El trato que unió nuestras vidas: Capitulo 9



  DESCUBRIMIENTO

Aunque los negocios eran buenos eso no impedía que la amenaza de Aro siguiera en pie, el hecho de que nuestras empresas se hubieran fusionado había ayudado a dar más estabilidad ya que se protegían de algún daño que quisieran hacerles. Nos habíamos convertido en una fortaleza. Esta seguridad nos había lanzado como una de las principales compañías en las cuales invertir. Pero también eso había aumentado el afán de Aro de quitarnos de en medio, por lo que en este momento teníamos que revisar cada una de las empresas que teníamos para verificar que no hubiera alguna fractura por la que se pudiera infiltrar. Edward se encontraba en China junto a mi padre y el suyo.


Hoy hacia un día maravilloso por lo que decidí ir a comer a un restaurante que estaba cerca de las oficinas al cual me podia  ir caminando, era extraño ver la ciudad iluminada por los rayos del sol ya que en su mayoría estaba nublada y con lluvia, vi a una pequeña que jugaba con su pelota. Se veía sumamente tierna, con un hermoso vestidito rosa y peinada de dos colitas, su pelota resbaló hacia la calle y la vi seguirla, no lo pensé dos veces e hice a un lado a las personas que estaban delante de mí, la tomé justo en el momento en que pretendía llegar a su pelota, mi zapatilla se me atoró haciéndome caer con la pequeña en mis brazos.

— ¡Hannah! — escuché una voz gritar y una mujer con lágrimas en el rostro llegar hasta nosotros, un hombre me ayudó a levantarme e ignoré los murmullos de las personas— muchas gracias, se me perdió entre la multitud.

—No tiene que agradecer—le entregué a la pequeña que temblaba un poco asustada, mi mano me dolió y no pude evitar hacer un gesto.

—¿Se encuentra bien?—asentí, pero al momento que ella tomó mi mano no pude evitar dar una exclamación de dolor.—Soy doctora y parece que se ha lastimado algún ligamento, permítame llevarla al hospital.

—No se preocupe, estoy bien—mentí, pero la mujer me sacó de entre la multitud y me guió hasta un BMW azul, metió a la pequeña en el asiento trasero y abrió la puerta del copiloto.

—Permítame llevarla a que la revisen, es lo menos que puedo hacer después de lo que hizo por mi hija— asentí entrando al auto, de inmediato. La mujer se colocó detrás del volante y emprendió marcha— lo siento, me llamo Broke y soy Endocrinóloga, trabajo en el Mercy, ¿tiene algún problema que la lleve a ese hospital?

—Es perfecto, ahí está el médico de nuestra familia, por cierto me llamo Isabella—le sonreí aunque mi mano comenzara a doler de una manera más intensa. Llegamos al hospital y gracias a que Broke trabaja en el lugar de inmediato me atendieron.Me hicieron diferentes estudios, pero el peor fue el de sangre,algo que encontraba como una exageración, pero que ella pensó incluir para un chequeo completo, intente resistirme, pero al ver la mirada de la pequeña Hannah que había susurrado que era valiente por dejarme sacar sangre, soporté mi miedo para no defraudar a la pequeña que era de lo más platicadora y me había hablado de sus criaturas favoritas, los unicornios.

—Ves Hannah, Isabella no lloró— le sonreí, aunque la verdad poco me había faltado para salir corriendo antes de que me encajaran eso en el cuerpo.

— ¡Es vadiente!

—Espero que tú lo seas—ella asintió.

—Tus exámenes los envié con el Dr. Carter ya que dijiste que era tu médico familiar, él te tratara, pero los gastos corren por mi cuenta

—No, eso es demasiado.

—Nada es demasiado después de lo que hiciste por mi pequeña, te dejaré en su consultorio donde ya te espera con las radiografías—caminamos por un par de pasillos que no había pisado nunca. Llegamos a un corredor amplio que me fue familiar, tres puertas y ahí estaba Daniela la secretaria de mi médico, quien me indicó que pasara.

—Broke, en verdad ya hiciste demasiado, permíteme pagar.

—No y no lo intentes, ya cubrí parte de los gastos, lo que hiciste por mi pequeña no tiene precio, así que más vale que lo aceptes—asentí susurrando un gracias, se despidió ella y la pequeña Hannah que me dio un beso antes de entrar al consultorio.

—Veo que si no es por un accidente ni te paras—me indicó la camilla donde ya me esperaba una enfermera con un carrito lleno de cosas que me indicaban que no era nada bueno.

—Sabes que odio los hospitales—me senté en el lugar señalado.

—Milagrosamente no te has roto nada, solo te has lesionado uno de los ligamentos, por lo que preferí colocarte una férula y una venda ya que de lo contrario por tu agitado estilo de vida no te cuidaras.

—No quiero tener eso puesto.

—Solo será una semana, con eso garantizamos que estará inmóvil y una excelente recuperación.

—Solo una… ¡ah! —Retiré la mano ya que me había lastimado, la enfermera se disculpó y continuó con su trabajo— pero solo una semana.

—Sí— comenzó a preguntar por mis padres y lo más importante, como resultaba mi vida de casada, habían pasado ya 3 meses desde ese suceso que había vuelto locos a muchos y que para mí había sido un cambio mucho más grande de lo esperado.

Cuando mi mano estuvo inmóvil la chica salió dejando entrar a otra que le entregó unos sobres a John, lo abrió y revisó, solo escuchaba un hmmm y una mirada de sorpresa.

—Bella por qué no te sientas aquí—me ayudó a llegar a la silla y él se acomodó detrás del escritorio.

— ¿Hay algo mal?

—Claro que no, tus niveles son perfectos tan sana como siempre, pero hay algo que apuesto te sorprenderá—Enarqué una ceja— dime, ¿no te has sentido rara últimamente?

—Para nada—intenté recordar si había algún malestar pero no había sucedido nada, todo era absolutamente normal.

—Más sueño del normal, un por…

—Al grano John, sabes que odio cuando te vas por las ramas—tomó un marcador rojo y delineó algo en la hoja y me la entregó, ahí en medio del circulo que había marcado estaba una frase POSITIVO. Seguí los puntitos hasta llegara y ver que era la de “embarazo”, levanté mi mirada y él sonreía.

—Felicidades Bella, estás embarazada y por lo que dice aquí tienes cerca de 5 semanas.

—Tiene que haber algún error, yo no puedo estar embarazada—me levanté como si en este momento la silla me quemara, tenía que ser un error, yo no, ¡No podía estarlo!

—Bella no hay error, pero si quieres lo podemos repetir para asegurarnos—asentí aunque sabía que eso significaba un nuevo piquete, llamo a la chica de laboratorio que fue de inmediato tomó una nueva muestra y se marchó. Me pidió esperar una hora.

Esperé afuera mientras atendía a más pacientes, tenía una revista en mis manos, pero mi mente viajaba en otro rumbo, no podía estar embarazada me había estado cuidando para evitarlo, no es que no deseara un bebé, qué mujer no lo hace, lo que no deseaba es que un bebé naciera en un matrimonio donde no había amor y solo era algo físico. Mi corazón se detuvo cuando la chica regresó y le entregó los resultados a John, me hizo pasar y sentí mis piernas temblar, me pareció eterno ver como abría el sobre, sacaba la hoja y la desdoblaba para leer su contenido, en su rostro no había una muestra de la respuesta

—Tenía razón y no lo estoy—mi sonrisa se borró al ver su semblante serio— ¿dime que no lo estoy?

—Lo estás, sigue siendo positivo—llevé mis manos a mi rostro, no iba a llorar aunque sabía que lo haría, esto no podía estar pasando.

—Bella ¿Qué es lo que sucede?, ¿es qué el bebé no es de…

—Claro que es de Edward, pero no estaba contemplado en este momento, no estoy lista para ser madre—lo miré dejando las lágrimas correr, tomé el pañuelo que me extendía—me estaba cuidando, estaba tomando la píldora.

Después de un pequeño interrogatorio descubrimos que aunque tenía tiempo tomándola para regularizar mi periodo, no había servido ya que había suspendido el tratamiento por un par de meses y lo había reanudado poco antes comenzar a tener relaciones con Edward. Me envió con la ginecóloga que me dio vitaminas y Acido Fólico, al tiempo que programó mi primera cita para el ultrasonido en poco más de un mes, sería el momento de ver por primera vez a mi bebé; había ingresado por mi mano lesionada y salí desolada por la idea de un bebé, ¿Qué haría? Mejor dicho ¿cómo se lo diría a Edward?

Esa noche cene más por saber que era un bien para el pequeño que crecía dentro de mí, que porque tuviera hambre, me di una ducha, me metí entre las mantas y me quedé dormida. Desperté un par de veces a mitad de la noche, la idea de un pequeño o pequeña me aterraba, yo aún no estaba lista para una responsabilidad como esa y cómo se lo tomaría Edward cuando lo supiera, lo aceptaría o se molestaría por ser tan tonta y no cuidarme de manera adecuada.

Había hablado por teléfono con Edward como cada noche, pero no había mencionado lo que había descubierto, me había recriminado por no decirle lo del pequeño accidente, hecho que se había enterado gracias a mi secretaria que le había contado, le aseguré que la férula solo era una medida preventiva ya que por mi estilo de vida no tomaría los cuidados adecuados, agradecí que eso fuera suficiente para él. La semana había pasado y con ella había desaparecido la estorbosa férula.

Me alegré de saber que su estadía fuera del país se había alargado, eso me daba tiempo para pensar, me había dado una semana más, aunque sabía que el tiempo se me agotaba no hallaba la manera de decírselo.

Apenas era miércoles lo que me dejaba solo dos días antes del día más temido, no podía dormir por las noches, la idea de la reacción de Edward me aterraba, y todas esas noches de desvelo me estaban pasando la factura, estaba cansada y las líneas debajo de mis ojos marcadas.

—¿Bella segura que estás bien?—asentí a la pregunta que James me había formulado por tercera vez en menos de una hora—No lo parece, ve a descansar que yo me hago cargo de todo

—No…

—No te estoy peguntando, solo vete yo me encargo de todo—sabía que era inútil protestar así que tomé mis cosas y me marché, apenas y había logrado concentrarme en las actividades de ese día, mi mente se mantenía en blanco, aún estaba en una lucha interna bastante difícil, estaba feliz por saber que sería madre, pero la idea de un bebé me asustaba, cómo podría traer al mundo a un pequeño en una relación como la nuestra, solo había simpatía, afecto y cordialidad, qué le diría cuando preguntara como me enamoré de su papa, " fueron solo negocios", negué desechando esa estúpida idea.

Subí directamente a mi habitación, me quité las zapatillas y la ropa, me coloqué un pantalón deportivo y una playera que me haría sentir más cómoda, no pude evitar mirarme al espejo y notar que aun mi embarazo no era notable pero como me habían dicho es hasta después del primer trimestre que comienza a ser visible. Dejé escapar un par de lágrimas antes de quitar la mirada del espejo y acostarme en mi mullida cama, abracé una de las almohadas y me quedé profundamente dormida, un roce en mi mejilla me hizo salir del sueño en el que me encontraba.

—Hola pequeña

— ¡Edward!—me levanté abrazando la almohada y alejándome un poco de él.

—¿Qué te sucede amor?— negué moviendo la cabeza de manera frenética— Bella ¿te sientes bien?, estás pálida.

—Yo…—cerré los ojos y apreté más la almohada a mi cuerpo, sus brazos se ciñeron a mí alrededor, besó mi cuello.

— ¿Qué sucede pequeña?, Sara dijo que no bajaste a cenar—miré el reloj y me di cuenta que había dormido por horas.

—Solo estoy cansada

—A mí me parece que hay algo más—tomé aire

—Es solo eso, no me he sentido muy bien—lo vi que iba a protestar—fui con el médico y me dijo que solo es agotamiento que necesito descansar un poco por eso llegué antes de tiempo y me quedé dormida.

— ¿Solo es agotamiento? —asentí, al menos aun no le diría lo que realmente me afligía.

—Y ya te sientes un poco mejor o prefieres tomarte un día más en la empresa.

—Estoy bien—se inclinó hasta adueñarse de mis labios, mentiría si dijera que no había extrañado el sabor de sus labios, hundí mis manos en su cabello atrayéndolo más a mí, su cuerpo presionó el mío, rompí el beso para tomar aire, pero continuó besando mi cuello y sus manos se adentraron debajo de mi blusa para acariciar mi piel.

—Me hiciste falta…no sabes lo mucho que extrañé tenerte de esta manera—su voz fue áspera debido al momento. Mi corazón se contrajo al escucharlo, él solo había extrañado el sexo y no a mí, estaba claro que yo solo era una especie de muñeca para él, una que solo servía para complacerlo.

Me dejé llevar por las caricias y los movimientos de nuestros cuerpos, había aceptado estar de esta manera, sabía que esto solo era sexo y nada más, pero desde hace algún tiempo yo había dejado eso atrás y me había comenzado a enamorar de él.Trataba de complacerlo en todo, pero cuidando no dejar de ser yo. Pocas veces había pensado que para él era importante, solo me había servido para darme cuenta de que estaba ciega, el solo veía en mi a una chica que lo complacía en todos los aspectos de su vida, tenía a una compañera y sobretodo una amante; su cuerpo se movía sobre el mío y yo me acoplaba a esos movimientos dejando que jadeos escaparan de mis labios, era la primera vez que no sentía este acto con la misma intensidad de siempre, ambos llegamos al límite con un grito ahogado por los labios del otro, quedó sobre mí por unos segundo para después salir y acomodarse junto a mí; en seguida me levanté me envolví en la sabana y entré al baño, abrí la ducha y dejé que el chorro de agua tibia me relajara, luché para que las lágrimas no abandonaran mis ojos.

— ¿Tan mal he estado? —me tensé al escuchar su voz a mi espalda, tan sumergida había estado en mis pensamientos que no lo había escuchado entrar a la ducha.

—No— enjuagué mi cabello sintiendo sus manos acariciar mis costados hasta llegar a mi cadera y pegarme a su cuerpo, dejándome sentir esa parte de su anatomía que me estremecía.

—Por la manera en que has salido huyendo pensaría que ha sido algo horrible.

—No estaba huyendo—tomé la toalla y salí de la ducha dejándolo solo, enarcó una ceja, pero yo lo ignoré regresando a la habitación, tomé un juego de ropa interior y un camisón, acomodé la cama y me metí debajo de las mantas justo al tiempo que el salía del baño solo en bóxer, se metió debajo de las mantas y sentí como me rodeaba con uno de sus brazos.

—Buenas noches pequeña.

—Buenas noches— al cabo de unos minutos su respiración se hizo acompasada lo que me indicó que estaba durmiendo, mientras que yo me encontraba con la mente vagando, el sueño se había esfumado.

El resto de la semana y el inicio de la siguiente fue como el resto, el fin de semana habíamos asistido a una cena con un par de socios de la compañía, había repasado un monólogo de la manera en que le diría a Edward que seríamos padres, pero cada vez que iba decidida, al sentir su mirada sobre mi lo dejaba pasar, esta era una situación que debía de resolver cuanto antes.
El jueves por la mañana me levanté de un salto, unas ganas tremendas de vomitar me habían invadido, apenas había llegado con el tiempo justo al baño, sentí como mi estómago se contraía y un doloroso espasmo intentando deshacerse del contenido de la noche anterior, lavé mis dientes y regresé a la habitación para encontrarme de frente con Edward que por su apariencia había salido a trotar.

— ¿Te encuentras bien?

—Ajá— fue lo único que dije antes de perderme en el armario en busca de lo que utilizaría esta día

—Estás demasiado pálida y parece que no dormiste bien—ignoré su presencia detrás de mí y seguí debatiéndome entre un traje sastre de pantalón y un hermoso vestido ajustado.

—Me siento bien—opté por el vestido ya que pronto me vería imposibilitada de usarlos. Ya que si lo hacía parecería que me hubiera tragado una pelotita, moví mi cabeza intentando disipar mis tontas ideas. Pasé junto a él sin siquiera verlo, tomé un conjunto blanco de encaje y entré a la ducha asegurándome de que solo estaría yo, me metí debajo del agua y escuché como Edward intentaba entrar, pero debido a que estaba asegurada no lo hizo, en menos de 15 minutos estaba de regreso en la habitación colocándome las zapatillas y los accesorios.

Edward entró con el cabello húmedo y enfundado en un traje gris oscuro, colocó sus manos en mi cadera, no era necesario girarme lo veía perfectamente bien en el reflejo del espejo, donde yo intentaba terminar de maquillar, se inclinó para besar mi cuello.

—¿Por qué no te tomas el día? aunque insistas que te sientes bien a mi parecer te notas enferma.

—Puedo cuidarme sola, ahora bajemos a desayunar antes de que se nos haga más tarde.

El desayuno fluyó de una manera que pocas veces sucedía, ambos nos envolvimos en un debate de las bajas de la bolsa y de lo bueno que sería en este momento comenzar a vender algunas empresas pequeñas que solo generaban un gasto ya que no eran demasiado productivas, lo único malo de esto es que seríamos los responsables de que se perdieran una gran cantidad de empleos.

Ignoró mis protestas de ir cada uno en su auto, obligandome a ir junto con él ya que seguía insistiendo que no tenía un aspecto muy normal y que no quería arriesgarse a que algo me sucediera, me dio un corto beso en los labios cuando me dejo fuera de mi oficina y él se marchó a la suya.

—Bella…—me gire para verlo— si te sientes mal solo llámame

—Que estoy bien—entré en mi oficina dando un portazo, dentro me encontré con Emmett, el maravilloso novio de Rose—Hola oso, a qué debo tu visita a estas horas de la mañana, que ¿no deberías de estar descansando o entrenando para el partido del fin de semana?

—Hola Sra. Enana— rodé los ojos y el soltó una carcajada, dejé mis cosas en el perchero y me senté en mi silla.

—¿Quieres un café o un té? —pregunté mientras marcaba la extensión de mi secretaria.

—Un café está bien.

—Lauren un café y un té ambos sin azúcar—pedí cuando atendió mi llamada—Sabes, mentiría si dijera que no me intriga tu presencia, pero me sorprende verte tan temprano en mi oficina.

—Tengo que pedirte un enorme favor Bells—noté un ligero sonrojo y la manera en que se llevaba la mano a la cabeza, dejé escapar una risita, lo que fuera que me quisiera pedir le estaba costando demasiado trabajo y eso era un caso extraño en el grandulón, Lauren dejó nuestro café y se retiró.

—Ok, no sé de lo que se trata, pero sin duda debe de ser bueno, así que suéltalo—apoyé mis codos en el escritorio y mi mentón sobre mis manos prestándole toda mi atención lo que pareció avergonzarlo más, jamás desde que había conocido a este hombre lo había visto sonrojarse, siempre mantenía su actitud de un hombre fuerte y rudo, el mismo hombre que presentaba en la cancha en cada uno de sus juegos, no por algo era el quarterback y mariscal más famoso del momento.

—Esto no es fácil, pero no se me ocurrió a quien más podía recurrir y como sé que son grandes amigas sabía que tú eras la que me podía ayudar para que Rose…

—No me dirás que planeas dejarla.

— ¡Claro que no! —escupió parte del café.

— ¿Entonces de qué se trata?—di un sorbo pequeño a mi taza.

—Quiero formaliza con Rose—por primera vez en muchos días una enorme sonrisa legítima había enmarcado mi rostro, mi amiga sí que era afortunada, el hombre que ella amaba estaba listo para dar el siguiente paso y el más importante de sus vidas.

—Felicidades Oso, esa es una excelente noticia—me levanté de mi lugar para abrazarlo, me estrechó entre sus brazos levantándome unos centímetros—pero no veo qué es lo que necesitas de mi.

—Necesito que me acompañes a la joyería para elegir el anillo, no te estoy pidiendo que lo elijas tú, solo quiero que me des tu opinión ya que quiero que esto sea perfecto para Rose.

—Supongo que deseas que lo hagamos hoy—asintió—como aún es demasiado temprano, déjame intentar adelantar algunos documentos relevantes y el resto se lo dejaré a James para poder acompañarte.

—Sabía que tú no me abandonarías.

Encendí la computadora y comencé a hacer algunas anotaciones en los documentos que me habían dejado sobre el escritorio, revisar algunos balances, las inversiones y sobre todo las empresas que podríamos vender ya que su productividad era casi nula, atendí un par de llamadas mientras veía a mi amigo revisar las estanterías y leer un libro recostado en el sillón, la puerta se abrió y noté como mi amigo se incorporaba.

—Hola—la voz ronca de Edward dejaba en claro su desconcierto de encontrar a Emmett en mi oficina. Me lanzó una mirada interrogante, si no lo conociera bien pensaría que estaba algo ¿celoso?, pero eso era imposible.

—Hola— Emmett lo saludó extendiendo su mano que mi esposo estrechó.

—Espero que recuerdes a Emmett, es el quarterback de los Gigantes de New York y el novio de mi amiga Rosalie— con esa simple explicación él había sonreído a mi amigo.

—Han tenido una muy buena temporada.

—Y viene lo mejor, pasado mañana tenemos nuestro partido contra los vikingos de Minnesota, es el pase al Súper Bowls— su pecho se hinchó y sabía que era de orgullo, él los había llevado dos años consecutivos a esta fase, el año anterior se habían quedado a solo una anotación de ganar el Súper Bowls.

—Espero que este año logren ganar, el partido del año pasado fue asombroso—apunté sin apartar la vista del monitor.

— ¿Edward a ti te gusta el Futbol? —preguntó el oso, me giré para verlo ya que era algo que yo desconocía de él

—Claro que me gusta, solo que desde hace mucho no tengo la oportunidad de asistir a un partido.

—Pues estás de suerte, puedo conseguirles un par de entradas para el partido del Domingo, además Bells, apuesto a que a Rose le encantará tenerte ahí con ella y tu esposo puede disfrutar de un domingo diferente entre amigos—señaló mi amigo colocando un brazo sobre los hombros de Edward, pensé que se molestaría por la actitud de Emmett, pero no le importó.

—Por mi encantado, solo no sé si mi esposa quiera ir—miré a Edward quien por primera vez notaba que deseaba hacer algo diferente a lo que estaba acostumbrado

—Claro, además de que apuesto a que Rose me tendrá cosas que contar.

—Solo déjenme hacer una llamada para que les manden los pases, ya sabes enana que es el palco preferencial.

—Amo ese sitio, tiene la mejor vista de todo el estadio—guardé los cambios y los envié al departamento correspondiente, firme unas notas mientras escuchaba a mi amigo pedir las entradas.

—Venía a ver si seguías de pie—susurró.

—Ya viste que lo estoy, pensé que habías venido a ver quién estaba en mi oficina, conociendo a los que trabajan en esta empresa no dudaría que ya hubiera dicho que te estaba engañando con un jugador y en tus narices.

—Por favor, eso sería sentir celos y para eso debes de querer a esa persona— asentí sintiendo mi pecho oprimirse, sus palabras me habían dolido más de lo que él creía, me había dejado nuevamente en claro que  no sentía nada por mí.

—Listo, en unas horas se los traerán—me levanté de mi silla y tomé mis cosas, lo que deseaba era salir de ahí antes de que la presencia de Edward me afectara más.

— ¿Vas a algún lado?

—Acompañaré a Emmett a hacer un par de compras, de ahí iremos a comer.

—Que se diviertan—se había molestado, pero eso no me importaba, tomé el brazo del oso y lo saqué la oficina, claro después de que se despidiera de mi esposo.

En cuanto llegamos al estacionamiento pude adivinar cuál era su auto, era enorme Hummer negra, me ayudó a subir y nos fuimos directamente al distrito de los diamantes que está entre la Quinta avenida y la avenida de las Américas. Se colocó una gorra de baseball y unas gafas oscuras, como si con eso pudiese pasar inadvertido, este hombre era enorme y por ese simple hecho llamaba la atención.

Después de 5 largas horas al fin encontramos el tan buscado anillo, su rostro se había iluminado en cuanto lo vio, yo solo asentí al saber que mi amiga estaría fascinada con tan hermosa joya, me hizo probármelo para ver como lucía y de verdad que era hermoso y era el tipo de anillo que sabía a mi amiga le gustaría. Nos fuimos a comer a un restaurante que se encontraba cerca, intenté sacar la información de la manera en que le pediría que se casara con él, pero nada funcionó, solo dijo: “que ella te lo cuente”

A las cuatro estaba de regreso en la empresa, haciéndome cargo de mi trabajo y de algunas llamadas sobre el aumento en la bolsa y las ganancias recaudadas el día de hoy. El tiempo se me pasó volando y me sentía algo desesperada ya que una inversión no me cuadraba, la había revisado cerca de ocho veces y no lograba encontrar el error.

—Ya revisaste el mes pasado

—No hagas eso, ¿cuándo entraste? —él sonrió abiertamente al saber que me había asustado.

—Hace un par de minutos, estabas tan concentrada que ni lo notaste, ya es cerca de las siete y deberíamos de marcharnos.

—Solo termino de revisar este archivo—colocó su mano sobre la mía que estaba encima del mouse, comenzó a ayudarme a revisarlo y en menos de diez minutos ya habíamos terminado—Gracias

—No quería estar más tiempo aquí en la empresa— asentí tomando mis cosas, ¿Por qué siempre que decía o hacía algo bueno al final tenía que arruinarlo con alguno de sus comentarios?

El camino a casa fue rápido gracias a que tomó un par de atajos que nos desvió de las avenidas que a estas horas deberían de estar congestionadas. El sonido de las notas de piano, que en seguida reconocí como Debussy, eran lo único que se escuchaba en el auto, atravesó la verja de la entrada y lo estacionó en el garaje junto a mi auto.

La cena comenzó en silencio, pero a mitad del plato principal noté la mirada penetrante de Edward, intenté ignorarla, pero era como si me quisiera atravesar.

— ¿Sucede algo?

—Llegaron esta tarde las entradas para el partido del domingo, ¿segura qué quieres ir?

—Claro, aunque no sabía que a ti te gustara el Futbol americano.

—Te sorprendería saber que lo practiqué en la Universidad, pero me lesioné, así que dejé de practicarlo y me alejé de él ya que lo que menos quería era saber que ya no lo volvería a jugar.

—Vaya, eso no lo sabía—aparté la crema de espinaca que había comenzado a revolverme el estómago.

—Y a dónde has ido toda la mañana con el novio de "tu amiga" —me molestó la manera en que había mencionado la última palabra, me había hecho sentir como una cualquiera.

—¡Es el colmo!, es que no te cansas de hacerme sentir mal, me acabas de llamar una cualquiera, para tu información Emmett me pidió ayuda para elegir el anillo de compromiso de mi amiga—me levanté arrojando la servilleta sobre la mesa y dejándolo solo en el comedor, me dolían sus palabras, pero en este momento me habían sido de ayuda ya que no me sentí con ganas de seguir comiendo, fui directamente a mi habitación para recostarme en la cama, intenté dormir, pero el sonido de mi celular me lo impidió.

—Hola mamá.

—Dios Bella, te has desaparecido, ¿es que ya no piensas en venir a saludar a tu madre?

—Lo siento, he tenido mucho trabajo y he estado agotada, pero sin falta estaré contigo el sábado—la escuché comenzar a platicar de lo que había ocurrido en el club. No contuve las ganas de reír ante los sucesos que me había perdido. Edward se desvistió dejándome la mejor vista, me coloqué de lado para no verlo y seguir escuchando a mi madre, reí con ganas al escuchar la voz de mi padre que le pedía que me dejara descansar, que me podía seguir platicando el día que nos viéramos, a regañadientes se despidió—también te quiero mamá, nos vemos el sábado.

—Bella…

—Buenas noches—apagué la luz de mi lámpara y me cobijé dándole la espalda, me obligó a girarme y quedar de frente a él.

—Lo siento, sé que no debí de hacer ese comentario, pero sabes que no suelo pensar las cosas.

—Deberías de comenzar a pensar en lo que sale de tu boca y si me disculpas estoy agotada y sólo quiero dormir.

—Buenas noches pequeña—me besó, pero yo no respondí al movimiento de sus labios, le di nuevamente la espalda aun así me abrazó.


...

Gracias por leer mis locuras, y gracias al curso de betas que se encargo de corregir este capítulo.

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