de chismes, pasaría de ser la madre modelo a lo que era en realidad un impostora, una farsante.

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