Dolorosa traición: Capítulo 10



Compras con los Cullen

Miré nuevamente a Edward y el mantenía sus ojos puestos en su hermana.

—Creo que antes siquiera de pensar en decorar la habitación del bebé deberías de preguntarle a Bella si está de acuerdo. —me apretó contra su cuerpo y besó mi coronilla.

— ¿Verdad qué no te importa? —me preguntó con una mirada que hacía que no le pudieras negar nada.

—No hay problema Alice, agradezco tu ayuda.

—Hay tantas cosas por hacer. —dijo emocionada y Jasper la tomó por los hombros para que quedara en su lugar y dejara de saltar.

El día siguiente todos los Cullen llegaron temprano al departamento y cuando noté como Alice recorría con la mirada todo el departamento me di cuenta que había visto que había cambiado algunas cosas de lugar.

—Lo siento. —dije avergonzada.

— ¿Qué sucede cariño? —preguntó Esme en tono maternal.

—No debí de mover las cosas, yo las…

—Es tu departamento Bella, y puedes mover cuanto quieras ¿Está bien? — cortó Edward con una sonrisa.

— ¡Oh! —exclamó Alice al notar que lo había dicho por ella. — Yo solo estaba mirando que me gusta más este aspecto que tiene ahora y que colocaste flores en sitios estratégicos. Y luce bien. Aunque… —recorrió de nuevo el departamento y soltó una risita. — Creo que Edward debería de regalarte otra cosa que no sea flores, porque al paso que vas en un mes podrás poner tu propia florería.

Esta vez Edward nos acompañó de compras y eso en parte me hizo sentir más tranquila. Habíamos elegido un par de muebles y cosas que sabía serian de utilidad, lo que implicó que me gastara prácticamente todos mis ahorros pero bien valía la pena.

—Ni lo pienses. —escuché una voz detrás de mí cuando extendía mi tarjeta de crédito para pagar las compras. Me la quitó y le entregó a la dependiente una de las suyas.

— ¿Estás loco? — di un par de saltitos para alcanzar mi tarjeta que él mantenía en alto y la empleada sólo nos veía con diversión.

—Pase la tarjeta—le mandó Edward a la chica que lo hizo y cuando el comprobante comenzó a salir me entregó la mía.

Intenté convencer a la chica para que cancelara el pago y lo hiciera con la mía, pero ella se negó y yo me sentí completamente frustrada y furiosa. Di media vuelta y me dirigí hacia la salida tratando de tranquilizarme para no gritarle.

—Espera Bella. —se detuvo delante de mí y estiró su mano para tocarme pero yo retrocedí.

—No me toques y déjame pasar. —gruñí furiosa haciendo un enorme esfuerzo por no golpearlo.

—Cariño…

—Déjame pasar. — dije apretando los puños y él se hizo a un lado, más sin embargo caminó junto a mí. — Déjame tranquila.

—Yo no estoy haciendo nada. —levantó las manos y me miró con inocencia.

Me detuve y me di cuenta que no sabía donde me encontraba, sólo había salido de la tienda sin ver el rumbo que había tomado y ahora estaba desorientada; pero aún así estaba furiosa por el atrevimiento de Edward.

— ¿Quieres subir al auto o quieres seguir caminando sin rumbo? —gruñí y miré a mi izquierda y ahí estaba Emmett siguiéndonos. Me dirigí hasta el auto y subí tratando de mantenerme alejada de él. —Bella…

— ¿Crees qué no puedo pagar las cosas de mi bebé? —gruñí y el soltó un resoplido llevándose las manos al cabello. — Puede que no sea una millonaria, pero puedo pagar las cosas de mi bebé.

—Yo no dudo que lo puedas hacer. Pero quise hacerlo, nunca pensé que te molestaría que lo hiciera. —se movió un poco hacia mí. — He visto lo mucho que has trabajado para conseguir el dinero que ocuparás para cuidar del bebé; pero ahora ya no estás sola y yo quiero que compartamos los gastos.

La furia desapareció por completo y dio paso a una sensación de regocijo por saber que él quería participar en todo lo que se refería al bebé, él en verdad aceptaba a mi bebé. Aún me costaba trabajo confiar en Edward, ¿cómo saber que no intentaba ocultar algo?

— ¿Qué sucede cosita? — dejó un brazo sobre mis hombros y con el otro me rodeó pegándome a su cuerpo, de inmediato busque su calor y me eché a llorar. Los recuerdos aún me lastimaban y me hacían dudar de todos los que se acercaban a mí. Aunque quería parar de llorar no lo conseguía y sólo me aferré más a Edward que desde que había entrado en mi vida se había convertido en mi salvavidas y aunque lo negara se estaba convirtiendo en una parte de vital importancia en mi vida, era tan esencial como respirar. Lo sabía, pero me había negado a ver que él ya no era un hombre cualquiera, me importaba más no lo amaba como un día amé a Jacob; esa rata miserable.

Cerré mi puño apretando la camisa de Edward mientras él me acomodaba en su regazo, mis lágrimas iban cesando y sólo estaba hipando hasta quedar sumida en un profundo sueño.
Desperté cuando mi estómago comenzó a retorcerse por el hambre y me encontré en mi cama, cuando salí de la habitación descalza para ir asaltar el refrigerador me encontré con los Cullen en un divertido juego de póker y estaban apostando. Me acerqué sigilosamente pero Edward notó mi presencia, al ver que no había más sillas se alejó un poco de la mesa y me sentó en su regazo lo que me hizo enrojecer. Giré mi cuello y vi las cartas de Jasper que me descubrió y me miró con los ojos entrecerrados, aparte mi vista y vi el centro de la mesa donde estaban las apuestas, había monedas, un labial, un espejo, galletas y una tacita que apostaba era de Mark, lo que me hizo estallar en carcajadas.

— ¿Qué te causa tanta gracia? —preguntó Edward.

—No creo que a Mark le haga gracia ver que alguien más tenga su tacita. —él se encogió de hombros. — Además no creo que el labial rojo te quede bien.

—Él va perdiendo Bella, así que no tienes de que preocuparte. —murmuró Jasper entre risas.

El juego terminó y Carlisle fue el que se quedó con las apuestas, se miraron entre ellos y comenzaron uno nuevo. Sonreí al ver que Alice rebuscaba en su bolso al igual que Esme y Jasper en la mochilita de Mark, me giré para ver a Edward y me aferré a su cuello cuando se levantó.

— ¿Vas apostar a Bella? —preguntó Alice divertida y yo la miré fijamente.

—Ella es mi amuleto de buena suerte. —me dio un beso en la nariz y me dejó en la silla mientras él salía a buscar que apostar y cuando regreso dejó sobre la mesa una muñeca que reconocí como la de Ally.

—No puedes apostar las cosas de mi hija. — protestó Jasper intentando quitarla de la mesa pero Edward se lo impidió.

—Tú apuestas las cosas de Mark. —se defendió.

—Pero es mi hijo. — dijo tomando un brazo de la muñeca.

—Es mi ahijada. —haló Edward

—Pero yo le compré esta muñeca. —haló Jasper

—Y ella me la prestó. —volvió a halar Edward.

— ¡Mi muñeca! — gritó Ally que se subió a la mesa y se las quitó, acomodó el cabello de la muñeca y después miró a los adultos con los brazos en la cadera — Ya no te volveré a prestar a mi muñeca.

—Ally. — trató de abrazarla Jasper pero ella levantó su dedito y comenzó a moverlo delante de él.

—Papi malo, maltratabas a Mimi. —tuve que morderme la lengua para no soltar una carcajada, los dos hombres habían sido tranquilizados por una pequeña.

Con el juego terminado fui a la cocina para tomar una manzana mientras revisaba lo que había en el refrigerador para preparar la cena.

—Iremos a cenar fuera—anunció Alice. — ¿Aún estás molesta?

Recordé la manera en que había salido de la tienda y como había caminado sin rumbo para después entrar en el auto con Edward, y pasar del enfado a las lágrimas, pero lo que me hizo avergonzarme es que ellas debieron de regresar en taxi ya que por mi momento de enfado no había pensado en ellas y las habíamos dejado en la tienda.

—Lo siento mucho Alice. —me disculpé nerviosa y ella se echó a reír.

—Las hormonas son nuestras peores enemigas. Pero fue agradable ver como pones a Edward en su lugar, al fin una mujer que lo tiene controlado. —sonrió.

— ¿Tanya no lo controlaba? — pregunté sin saber porque había sacado al tema a la ex prometida de él.

— ¿No te ha hablado de ella? —preguntó y yo negué mordiendo mi labio inferior. — Yo no te puedo decir mucho, pero lo único que debes de saber es que Tanya sólo era apariencia y él se engañó con ella. Él te adora no lo dudes ni un poco.

—Él se ha convertido en alguien muy importante para mí.

— ¿Y lo quieres? —se sentó y me indicó que hiciera lo mismo. — ¿Qué te sucedió Bella? ¿Por qué no hablas del padre del bebé?

—No merece que hable de él. —apreté los dientes al sentir esa sensación en el estómago con sólo pensar en él. ¿Estaba traicionando a Edward si seguía pensando en Jacob?

—Puedes hablar conmigo Bella, quiero que seamos amigas. — soltó una risita. — se que no basta con decir que seamos amigas para serlo, pero puedes confiar en mi completamente.

—No me gusta hablar de ello. Me duele. —acaricié mi vientre.

— ¿Y cómo superar ese dolor si no hablas de él?

— ¿Eres psicóloga? —pregunté con una sonrisa débil.

—Jasper es el psicólogo, pero vivir con él me ha enseñado un par de cosas. — miré a Alice y supe que ella era sincera al igual que el resto de su familia. Ella tenía razón, debía hablar de lo que había sucedido para poder comenzar a vivir. Pero no quería que me juzgaran por ser tan estúpida.

—Me cuesta confiar. El padre de mi…

— ¿Listas para ir a cenar? —interrumpió Edward con una sonrisa y Alice rodó los ojos y parecía enfadada porque hubiera llegado, más yo se lo agradecí ya que no era el mejor lugar para hablar con ella de Jacob.

Fuimos a cenar al restaurante que Edward me había llevado por primera vez, y fue muy divertido ver a los pequeños que no se podían estar tranquilos en sus sillitas y comenzaron a correr por todo el lugar haciendo que su madre les llamara la atención molesta y el resto de la familia riera a sus espaldas ya que ellos decían que Alice hacia lo mismo cuando era pequeña.

—Ves la razón por la que evitamos cenar fuera de casa. —gruñó Alice sujetando a Mark y sentándolo en su regazo.

—Son sólo niños. —le recordó Edward que acomodó su brazo en el respaldo de mi silla y tocó mi mano que estaba sobre mi vientre cuidando de que nadie lo notara.

No pude parar de mirarlo durante el resto de la cena, la manera en que bebía de su copa, en el que disfrutaba de cada bocado y la manera en que les dedicaba atención a sus sobrinos. Era un hombre increíble y no podía dejar de recordar la pregunta de Alice si yo quería a su hermano, había evitado contestarla porque ni yo misma sabía si lo que sentía por Edward era más que un cariño del que se tiene a un amigo; aunque lo seguía intentando no podía olvidar a Jacob y su traición, sabía que era una estúpida por seguir pensando en él, pero me costaba tanto trabajo el hacerme a la idea de que el hombre que me trató como una princesa fuera el mismo que jugó conmigo y que intentó … con sólo recordar lo que había sucedido me erizaba la piel y me revolvía el estómago.

— ¿Náuseas? —preguntó Edward ya que él pensaba que mi estremecimiento y desagrado era por algún olor y no por un recuerdo.

—No es nada. —apreté su mano y le sonreí.

Dejamos a su familia en su edificio ya que se estaban quedando con él. Me acompañó hasta el departamento y se mantuvo serio y pensé que estaba enojado, algo de lo que no lo culparía, al fin se había dado cuenta de que yo no había sido la mejor opción.

—Edward. ¿Hay algo qué quieras decirme? —pregunté con la voz temblorosa.

—Estuve pensando sobre lo sucedido en la tienda y creo que tienes razón, no debí de actuar de la manera en que lo hice, debí de consultártelo antes. — apoyó su espalda en un lado del marco de la puerta y extendió su brazo hasta dejar su mano apoyada en el otro extremo impidiendo que pudiera entrar en el departamento. — Lo siento cosita. No quiero que te vuelvas a enfadar y prometo que cuando tenga otra grandiosa idea como esa te lo haré saber.

— ¿Y qué hay con éste pago? —pregunté cruzando mis brazos sintiendo mis mejillas ruborizadas ya que aún no me acostumbraba a que él me llamara cosita de una manera dulce.

—Se que eres una cabezota y que no querrás que yo lo pague todo, más yo quiero pagar aunque sea la mitad de todas las cosas que sean para el bebé.

—No es justo. —protesté.

— ¿Por qué no lo es? —su rostro se acercó al mío.

—Es mi bebé, y me corresponde hacerme cargo de todas sus necesidades y sus gastos. —chasqueó la lengua y negó con una sonrisa en los labios.

—Cuando aceptaste salir conmigo quedó claro que yo te quería a ti al igual que quería al bebé en mi vida.

— ¿No te importa qué no sea tuyo? —pregunté en un susurro recordando las palabras de mis padres.

Después de viajar por más de ocho horas estaba feliz de llegar al pueblo cercano a San Antonio donde me había criado, era pequeño y la gente se conocía entre si.

Al llegar a casa llamé un par de veces y salió mi madre que al verme delante de la puerta se puso a gritar y al abrir me envolvió en sus brazos.

¿Por qué no avisaste que vendrías a vernos? —me empujó dentro de la casa y ayudó con mis cosas, las pocas pertenencias que Irina me había ayudado a sacar de mi departamento sin que nadie se diera cuenta.

Era una sorpresa. —fingí una sonrisa que no la logró engañar pero lo dejó pasar.

Me lancé a los brazos de mi padre que al verme los abrió y me dejé envolver en ese refugio que siempre me hacía sentir protegida y a salvo.

Fueron dos días los que me permitieron estar con ellos sin hacer ninguna pregunta de mi falta de apetito y lo callada que permanecía, sólo estaba tratando de encontrar la manera de contarles que serían abuelos y que no podía decirles quien era el padre ya que eso volvería a poner en peligro la vida de mi bebé.

Después de la cena que apenas probé; mi padre evitó que me marchara y supe que había llegado el momento de enfrentarme a ellos ¿Qué podía salir mal? Sabía que se molestarían pero al final ellos me apoyarían.

¿Qué sucede pequeña? —se arriesgó mi padre haciendo que mi madre volviera a su silla.

Sabes que puedes hablar con nosotros hija. —dejó su mano sobre la mía, apretó los labios y me miró con dulzura.

Lo lamento tanto. —dije rompiendo a llorar cubriendo mi rostro. — De verdad que lo siento, no quise fallarles. ¡Fui una estúpida!

Tranquilizante mi amor, lo que sea que pasó lo vamos a solucionar. — al escuchar la última palabra coloqué mi mano en mi vientre aún plano.

Yo… yo arruiné las cosas. — tomé aire y los miré preocupados. — Estoy embarazada.

Eso no es tan malo cariño. — me abrazó mi madre.

¿Quién es el padre Isabella? —gruñó mi padre ganándose una mirada reprobatoria de mi madre. — ¿Quién es?

No puedo decírtelo, no quiero hablar de él. —sollocé.

¿Cómo es eso de qué no puedes decirnos quién es el padre del bebé?

No voy a hacerlo mamá. Este bebé es mío y sé que con su ayuda…

¿Tienes idea de lo qué este embarazo provocará en el pueblo? —reprochó mi padre. — ¿Sabes qué la gente aquí nos conoce? ¿En qué demonios estabas pensando?

Basta Charlie.

¿Es esa la educación qué te dimos Isabella? La gente de este pueblo te tiene como una mujer inteligente y con esto no muestras ni una pizca de esa inteligencia. —golpeó la mesa y yo me refugié en los brazos de mi madre. — Dime con que cara voy a decir que eres mi hija, que sigo estando orgulloso de ti cuando la verdad es que me has decepcionado de la peor manera.

Sabes que la gente comenzara a hablar cariño. —apretó mi mano con fuerza. — Tienes que decirnos porque no nos quieres decir quien es el padre.

Él no quiere al bebé, no quiero que sepa que…

¿Es un hombre casado o qué es lo que estás ocultando? —en un par de zancadas mi padre estuvo junto a mí y me levantó de la silla tomándome de los brazos con fuerza y comenzó a moverme con brusquedad—Habla de una maldita vez Isabella.

Está comprometido. —dije sintiendo el dolor que había sentido cuando me había enterado de la verdad, yo había pensado que esa morena era su amante y no la prometida con la que se casaría este fin de semana. Siempre me había utilizado y siempre yo había sido la otra.

¿Cómo pudiste estar con un hombre comprometido? —Estalló mi madre molesta. — No te eduqué para que te comportaras de esta manera.

¡Yo no lo sabía!— exclamé frotando el área que mi padre había lastimado.

Es imposible que no lo supieras. — intenté acercarme a mi madre pero ella retrocedió y me dio la espalda. — Esto es demasiado Isabella. La gente del pueblo va a hablar y es algo que no vamos a soportar.

¿Les importa más lo que la gente diga a por lo que estoy pasando? — grité furiosa y sintiendo nuevamente como las personas que decían quererme me daban la espalda.

Lo que esta sucediendo, tú te lo buscaste. —sentenció mi padre. —Lo siento Bella, pero nosotros no te vamos a ayudar esta vez.

—Claro que no me importa. ¿Es qué no te has dado cuenta de eso? —asentí mordiendo mi labio inferior y respirando más lentamente al sentir su aliento chocar contra mis labios. — Te qui… los quiero Bella. — murmuró contra mis labios a tiempo que dejaba una de sus manos en mi abultado vientre.

Levanté mi mano temblorosa y la dejé en su rostro sintiéndolo áspero, por su barba que seguía creciendo y que lo hacía lucir aún más masculino y guapo de lo que ya era. Me apoyó contra el marco de la puerta y sus labios se posaron contra los míos, fue un movimiento suave e incitante, su sabor era lo más agradable que había probado y cuando sus labios se separaron de los míos supe que querría volver a sentirlos.

Abrí los ojos y me encontré con los suyos que brillaban y una pequeñas arruguitas se formaron a su alrededor. Acaricié su mejilla y me levanté de puntillas para volver a besarlo y acercar mi cuerpo al suyo que de inmediato sentí el calor que traspasaba su ropa. Se separó con suavidad y me envolvió en sus brazos.

—Ve a dormir cosita, mañana creo que querrán seguir con las compras para la habitación del bebé.

—Aún no me has dicho como arreglaremos lo de hoy. —pregunté enarcando una ceja tratando de aparentar tranquilidad pero mi pulso estaba muy acelerado y sabía que mis labios mostrarían que habían estado unidos a los de él, como los suyos lo mostraban.

—Deja que yo pague. —fruncí el ceño y el deslizó su dedo tratando de que mi rostro se relajara. — Y ya cuando tengamos todo lo dividiremos y así tu me darás tu parte y no nos complicamos.

—Te pagaré cada centavo. Ya has hecho mucho por mí.

—Nunca es suficiente cosita. Ahora ve a la cama y sueña conmigo. — rodé los ojos y entre al departamento más no cerré la puerta hasta que él desapareció tras las puertas del ascensor.
Como Edward lo había predicho esta vez soñé con él lo que hizo mi noche muy agradable y que pudiera descansar plenamente. Al día siguiente desayunamos en casa de Edward y después seguimos con las compras y esta vez dejé que Edward se hiciera cargo de pagar lo que pareció alentar a su madre y hermana que elegían más cosas de las que sabía eran necesarias y al mismo tiempo me daba miedo de que mis ahorros no fueran suficientes.

Me despedí de ellos el domingo por la noche ya que pensaba que como la vez anterior que habían estado en la ciudad se marcharían temprano, más me llevé la sorpresa de que Alice y su familia se quedarían un par de días más por un congreso al que asistiría Jasper.

—Hola Bella. — saludó una muy emocionada Alice que llegó danzando hasta quedar frente a mi escritorio.

— Pensé que ya se habían marchado— me sonrojé al darme cuenta de que había sonado muy grosera.

—Jasper tiene un congreso y decidimos quedarnos con él, además los niños adoran pasar tiempo con Edward.

—Y se que Edward le gusta pasar tiempo con los niños. —dije con una sonrisa.

—Crees que…— dejó la frase en el aire y fue hasta la oficina de Edward y entró sin llamar.

—Pasa Alice, no tienes porque llamar. — gruñó mirando a su hermana y a mi que me mantenía en la puerta.

—Agradece que me tomé la molestia de decirte que esta mañana me robaré a tu novia. —dijo alegre y yo miré a Edward y después a su hermana.

—No puedes llevarte a Bella.

—Sobrevivirás sin ella. —se acercó a él y le dio un beso en la mejilla. — Bella y yo tenemos que continuar una charla que interrumpiste el sábado.

—Llamaré a la chica que te cubre cuando sales. Tomate el día co…Bella. — se sonrojó y supe que no quería que su hermana supiera la manera en que me llamaba. Se acercó hasta donde estaba y me dio un pequeño beso en los labios como despedida. — Te veré en la noche.

—Dale su espacio — lo golpeó su hermana para después tomarme de la mano y alejarme de él.

Tomé mis cosas y seguí a Alice, ya no me sentía tan segura de contarle lo que me había sucedido y que me había hecho desconfiar de los demás y que aún me hacía dudar sobre que era exactamente lo que sentía por su hermano. La hora de hablar del pasado había llegado.
 ...


Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

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