Dolorosa traición: Capítulo 12



Tanya

Comimos con su hermana y sobrinos que se pelaban por la atención de Edward que trataba de complacer a ambos y no dejaba de reír. Sin duda seria un excelente padre.

Edward tuvo que regresar a la oficina por un par de reuniones, pero no se fue sin antes decirle a Alice que no me agotara y también le dio su tarjeta para que hiciera las compras.

Alice estaba muy entusiasmada con las compras y más al ver que tenía crédito ilimitado. Ella me iba explicando como quedaría cada cosa en la habitación y con sólo imaginármelo me sentía como en un sueño, más tuve que quitar un par de cosas ya que se me hacía exagerado, podía que ellos tuvieran dinero pero quería que mi hijo creciera de manera sencilla.

Con las compras terminadas regresamos al departamento de Edward donde lo
encontramos jugando con los niños y Jasper.

Me despedí de Alice y su familia ya que se marcharían al día siguiente, ella prometió regresar en un par de semanas en las que las cosas llegarían para poder comenzar a decorar y hacer la habitación más acogedora; los niños dijeron que nos extrañarían, me dieron un beso y nuevamente me llamaron tía. Edward me llevó a casa y me ayudó a llevar un par de bolsas de las compras.

— Alice está loca por las compras— dijo dejando un montón de bolsas sobre la cama de uno de los cuartos de invitados.

— ¿Y me lo dices ahora?— rodé los ojos y soltó una carcajada.

—Date una ducha y te prometo que preparé tu cama y te daré un masaje para que duermas como un bebé.— me empujó hacia la habitación principal y me dejó sola para que me diera una ducha y lo hice sin dejar de pensar que sus manos tocarían mi cuerpo y eso me hará sentir un agradable cosquilleo.

Me tomé mi tiempo y me paré frente al espejo para verme con el vientre más abultado y al mirar hacia abajo comprobé que ya no veía las puntas de mis pies.

— ¿Planeas dormir en el baño?— escuché detrás de la puerta. Me di un último vistazo en el espejo y al saber que no era la mejor imagen salí y Edward estaba sentado en la cama.

— Parezco un pingüino embarazado. — hice un mohín y él negó levantándose y abrazándome.

— Eres la mujer más linda. Y si fueras un pingüino serias el más sexy. — Pegué mi rostro a su pecho que subía y bajaba por una risita amortiguada. — luces muy hermosa.

— No me había dado cuenta de lo mucho que he crecido. — suspiré acurrucándome en sus brazos.

— Yo si lo había notado. — me pegó un poco más a su cuerpo acariciando mi espalda para que me relajara y sin poder evitarlo dejé escapar un suspiro.

Levanté mi rostro de mi refugio y noté el brillo en el rostro de él. Sin pensarlo mucho me levanté de puntillas y dejé que nuestros labios se encontraran, al principio había estado renuente a este tipo de contacto más ahora era algo indispensable: era mi droga. El beso fue interrumpido al sentir un movimiento en mi interior y por la mirada de Edward supe que el también lo había alcanzado a sentir.

— ¿Fue lo que creo que fue?— preguntó tomando mi vientre entre sus manos y mirándome con la alegría reflejada en su rostro.

—Se movió— dije conteniendo las lágrimas y posando mis manos sobre las de él.

— ¿Te hace daño?— preguntó preocupado.

—Para nada, es sólo que no me lo esperaba y fue algo agradable.

— Al menos ahora sabemos que nuestro chico está bien— dijo con completa felicidad.

Nos besamos un momento más y cuando sentí mi cuerpo comenzar a reaccionar de una manera inesperada nos separamos; y él cumplió con su promesa de darme un masaje que me dejó completamente relajada y adormilada.

—Mañana vendré por ti, cosita. — Me dio un beso para callar mis protestas— descansa mi amor.

Un mes después estaba ansiosa porque no habíamos podido iniciar con los arreglos de la recámara del bebé ya que los muebles no habían sido entregados. El trabajo seguía manteniéndome ocupada, lo único que me entristecía era el tener que comenzar con las entrevistas para mí remplazo; muchas de esas mujeres eran obvias las razones por las que se habían presentado: conquistar a mi Edward.

El ascensor timbró y por él apareció una mujer de mediana edad que retorcía sus manos por los nervios y me miró casi con pánico.

— Vengo por la entrevista. — dijo con renovada seguridad.

— Debes ser Leslie— ella asintió.

Tomé el teléfono y marqué la extensión de Edward que me contestó al tercer timbrazo con su habitual tono dulce le avisé que estaría en una entrevista por si necesitaba algo y no me encontraría.

Llevé a la chica a la salita en la que Ángela me había entrevistado.

— ¿Algo de beber? —Pregunté al tiempo que yo me serbia un poco de agua, sólo la mitad ya que mi vejiga parecía no tener mucha capacidad debido a la presión del bebé.

— Agua estaría bien. — le entregué el vaso y me senté frente a ella, tomé una hoja donde tenía las preguntas que había elaborado con Edward. — relájate, es sólo una entrevista.

— Lo siento es que es mi primera entrevista después de un año.

—Comencemos.

Era una mujer que era mucho mejor que yo y también que conocía el campo y se adaptaría a las exigencias del trabajo, cuando le hablé de las horas extras ella hizo una ligera mueca pero dijo que no había problema. Al llegar a su estado civil me dijo que acababa de divorciarse y tenía una hija de cinco años que dependía de ella ya que el padre no quería darle lo que le correspondía. Tomé su mano y le aseguré que las cosas mejorarían.

Se marchó un poco más animada y cuando salí de la salita vi a una rubia sexy entrar a la oficina de Edward empujándolo a él y cerrando la puerta de un golpe. La escena me recordó lo que había presenciado con Jacob y me negaba a que nuevamente me sucediera lo mismo, seguro había visto mal.

Tuve que bajar a recepción por un paquete y cuando regresé me encontré a Edward sentado en mi silla mirándome ceñudo.

—No tenías porque bajar. Sólo debes de decir que te lo traigan.

—Tengo que caminar un poco, no es bueno que siempre esté sentada. —le dije entregándole el paquete.

Evité tocar el tema de la mujer rubia que había estado en su oficina ya que aún no estaba segura de que fuera verdad o sólo una alucinación mía.

Tuvo que marcharse temprano porque debía de pasar a ver los avances en una obra, mientras que yo me quedé en la oficina esperando una carta importante y adelantaba un poco el trabajo. Fue cerca de las siete que llegó, en un arranque de valentía tomé mis cosas y decidí que sería bueno que fuera a esperarlo a su casa.

Tomé un taxi para ir su casa que estaba a sólo quince minutos, cuando llegué entré saludando al portero que me informó que él estaba en casa. Al llegar al departamento arreglé mi cabello antes de llamar a la puerta, presioné el timbre y escuché un par de pasos que se acercaban, delante de mí estaba Nicolás que al verme sus ojos se abrieron por completo y parecía que hubiera visto un fantasma.

—Buenas noches Nicolás. —lo saludé y el hombre continuó sin apartarse de la puerta.

—Señorita Isabella…¿el señor sabía que iba a venir? —preguntó sin moverse.

—Fue una decisión de último minuto. —dije con una leve sonrisa.

—Adelante. —dijo haciéndose a un lado. —Le avisaré que está aquí. —me dijo después de dejarme en la sala.

Lo vi marcharse por el pasillo, fui tras él sabiendo que estaba ocurriendo algo de lo cual no querían que me enterara. Me detuve fuera donde claramente escuché una voz femenina que protestó por la intromisión del hombre.

— ¿Qué parte de la que no queríamos ser molestados es la que no entendiste? —gruñó una mujer.

—La señorita Swan, está aquí. —dijo Nicolás, me acerqué lentamente tratando de no ser descubierta.

— ¿Quién es esa?

—Nadie que te importe. —contestó Edward, no sabía porque pero esa respuesta me hirió. El mal presentimiento que había tenido se había hecho realidad temía que al mirar dentro de esa habitación me encontrara con algo desagradable, pero tenía que descubrirlo cuanto antes.

—Seguro que es esa mujer, ¡Es horrible! ¿Cómo pudiste cambiarme por alguien tan insignificante como esa? que deja ver a simple vista que es una muerta de hambre que lo único que quiere es tu dinero. —el escuchar como hablaba hizo que me hirviera la sangre y saliera de mi escondite entrando en la habitación donde encontré a una preciosa rubia sentada en uno de los sillones y a Edward junto a una de las ventanas.

— ¡Cállate Tanya!

—Lamento la intromisión, pero sólo traje la carta que esperabas. —dije dejándolo en la mesita que estaba más cerca de la puerta. —Buenas noches.

Fue lo último que dije antes de salir de ahí prácticamente corriendo, el ascensor se estaba abriendo cuando llegó y salía Emmett al que prácticamente hice a un lado para entrar. Antes de que el hombre reaccionara había presionado el botón para cerrar las puertas. Ya en la calle no sabía a dónde debía de ir, pero de lo que estaba segura es que no podía ir al departamento ya que es el primer lugar donde me buscaría.

Caminé hasta un pequeño restaurante para pensar que es lo que haría. Estaba dándome ánimos para morder el emparedado que había pedido cuando mi móvil comenzó a timbrar y al ver que era Edward lo apagué para que no me pudiera localizar.

—Pero que pequeño es el mundo. —dijo una voz que reconocí ya que sólo hacia unos minutos que la había escuchado. — ¿Quién diría que te encontraría aquí? — se mantuvo delante de mi sin sentarse, sabía que el que estuviera ahí no era coincidencia.

— ¿Puedo ayudarla? —pregunté tratando de no demostrar lo mal que me estaba sintiendo, no sabía en que había pensado cuando creí que Edward se podía fijar realmente en mí después de haber estado junto a una mujer como la que tenía en frente.

— ¿Así qué de verdad, creíste que Edward se fijaría en ti? ¿Es qué no te has visto en un espejo? Das asco. — bajé la mirada y me mordí la lengua para no contestarle— si tienes un poco de dignidad déjalo tranquilo y márchate; Edward no tiene que hacerse cargo de esa cosa.

— Puede insultarme todo lo que quiera, pero no a mi bebé. —le dije sintiendo como la sangre en mi interior comenzaba a hervir.

— ¿Sabes quién es el padre?— preguntó — es que las mujeres como tú es muy difícil que lo lleguen a saber, ya que están con varios hombres.

— No todas actúanos como usted— dije apretando los dientes y ella se puso roja de ira. Muchas de las personas que estaban ahí ya nos estaban mirando.

— Aléjate de lo que es mío antes de que yo me encargue de quitarte de mi camino— amenazó inclinándose sobre la mesa y derramando el vaso que contenía limonada, me aparaté justo a tiempo para evitar que el liquido mojara mi ropa, el vaso rodo hasta caer al suelo y partirse en varios trozos. — Deja de engañarte, yo he regresado y tú ya no le importas.

Después de esas palabras se marchó dejando que todas las personas me miraran y comenzaran a hablar por lo bajo, sentía como mis ojos comenzaban a humedecerse, sabía que no tardaría mucho en ponerme a llorar pero tenía que salir antes de que me siguiera humillando.

Al salir del restaurante tomé un taxi y fui hasta el departamento al que entré hasta estar segura de que Edward no estaba ahí, el portero me informó que no tenía mucho que se había marchado lo que me dejaba un tiempo reducido antes de que el volviera a llegar. Tomé una mochila y coloqué algunas de mis cosas; hoy no quería dormir ahí ya que no quería ver a Edward por ninguna circunstancia. Me fui a un hotelito que estaba a media hora. Había tenido que salir por la puerta de emergencia sin que nadie se diera cuenta, ya que uno de los hombres de Emmett estaba ahí y no quería que supiera donde me encontraba, al menos no por esta noche.

La habitación era muy pequeña, pero al menos estaba limpio. Me di una ducha sintiendo el dolor regresar, cerré los ojos y dejé que el agua golpeara mi rostro mientras las imágenes de Jacob y Edward se mezclaban en una pesadilla horrible y quería despertar cuanto antes.

EVOP

Antes de ir con Bella, fui a mi departamento para darme una ducha ya que estar en la construcción me había hecho ensuciarme y lo que menos deseaba era que ella me viera en ese estado. Pero con lo que no contaba era que ahí había una mujer esperándome, una que había esperado nunca más volver a ver. Pensaba que había sido claro cuando la eché de mi oficina por haberse atrevido a aparecer de nuevo en mi vida. Mas ahora estaba en mi casa esperándome.

— ¿Qué haces aquí? —pregunté apenas verla, ella se levantó con una sonrisa y dio un paso hacia mí pero yo me alejé dejando claro que no quería tenerla cerca.

—Tenemos que hablar Edward.

—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar, así que márchate.

—Escúchame Edward. —me pasé la mano por el cabello y fui directamente hacia mi despacho sabiendo que esa mujer iba detrás de mí, pero eso era lo que menos me importaba, necesitaba algo fuerte que tomar.

Apenas la puerta se había cerrado se había echado a llorar tratando de recordar todos aquellos momentos que habíamos vivido juntos y que para mí ya habían pasado al olvido. Desde que estaba con Bella todo lo demás había pasado a segundo plano. Esta visita sólo me estaba reafirmando que Tanya había sido una ilusión de algo que esperaba y que no había importado mucho el perderla, que mi comportamiento sombrío había sido por la humillación que había pasado no por la mujer que la había ocasionado.

La dejé que hablara y que tratara erróneamente de envolverme en sus mentiras, en algún momento un par de lágrimas y sus palabras de arrepentimiento habían funcionado pero ahora eso ya no servía de nada porque había encontrado a la mujer que quería a mi lado.

—Esta vez todo es diferente Tanya. —dejé el vaso sobre la mesita y la mire. —Tú ya no me interesas hay alguien más en mi vida.

—Eso no es verdad, tú me amas a mí.

—Sentía un cariño por ti, pero no era precisamente amor. —sin poderlo evitar miré la foto que había en mi escritorio, en ella estaba junto con Bella que estaba sonrojada pero con una linda sonrisa.

Ella se acercó y miró la foto que estaba viendo, soltó una carcajada.

—Esa mujer no tiene clase, es obvio que sólo quiere tu dinero.

—Ella no es como tú, Tanya, ella de verdad me quiere. —lo último lo dije sin estar completamente convencido de que así fuera, pero tenía la esperanza de que en algún momento ella me quisiera tan intensamente.

—Yo te…

—No digas que me querías porque sabes que lo único que te interesaba era mi apellido y mi dinero.

—Pero ella no encaja contigo, tú necesitas una mujer hermosa a tu lado, no una cosa como esa.

—Ella es preciosa, a veces menos es más y su simpleza es lo que la hace ser tan hermosa.

Estábamos discutiendo cuando Nicolás entró en la habitación, mi mundo se fue abajo cuando escuché que Bella estaba aquí justo en el momento equivocado, pero antes de que pudiera pensar en hacer algo para que ella no se diera cuenta de la mujer con la que estaba apareció por la puerta y de inmediato noté como sus ojos mostraban el dolor que estaba sintiendo, se sentía traicionada justo cuando comenzaba a confiar en mí.

Dejó algo sobre la mesita y se marchó del departamento, estaba tan aturdido que no reaccioné en el acto, pero unos segundos después saqué a Tanya del lugar y me aseguré de dejar claro que ella no era bienvenida en el edificio. Fui hasta mi auto haciendo que Emmett me llevara a casa con Bella, tenía que hablar con ella y hacerla ver que las cosas no eran como parecían.

Al llegar a su departamento el conserje nos dijo que ella no había llegado, pero aún así fui para ver que era cierto lo que había dicho, más nadie abrió y Emmett me informó que uno de sus hombres había estado ahí desde hace horas y decía que Bella no había llegado. Iba a ir a buscarla en los lugares que sabía la podía encontrar.

Busqué en sitios que Bella solía frecuentas esperando que estuviera ahí tratando de tranquilizarse, pero no tuve suerte en ninguno de ellos. Estaba por bajar del auto cuando recibí una llamada del conserje del edificio de Bella informándome que ella había regresado, hice que Emmett se dirigiera de vuelta al apartamento de Bella.

Me froté las sienes con los dedos. Había visto la mirada de Tanya al notar el vientre abultado de mi ángel, y me habían entrado ganas de estrangularla. Bella y el bebé eran lo único que me importaba.

— Bella estaba muy afectada. ¿Qué hacia esa mujer ahí?— dijo Emmett que no me había dicho nada durante todo el camino, se había mantenido al margen comportándose como mi guardaespaldas.

—Tengo que hacer que me escuche. —dije volviendo la vista el frente y mirando el tráfico que nos hacia ir lento, — tengo que verla. Me iré caminando, veme ahí

— No...

— En este momento me importa muy poco lo que pienses, quiero ver a Bella y lo haré aunque tenga que caminar, además sólo son dos cuadras. — asintió y yo me bajé del auto y me encaminé al edificio donde me encontré al chico de Emmett y al portero, ambos me saludaron y yo fui directamente al departamento.

Tomé aire y llamé al timbre un par de veces y al no obtener respuesta golpe la puerta.

— Se que estás molesta, pero quiero hablar cariño. Déjame ver que ambos están bien— dije frustrado golpeando la puerta más fuerte. Lo hice un par de veces pero no sucedió nada.

Saqué mi móvil y llamé al suyo de nuevo, pero de inmediato me mando a buzón lo que me indicó que estaba apagado o sin batería; estaba comenzando a preocuparme seriamente por ambos.

— Isabella si no abres esta puerta la echaré abajo. ¿Me estás escuchando? Contaré hasta 5— conté hasta cinco y al ver que no pasaba nada me lancé contra la puerta olvidando que estaba reforzada y que echarla abajo sería una tarea titánica.

— Creo que esto te puede ayudar— Emmett me entregó las llaves del departamento y se lo agradecí; las introduje en la cerradura y al entrar todo estaba en silencio, el pánico me invadió y fui hacia habitación rogando porque nada les hubiera sucedido. La habitación estaba tan desierta como el resto de la casa.

— No está aquí. ¿Dónde está?— gruñí furioso y Emmett estaba asustado lo veía en su mirada. Habló por radio con el hombre que supuestamente la vigilaba y que no se había dado cuenta cuando se había marchado, pasaron unos minutos en los que yo revise su pieza y noté que faltaban cosas.

— Salió por la puerta de emergencia — escuché al hombre que entró al departamento preso del pánico.

—Quiero que la encuentren— les grité.

— ¿Alguna idea de dónde comenzamos a buscarla? — miré a mi jefe de seguridad que no se amedrentó ante mi mirada.

— Donde tengan que buscarla: hospitales, clínicas, hoteles. La daré por desaparecida si es necesario para que la policía la busque. Es su responsabilidad encontrarla bien. — estaba desesperado por no verla, no podía permitir que se alejara de mi, solo por la aparición de Tanya.

Tenía que encontrarla.



Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

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