Mi sol entre millones de estrellas: Capítulo 23



Millie


Me desperté como cada mañana, con una sonrisa en el rostro. Aun no podía creer que tenía ya dos semanas casada con un maravilloso hombre.


Me levante envolviéndome en la bata, acomode mi cabello mientras escuchaba el correr del agua de la ducha.

Antes de ir a la cocina entre sigilosamente a la habitación de mi pequeña que aun seguía durmiendo, su pecho subía y bajaba de manera lenta, acomode la mantita sobre su cuerpo e intente sacar de su boquita, una de las patitas del león que se había convertido en su favorito.

Fui directamente a la cocina encendí la cafetera mientras preparaba el pequeño desayuno de Edward, como cada mañana cuando el entro a la cocina, en la mesa ya estaba esperándolo una taza de café y un plato de fruta.

—Buenos días. — lo salude levantando mi rostro para que me besara.

—Sabes que no es necesario que cada mañana hagas esto. — apunto el plato de fruta con su tenedor. Me encogí de hombros.

— ¿Tiene algo de malo que quiera consentirte un poco?

—Es solo que yo puedo hacerlo solo. —suspire y me senté junto a él.

—Se que eres perfectamente capaz de hacerlo, pero ahora me tienes a mi—acaricie su cabello aun húmedo. — Solo déjate consentir un poco.

—No tengo más opción. — dijo con una enorme sonrisa y volviendo a besarme.

Hablamos mientras terminaba de desayunar, pero tuve que dejarlo cuando mi presencia fue solicitada en el piso superior, basto con verme para que sus gritos cesaran y fueran sustituidos por balbuceos alegres, la cambie y fuimos a acompañar a su papá que no tardo en marcharse y dejarnos solas.

La acomode en su sillita mientras preparaba el desayuno de mi pequeñita, desde que habíamos regresado de Grecia había comenzado a cambiar su dieta. Ya estaba comenzando a comer alimentos sólidos, al principio se había resistido a probarlos y hacia constantes pucheritos, pero habíamos descubierto que la pera y la manzana le gustaban.

Por otro lado mi trabajo seguía avanzando con bueno pronósticos, me habían informado que dentro de poco se juntaría el grupo de pacientes en los que llevaría a cabo mi investigación. No podía estar más feliz, después de tanto dolor, de nuevo las cosas estaban volviendo a su lugar y lo mejor es que ya no estaba solo junto a mí siempre tendría dos personas muy importantes.

En un abrir y cerrar de ojos el tiempo continuo pasando, las cosas con Edward iban de manera normal. Habíamos tenido un par de discusiones por un par de tonterías, pero las arreglamos antes de dormir, era algo que nos habíamos prometido, jamás nos iríamos a la cama sin arreglar nuestros problemas.

Algo que se había vuelto cotidiano en mi vida eran las llamadas de Alice, ambas estábamos trabajando en casa mientras cuidando a nuestros angelitos. Podía decir que Alice se había convertido en una de mis mejores amigas, con ella podía hablar de lo que quisiera y ella siempre escuchaba atenta intentando aconsejarme y lo mejor es que me había dado algunos tips para manejar a su hermano, es ahí cuando veo las ventajas de tener una excelente relación con tu cuñada.

Estaba con Millie en la sala de entretenimiento, mi pequeña había comenzado a gatear y yo me divertía junto con ella, me alejaba de ella y ella me seguía intentando conseguir un osito que Edward le había regalado hace unos días, cuando se acercaba a mi sonreía pero al volverme alejar hacia un adorable pucherito, las últimas veces le alejaba de ella gateando y la volteaba a ver para asegurar que me siguiera, pero fue cuando estaba distraída observándola como iba detrás de mí que choqué con un par de piernas.

—Pensé que mi linda esposa ya había pasado por la etapa del gateo. —me guiño un ojo y me extendió una mano para ayudar a levantarme, me dio un beso rápido para después ir a buscar a su pequeñita que se había sentado y extendía sus bracitos pidiendo que la abrazara.

—Pensé que hoy llegarías mas tarde.

—Hubo un par de cancelaciones en las cirugías programadas, así que al tener la tarde libre vine directamente con mis dos chicas favoritas.

Comimos con el interminable balbuceo de nuestra pequeña, Edward disfrutaba darle las papillas y yo disfrutaba ver la cantidad de caras que le hacía a la pequeña que no dejaba de sonreír, sin lugar a dudas era un padre maravilloso al igual que un magnifico esposo.

Fue a finales de abril cuando nos toco separarnos por unos días, Edward tuvo que viajar a Alemania para atender a un pariente del ministro de aquel país. El estar en el aeropuerto despidiéndome de él me recordó la vez pasada la primera vez que me había dicho que me amaba.

—Regresare en dos días. —me dijo levantando mi rostro que sin darme cuenta había mantenido la vista fija en el suelo, me dolía el tener que separarme de él, no es que fuera completamente dependiente de él. — Sabes que te amo.

—No me hagas caso. —intente sonreír y el dejo escapar un suspiro, acomodo a Millie en su lado derecho recibiendo una protesta ya que ella estaba intentando meter a su boquita parte del cuello de la camisa de su camisa favorita.

Acaricio mi mejilla con el dorso de su mano, se inclino hasta capturar mis labios, el movimiento era lento pero me demostraba el amor que siempre me profesaba, entreabrí un poco más para darle un mejor acceso y disfrutar de la calidez y el exquisito sabor que lo caracterizaba, nos separamos al sentir una manitas en nuestros rostros y un balbuceo que nos recordó donde estábamos.

—Lamento ponerme así, es que… te voy a extrañar.

—Yo también te voy a echar de menos y sobre todo por las noches. —dijo con picardía ganándose un golpe suave en su brazo. Me entrego a nuestra bebita que inmediatamente acomodo su cabecita en mi hombro llevándose el dedo a la boquita. — Y tu princesita, mantén ocupada a mami.

—Eso no es necesario que se lo pidas, ella lo hace siempre. —le di un beso en su cabello que ya había crecido unos cuantos centímetros, pero seguía siendo igual de suave y perfecto como el de su papá.

—Es hora de irme, no olviden que las amo. —nos dio un último beso a cada una.

—También te amamos y te estaremos esperando. —tome la manita libre de Millie y la moví para que le dijera adiós a Edward que sonrió y se perdió entre las personas.

El resto de la tarde no había sido tan difícil, Millie se había encargado de mantenerme completamente ocupada. Estar detrás de ella cuidando de que no se echara nada encima era una tarea entretenida y más cuando comenzaba a buscar apoyo para ponerse en pie por ella misma, había evitado que callera dos veces cuando no se había sostenido perfectamente bien de uno de los muebles.

Después de explorar la casa fuimos directamente al baño, algo que seguía disfrutando. A nuestra hora del baño se había incorporado dos pequeños patitos de hule que ella doraba lanzar y ver como salpicaba agua por todas partes incluso mojándome a mí, pero la dejaba al escuchar su hermosa risa.

La hora de la cena consistía en una papilla y justo antes de dormir su último biberón mientras le leía un cuento. Cuando se quedo profundamente dormida fui a mi habitación darme una ducha rápida y meteré bajo las mantas, fue cuando mas eche de menos a Edward, la cama parecía enorme sin él, abrace su almohada justo cuando el teléfono comenzó a timbrar, verifique el número y comprobar que se trataba de mi esposo.

—Hola amor. —salude intentando que mi voz no mostrara la falta que me estaba haciendo.

—Creo que fue un error —suspiro y estaba casi segura de que se había pasado la mano por su cabello. — Creo que debí de traerlas conmigo.

—Solo son un par de días. —intente sonar lo más optimista que podía, platicamos de todo lo que habíamos hecho durante el día, fue cerca de una hora después que dimos por finalizada nuestra llamada y me fundí en un profundo sueño.

Los días que se esperaba Edward estuviera fuera aumentaron debido a unas complicaciones que él debía de solucionar antes de dejar a su paciente en manos de otros médicos que solo se encargarían de ayudar en la recuperación.

Eso me puso un poco de malas al saber que tendría que soportar un poco mas sin verlo, pero mi enojo se olvido cuando por la noche escuche el llanto incesable de mi pequeña, la había llevado conmigo mientras intentaba averiguar la razón de su molestia. Me sentía completamente impotente de no saber qué es lo que tenía mi pequeñita y me dieron ganas de llorar con ella.

—Por favor mi amor, ya no llores mas. —la mecí en mis brazos viendo como su rostro se contraía, sus ojitos estaban muy rojos y su llanto me partía el corazón.

La deje sobre la cama e intente ignorar su llanto para poder revisarla nuevamente y ver si había pasado algo por alto, no era posible que yo siendo una pediatra no pudiera saber qué es lo que le pasaba a mi bebita. Pero al finalizar la revisión el resultado fue el mismo y ya solo tenía una opción era ir al hospital, me quite la bata dejándola junto a ella para ir a buscar algo que ponerme. Estaba tan estresada buscando que ponerme que no me di cuenta cuando el llanto había cesado, pero al dejar de escucharlo me asuste y corrí de regreso junto a ella para encontrarla con sus mejillas bañadas por sus lágrimas y mordiendo la tela de la manga de mí bata que estaba junto a ella.

Le quite la bata de su boquita y solo pasaron unos segundo cuando ella comenzó a llorar de nuevo, fui al baño y me lave las manos cuando una idea cruzo mi mente, regrese junto con ella, y con uno de mis dedos acaricie su encía inferior, mi dedo se vio atrapado en su boquita mientras ellas lo mordía, basto ese simple gesto para darme cuenta de lo que estaba sucediendo, con mucho cuidado acaricie su encía y fue en la parte de los incisivos centrales que sentía algo mas inflamado y la causa de nuestra molestia.

— ¿Así que es solo por dientes? —le pregunte pegando mi rostro al de ella y limpie sus mejillas con mis besos, sin aparatar mi dedo de su boquita que parecía tenerla tranquila.

Me la ingenie para alcanzar el teléfono y llamar a una de las farmacias de 24 horas para que me llevaran un gel que sabia le adormecería las encías quitando la molestia y dejándola dormir tranquilamente.

Al día siguiente ambas dormimos un poco más de lo habitual debido a nuestras molestias nocturnas, podía que fuere ella quien se sintiera mal, pero el verla llorar con tanto sentimiento me hacia sentir su dolor, después de la comida volvimos a dormí y fue la manera en que Edward nos encontró, me desperté al escuchar la pequeña carcajada de mi bebita que ya no estaba en mis brazos, me incorpore desorientada y la encontré en los protectores brazos de su papá.

— ¿Te sientes bien? —asentí acercándome a él para capturar sus labios, me había hecho falta más de lo que él se imaginaba.

—Pensé que llegarías en un par de días.

—Las cosas mejoraron y ya no era necesaria mi presencia. —levanto a la pequeña sobre su cabeza repetidamente ganándose muchas sonrisas.

El resto de la tarde lo pasamos hablando y le conté la razón por la que había estado dormida a mitad de la tarde, el se disculpo por no estar ahí conmigo para ayudarme, pero era claro que no era su culpa, uno no sabía a ciencia cierta cuando un acontecimiento como la salida de los primeros dientes iba a ocurrir.

Lo que nos causo una extremada ternura fue el ver que Millie permanecía junto a Edward, lo que era un claro indicio de lo mucho que lo había extrañado. Edward disfruto de la atención que según su palabra sentía mucho tiempo sin recibir, se escondió un par de veces detrás del sillón logrando que nuestra bebita comendara a gritar irritada. Le mostré donde se escondía y comenzó a reír cuando lo vio.

Me quede tendida en el sillón viendo a Edward en el piso junto con Millie jugando, primero con los peluches, después con la pelota y finalmente en un jueguito que le había enviado Emmett, era de muchos colores y emitía una gran cantidad de sonidos que la divertía, el rostro y la risa de Edward me mostraba que el también estaba encantado.

A la hora de dormir Edward fue el que pidió dormir a la pequeñita que estuvo encantada en los brazos de su papá, lo estaba esperando en nuestra habitación y al ver que tardaba más de lo habitual fui a buscarlos y lo encontré hablando con Millie quien aun estaba despierta sentada en el regazo de Edward que le estaba mostrando algo y ella parecía emocionada, cuando me acerque vi que lo que Edward le mostraba era una foto de nuestra boda.

—Intentémoslo de nuevo, ma…má—mi corazón se contrajo al ver que él le señalaba mi imagen en la fotografía, la estaba alentando a que mamá fuera su primera palabra, Millie balbuceaba sin lograr articular la palabra que Edward le estaba repitiendo.

Tan sigilosamente como había entrado deje la habitación, no quería que se diera cuenta de que lo había escuchado intentar hacer hablar a mi bebita. Poco más de una hora fue lo que el tardo en ir a la habitación y tumbarse junto a mí.

—Pensé que ya estarías dormida.

—Te estaba esperando… ¿Por qué tardaste tanto?

—Esa pequeñita no quería dormir así que… platicamos y me dijo lo bien que la tratas. —me acurruque en sus brazos.

—Me alegro de saber que ella no tiene quejas sobre mí. — me estire para alcanzar sus labios y aprovechando su momento de debilidad para dejar que su espalda chocara contra el colchón y yo quede sobre el moviéndome suevamente, logrando una fricción entre nuestros cuerpos que los hizo despertar del letargo en que se habían sumido, por nuestra separación.

—Había olvidado las hermosas bienvenidas que sueles darme. —sus manos apretaron mi cadera pegándome aun mas a su cuerpo para sentir lo que había provocado con mis sutiles movimientos, un jadeo fue lo que arranco de mis labios.

Me entregue a él como cada vez que estábamos juntos, el me llevaba a lo más alto, lograba que todo lo que estaba a mi alrededor desapareciera y solo me hundiera en el mar de hermosas sensaciones que solo él me hacía sentir. Me quede dormida en sus brazos, pero el sueño no duro mucho tiempo, ya que el monitor de mi pequeña comenzó a emitir sonidos, dejando claro que alguien estaba inquieta nuevamente, antes de que comenzara a llorar me vestí y fui hasta a su habitación por ella y comencé a masajear sus encías con el gel que aliviaba sus malestares.

Me acomode en el sillón con ella sobre mi pecho acurrucada, le cante mientras ella se iba quedando dormida ya sin la dolorosa sensación de malestar que le provocaban los dientes, en algún punto me quede profundamente dormida con ella aun en mis brazos.

EVOP

Estire mi brazo intentando encontrar el cálido cuerpo de mi esposa, pero me encontré con la sorpresa de que no estaba en la cama y la puerta de nuestra habitación estaba entre abierta, por lo que podía imaginar donde se encontraba, y no me equivoque. La encontré recostada en el sillón con Millie cómodamente en su pecho, ambas estaban sumergidas en un profundo sueño.

En uno de los extremos encontré un tubito que identifique como el gel para calmar las molestias de mi pequeña, nuevamente se había sentido inquieta y Bella como buena madre la había atendido sin protestar, gruñí internamente cuando me imagine a Victoria tratando de lidiar con las molestias de nuestra pequeñita, ella no se merecía un solo pensamiento y Bella no merecía que la comparara con esa mujer.

Con cuidado quite a Millie de sus brazos y ambas se removieron e hicieron un pucherito al sentirse separadas, era increíble el vinculo tan grande que se había creado entre ambas, era como si en verdad Bella fuera su madre biológica, era cierto que no lo era, pero desde que la conoció se comporto como una, era una mujer entregada por el bienestar de su familia. Deje a Millie en su cuna arropándola y después con cuidado lleve a Bella en brazos a nuestra habitación.

—vuelve a dormir cielo. —le susurre cuando despertó momentáneamente, se levanto asustada al ver sus brazos vacios. —Ella está en su cuna y será mejor que tú duermas un poco.

— ¿Dejaste su leoncito junto a ella? —asentí al recordar que mi hija amaba ese animalito y era lo primero que abrazaba al despertar y si no lo tenía cerca comenzaba a llorar con desesperación. Ambos nos metimos debajo de las mantas e inmediatamente Bella se acurruco contra mi cuerpo, permitiéndome dormir tranquilamente, como no lo había hecho en estos últimos días.

Durante la siguiente semana aprovechaba los momentos que estaba a solas con Millie para comenzar a enseñarla que dijera mami, sabía que Bella se pondría muy feliz cuando nuestra bebita la llamara mami, porque eso era lo que ella era, Bella era su mamá.

Disfrutaba pasara tiempo con ambas y lo mejor de todo era ver a mi pequeña divertirse con sus juguetes, en realidad ambos nos divertíamos. Yo disfrutaba estar junto a ella oprimiendo botones y descubriendo los diferentes sonidos, imitaba sus expresiones de asombro y ella no hacía otra cosa más que reír.

El trabajo en el hospital iba de maravilla, mi trabajo había aumentado y me gustaba el poder salvar un par de vidas, pero había algunas que solo podía mantener en el mejor estado ya que su final estaba cerca, el trabajar con personas enfermas de cáncer era algo complicado, pero era una profesión que me apasionaba, no había alegría más grande que el saber que yo había salvado un par de vidas, que yo era el responsable de volver la sonrisa a los rostros de los familiares de mis pacientes.

Pero el trabajo no lo era todo, había algo mucho mejor que salvar vidas, lo más importante eran mis dos lindas mujeres que siempre estaban en casa cuando regresaba a casa, verlas jugar o escucharlas reír era todo lo que necesitaba para sentir mi corazón saltar de alegría, apenas atravesar el umbral de la puerta me transformaba, dejaba de lado mi faceta de medico serio y comprometido, para convertirme en un padre cariñoso y un esposo ejemplar.

El viernes por la tarde regrese a la misma hora de siempre, pero me encontré con la sorpresa de que mis dos chicas no estaban en casa y recordé que Bella había tenido una nueva cita con el jefe del centro de investigación donde ella estaba trabajando.

Me di una ducha para salir en busca de unas películas y una pizza, quería que fuera una noche relajada. La llame para que no preparara nada si llegaba y no me encontraba, pero solo escuche su voz cuando el buzón de voz se activo, deje el mensaje sabiendo que lo escucharía. Tarde una hora en regresar a casa y me extraño el no encontrarlas, por lo que volví a llamarla pero no respondió, al ver que solo eran las 8:30 no me preocupe y espere unos minutos más, pero el resultado fue el mismo, la lame un par de veces y me comencé a poner ansioso cuando no respondía mis llamadas, tome las llaves de mi auto dispuesto a salir pero la puerta se abrió de manera brusca y vi a mi esposa entrar con Millie en brazos que se mantenía jugando su cabello.

—Podrías decirme porque no respondías mis llamadas. —tome a mi hija en brazos, quien dejo sobresalir su labio inferior por ser separada de su mamá.

—No me lo recuerdes. —fue lo único que dijo entrando en la cocina para toma un vaso con agua.

—Solo fue una pregunta.

—Me perdí. —dejo en vaso sobre la isla de la mesa y mirándome a través de sus pestañas

— ¿Cómo que te perdiste? —pregunte extrañado.

—Salimos del centro de investigación, y por contestar una llamada tome la calle equivocada llegando a una zona desconocida, luego nos atrapadas a la mitad de trafico

—Lamento que te perdieras cielo, pero eso no explica porque no atendías mis llamadas.

—El teléfono cayó debajo de uno de los asientos y no podía alcanzarlo.

—No puedo imaginar que te perdieras. —me burle abrazándola con mi brazo libre y capturando sus labios entre los míos.

—No es algo gracioso, además el tener el volante del otro lado aun no es algo con lo que está completamente familiarizada, hay momentos que me confundo. —pego su rostro en mi pecho y de inmediato unas manitas acariciaron su cabello a lo que ella sonrió.

—Que te parece si te das una ducha mientras esta hermosura y yo alistamos todo para nuestra noche de películas. — asintió prometiendo que no tardaría en volver.

Con Millie en brazos estuve llevando las cosas al piso superior donde estaba la salita de entretenimiento. Mientras esperábamos que Bella regresaba, ambos nos pusimos a jugar con algunos de sus juguetes, la hacía gatear en busca de su leoncito y cuando lo coloque sobre el sillón ella se incorporo apoyándose en el mueble e intento alcanzarlo, era encantador verla intentando tomarlo entre sus manitas, cuando no lo alcanzo hizo un pucherito y estaba dispuesta a llorar, pero su llanto fue detenido cuando Bella se lo entrego y ella lo abrazo perdiendo el equilibrio y cayendo en el suelo alfombrado que amortiguo su caída, algo que no le importo porque tenía su leoncito en sus brazos.

Bella se encargo de darle una papilla de pera que era una de las favoritas de Millie, ambas hacían unas lindas caras Bella intentando que abriera la boquita y nuestra pequeña disfrutaba del dulce sabor de la fruta.

Ambos disfrutamos de la pizza sin perder de vista a la pequeñita que estaba bastante entretenida tomándose sus piecitos e intentado llevarlos a su boquita algo que alcanzo a lograr la mayoría de las veces, pero nosotros lo retirábamos provocando un dulce pucherito.

El teléfono comenzó a sonar y Bella fue a atender la llamada, así que aproveche el momento para intentar que Millie dijera las palabras que un día antes había estado a punto de decir y para mi alegría después de dos intentos logro decir mamá, la felicite levantándola en brazos, meciéndola y besando sus mejillas.

— ¿Celebramos algo? —escuche la voz de mi esposa a nuestra espaldas, le indique que se sentara junto a mí y así lo hizo.

Acomode a Millie en mi regazo y le susurre que dijera mamá, pero ella solo balbuceo mirándome con sus hermosos ojos azules.

—Vamos pequeña, solo dilo de nuevo. —le pedí viendo la cara de confusión de Bella.

—Creo que llevare los platos sucios a la cocina para poder ver alguna de las películas que elegiste. —vencido asentí, y mire a mi hija que parecía querer comerse su mano.

Bella se levanto y comenzó a levantar los platos sucios, yo le volví a pedir a nuestra pequeña que dijera mamá como lo había hecho hace unos minutos, pero no lograba que ella lo hiciera y me di por vencido, sabiendo que ella lo diría cuando quisiera y no cuando yo la presionara.

—Ma…má. —los platos resbalaron de las manos de Bella y se giro para mirar a la pequeña que sonreía sin dejar de mirarla.

—¿Me llamo ma…mamá? —me pregunto atónita, y yo solo pude asentir con una enorme sonrisa que se borro al ver las lagrimas de mi esposa.

—Bella…

—En verdad me llamo mamá. — le extendió sus brazos y Millie de inmediato extendió los suyos pidiendo que la abrazara, sabía que amaba estar entre sus brazos, yo era consciente de lo que era estar envuelto en los brazos de esta hermosa mujer que estaba compartiendo su vida conmigo o mejor dicho con nosotros.

—Mamá. —repitió nuevamente soltando una dulce carcajada al ver que ambos estábamos sonriendo.

—Te dije que mamá, sería su primera palabras. —le recordé a Bella antes de besarla.
Nuestra nueva vida era perfecta.

...

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