Mi sol entre millones de estrellas: Capítulo 24




Consentida


BVOP

Aun no me podía recuperar del shock que me había producido escuchar que mi pequeñita me hubiera llamado mamá, me había olvidado por completo de los platos que había dejado caer y que Edward estaba levantando.


—Tenemos suerte de que no se rompieran. —Me los mostros ilesos, pero mi atención regreso a la pequeña que mantenía sus manitas en mi rostro.

—Pensé que yo te ganaría. —le dije y el solo me miro sin comprender. —Te vi intentando que Millie aprendiera a decir mamá, así que yo ocupaba la mañana intentando de que fuera papá.

—Pero aun así fue una sorpresa. —se inclino para besar la naricita de la pequeña y susurrarle un bien hecho, para después desaparecer por las escaleras.

Un par de días después estábamos dormidos cuando escuchamos los balbuceos de nuestra pequeña a través de monitor, pero al ver que estaba tranquila la dejamos un poco más, me acurruque sobre el pecho de Edward.

—Parece que alguien se despierta más temprano cada día.

—Ya no…—mi frase fue interrumpida cuando escuchamos a Millie decir "pa…pá" — ¿lo escuchaste?

—Segura que lo dijo.

— ¡Pa…pá! — ambos nos levantamos y fuimos a la habitación de nuestra pequeña que seguía repitiendo la palabra papá.

—Bien hecho mi amor. —la saco de la cuna y la levanto dejando que sus narices chocaran ganándose una hermoso sonrisa de la pequeña.

Ese día Edward se encargo de que todos nuestros amigos se enteraran de que Millie ya había dicho sus dos primeras palabras, que la primera había sido mamá y la segunda papá. Su rostro estaba completamente iluminado por las palabras de nuestra pequeñita, que al notar la sonrisa que nos arrancaba las repetía más continuamente.

Los meses siguieron pasando y pronto llego el cumpleaños de nuestra pequeña, ya iba a cumplir su primer año y junto con el estaba aprendiendo a caminar, le gustaba que la tomáramos de las manos para ella poder caminar, había estado a punto de comenzar a caminar un par de semanas atrás pero había resbalado cayendo sentada y eso parecía haberla asustado un poco por lo que ya no lo había vuelto a intentar, solo lo hacía con apoyo

Habíamos pensado en hacerle una pequeña fiesta de cumpleaños, pero la desventaja de que estuviéramos tan lejos, era que nuestra familia se le complicaba viajar, así que decidimos celebrarlos de manera sencilla y seria en las fiestas de invierno cuando celebraríamos su cumpleaños con toda la familia, además ella aun no disfrutaba mucho una celebración como esta, pero los siguientes años haríamos que nuestra familia se comprometiera a asistir.

El día de sus cumpleaños había llegado y desde la mañana no había parado de sonar el timbre de nuestra casa, todas las veces eran paquetes dirigidos para Millie Cullen. Todos habían recordado el cumpleaños y aun cuando no estaban cerca se hacían presentes enviando un par de regalos, bueno en realidad eran bastantes.

La pequeña disfruto cada uno de los regalos que recibió. Todos llamaron para felicitarla y aun sabiendo que ella podía no reconocerlos insistieron en que dejáramos el auricular en su oído, lo divertido fue escucharla balbucear como si comprendiera de quien se tratara.

El día de mi cumpleaños Edward me sorprendió llevándome a cenar a un restaurante nuevo que habían abierto a las afueras de la ciudad, de nuevo habíamos tenido que dejar a nuestra bebita al cuidado de Wendy, podía que no fuera su niñera de manea regular, pero cada vez que salíamos sin ella era Wendy quien se encargaba de cuidarla.

Con solo llegar al restaurante me di cuenta de que iba a gastar más de lo que deseaba que gastara en una cena. El solo me empujo a través del restaurante siguiendo al maître que nos guio hasta una mesa en la terraza, donde disfrutaríamos de privacidad. La cena fue deliciosa y por primera vez me deje consentir sin protestar lo que él pareció agradecer, pero cuando pensé que ese había sido mi regalo me equivoque. Apenas llegamos a nuestra casa abrió la puerta del garaje y dentro contemple una hermosa camioneta con un enorme moño.

—Esto es demasiado. —gruñí bajando del auto.

—Solo quiero lo mejor, se que amas tu auto, pero he notado que a veces es algo pequeño. —tomo mi mano y me entrego las llaves.

—No puedo creer que no me lo hayas dicho, sabes perfectamente que yo podía comprarla.

—No vamos a discutir por algo tan simple, solo busco el bienestar de mi familia. —abrió la puerta del conductor para que entrara y cuando lo hice el rodeo la camioneta para acomodarse en el asiento junto a mí.

—No siempre puedes comprar lo que te plazca sin consultármelo.

— ¿Por qué no? —pregunto con una hermosa sonrisa, sabía que con eso lograra detener todas mis protestas.

—No me veas así.

— ¿Cómo? —se giro sonriendo de lado.

—Solo puedo hacer algo. —enarco una ceja. —Solo puedo agradecerte por la maravillosa cena y por esta linda camioneta.

Me incline hacia él, acunando su rostro para poder besarlo, sus labios se entreabrieron dándome mayor acceso, dejo escapar un gemido cuando me sintió acomodarme a horcadas sobre su regazo.

— ¿Qué haces?

—Agradeciéndote. —dije con simpleza comenzando a besar su cuello y desabotonando su camisa.

—Bella…— sus palabras sonaban como una clara advertencia pero su cuerpo decía lo contrario, sus manos acariciaron mis piernas introduciéndose debajo de mi vestido.

Me tomo unos segundos el darme el valor de ser yo quien tomara el control de la situación. Desabroche su pantalón liberando su erección que ya era bastante notoria pero que aun no alcanzaba su máxima dureza, pero sabía que pronto lo haría.

Bese la base de su cuello deslizando mis manos por su pecho haciéndolo gemir, sus manos apretaron mis muslos, cuando mis manos llegaron cerca de su miembro la respiración se le entrecorto, pero yo no lo toque ni por equivocación, fue en busca de sus manos que estaban bajo mi vestido, las tome entre las mías y las saque de su escondite llevándolas sobre su cabeza.

— ¿A qué estás jugando? —pregunto con voz ronza y la mirada reflejando el gran deseo que sentía.

—No estoy jugando. —delinee sus labios con la punta de mi lengua, mordí su labio inferior arrancando un gemido aun más alto.

Mantuve sus manos atrapadas con las mías, mis labios acariciaban su rostro hasta llegar al lóbulo de su oreja que succione suavemente antes de susurrarle cuanto lo deseaba y por la dureza que chocaba en mis muslos sabia que el también me deseaba fervientemente. Deslice mi lengua por su cuello deteniéndome para morder su clavícula y seguir besando su pecho y detenerme en sus pezones, los roce con mi lengua recibiendo un gemido ronco y un estremecimiento de su parte. Ejercí mayor fuerza sosteniendo sus manos que luchaban por soltarse de las mías y poder acariciar mi cuerpo, sabía que cuando lo hiciera él automáticamente tomaría el control.

Lo torture por un rato mas, me sentía extraña de ser yo quien controlara la situación, pero sentir a Edward intentando liberar sus manos y gemir era la sensación más placentera. Sentí un temblor sacudir el cuerpo de mi esposo, enseguida sus manos se liberaron de las mías, una fue a mi nuca obligándome a besarlo y la otra rodeo mi cintura logrando que nuestros sexos se encontraran y un gemido se escapara de nuestros labios al sentir esa pequeña corriente recorrer nuestros cuerpos.

Sus lengua entro en mi boca sin pedir permiso, era una invasión, su mano que estaba en mi nuca se hundió en mi cabello obligándome a no separarme de sus labios, mientras la que había estado en mi cintura se había introducido debajo de mi vestido para llegar a la zona más sensible de mi anatomía, un pequeño toque sobre el punto sensible basto para separarme de sus labios dejar escapar un gemido y tomar una gran bocanada de aire.

—Ahora eres mía. —susurro en voz ronca, sus dedos seguían moviéndose en el punto exacto, solo pude cerrar los ojos y echar la cabeza hacia tras permitiéndome jadear y mover mi cadera aumentando la fricción y por lo tanto disfrutando de la sensación.

Deje de respirar cuando un dedo penetro en mi interior, con su mano libre intento bajar la cremallera de mi vestido pero esta se resistía por lo que lo ayude aun cuando mis manos las sentía como gelatina. Los finos tirantes bajaron por mis brazos descubriendo mis senos que al instante se vieron capturados por los labios de mi esposo, succiono llevándome a la delgada línea que hay entre el dolor y el placer, grite sin poder evitarlo cuando su succión se hizo aun más fuerte y sus dedos abandonaron mi interior para ser sustituidos por su miembro que entro en una sola embestida.

Apoye mis manos en el tablero de la camioneta mientras me movía al mismo ritmo que Edward me estaba marcando, por primera vez no estaba siendo el hombre delicado que siempre había sido hasta el momento, las embestidas eran profundas y sus besos demandantes.

No podía parar de repetir su nombre aun cuando la respiración era completamente errática, el igualmente respiraba de manera acelerada repitiendo mi nombre y pidiendo que acomodara mi postura para una penetración aun más profunda y placentera.

Solté el tablero al que firmemente me había agarrado para dejar mis manos en su espalda y mi rostro junto al suyo, su respiración y gemidos llegaban directamente a mi oído al igual que los míos al suyo, encajé mis uñas en su espalda cuando sentí que mis paredes se cerraban presionándolo y una oleada de éxtasis envolvía mi cuerpo haciéndome gemir su nombre de manera agónica, seguida por él que exploto dentro y, dejo que su espalda chocara completamente en el respaldo del asiento.

Mi respiración se iba normalizando al igual que los latidos de mi corazón, fue en ese momento que sentí mis mejillas arder al darme cuenta de que había sido yo la que había desencadenado esta situación, una que jamás me creí capaz de llevar a cabo.

— ¿Aun sigue sin gustarte la camioneta? —deje escapar una risita ahogada.

—Creo que ya no la podremos regresar. —comencé a acomodarme el vestido ignorando el gruñido de desaprobación de mi esposo. — al menos ya vimos que es espaciosa. —dejo escapar una carcajada y yo me sorprendí de mis propias palabras.

—Ahora arreglémonos un poco, no olvides que aun esta Wendy cuidando a nuestra bebé.

—La había olvidado. — volví al asiento del conductor donde había estado inicialmente, intente acomodar mi ropa y me mire en el espejo para ver que mi labial había desaparecido y mi pelo estaba alborotado. — te das cuenta de que no podre ver la camioneta de la misma manera.

—Siempre que quieras lo podemos repetir. —golpee su brazo por sus palabras, pero era una experiencia que gustosa repetiría.

Nos tomo cerca de 15 minutos el arreglar nuestro aspecto y entrar a la casa, me mire en cada espejo que encontraba en el camino, lo que menos deseaba era que Wendy se diera cuenta de lo que habíamos estado haciendo en el garaje.

—Te vez linda. —me susurro cuando me veía en el espejo que estaba en el pasillo rumbo a las habitaciones, negué y solo recibí una palmadita en el trasero que no pude protestar ya que Wendy salió de la habitación de nuestra pequeña.

— ¿Cómo se porto? —pregunte rápidamente alisando las arruguitas de mi vestido.

—Fue una pequeña encantadora, cada día tiene más energía.

— ¿No te dio problemas? —pregunte

—Es un angelito, han hecho un buen trabajo con la pequeña.

—Mi esposa la ha educado bien. —me dio un beso en la coronilla, fui junto a Wendy y entre a la habitación para ver mi pequeñita dormir de lado abrazando su leoncito.

—No despertara hasta mañana, jugamos hasta tarde. —agradecí sonriendo, sabía que cuando ella jugaba hasta tarde se levantaba cerca de las 9 de la mañana.

Edward y yo la acompañamos hasta la puerta pagando sus honorarios y esperamos hasta que la vimos subir su auto y perderse de vista. Edward activo el sistema de alarma, mientras yo iba directamente a nuestra habitación quitando las horquillas de mi cabello para dejarlo caer libremente, escuche los pasos de mi esposo justo detrás de mí por lo que al entrar a nuestra habitación deje la puerta abierta pero apenas se cerró sentí sus manos en mi cintura obligándome a girarme, levantarme y envolver su cintura con mis piernas.

—Ed…—mi frase fue cortada por sus labios sobre los míos y deje escapar un jadeo cuando mi espalda choco con la puerta.

Ambos dejamos que el deseo que aun seguíamos sintiendo saliera a flote, ambos nos entregamos nuevamente sin importar que no fuera lo tierno y delicado que había sido siempre, al igual que en el auto nos estábamos dejando llevar por nuestros instintos mas básicos, que nos hacían disfrutar de este acto de una manera única. Finalmente después de llegar al punto cumbre aun me quede en la posición que había estado intentando recuperarme de la intensidad vivida hace unos momentos.

—Jamás dejas de sorprenderme. —susurro en mi oído tomándome de nuevo en brazos y dejándome con cuidado sobre la cama donde me ayudo a quitarme el vestido y los accesorios que aun adornaban mi cuello y muñecas.

Me metí debajo de las mantas y me acurruque contra su cuerpo al momento que él se acomodo junto a mí, tome mi posición habitual para dormir, dejar una de mis piernas entre las suyas, rodear su cintura con uno de mis brazos y dejar apoyada mi cabeza cerca de su corazón. Me quede unos minutos solo escuchando el latir de su corazón, para después levantar mi rostro e intentar capturar sus labios, agradecí cuando el inclino su rostro para facilitarme la tarea.

—Gracias por este día. —le agradecí sinceramente.

—Era un día especial amor, pero no quiero que sea el único día así, intento que todos tus días sean únicos.

—Y lo has conseguido. —dije antes de cerrar mis ojos y caer profundamente dormida.

En octubre un día que parecía ser como cualquier otro, mantenía la manita de Millie entre la mía, ya que ella seguía sin sentirse segura para caminar por ella misma sin apoyo, en su manita libre tenía un cordoncito con el que estaba arrastrando un pequeño carrito que emitía diferentes sonidos de los animalitos que estaban en su interior, este había sido un regalo de Tanya. Estábamos recorriendo la casa con el sonido del cochecito detrás y mientras yo estaba al teléfono hablando con uno de los médicos que me ayudaría en mi trabajo de investigación y que estaba feliz por estar casi completo nuestro grupo de niños en los que realizaríamos las pruebas, solo faltaban dos y estaríamos listos para comenzar.

Me detuve cuando Millie se sentó en el primer escalón de la escalera y me pidió que hiciera lo mismo, solo basto decir mamá y mirarme con sus ojitos alegres para saber qué es lo que quería, así que yo hice lo mismo y me acomode junto con ella.

Termine la llamada justo en el momento que comenzó a timbrar de nuevo, no pude contener una sonrisa al escuchar la voz de Esme que me seguía llamando "hija", era una sensación extraña después de tanto tiempo, aun no lograba acostumbrarme a que los padres de Edward me llamaran hija y aun me era un poco extraño a que las demás personas me llamaran Sra. Cullen, era como un sueño, uno del que no quería despertar jamás.
Esme estaba muy entusiasmada porque las fiestas decembrinas las pasarían en Londres.

—Aun sigo sintiéndome culpable de que por mi tengan que viajar a Londres cuando era más fácil…

—Escúchame bien hija, para nosotros no es un problema el viajar, además de que Alice y Jasper están contando los días para ir a Londres al igual que nosotros. Debes de recordar que ya eres una Cullen y nosotros nos preocupamos por el bienestar de nuestra familia, y no arriesgaríamos la tranquilidad de la que estas disfrutando después de tanto tiempo. Además nos das una excusa para viajar fuera del país y conocer más lugares.

—Eres una gran mujer Esme, me siento muy afortunada de que seas…

—No me llames suegra. —apreté los labios sin saber que decir, el silencio se prolongo unos segundos, pero se vio roto por la angelical risa de la mujer. — No quiero que me veas como tu suegra cariño, para muchos la suegra es algo de temer y yo quiero que me veas como tu amiga o como una segunda madre.

—Gracias por ser tan buena conmigo, por aceptarme.

—Yo no tengo la manera de pagarte todo lo que has hecho. Has hecho muy feliz a Edward lo sé por el tono de su voz cada vez que hablamos y que decir la pequeñita que te ama como lo que eres, porque tú eres su mamá. —sonreí viendo a mi pequeñita que intentaba sacar los animalitos que estaban dentro del carrito. — ¿Y cómo esta mi hermosa nieta?

—Tan linda como siempre, con mucha energía.

—No sorprende que los tenga agotados a ambos, recuerdo que Edward era un niño muy inquieto pero Alice sí que era una niña hiperactiva que nos mantenía ocupados todo el día.

—Ahora se a quien se parece, en definitiva los genes Cullen son los que predominan en mi pequeñita. —levante el rostro al escuchar la puerta de la entrada abrirse y por ella apareció la perfecta figura de mi esposo, dejo su gabardina en el perchero y su portafolio en el suelo para después mirarnos con una enorme sonrisa. Le indique que hablaba con su mamá y el asintió.

Ambos nos quedamos quietos al ver que Millie se ponía de pie apoyándose en mi rodilla y, lentamente comenzó a caminar para intentar llegar junto a Edward que se coloco en cuclillas y extendió sus brazos para recibirla.

—Papá. —le dijo cuando estaba cerca, tropezó pero se vio atrapada en los brazos de su papá que la levanto en brazos lanzándola sobre su cabeza. Me olvide de que estaba Esme en la línea hasta que comencé a escuchar su voz un llamando un tanto preocupada.

—¿Bella, que es lo sucede? —antes de poder contestar deje escapar un chillido de emoción. — ¿Hija, está todo bien?

—Sí, perfectamente bien. —Edward me quito el teléfono y fue quien dio la noticia de los primeros pasos de nuestra pequeña.

Estaba feliz por el nuevo logro de nuestra pequeñita, aunque había tardado un poco en caminar al final lo había logrado y todo por querer abrazar a su papá, podía que yo hubiera obtenido su primera palabra pero él había obtenido ser dueño de sus primeros pasos, así que ahora estábamos a mano.

Diciembre llego y fue momento de las primeras nevadas, la casa contaba con calefacción lo que la hacía muy acogedora, además de que tenía chimeneas en cada una de las habitaciones, pero evitábamos utilizarlas por la pequeña curiosa que teníamos en nuestra casa.

Había sido divertido ir a elegir nuestro árbol de navidad, un pino natural que inundo toda la casa con una maravillosa aroma, entre los tres lo decoramos, Millie colocaba las esferas en una sola rama y nosotros las acomodábamos en el resto de árbol donde deberían de ir. El que hubiera aprendido a caminar, nos mantenía vigilándola más de cerca ya que queríamos prevenir futuros accidentes.

Una semana antes de navidad llegaron todos, no solo eran los Cullen y mi madre con Phil, también estarían Emmett, Jake con Leah, Sam y Emily y por supuesto Carmen, Eleazar e Irina. Como nuestra casa solo contaba con 4 habitaciones y dos de ellas ya estaban ocupadas solo se quedarían mi madre y Phil junto con Esme y Carlisle, los demás estarían en las casa de los Hale.

Todos estaban fascinados con la pequeña que corría de un lado al otro hablando aun con un poco de dificultad pero que disfrutaba de recibir aun más atención de la acostumbrada, ayudaba a Alice a cuidar a Joshua que ya estaba en los 11 meses y era un niño encantador, al principio no había querido compartir sus juguetes pero Edward había hablado con ella haciéndola que finalmente jugara con su primito que parecía encantado de tenerla cerca ya que no hacía otra cosa más que seguirla, mientras Millie ya caminaba el pequeño Joshua gateaba detrás de ella.

Emmett y Rosalie ya mantenían una relación formal, era tan formal que mi amigo había logrado lo que ni Jasper y los padres de Rose habían hecho, la había convencido para que tramitara su cambio y dejara Italia para volver a Los Ángeles, para al fin estar más cerca y no tener que viajar como lo habían hecho durante estos meses. Por su parte Sam estaba por casarse con Emily en un par de meses y Jake se acababa de comprometer con Leah, me sentía muy feliz de ver que no solo la vida me estaba sonriendo a mí, sino que también mis amigos al fin habían encontrado la felicidad.

Algo divertido de ver y que junto con Edward grabamos fue a nuestra pequeña envuelta en el montón de regalos que había para ella debajo del árbol, se había sentado rodeada de ellos abriéndolos con una gran emoción, mientras que Alice disfrutaba de ayudar a su pequeño a abrirlos, me gustaba la familia que formábamos, era lo que siempre había querido.
Emmett había intentando ayudarle a Millie pero ella lo había fruncido el ceño, golpeando su mano y diciendo "mío".

—Esta ranita es agresiva, yo solo quería ayudarla. —tomo uno de los regalos que estaba detrás de ella y comenzó a desenvolverlo.

— ¡Mami! —extendió sus bracitos dejando que su labio inferior sobresaliera temblando ligeramente.

—Ocúpate de tus propios regalos. —Rose golpeo al grandulón en la cabeza logrando que el semblante de mi bebita cambiara, sus manitas tomaron sus piecitos y comenzó a reír. —mira le gusta.

— ¡Oye! —se quejo Emmett al sentir un nuevo golpe por parte de su rubia novia y la risa de la pequeña.

—Creo que hay alguien que mantiene controlado a Emmett. —me susurro Edward dándome un beso.

—Enfoca esa cámara Cullen. —protesto Emmett, ambos sonreímos al ver que la cámara que Edward había estado sosteniendo estaba ya enfocando el piso y no a nuestra pequeñita como era en un principio.

Los regalos que la pequeñita recibió eran más de los que esperábamos, y ella estaba más que fascinada, tanto Esme como mi madre no paraban de consentirla y jugar con ella.
Me senté junto a Alice que parecía estar peleándose por uno de los juguetes de su hijo. —Creo que le pertenece a él.

—Lo sé, pero es genial. —movió uno de los cochecitos que con el girar de la rueditas hacía saltar un par de personajes, el pequeño Joshua hizo un gesto por querer tomarlo pero su madre estaba tan entusiasmada que no lo noto.

Alice hizo lo mismo con varios juguetes irritando un poco al pequeño, yo solo rodaba los ojos y le quitaba los juguetes a Alice para dárselos a Joshua que sonreía. Un cuerpecito choco con mi espalda y unos bracitos envolvieron mi cuello. La acomode en mi regazo permitiéndole que me abrazara.

—Alguien se puso celosa. —se burlo Alice al ver que mi pequeña reclama toda mi atención impidiéndome ayudar a Joshua a recuperar sus juguetes.

—Millie porque no dejas que tu mami juegue con Joshua. —pregunto Alice consiguiendo se apretara sus bracitos en mi cuello, pegara su mejilla con la mía, frunciera el ceño sin dejar de mirarla.

—Mi mami.

—Toda tuya corazón, me traes una galleta de las que prepara tu abuelita Esme. —acepto dándome un beso y salir corriendo rumbo a la cocina.

Edward no paraba de quejarse acerca de que a Millie no le importaba compartirlo a él, pero que no podía compartirme a mí, porque si notaba que alguien le robaba mi atención de inmediato se molestaba.

—Acostúmbrate hijo, siempre quieran más a su mamá. —escuche a Carlisle decirle a mi esposo.

—Millie adora a su mamá. —lo dijo sin dejar de mirarme y sabiendo que lo había escuchado

Los días que todos estuvieron en la ciudad fueron maravillosos, no parábamos de reír por las ocurrencias de los chicos, Emmett junto con Jake, Sam, Jasper y Edward se habían convertido en niños, por las mañanas los habíamos encontrado envueltos en guerras de nieve, jugando videojuegos y lo más divertido había sido verlos interactuar con Millie y Joshua.
Emmett había hecho de caballito de Millie que por sugerencia de Rose lo alimentaba con zanahorias, a pesar de que a él no le gustaba las zanahorias se las comía para no hacer llorar a Millie.

—Dime que no es divertido. —se burlo Rose riendo sin dejar de ver a Emmett comiendo las zanahorias.

—Te estás aprovechando. —ella se encogió de hombros.

—Dale mas zanahorias cariño, tu caballito aun tiene hambre. —revolvió el cabello de Emmett y sonrió al ver que Millie le metía las zanahorias a la boa aun cuando Emmett se estaba resistiendo. La deje un momento más hasta que me apiade de mi amigo.

—Vamos a darnos un baño amor, deja que el tío Emmett coma algo más con azúcar. —la tome en brazos aun cuando ella se resistió, pero basto llegar a la tina para que se olvidara de Emmett y disfrutara de la hora del baño.

El resto del tiempo hablamos de todo lo que habíamos hecho durante este año, Alice y Jasper nos divirtieron con las anécdotas de todo lo que habían tenido que vivir con Joshua, la emoción de escuchar su primera palabra y verlo jugar, y yo no pude evitar recordar cuando Millie comenzó a comer por sí misma, terminaba con la comida esparcida en su mesita y en ella. La vez que comió espagueti termino con una gran parte en su cabello o cuando fue crema de zanahoria y una parte termino en el rostro y ropa de Edward que aunque no le hizo gracia no se molesto.

Jasper nos hablo de la cantidad de veces que Alice cambiaba al pequeño, decía que lo había adoptado como su nuevo mini maniquí, todo gracias a que había comenzado a trabajar en una colección para niños, sin descuidar su colección habitual, la cual tenía programada lanzar el próximo año en conjunto con Rose, entre ambas estaban planeando abrir una casa de moda, que haría la competencia a las ya existentes, algo que sabia cumplirían, ambas eran buenas en su trabajo y sabia que lograrían lo que se propusieran.

La visita de nuestra familia había sido lo mejor, sin duda el pasar tiempo con los seres que queríamos era maravilloso, solo me dolía no poder viajar y poder ser nosotros los que los sorprendiéramos, también me era un poco difícil el solo verlos una o dos veces al año, se me hacia injusto con Edward, pero él no paraba de repetir que no arriesgaría la estabilidad que habíamos obtenido, que al menos podíamos hablar con ellos a menudo.

El tiempo pasaba con rapidez estábamos ya en veranos a solo un par de meses de que Millie cumpliera tres añitos. La felicidad y tranquilidad aun estaba en nuestras vidas.

Yo estaba completamente feliz de que ya se iba a publicar mi quinta investigación, la primera que había comenzado cuando nos habíamos conocido había sido un éxito y ya varios médicos estaban tratando de complementarla, dejando que el síndrome de Angelman ya no fuera algo desconocido si no un síndrome más conocido y dando una mayor esperanza a los padres con niños que poseen este problema.

Aunque me estaba yendo de maravilla en las investigaciones, no podía negar que extrañaba estar en un hospital ayudando a los pequeños, quería regresar a mi trabajo como pediatra interactuar con los niños, pero eso sería tirar toda la tranquilidad que habíamos obtenido, había dejado de utilizar el Isabella Swan, para solo utilizar el Marie Cullen, ahora es cuando agradezco tener dos nombres.

Edward por su parte seguía trabajando el mismo hospital, pero ahora era jefe del área de oncología además de jefe de residentes, su sueño se había cumplido, por esa parte yo me sentía bien, el saber que yo no había arruinado sus sueños que al contrario juntos habíamos conseguido lo que buscábamos me hacía sentir menos culpable. Podía que mi nombre solo se escuchara con los artículos que publicaba, pero eso era suficiente.

Sabía que Demetri me seguía buscando por el país, lo sabía por Sam que se había enterado que había contratado a un grupo de investigadores que no eran tan buenos, pero era lo único que había conseguido, ya que Sam había puestos a las mejores agencias al tanto de la situación para evitar que lo ayudaran y así lo hacían hecho, es por eso que Demetri se había conformado con una agencia sin experiencia que solo se estaba tratando de rastrearme con el lugar de procedencia de mis artículos, pero jamás darían conmigo debido a que nosotros íbamos un paso adelante. Edward había tenido la idea de mandarlos a Carlisle que a su vez los enviaba a un amigo en diferente ciudad y ellos lo imprimían y lo enviaban por paquetería a su destino, aunque rastrearan el lugar de donde provenía el paquete, jamás me encontraría o eso es lo que esperaba.

EVOP

Mantenía los ojos cerrados aunque sabía que ya estaba por amanecer, escuche la puerta abrirse y ser cerrada con cuidado, después un banquito recorrerse y como la colcha se jalaba hacia abajo, seguida de un pequeño movimiento que se detuvo cuando estuvo a mi lado, un dedito intento abrir uno de mis parpados.

—No hagas eso cariño. —proteste apartando su manita de mi rostro y abrí los ojos encontrándome con mi hermosa hija, que tenía el cabello revuelto y sostenía su leoncito en uno de sus brazos.

—Papi, vamos al paque. —estire mi mano para ver la hora que marcaba el reloj y no pude evitar gruñir al ver que apenas serian las 6.

—Cielo apenas son las 6.

—Tu pometiste que me llevadias al paque. —un hermoso pucherito se formo en su rostro.

—Buenos días princesa. —la voz adormilada de Bella nos interrumpió, se removió quitando mi brazo que rodeaba su cintura y capturo a la pequeña que seguía con un puchero en su rostro.

—Papi no me quiede lleva al paque.

—Si te llevaremos, pero más tarde, aun es muy temprano.

— ¿Peo si vamos a id?

—Claro que si, mas tarde me vas a ayudar a preparar los sándwiches. —ella aplaudió emocionada

—Te quiedo mami. —la envolvió en sus brazos.

— ¿Y yo qué? —proteste.

—También te quiedo papi, te quiedo mucho. —me abrazo llenándome el rostro de besos.

—Que dices si ves una película mientras papi duerme otro rato. No queremos que este gruñendo todo el día por la falta de sueño.—ella asintió saltando en la cama hasta que Bella se levanto y la tomo en sus brazos para llevarla a su habitación, me cubrí el rostro con la almohada y sonreí al escuchar la puerta cerrarse y un cuerpo acomodarse sobre el mío debajo de las mantas.

—Buenos días Eddie. —hice un mohín al escuchar cómo me había llamado, pero ella solo sonrió. La atrape su cuerpo entre el mío y el colchón.

—No me gusta que me llames Eddie. —gruñí mordiendo su cuello con suavidad.

—Me vas a dejar marca, no hagas eso—no pude evitar reír al recordar que ya lo había hecho una vez y ese detallito no había pasado desapercibido por nuestra pequeñita que pregunto que era, y yo había contestado que había sido un vampiro y la muy bribona se lo había contado a sus abuelos y tíos que sabían de que se trataba y no habían dejado de molestarla por un largo tiempo. —No es gracioso.

—Para mí si lo fue.

A las once salimos de casa con una cesta de emparedados que habían preparado entre Bella y Millie. Nos acomodamos bajo la sombra de uno de los arboles que había en el parque, extendí el mantel a cuadros que Millie había elegido y con Bella acomodamos las cosas para después jugar con ella.

Me quede un rato sentado viéndolas correr, Bella perseguía a Millie que no dejaba de reír y cuando Bella la capturaba soltaba una hermosa carcajada que era acompañada con la risa de mi esposa.

Me uní a ellas siendo yo quien tenía que capturarlas, primero intentaba atrapar a mi esposa que cuando se encontraba en mis brazos le decía a Millie que corriera y ella se escondía detrás del árbol que estaban nuestras cosas. Jugamos durante cerca de dos horas hasta que la pequeña cayó rendida y pidió algo de comer.

Se sentó sobre el mantel de cuadros con las piernitas cruzadas mordiendo su sándwich y bebiendo del jugo de manzana que le gustaba, Bella acomodo un mechón de cabello que se había escapado de la trenza en la que tenía sujeto su cabello.

—Mami no quiedo jitomate. —lo saco de su emparedado y me lo dio a mí, lo recibí sin protestar pero Bella no lo vio muy bien.

—Quedamos en que te comerías todo, además tú los preparaste.

—Peo ya no quiedo. —enarco una ceja, basto una mirada dulce de nuestra pequeña que parpadeo un par de veces para convencerla.

—Pero te comerás todo lo demás o no hay postre. —ella asintió dándole un nueva mordida a su sándwich.

Después de la comida la pequeña acomodo su cabecita en las piernas de su mami para tomar una siesta. Me acomode contra el trono del árbol mientras que Bella adopto una posición más cómoda sin dejar de acariciar el rostro de nuestra pequeña que cada día seguía creciendo y volviéndose una niña preciosa.

Bastaron solo veinte minutos de sueño para que la pequeña recuperar energía, fui yo el encargado de divertirla mientras que Bella se acomodaba en la manta para leer un libro, jugábamos con una pelota cuando de la nada apareció un lindo cachorrito que se acerco a mi hija que quedo fascinada con él, comenzó a jugar con él y el perrito estaba encantado jugando con ella, era tanta su diversión con el animalito que se olvido de mi.

Estaba al pendiente de que el animalito no la lastimara y de ver cuando el dueño se acercara pero el perrito solo jugaba y no había nadie que pareciera ser el dueño del animalito. Bella nos llamo cerca de las seis para decirnos que era hora de marcharnos, me acerque a ella para ayudarla a recoger todo y después ir por mi hija que seguía jugando con el perrito, hizo pucheros cuando le dije que no lo podíamos llevar con nosotros.

—Yo lo quiedo papi.

—Lo siento dulzura pero ese perrito debe de tener dueño.

—Esta sholito y viene detas de nosotos. —señalo al animalito que nos iba siguiendo.

—Lo siento corazón, pero no. —fueron las últimas palabras de Bella que le provocaron el llanto, intente tranquilizarla pero seguía llorando, solo sentía su cuerpecito estremecerse por el llanto.

Mire al perrito que miraba hacia arriba como si estuviera buscando a mi hija, era apenas un cachorrito y estaba un poco sucio por lo que parecía se había perdido, además de que no tenía una identificación para poder buscar al dueño.

—Edward…—me gire para ver a mi esposa que me miraba enarcando una ceja, parecía que se había dado cuenta de lo que estaba pensando. —Ni lo pienses.

—Cariño podemos llevarlo con nosotros…

— ¿Podemos papi? —mi hija limpio sus ojitos con sus puños y sonrió al escuchar mis palabras.

—No podemos. —corto Bella molesta, mire a mi esposa por unos segundo y después la mirada ilusionada de mi pequeña.

—No lo llevaremos amor. —bese la mejilla de mi hija que me envolvió en sus bracitos mientras gritaba de alegría.

—Te idas a casa comigo. —Bella bufo dando media vuelta y caminando hacia la camioneta metió las cosas en el portaequipaje y se acomodo en el asiento del copiloto sin mirarme, yo acomode a Millie en su sillita y al animalito en el piso pero él se acomodo en el sillón.

Mi hija no paraba de hablar con el animalito, por otra parte Bella iba molesta y mirando por la ventana, apoye mi mano en su rodilla que ella quito de un manotazo, el trayecto fue corto pero me sentía incomodo de saber que estaba molesta pero al ver a mi hija no me importaba. Entramos al garaje de la casa y cuando apague el motor, Bella dejo escapar un suspiro.

—Ese animalito no entrara en casa estando así de sucio, no hay espacio para tenerlo dentro, así que espero busquen donde dejarlo.

—Mami. —sonreí al escuchar a mi hija que parecía saber el efecto que tenia sobre su mamá.

—No me convencerás pequeña, tu papá se puede hacer cargo de ese cachorrito mientras te doy un baño. — intento sacarla de la silla pero la pequeña se resistió. — Millie…— Bella entrecerró los ojos dejando sus manos en su cadera, pero por primera vez esa postura no tuvo efecto.

—No quiedo id contigo. —se cruzo de brazos, dejándome sorprendido.

—Cariño…

—Edes mala mami, no quiedes al cachodito.

— ¡Perfecto! — gruño molesta sacando las cosas del portaequipaje y subiendo las escaleras hacia la casa.

Las cosas se habían complicado más de lo que esperaba, el que Millie le hubiera dicho mala sabia que la había lastimado, pero antes de hablar con ella tenía que encargarme del animalito que estaba junto a mi hija.

Entre los dos lo bañamos, era lo bueno de tener el área de lavado junto al garaje. Tanto mi hija como yo terminamos empapados por las sacudidas constantes del animalito, subí por el secador de cabello de Bella agradeciendo que estuviera bañándose. Fue complicado lograr que el perrito permitiera que lo secáramos pero finalmente lo habíamos logrado. Antes de subir hable con mi hija rogando por que le pidiera una disculpa a su mami, que le dijera que la quería y que no era verdad eso de que era mala, ella acepto cuando le dije que estaría triste.

Los tres entramos a casa donde encontramos a Bella preparando la cena. Apago el fuego mirándonos de manera evaluadora e ignorando al perrito.

—Vamos a darte un baño princesa. —le sonrió, pero note que sus ojos estaban algo opacos y sabía que era por las palabas de la pequeña.

—Te quiedo mami. —ella la abrazo llevándola al piso superior ignorando al animalito que iba detrás, en lo que ella bañaba a Millie yo también me di una ducha.

Acomode la mesa, cuando bajo con Millie en brazos se sorprendió de ver la mesa lista, pero no dijo nada, centro su atención en Millie ignorándome a mí y el pequeño que pedía lago de comida, me las ingenie para darle algo de comer ante la mirada reprobatoria de mi esposa.

Bella se hizo cargo de dormir a nuestra pequeña que rogo porque dejáramos que su nuevo compañero durmiera con ella. Me acomode en la cama leyendo un libro mientras la esperaba y cuando entro fue directamente el baño y cerró la puerta más fuerte de lo habitual, "estaba muy molesta", espere paciente hasta que salió y la envolví en mis brazos sin darle oportunidad de huir.

— ¿Por qué estas tan molesta?

—Había dicho que no y tú dices que sí, me restas autoridad. —solté una risita que la molesto aun mas. — ¿Te parece gracioso?

—Bella yo no quería restarte autoridad, es solo que no pude negarle eso a Millie.

—No puedes darle todo lo que ella pida, no quiero que se convierta en una de esas niñas mimadas que tienen todo lo que piden. Además ese cachorro debe de tener un dueño.

—Se que debe de tener un dueño y por eso lo buscaremos.

— ¿Cómo planeas hacerlo? —sonrió de lado cruzándose de brazos.

—Sacare una foto y hare volantes que pegare en el parque.

—¿Y que hay de Millie?, ella se encariñara con el perrito, crees que a ella le gustara la idea de entregárselo a su dueño. —intente abrazarla de nuevo pero ella retrocedió.

—Ya vere…

—Nada de ya veremos, tienes que pensar que ella no querrá separarse del perrito, es por eso que no debías de traerlo a casa, entiende que no puedes darle lo que ella quiera.

—Pero ella puede tener todo lo que quiera. —respondí sabiendo que podía comprarle todo lo que ella deseara, además era mi bebita.

—Pero no queremos que se convierta en una niña mimada, hoy fue un perro dime que harás si mañana te pide un unicornio. —levanto los brazos con desesperación, yo solo sonreí al recordar que los unicornios eran uno de sus animales favoritos como cualquier niña.

—Le comprare un poni blanco y ya me las ingeniare para el cuerno.

—No se puede hablar contigo. — se metió entre las mantas dándome la espalda, suspire acomodándome junto a ella, se resistió pero al final termino en mis brazos.

—Era un broma cielo, hablare mañana con ella del perrito y te prometo que no lo volveré a hacer, pero no quiero que estés molesta.

—Entiendo que lo hago por su bien, amo a mi pequeña.

—Y nosotros a ti. —suspiro de manera pesada rindiéndose en mis brazos, se giro permitiéndome que la besara. —Creo que se la manera correcta de pedirte perdón, espero que no te importe que sea toda la noche.

—Nunca me opondría. —sus piernas rodearon mi cintura y sus brazos mi cuello, era inminente lo que iba a pasar, era algo que ambos deseábamos.

BVOP

Noviembre había llegado y con el las primeras nevadas. Estaba en la cocina vigilando las galletas que habíamos preparado con Millie y terminando de preparar el chocolate que sabia tanto Edward como mi hija agradecerían. Junto a mi estaba Tobby, ese era el nombre que Millie le había dado a su perrito, después de una semana Edward había logrado encontrar al dueño, que al ver lo encariñada que estaba mi hija con el pequeño schnauzer decidió dejarlo con mi hija si nosotros queríamos y como no pudimos negárselo ahora era miembro de la familia, pero claro que Edward y yo insistimos en pagarle el valor del perrito para que el chico pudiera comprarse otro.

—Sera bueno ver si ya terminaron de hacer su muñeco de nieve. —le dije a tobby que ladro alegremente.

Apague el fuego y fui a la puerta para ver cómo iban con la creación. Justo al inicio de las escaleras estaba un hermoso muñeco de nieve ya finalizado, me abrace a mi misma saliendo al frio apenas cubierta con un delgado suéter, no pude contener una risita al ver a Tobby sacar la trompita y al sentir el frio regresar al interior de la casa.

Me mantuve en el frio hasta que los vi en el parque corriendo, riendo y lanzándose bolas de nieve. Millie fue la primera en verme y saludarme con un movimientos de mano que yo imite, me recargue en el marco de la puerta contemplando a mi hermosa hija de ya tres años: era la niña más hermosa que hubiera visto, su cabello cobrizo que le llegaba debajo de los hombros enmarcaba su hermoso rostro, sus ojos azules reflejaban una profunda dulzura, sus facciones seguían siendo igual a las de Edward, era una niña perfecta y que amaba con todo mi ser.

Tomo la mano de Edward y lo guio de regreso a casa. Entre dejando la puerta abierta, aliste un par de tazas de chocolate que les entregue apenas estuvieron dentro de casa.

—Glacias mami. —me acomode en cuclillas delante de mi pequeñita, le di un beso en la frente quitando su gorrito y, desabrochando su chamarrita mientras ella bebía un poco de chocolate.

—Me siento desplazado. —rodee los ojos incorporándome para rozar sus labios y ayudarlo a quitarse la bufanda y la chamarra que estaba húmeda por la pequeña batalla de bolas de nieve.

— ¿Ya están las galletas?

—Les falta un par de minutos. —sonrió tocándose la barriguita.

—Te gustadan papi, las hicimos mami y yo.

—Apuesto que estarán deliciosas. — contesto dándole un sorbo grande al chocolate, logrando quemarse la lengua, lo que nos hizo reír a ambas.

—El chocolate ta cadiente papi. —entrecerro los ojos mirando a mi hija que se estaba burlando, ella se oculto detrás de mis piernas, sin soltar su tacita de tigger que tanto amaba. —mami, papi me está viendo feo.

—Edward… — inmediatamente lo amenace mirándolo con los ojos entrecerrados, mis manos en mi cadera y mi pie izquierdo golpeando el suelo. No pude evitar reír al recordar que era la postura que Millie adoptaba cuando yo hacia algo que no le parecía, me imitaba a la perfección.

—Tas en ploblemas papi. —evite de reír al escuchar a nuestra pequeña amenazarlo.

—No lo estaría si tú no me hubieras acusado con tu mami. —se inclino para quedar a su altura pero ella solo se llevo su tacita de nuevo a sus labios.

—Bueno Sr. Cullen, creo que será mejor que vaya a darse una ducha, de lo contrario no probaras nuestras deliciosas galletas.

—Me castigarían sin poder probarlas, huelen deliciosas. —asentí escuchando el sonido de una campañilla hizo gritar a Millie ya que nos indicaba que las galletas ya estaban listas, tomo mi mano y me arrastro a la cocina para sacarlas del horno.

EVOP

Iba a seguirlas pero el timbre sonó y decidí ir a abrir mientras ellas se hacían cargo de las galletas, cuando abrí me quede sin habla.

— ¿Qué haces aquí? —la mire de arriba abajo sin poder creer que estuviera ahí.

— ¡las galletas están listas! —mi hija llego junto a mí, de inmediato vi a mi pequeña y a la mujer delante de mí.

—¡Mi bebé! — se inclino para abrazarla, pero yo se lo impedí. Empujando suavemente a Millie hacia atrás. — suéltame Edward, solo quiero abrazarla.

— ¡Mami! — con ese grito vi a Bella aparecer y tomar a Millie en sus brazos sin dejar de mirar a la mujer que sostenía para que no entrara en nuestra casa, su mirada reflejaba la sorpresa e inconscientemente apretaba a nuestra pequeña contra su cuerpo, ocultando su rostro en su cuello.

Las cosas se acababan de complicar. Victoria había regresado.

...

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