Dolorosa traición: Capítulo 13



 Verdad absoluta

— ¿Cómo que aún no pueden darla por desaparecida?— pregunté al oficial en la estación de policía.

— Al menos deben de pasar 48 horas. — me tomé el pelo con frustración y me marché gruñendo y maldiciendo.


Ya era cerca de media noche y no había rastro de Bella, estaba desesperado y no sabía que más hacer.

Estaba en su departamento intentando tranquilizarme y esperando que regresara a dormir o al menos que me llamara.

A las siete me había dado una ducha y salí a buscar ropa limpia a mi departamento para después irme a la oficina mientras Emmett que lucía tan cansado como yo me informaba que no estaba en ningún hospital o clínica y que habían llamado a más de la mitad de los hoteles de la ciudad y no estaba ahí.

Estaba completamente furioso pero no con ella si no conmigo por no aclararle lo de Tanya y decirle lo mucho que significa para mí. Cuando llegué a la oficina logré llamar la atención por mi aspecto y es que durante toda la noche no había dormido por la angustia.

Entré a mi oficina y me senté en mi cómodo sillón, dejando los codos en el escritorio y las manos cubriendo mi rostro. No supe cuanto duré así, sólo fui consiente cuando el teléfono timbró y sin ánimos levanté el auricular.

—Sr. Cullen, le llama...— solté el teléfono y fui a ver si era verdad que Bella ya estaba en su escritorio o sólo había sido una mala pasada de mi cabeza.

Abrí la puerta con fuerza y ella se sorprendió, le quité en teléfono de las manos y dije un estoy ocupado, te llamaré después y colgué sin saber de quién se trataba, por mi que fuera el presidente yo tenía cosas que arreglar con mi mujer. La tomé de la mano y la obligué a levantarse y la llevé a mi oficina.

— ¿Dónde diablos estuviste toda la noche?— pregunté tratando de controlar mi mal genio.

— Eso no te importa— dijo desafiante y mirándome con rencor, colocó sus manos en su cadera remarcando el hermoso bultito.

—Bella, cariño lo de ayer…

— No me importa saberlo, no quiero que me cuentes que te reconciliaste. Yo me iré en cuanto encuentre a mi remplazo, es lo menos que puedo hacer después de todo lo que has hecho por mí, y te pagaré cada centavo de lo que gastaste en mi durante este tiempo. — dijo mirándome, mientras sus manos apretaban con fuerza su blusa.

— No es lo que tú piensas cariño. — me intenté acercar y ella retrocedió por lo que me mantuve en mi sitio. — La visita de Tanya nos tomó por sorpresa a todos... Vas a escucharme y después dejaré que hagas lo que desees. — le señalé el sillón con la mano y ella fue hasta él lentamente como si fuera todo un reto. — como te iba diciendo, no esperaba que esa mujer se atreviera a aparecer, no después de lo que me hizo.

Me senté en la mesita delante de ella ignorando el rechinido.

— Ella estaba segura que con sólo una disculpa y fingiendo dolor conseguiría que volviéramos. — Negué con la cabeza— sin que ella lo supiera, el que viniera me ayudó a darme cuenta de mis sentimientos, lo que una vez sentí por ella no tiene nada que ver con lo que siento por ti.

— No te culpo, yo soy tan poca...

— No te atrevas a decirlo— le advertí serio. — Ella no significó ni una cuarta parte de lo que tú significas para mí. Me di cuenta de que Alice tenía razón. Estaba hechizado de una ilusión, y no veía la mujer que era en realidad.

— Pero tú te aislaste. Tú madre y muchos más hablaron de como cambiaste cuando ella te dejó.

— Nunca fue por ella, lo que dolió fue la humillación pública. La historia fue titular de sociales en todos los diarios del país, salía en las revistas de espectáculos y en los programas de chismes. ¿Cómo crees que me sentía de saber que todo mundo se había enterado que me habían dejado en el altar?

Fui a la cómoda y me serví un vaso con agua para mí y otro para ella, que aceptó sin chistar.

— Con Tanya terminamos demasiadas veces en una relación de dos años, pensé erróneamente que lo nuestro funcionaria y decidí arriesgarme y pedirle que se casara conmigo no por lo que sentía sino porque quería tener a alguien conmigo. Veo a mis padres y mi hermana y los envidio por la felicidad que proyectan. Más fue un error el pensar que con Tanya podría ser feliz, a ella le interesaba por ser un Cullen, alguien que podía cumplirle sus caprichos y no como el ser humano que soy.

— ¿En verdad nunca te importó?— preguntó tímida y yo negué.

— Salí con muchas mujeres pero todas eran iguales, todas veían lo que había en mi cartera antes que a mí; ellas pedían regalos caros, cenas en lugares exclusivos— chasqueé la lengua— pensé que Tanya se comportaría un poco ya que es de familia con buena posición, pero me equivoqué, me cambio en la primera oportunidad. Más con eso me dio la oportunidad de conocerte y lentamente me enamoré de ti.

— ¿De mi?— repitió incrédula y yo asentí. — yo soy una pueblerina.

— La primera vez que te vi me intrigaste y pensaba que cuando descubriera tu misterio me dejarías de interesar. Más cada día te volvías indispensable, esperaba con impaciencia la hora de verte en la cafetería, me hacías comportarme como un adolescente. Mi instinto de protección salió a flote y me hizo cuidarte; te ofrecí el trabajo con la idea de verte todo el tiempo y después pensé que eso me traería problemas, si el verte sólo una hora me afectaba el tenerte conmigo me volvería loco.

— Edward…

— Déjame terminar. — pedí tomando su mano y sonreí cuando ella no se apartó — cada día que pasaba me convencía que tú eras la indicada, no me veías como el arquitecto Edward Cullen, tu veías al hombre detrás de ese nombre y disfrutabas pasar tiempo conmigo aún cuando te llevara a pequeños lugares, hasta reías de mis chistes que son muy malos— dije sin poder contener la alegría.

— No lo son...— la miré ceñudo y ella sonrió— bueno sólo algunos.

— Ayer fue mi peor noche, el no saber dónde estaban me frustraba. Te busqué en hospitales, clínicas, mis hombres llamaron a más de la mitad de los hoteles y nada. No quiero perderlos. — Noté como sus ojos se volvían cristalinos. — te iba a dar por desaparecida para que la policía te buscara también.

— ¿Lo hiciste?— preguntó sorprendida.

— No puedo hacer eso hasta después de 48 horas— dije molesto. — ¿tienes idea de lo qué puede pasar en ese tiempo? —me Levanté de la mesita y me senté junto a ella y la estreché en mis brazos.

Teniéndola en mis brazos me sentía tranquilo y el cansancio de la noche en vela apenas estaba llegando.

— Te quiero cosita. Antes de volverme a hacer pasar una noche como ésta prefiero que me grites y me arrojes cosas.

— Tonto— golpeó mi pecho sin separarse de mí. — sólo quería estar lejos de ti, quería alejarme de que me hicieran daño de nuevo.

— Yo te adoro y jamás te lastimaría. — besé su cabello y ella suspiro. Sabía que ella ocultaba algo y moría de ganas de saber de qué se trataba, demostrarle que yo era diferente y... ¿de verdad lo era?

BVOP

Al llegar a la empresa evité mirar a mis compañeros ya que sabía era muy notorio que no había descansado en toda la noche y lo que menos quería era que comenzaran a hacer preguntas. Pero aunque la noche había sido un tormento, no dejaría que nadie más se diera cuenta de lo lastimada que estaba nuevamente. Llegué a mi lugar y encendí todo como de costumbre cuando el teléfono comenzó a timbrar y al contestar era un socio de Edward, tomé aire y marqué la extensión de él para avisarle y que tomara la llamada, cuando me escuchó me dejó hablando y salió mostrando un aspecto agotado como si no hubiera dormido, además estaba enfadado, quedo en llamar más tarde y corto la llamada sin siquiera saber quién era. Sin darme tiempo a protestas me llevó dentro de su oficina, donde sabía me diría la verdad, un momento que había visto en mis sueños la noche anterior.

Una parte de mí se negaba a creer lo que me acababa de decir, pero había llegado a conocerlo tan bien que sabía cuando mentía y no lo había hecho, sus ojos me mostraban que de verdad era importante para él, de verdad me quería. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y él me apretó más contra su cuerpo pensando que era de frío, cuando la realidad era que me daba miedo lo que pensara de mi cuando supiera la verdad, una que debía de decirle para que de una vez él decidiera si era tan perfecta como creía.

—Edward...— tomé aire— hay algo que quiero contarte.

—Dime, cosita— me separé del refugio de sus brazos y me senté derecha mirando hacia el enorme ventanal y no al hombre que estaba junto a mí mirándome y tocando mi mejilla con uno de sus dedos.

— No tienes que contarme nada aún, si no estás lista.

— Quiero hacerlo— coloqué mis manos en mi vientre pidiéndole fuerza a mi bebé y solté el aire para comenzar. — ¿Recuerdas qué preguntaste por el padre de mi bebé?— lo vi asentir por el rabillo del ojo— fue un hombre que se mostró: atento, cariñoso, comprensivo, era el príncipe con el que sueñas de niña y yo no podía creer que un hombre como él se fijara en una chica simplona como yo.

Cerré los ojos con fuerza y vi cada momento que había pasado con Jacob.

— Cuando comenzamos a salir estaba como en un sueño. Después de un tiempo comenzamos una relación y él me propuso que debíamos afianzar nuestra relación acos... Teniendo intimidad. Yo me negué ya que fui educada para esperar hasta estar casada y al ver su descontento pensé que todo había terminado, más para mi sorpresa él dijo que esperaría lo que hiciera falta y que no me presionaría a nada, así que nuevamente me sentí muy afortunada. — Me quedé en silencio y tomé una gran bocanada de aire. — él era un hombre importante, y por lo tanto debía de cumplir asistiendo a cenas, bailes y todas esas cosas de la gente con dinero. Yo comencé a preguntarme porque no me llevaba con él y cuando se lo dije me respondió que lo hacía para protegerme de la gente de su mundo, que eran personas que sólo veían por ellas y los demás no le importaban, pero yo insistí y accedió. Me compró ropa y todo diciendo que era un regalo para que me viera más hermosa, pero la realidad es que no quería que nadie se diera cuenta de que yo no era más que una maestra de preescolar, porque eso soy en realidad.

— ¿Maestra de preescolar?— preguntó y yo asentí— ¿y qué haces trabajando como mi secretaria?

— En un momento lo sabrás. — Sonreí con melancolía y continúe—: la gente en esos lugares no dejaba de mirarnos y él decía que los ignorara. Seguí acompañándolo a bailes en los que él me seguía presentando como su amiga y no como su novia, una noche una mujer discutió con él cuando nos marchábamos y noté que me señalaba, me armé de valor y en el coche le pregunté el por qué eso de presentarme como su amiga y no como su novia no era sólo porque se avergonzaba de mi. Él se puso furioso y me dijo que me quería y que todo lo hacía por protegerme — sonreí con amargura— fui tan estúpida que nuevamente le creí y esa noche dejé de lado mis creencias sobre esperar hasta después del matrimonio y bueno tu sabes. — Acaricié mi barriguita— después de eso, él parecía más satisfecho y pasábamos más tiempo en la cama que fuera. De repente el comenzó a viajar y sólo nos veíamos los fines de semana y rara vez entre semana. Luego me di cuenta de que estaba embarazada y fui a contárselo pensando que se alegraría con la noticia.

— ¿Y fue todo lo contrario?— asentí estremeciéndome.

— Se puso furioso y hasta preguntó si era de él, su guardaespaldas tuvo que intervenir al igual que su secretaria que me sacó para evitar algo peor. Ahí estaba en una salita contigua cuando vi a una mujer exigir verlo y sin poder soportar la curiosidad me asomé y la vi cuando lo abrazó y besó y juntos desaparecieron dentro de la oficina, quise saber quién era pero su secretaria no me dijo nada.

— ¿Estaba casado?

— Era su prometida. — Sonreí al recordar que ingenuamente creía que esa morena era la otra— pensé que ella era la otra cuando en realidad lo era yo. Me lo dijo él al día siguiente que fue a mi casa, no pude seguir escuchándolo e hice que se marchara y pensé que me dejaría tranquila, pero no fue así. Una semana después me esperó cuando salía del trabajo y traté de ignorarlo, me dijo que quería que habláramos del bebé, después de mucho rogar y notar que la gente nos miraba accedí acompañarlo lo que fue un terrible error, él no quería hablar del futuro del bebé, él tenía otros planes que casi logra cumplir.

Cerré los ojos y me pareció ver de nuevo el momento en que dejo por completo al descubierto su personalidad y todo lo que era capaz de hacer porque su nombre no se manchara.

¿Creí que querías hablar del bebé?— dije al verlo completamente relajado en el sillón de cuero de su auto.

No veo caso de hablar de algo que muy pronto no existirá— sus palabras me dieron pánico e intente ver hacia donde nos dirigíamos.

¿Que pretendes Jacob?— pregunté asustada apretando mi bolso contra mi vientre como su eso fuera un gran escudo.

Tú sólo fuiste alguien con quien pasar el rato y esa cosa no debía de estar ahí. Si alguien se enterara mi compromiso con Leah estaría arruinado y no la voy a perder por alguien tan insignificante como tú. — En un alto quise abrir la puerta pero no se podía, estaba asegurada. — Sólo se abre por fuera— se burló.

Yo no pediré nada Jacob, desapareceré y nadie se enterara que este bebé es tuyo— dije con la voz rota y temblando por el pánico de lo que tenía en mente.

Prefiero no correr riesgos. — el auto se detuvo frente a una clínica de un aspecto horrible y él me la señaló con un movimiento de cabeza. — un amigo que me debía un favor convenció a un conocido de que nos ayudara a deshacernos de ese bastardo.

No voy a abortar. No lo haré— estaba aterrada y quería salir del auto, tiraba de la manilla y golpeaba el cristal mientras gritaba por ayuda, pero nadie me escuchaba.

No tienes opción, después me lo agradecerás. — fue lo último que escuché antes de que cubriera mi nariz y mi boca con un pañuelo que me hizo perder el conocimiento.

No supe cuanto estuve inconsciente, pero cuando desperté estaba desorientada y rogaba que todo se tratara de un mal sueño. Pero no corrí con esa suerte y cuando desperté estaba en una habitación de pintura blanca y que en un par de zonas la pintura se estaba cayendo por la humedad. Olía a una mezcla de hospital y suciedad y las sábanas estaban muy tiesas y rasposas. Giré mi cabeza a ambos lados y vi a una mujer de rostro rígido que no me miraba y sólo hacía sus anotaciones en una hoja al tiempo que movía la frecuencia del gotero para que suero fuera más rápido lo que provoco un dolor en mi mano que tenía canalizada.

Ayúdeme— pedí y mi voz fue apenas audible y ella me miró con los ojos abiertos. — por favor.

¿No estás de acuerdo con el procedimiento?

Quiero a mi bebé— dije comenzando a llorar y ella me miró sorprendida.

¿No quieres el aborto?— un escalofrío recorrió mi cuerpo y negué dejando que las lágrimas bajaran por mi rostro. Acarició mi cabello y salió de la habitación, pensé que Jacob se había salido con la suya y que lograría que este bebé, mi bebé, no naciera. La puerta se abrió y la enfermera entró arrastrando a un medido de facciones duras que estaba un poco pálido y me miraba casi con miedo.

La chica quiere a su bebé, Adam— dijo la enfermera en un susurro.

Yo tengo órdenes de realizar el legrado. — dijo consternado.

No puedes hacerlo, quieres vivir recordando que tú le quitaste a esta chica su bebé, ¿quieres ser un asesino?

El Dr. Watson me dijo que me hiciera cargo, que era un favor a un amigo. — la chica se llevó la manos a la boca para amortiguar un gritito de sorpresa y sus ojos se humedecieron al igual que los míos.

Quiero a mi bebé, ayúdeme por favor. — rogué y el hombre no dijo nada sólo se marchó. Yo sin poder contenerme me eché a llorar sintiendo la opresión en mi pecho que me estaba impidiendo respirar con normalidad.

Tranquila mi niña, respira. — me pedía la enfermera abrazándome y acariciando mi espalda.

No tenemos mucho tiempo. — escuché la voz del médico que lanzó algo sobre mi cama. — Ponte eso es de una amiga que me lo dio. Es una bata de cirugía y podrás pasar desapercibida.

En cuestión de minutos me quitaron el suero, me ayudaron a cambiar y me indicaron hacia donde debía de marcharme y sorpresivamente me entregaron mi bolso. Se los agradecí y me marché evitando a los guardias de seguridad y al par de hombres que Jacob había dejado vigilando que el aborto se realizara. Al llegar a la calle me sentí libre y me eché a correr antes de tomar un teléfono público y llamar a mi única amiga en la ciudad y pedirle que hiciera una maleta y me viera en la estación de autobuses. Dos horas después estaba rumbo a casa de mis padres donde más tarde sentiría una nueva decepción.

— ¿Que hizo él muy infeliz? — me pregunto y me hizo volver a la realidad.

— Me dejó en una clínica inconsciente para que me realizaran un aborto.— confesé echándome a llorar y de inmediato me encontré en el refugio de sus brazos donde me permití llorar con libertad dejando salir todo ese dolor que había guardado durante meses.

— Mi pobre cosita— dijo acunando mi rostro y dejando el suyo frente al mío y fue ahí cuando vi que él también tenía los ojos cristalinos.

— Yo no sé si puedo quererte de la manera que esperas. No me atrevo a sufrir de nuevo algo tan doloroso. Las personas que decían quererme me dieron la espalda. — envolví mis brazos en su cintura y oculté mi rostro en su pecho.

— ¿Quien más te hizo daño, cosita?

— Mi familia no quiso que me quedara con ellos por las habladurías que provocaría el ser madre soltera. Soy de un pueblo de Texas y ahí aún son muy moralistas y yo... Les fallé.

— Yo y mi familia no te abandonaremos. — prometió y le creí.

— Tengo miedo de que él quiera quitarme a mi bebé.

— Yo me encargaré de que no lo haga, pero necesito saber quién es él.

Tomé una bocanada de aire, llené mis pulmones con el aroma embriagante que él desprendía.

— Su nombre es Jacob Black— sentí la tensión de su cuerpo y supe que sabía de quien se trataba.

— ¿Los Black de Arizona?— asentí y el bufó— sé de quién me hablas, pero aunque sea importante estando conmigo nada te va a suceder, conmigo estás segura. Ese hombre es un imbécil y no dejaré que vuelva a querer hacerte daño.

— No sé que voy a hacer en un futuro. — dije con verdadero miedo. Él volvió acunar mi rostro y se acomodó en cuclillas delante de mí con una mirara triunfante y me vio fijamente.

— Tengo la solución— supo que no estaba captando lo que quería decir y me besó suavemente para después decir—: Cásate conmigo, se mi esposa Bella.

...


Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

1 comentario:

  1. ¡Qué preciosidad...! No puedo dejar de suspirar. Felicidades.

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