No me dejes caer: Capítulo 14


 En buenas manos


—Gracias— volví a colocar mi cara contra su pecho, su respiración tranquila me hacia tranquilizarme de igual manera, no supe en qué momento me quede profundamente dormida, después de mucho tiempo ese gran peso que sentía sobre mis hombros y que oprimía mi pecho no era tan intenso.


Escuchaba sonidos que poco a poco se fueron haciendo más perceptibles hasta reconocer las voces y como estos hablaban en susurros.

—Emmett, eso no fue muy cordial. —lo reprendió su madre, consiguiendo que Emmett se quejara como un niño pequeño echando la culpa a su hermana que se defendió. Lo que me sorprendió fue escuchar la voz de Rosalie que estaba pidiendo que recordaran que yo seguía dormida

— ¿Desde cuándo te preocupas por ella Rose? —inquirió su novio con cierta diversión.

—Me importa es el punto, así que si no te callas en este momento Emmett Cullen te irás fuera de esta habitación. —lo amenazo, consiguiendo la aprobación de Esme quien parecía divertida.

—Mama esta es la parte en que me ayuda, si no lo recuerdas yo soy tu hijo.
—Deberían de guardar silencio o nos sacaran de aquí. —recordó Jasper que se había mantenido en silencio.

—Edward— moví mi mano y me encontré con la cama vacía y mi rostro chocaba con algo completamente mullido, debía de ser la almohada, su pecho era más duro y su aroma más agradable.

—Hola cariño, como te sientes— abrí los ojos perezosamente para encontrarme con el rostro de Esme.

—Despertaste bella durmiente— Saludo Emmett antes de sacudir mi cabello

—Déjala tranquila Emmett. — lo reprendió Alice golpeándolo en el brazo

— ¿Y Edward? —pregunte al no notar su presencia en la habitación.

—Lo llamaron uno de sus pacientes tuvo una complicación, tuvo que salir pero dijo que regresaría en seguida.

—Nosotros te cuidaremos bien. —aseguro Alice.

Una mujer entro en la habitación y dejo una bandeja con lo que evidentemente era la comida.

—Tu comida se ve deliciosa. — sentencio Emmett obligándome a mirar la bandeja y de solo ver su contenido mi estómago se contrajo, era demasiada comida.

—No tengo hambre— me acomode de lado.

—Tu desayuno quedo intacto. —recordó Esme.

—Solo pruébalo, esa crema se ve deliciosa.

—Todo lo que sea comida se ve delicioso para ti Em. — murmuro su hermana consiguiendo que todos rieran y yo solo sonreí.

—Solo un poco— pidió Esme, me senté y al instante ya tenía la mesita delante de mí, tome la cuchara removí un poco, la probé dejando que descendiera por mi garganta de manera lenta y sentí cuando llego a mi estómago como una masa pesada, algo que debía de ser mi imaginación ya que no era nada solido.

— ¿Esta buena?

—Si, ¿la quieres?— empuje el plato hacia donde estaba Emmett que negó regresando el plato donde estaba.

—Se los dije papá, pero le dieron 5 mg, en lugar de de.5mg. — me removí un tanto nerviosa al reconocer la voz de Edward.

—Debes de tener más cuidado en las notas, no se puede volver a repetir.

—Estaba indicado correctamente, pero las enfermeras no ponen atención, se lo repetí 5 veces a Myrna y estaba en las indicaciones, mas parece que es más importante ligar con el nuevo residente que atender sus tareas de manera adecuada.

—En algún momento podrían dejar de hablar de trabajo— reprendió Alice a los recién llegados.

—Es nuestro trabajo. — Le recordó su padre con una sonrisa—Veo que ya estas comiendo— solo me encogí de hombros.

—Hola— me saludo Edward como si no hubiera nadie más en la habitación. Mi corazón salto al ver como se acercaba lentamente, se sentó junto a mí dándoles la espalda a los demás.

—Hola. — respondí suavemente.

—Lo siento, tuve que salir, pero sé que te quedaste en buenas manos.

—Cuidaron bien de mí.

—Deberías de acabar de comer, antes de que se enfrié— lleve la cuchara dos veces más a mi boca, antes de dejarla de lado.

—Llevas tres, te las estoy contando— señalo Emmett.

—Come otro poco.

—Me duele el estómago. —proteste sintiendo esas nauseas terribles.

—Un poco más. — volvió a pedir Edward.

—En verdad.

—Solo un poco más hermosa— cerré los ojos al sentir su aliento mientras lo susurraba. La risa estridente de Emmett nos hizo separarnos recordándonos de que no estábamos solos.

— ¡FUERA! —gruño Rosalie señalando la puerta. —No estoy jugando Emmett Cullen. Lo siento Bella, esperaremos afuera.

—Nosotros los acompañaremos— los siguió Alice llevándose con ellos a Jasper que solo se encogió de hombros y salió con los demás.

—Ya que estamos solo nosotros quisiera hablar contigo. — hablo Carlisle con tono serio lo que me hizo sentir un tanto nerviosa.

—Lo siento, yo no... —me disculpe de manera torpe.

—Pero porque te disculpas cariño— los brazos de Esme me envolvieron tomando por sorpresa y consiguiendo que me pusiera rígida.

—Ustedes solo intentaban ayudarme y yo he sido muy grosera. —murmure disfrutando el abrazo cálido.

—Eso es lo que menos importa, lo que nos importa es saber que has aceptado nuestra ayuda, aunque eso se lo debemos completamente a Edward. — señalo Carlisle a su hijo que me guiño un ojo. —De lo que quería hablar es que debes de ver a varios especialistas.

—Lo sé.

— ¿Estas de acuerdo que te hagamos algunas citas? — simplemente asentí con la cabeza.

—Yo te acompañare. —se ofreció Edward o mejor dicho me aviso que lo haría.

—No puedes hacerlo, no puedes olvidar tu trabajo.

—Acomodare los horarios, pero prometí que estaría contigo y ahí estaré. No pasaras por esto tu sola.

—No creo que sirva de mucho el pedirle que no lo haga, este hombre puede llegar a ser algo terco.

— ¡Mamá!

—Soy sincera, más vale que Bella este enterada.

—Creo que es bueno saberlo. —asegure dirigiéndole una tímida sonrisa a Esme que había aflojado su abrazo, mas se mantenía a mi lado.

—No creas que olvide que aun no terminas de comer. Solo un poco más. — pidió por lo que nuevamente tome la cuchara mas con solo hundirla en la crema la deje ahí.—Bella.

—Te juro que si como un poco mas voy a vomitar.

—Está bien, pediré que le traigan algo ligero para que comas antes de la cena. — Fruncí el ceño  ante la idea de tener que estar comiendo. —Será algo sencillo, es solo para que tu estómago se comience a acostumbrar.

— ¿No me dejaras otra alternativa? — él simplemente negó con la cabeza y una enorme sonrisa en los labios. Aparte la mirada de Edward y la pose en Carlisle—Es normal que tenga tanto sueño— pregunte, mientras cubría un bostezo involuntario.

—Sí, es debido al medicamento que te están administrando. —aseguro Carlisle. —Descansa, nosotros iremos a comer algo y regresaremos—asentí mientras sentía los labios de Esme sobre mi frente.

—Tú deberías de ir a comer algo. — le sugerí a Edward.

—Comí algo en el hospital, ya sabes en el lapso entre pacientes.

—Eso no está bien. —lo reprendí.

—Tengo mis prioridades.

—Te notas cansado, deberías de ir a descansar.

—Tú deberías de hacerlo, se te cierran los ojos pequeña.

—No es ver…dad— bostece mientras mis ojos se cerraban, solo escuche su melodiosa risa. —Odio este medicamento— le dije intentando mantener abiertos mis ojos

—No seas testaruda y duerme un rato.

—No… no qui…ero— mis ojos se hacían más pesados, deje de insistir cuando empecé a escuchar como tarareaba una canción que desconocía, no sé si fue mi imaginación pero sentí como si sus labios se hubieran posado sobre los míos, mi imaginación estaba volando mas lejos de que debería.

—Creo que deberíamos de despertarla, debe de cenar.

—No te preocupes mamá, aquí nuestro caballero se encargara de que lo haga.

— ¿Que no te tienes que ir Emmett? —gruño Edward.

—No, aún es temprano, además me quiero despedir de mi nueva pequeña hermanita.

—Yo te despediré de ella.

—Eddie, parece que te quisieras deshacer de mí.

—No lo parece, es lo que quiero, no dejas de decir tonterías.

Hola Emmett— dije aun con los ojos cerrados y reacomodándome en la dura cama.

—Torpe, la despertaste. —lo regaño Alice y por sonido y la protesta de este supuse que lo habían golpeado.

—En la cabeza no Alice, no vez que puedes afectar su cerebro.

— ¿Tienes cerebro Em?— todos estallaron en carcajadas.

—Ríanse todo lo que quieran.

—Ya dejen al pobre de Emmett— intervine abriendo los ojos y tratando de contener las ganas de reír.

—Ven, Bella me defiende, es la única que me comprende— exclame de sorpresa al sentir un gran abrazo, aunque el aroma era agradable, no se comparaba con la que me volvía loca, ¿dije loca? eso es en lo que me estaba convirtiendo.

— ¿Como te sientes?— pregunto tímidamente la rubia.

—Mejor, gracias— un sonido conocido inundo a habitación consiguiendo regresarme a la realidad, donde ninguno de los Cullen figuraba. — Es mi teléfono.

—Lo había olvidado, aquí están tus cosas— me entrego Jasper mi bolso. Saque el aparatito y me debatí en contestar o no hacerlo, pero al final termine haciéndolo.

—Hola Charlie.

— ¿Se puede saber qué es lo que sucede contigo? —grito como saludo consiguiendo que apartara levemente el aparato de mi oreja.

—Si estoy bien. — respondí con ironía.

—Que importa eso, quiero saber qué es lo que sucede contigo. Ayer dejaste escapar un cliente importante y hoy te das el lujo de no ir a la empresa. ¿Crees que por ser mi hija tendré alguna consideración contigo?

—Charlie yo hice todo lo posible por retenerlo, que hayas puesto a Samuel a intentar cerrar ese trato no es mi culpa, sabes que es un incompetente.

—Tú no estás tan lejos Isabella.

—Solo hablaste para recordarme lo incompetente que soy para ti o es que se te ofrece algo mas— mantenía la visita fija en la sabana con la que estaba jugando, salte al sentir una mano acariciar mi espalda.

— ¿Quien te crees para hablarme así?

—Sabes, estoy cansada, así que si no me dirás algo de vital importancia hablaremos mañana.

—Ni te atrevas a colgarme Isabella Swan. —me mantuve en silencio esperando que dijera algo, lo escuche soltar una bocanada de aire de la manera que lo hacía cuando estaba molesto. —Quiero saber dónde demonios estuviste todo el día.

—Si tanto quieres saberlo estoy en el hospital.

—Y para eso necesitas todo el día, dijeron que solo sería un chequeo.

—Dije estoy en el hospital no estuve en lo hospital lo que significa que estoy hospitalizada— dije desesperada.

— ¿Te encuentras bien?

— ¿No crees que es un poco tarde para preocuparte? Mejor dime para que me llames, así tú puedes seguir disfrutando de lo que quiera que estés haciendo y me permitas descansar.

—Me haces sentir como el peor padre, pero quiero que mañana me envíen un reporte de las inversiones de los Watson, los últimos movimientos de la bolsa.

—Los tendrás mañana antes de las 3. —prometí.

—Bella… tu madre quiere hablar contigo— respire hondo.

—Que fue lo que paso, porque estas en el hospital, dime que no fue muy público.

—Agradezco tu preocupación— dije de manera acida— no tienes de que preocuparte ninguna de tus amistades se dio cuenta, puedes estar tranquila, no estarás en boca de nadie.

—No me hables en ese tono niña.

—Es lo único que te preocupa realmente— sentir a Edward cerca me estaba dando una valentía de decirle algunas verdades a mi madre.

—Ya me está cansando tu actitud de mártir.

—Mamá no me siento bien, así que si no me vas a decir nada más…

—Quien te crees para decirme lo que tengo que hacer o que no. Si yo quiero seguir hablando tú me vas a escuchar, alguien tiene que ponerte en tu sitio.

—Nadie te está diciendo nada de eso, solo quiero que entiendas que me siento mal y me gustaría descansar.

—Eres insoportable.

—Es lo que siempre me dices.

—Hablaremos cuando regrese, en estos momentos vamos de camino a cenar con…

—Que disfruten su cena— corte haciéndola bufar de coraje.

—Tu padre quiere hablar contigo nuevamente. —suspire sonoramente y espere solo unos segundos en lo que mi papá se ponía de nuevo en la línea.

—Bella, ¿en verdad te encuentras bien?

—Me siento cansada. —fue mi respuesta dando por terminada la conversación.

—Hasta pronto— no conteste y solo corte la llamada, sentía la mirada de todos sobre mí, más mantuve mi mirada aun en la sabana, no quería ver la lástima que les estaba provocando.

—Deberías de cenar— intervino Esme rompiendo el silencio, no proteste y comí un poco de lo que me había llevado antes de apartar el plato.

—Se que no debería de meterme, pero no creo que estés en condiciones de asistir a la empresa. — sentencio Jasper obligándome a mirarlo, pero el miraba a Edward y Carlisle en busca de apoyo.

—Tengo cosas pendientes— le dije consiguiendo que todos me vieran como bicho raro.

—Bella, te das cuenta de que no es conveniente de que vayas a trabajar.

—Ya se los dije tengo cosas pendientes. —bufe exasperada. — Ya perdí un día y el trabajo debe de estar acumulándose en mi escritorio…

—No saldrás de aquí en un par de días.

— ¿Días? —repetí las palabras de Carlisle a lo que él afirmo de manera tajante.

—El trabajo se me acumulara. Estoy al frente de la compañía. No puedo estar tanto tiempo fuera.

—Deja de preocuparte por la empresa, en este momento debes de preocuparte solo por ti. — intervino Edward.

— ¡Tu no entiendes! —exclame irritada de que no comprendiera lo importante que era para mí.

—Si te hace sentir mejor, mañana te traeré lo que necesites para entregar el trabajo que te pidió tu padre, pero después debes de prometer descansar. —propuso Jasper ganándose una mirada envenenada de su novia y hermana. Mas esa alternativa me hizo sentir aliviada, ya que había fracasado en mi cometido, tenía trabajo que hacer, en mi área un día fuera era una pila de trabajo acumulado. —Pero a cambio de que prometas descansar los días siguientes.

—Lo prometo.

—Me encargare de que lo cumplas— sentencio Edward.

—Es hora de que nos vayamos, la hora de visitas está por terminar—les recordó Carlisle mirando su reloj de pulsera.

Todos se despidieron deseando una buena noche y prometiendo que estarían ahí al día siguiente lo que en verdad esperaba que sucediera. Su compañía era agradable y sincera que era lo más importante.

Los vi a todos salir, agradecía estos minutos a solas en verdad que los necesitaba, todo esto era demasiado para mi, el sentir el contacto de Edward y saber que todos ellos me apoyaban me daba fuerzas para continuar y enfrentare a mis padres, sabía que la manera en que les había hablado no se quedaría así, cuando regresaran me darían un sermón de horas.

— ¿En qué piensas? —pregunto Edward regresando a la habitación donde evidentemente parecía pasaría la noche.

—Deberías de ir a tu casa a descansar, si mal no recuerdo dijiste ayer no dormiste bien.

—No me planeo separar de ti, además esa silla no es tan incómoda. —observe la silla que no tenía nada de especial y que sin duda seria una tortura pasar la noche ahí.

Estuvimos platicando hasta que el sueño me venció, de nuevo lo escuche tararear una melodía y sus labios posarse sobre mi frente, sentí un dolor en mi mano derecha, me había movido de manera brusca, lastimándome la muñeca, al despertar, tarde en acostumbrarme a la poca luz que había en la habitación, Edward tenía mi mano izquierda tomada entre las suya y su cabeza recargada en la cama, era una posición realmente incomoda, este hombre era único.

—Edward— susurre mientras acariciaba su rostro con cuidado, solo se removió un poco — Edward.

— ¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo? ¿Qué sucede?— no pude evitar reír al notar su confusión.

—Estoy bien, solo que creo si sigues durmiendo en esa posición amanecerás con un dolor abrumante de cuello y espalda.

—No te preocupes por mi y vuelve a dormí hermoso ángel— me sonroje al escuchar cómo me había llamado, agradeciendo que la poca luz no le permitiera ver la manera en que me afectaron sus palabras.

—Esta cama es algo espaciosa, te puedo hacer un lugar— me recorrí de tal manera que hubiera lugar suficiente para él, me vio por unos segundos y accedió, se acomodo junto a mí, me atrajo hacia él y de nuevo gracias a su respiración y su aroma me quede dormida.

Horas mas tarde me desperté al sentir una molestia en la mano en donde tenía puesta la intravenosa y abrí los ojos al notar que no estaba ese calor cálido que desprendía el cuerpo de Edward en el que había estado apoyada.

—Lo lamento, no quise despertarla— se disculpo la mujer al tiempo que me ponía el termómetro, recorrí la habitación y no encontré rastros de él, suspire resignada. — Todo está bien, puede volver a dormir.

—Lo intentare. —prometí.

—No lo intentes solo hazlo— me gire para ver al recién llegado que venía con otra ropa.

— ¿Que hora es?

—Apenas van a ser las 7, pensé que no notarias que me había ido.

—Es difícil no notar cuando no estás. — maldije ante mi confesión.

—Duerme

Ese día como el anterior Esme estuvo conmigo gran parte de la mañana cuidándome, cerca de las 9 llego Jasper con lo que le había indicado que necesitaría y aunque Esme se oponía estuvo al pendiente de que no me estresara de más, a la hora de la comida estaba terminando de rectificar el archivo que le mandaría mi padre.

—Creo que buscare la manera de que te prohíban trabajar dentro de esta habitación. —sentencio Edward apenas llegar.

—Ya casi término— asegure sin despegar la vista de mi Laptop

—Así ha estado todo el día. — me acuso Esme secundada por Jasper.

—Es lo único que hará hasta que la den de alta. —recordó Edward.

—Lo sé. —admití para no crear otra discusión, mas buscaría la manera de trabajar, no podía darme el lujo de dejar que el trabajo se acumulara

Como se lo prometí después de ese día no había trabajado en nada, aunque lo quisiera hacer no podía ya que llevaron todo lo que me causara alguna tentación. Tres días después me sentía realmente bien, debía de admitir que todo era a los maravillosos cuidados de todos los Cullen, en especial de Edward quien no se separaba de mí como lo prometió.

Finalmente llego el día en que me dieron de alta y extrañamente sentí un vacio al darme cuenta que con eso de terminaban las noches en compañía de Edward y que volvería a pasarlas sola, aunque era poco el tiempo el dormir a su lado se convirtió en una especie de ritual, sabía que las enfermeras hablaban sobre ello, o mejor dicho se preguntaban cómo era posible que un chico como él estuviera con una chica como yo, yo misma no conseguía comprender que es lo que veía en mi.

Edward se encargo de ir a buscarme al hospital para llevarme a casa, el camino fue en silencio, pero nada que ver con los silencios con mis padres este era agradable y el que mantuviera una de mis manos entrelazada con la suya me reconfortaba.

—Echare de menos nuestras platicas antes de dormir— confesé aun sabiendo que me estaba sonrojado.

—Yo también las echare de menos. — aseguro apartando momentáneamente la vista del camino. — Sé que aun no regresan tus padres y espero que no te moleste pero las chicas planean quedarse contigo

— ¿Hablas en serio? —pregunte sin poder ocultar mi alegría.

—Sí, no queremos correr riesgos, debemos de mantenerte bajo vigilancia.

—No soy una niña pequeña. —gruñí por lo bajo sin evitar un mohín.

—Haciendo esos pucheros, si lo pareces. — dijo divertido acariciando el dorso de mi mano con el pulgar. — ¿Que sucedió con tu nuevo departamento? —pregunto de pronto.

—Debe de estar listo, espero mudarme en un par de días.

— ¿Tan pronto?

—Quiero hacerlo antes de que regresen mis padres, además debo de comenzar a pensar que es lo que les diré. —me hundí en el asiento.

—Me alegro de que lo hagas, creo que eso te ayudara, solo dime cuando lo deseas hacer y nosotros te ayudaremos.

—Gracias.

El resto de la semana fue bastante interesante, las chicas se habían quedado conmigo y por las noches hablábamos durante horas, era interesante ver las similitudes que teníamos, aunque en algunas cosas diferíamos pero eran mínimas. Las visitas de los chicos era sin duda las más divertidas, entre todos me ayudaron a empacar mis cosas para mudarme este mismo fin de semana ya que mis padres habían hablado para informar que regresarían a mas tardar el martes por lo que debía de darme prisa

—Flash Back —

Acabábamos d terminar de empacar las cosas y ya estaban distribuidas entre la camioneta de mi padre, el volvo de Edward y el Jeep de Emmett que debo de admitir lo hacía único solo él podía andar en un monstruo como ese, la primera vez que lo vi me reí se veía bastante gracioso ya que parecía un auto que utilizaría cualquier chico menos un abogado como él.

— ¿Que les parece si vemos unas películas? —sugirió Alice.

Todos aceptamos ya que nos serviría para descansar un rato, los conduje hasta la habitación acondicionada como nuestra sala de cine particular, apenas entrar los chicos silbó y Emmett me recordó que amaba mi casa, frase que había repetido en cuando entro al garaje y sobre todo a la cocina.

—Son buenos algunos de estos lujos, pero el costo es demasiado alto— les dije mirando la habitación antes de salir rumbo a la cocina, sabía que Emmett tenía razón esta casa era grandiosa y en verdad que me gustaba aunque a veces insistía que era demasiado lujosa y  el costo de vivir en ella era demasiado alto.

— ¿Dije algo malo?

— ¡Me asustaste!— exclame llevándome una mano al pecho, estaba tan metida en mis pensamientos que no me di cuenta de que Emmett me había seguido.

—Hey no soy feo. — murmuro fingiendo estar ofendido.

—Solo eres un poco aterrador.

—Puedo ser tu guardaespaldas.

—Odio los guardaespaldas, en algún tiempo tuve a uno, pero simplemente no es mi estilo, con alguien detrás de mi no podía hacer nada sin que mis padres se enteraran, me gusta mi libertad y sobre todo mi privacidad.

—Sabes, la primera vez que te vi pensé que eras una heredera mimada que creía que el mundo gira a su alrededor, pero aunque es lo que aparentas al conocerte uno se da cuenta que era una chica sencilla y muy agradable.

—Creo que el dinero no lo es todo en esta vida y gracias por considerarme agradable, es algo que no escucho con bastante frecuencia. ¿Qué se te antoja? — pregunte para cambiar de tema, me ayudo a sacar todo lo que se le antojaba, para mi seguía siendo un misterio como podía comer tanto y mantenerse en forma.

—En verdad que me perdería en esta casa ¿no tienes un mapa?

—No, pero prometo hacerte uno. ¿Como un hombre tan intimidante como tú puede ser tan tierno como un osito?

—No me llames así.

— ¿Osito?— reí al ver su fingido enojo.

—Nadie se atreve decirle osito al gran Emmett

—Osito— me eche a correr sintiendo como Emmett iba detrás de mí, en pocos segundos  me tomo de la cintura y me coloco sobre su hombro.

— ¡Bájame!— grite entre risas, mientras intentaba que me soltara.

—Eres demasiado débil. —se burlo de mis pobres intentos por liberarme

— ¿Que es lo que le estás haciendo?— deje de reír al escuchar la voz áspera de Edward ¿estaría molesto?

—Ella se lo busco. — repuso Emmett acomodándome mejor sobre su hombro.

—Bájala Emmett. — ordeno lo que sin duda no fue la mejor idea.

—Toma Eddie atrápala— en un rápido movimiento me bajó de su hombro y me lanzo a los brazos de Edward que me atrapo y me pego mas a su cuerpo.

—Hey, no soy un balón.

—Sé que no lo eres, pero eres igual de divertida.

—Me las pagaras. — lo amenace consiguiendo que riera estridentemente y se marchara por el pasillo de regreso a la cocina por las cosas.

— ¿Estas bien?

—Si, gracias. — murmure removiéndome hasta conseguir que me dejara en el suelo.

Fue una película de suspenso, bastante buena, en algunas ocasiones saltaba de mi lugar al igual que las chicas consiguiendo que los chicos no dejaran de reír, después de que esta termino nos quedamos platicando hasta darnos cuenta de que era bastante noche, así que les pedí que se quedaran en la casa y ellos aceptaron, perecía que lo habían estado pidiendo en su interior, cerca de la media noche cada uno se fue a su habitación.

Debía de admitir que esta semana había sido la mejor en mucho tiempo, por fin me sentía completa, sabía que ellos les importaba y esta vez nada tenía que ver el apellido, estar con ellos era una bocanada de aire fresco, me recordaba que no tenía que asistir a lugares de moda para divertirnos, lo cual era grandioso, baje hacia la cocina por un vaso con agua, me encontraba aun sumida en mis pensamientos cuando sentí que alguien me observaba.

— ¿No se supone que deberías de estar dormida?

—Tenia un poco de sed— le señale el vaso casi vacío que estaba frente a mi— ¿quieres uno?

—Claro—se lo deje junto al mío, haciendo que se sentara a mi lado.

—Tú también deberías de estar dormido.

—Eso es cierto, pero te escuche salir de tu habitación. ¿Estas bien?— sentí su mano acariciar mi mejilla, cerré los ojos inconscientemente para escuchar su melodiosa risa.

—Creo que nunca me había sentido tan bien.

—Me alegro que cumpliera uno de mis objetivos.

— ¿Cuales son los otros?

—Si te los dijera debería de matarte— reí al darme cuenta que esas palabras eran mías.

—Creo que no suena tan mal.

—Isabella, no vuelvas a decir eso.

—Lo siento. — bebí lo último que había en mi vaso

—No entiendo como no vez lo buena que eres en realidad, eres una chica valiosa y es algo que no debes de olvidar.

—Soy un caso perdido— sonreí con un poco de tristeza. —Creo que deberíamos de regresar a nuestra habitación.

— ¿Está huyendo de mi?

— ¿Debería de hacerlo?

—No. pero eso parece.

—No te tengo miedo— levante mi rostro para encontrarme con el suyo, me acorralo contra la mesita central.

—No deberías de haber dicho eso. — murmuro divertido.

—No me asustas— nuestras respiraciones se estaban haciendo entrecortadas, sentía su aliento chocar contra el mío.

—Deberías de estar temblando.

—En tus su…sueños— esa sonrisa curva que se foro en su rostro era absolutamente sexy, estaba perdida.

—Siempre estás en mis sueños— sus labios acariciaron los míos, cerré los ojos y rompí la distancia que nos separaba, sus labios se movían suavemente pera a la vez frenéticos, sus manos se acomodaron en mi cintura y las mías en su nuca atrayéndolo más a mí, su sabor era inigualable, solamente nos separamos por la falta de aire, su frente quedo unida a la mía, abrí los ojos lentamente para encontrarme con los suyos.

—Vamos a dormir— dije aun con mis respiración entrecortada, tome su mano y juntos nos fuimos hasta donde estaban las habitaciones, nos detuvimos al llegar delante de la mía.

Abrí la puerta mas antes de entrar él me dio un beso en la mejilla y antes de que se alejara tome su mano y le pedí que se quedara conmigo como las veces que lo había hecho en el hospital, lo pensó por unos segundos pero al final acepto. Cerró la puerta a su espalda y me siguió hasta la cama, se recostó a mi lado atrayéndome a él.

—Buenas noches pequeña— sus labios besaron mis cabellos.

—Buenas noches, Edward.

—Fin Flash Back—

Era posible que fuera tan egoísta, que quisiera mantener a Edward a mi lado aun sabiendo que no era la chica que él se merecía, no debería de estar dándole falsas esperanzas, esa era algo que me daba vueltas en mi cabeza y la otra cosa que no dejaba mi mente era el hecho de que yo me sentía de una manera nueva a su lado, eran sensaciones diferentes, no podía decir que estaba enamorada ya que aun era demasiado pronto. La manera en que Edward me trataba dejaba claro que yo le importaba, se aferraba a la idea de que era una chica valiosa,  tenía que contarle mis errores tal vez al conocerlos cambiaria de opinión o podía haber la posibilidad de que no le importaran y podríamos permitirnos ver hasta dónde nos llevaría la atracción que evidentemente estaba entre nosotros.

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