Mi sol entre millones de estrellas: Capítulo 13



 Lo siento


Las manos de Edward se deslizaron debajo de la blusa de mi pijama tocando mi piel dejando que un jadeo se escapara de mis labios al sentir sus dedos fríos tocar suavemente mi piel que parecía estar ardiendo, mi cuerpo se relajo completamente cediendo a sus caricias, se aparto de mis labios para delinear mi cuello con besos seductores, cuando sus dedos alcanzaron el contorno de mis senos volví a la realidad.


— ¡Detente! —pedí empujándolo, escondió su rostro en mi cuello erizando mi piel al sentir su respiración chocar contra mi piel.

—Dame unos segundos. —me pidió sin moverse, ambos estábamos en un punto bastante difícil, había permitido que las cosas llegaran bastante más lejos de lo que deberían de haber llegado.

Un par de minutos después se reincorporo y salió de la habitación sin decir una palabra. Si estaba molesto era con justa razón, no era la primera vez que le permitía avanzar tanto para detenerlo en seco. Me reincorpore acomodando mi ropa reprendiéndome por dejar que los recuerdos de mis antiguas experiencias me hicieran sentir miedo a volver a intentarlo, sabía que no todos eran iguales pero no podía evitarlo.

Salí de mi habitación y me detuve frente a la suya pensando que estaría ahí, llame un par de veces pero no abrió, volví a intentarlo por última vez sin recibir ni una sola respuesta, resignada a que no quería verme gire para volver a mi habitación para verlo subir por las escaleras y detenerse al verme.

—Edward, se que un lo siento no es suficiente pero es que…

—No necesitas darme explicaciones. –le resto importancia llegando hasta mi.

—Pero tú saliste de la habitación sin decir una palabra, pensé que estabas molesto y sé que sería con justa razón…

—En primer lugar no estoy molesto, si salí de esa manera fue porque no podía resistir estar contigo tan cerca y no poder continuar en donde nos quedamos, te quiero pero te deseo Bella y por lo que te quiero no llegaremos a mas hasta que tu estés lista. —cerré los ojos al sentir como sus dedos acariciaban mi mejilla con suavidad y una oleada de felicidad me recorrió, el estaba dispuesto a darme mi tiempo, algo muy considerado.

—No puedes desearme, no soy esa clase de mujer que…

—Deja de decir tonterías amor, eres la mujer más hermosa. Pero nos olvidaremos de esto y será mejor que nos vayamos a dormir. —me empujo de nuevo a mi habitación cerrando la puerta tras él, acomode la cama para meterme entre las mantas y me sorprendió verlo tumbarse junto a mí.

— ¿Dormirás aquí? —pregunte con timidez ya que esperaba que por lo que había sucedido durmiera en su habitación.

— ¿Donde mas podría dormir?

—Tu habitación por ejemplo

—Mi lugar es junto a ti, así que ven aquí pequeña y vamos a dormir. —tiro de mi brazo obligándome a apoyar mi cabeza en su pecho, solo susurre un buenas noches y me olvide de todo.

Los días siguientes no fueron muy diferentes, las llamadas de Demetri se hacían cada vez más amenazantes y ya no solo peligraba yo, si no también hablaba de mi pequeña.

El miércoles por la tarde después de mi consulta de las 4 entro Abi diciendo que me habían ido a buscar de la guardería que era urgente que fuera en cuanto pudiera, sin pensarlo hice esperar a mi siguiente paciente para correr a la guardería donde la encargada estaba junto con Sara quienes tenían un semblante pálido y al verme parece que su piel se puso aun mas blanca, de inmediato note que algo no andaba bien y alguien hacía falta, mi angelito.

—Lo preguntare una sola vez quiero respuestas, ¿Dónde esta Millie? —me acerque a ellas esquivando los juguetes esparcidos en el suelo y buscando con la mirada a mi pequeña.

—Dra. Swan lo que sucede es que…

— ¿Donde está Millie?

—La dejamos en la cuna y fui por las formulas y cuando regrese ya no estaba, ya informamos a los guardias de seguridad y decidimos ir a buscarla a usted ya que el doctor Cullen está en cirugía.

—Como puede ser que mi pequeña desapareciera. —le grite a la encargada furiosa. —Es su trabajo cuidarlas.

—No fueron más de 2 minutos lo que la perdimos de vista.

—No tiene ni porque perderlas de vista un minuto. Alguien debió de ver algo. –prácticamente le estaba gritando pero no me importo me sentía asustada.

—Nadie nos ha dicho nada. — tome el teléfono y marque la extensión de mi secretaria para pedir que les avisara a mis pacientes que me ausentaría por un rato ya que una emergencia me tenía en la guardería. Después llame a la de Edward para pedir que le dijera que se presentara en la guardería en cuanto pudiera que era una emergencia.

Habían pasado solo 15 minutos pero yo lo sentía como una eternidad, la encargada estaba aterrada y yo no dejaba de atravesarla con la mirada por ser tan descuidada y permitir que algo como eso sucediera, había hablado con los guardias de seguridad que se habían presentado para informarnos que aun no la habían encontrado. Estaba hablando con la secretaria del jefe del hospital para pedir que lo hiciera venir cuando entro Edward con expresión divertida, pero parece que mi rostro no era del todo alentador porque atravesó el lugar en un par de zancadas.

— ¿Que sucede?

—Millie no está. —le dije con voz entrecortada rodeando su cintura con mis brazos, lo sentí ponerse rígido ante mis palabras, me aparto con cuidado para quedar de frente con la encargada que estaba completamente asustada.

— ¿Donde está mi hija? —gruño furioso, yo solo presione su mano para tranquilizarlo, de nada serbia ponerse a gritar lo mejor que podíamos hacer era guardar la calma y comenzar a pensar que mas hacer.

—Nosotras…—se vio interrumpida cuando una chica de la guardería que no había visto entro con ella en brazos. Solté la mano de Edward y corrí hasta arrebatarle a mi bebé que balbuceaba, la apreté contra mi pecho sollozando por la horrible sensación de hacerla perdida.

— ¿Quien eres tú? —tome el brazo de la chica cuando me sentí más tranquila de tener a mi pequeña en mis brazos.

—Lilian, soy nueva. —respondió nerviosa

—Jamás, escuchaste Jamás debes de sacar a los bebes de este lugar, eres una inconsciente.

—Yo…

—Despídete de este trabajo. —hablo la encargada a mis espaldas que había recuperado su color al ver que Millie estaba bien.

—Lo mismo va para usted. —dijo Edward que había llegado frente a mí para tomar a su hija, la mujer comenzó a hablar pidiendo que no lo hiciera y dejando que las lagrimas se mostraran, aunque me hubiera gustado ayudarla no lo haría, se lo merecía por la irresponsabilidad de descuidar a mi princesa.

—Dra. Swan…

—Lo siento pero no voy a tolerar que esto se repita, ¿tiene una idea de lo que sentí cuando no la vi en su cuna?

—Yo me sentía igual.

—No puede comparar lo que nosotros sentimos al pensar que la habían robado o que algo malo le había pasado, usted no es su madre. –La voz de Edward era dura.

—La Dra. Swan tampoco lo es, ella solo es su pediatra.

—Cuide sus palabras Sra. Brown, la Dra. Swan es como la madre de mi hija, así que le sugiero que no vuelva a hablar si no sabe lo que va a decir.

— ¿Me dijeron que había sucedido algo en la guardería? —vi al director del hospital que había llegado para detener la discusión.

Edward me entrego a Millie para hablar con Louis acerca de lo que había sucedido, se alejaron con la Sra. Brown y Liliam al despacho que había en la guardería. Sara se acerco hasta mi para acariciar la mejilla de Millie y disculparse nuevamente por lo ocurrido, aunque seguía molesta le dije que debía de tener más cuidado en cuanto a los cuidados de los pequeños ya que era intolerable lo que había sucedido. Le pedí que me preparara las cosas de mi pequeña ya que me la llevaría a la consulta conmigo no lo dejaría de nuevo en ese sitio, al menos no por ese día.

Un par de minutos después salieron Edward y Louis hablando sobre implantar un par de guardias cerca de la guardería para impedir nuevamente esta clase de incidentes que eran intolerables.

Ambos se detuvieron cuando estaban junto a mí.

—Louis quiero pedir el día de mañana para ausentarme de mis labores. —ambos se sorprendieron de mis palabras, cuando pregunto el porqué solo dije que pretendía quedarme en casa cuidando de Millie ya que no pesaba traerla al día siguiente a la guardería no después del susto que nos habían dado, no tardo en aceptar ya que era comprensible que no deseáramos traerla al día siguiente, se despidió saliendo de la guardería.

—Me la llevare conmigo. —le dije a Edward cuando Sara me entrego sus cosas, me ayudo con la mochilita y me empujo fuera hasta llegar a los ascensores, mientras lo esperábamos presione a Millie en mis brazos intentando olvidar el feo incidente.

—Ella está bien y tanto la Sra. Brown como Liliam están fuera del hospital, lo que sucedió es algo que no se puede volver a repetir.

—Sé que no debería de alegrarme pero era lo justo.

—No tienes por qué tener a Millie contigo, me la…

—Estas loco si crees que vas a llevártela. –me miro sorprendido, debido que era él quien tenía más derecho sobre ella ya que era su papá, mientras que yo… era algo así como su mejor amiga, aunque estaba tomando el papel de su madre nunca seria eso, ella tenía una madre que tarde o temprano se daría cuenta lo que perdió y yo no le quitaría el derecho de que ella supiera quién era su mamá, apreté una de las manos de Edward para continuar hablando. – toma en cuenta los pacientes que atiendes tú a los que yo atiendo, conmigo estará rodeada de un ambiente mucho más agradable. —acepto rodeándome por la cintura y dándole un beso a nuestra pequeña y después uno a mí.

Entramos en el ascensor con las miradas de algunos de los que iban dentro, intente ignorar la tensión que se sentía en el ambiente y me concentre en el pequeño cuerpecito que se acurrucaba contra el mío.

—Después del susto que nos ha dado la muy floja planea dormirse. —dijo Edward rozando la mejilla de la pequeña que sonrió pegándose más a mi cuerpo.

—Ella no comprende. La vida a esa edad es magnífica nada de qué preocuparte, siempre hay alguien que se preocupe por ti.

Ambos nos separamos para ir a nuestros respectivos consultorios, Abi sonrió cuando vio que en mis brazos iba mi pequeña, me disculpe con las mujeres que me seguían esperando, pero ellas dijeron que no había problema que entendían que tenia prioridades, esto último lo dijeron señalando con la mirada a Millie.

La deje descansar en una de las sillitas que tenía en mi consultorio, la arrope y comencé a trabajar. Cada una de las madres que llevaban a sus pequeños me preguntaba que si Millie era mi hija y solo me limitaba a decir que era la hija de mi novio pero que la quería como si fuera mía.

Cuando ya solo me faltaban dos pequeños un angelito despertó en el mismo instante que la puerta era abierta dejando entrar a su guapo padre que parecía ya había terminado con sus trabajo.

—Me hare cargo en lo que terminas. Vamos cielo. —la tomo en brazos cubriéndola y llevándosela fuera.

Termine de ver a mis pacientes y revisando un par de expediente antes de marcharme, el día había sido duro por el incidente que había ocurrido, pero al saber que estaba segura y que nada le había pasado me había permitido tranquilizarme.

Esa noche Edward fue el que se encargo de bañarla, yo solo me senté en el borde de la bañera observándolo hacer su trabajo y no pude evitar reprimir un par de risas al verlo seguir estando un poco rígido pero había mejorada sus movimientos ya eran mas coordinados y parecía que ya no tenía el mismo miedo de romperla.

—Cuidado con sus ojitos. —le retire un poco de espuma que se deslizaba. La saco de la cálida agua para envolverla en la toalla y me la entero.

El resto paso como cada noche, la alimentaba mientras ambos cenábamos, después el la meció en sus brazos hasta que se quedo dormida. Me dio un beso cálido pero apasionado que como siempre se termino antes de que llegáramos a un camino sin retorno, sabía que quería hacerlo pero el miedo a revivir el dolor me lo impedía, nos recostamos juntos dejando que me abrazara para fundirme en un sueño placentero.

Sentí como el cuerpo al que estaba aferrada se movía intentando liberarse de mis brazos, yo gruñí pegando mas mi rostro en su pecho y apretando su playera para evitar que se levantara.

—Se que tu no iras a trabajar, pero yo si lo haré. —refunfuñe liberándolo pero abrace su almohada donde aun permanecía su aroma tan peculiar, solo escuche una risita ante mi acción. —Alguien despertó y apuesto que estará encantada de saber que hoy podrá estar un poco más en la cama junto a ti. —abrí los ojos para ver a Edward sostener a Millie, abandone la almohada que estaba en mis brazos y en su lugar sostuve a mi pequeña que se acomodo para dormir.

—Que tengas buen día, nosotras dormiremos un poco más.

—Descansen dormilonas. — me beso suavemente y después a la pequeña para marcharse.

Me levante cerca de una hora después ya que mi angelito tenía hambre, la envolví en la mantita y juntas fuimos a la cocina a preparar su formula y algo para que yo desayunara.

La deje en la sillita mientras me hacía cargo de limpiar la cocina y la lleve conmigo en cada una de las habitaciones que iba limpiando, sin duda Edward ya debía de buscar alguien que limpiara su casa aunque fuera una vez por semana, si él no lo hacía comenzaría a buscarla yo, el tenia que comenzar a delegar un poco las tareas.

Cerca de medio día conseguí que la pequeña durmiera un poco, dejándome con el tiempo justo para darme una ducha y cocinar algo para comer y por supuesto algo para cenar.

Estaba preparando la cena teniendo a Millie en su sillita moviendo sus manos y balbuceando. El teléfono que había timbrado un par de veces antes de que contestara.

—Espero que recuerdes que tiempo se te agota, ya solo tienes 4 días.

—Como olvidarlo si tú te encargas de recordármelo. —señale recordando que todos los días enviaba un mensaje con la cuenta regresiva.

—Y dime como está la niña. —me quede estática al entrelazar las cosas, el había estado detrás de la desaparición de Millie.

— ¡Como te atreviste a acercarte a ella! —le grite molesta

—Solo fue una pequeña advertencia para que no olvides lo que tienes que hacer, aléjate de ellos o la próxima vez no la encontraran y cuando lo hagan puede que sea demasiado tarde.

—No te atrevas a acercarte a ninguno de ellos.

—Aléjate de ellos y te aseguro que no los lastimare de lo contrario despídete de ellos. —colgó sin decir una sola palabra mas, tenía que disfrutar mis últimos días con ellos, tenía que alejarme por su bien.

Termine de preparar la cena sin darme cuenta, mi mente aun recordaba las frías palabras de Demetri. Me olvide de eso cuando Edward llego, me conto lo que había sucedido en el hospital y yo hable de lo bien que lo habíamos pasado Millie y yo.

Los siguientes días volví al trabajo pero estaba concentrada analizando un par de ofertas de trabajo que me habían hecho antes de aceptar estar en este hospital, me tomo un par de minutos animarme a tomar el teléfono y llamar para ver si aun había un puesto vacante que pudiera utilizar, tenía que buscar un nuevo lugar, volvía a huir, "eres una cobarde".

El sábado por la mañana salimos con Edward a comprar la despensa y pasear con Millie por las frías calles que aun mostraban un poco de nieve pero nada comparada con las que cubrían las calles en chicago. Vimos una película después de dejar a Millie en la cuna, me acurruque contra su cuerpo sintiendo el calor y su dulce aroma, me dolía saber que podía ser la última vez que estaríamos así, pero era un sacrificio que haría por asegurarme de que no les pasaría nada.

No sé qué fue lo que me sucedió, pero en cuanto la puerta de mi o mejor dicho nuestra habitación se cerró envolví su cuello con mis brazos y lo besé intentando de esa manera demostrarle lo mucho que lo quería e internamente le pedía disculpas por lo que estaba por hacer.

—No sé que se apodero de mi novia pero me gusta. —bromeo separándose de mis labios con dulzura. Esta vez fue él quien tomo el control dejando que nuestros labios se movieran en perfecta sincronía, eran suaves como la seda y de un sabor exquisito.

Sus manos nuevamente comenzaron a recorrer mi cuerpo con infinita suavidad volviendo a despertar mi piel dormida, aunque el miedo volvía a nacer había algo más fuerte que me empujaba a continuar a dejar que las cosas siguieran su curso, después de todo sería el único recuerdo que me quedaría de él, podía permitirme que su esencia y su calor se fundieran con mi cuerpo, de esa manera podría recordar lo perfecto que era. Pero si solo había dolor como las veces anteriores y si en vez de un buen recuerdo me quedaba con uno nuevo que me atormentaría.

Mis piernas chocaron con el borde de la cama, sabía que no debía de hacerlo, pero no pude evitar seguir mis instintos, me deje caer suevamente en la cama dejando que su cuerpo presionara el mío sin lastimarme.

—Sera mejor que nos detengamos…—coloque un dedo en sus labios y mi otra mano estaba apoyada en su pecho.

—La realidad es que yo no soy buena en esto, no tengo mucha experiencia y…

—Me estás diciendo que quieres intentarlo—tenía mi rostro entre sus manos dejando nuestras miradas cruzarse, mis mejillas ardieron y solo asentí. —Me detendré si me lo pides. Solo quiero que te dejes llevar.

Volvió a apoderarse de mis labios cuidando ser delicado pero había un toque apasionado, sus dedos entraron debajo de mi blusa tocando mi piel, deje escapar un pequeño jadeo, sus labios abandonaron los míos para bajar por mi cuello. Deje mis manos moverse libremente por su pecho y comenzar a desabrochar su camisa.

Los besos y las caricias se seguían intensificando estaba completamente entregada a las nuevas sensaciones que no había sido consiente cuando la ropa había abandonado mi cuerpo y solo me encontraba con la ropa interior que a mi parecer no era muy alentadora porque se retiro, basto que abriera los ojos para verlo cuando se despojaba de su camisa, no era la primera vez que lo veía así pero si era la primera vez que podía mirarlo sin sentir remordimiento, quería grabar en mi memoria cada parte de su perfecto cuerpo.

Sus labios se curvaron en una sonrisa logrando que me sonrojara aun mas, el se había dado cuenta de lo que estaba provocando en mi y aun así no se detenía acercándose suevamente hasta volver a colocarse sobre mí, en un movimientos deje mis manos sobre su pecho dejando que mis dedos se movieran delineando los músculos que estaban presentes, sus labios rozaron mi oído.

— ¿Te gusta lo que tocas? —me pregunto en un susurro como si saboreara cada palabra, logrando que dejara escapar un jadeo no solo por la suavidad de su voz si no por el efecto de su aliento frio con mi piel caliente.

Besó mi cuello hasta llegar a mi clavícula dejando un camino de besos húmedos hasta llegar a mi hombro, sus manos suavemente subieron por mis brazos deslizando los tirantes de mi sujetador, arquee un poco mi espalda dándole oportunidad para que desabrochara la prenda que cubría mis senos, volvió a besar mis labios cuando me quito la prenda.

Al sentir que se separaba un poco de mi lleve mis manos a su espalda pegando mi pecho al suyo en un intento de cubrir mi desnudes pero logrando un contacto directo de nuestras pieles que al instante reaccionaron, algunas de las zonas de nuestro cuerpo se endurecieron dejando saber al otro el grado de excitación que estaba logrando producir.

—Solo quiero verte. —pidió en una voz ronca, me separo con suavidad sin apartar sus ojos de los míos, cuando su mirada comenzó a bajar hice un intento de ocultar mi pecho pero él no me lo permitió. Espere ver alguna expresión al notar que no era el tipo de chica de grandes proporciones me consideraba una talla más pequeña por lo tanto no creía que le gustara lo que veía. Dejo un beso en la piel entre mis senos y dejo su nariz rozar hasta llegar cerca de mi oído, morder el lóbulo de mi oreja antes de susurrar. —Eres perfecta.

—Ed…

—Sh…—me obligo a callar.

Se adueño nuevamente de mis labios en un beso posesivo que había dejado de ser una danza para convertirse en una lucha en la que estaba completamente dispuesta a dejarme vencer, le permití un mayor acceso a la vez que hundía mis manos acariciar su pecho hasta envolver su cuello y hundirlas en su cabello, gemí en su boca dejándome llevar como él me lo había pedido.

Tuvimos que apartarnos para tomar aire uno que se nos había agotado, deje mis manos en su lugar sintiendo la suavidad de su cabello, gemí más alto y arquee la espalda cuando sus labios capturaron uno de los pequeños montículos rosados sin dejar de lado al otro que pellizcaba con suavidad.

—E…Edward. —apenas fui capaz de articular su nombre por las diferentes sensaciones que recorrían mi cuerpo, aparto sus labios para ocuparse del que antes había estado atendido por sus dedos, dejando que su mano viajara al sur quitando de su camino la molesta prenda, levante la cadera para que quitara la ultima prenda de mi cuerpo, sus dedos rápidamente encontraron la pequeña protuberancia que se dedico a acariciar mandando una corriente eléctrica que encendió mi cuerpo haciéndome gemir.

Se introdujo dentro de mi logrando una sensación placentera, estaba avergonzada por dejar que esos sonidos salieran de mis labios y mas al saber que él estaba viendo la manera que mi cuerpo se movía con cada una de sus caricias, no tarde demasiado en sentir una ola de placer que inundo mi cuerpo haciéndome gemir muchos más fuerte. Mi corazón latía de manera violenta y mi respiración era entrecortada, abrí los ojos y me encontré con los suyos era una mirada profunda sus pupilas estaban dilatadas y yo no tenía ni idea de que manera podía retribuirle lo que acababa de hacer conmigo, parecía que había leído mi mirada porque sonrió y dejo que su lengua cálida delineara mis labios que se abrieron ante el contacto.

—Solo se trata de ti cariño, esta noche es tuya y me encargare de que sea inolvidable. —gemí ante las palabras, una promesa que sabia cumpliría y sin que él lo supiera seria nuestra primera y última vez, nuestro caminos no volverían a cruzarse.

Tome su rostro en mis manos obligándome a besarlo, dejando que todo esa pasión que había despertado en mi se reflejara en el movimiento de mis labios. La llama que parecía se había apagado se volvió a encender pero esta vez con mayor intensidad, centrándose en el centro de mi feminidad que ansiaba de nuevo un poco de la atención que había recibido antes; sin saber porque hice nuestras sexos chocar gimiendo ante la sensación pero hice un mohín al darme cuenta que su miembro aun estaba cubierto por el bóxer que no se había retirado.

Sin dejar de besarme se lo quito mordió mi cuello mientras con suavidad acariciaba mis piernas separándolas para acomodarse entre ellas, sabía lo que seguía y aunque lo deseaba no estaba segura de querer hacerlo.

—No te haré daño, lo prometo amor. —murmuro con suavidad adivinando mis temores, lo sentí posicionarse en mi entrada una ligera presión que me hizo tensarme involuntariamente. —relájate mi vida.

Me lleno de atenciones hasta que la tensión de mi cuerpo volvió a desaparecer y en ese momento sentí como se deslizaba dentro de mí, mi mente se quedo en blanco y apreté las sabanas bajo mis manos antes la hermosa sensación que recorrió mi cuerpo, no fue como todas aquellas veces que sentía que entraba en mi lastimándome y solo rogaba porque terminara, esta vez en lugar de dolor había una sensación de confort y rotundo placer, el aun estaba inmóvil como si esperara alguna señal de mi parte, me detuve en su mirada que denotaba un poco de temor, basto una sonrisa para que comenzara a moverse suavemente haciéndame cerrar los ojos ante la ola de placer que ese roce me provoco, era la sensación más agradable que había experimentado, mis paredes se cerraban en torno a él haciendo cada roce más placentero.

Acomodo mis piernas en su cintura y dejo sus manos junto a mi cabeza, lo tuve que tomar de los hombros para soportar el mar de sensaciones que me recorrían, sabía que estaba diciendo algo de lo que no era consiente ya que no lograba entender sus palabras, al igual que sabía que de mis labios salían palabras junto con jadeos y gemidos de completa satisfacción. Las últimas embestidas fueron más fuertes y profundas llevándome a alcanzar la cima unos segundos antes que él.

Se desplomo sobre mi cuerpo, ambos estábamos bañados en una fina capa de sudor que era la muestra de lo que acabábamos de vivir juntos, sentía su corazón latir junto con el mío, salió de mi con cuidado y rodo hasta dejarme sobre él.

—Para no tener ni idea de lo que hacías eres maravillosa. —murmuro contra mi cabello.

—No te burles

—No lo hago cariño, es solo que debía de decir que es como si nuestros cuerpos estuvieran hechos el uno para el otro.

— ¿De qué hablas? —pregunte levantando mi rostro apoyando mi barbilla en mis manos que descansaban en su duro pecho.

—De la manera en que nuestros labios parecen encontrar la danza perfecta, en que nuestros cuerpos reaccionan con solo un toque. —dijo pasando el dorso de sus dedos por el contorno de mis labios. — la manera en que nuestros cuerpos se mueven en la sincronía perfecta.

—Eres un engreído, sabes que estuvo bien porque todo el trabajo lo hiciste tú.

—Con tu ardiente cooperación amor. Eres perfecta, la suavidad de tu piel, tu dulce aroma y la manera en que te entregas es maravillosa.

—Te quiero Edward. —suspire hundiendo mi rostro en su pecho, las palabras salieron sobrando, nos quedamos un rato mas tendidos hasta que el sueño nos venció. Esa noche repetimos la experiencia y aunque fue excelente no se comparaba con la primera, había cumplido su promesa nuestra primera vez seria inolvidable.

El domingo había llegado y ese día estuve bastante inquieta pero no me atreví a dar por terminada nuestra corta relación, había momentos en los que iba completamente decidida a contarle la verdad a Edward y dejar que el decidiera si debíamos seguir o debía de alejarme por su seguridad, pero solo bastaba ver a Millie para saber que tenía que alejarme debía de dejarlos para asegurar que estarían bien.

El lunes por la mañana mientras estaba en mi consultorio sonó mi celular y al ver un número desconocido sabía de quien se trataba y aunque no quería escucharlo esta vez tenía que hablar con él.

—Sí. —pregunte aparentando seguridad.

—Tu tiempo se agoto cariño y veo que no cumpliste tu parte prepárate para…

—Ganaste, solo necesito un par de días más. —lleve mi mano a mi boca para ocultar el sollozo, estaba rogándole por tiempo algo que sabia no estaría dispuesto a ceder.

—Yo pongo las reglas.

—Que mas da un par de días más, lo voy a dejar. Solo quiero un par de días más te lo suplico. —soltó una carcajada de satisfacción.

—Tienes hasta el viernes Isabella, si el sábado no te has alejado de ellos prepárate porque cuando los veas estarán en un ataúd. —corto la llamada dejándome destrozada, cada latido me producía un dolor inmenso, era como una puñalada.

Me centre en mi trabajo y continuaba esperando un par de respuestas a algunas solicitudes que había enviado, ese mismo día por la tarde hable con Louis el jefe del hospital informándole que pronto me marcharía ya que había conseguido una mejor oferta que me permitiría avanzar más rápidamente en mi investigación, aunque era verdad lo de avanzar en mi investigación era mentira la parte de recibir la oferta ya que yo la había buscado pero eso no lo sabría hasta después, intento retenerme subiendo mi sueldo pero al ver que era algo que estaba decidido no puso objeción solo me pidió que le diera un par de días para conseguir mi remplazo, se extraño cuando le pedí que no lo comentara con nadie ya que era algo que no quería que aun se supiera ya que no soportaría las habladurías.

—Espero que no tenga nada que ver tu relación con Edward. —frunció el ceño

—Eso no tiene nada que ver, esta es una oportunidad grandiosa que debo de aprovechar aun cuando deba de dejar atrás personas importantes. —dije con seguridad, me prometió no decir nada hasta que fuera un hecho.

Los siguientes días seguía actuando como si fuera un día normal pero yo sabía que el tiempo se agotaba y pronto llegaría el momento de dejar otra ciudad y un par de personas importantes, me comencé a distanciar de Edward y de Millie, algo que era completamente doloroso, intente regresar a mi departamento alegando que tenía que trabajar pero Edward como siempre prefirió llevar lo que necesitaba a su casa que dejarme, me encerré en el pequeño despacho que había fingiendo estar trabajando en la investigación, cuando la realidad era que buscaba una nueva casa y todo lo que necesitaría para mi nuevo comienzo.

Los primeros dos días Edward no dijo nada por mi comportamiento distante y frio, evitaba que me besara y estar demasiado cerca, estaba colocando una barrera entre ambos que sabia también afectaba a Millie pero no podía doblegarme tenía que seguir con mi plan.

Ya me había puesto en contacto con un asesor inmobiliario para que pusiera a la venta mi departamento que gracias al buen gusto podía vender amueblado, solo estaba el detalle del resto de mis cosas que debía de empacar.

El miércoles recibí la noticia que había esperado con ansias, me llamaron de uno de los centros de investigación en los que me había puesto en contacto recibiendo la noticia de que podía comenzar a trabajar en dos semanas, lo que me daba el tiempo justo para arreglar mis cosas y marcharme.

El jueves Edward irrumpió en el despacho y se sentó frente a mí, comenzó a hablar de cosas que sabía que disfrutábamos pero al notar la poca atención se marcho algo molesto por mi actitud, cuando llegue a mi habitación esta estaba vacía cosa extraña y supuse que por su enojo había preferido dormir en otra cama.

El viernes llego y con el sentí el puñal más grande comenzar a adentrarse en mi corazón, el trabajo me había servido de distracción pero cuando llegamos a su casa la tormenta se desato y el momento de la verdad había llegado, dejo a Millie en la cuna ya que se había dormido en el auto. Nos encontramos en la cocina donde yo estaba sentada en uno de los banquitos con un vaso en mis manos.

— ¿Quieres decirme que es lo que sucede? —pregunto sin rodeos.

—Es solo que estuve pensando las cosas…

— ¿Cosas? –enarco una ceja metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Nosotros, en realidad en nosotros.

— ¿Y que sucede amor? —acaricio mi mejilla, cerré los ojos con fuerza para darme valor y soportar lo que iba a decir no podía derrumbarme.

—Sucede que no hay un nosotros Edward.

— ¿De qué hablas?

—Hablo de que no me siento cómoda en esta relación. Pensé que lo estaba pero ahora que hemos compartido mucho más de lo que debíamos de compartir me doy cuenta de no debemos estar juntos.

— ¿No significo nada para ti?, ¿Qué hay de todo lo que hemos compartido?

—Es mejor dejarlo ahora que aún hay tiempo y no después que ya no podamos detenerlo, esto no nos llevara a ningún sitio. —dije tratando de hablar con la mayor frialdad posible aparentando que no me importaba.

—No te entiendo Bella, pensé que nos querías, ¿mentiste cuando decías que me querías y que querías a Millie? —gire mi rostro pero él me tomo de los brazos moviéndome con brusquedad. —Maldita sea contesta.

—Pensé hacerlo pero no los quiero de la manera que tu esperas, es por eso que terminamos. —me levante dirigiéndome a las escaleras y fui hasta mi habitación donde ya había dejado mis cosas en una bolsa. Me tomo por sorpresa cuando me besó, intente ignorar que se trataba de Edward el hombre que quería y pensé que era el ser mas repulsivo que me había tocado al pensar en Demetri me quede estática sin darle una muestra de lo que en realidad sentía.

—No te retendré Bella, solo quiero que lo pienses no hay que precipitarnos. –me pidió con una mirada dulce. –No olvides a Millie ella te adora y sé que tu a ella.

—Es por los tres que es mejor terminar. Lo siento

—Un lo siento no sirve. —me dijo con los ojos llameantes, un llanto se escucho al otro lado del pasillo quería ir a despedirme pero no lo podía hacer. Edward salió de la habitación y fue a la de Millie me quede unos segundos recobrándome, llame a un taxi que dijo llegaría en un par de minutos, guarde mi teléfono en mi bolsillo y salí al pasillo me detuve un segundo en la puerta abierta y vi a Edward apretar a Millie contra su pecho me lanzo una mirada dura y se giro.

—Lo siento Edward, espero algún día me perdones.

—Pensé que lo que paso el fin pasado había significado algo para ti. —dijo con la voz entrecortada.

—Fue lo que me ayudo abrir los ojos, fue un error que no debía de ocurrir. –No podía tratarse de un error, había sido la experiencia más maravillosa.

—Error, me alegro de saber lo que fue para ti. —se acerco y susurro un vete antes de cerrar la puerta.

Me aleje conteniendo las ganas de llorar, cuando estuve en la calle el taxi ya estaba ahí, mire por última vez la casa y me fui abandonando mi felicidad.

El sábado por la mañana acudí al hospital donde sabía encontraría al jefe del hospital para anunciarle que me marcharía en dos semanas, que me habían aceptado y debía de marcharme lo más pronto posible y por la noche recibí una llamada de Demetri que me felicito por hacer lo correcto, el muy estúpido se divertía arruinándome la vida.

El fin de semana fue duro pero lo dedique a empacar algunas de mis cosas.

El lunes llego tanto Ángela como Heidi se extrañaron de verme llegar nuevamente en mi auto y no con Edward como solía hacerlo, se sorprendieron cuando les dije que habíamos terminado al descubrir que no éramos tan compatibles como creíamos; Heidi insistía que debía de ser que Edward había hecho algo que detrás de ese dios griego tenía que haber algún defecto para que dos mujeres lo abandonaran en menos de 6 meses.

El día pasó de manera más lenta que me hubiera gustado, me encontré varias veces a Edward algunas de ellas con Millie y el solo me miraba con un poco de superioridad y decidía tomar otro camino para no estar cerca de mí.

Por la noche hable con Rose para hablarle de mi situación, ella intento hacerme ver de que estaba cometiendo un error al dejar que la felicidad se me escapara de las manos, intente hacerla ver qué era lo mejor pero ella insistió que no se trataba de un error que debía de hablar con él explicarle mi situación pero yo no lo quería hacer porque no quería su lastima, pero al final cedió y acepto lo que estaba haciendo, cuando le dije la razón de mi llamada solo suspiro y acepto prestarme su casa en Londres lo que encontraba un lugar donde vivir.

El siguiente día no fue muy diferente pero no fue hasta medio día que las cosas se complicaron, estaba en una nueva sesión de un caso que no tenía que ver con mi área pero era obligación asistir ya que tal vez podías aportar algo. Lo que no me esperaba era el anuncio que el Louis dio al final de la sesión.

—Bueno antes de que se marchen a sus labores, quiero comunicarles que en algunos días una colega nuestra se marchara para llevar sus conocimientos a otro lugar. —todos parecían desconcertados y yo me torne pálida al saber que hablaba de mí, no debía haberlo hecho no quería que todo mundo se enterara. — Solo me queda desearle suerte Dra. Swan.

Las miradas se enfocaron en mi, sonreí de manera forzada y salí prácticamente huyendo de la sala, no quería que me hablaran no podía soportar preguntas.

— ¿Cómo que te vas y no nos habías dicho? —cuestiono Heidi apartando el expediente que revisaba.

— ¿Por qué te vas? —pregunto Ángela

—Recibí una maravillosa oferta que ayudara en mi investigación.

— ¿Es solo por eso? —presiono Heidi que no estaba convencida. — Desde que te conozco eres demasiado reservada y siento como si ocultaras algo o te ocultaras de algo.

—Alucinaciones tuyas. —sonreí nerviosa al ver que daba en el clavo.

Los siguientes días me agobiaron de preguntas por mi repentina decisión de marcharme, seguía manteniendo la excusa de la oferta para mi investigación, me deseaban suerte y éxito.

Había tenido que hablar con Emmett que se había molestado por no mantenerlo al tanto, pero después de escucharme no le quedo más que aceptar mi decisión y darme el teléfono de Sam para ponerme en contacto con él, ya que era el único que me podía ayudar en mi plan de escape. Sam me ayudara a salir del país sin que Demetri se diera cuenta, sabía que la agencia de seguridad que manejaba podía hacer algo para cubrir mi identidad y no ser detectada de manera fácil ya que Demetri podía fácilmente conseguir que le dijeran hacia donde me marchaba, me alegre cuando me aseguro que solo necesitaba decirle el día y el arreglaría todo para que nadie se enterara de mi paradero.

El jueves por la noche llegue un poco más tarde ya que las chicas me había retenido intentando indagar un poco más sobre la verdadera razón por la que me marchaba, pero al no obtener nada me habían dejado libre no sin antes sentenciarme que seguirían indagando. Me quede un momento en mi auto sintiendo un mar de sentimientos que si lo permitía me haría flaquear.
Baje de mi auto quedándome un momento apoyada en el sin ver a la nada, de nuevo estaba huyendo intentado recuperar mi vida, cuánto tiempo más iba a seguir de esta manera, todo tenía que terminar y al paso que iban las cosas sabia que solo había una manera que aunque era cobarde no encontraba otra salida, estaba atrapada.

Sentí un escalofrió recorrer mi columna y como la piel se me erizaba, levante mi rostro para observar todo el estacionamiento pero no vi nada fuera de lo normal, apreté mi bolso contra mi pecho y camine deprisa hacia al ascensor pero antes de llegar una mano se cerró en mi brazo.

—Me extrañaste cariño. — tire de mi brazo para recuperarlo pero la mano de Demetri presionaba fuertemente.

—Déjame. —intente soltarme golpeándolo con mi mano libre pero en un movimiento rápido tomo ambas manos con fuerza sin darme opción a liberarme.

—Crees que soy estúpido Isabella. ¿A que estás jugando niña estúpida? —me estaba lastimando, tiro de mi obligándome a caminar pero logre oponer resistencia cosa que no le hizo gracia, dio un giro brusco aventándome hacia atrás logrando que chocara contra una de las columnas haciéndome daño.

—Me estas lastimando. —sentí mis ojos arder pero no lloraría ya me lo había prometido desde hace mucho.

—Creíste que te podías marchar sin que yo me diera cuenta, ¿Qué aun no sabes que te tengo vigilada, se todo lo que haces? —sentí asco al sentir su mano libre delinear el contorno de mi cuerpo.

— ¡No me toques! — me moví evitando que sus manos siguieran recorriendo mi cuerpo. — ¡AYUDENME! — grite esperanzada que alguien pudiera oírme me el estacionamiento esta desierto, solo logré que su mano se cerrara en mi garganta y me hiciera golpearme duramente en la cabeza.

—No te atrevas a gritar, si sabes lo que te conviene te quedarías quieta. —mi respiración se me dificultaba su mano presionaba bastante mi garganta impidiendo que el aire entrara bien en mi tráquea.

Un ruido sordo lo hizo aflojar su agarre y aproveche para liberarme, le di una patada en la pierna y cuando libero mis manos lo avente con todas mis fuerzas echándome a correr hacia el ascensor pero antes de llegar sentí que tiraba de mi logre zafarme pero me aventó obligándome a caer golpeándome las costillas con el filo de uno de los escalones haciéndome un gran daño pero eso era lo de menos solo tenía en mente huir de ahí, aproveche que había resbalado para hacerme caer para lanzar una patada que lo golpeo dejándolo algo desorientado, me levante sintiendo un gran dolor pero me moví de prisa hacia las escaleras pero mi auto estaba más cerca, torpemente saque las llaves y no supe como lo eche a andar saliendo de ahí.

Había escapado nuevamente, sentía un dolor en mi pecho y mi cabeza, las lágrimas nublaban mi vista y me obligue a conducir más deprisa de lo que usualmente lo hacía. Cuando me di cuenta estaba fuera de mi auto y delante de la puerta de la casa de Edward, el lugar que había abandonado días atrás.

Me sostuve de la puerta antes de llamar, no sabía a quién mas acudir que me hiciera sentir segura, después de todo lo que le había dicho no lo culpaba si mi echaba o ni me abría la puerta, toque el timbre sintiendo mi cuerpo temblar un dolor que me lastimaba hasta el respirar.

—Pensé que no…—levante la mirada al escuchar la rudeza con la que había hablado, no tardo ni dos segundos en los que su expresión dura cambio por una asustada. — ¿Qué sucedió?, ¿Estas bien?

—No. —murmure aun sin moverme, sus brazos me rodearon apretando suavemente contra su cuerpo obligándome a dejar escapar una exclamación de dolor por haber presionado la zona lastimada.

—No sé qué es lo que te sucedió, pero en este momento vamos a aclarar las cosas. Quiero la verdad. —dijo con voz segura pero suave ayudándome a entrar cerrando la puerta y colocando el sistema de seguridad, mi cuerpo aun temblaba por lo sucedido y por lo que sabía iba a suceder, tendría que desnudar mi alma contándole mi infierno.

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