Dolorosa traición: Capítulo 11



Alice


Al salir de la empresa todos nos habían observado o mejor dicho estaban viendo como me marchaba con la hermana de Edward cuando el día apenas estaba iniciando. No tardamos en llegar al departamento donde al entrar encontramos a Nicolás persiguiendo a Mark que corría sin pantalones y el serio mayordomo los traía en su mano.

—Mark ven aquí— pidió Alice atrapando a su hijo que no paraba de reír y segundos después llego Nicolás.

—Lo siento señorita Alice pero lo estaba cambiando y él sólo se echó a correr sin darme tiempo a ponerle su pantalón.

—Tiene esa mala costumbre— lo miró con seriedad y el niño le dio un beso que la hizo sonreír, se giró hacia mi— una vez a Jasper se le escapó del cuarto de baño y corrió desnudo por todo nuestro piso cuando sus abuelos y tío estaban ahí. No sé donde sacó esta tendencia exhibicionista.

Intenté reprimir una carcajada pero fallé en el intento y la seguí hasta el comedor donde me pidió esperar en lo que se hacía cargo de vestir a su hijo y que Ally se despertara.

Al sentarme Nicolás me llevó un poco de fruta y un vaso de jugo y por primera vez sonrió levemente.

— ¿Algo más señorita?— preguntó con cortesía.

—Un poco de miel— dije tímidamente. — olvídelo así está bien.

—Enseguida se la traigo. — se marchó y yo me sentí extraña ya que siempre era yo la que hacía mis cosas y nunca había nadie que me ayudara. Volvió en cuestión de segundos y la dejó sobre la mesa.

—Gracias— murmuré con una sonrisa tímida.

— Lo que necesite no dude en pedírmelo.

Alice llegó llevando a sus dos pequeños y le ayudé a vigilar que desayunaran todo lo que les había servido, ambas escuchábamos que los dos se pelaban por contar lo que habían soñado, era una pelea para ver cual de los dos tenía los mejores sueños pero al final era obvio que sólo era producto de su imaginación y de la competencia. Cuando terminaron se despidieron dándole un beso a su madre y para sorpresa otro a mí y me llamaron tía Bella.

— Son unos demonios, pero son mis demonios. — Dijo Alice sin perder la sonrisa— por más travesuras que hagan es muy difícil que me enfade con ellos, ya sabrás de lo que te hablo cuando ese pequeñín llegue.

—Hay días que me asusto al ver que ya falta muy poco y hay otros en los que aún veo que es algo lejano.

— Creo que eso nos sucede a la mayoría. — sonrió y se llevó la taza a los labios con la mirada perdida y parecía muy pensativa. — el sábado te pregunté si querías a Edward y no me respondiste, sé que sientes algo por él, pero no me gustaría verlo sufrir de nuevo, él esta tan ilusionado por la idea del bebé.

— Siento algo muy fuerte por él, más no sé si es amor o simple cariño combinado con agradecimiento por lo que ha hecho por nosotros. — ella apretó la taza más no me vio a los ojos seguía con la vista perdida.

— También dijiste que te costaba confiar en los demás ¿qué fue lo que sucedió con el padre del bebé?— me miró con ojos encendidos, pero ella permanecía muy tranquila.

Mis manos temblaban cuándo tomé la taza entre mis manos, ella no comprendería mi miedo hasta que conociera una parte de la historia, ella sólo estaba velando por el bienestar de su hermano uno que se merecía a alguien mucho mejor que yo.

— El papá de mi bebé no lo quiere y yo tampoco fui alguien importante, sólo fui con quien se acostaba y como te darás cuenta hubo un pequeño incidente que él encontró como inaceptable. —miré mi taza, no podía verla a la cara y seguir hablando. —No soy una simple secretaria, soy maestra de preescolar, pero me vi obligada a dejarlo para evitar que Ja... él diera con nosotros.

—Ahora entiendo tu facilidad con los niños. — su voz se había suavizado nuevamente y había dejado su sitio al otro lado de la mesa para acomodarse junto a mí. — ¿Cómo lo conociste?

— Una amiga me invitó a una fiesta donde había mucha gente importante y yo me sentí realmente pequeña, pero él se acerco a mí y me invitó a bailar y pensé que cuando supiera que era una simple maestra su interés desaparecería ¿cómo un hombre como él se fijaría en alguien tan insignificante como yo?

— No digas eso— dijo molesta.

— Me sorprendió cuando a final de la noche pidió mi número de teléfono y se lo di sabiendo que no me llamaría, pero un día después me llamó y me pidió que saliéramos. Acepté aún sin poder creer que de verdad me estaba sucediendo algo así, un hombre de buena posición me estaba pidiendo una cita. — me removí incomoda y sonreí con nostalgia al recuerdo— las primeras salidas fueron grandiosas y yo estaba en una nube por mi buena suerte, no me importaba su dinero; lo que me importaba era que era guapo, atento, caballeroso y que no le importaba que fuéramos de un status diferente. —Giré mi rostro y limpié mis mejillas húmedas.

— ¿Y qué sucedió?

— Después de casi dos meses de salir juntos el insinuó que...

— Que tuvieran sexo— me cortó Alice y yo asentí.

—Yo me negué. Te parecerá prehistórico pero soy de un pueblo de Texas y fui educada de tal manera que tener intimidad antes del matrimonio es algo malo. — acomodé mis manos en mi regazo y apreté la tela de mi vestido. — pensé que lo había perdido cuando se marchó, pero a la mañana siguiente me llamó y me dijo que él podría esperar que no me forzaría a nada y me sentí nuevamente afortunada. Pasaron otro par de meses, comenzó a llevarme con él a eventos más importantes por petición mía de querer acompañarlo, al principio se resistió alegando que la gente de su mundo me haría daño pero no me importó.

—Estúpido. —chilló molesta.

— Después de uno de esos bailes estaba confusa porque él aún siguiera presentándome como su amiga y no como su novia, así que se lo pregunté y él siguió contestando que era por mi bien; esa noche las miradas se habían posado en mí y me habían hecho sentir muy incómoda y me aseguró que si sabían que éramos pareja serían más hostiles aún. Pensé que realmente me protegía, yo sentía que estaba realmente enamorada de él así que esa noche me olvide de mis prejuicios y acepte estar con él.

Al llegar a casa me acompañó hasta la puerta y antes de que abriera se adueñó de mis labios de manera salvaje que me dejó sin aliento.

Te necesito Isabella—murmuró contra mis labios y sus manos no dejaban de acariciar mi cuerpo. Durante mucho tiempo me había contenido de aceptar el estar con él. — Pero te prometí esperar hasta que estés lista.

Se despidió con otro beso aún más intenso que el anterior, dio media vuelta y antes de que diera un paso más decidí que el momento había llegado.

¿Quieres pasar? —le dije haciendo que se volviera y su mirada mostraba el deseo y su sonrisa se ensancho.

¿Estás segura? — asentí extendiendo mi mano y llevándolo dentro junto conmigo.

Una noche que se había repetido continuamente, sus atenciones no cambiaron pero pasábamos más tiempo explorando nuestro cuerpo que saliendo a algún sitio como lo hacíamos antes.

Me quedé en silencio recordando y en vez de sentir alguna especie de deseo sentí asco de recordar las manos de ese hombre recorrer mi cuerpo.

— ¿Después de eso te dejó?— preguntó tímida y yo negué mordiendo mi labio inferior.

—No lo hizo, continuó llevándome a eventos y comprándome obsequios cada vez más caros que intentaba regresarle pero que él me decía debía de quedármelos y utilizar en otra de nuestras salidas, yo pensaba que eran regalos cuando en realidad sólo me arreglaba para que nadie se diera cuenta de que era una simple maestra de preescolar; pero después dejamos de ir a bailes y pasábamos el tiempo juntos y yo me sentí extraña, viajaba constantemente y el tiempo que estábamos juntos pasábamos más tiempo en la cama que hablando.

— Hijo de pu… —dejó escapar una tosecita.

— Comencé con mareos y al notar la ausencia de mi periodo me hice una prueba que dio positiva y estúpidamente pensé que a él le alegraría más lo puso furioso, comenzó a gritar y decir que no era suyo, yo me asusté por su reacción violenta y fui salvada por su guardaespaldas y secretaría que me sacaron de ahí. — Recordé su expresión y mi cuerpo se estremeció— vi llegar a otra mujer que exigió verlo, era hermosa. Me mantuve oculta y la vi abrazarlo y besarlo para después desaparecer en el interior del despacho. Ahí supe que no era única y que me había estado engañando, le pregunté a su secretaria quien era esa mujer y ella me dijo que estaba mejor así.

— ¿No te dijo quien era?— negué.

— Después fue él quien me dijo quien era esa mujer.

Aún estaba en una especie de shock por descubrir que durante todo ese tiempo me había engañado. Me Levanté del sillón al escuchar el timbre y cuando abrí quise no haberlo hecho, ahí estaba él mirándome con ojos llameantes, me hizo a un lado y entró.

¡Fuera de aquí! — Grité.

Tenemos que hablar de ciertas cosas Isabella.

Tú y yo no tenemos nada de que hablar. — dije con seguridad pero estaba aterrada.

Creo que si tenemos algo de que hablar— encajó uno de sus dedos en mi vientre y yo retrocedí ante el dolor que me causo.

Este bebé es mío. — él enarco una ceja— ¿a qué estás jugando Jacob, crees que no vi a tu amante?

¿Amante?— dijo con diversión y se echó a reír ante mi desconcierto y mi ira. — ¿así que viste a Leah? La morena de cuerpo de escándalo y belleza exquisita.

¿Así que es cierto?— dije con gran esfuerzo— ¿no lo vas a negar?

No es mi amante— dijo sin borrar su sonrisa.

No me digas que es tu prima. ¡Vi cuando te besó! No puedes engañarme.

No es mi amante y tampoco mi prima— se inclinó un poco para quedar a mi altura y me miró con sus ojos oscuros— es mi prometida.

Parecía que mi reacción le había parecido muy graciosa porque volvió a echarse a reír y yo me sentí sucia y con ganas de vomitar.

Yo fui tu amante— dije más para mí que para él.

Veo que ya entendiste. Y no voy a permitir que ese bastardo me arruine las cosas.

— Era su...

— Era su prometida Alice, el muy imbécil me estuvo utilizando, yo creí ingenuamente que él sentía algo por mi y por eso me entregue a él, más no sabía que yo era la otra. — rompí a llorar y dejé que me abrazara. — no puedo confiar en nadie, no después de todo esto.

— ¿Y se lo contaste a tus padres?— el dolor en mi pecho se hizo más intenso al recordar que ellos no me apoyaron, me habían dejado a mi suerte no sin antes decirme que ningún hombre me tomaría enserio y que era estúpido que alguien se hiciera cargo del bebé de otro hombre.

— Los decepcione y ellos no quisieron exponerse a ser la comidilla del pueblo.

— Ahora no te culpo por no confiar en nadie. — Me abrazó más fuerte y besó mi cabello— nosotros no te dejaremos y Edward tampoco lo hará, le importas más de lo que tú te imaginas.

— ¿Pero por qué hacerse cargo de un bebé que no es suyo? — pregunte aún cuando ya me había dicho que él no me pediría que lo dejara.

—Él te quiere a ti y por lo tanto a tu bebé. Edward está ansioso por ser papá y eso porque tú eres la mamá. Además nosotros no dejaremos que te quiten al bebé; y mis hijos están entusiasmados por la llegada de su primito.

— ¿Cómo puedo pagarles algo de lo que han hecho por mí?

— ¿En verdad quieres saberlo?— asentí— has feliz a Edward y por supuesto déjame ayudarte a decorar la habitación del bebé. — sonreí limpiándome las mejillas y la abracé. — Has tenido muchas emociones y será mejor que duermas un rato ya que de lo contrario Edward me matará.

— Alice... No se lo digas a Edward. — Pedí

— Es algo que te corresponde a ti.

Me llevó a la habitación donde ya me había despertado una vez.

— Veo que la recuerdas, es la de Edward. — dijo acomodando los almohadones y dejándome entrar debajo de una manta— descansa Bella, tú y tu bebé están seguros con nosotros.

Me quedé buen rato ahí tumbada mirando la habitación de Edward y como sólo había muy pocos detalles, pero la habitación tenía su aroma y la almohada en que tenía apoyada la cabeza también, cerré los ojos y me dejé envolver por el dulce aroma y me quedé dormida tratando de olvidar mi pasado.

Me desperté completamente relajada, el descanso me habían servido y lo mejor es que no había tenido ningún mal sueño, por el contrario había sido muy agradable.

—Despertaste cosita. — Levanté la cabeza y recargado en unos almohadones estaba Edward con unos papeles en las manos.

— ¿Qué haces aquí?

— Es mi cama ¿lo olvidaste? — sonrió y se inclinó para besarme. — vine para ver que esa duende te tratara bien y al verte dormida quise velar tu sueño. ¿Está todo bien?

— Lo está— le aseguré con una enorme sonrisa y ésta vez era verdad, hablar con Alice me había ayudado y sentía que de verdad no estaba sola.

— Hora de comer, preciosa. — se levantó y me ayudó a incorporarme y colocarme las zapatillas. Jacob muchas veces me había llamado preciosa y había estado tentada a pedirle a Edward que no lo hiciera, pero extrañamente me gustaba como sonaba en sus labios.

— Me encanta tu sonrisa. — Me dio un beso— en realidad me encantas toda.

— Mentiroso. — le dije sin dejar de sentirme alegre, me empujó fuera de la habitación y me rodeó con sus brazos dejando sus manos en mi vientre.

—Te quiero cosita. — murmuró en mi oído.

— También te quiero. —respondí sabiendo que era verdad; podía que no lo amara pero él era muy importante en mi vida y estaba dispuesta a correr un nuevo riesgo. Me arriesgaría a abrirle mi corazón.


Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

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