Mi sol entre millones de estrellas: Capítulo 20



 Es el indicado


¿Bella, quieres casarte conmigo?

Esas palabras seguían retumbando en mis oídos, toda la declaración había sido perfecta… como él. Mantenía los ojos cerrados, por temor que al abrirlos estuviera sola y no hubiera sucedido nada de lo que estaba sucediendo. ¡Diablos! A quien quería engañar, estaba sucediendo y el esperaba una respuesta.


—Bella—la suavidad de su voz me regreso a la realidad, abrí los ojos con cautela.

—Yo no… no sé que decir. —intente recuperar mis manos que aun seguían entre las suyas.

—Solo es necesario un "Sí"

—Edward…—me acerque mas a él acunando su rostro entre mis manos que comenzaron temblar ligeramente. —Fue una declaración hermosa, pero no puedo hacerlo, yo…yo aun tengo…

—Es comprensible que tengas miedo por lo que sucedió a la última vez. —giro su rostro para besar una de mis manos y con delicadeza las quito de su rostro. — Pero debes…

—Por favor Edward, ¿por qué arruinar lo que tenemos ahora? —pregunte notando una expresión de dolor en sus ojos.

—No estamos arruinando las cosas, ¿o eso es lo que piensas de esto? — movió en anillo entre sus dedos.

—Sabes que te amo y también a mi pequeñita, pero no quiero…

—Yo también te amo, pero debes de comprender que no puedes seguir temiendo del pasado y desaprovechando las oportunidades que te brinda el futuro. — Tomó mi mano y coloco el anillo en la punta de mi dedo anular. — Tú defendiste nuestra relación con tu madre cuando ella me comparaba con Demetri, tú le dijiste que era diferente, y lo soy cariño. Permíteme ayudar a dejar el pasado atrás, disfrutemos de nuestro presente, pero sobre todo hay que arriesgarnos por nuestro futuro. Un futuro juntos, uno que nos pertenecerá solo a los tres.

—Edward yo…

—Te amo y eso no va a cambiar, puede que no quieras aceptar a hora y admito mi derrota… en este momento, pero te advierto que lo volveré a intentar y no descansare hasta que seas completamente mía. —soltó mi mano y alejo el anillo de mi dedo.

—Ya te pertenezco. —dije con voz suave y evitando parpadear porque las lagrimas amenazaban con bajar.

—Pero quiero presentarte como mi esposa y no solo mi pareja. —acaricio mi mejilla con suavidad.

—Es casi lo mismo Edward.

—No lo es amor. El decir que eres mi pareja implica una relación superficial, donde hay un débil lazo que nos une, pero no un compromiso. En cambio al decir mi esposa, dejo claro que eres mi compañera, mi amiga, mi amante, mi mujer, solamente mía. —apoye mi rostro en su pecho, escuchado los balbuceos de nuestra bebita.

Me quede apoyada en el debatiéndome en qué hacer. Él tenía razón al decir que no podía estar arruinando mi futuro por lo que había sucedido en el pasado, debía de ser una estúpida si permitía que eso sucediera, pero tenía miedo, mucho miedo de fracasar nuevamente, o de arruinar lo que teníamos.

— ¿Pero si no funciona? —pregunte sin moverme de mi confortable apoyo, dejó escapar un suspiro y froto mi espalda.

— ¿Tu intentarías que esto funcionara? —asentí. Yo deseaba con todas mis fuerzas un hogar cálido y feliz, donde quisiera llegar cada noche. No un lugar donde solo con entrar sentía temor e incertidumbre por no saber qué sucedería, en el que me había visto atrapada. Esto era diferente, ¡El no es Demetri! Me recordó un vocecita en mi interior.

— Yo también estoy dispuesto a hacer que esto funcione. Si ambos lo queremos… ¿Por qué no hacerlo? —dio un par de besos en mis cabellos, siguió en mi frente, tomo mi rostro y me obligo a levantarlo para seguir dejando un camino de besos, en mi nariz y finalmente en mi mejilla donde poco a poco comenzó a moverse en dirección de mis labios, y fui yo quien se giro para dejar que nuestros labios se encontraran.

Al principio fue suave como un beso de reconocimiento, pero poco a poco se fue tornando más apasionado, donde cada uno reclamaba los labios del otro, la falta de aire nos hizo separarnos por un instante para llenar nuestros pulmones. La piel se me erizo cuando su respiración choco en mi oído.

—Se mi esposa. —mordí mi labio, las sensaciones que me invadieron. Su voz había sido suave, pero el tono era áspero, uno que me hacia recordar el par de noches en que lo había escuchado, un temblor recorrió mi cuerpo, y que se riera contra mi oído me hizo perder la fuerza, por lo que tuve que de sus hombros, para no quedar como una tonta. — ¿Qué dices mi amor?

— ¡Sí! —dije permitiendo que la emoción se viera reflejada en mi respuesta, tomó mi mano y deslizo el anillo en mi dedo.

—Te amo, Bella. — no me permitió contestar porque sus labios se apoderaron de los míos.

Acomode mis manos sobre su nuca, acariciándola en círculos logrando un gruñido por su parte y que apretara su agarre como si intentara que nuestros cuerpos se fundieran en uno solo, deje que ese beso demostrara lo que sentía por él, lo que no había podido decir con palabras, rompí el beso con brusquedad tomando aire y evitando un nuevo ataque los labios de Edward, que hizo un mohín al estrellar sus labios en mi mejilla en lugar de mis labios.

— ¿Qué sucede? —pregunto con voz ronca.

—Creo que un beso mas de esos y sabemos la manera en que esto terminara.

— ¿Y? —mostro su sonrisa torcida, sabiendo que era los más obvio, pero se había olvidado de un pequeñito detalle.

— ¿Cómo que… Y? —gire mi rostro con suavidad hacia atrás—No estamos solos, tenemos una pequeña inquilina en nuestra cama.

—Cierto… ¿Te das cuenta de lo que me haces hacer? —abrí la boca para protestar ya que él había sido el que había comenzado a incitarme, pero no dije nada cuando solo una suave carcajada— Te quiero.

No pude contener el apreciar la belleza del anillo, no era el típico anillo son un pequeño diamante blanco, este era un diamante rosado.

Me desconcertó que me dijera que tenía que decirme algo pero que debía de prometerle que no me enojaría y mucho menos que pensara que solo por eso me había hecho la proposición. Me hablo de lo que había hablado con Esme antes de viajar junto a nosotras, las ventajas de tener el apellido Cullen.

— ¿Hiciste todo esto porque Esme lo sugirió ó en verdad ya lo habías pensado? —pregunte sin dejar de mirarlo, sentía mi corazón latir de prisa.

—Lo hice porque yo lo quería. Cuando te dije que no puedo vivir sin ti es verdad, te amo y de verdad quiero poder decir que eres mía. —me dio un pequeño beso. —Mamá lo sugirió pensando que al cambiar tu apellido Swan por Cullen nos mantendría en un perfil bajo.

—Si Demetri se lo propone, aun así me encontrara.

—Pero abra una gran diferencia, mi amor. —subió uno de los tirantes de mi camisón que se estaba deslizando por mi brazo. —Antes estabas sola, ahora serás mi esposa y siendo una Cullen hay muchas personas que estarán dispuestas a hacerles frente.

—No quiero arriesgarlos.

—Antes para los demás eras solo una simple chica en una situación desagradable, pero ahora serás… una en Cullen en problemas, que muchos estarán dispuestos a ayudar. Nosotros cuidamos de nuestra familia y el que seas mi esposa reforzara que otras personas nos ayuden a hacerles frente.

—Es grandioso el saber que ya no estoy sola.

—Nunca más lo estarás, siempre nos tendrás a nosotros. —con un movimiento de cabeza me indico a mi pequeñita que seguía a mis espaldas.

Envolví su cintura con mis brazos y me estire para alcanzar sus labios que me recibieron con alegría, era feliz de saber que pronto ellos realmente serian mi familia y podríamos estar juntos.

Antes de bajar a desayunar decidimos que iríamos a cenar para darle la noticia a mi madre, queríamos que ella aceptara el cambio que tendría nuestra relación. Al principio se había puesto un poco pesado cuando se había enterado de nuestra relación, y podía esperar una reacción similar cuando se enterara de que había aceptado el ser su esposa.

Lo único que no me gustaba de tener que salir a cenar, es que Millie no nos acompañaría, ella se quedaría en casa en compañía de una niñera, una de una agencia que Edward había contactado porque decían que eran de las mejores de la ciudad. Me había opuesto porque Millie jamás había estado con una extraña desde hace mucho tiempo, pero Edward tenía razón, la mujer que se quedaría con ella tenía experiencia y cuidaría bien de ella.

Cuando le avise a mi madre de los planes de salir a cenar a uno restaurante de los más selectos de la ciudad, dio un pequeño grito de frustración por no tener que utilizar, así fue como me vi envuelta en una mañana de compras, donde mi madre estaba encantada intentando convencerme de comprar algunas prendas un poco provocativas, había refunfuñado cuando me había negado.

—No soy tonta cariño, puedo apostar a que tú y Edward ya han compartido muchas cosas.
La había dejado riendo, yo había elegido ir a buscar algunas prendas por mi parte. La mayoría de las mujeres en la tienda no paraban de hacerle mimos a mi pequeñita que estaba encantada con la atención, algo que me parecía divertido.

La reservación estaba para las 8, por lo que me comencé a arreglar desde las 6 quería estar lista para cuando la niñera llegara a las 7:30.

Había elegido un vestido por debajo de la rodilla de color azul oscuro, el cabello lo había dejado suelto en pequeñas ondas y solo llevaba unos pendientes no muy largos y el hermoso relicario donde estaba la imagen de mi pequeña, la cual estaba cómodamente dormida sobre el pecho de Edward que también estaba en el mundo de los sueños.

Me quede unos segundos observándolos, aun sin poder creer que ellos realmente me habían dejado entrar en sus vidas, y pronto entraría en ella para no salir nunca.

–Luces hermosa. –me acerque para darle un beso en los labios y ver como poco a poco abría los ojos. Tome a Millie para dejar que se moviera con libertad.

–Deberías de darte una ducha.

Lleve a Millie a su habitación, donde me quede observándola dormirá hasta que el sonido del timbre fue el que me obligo a salir e ir a encontrarme con la que sería la niñera de mi bebé.

Abrí la puerta y me encontré con una mujer de cerca de 30 años, con cara redonda, una mirada alegre y una sonrisa tranquilizadora.

–Mi nombre es Wendy y vengo de la agencia de niñeras. Usted debe de ser la Sra. Cullen. –me hice a un lado para dejarla pasar.

–Aun no soy la Sra. Cullen. –ella se sonrojo y retorció sus manos. –Pero pronto lo seré, solo quiero me llames Bella.

–Veo que ya conociste a Wendy. –Edward llego junto a nosotros terminando de abrochar los botones de los puños de su camisa. Saludo a la mujer y reviso la hoja de la agencia, era una carta para asegurarnos que nuestra bebita estaría bien.

Entre ambos le mostramos la casa y le dejemos nuestros números de teléfono, junto con los teléfonos de emergencia, cortamos el recorrido cuando Millie comenzó a sollozar y la llevamos a conocerla.

Fui la primera en entrar y tomarla en brazos para tranquilizarla.

–Tienes que conocer a alguien que te va a cuidar esta noche y quiero que seas la niña buena que eres siempre. –le dije besándola y llevándola junto a Wendy que extendió sus brazos, lo dude un poco pero al final se la entregue. De inmediato ella sintió que estaba en brazos de un desconocido, porque se comenzó a remover y hacer un pucherito.

Edward dejo sus manos en mi cadera para evitar que fuera a quitarle a Millie de sus brazos.

–Deja que haga su trabajo. – me apoye en el sin perder de vista la manera en que comenzaba a hablarle logrando que ella se relajara.

–Pueden estar tranquilos, cuidare bien de Millie. –asentí al verla reír. Era una sensación completamente extraña, ver como mi bebé rápidamente aceptaba a otra persona, me hacía sentir una pizca de celos.

Deje que Edward siguiera hablando con Wendy mientras yo iba a buscar a mi madre para poder marcharnos. Pidió solo 5 minutos los que aproveche para darle las últimas indicaciones de Wendy sobre mi bebé, ella solo asentía pero no se quejaba de que le repitiera las cosas.

–Basta Bella, ella sabe lo que tiene que hacer. –me reprendió mi madre, que saludo a la mujer.

– ¿Supongo que es la primera vez que se aleja de la niña?

–No estoy acostumbrada a separarme de ella, me es muy difícil. –confesé acercándome para besar a mi bebé y dejar la habitación pero en cuestión de segundo regrese ante la mirada de mi madre y Edward.

–Casi lo olvido, adora que le canten para dormir. –ella agradeció que le dijera.

No tardamos en llegar al restaurante, que era mucho más elegante de lo que pensaba. Nos guiaron a nuestra mesa.

El lugar era amplio e iluminado de manera suave por las múltiples arañas que colgaban del techo, las mesas estaban separadas un poco más que las regulares, eso daba un ambiente más íntimo.

Nos concentramos en mirara lo que pediríamos mientras que Edward pidió una botella del mejor vino que encontró en el menú. Después de hacer nuestro pedido mi madre se acomodo en su silla y nos miro suspicazmente.

–Un restaurante muy elegante, un buen vino, así que pueden decirme que estamos celebrando. –vi a Edward tomar mi mano y colocar el anillo que había olvidado, pero al parecer el no.

–Veo que no hay manera de engañarte Renee. –ella negó sonriéndole a Edward.

–Eso quiere decir que si hay un motivo. –ambos asentimos.

Edward tomo una de mis manos que aun descansaban en mi regazo y la dejo sobre mi pierna. Lo mire y note que no sabía de qué manera comenzar.

–Mamá, lo que queremos decirte…–apretó mi pierna.

–Creo que estos días que has estado con nosotros te has dado cuenta de lo que mucho que quiero a Bella y lo importante que es ella para nuestra bebé. –me dio un beso en la mejilla y yo me apoye en el. –Es por eso que decidí que era importante formalizar las cosas, esta mañana le pedí a Bella que aceptara ser mi esposa. Y ella aceptó. –su boca estaba ligeramente abierta y me imagine que en cualquier momento diría algo que no me gustaría.

—Me alegro por ustedes. —sonrió abiertamente, dejándome ahora a mí con la boca ligeramente abierta por su reacción. — estos días me has dejado conocerte, y me doy cuenta porque Bella te quiere de la manera que lo hace, además que para mí es suficiente el ver la manera en que la tratas y ver lo feliz que la has hecho.

Esas palabras de mi madre me hicieron sentir tranquila, ella no había dicho absolutamente nada respecto a que fuera demasiado pronto o que debía de pensar las cosas, ella había aceptado.

La cena fue agradable y muy relajada, bromeamos con mi madre y ella termino contando algunas de mis anécdotas más embarazosas. Algunas de ellas quise meterme debajo de la mesa pero no podía hacerlo, además ver a Edward reír y disfrutar me hacía sentir bien.

Cuando llegamos a casa poco antes de la media noche, me encontré la casa en absoluto silencio, inmediatamente subí las escaleras y fui a la habitación de mi bebé. Encontré a Wendy sentada en la mecedora mientras mi bebita estaba durmiendo.

— ¿Cómo se porto? —pregunto Edward llegando junto a mí.

—Es una niña muy buena, aunque tardo un poco en dormir, parece que se dio cuenta que no era Bella la que le cantaba. —me recargue en Edward sonriendo por saber que ella no me olvidaba. — tiene cerca de una hora que durmió, pero ha estado un poco inquieta, debe de ser porque los extrañó.

Me acerque a la cuna y acaricie su rostro, acomode su cabello haciéndola removerse y meterse su dedito en su boquita.

Le agradecí por cuidarla tan bien, el verla tan tranquila era una muestra de que Wendy había hecho bien su trabajo. Edward le pago lo acordado y la acompañamos a la salida, donde nos recordó que cuando necesitáramos una niñera ella estaba encantada de encargarse de nuestro bebé.

A la mañana siguiente fui despertada por unos pequeños balbuceos cerca de mí, abrí los ojos y encontré la fuente de tan hermosos soniditos. Podía acostumbrarme a despertar con los besos de Edward o los dulces soniditos que mi bebé emitía.

Ese día fue el último que Renee paso junto a nosotros ya que debía de regresar con Phil que ya la echaba de menos. La llevamos al aeropuerto donde se despidió de nosotros y de la pequeña que se movía en mis brazos. Mi madre se despidió de nosotros con un par de palabras y haciéndonos prometer que le avisaríamos con tiempo cuando tuviéramos la fecha de la boda. Pero le tomo cerca de quince minutos el poder despedirse de Millie, mi madre se había convertido en su segunda abuela, una muy consentidora.

La vimos perderse entre las personas y supimos que era momento de regresar a casa, de nuevo después de dos semanas estábamos solos.

Esa noche Edward llamo a Esme que aun estaba con Alice, ambas habían gritado cuando les dijo que nos casaríamos pronto, que al fin me convertiría en una Cullen.

Él no paraba de reír al ver cómo me estaba sonrojando de manera violenta mientras hablaba con su madre y su hermana, ambas no dejaban de decirme lo grandioso que era que hubiera aceptado entrar en la familia, que estarían encantadas de ayudarme con todo lo que necesitara respecto a la boda.

Me sentí insegura cuando les dije que yo espera que fuera algo pequeño, que no deseaba que todo mundo comenzara a hablar de nosotros. Alice fue la que pareció un poco decepcionada pero fue Esme la que me dijo que era lo mejor y que me apoyaba completamente en lo que decidiera.

Después de dejar a mi pequeñita en su cuna, fui directamente a nuestra habitación que para mi sorpresa estaba vacía, me acomode en la cama justo cuando él entró.

—Lo siento una llamada del hospital. —se trepo en la cama quedando sobre mí. — ¿Sabes lo que no hemos hecho?

—No. —me acomode bajo su cuerpo, acariciando su rostro.

—No hemos probado que tan cómoda es esta cama.

—Por si lo has olvidado ya tenemos un par de días durmiendo en ella.

—No me refiero a dormir cariño.

—Creo que podemos probarla ahora. — lo atraje hacia mí para poder besarlo.

Sus manos retiraron las mantas para poder tocarme con mayor libertad sin barreras, sentir sus manos recorrer mi cuerpo encendía cada una de mis terminaciones nerviosas, cada vez que estábamos juntos, me mostraba una manera diferente de disfrutar nuestra unión, siempre era dulce y se acoplaba a mis movimientos, cuidando de no ser muy brusco.

Mi cuerpo reaccionaba arqueándose y moviéndose junto con el de él, dejaba mi mente en blanco solo disfrutando de lo que estábamos haciendo. Me sentía libre al tocarlo y besarlo sabiendo que le gustaba lo que hacía, sus jadeos y la expresión de su rostro me dejaba claro.

El estar junto a él era algo de lo que no me cansaría nunca, y esperaba que el tampoco se cansara de mi.

Los primeros días de la semana fue un poco duro, tuve que conseguir ayuda en la casa ya que no podía hacer todo yo sola, no podía atender a Millie como era necesario, trabajar en mi proyecto y hacerme cargo de toda la casa.

Contacte a una agencia que me mando a una chica de 26 años, desde el momento que la vi supe que Maggie era la chica adecuada, apenas vio a Millie y cayó bajo el embrujo que mi bebita provocaba, quedo maravillada con ella. La cite al día siguiente para que comenzara a trabajar, cuando llego, le mostré la casa y le indique como debía de hacer cada cosa para después marcharme a atender a Millie y comenzar a trabajar.

La chica era silenciosa y estaba haciendo cada cosa como de la había indicado, la puerta del pequeño estudio donde estaba se abrió y por ella apareció mi perfecto prometido que parecía contrariado.

—Llegas temprano a casa. —levante mi rostro para permitir que me besara.

—La cirugía de esta tarde se cancelo por que el paciente ya no estaba en condiciones de entrar a quirófano y no había consultas así que decidí venir a comer a casa. ¿Quién esa chica?

—Es Maggie, recuerdas que te dije que contrataría a alguien para que me ayudara en la casa. —asintió. — parece buena chica y decidí darle una oportunidad, ayer se me olvido decírtelo.

—Escuche ruidos en la cocina e iba a darte una sorpresa y adivina, fui yo el sorprendido. —deje escapar una risita. —No fue gracioso, la chica me vio con sorpresa y cuando le pregunte por ti ella me dijo que estaba aquí. Te importaría que fuéramos a comer, muero de hambre.
Ambos alabamos la comida que había preparado Maggie y ella se sonrojo, Edward decidió ser quien se encargara de Millie, para dejarme seguir trabajando.

El viernes por la mañana, tuve que ir al centro de investigaciones para entregar mi trabajo y que fuera evaluado, como no tenia con quien dejar a Millie la lleve conmigo, ella pareció encantada con la idea de estar fuera de casa, pero lo que no le gusto fue el tener que llevar varias capas de ropa.

Recibí un par de miradas cuando llegue y al instante supe que era por mi pequeña acompañante, en esta clase de lugares no estaban acostumbrados a ver a un pequeño ser humano, un par de veces estuve tentada a pedir que dejaran de observarnos como si nuca hubieran visto un bebé, de lo que estaba segura, era que nunca habían visto a una tan hermosa como la mía.

Me vi obligada a esperar cerca de media hora para que me recibieran, y cuando lo hicieron, fue un hombre alto, moreno, de pelo corto y que parecía estar molesto. Le lanzo una mirada despectiva a mi bebita lo que me hizo alzar la barbilla y enfrentarme a su mirada, si el quería intimidarme no lo lograría, además de que nadie se atrevía a ver a mi angelito de esa manera tan fría.

Mantuve a Millie ocupada jugando con su leoncito mientras que el hombre seguía revisando mi protocolo. Se aclaro la garganta para pedir mi atención, cuando la tuvo dejo el documento sobre su escritorio, posó sus manos sobre él y se inclinó hacia adelante.

—Con solo leerlo me doy cuenta de lo talentosa que es Dra. Swan. —Sonrió un poco— el proyecto está bien presentado. Como ya le habíamos dicho, nosotros facilitaremos el grupo de estudio, que como sabe es reducido debido a que es una enfermedad poco común, pero su trabajo ayudara a los padres con pequeños que tengan ese problema.

—Ese es mi objetivo, el poder dar una esperanza a los padres es lo más importante.

—Es una lástima que no desee trabajar dentro del edificio, pero ahora que la veo sé que la razón es su compromiso como madre, y es algo que se debe de admirar, no todas las mujeres con su potencial acceden a formar una familia.

—Creo que es importante darse tiempo para todo y en este momento es importante no separarme por tanto tiempo de mi pequeña, es el momento que ella más necesita de mi y, no estoy dispuesta a dejarla por mi trabajo, es por eso que preferí disminuir mi trabajo.

—Con su protocolo comenzaremos a buscar los candidatos para su grupo control y de ahí usted podrá comenzar a trabajar en su investigación, que es muy prometedora, ambiciosa pero muy buena.

Al final ese hombre no era tan malo como aparentaba, de nuevo estaba claro que las apariencias nos pueden engañar.

El fin de semana lo pasamos en familia, aun sentía mi corazón saltar con esas palabras. Nos divertimos, Edward estaba encantado de ver como la pequeña cada vez comenzaba a ser mas despierta, la habíamos dejado sobre la cama y ella se había girado quedando boca abajo lo que nos indico que deberíamos comenzar a tener más cuidado ya que en una de esas ella podría girar hasta caer y conocer el suelo.

La siguiente semana la dedicamos para comenzar a ver los preparativos de la boda, había estado hablando con mi madre y con Esme quienes para mi sorpresa ya habían hablado y simpatizado.

Con Edward habíamos elegido casarnos a finales de febrero lo que nos dejaba solo dos semanas para organizar todo, lo cual no era mucho, ya que sería una ceremonia intima donde solo la familia y amigos de extrema confianza estarían con nosotros. El lugar la villa griega de Carmen, quien no la había ofrecido apenas se entero de nuestro plan de casarnos pronto.

Una semana antes me había sorprendido con la mujer delante de la puerta de nuestra casa.

—Espero que mi visita no te moleste. —murmuro avergonzada.

—En lo absoluto Esme, adelante. —la ayude con sus bolsas y cuando estuvo dentro la abrace.

—Pensé que necesitarías un poco de ayuda y me decidí a venir cuando dijiste lo que había sucedido con tu vestido. —no pude dejar escapar un suspiro al recordar que el vestido que había elegido una de las dependientas lo había vendido ignorando que lo estaban arreglando para mí.

—Era lindo… y ahora no encuentro nada que me guste.

—Ya hice un par de citas en algunas tiendas y una diseñadora amiga mía estaría encantada de ayudarte en elegir el vestido.

—Toda la ayuda es buena en este momento.

Edward al igual que yo se había mostrado sorprendido, cuando le informe que el resto de la tarde lo pasaría fuera junto con su madre, la cual había llegado de sorpresa. Él se quejo diciendo que ella podía pasar tiempo conmigo, pero que al parecer no se acordaba de él, porque no lo había llamado.

Habíamos comido fuera después de visita un par de tiendas donde los vestidos eran bonitos pero no era lo que yo estaba buscando, yo no deseaba un vestido como de cuento de hadas, quería algo sencillo pero que fuera elegante.

El último lugar en visitar fue la exclusiva tienda de la amiga diseñadora de Esme que nos recibió con una enorme sonrisa y nos guio al fondo en una amplia habitación con varios espejos, un par de sillones y un gran número de vestidos esperándonos. Pero justo antes de entrar a esa habitación quede fascinada con un vestido que tenía uno de los maniquís.

—Viste algo que te gustara. —me encontré con la sonrisa de Esme, que mantenía a Millie en sus brazos.

—Me gusta ese vestido. — se lo señale para que lo viera, sabía que podía no gustarle porque no era el típico vestido de novia, no era largo al contrario era corto, de manga larga de encaje y lazos en las muñecas dando un toque de elegancia.

—Deberías de probártelo. —escuche la voz de Daphne, que lo quito del maniquí y me envió dentro de la habitación para que comenzara a probarme algunos de los que estaban esperándome.

Algunos fueron descartado rápidamente, pero algunos gustosamente me los probé mirándome en los espejos, el ultimo en probarme fue el que yo había elegido. Al salir del probador escuche un par de exclamaciones que me hicieron sentir extraña, sabía que no era la vestido habitual, pero la boda seria en la playa por lo que podía permitirme llevar algo corto, eso había pensado hasta escuchar las expresiones de las que estaban en la habitación.

—Creo que… que este no…

—Es perfecto. —me corto Daphne colocándose a mi lado, me obligo a subir a un banquito. Me mire al espejo y me gusto lo que vi, este vestido era aun mejor que el que había pensado era perfecto, sentí como Daphne hacia unos ajustes al vestido sin parar de hablar pero no la escuchaba estaba perdida observando la imagen reflejada en el espejo hasta que sentí que alguien presionaba mi mano.

—Lo encontraste. —me sonrió Esme sin ocultar su emoción.

—Creo que es perfecto—me gire hacia un lado para verlo bien, cada ángulo diferente hacia que me gustara mas. — Pensé que no te gustaría porque no es el típico vestido largo. —me mordí el labio.

—Puede que no sea el típico vestido, pero he de admitir que es hermoso y lo mejor es que tu estas cómoda en el. —me recorrió con la mirada. — Creo que encontramos el indicado.

— ¿Te gusta a ti? —le pregunte a mi pequeñita que solo me dedico una sonrisa. — eso lo tomare como un sí.

— Te queda un poco holgado, pero si lo ajustamos lograre que la parte inferior abrace tus curvas y la cubierta de encaje lo realce. Cuando lo diseñe no pensé que alguien lo pudiera lucir tan bien. —la mujer parecía feliz. — tengo los accesorios perfectos.

Me probé varias zapatillas hasta que encontramos las indicadas, al igual que una sencilla tiara para adornar mi cabello el resto debería de correr por mi cuenta, pero al ver la mirada de Esme supe que ya estaba pensando donde conseguirlos.

Regresamos a la casa cerca de las ocho y encontramos a Edward recostado en uno de los sillones profundamente dormido, acerque a Millie a su rostro, ella balbuceo al reconocerlo y movió sus manitas no de una manera suave lo que lo hizo despertar gruñendo, pero al ver a la pequeña frente a él sonrió.

—La próxima vez puedes despertarme quizá con un beso—le pudio haciéndole cosquillas y besándola.

—Desempeñas bien tu papel de papá. —le dijo Esme antes de acercarse a abrazarlo. Los dejé que hablaran en lo que bañaba a la pequeña, con sus nuevos movimientos la hora de baño era uno de sus momentos favoritos, lograba salpicarme cuando movía sus piernitas.

El contar con el apoyo de Esme me relajaba y me hacia olvidarme de que la fecha se acercaba, no es que me diera miedo, solo estaba nerviosa de que algo saliera mal.

La última noche que pasaríamos llego y como cada noche me aferre al cuerpo de Edward dejando que sus caricias me tranquilizaran, en menos de 48 horas ambos estaríamos casados y finalmente mi apellido seria cambiado, dejaría de ser Swan nuevamente para llevar el apellido Cullen.

— ¿Nerviosa? —pregunto en un susurro apretando su agarre.

—Sí.

—No te estarás arrepintiendo.

— ¡No! —me separe de él y me incorpore mirándolo sorprendida.

—Me alegra escuchar eso. Ahora, solo te ayudare a que te relajes. —me beso dulcemente haciendo que me recostara nuevamente con su cuerpo presionando el mío. Si que conocía la manera de que me olvidara de todo. —Ahora duerme mi hermosa prometida.

— ¿¡Qué!? —lo vi con incredulidad escuchando su suave risita, me había besado logrando despertar partes de mi cuerpo que clamaban por él y ahora solo planeaba dormir.

—Te prometo que la noche de bodas te lo compensare. —bufe refunfuñando un poco cuando me quiso abrazar, pero al final me deje envolver en sus brazos.

Despertamos a las cinco de la mañana, bueno en realidad despertó él y yo solo intente dormir un poco mas pero cuando las mantas abandonaron mi cuerpo supe que era hora de levantarme. Me vestí con la ropa que había dejado preparada para después ir a preparar a mi pequeña que despertó molesta por la interrupción de su sueño, hizo varios pucheros y lanzo un par de sollozos que cesaron apenas la tuve en mis brazos cantándole y meciéndola.

—Veo que se parece a su mami, ambas gruñen cuando las levantan temprano. —le saque la lengua a Edward que dejo escapar un risita y tomo las cosas de Millie.

Al bajar vi a Esme que nos esperaba mientras que Edward subía nuestras cosas al taxi que nos esperaba afuera, me dio un abrazo y acomodo la mantita que cubría a Millie.

En el aeropuerto solo tuvimos que esperar unos minutos ya que como siempre viajaríamos en un Jet privado cortesía de Eleazar y Carme. El vuelo transcurrió tranquilo hasta que cierta pequeña se despertó inquieta y comenzó a llorar, entre los tres intentamos varias cosas para hacer que se calmara pero todas fueron un fracaso.

—Esto fue lo que sucedió cuando tuvimos que seguirte. —en este momento me compadecí de él.

Finalmente después de casi quince minutos logre hacerla tranquilizarse, la había dejado sentada en el asiento en el que inicialmente estaba, mientras que yo me acomode en el suelo y comencé a jugar con ella, cambiando los gritos de enojo por una hermosas sonrisas.

Volvimos a nuestras posiciones cuando estábamos llegando al aeropuerto de Atenas, un auto nos esperaba para llevarnos a uno de los embarcaderos, ya que debíamos de tomar un barco para llegar a la isla donde estaba la villa de los tíos de Edward.

El sol calentaba nuestros cuerpos mientras que la brisa golpeaba nuestros rostros y movía nuestro cabello. Al principio cubrí a Millie con mi cuerpo pensando que si la brisa golpeaba su rostro ella se molestaría, pero cuando la sintió comenzó a reír y moverse con entusiasmo en mi regazo.

—Alguien disfruta del viaje en barco. —Edward acaricio la barbilla de nuestra pequeña que no dejaba de reír.

—Yo no soy muy amante de estos viajes y menos cuando se mueven tan rápido. —nos dijo Esme que sostenía su sombrero con una mano y con la otra se aferraba a una de las barandillas.

—No está lejos mamá.

El hombre que conducía el pequeño barco nos señalo la isla que se dibujaba frente a nosotros, se detuvo en el muelle donde ya nos esperaba Eleazar, subimos a un todoterreno y finalmente llegamos a una hermosa villa, una casa de dos pisos, un jardín enorme con una piscina y de fondo se podía apreciar el hermoso azul del mar Egeo y como el agua llegaba a acariciar la arena que parecía ser suave.

—Bienvenidos a nuestra casa. — fueron las palabras de Carmen antes de llegar junto a nosotros y abrazarnos. — Sera mejor que se instalen y se vistan algo más acorde al clima para ver los últimos detalles de los arreglos de la boda.

—Yo me encargo de subir las cosas. —susurro Edward tomando las cosas de Millie y las mías.

—La habitación de Bella estará junto a la de tus padres, mientras que la tuya frente a la nuestra. —Edward y yo la miramos con la boca ligeramente abierta.

—Es la tradición chicos, después de las 7 tú no podrás ver a Bella hasta la hora de la boda. —dijo una muy divertida Carmen seguida por Esme.

—No será tan malo chicos. —nos alentó Eleazar, palmeando la espalda de Edward.

Aunque ambos fingimos una sonrisa sabia que los dos rechazábamos la idea, lo único que me mantenía tranquila era Edward, y el no tenerlo esta noche me pondría nerviosa, hasta el punto de no dejarme dormir, y estaba segura que Rosalie querría matarme si notaba que no había dormido bien.

Ahora solo debía de esperara la llegada del resto de los Cullen, de mi madre y Phil, de los Hale y no podían faltar mis amigos, Emmett, Sam y Jake, los últimos dos habían asegurado su asistencia ya que debían de conocer a mi futuro esposo y dejarle algunas cosas en claro.
Sin duda este sería un día prometedor.
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