El trato que unió nuestras vidas: Capitulo 5


El espectáculo comienza.

La mañana siguiente, Esme y mi madre no paraban de sugerir cosas para la boda, ambas estaban que no cabían en felicidad. Mi mente recordaba lo sucedido la noche anterior, la misma noche que acababa de firmar un pacto con un diablo de ojos verdes y sonrisa encantadora. Yo solo asentía cuando escuchaba mi nombre y fingía una sonrisa como si de verdad les estuviera prestando atención.


—¿Bella nos estás escuchando? —me movió mi madre, haciendo que regresara en mí.

—Lo siento, ¿Qué decías?

—¿Edward y tú ya hablaron de lo que quieren para la boda y cuando será?

—Queremos algo íntimo y será en dos semanas —ambas abrieron los ojos.

—No hay necesidad de llevar las cosas tan aprisa —murmuró alarmada mi madre.

—Ya lo decidimos, será en un par de semanas y desearía que fuera algo íntimo, Edward estuvo de acuerdo con que fueran solo pocos invitados —dije.

—Hija, puede que Edward quiera adelantar las cosas pero sabes que no es fácil organizar una boda —la cálida mano de Esme había tomado la mía y podía decir que era cálida.

—Fue una decisión mutua, Esme.

Ambas mujeres intentaron hacerme cambiar la fecha, pero alegué diciendo que queríamos que fuera lo antes posible, lo que me dejaba solo este fin de semana como una mujer soltera y libre.

Me sorprendió la manera tan eficaz con la que podían organizar una fiesta, se dividieron las tareas y a mí me excluyeron totalmente; a pesar de mis protestas y no pude dejar de alarmarme cuando supe que serían cerca de ciento cincuenta invitados.

—No quiero parecer grosera, pero creo que no me escucharon cuando dije que queríamos algo íntimo.

—Lo escuchamos cariño, pero hay demasiados conocidos y además si queremos que los demás crean lo de su matrimonio deberían de hacerlo un poco más público. Solo seleccionamos a las personas más importantes —me recargué completamente en el respaldo de mi silla y asentí al saber que tenían razón. Volvieron a ignorarme centrándose en las tareas que realizarían cada una. Solo escuchaba las propuestas del lugar, las invitaciones, las ceremonias, el vestido, los accesorios, el pastel… tuve que salir de ahí antes de que la cabeza me estallara ante tantas cosas.

Esa noche salí con las chicas y fui cuestionada en todos los aspectos. Me sorprendí a mi misma respondiendo todo con una seguridad increíble que evito que se dieran cuenta que todo era una mentira; respondí con maestría al cómo nos habíamos conocido y un par de cosas más. Les informé la fecha de la boda, solo faltaba confirmar el lugar de la recepción.

Los días pasaron y apenas tuve tiempo para mí, estaba envuelta en el trabajo y revisando los detalles de la boda. Se realizaría en uno en uno de los salones del famoso Hotel Plaza. Mi madre y Esme habían movido sus influencias para lograr que nos dieran el día y el mejor salón. Era un lugar asombroso, me imaginaba las cosas conforme me las iba planteando la decoradora… si tan solo esto fuera real estaría saltando de felicidad, pero era una farsa.

Mis días siguieron siendo un caos. Con el lugar y los arreglos elegidos aun tenían que encontrar mi vestido lo que me llevo todo un día, pero al final había encontrado el que sería perfecto y quedé enamorada de él al igual que mi madre y Esme.

Me sorprendí que las primeras dos noches de el viaje, recibí un mensaje por parte de Edward preguntándome por mi día; sé que intentaba ser cordial, ¿o era que de verdad le importaba? la respuesta tenía que ser la primera opción, sin duda. Los siguientes tres días fueron llamadas y el miércoles por la noche me informó que estaba de vuelta en la ciudad, aludiendo que tenía algo que mostrarme, invitándome a cenar.

Como siempre, llegó a la hora señalada. Cuando estuvimos de frente se inclinó y solo rozó mis labios. Me ayudó a subir al auto y condujo un par de minutos por una zona que sabia estaba lejos de nuestro supuesto destino.

—Pensé que iríamos a cenar.

—Solo quiero que veas algo antes —me guiñó un ojo.

—No tengo alternativa, de todas formas, tú estás conduciendo —él soltó una risita y asintió.

—Es una sorpresa —entró en una de las nuevas zonas residenciales; había grandes casas adornadas por hermosos jardines. Se detuvo frente a una verja negra que se abrió cuando presionó el control remoto de su auto. Paró frente a la puerta principal, y antes de que dijera algo se bajó.

—Bien, ¿Me quieres decir qué es todo esto? —tomé la mano que me extendía para ayudarme a bajar.

—¿No se te viene nada a la cabeza? —me dirigió al interior de la casa.

—¿Es tu casa? —pregunté extrañada ya que no me imaginaba que alguien pudiera vivir solo en una casa de estas dimensiones. Era enorme, pero decorada de una manera sencilla que resaltaba cada detalle. Había pinturas y algunas esculturas que a simple vista se podía ver que eran originales

—Es nuestra casa —me giré y lo vi sonreír abiertamente. Besó mi mano y me llevó a conocer cada una de las habitaciones. Como creí, la casa era enorme, lo que siempre había soñado. Cuando era pequeña, soñaba con tener una casa en la cual viviría con mi familia; pero jamás me había imaginado que ese momento llegaría tan pronto, y ahora, aquí estaba conociendo el que sería mi nuevo hogar. Muchas esperaban este momento con ilusión como toda chica, y yo lo había convertido en una cuestión de negocios.

—¿No te gusta? —levanté mi rostro y lo vi mirándome fijamente, estábamos en el segundo piso y no sabía como habíamos llegado hasta ahí.

—¡Claro que me gusta!, es hermosa.

—Parece lo contrario —tomó mi cintura y yo me puse rígida, logrando que él riera.

—Cosas sin importancia —respondí intentado soltarme de su agarre, pero él me lo impidió.

—Puedes decírmelo —se inclinó hasta quedar a mi altura.

—Las cosas entre nosotros son muy diferentes, no es como cualquiera relación real y eso es extraño. Saber que compartiré muchas cosas contigo, alguien que aún es un extraño para mí, al que apenas conocí hace un par de semanas, es desconcertante —solté para luego tomar un poco de aire.

—Sé a lo que te refieres, pero al menos podremos hacer de esto algo más placentero —cerré los ojos al sentir su aliento chocar contra el mío; sabía que cuando se refería a placentero se refería a la intimidad que compartiríamos por mutuo acuerdo —Intentaremos llevarnos bien mientras dure.

—Claro, mientras dure —sonreí sin evitar sentir un peso en mi estómago; esto aún no comenzaba y el ya estaba pensando en la manera que todo terminaría.

—Sabes que cuando el peligro pase ya no abra porque fingir, y tal vez cada uno pueda seguir su camino y dejar esto como un suceso irrelevante.

—Tienes razón —mi voz mostraba una seguridad que no sentía en ese momento, giré mi rostro hacia una de las ventanas.

—Cuando esto acabe cada uno seguirá su camino, ¿Quieres seguir conociendo la casa o prefieres que vayamos a cenar? —preguntó con un tono más seco al que había estado utilizando hace un rato.

—Prefiero ir a cenar, si soy honesta estoy algo cansada, la empresa y los arreglos de la boda son realmente agotadores —asintió soltándome y comenzando a bajar. La verdad que es me hubiera gustado conocer el resto de la casa, pero no estaba lista para conocer el dormitorio principal, el lugar que compartiríamos y sería el lugar donde pasarían demasiadas cosas.

Me pidió que lo esperara en la entrada en lo que se aseguraba de que todo quedaba apagado y cerrado. Después nos dirigimos al restaurante. En el camino iba aumentando de a poco la velocidad, cuando iba a protestar ya estábamos frente al restaurante donde cenaríamos; era uno de los nuevos restaurantes que frecuentaban las familias con mejor posición social.

Nos llevaron a nuestra mesa lejos de la mirada de algunos curiosos, aun seguíamos siendo la novedad debido a nuestro inesperado compromiso, y además de que Edward era considerado un hombre que difícilmente daría ese paso; pero aquí estábamos, los dos representando nuestro mejor papel. Ordenamos en medio de un silencio que comenzaba a ser incomodo, su pulgar acaricio el dorso de mi mano provocando que me perdiera en esos ojos verdes.

—Creo que debes de fingir aunque sea un poco —comentó mientras besaba mi mano.

Nos envolvimos en una plática superficial al inicio, pero al poco tiempo ambos estábamos conversando de temas que a ambos nos apasionaba. Era como estar con un amigo al cual conocías durante años, trasmitía confianza, pero no sabía si era buena idea abrirme de esa manera con él.

Se burló al momento de que nuestra cena llego, esta vez había pedido Fettucine* ya que apenas había tenido oportunidad de probar bocado en todo el día.

—Veo que ya te muestras tal como eres, de lado la ensalada —se burló antes de llevarse un trozo de carne a la boca.

—Siempre he sido autentica contigo, si las veces anteriores no comí es que todo esto me provocaba un nudo en el estomago, pero esta vez ya todo está claro —tomé un poco de vino—; además, apenas y probé bocado en todo el día, una tostada y un jugo no es un desayuno, y qué decir del café de la tarde.

— ¿No comiste nada? —negué— ¿Por qué haces eso?

—¿Que no es obvio?, para entrar en el vestido —frunció el ceño y yo sonreí negando—. La verdad es que ayer tuve muchas cosas que revisar de la boda, por lo que dormí tarde y apenas me desperté con el tiempo justo para arreglarme y asistir a una junta. Por la tarde el teléfono no paraba de sonar y tuve que ir a una prueba del vestido, el tráfico estaba horrible y no me dio tiempo; después llegué a casa, justo con el tiempo necesario para arreglarme y encontrarme contigo—me lleve un bocado y disfruté de lo bien que sabía.

—Me lo hubieras dicho, habríamos venido primero a cenar y después te hubiera mostrado la casa.

—No importa, no es la primera vez que por culpa del trabajo dejo de comer comer de la manera adecuada.

—Siempre escuché que eras entregada a tu trabajo, pero no pensé que te involucraras tanto en cada aspecto como lo decían, pensé que solo eran palabras.

—Soy perfeccionista, si es a lo que te refieres. Me gusta ser eficiente en mi campo y sé que ello conlleva varios sacrificios —mantuve mi mirada sobre la suya.

—A veces hay prioridades y tu salud debe de ser una de ellas —me desconcertaba sus cambios: de pronto se mostraba frío y distante, y luego parecía que se preocupaba por lo que me sucedía.

—¿Y de dónde escuchaste de mí? —pregunté sin dejar de comer.

—No olvides que trabajamos en el mismo campo, te conocen por ser buena en los negocios, aunque debo decir que eres opuesta a cómo te imaginaba.

—¿Cómo me imaginabas? —pregunté sin apartar la mirada de sus ojos.

—Antes de ver algunas de las fotografías de los periódicos, pensé que no eras para nada agraciada ya que no mantenías una relación—enarqué una ceja, ¡Me estaba diciendo fea!

—Gracias por lo de nada agraciada, pero si no tenía una relación, era porque los hombres temen estar con una mujer exitosa que los opaque —respondí sin ocultar la molestia que sentía.

—Dije que lo pensaba antes de conocerte, pero cuando vi una imagen tuya supe que estaba equivocado, eres una mujer hermosa y exitosa; y puede que ese detalle intimide a algunos, pero no a mi —se llevó un nuevo bocado a la boca, y no dijo nada más. Ambos cenamos en silencio; volvimos a hablar pero fueron cosas insignificantes. Me llevó a casa para que descansara.

Se detuvo frente a la puerta y como siempre, detuvo el auto y en ese instante intuí que iniciaría una conversación de la cual no sabía si terminaría bien, dado que nunca sucedía. Siempre terminábamos discutiendo.

—Respecto a la casa, fue decorada por mi madre y Renée. Pero si deseas hacer algún cambio estás en todo tu derecho de hacerlo, quiero que sea de tu total agrado.

—Me gusta como está ahora, recordaré el agradecer a Esme por ahorrarme esa tarea, no soy lo que se denomina buena en esa área.

—Renée dijo que no te gustaba mucho la decoración, es por eso que se ofrecieron, pero puedes hacer las modificaciones que quieras.

—Creo que por ahora es perfecta, pero hay algo con lo que no estoy de acuerdo.

—¿Qué te molesta? —acarició mi mejilla.

—No me siento cómoda sabiendo que tú pagaste la casa, puedo…

—No. Esa es la respuesta, tómalo como un regalo.

—¡Estás loco! — chillé arrancando una carcajada de su parte—, acepto que pagues la comida y la cena, pero, ¿Una casa?

—No hay discusión cariño, solo la aceptas y punto —calló mi protesta con un beso en la comisura de los labios—. Acostúmbrate a recibir un par de regalos.

—No si son de esta magnitud —abrí la puerta y salí seguida por él. Esto se había convertido en un ritual entre nosotros, siempre salía de su auto y él me seguía.

—Lo harás Bella, no dejaré que piensen que no soy complaciente con mi esposa.

—Pero no exageres —se inclinó para besar mi mejilla, aprovechó y susurró en mi oído: "Lo intentare cariño"—. Gracias, al menos sé que lo intentaras.

—¿Te das cuenta de que nuestras salidas siempre terminan de la misma manera?—sonreí junto con él —, pero pronto terminaran de otra.

—Buenas noches, Edward —me alejé de él, sabiendo a lo que se refería con sus últimas palabras.

—Te llamare mañana.

—Gracias por lo de esta noche —me levanté en puntillas y besé su mejilla; observé su rostro esperando solo algún gesto, pero al contrario se mantuvo imperturbable.

—Descansa —besó mi frente, subió a su auto y se fue.

Me deje caer sobre mi cama, pensando instintivamente en él, desconcertada por su comportamiento. Un momento actuaba como si le importara, y al siguiente con frialdad. ¿Cómo se supone que debía manejar eso? como si le importara y a los pocos segundos se mostraba serio y me trataba con un poco de frialdad, ¿como debía de manejar eso? Sabía que lo nuestro no era más que una relación de negocios, un trato que ambos habíamos decidido llevar a cabo para proteger nuestro bienes. No había lugar para otra clase de sentimientos, esto solo sería una aventura más para él y una locura para mi.

La semana pasó más rápido de lo que me hubiera gustado. Las chicas se habían empeñado en una despedida de soltera. Fue una propuesta inesperada, pero la celebración resultó completamente alocada y me divertí como no lo había hecho en meses. Me llevaron a un lugar de strippers, pagando un baile especialmente para mí. Mis amigas se superaron a sí mismas, logrando que adquiriera un color rojo impresionante con esta nueva idea. Los nervios y los tres tequilas que tenía en el cuerpo, me impidieron hacer cualquier otra cosa más que reír. Tanya por su parte, se benefició del momento y subió al escenario con el bailarín, aprovechando todo lo que yo no

Después, nos marchamos a un bar donde continuamos con la celebración hasta después de las cuatro de la mañana. Cuando llegue a casa, tuve que subir las escaleras sosteniéndome firmemente de la baranda, el piso se movía de una manera que me parecía irreal. Llegué a mi habitación directamente a colocarme la pijama, no sé cómo, pero lo hice antes de meterme entre las mantas y dormir.

—Bella, cariño —escuché la voz de mi madre que taladraba mis oídos. Me cubrí la cabeza con la almohada.

—Bella, Edward está abajo —me moví de manera brusca cayendo de la cama y dándome un buen golpe. Las nauseas hicieron su aparición, me estabilicé lo más rápido que pude, pero solo alcance a dar unos pasos, cuando terminé en el suelo debido a que mi pie se había quedado enredado en la sabana. Me importaron poco las risas de mi madre y entré al baño para vomitar; me lavé la boca y salí para ver a mi madre aún riendo.

—¿Podrías dejar de reír?, tengo un dolor de cabeza horrible.

—Veo que ayer celebraron con varias copas.

—Después de la octava no recuerdo nada.

—Tómate esta pastilla y date un baño, yo entretendré a Edward.

—¿Qué te parece si le dices que me siento mal y lo veo después? —negó.

—Esme y Carlisle también están aquí, No olvidaste que iríamos a desayunar al club, ¿Verdad? —mi cara debió de ser muy cómica ya que mi madre se sentó tomándose el estómago sin parar de reír. Tomé mi bata y entré al baño dando un portazo.

Me duché rápidamente y me vestí con un vestido de manga corta entallado hasta la cintura, que terminaba en una falda amplia por encima de la rodilla. Mi cabello lo llevaba suelto; un poco, bueno en realidad el maquillaje que hizo falta. Tomé mis gafas de sol y fui hasta la sala donde escuchaba las risas de todos. Mi cabeza iba a estallar, pero ya me escucharían ese trío de amigas que tenia.

—Buenos días, siento la demora —saludé a mis futuros suegros y a Edward que me dedicó una amplia sonrisa, que no supe de qué manera interpretar. Nos marchamos al club antes de que fuera más tarde; me fui con Edward que no quitaba la sonrisa de su rostro.

—¿Puedo preguntar algo?

—Claro —se giró al estar detenido en un alto.

—¿Hay algo que te parezca gracioso? —en todo el camino me lanzaba miradas sin dejar de reír.

—Tienes resaca, cariño. Dime qué te hicieron tus amigas —abrí y cerré la boca sin saber que decir, él solo se volvió a reír.

— ¡Es horrible! —eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos.

—Pediré que te preparen algo en el club para que te sientas mejor, no me gusta verte así —apretó mi rodilla logrando mi atención nuevamente.

—Recuérdame matar a ese trío —él asintió sonriendo.

Edward no se apartó de mí en todo el día. Agradecí lo que pidió que prepararan para mí, tenía un color y olor horrible, pero funcionó. Nuestros padres estuvieron con sus amistades mientras nosotros nos fuimos a dar un recorrido por el lugar, podía acostumbrarme a sentir la manera en que mantenía su mano en mi cintura o simplemente nuestras manos entrelazadas.

El fabuloso día llegó, mi casa estaba hecha un caos, apenas había podido dormir debido a la idea de que mañana a esta misma hora ya seria la esposa de Edward. Estaba más que nerviosa, este era el día que cambiaría todo y no sabía si era para mejor.

El estilista y el maquillador llegaron a la hora señalada para arreglarnos a mi madre y a mí. La tarde pasó de una manera veloz y a las siete de la noche ya estaba esperando el momento de vestirme y bajar de una vez por todas.

—¿Segura que quieres hacer esto? —preguntó mi madre por novena vez en el día, la vi vestida con un hermoso vestido morado y aunque moría por decirle que no estaba lista, tenía que ser fuerte y hacerlo; era la única manera de asegurar nuestra empresa —No tienes por qué hacerlo.

—Fue una decisión mía y quiero hacerlo mamá. Edward no es tan malo —la abracé, intentando que se tranquilizara, aunque en cierto modo, la que necesitaba ser reconfortada era yo.

—Bella, jamás hablé de esto porque no sabía cómo hacerlo, pero ustedes estarán casados y tú sabes que un hombre…—levanté la mano pidiendo que guardara silencio, ¿Es que acaso me iba a dar la charla de la primera noche? ¡Eso era vergonzoso!

—Sé lo que quieres decir y solo te diré que no lo hagas, ambos somos adultos y seremos cuidadosos en cada una de las decisiones que tomemos —me senté en la cama con la vista perdida en la ventana, viendo como el cielo comenzaba a teñirse un hermoso color naranja, la noche estaba por aparecer, y con ello el momento de la boda.

—¿Ya hablaron de esto?

—¡Mamá! —se sentó junto a mí.

—Hija, sé que no debo de meterme, pero debes de ser cuidadosa, ambas sabemos la razón de este matrimonio, y no sé si un bebé sería buena idea.

—Nadie hablo de un bebé —la miré sorprendida.

—Pero yo entendí…

—No sucederá nada mamá, ambos ya hablamos sobre ello y llegamos a un acuerdo —ella asintió y me abrazó antes de ayudarme a colocarme el vestido. Esme llegó justo cuando me estaban intentando colocar el velo.

—Luces muy hermosa, Bella —me entregó una cajita y vi un hermoso collar de perlas—. Estas perlas han pasado de generación en generación, es el momento de que tú las utilices.

—Pero esto…

—Bella, el destino nos tiene sorpresas, ¿Quién nos dice que esto puede terminar de una manera diferente a como comenzó?

—Esme, no crees que eso es algo ilógico. —intervino mi madre.

—Sabes que tengo razón, el destino nos tiene sorpresas que a veces no comprendemos.

—Señoritas es hora. —vi a mi padre asomarse por la puerta y verme embelesado.

—Un minuto. —pidió Esme que junto con mi madre terminaron de arreglarme hasta que quedé perfecta.

—Te quiero mi niña. —mi madre me besó y se fue junto con Esme.

—Bells, sabes que no tienes que hacerlo, aún puedes huir. —fue lo primero que dijo mi padre cuando mi madre y Esme abandonaron la habitación, me sorprendió escuchar eso de su boca, lo que me dejaba claro que estaba preocupado, pero no me retractaría ahora.

—No papá, esta fue mi decisión, así que solo pido que la respeten, y creo que es hora de que me lleves. —me dio un beso en la frente, recordándome lo mucho que me quería y que lucía divina. Bajamos lentamente por las escaleras hasta el auto que nos esperaba para llevarnos a la catedral de San Patricio; el tráfico era fluido por lo que llegamos con unos minutos de sobra.

—Bella, hay un auto que puedes utilizar para irte. —negué sin dejar de reír, me gustaría hacerlo, pero recordaba la verdadera razón para no hacerlo.

La puerta del auto se abrió y vi a nuestro chofer. Mi padre bajó extendiendo su mano para ayudarme, en el interior me encontré con mis amigas que eran mis damas de honor. Las tres lucían divinas en vestidos verdes que habían sido diseñados por Alice. Tomé aire cuando las puertas se abrieron, escuché de inmediato la típica marcha nupcial; era momento de dar comienzo al espectáculo del vestido blanco y el arroz, en este caso pétalos de rosa.

Las primeras en salir fueron mis amigas y finalmente llegó mi turno. Mis pies parecían pesar una tonelada y el camino al altar parecía ser interminable. Al final del pasillo vi a Edward, que me esperaba en un esmoquin negro a la medida; me dedicó una hermosa sonrisa y dio un paso en mi dirección hasta que llegué frente a él.

—Cuídala de verdad —susurró mi padre.

—Con mi vida, Charlie —mi padre asintió y él tomó mi mano, una descarga recorrió mi cuerpo en ese instante. El momento había llegado, su tacto me tranquilizaba, pero al mismo tiempo me hacía sentir extraña, no dejaba de recordarme por qué no debía de salir huyendo.

La ceremonia fue realmente hermosa y conmovedora, la mirada de Edward era dulce y cuando dijo lo votos parecían tan reales que oprimieron mi pecho y miles de mariposas revolotearon en mi estómago. El anillo que sellaba esta unión era divino, hacia juego con el de compromiso. Desperté de mi ensoñación cuando el sacerdote nos declaró marido y mujer.

Crucé mi mirada con la de él y noté cómo se acercaba peligrosamente a mis labios, se acercaba el beso que sellaba esta unión. Tenía que aparentar ser la novia más feliz, como cualquier novia en su gran día… solo que yo no era como cualquier novia, no lo era y jamás lo sería. Sus labios encontraron los míos y se movieron de manera suave, rodeó0 mi cintura y yo dejé apoyadas mis manos en su pecho. Nos separamos en la busca de aire y nos giramos para poder salir. Fue ahí cuando me di cuenta de que había más gente de la que me esperaba: amigos de ambas familias, algunos de mis amigos y algunos que aseguraría eran amigos de Edward. Tomó mi mano y salimos rumbos al auto que nos estaba esperando bajo una lluvia de pétalos y flashes de cámaras.

Después de todas las fotos, los pétalos de rosas y alguna que otra felicitación, entramos al carro.

—Ya pasó lo más difícil —asentí mirando por la ventana. Mi vida acababa de cambiar de una manera drástica, era momento de comenzar a vivir con lo que había elegido, en una mentira y a base de apariencias—. Por un momento pensé que me dejarías plantado.

—Lo pensé —me encogí de hombros— pero aunque era una gran idea, recordé los motivos que me llevaron a hacer todo esto.

—No te arrepentirás Bella —besó el dorso de mi mano. Llegamos al lugar donde sería la fiesta. Sentía la mirada de las personas que estaban en el lobby y no podía hacer otra cosa más que sonreír. Nos detuvimos en una habitación cerca del salón, ahí nos indicaron esperar hasta que fuera un poco más tarde.

—¿Edward podrías ayudarme? —enarcó una ceja, pero se acercó hasta donde estaba, en su mirada leí la pregunta no formulada—, no puedo quitarme el velo.

—Un minuto —se acomodó detrás de mí y en un par de minutos el velo había sido desprendido dándome mayor libertad. Ambos nos sumimos en un silencio algo incomodo hasta que llegó una chica para decirnos que era hora de entrar a la recepción.

Ingresamos al salón donde se llevó a cabo la ceremonia civil, y luego el primer baile. Mantuvimos nuestras miradas conectadas a pesar del par de luces que nos daban en el rostro. Bailé con mi padre y con Carlisle, quien me susurró que estaba en buenas manos, que aunque Edward podía aparentar ser un hombre duro y frío, en el fondo era un gran hombre, del cual seguramente me sorprendería cuando lo conociera a fondo.

Las felicitaciones no se hicieron esperar; me vi envuelta en varios pares de brazos. Mis amigas no dejaban de repetir que ya era una mujer casada, y que ahora solo esperaba que no me convirtiera en una chica aburrida; me alegré de ver a Rose del brazo de Emmett, quien me dio uno de sus característicos abrazos de oso, y a Edward le dijo que me cuidara, que podía que no tuviera hermanos, pero que él me consideraba como su hermana pequeña, así que no dudaría en patearle el trasero. James también estaba ahí, junto a Victoria quien nos deseó lo mejor. James no paró de hacerle advertencias a Edward sobre mí; ambos hombres se estaban riendo de lo lindo a costa mía, hasta que Victoria decidió intervenir golpeando a su novio en las costillas.

El brazo de Edward tomó mi cintura y me llevó a conocer un grupo de hombres, que como lo había supuesto eran sus amigos. Un chico moreno de nombre Jacob era agradable a simple vista; Sam, Tyler, Andrew y Kyle me dedicaron una sonrisa amable, mientras que un grupo de chicas hermosas me vieron de manera interrogante, haciéndome sentir incomoda. Definitivamente, esta sería una noche demasiado larga.


...

Gracias por leer mis locuras, y gracias al curso de betas que se encargo de corregir este capítulo.

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