Mi sol entre millones de estrellas: Capítulo 22



 Ahora somos uno


Abrí los ojos lentamente recordando lo vivido la noche anterior, no pude evitar sentir una corriente recorrer mi cuerpo, levante mi mano izquierda para ver que no era un sueño, verdaderamente ya estaba casada con Edward, el brillo de la alianza y el anillo de compromiso eran hipnotizantes.


Levante suavemente mi rostro y deje un beso en el cuello de mi ahora esposo, solo se removió un poco pero no despertó; suavemente quite la mano que rodeaba mi cintura, fui al baño y arregle un poco mi aspecto para volver y acordarme junto a él. Con la cabeza en la almohada podía observar su hermoso perfil, el era tan perfecto mientras que yo una simple mortal.

—No voy a ir a ningún lado. — Murmuro en voz adormilada pero con una sonrisa en los labios, se giro quedando sobre mí, me estire para alcanzar sus labios y perderme en su suave movimiento.

Su cuerpo presiono el mío sin dejar su peso completo sobre mí, el calor de nuestros cuerpos comenzó a aumentar y, se reflejaba en la intensidad del beso que cada segundo se volvía mas demandante, evocaba los recuerdos de la noche anterior. Apenas habíamos dormido, me había despertado con sus suaves caricias tocando los puntos sensibles de mi piel.

Me entregue de nuevo a sus ávidas manos, y yo al igual que él me permití explorar su perfecta anatomía. Lo que comenzó de manera suave se convirtió en un juego de resistencia, en el que pretendíamos que el otro fuera el que tocara la cima primero, pero ambos nos resistíamos. La habitación se vio nuevamente envueltas entre nuestros jadeos y palabras que demostraban el deseo y amor que nos estábamos profesando, finalmente me rendí y me permití disfrutar de las caricias intimas con sus movimientos rítmicos de cadera que eran seguidos por los míos, apreté la almohada bajo mi cabeza al momento de que mi cuerpo se vio irrumpido por una fuerte sacudida de placer, segundo y un par de embestidas después el alcanzo el mismo punto en que el que yo aun me encontraba.

— Buenos días, amor. — murmuro contra mi cuello de manera entrecortada.

—Buenos días. —repetí acariciando su espalda. —El mejor despertar.

—El mejor, pero prometo que abra mejores.

Nos quedamos un poco más en la cama y después nos dimos una ducha juntos lo que aun me avergonzaba un poco. Fue poco después del medio día que salimos del hotel, dimos un paseo corto por la ciudad y finalmente cerca de las 3 llegamos a la villa donde aun estaban todos los invitados disfrutando de un agradable día en la playa.

Lo primero que hice en cuanto mis pies estuvieron sobre la arena, fue ubicar a mi pequeño angelito y en cuento la vi fui hasta ella que estaba junto a Alice que la tenia junto a Joshua, ambos recostados sobre una toalla bajo la sombra de una sombrilla de colores. Sus bracitos y sus piernitas se movieron con rapidez cuando me vio estar junto a ella.

—Como te extrañe cosita. — la levante en brazos ganándome una risita.

—Parece que la dejaste de ver por una semana, y si no te has dado cuenta solo fueron unas horas. —se burlo Alice que mostraba una amplia sonrisa al verme interactuar con Millie.

—Ya quiero verte alejarte de Joshua y no extrañarlo. —contraataco Edward quitándome a Millie y levantarla sobre su cabeza moviéndola hasta que ella comenzó a reír de una manera que pocas veces la había escuchado.

Me apoye detrás de Edward mirando a mi bebita sobre su hombro, el ver su rostro con una hermosa sonrisa y el brillo divertido en sus ojos, me hacían sonreír. Apenas me vio estiro sus bracitos hacia mí y cuando Edward se lo negó, su labio inferior comenzó a temblar y comenzó a llorar.

—Ve con mamá. —me la entrego sollozando y evite mirar a Alice que dejo escapar un chillido al escuchar las palabras de su hermano. — Creo que me siento celoso, ahora sé que Millie te prefiere a ti en lugar de a mí.

—También te quiere, pero creo que ahora yo soy su favorita—le dije con superioridad, haciéndole gestos a mi bebita.

Con ella en brazos fui a saludar al resto de la familia que se sorprendieron de vernos de vuelta en la isla tan temprano y no en la tarde como ellos nos esperaban. El cielo estaba despejado y los rayos del sol calentaban nuestra piel. Me coloque un bikini que para mi gusto dejaba mucha piel a la vista, pero nadie pareció notarlo y agradecí que nadie hiciera algún comentario ya que era algo incomodo mas cuando estaba junto algunas de mis amigas que tenían muy buen cuerpo.

Me senté en la arena con Millie entre mis piernas, dejando que su espaldita se apoyara en mi vientre mientras le colocaba bloqueador para evitar que su piel sufriera algún daño. Se veía realmente hermosa en el bañador que estaba segura Alice le había comprado. Unos labios acariciaron mi hombro desnudo y después apoyo su barbilla.

—Te ves linda en tu papel de mamá.

—Gracias por darme esta oportunidad. —me gire para besar sus labios y pedirle que me pusiera un poco de bronceador en la espalda, lo cual fue un error ya que el sentir sus manos en mi piel despertaron zonas de mi cuerpo que me hicieron enrojecer.

Disfrutamos de la tarde en familia, era agradable el sentirme feliz y libre, había llegado el momento de retomar mi vida sin sentir el miedo que siempre había sentido, ahora ya no estaba sola.

Millie tomo su siesta después de la comida, me acomode con ella bajo la sombra de una de las sombrillas. Edward estaba junto con los demás chicos envuelto en una clase de juego, que a mi parecer era algo agresivo.

—Que se siente ser la Señora Cullen. —pregunto Rose acomodándose junto a mí, a los pocos segundo Tanya se nos unió.

—Y que tal la noche de bodas. —cubrí mi rostro con mis manos, no podía creer que me estuvieran preguntando por algo tan intimo.

—Creo que eso es una respuesta. —se burlo la rubia.

—No puedo creer que me estén preguntando sobre eso. —ambas solo sonrieron pero en sus rostros no había rastros de vergüenza.

—No lo dirás o dejaras que nuestra imaginación vuele. — la mirada de Tanya dejaba claro que su imaginación estaba volando mas lejos de la realidad.

—Déjenla tranquila. —agradecí la intervención de mi nueva cuñada que se nos unió dejando a su bebé junto a su prima. — No es necesario que pregunten, es suficiente con que vean su cara de extrema satisfacción.

—Alice tiene razón, aunque no lo digas tu mirada nos dice "Mi esposo me satisface completamente" —le lance una mirada asesina a Rose que se echo a reír junto al otro par, no entendía cómo es que podían hablar de eso como si nada.

Estuvieron juntos a mí haciendo otro par de preguntas más íntimas que no respondí, pero para ellas solo bastaba una sonrisa o una mirada para obtener una respuesta.

Cuando mi pequeñita despertó estaba algo irritable por el calor al que no estaba acostumbrada, intente tranquilizarla pero nada parecía reconfortarla así que entre con ella a la piscina dejando que el agua cálida cubriera nuestros cuerpos y nos refrescara.

La mantuve dentro del agua riendo al ver como movía sus extremidades. Unas gotas de agua nos salpicaron a ambas y al instante una figura emergió a la superficie sorprendiéndome y logrando que la pequeña gritara de emoción al ver que se trataba de su papá.

—Siento romper el pequeño momento que compartían, pero yo también quería ser parte de esto. —la tomo de mis brazos y comenzó a jugar con ella en el agua, ambos no podíamos parar de reír al ver sus movimientos que solo lograban salpicarnos a nosotros, pero ella estaba completamente feliz.

Cerca de las 5 salimos de la piscina para despedirnos de la mayoría de nuestros invitados que debían de tomar un vuelo y otros pasarían un par de días mas pero en Atenas, dándonos privacidad y dejándonos solo a la familia.

En el pequeño barco vi partir a Jake y Sam ambos con sus respectivas novias, al igual que Tanya y algunos de los primos de Edward.

La hora de la cena fue en el jardín disfrutando de la agradable brisa, Emmett no paraba de hacer bromas que nos mantenían a todos riendo, le lance un par de miradas a Rosalie que parecía bastante cómoda con que Emmett mantuviera su brazo en el respalde su silla, había momentos en los que se susurraban cosas al oído y una sonrisa tonta aparecía en los labios de ambos.

Mi pequeña paso de estar en mis brazos para ir a los de sus abuelos y finalmente termino en los brazos de Emmett que la sostuvo dejando que dejara sus piecitos en el suelo y se impulsara, pero ella parecía encantada y Emmett no paraba de decir "brinca ranita brinca"

—Por milésima vez, no le digas ranita. —le dije inclinándome hacia él para que no todos en la mesa me escucharan pero a él no le importo y continuo con su nueva canción.

A la hora de dormir que descubrimos que nuestra pequeña nuevamente no dormiría con nosotros si no con sus abuelos. Esme decía que solo quería darnos un poco de privacidad aunque fuera unos días, el hecho que fuera mi suegra la que me dijera aquello me hizo sentir avergonzada y no pude hacer otra cosa más que desearles buenas noches.

Apenas la puerta de nuestra habitación estuvo cerrada, las manos de Edward me aprisionaron contra su cuerpo, la luz de la luna era la única luz que iluminaba la habitación. Nuestra ropa fue abandonando nuestros cuerpos e intentamos que nuestros jadeos fueran ahogados por nuestros labios. No me cansaría de repetir que el estar en los brazos de Edward era una experiencia que podía repetir una y otra vez, las sensaciones experimentadas siempre me llevaban a un grado de placer diferente.

Como la noche anterior después de tocar el cielo ambos nos sumergimos en un profundo sueño, pero el mío no fue tan profundo ya que me desperté poco después de la media noche y al no poder conciliar el sueño, me coloque ropa interior limpia un short y una playera.

Con cuidado de no hacer ruido salí de la habitación y me dirigí de vuelta a la playa, me senté observando como la espuma del agua se espacia por la arena y como la luna se reflejaba en las azules aguas del egeo. Sin poder evitarlo los recuerdos golpearon mi mente, por mi mente comenzaron a pasar pequeños trozos de todo lo que había vivido con Demetri y aunque sabía que estaba mal no podía evitar comparar con Edward.

Ambos eran polos opuestos, no entendía como había sido tan ciega para no ver el error que había estado cometiendo, el perdonar cada una de las atrocidades que él me había hecho, el quedarme junto a él cuando solo me estaba lastimando. No podía parar de reprocharme el no alejarme de él cuando aún era tiempo, el creer que un bebé iba a cambia las cosas pero el hecho de que no hubiera la posibilidad de un bebé me trajo más problemas, humillaciones y hasta infidelidades de las cuales era consciente y no podía reprochar por temor a que de nuevo me golpeara como tantas veces lo había hecho.

Abrace mis piernas dejando mi barbilla sobre mis rodillas, permitiendo que un gemido de dolor y frustración se escapara de mi garganta, esta sería la última vez que pensaría en él, no iba a permitir que los recuerdos arruinaran el futuro prometedor que tenia junto a Edward, este hombre maravilloso que había unido su vida a la mía sin importar lo lastimada que aun estaba, que me estaba ayudando a sanar las heridas que pensé siempre estarían presentes, pero que él se había encargado de demostrar que no siempre estarían ahí, que era posible borrarlas, pero que se necesitaba tiempo, paciencia, esfuerzo y sobre todo confianza.

—Tan malo fui. —salte al escuchar y sentir la presencia de mi esposo, limpie mis mejillas de manera brusca no quería que él se diera cuenta de que había estado llorando.

—Es solo que no podía dormir y quise estar un poco aquí.

Edward se sentó detrás de mí, dejándome entre sus piernas, sus manos acariciaron mis brazos y sus labios tocaron la poca piel desnuda que mi playera no cubría.

— ¿En qué piensas? — me quede callada sin saber que decir. — ¿Te hice daño y es por eso que saliste de la cama y estabas llorando?

—No. —abrace mas fuerte mis piernas. —fuiste tan cuidadoso como siempre, me tratas como si fuera una fina figura de porcelana…

—Es solo que no quiero lastimarte. —dejo un nuevo beso en la piel desnuda, pero esta vez me estremecí al sentir su barbilla que mostraba indicios de su creciente barba acariciar mi piel.

—Nunca me lastimarías.

—Dime entonces que es lo que sucede. — me quede un momento en silencio después retire las manos de mi esposo de mi cuerpo y me puse de pie la sentarme frente a él dejando que mis piernas quedaran alrededor de su cuerpo.

Acaricie su rostro sintiendo lo áspera que estaba, sonreí de lado, me estire para capturar sus labios y murmurar un te amo, su mirada me mostraba el desconcierto pero repitió mis palabras. Suspire con pesadez sabiendo que había llegado el momento de contarle todo a Edward de desnudar mi alma, de permitirle conocer los fantasmas que me perseguían.

— ¿Qué sucede amor?

—Sé que te sonara horrible, pero mi mente comenzó a compararte con él. —su mandíbula se tenso y cerro sus ojos. —Reviví cada momento que pase a su lado y los maravillosos momentos que tú me has regalado.

—Sabes que es lo que te hará bien. —negué sintiendo su mano acomodarse en mi mejilla, instantáneamente incline mi rostro hacia ese lado permitiéndome sentir más su caricia. —Cuéntamelo, ahora somos uno cariño.

—Es algo difícil…—tome aire, deje un beso en su mano. —Lo conocí en una de las fiestas del hospital, al principio me sentí halagada de que un hombre de su posición social y tan guapo se fijara en mi, alguien que no iba para nada con las expectativas de su familia. Salimos durante tres meses antes de comenzar una relación, una que duró cerca de los dos años, dos años en los que se mostraba como un hombre diferente al que era en realidad. Cuando me pidió casarme con él no lo podía creer, acepte cegada por el amor que sentía por él.

—Pero al poco tiempo de estar casados las cosas cambiaron, se volvió un gruñón y yo pensé que era algo normal debido a que ambos estábamos a acoplándonos a una vida nueva, donde ya éramos dos. —me detuve mirando mis manos, no me atrevía a mirarlo a los ojos.

—Continúa amor. —deslizo sus manos por mis brazo hasta dejarlas en mi cintura y permitirme dejar mis manos en sus brazos, fue hasta ese momento que me di cuenta que llevaba el torso desnudo.

—Con el paso de los meses se volvió celoso hasta un grado enfermizo, me vigilaba en el trabajo y se molestaba porque mis colegas se detuvieran a hablar conmigo, el decía que estaba coqueteando y no estaba tomando el lugar de mujer casada que debía de asumir. No le di la importancia que debía, se volvió violento, lanzaba todo lo que estaba cerca sin importar llegar a hacerme daño. No recuerdo porque sucedió la primera vez que…— pegue mi rostro al pecho de Edward que me envolvió en sus brazos. — el me golpeo dejándome muy lastimada, al día siguiente regrese temprano a casa y el llego con un ramo de rosas pidiendo disculpas, unas que por estúpida acepte, creyendo sus palabras de que jamás volvería a suceder.

Sus brazos se cerraron más contra mi cuerpo, reconfortándome, las lágrimas bajaban por mis mejillas humedeciendo su pecho desnudo. Cuando me tranquilice volví a tomar una nueva bocanada de aire.

—Fui una tonta al creer que no volvería a ocurrir, después fueron por no asistir a una cena donde se suponía debía de estar junto a él dejando de lado mi trabajo, otras porque supuestamente el estaba coqueteando con mis colegas y me comportaba como una prostituta. —un gruñido se formo en el pecho de mi esposo. — La primera noche que pase con él no fue tan mala, pero después el solo buscaba su satisfacción, no se cansaba de repetirme lo mala que era en la cama, que no lograba satisfacerlo.

—Llegue a pensar que si lograba ser madre las cosas cambiarían, pero de nuevo me equivoque. Ignore el dolor que me causaba cada noche que me utilizaba, solo deseaba ser madre, pero después de un par de meses y no obtener resultados fuimos al médico para hacernos unos estudios en lo que indicaron que yo era la del problema, todo debido a una malformación en mi útero que es lo que me hace imposible la tarea de concebir. A partir de ese momento fue mucho peor, me dolía saber que no sería madre y él me lo recordaba a cada instante.

—Pero no es tu culpa. —beso mi cabello y apretó su agarre.

—Las noches eran lo momentos que mas detestaba, me trataba como si fuera una muñeca que solo podía utilizar para satisfacer sus necesidades y después se marchaba como si nada hubiera sucedido. Me hacía sentir sucia. Me humillaba y recordaba que no sabía cómo complacerlo, pero también supe que me engañaba, se acostaba con más mujeres y me resultaba repugnante le pensar que después de estar con alguien más, estuviera conmigo, pero no podía enfrentarlo porque sabía que eso lo enfurecería y me enviaría nuevamente al hospital. —la opresión de mi pecho se iba desvaneciendo y me estaba llenando una sensación de tranquilidad.

—Porque jamás dijiste todo lo que estabas viviendo, hay muchas personas que te adoran y sé que ellos te hubieran ayudado.

—No tienes una idea de lo difícil que es enfrentarte a lo que te está sucediendo, vez estos casos en el hospital muy a menudo y piensas que tu estas exento, pero es tan difícil cuando estas dentro de la situación. Me sentía culpable, como si yo fuera la responsable de lo que me estaba sucediendo, tenía miedo de hablar y que las cosas se complicaran aun mas, me quede callada por un largo tiempo hasta ya no pude mas y me marche de casa. Acudí a Emmett que me brindo protección y comenzó con los tramites de divorcio. —respire con profundidad pegándome más al cuerpo de mi esposo. — El juicio fue horrible, tuve que contar todo lo que había vivido junto a él, como siempre el dinero puede con todo, el perdió los peores expedientes dejándome como una mentirosa con respecto a las heridas más graves, pero al final me dio el divorcio pero no me dejo tranquila, comenzó a acosarme por lo que utilizamos una orden de alejamiento, pero no sirvió de nada y yo…

—Eso ya es pasado cariño, sé que no es fácil dejarlo atrás, pero juntos lo superaremos. — me acomodo sobre sus piernas dejando que lo rodeara completamente con las mías. — Jamás te pasara nada conmigo, yo me encargare de borrar las huellas que ese hombre dejo en tu vida. Nunca te lastimare, yo nunca te forzare a hacer algo que tú no quieras.

—Gracias. —esa simple palabra conllevaba muchas cosas en su interior, le agradecía por aceptarme aun sabiendo la cantidad de problemas que tenia, por ayudarme a reparar todo lo que creía que se había roto.

Me apodere de sus labios que por primera vez estaban algo salados y todo debido a mis lágrimas que llegaban al punto de nuestra unión. Era yo la que llevaba el control del beso lo que me hacía sentir algo extraña, ya que pocas veces era yo la que llevaba las riendas debido a que yo no… "deja el pasado enfócate en el presente" las manos de Edward comenzaron a viajar debajo de mi blusa acariciando mi piel que comenzaba a arder por sus caricias, sus labios fueron a mi cuello mientras que yo no podía evitar más que jadear ante la sensación tan placentera, al fin me sentía libre.

—¡Hey! —Edward y yo nos separamos lentamente, ambos giramos el rostro a ambos lados intentando descubrir quién nos había interrumpido en la mejor parte, de pronto la luz de una linterna nos dio en rostro haciéndonos cubrirnos con una de las manos, una risa estridente nos mostro quien había roto el momento. —Creí que por eso Esme se había quedado con la pequeña ranita.

—No le digas ranita. —gruñí molesta importándome poco la posición en la que me encontraba con Edward.

—Creo que la cama es más confortable que la arena. —hablo Rose que llevaba sus sandalias en su mano y me lanzo una mirada divertida.

—Veo que sabes lo que dices. —contraataque mirándola fijamente y para mi sorpresa se ruborizo y negó frenéticamente al igual que Emmett se alejo unos centímetros de ella y negó.

—Entonces explíquenos que hacen en la playa, a estas horas. —cuestiono mi esposo que comenzó a moverse y yo lo entendí como que debíamos de ponernos de pie, aunque no me gustaba la idea sabía que era lo mejor, en nuestra recamara podríamos seguir donde nos habíamos quedado.

—Solo salimos a caminar. —ambos lo dijeron al mismo tiempo, se miraron y dejaron escapar una risita.

—No es algo muy creíble. —note que Rose había entrecerrado los ojos y me miraba fijamente, inconscientemente me pegue al cuerpo de Edward.

— ¿La hiciste llorar? —antes de que mi amiga diera un paso hacia Edward me coloque frente a él protegiéndolo de la furia de la rubia. —Estuviste llorando y no lo puedes negar, si te hizo algo dilo ahora mismo…

—Te lo advertí Cullen

— ¡Basta! —grite levantando mis manos, mis amigos se detuvieron, pero aun miraban a Edward de manera asesina. — Es solo que… es que yo le conté todo a Edward y el recordar momentos tan feos me pone sensible y yo…—de nuevo las lagrimas iban a brotar, los brazos de Edward me aprisionaron.

—No sé cómo pueden pensar que le haría daño, Bella es mi vida. —levante mi rostro al escuchar sus palabras, el definirme como que yo era su vida dejaba claro que tan importante era para él, me amaba aun más de lo que muchos podían imaginar, aun mas de lo que yo creía.

—Lo siento, es solo que no quiero que esta pequeña vuelva a sufrir. Sé que ya te lo dije pero que quede claro que si le haces daño yo te lo hare a ti y no tendré consideración. —acaricie el brazo de Emmett que mantenía la mandíbula tensa y los puños cerrados.

—Gracias por protegerme, pero Edward no me lastimara. —les sonreí a ambos para después robarle un beso a mi esposo.

—No hagan eso en público. —se quejo Emmett haciendo gestos.

— ¿Envidia? —le dije antes de acunar el rostro de mi esposo y besarlo, ambos reímos sin romper el beso al escuchar las exclamaciones de nuestros amigos.

En cuento nos separamos ambos se despidieron, Edward me coloco sobre su hombro y comenzó a caminar de regreso a nuestra habitación. Me dejo caer sobre la cama para continuar donde nos habíamos quedado, sus caricias era suaves tanto que me desespero que no fuera más rápido y me hiciera esperar por sentirlo completamente.

El día siguiente despertamos pasada de las 9, nos dimos una ducha y nos preparamos para estar un poco más en la playa y disfrutar de nuestra pequeña luna de miel junto a nuestra familia y sobre todo junto a nuestra bebita que lanzo un gritito alegre cuando nos vio salir a la terraza donde ya estaban todos desayunando.

Hubo algunos comentarios por parte de Alice acerca de que parecíamos un poco cansados que si habíamos dormido poco, pero hice como si no hubiera escuchado centrando toda mi atención en mi pequeñita que estaba muy hermosa en un bañador azul, pero fue hasta que Emmett comento la manera tan entretenida que nos había encontrado la noche anterior que me sonroje mientras todos reían y eso me molesto un poco.

—Y ya que estas contando que nos encontraste a Edward y a mi "tan entretenidos", cuéntanos que hacías a esa hora en la playa. —la risa de mi amigo se corto abruptamente y Rosalie se sonrojo peligrosamente, algo que no paso desapercibido por los demás presentes que centraron su atención en las dos nuevas víctimas.

—Buena venganza. —susurro Edward divertido al ver a nuestros amigos apenas siendo capaces de defenderse.

Me levante cuando termine mi desayuno, junto con mi madre nos fuimos a la playa junto a la sombrilla para hacerle sombra a Millie. Platicamos un largo rato donde no paraba de decir lo feliz que estaba de lo que estaba ocurriendo y que su felicidad era aun mas grande con el pequeño regalo que traía nuestro matrimonio, que podía que no fuera su madre biológica pero que ella me consideraba su mamá y debía de cuidarla y protegerla como una, algo que estaba dispuesta a hacer.

Cuando mi madre se fui junto a Phil a caminar por la playa llego mi rubia amiga a hacerme compañía, ambas nos quedamos en silencio solo observando a la bebita que comenzaba a quedarse dormida.

— ¿Qué hay entre Emmett y tú? —fui directa, ella extendió sus piernas y echo su cabeza hacia atrás dejando que el sol le diera de lleno en el rostro.

—No es obvio. —sonrió de manera tonta, acomodo sus lentes oscuros sobre su cabeza. —Aun no tenemos una relación, pero nos estamos conociendo.

— ¿Ya dormiste con él? —pregunte recordando la noche anterior.

— ¡No! —se ruborizo cosa que raramente sucedía en ella. —Se que he dormido con un par de chicos apenas conociéndolos, pero con él es diferente.

—Parece que mi linda amiga se está enamorando.

— ¿Yo? —soltó una carcajada que lentamente fue perdiendo volumen hasta quedarse en silencio y mirarme con los ojos abiertos. —Me siento cómoda con él, me gusta que no me trate como todos los demás, en sus ojos no veo la lujuria que hay en muchos. Él me ve con esa mirada de niño que posee, me hace reír, puedo ser yo misma con él.

—Es un hombre con un enorme sentido del humor, y sobre todo es un chico maravilloso.

—No olvides que tú eres una mujer casada. —me dijo en tono burlón.

—No cambiaria a mi esposo por nadie, Edward lo es todo para mí.

—Me gusta verte tan feliz.

—Me siento bien, me siento como si fuera otra persona y me gusta. —me envolvió en sus brazos.

—Es bueno saberlo, así no tengo que preocuparme por qué te interese lo que tengo en la mira. —solté una risita.

—Todo tuyo, yo tengo lo mío.

— ¿Y que es lo que es tuyo? —escuche una aterciopelada voz a mi espalda haciéndome sonreír abiertamente y de manera tonta, eche mi cabeza hacia atrás para verlo inclinarse y unir nuestros labios.

—Tantas muestras de afecto dan náuseas. — mi amiga se acomodo los lentes oscuros sobre sus ojos, se levanto y se fue junto a su hermano y su cuñada que estaba tomando el sol sin perder de vista a su pequeño.

—Así que… hablaban de mí. —palmee la arena junto a mi donde había estado sentada mi rubia amiga.

—Le preguntaba por su relación con Emmett, aunque aún no están en una relación se que pronto lo estarán, ambos se ven bien juntos.

—Pero no mejor que nosotros. —beso mi sien.

—Suenas tan cursi. —me burle logrando que me derribara contra la arena haciéndome gritar por la sorpresa.

—No soy cursi. —gruño intentando aparentar ser algo aterrador, pero solo lograba despertar otras sensaciones mas excitantes.

—Lo eres. —replique haciendo que acercara mas su rostro al mío.

—No es bueno que sea cursi, se supone que debo de imponer respeto. —su lengua rozo mis labios que se entreabrieron dejando escapar un suspiro que pareció incitarlo porque sonrió complacido.

—Impones respeto amor, pero conmigo eres…

—No sigas Bella, terminaras con mi autoestima—dijo en fingido dolor, su sonrisa se amplio y sus ojos se cerraron cuando mi pie comenzó a rozar la piel expuesta de sus piernas, gruño de pura satisfacción.

—Edward. —ronronee incitándolo, sin siquiera detenerme a pensar en donde estábamos.
Intente unir nuestros labios pero él se alejaba sin importarle que hiciera un mohín, se estaba divirtiendo al poner a juego mi autocontrol que estaba comenzando a desaparecer. Su mirada era profunda y dejaba al descubierto el deseo que sentía además de que podía sentir ese grado de excitación chocar contra mi cuerpo.

— ¡Demonios! —gritamos a la par al sentir una cantidad de agua caer sobre nuestros cuerpos, levantamos el rostro para encontramos con tres pares de ojos y una sonrisa burlona en sus rostros.

—Por si no se han dado cuenta estas a la vista de todos y no es algo muy agradable verlos hacer eso.

—Solo váyanse—gruño Edward al tiempo que dejaba su rostro escondido en mi cuello, su respiración era errática por la frustración del momento. Les lance una mirada de advertencia que decidieron tomar y se marcharon dejándonos de nuevo solo y empapados. — es la segunda vez que ese grandulón interrumpe un momento importante.

—Aunque no me gusto la manera, creo que no es el lugar para… estar juntos. — suspiro pero asintió dándome la razón, ambos giramos nuestro rostro hacia la pequeña que acababa de despertar y amenazaba con llorar por sentirse sola, pero nos sorprendió al lograr girarse y quedar bocabajo y lanzando un balbuceo alegre.

El resto de la tarde lo disfrutamos con nuestra pequeña e ignorando las miradas divertidas de nuestros amigos, en un momento en que me quede alimentando a Millie las chicas se disculparon por lo que habían hecho pero aceptaron que no se pudieron contener, solo pedí que dejaran de hablar del incidente ya que no era del todo gracioso, que había sido vergonzoso y que lo estuvieran repitiendo a cada momento me hacía sentir un poco incomodo, que estaba claro que quedaría como una anécdota que contarían en las fiestas pero por el momento solo pedía que intentaran olvidarse del incidente.

Millie disfrutaba del clima y sobre todo el poder estar en la piscina donde movía sus piernitas y sus bracitos logrando salpicar a todo el que estuviera cerca. Por otra parte sus abuelas estaban encantada con ella llenándola de atenciones y evitando que cualquier cosa la molestara. Emmett por su parte no dejaba de llamarla ranita debido a que apenas sus piecitos tocaban el suelo y alguien la sostenía ella comenzaba a saltar, lo que me indicaba que muy pronto la tendría gateando por toda la casa y seria hora de tomar medidas para su seguridad.

Los días que estuvimos en lo que fue nuestra luna de miel, me logre relajar y disfrutar de lo que sin duda seria un matrimonio maravilloso, estaba consciente de que no todo seria color de rosa, sabía que podía que tuviéramos problemas como cualquier matrimonio y eso sería lo más normal no siempre estaríamos de acuerdo, pero eso solo nos haría más fuertes y mas unidos, nos teníamos el uno al otro, ya no estábamos solos éramos uno.

El viernes por la tarde nos despedimos de todos, había llegado el momento de que volviéramos a nuestras vidas normales, los padres de Edward, junto con los míos y con Alice, Jasper y el pequeño Joshua regresaban a América mientras que Emmett se iría el fin de semana junto con Rose. El momento de comenzar con nuestra nueva vida había llegado, solo esperábamos que pronto nos volviéramos a reunir, estar todos juntos era una de las mejores experiencias, una familia como los Cullen era única y me adoraba tenerlos conmigo.

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