Dolorosa traición: Capítulo 14



Nuestra nueva familia

— ¿Casarnos?— dije sin aliento y sintiendo como mi corazón latía desbocado.

—Eso es lo que dije— se levantó y me obligó a hacer lo mismo.

— Tú no quieres casarte conmigo— dije aún sin poder creer que él quisiera casarse conmigo de verdad.

— Si no lo quisiera hacer no te lo estaría pidiendo. —Limpió mis mejillas con sus pulgares sin borrar la sonrisa de su rostro. — cásate conmigo cosita.

—De verdad no quieres hacerlo.

— Ya te dije que lo quiero hacer. — me rodeó entre sus brazos e inclinó su boca hasta capturar la mía.

Mis piernas comenzaron a temblar y me aferré a la solapa de su saco para no caer, él me apretó más a su cuerpo y sonreímos al sentir de nuevo como el bebé se hacía notar.

— Parece que estamos aplastando a alguien— dijo soltando un poco su agarre pero sin apartarse por completo. — Te quiero cosita. Y te aseguro que haré que me quieras como yo te quiero a ti.

— No creo que sea justo para ti. Aunque lo he intentado no puedo olvidar a Jacob, es el padre de mi bebé y sé que soy estúpida, pero me cuesta creer que fue capaz de intentar asesinar a mi bebé.

—No merece que pienses en él y si me lo permites yo te ayudaré a olvidarlo y te daré a ti y a tu bebé la seguridad y el amor que se merecen. — mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas al escuchar la palabra amor, él no me ofrecía dinero ni nada banal, él se ofrecía para cuidarnos y querernos. Era una entrega sincera.

Me coloqué de puntillas y lo besé dejando que mi boca fuera la que hablara por mí, aún tenía miedo de salir lastimada, más Edward era tan importante como mi bebé ¿podría ser que lo amara? No podía decírselo hasta estar segura de que era verdad y no podía casarme con él aprovechándome de lo que decía sentir.

Su lengua acarició mi labio inferior invitándome a abrirlos y permitirle que profundizara el beso, se lo permití y me abracé a su cuello para intentar seguirle el ritmo.

— Yo lo siento. — nos separamos al ver a una de las recepcionistas en la puerta levantando un montón de hojas que seguro por la impresión había soltado.

— Tienes que llamar a la puerta antes de entrar. — gruñó Edward sin soltarme.

— Lo hice un par de veces, pero al no recibir respuesta iba a dejarle esto sobre su escritorio. — se disculpó dejando los papeles y mirándonos con las mejillas sonrojadas.

— Señorita...

— Parkings, Abigail Parkings.

— Bien Srta. Parkings, antes de que cuente lo que ha visto y esto se malinterprete debo de aclararle que Isabella es mi prometida. — aparté la mirada de la chica y lo vi sonreír con satisfacción, parecía completamente ilusionado con la idea y aunque no le había dicho que si él había interpretado mi beso de esa manera ¿y no era eso lo que quería?

La chica salió y supe que al final del día todos en el edificio lo sabrían y no me importaba aunque...

— Tu no sueles dar explicaciones ¿por qué se las diste a ella?— pregunté mirándolo fijamente.

— Porque conozco a esta gente y sé que hubieran habido muchos chismes y entre ellos se dirían cosas no muy buenas de ti mi amor. Sólo cuido tu imagen y desde hoy todos sabrán que deben de tratarte con respeto por ser la futura Sra. Cullen. — me besó nuevamente y después se apartó de mi para llamar a Emmett y cuando colgó me llevó con él fuera de la oficina hacia el ascensor, fuimos hasta el vestíbulo donde muchos pares de ojos nos miraban y murmuraban lo que me hizo recordar a Jacob.

— Más vale que estén hablando de trabajo a no ser que quieran perder sus empleos— sentenció gritando y logrando que todos regresaran a sus labores sin volver a mirarnos.

Emmett al verme me envolvió en sus brazos y me susurró que la próxima vez que me molestara con Edward y planeara dormir fuera al menos se lo dijera a él ya que también se había preocupado por ambos.

— Te lo haré saber— dije tocando su brazo.

— Nada de eso, tú jamás me volverás a hacer esto, no planeo volver a pasar una noche como la de ayer. — dijo Edward mirándonos a ambos con recelo, me empujó dentro del auto intercambiando un par de palabras con el hombre que sonrió y corrió a tomar su lugar detrás del volante.

Edward se sentó junto a mí y yo apoyé mi rostro en su brazo, a su vez él apoyó su brazo en mi vientre y su mano en mis piernas de manera protectora. Levanté mi rostro y lo vi con la cabeza apoyada en el respaldo del asiento dormitando. Llevé mi mano a su rostro áspero por la incipiente barba, aunque lo negara me gustaba sentir esa aspereza en mis manos y me gustaba el aspecto que tenía.

—Prometo que llegando a casa me afeito— dijo girando el rostro para besar mi mano.

— Déjatela, me gusta. — dije y el sonrió complacido.

— Tus deseos son órdenes.

Era verdad que yo había dormido un poco durante la noche, pero no había descansado y desearía poder llegar a mi cama y dormir un rato.

Me pegué más y me preparé para dormir junto a él. Pero mi idea fue rota cuando el auto aminoró velocidad y Emmett nos avisó que ya casi llegábamos a nuestro destino.
Se detuvo en uno de los almacenes que aún estaban en su mayoría cerrados, pero Edward parecía no importarle y en lugar de entrar atravesó la calle y noté que un hombre abría la puerta de una joyería y sonreía al vernos.

— Bienvenidos— nos saludó con cortesía y nos guió al interior donde había una gran cantidad de anillos expuestos, desde piedras pequeñas a otras enormes y llamativas.

— Elije el que te guste mi amor. — me dijo pasando una mano por mi cintura y beso mi cabello.

Me tomó un tiempo el recuperarme del shock y ver los anillos, Edward y el hombre me hicieron probarme unos cuantos, pero yo negaba al ver el tamaño de la piedra.

— ¡Es enorme!— exclame negando nuevamente.

Ambos intentaban convencerme que el tamaño de la piedra no importaba, que sólo bastaba que me gustara ¿Cómo no iba a importar? me pregunté mirando unos con unas piedras enormes cuando vi uno de oro amarillo con una pequeña piedra y se los señalé a ambos y parecieron sorprendidos.

— ¿Te ha gustado ese?— asentí probándomelo— la piedra un poquito más grande— pidió y el hombre me mostró uno parecido pero con la piedra más grande y Edward asintió y me besó colocando el anillo en mi dedo. — perfecto.

— Ya mismo hago su nota— dijo el hombre tomando su tarjeta de crédito.

Después de ahí pensé que regresaríamos a la oficina pero fuimos a su departamento, lo que me pareció extraño.

— ¿No volveremos al trabajo?

— No por hoy. — me empujó dentro y se detuvo justo delante de la puerta que era contigua a su dormitorio. —cierra los ojos cosita, hay una sorpresa más.

Los cerré obediente y escuché cuando abría la puerta y me ayudaba a caminar y después se detuvo colocándose detrás de mí y dejando sus manos en mi vientre.

— Ábrelos— susurro en mi oído y así lo hice.

Me llevé las manos a la boca para ahogar el gritito de sorpresa por ver que esa habitación estaba siendo transformada en una para un bebé, la pared estaba siendo pintada de un hermoso azul.

—Alice dijo que ya te había comentado como quedaría la habitación del bebé, sé que no hablamos de donde sería, pero me pareció que aquí es el mejor lugar ya que es más espacioso que el departamento en el que te encuentras actualmente. —miré a ambos lado y sonreía al imaginar cómo se vería terminada.

— ¿Hay algo que no te guste? —preguntó al notar mi gesto de indecisión.

—Sé que será preciosa, pero…

—Sólo dilo cariño. —me giré para verlo a los ojos.

—Sé que Alice lo hace con buena intención, pero preferiría ser yo la que se encargue de la habitación del bebé. — sentí mi cara arder y supe que me había sonrojado, tal vez se molestaría por dejar a su hermana fuera, pero era algo que quería disfrutar haciendo yo.

—Me parece lo mejor, me gustaría ayudarte a decorar la habitación de nuestro pequeñín. —acunó mi rostro y me besó con delicadeza. — Yo me haré cargo de mi hermana, no te preocupes por nada cariño. Ahora sólo quiero irme a la cama y tenerte conmigo, ayer fue mi peor noche.

— Con gusto te haré compañía. — tomé su mano y me dejé guiar a su habitación, acomodó la cama y me recostó con cuidado para después ir a cambiarse y tumbarse junto a mí.

—Descansa cosita— me susurró abrazándome por la espalda y cerrando los ojos. Yo entrelacé mis dedos con los suyos y miré el anillo que descansaba en mi dedo, nunca me había imaginado que algún día tendría un anillo como éste. Pero eso es lo de menos, lo que realmente importaba era el hombre que estaba junto a mí, un hombre que parecía que de verdad me quería.

Ese día me levanté antes que él ya que mi estómago comenzó a hacer ruidos extraños por la falta de alimento y cuando llegué a la cocina Nicolás ya me tenía preparado un refrigerio mientras terminaba de preparar la comida. Se lo agradecí y él sólo dijo que esperaba que me gustara.

Al día siguiente cuando llegué al trabajo todos me miraban unos segundos y después miraban a otro lado. Sabía que todos ya sabían de lo mío con Edward y por primera vez no me importó que hablaran de mí; tenía a Edward y era lo que me importaba.

—Hola hermosa— me saludó cuando terminaba de arreglar mis cosas. — ¿Es hoy la última clase de preparto?

—Sí— dije mirando la agenda y sonriendo al ver que como en las anteriores me acompañaría.

— Anoche les conté a mis padres que nos hemos comprometido y quedaron de venir este fin de semana junto con el resto del clan Cullen —. Besó mi nariz y después mis labios. — también quiero ver quien será tu remplazo ya que en dos semanas no te quiero aquí. —Sus palabras finales no me las habías esperado y me tomaron por sorpresa. — Quiero que descanses para la llegada de nuestro bebé— mis ojos se nublaron por las lágrimas, aún no podía creer lo afortunada que era de tener a un hombre como Edward que a pesar de que el bebé no tenía su sangre parecía tan ilusionado como si lo fuera y ansiaba tenerlo con él. — no llores cosita, no quería hacerte llorar.

— Es sólo que... no puedo creer que en verdad quieras al bebé.

— Los amo a ambos. Sé que tu no sientes lo mismo, pero estoy seguro que me ganaré tu cariño y juntos seremos muy felices—besó mis párpados. — ¿has pensado en un nombre? Es que ya no quiero seguirlo llamando bebé.

Acuné su rostro y supe que después de todo él se merecía un pequeño regalo, podía que aún no lo amara pero lo quería muchísimo.

— Entonces decide el nombre—. Su rostro se iluminó y mostraba la sorpresa de mis palabras. — tú le pondrás el nombre.

— Eso te pertenece a ti.

— Yo quiero que tú lo hagas.

Se quedó varios minutos en silencio moviendo su pulgar en círculos sobre mi barriguita sin darse cuenta que esa caricia estaba enviando una especie de descarga al resto de mi cuerpo y extrañamente comenzaba a desear que tocara más partes de mi piel. ¡Era una locura!

—Thomas y lo llamaremos Tommy— dijo con una enorme sonrisa y haciendo que mis pensamientos se esfumaran. Besó mi nariz e inclinó su rostro a la altura de mí abultado vientre y le habló—: ¿te gusta Tommy?

— No esperes que te responda que si— dije rodando los ojos y en ese momento el pequeño golpeó la mano que Edward tenía apoyada en mi vientre.

— Tommy sabe cómo hacerse notar, ese es mi chico. — dijo feliz

La mañana pasó como usualmente lo hacía, atendiendo llamadas, recibiendo paquetes revisando balances y concertando citas para Edward. Estaba con una enorme sonrisa en los labios terminando de escribir una carta cuando escuché el timbre del ascensor , supuse que eran los balances que había pedido hace menos de cinco minutos por lo que no me molesté en girar ya que estaba buscando un sobre para colocar la carta cuando vi que alguien intencionalmente tiraba el pequeño florero sobre el escritorio provocando que el agua manchara todo, en un movimiento rápido intenté salvar lo que más pudiera, pero algunas cosas ya estaban afectadas. Al levanté la mirada y me encontré con la rubia que había sido la prometida de Edward.

— ¿Qué es lo que quieres? —pregunté molesta poniéndome de pie para enfrentarla.

—Te dije que te alejaras de Edward, y no lo has hecho. Está claro que no tienes una idea de lo puedo hacerte.

—Guarda tus amenazas. —enarcó una ceja.

—Eres una estúpida, no eres nada y cuando él se dé cuenta te hará a un lado.

—Si estas tan segura de que sucederá eso, ¿por qué te preocupas en estar amenazándome si sabes que al final él no se quedará conmigo? — contraataqué dejándola sin habla, sabía que sólo debía de levantar el teléfono y llamar a seguridad y la sacaría.

—Ni te atrevas. —me dijo cuando apenas había tocado el aparato, parecía que sabía lo que pretendía, de un manotazo lo lanzó al suelo. —Tú no eres más que una cazafortunas, pretendes que Edward se haga cargo de tu hijo cuando su verdadero padre no lo quiso hacer. Hay tantos casos como el tuyo que me sorprende que Edward se creyera el cuento. —sonrió de lado. —Bueno no es tan sorprendente, a veces puede ser un tanto ingenuo.

—Aquí la única que es una interesada eres tú, y eso es más que obvio cuando te atreves a volver a buscarlo después de lo que le hiciste. —sentía la rabia fluir por mi cuerpo y tenía una ganas enormes de lanzarme contra ella, pero tenía que ser cuidadosa por mi bebé. Noté como su mirada estaba posada en mi mano, justo estaba mirando el anillo que descansaba en mi dedo.

—Pero si ya hasta conseguiste que te diera un anillo. — la rabia en su voz era palpable.

—Yo…

—Te lo advertí maldita zorra. — sus ojos llameaban y tuve que moverme con rapidez ya que ella se movió en mi dirección.

—Parece que no te quedo claro. —escuché una acerada voz cerca de nosotras y me sorprendí cuando vi que era Edward, no había escuchado la campanilla del ascensor. En un par de pasos estuvo entre ambas, de frente a la rubia y dándome la espalda. —Si algo le llega a suceder a Bella, te aseguro que la primera sospechosa serás tú y me encargaré de que termines en la cárcel, lejos de todos tus lujos y condenada a ser señalada.

—Tú eres mío, ella es la que está entre nosotros. Yo te amo. — la rubia había comenzado a llorar y había intentado abrazarlo, pero él había sostenido sus manos para mantenerla lejos.

—Tú sólo te quieres a ti misma, nadie te importa.

—Fui una tonta, lo que había entre nosotros…

—Es pasado, tú acabas de decir lo que había; en éste momento ya no hay nada de eso. —la soltó con brusquedad y la rubia lanzó un chillido de frustración. —Quiero que te marches y que te mantengas alejada de mi prometida. —levantó la cabeza cuando se escuchó la campanilla del ascensor y yo me asomé por un costado para ver que había llegado Emmett con un par de los hombres de seguridad. —Emmett asegúrate de que la señorita llegue a la calle y que si vuelve a poner un pie en este edificio sea remitida a las autoridades.

—No puedes hacer eso. —bramó furiosa.

—Ya encontraré algunos cargos por los que pueda enviarte a la cárcel.
Lanzó un gritito de ira, se dio media vuelta y se marchó acompañada por Emmett que iba completamente serio y les decía algo a sus hombres que sólo asentían y no apartaban la mirada de Tanya. Cuando las puertas se cerraron Edward se giró y de inmediato me tomó en sus brazos y me besó dulcemente.

—No te volverá a molestar.

—Eso espero. —dije acomodando su corbata. — gracias por quitármela de encima.

—Cuido lo que es mío. — me dio un beso en la punta de la nariz. —Ahora prepárate que iremos a comer y de ahí nos iremos a nuestra última clase de preparto. Llama a los de intendencia para que limpien esto. —asentí mientras él se separaba de mi para atender una llamada a su móvil.

El sábado muy temprano con Edward nos pusimos a terminar de pintar la habitación de Tommy, habíamos comenzado a terminar de pintar las paredes, pero al final habíamos terminado ambos cubiertos por pintura sentados el piso y riendo. Era una sensación muy agradable, estar compartiendo este momento con un hombre como él. Cada día me maravillaba más y sentía que despertaría en el momento menos esperado; Él, un arquitecto reconocido disfrutando de decorar la habitación de un bebé que no era suyo pero que parecía querer de verdad.

Fue por la tarde que su familia llegó y que nos felicitó por nuestro compromiso, pensé que Alice diría algo porque quería ser yo la que decorara la habitación de mi bebé, pero Edward dijo que él quería junto conmigo decorarla ya que era una tarea que le correspondía a los papás, así que éramos nosotros los que nos haríamos cargo.

La siguiente semana llegaron los muebles y estaba impaciente en mi silla cuando recibí la llamada de Nicolás, pero sabía que debía de esperar a que la hora de salida llegara, sólo faltaban tres horas, las tres horas más largas pensaba yo cuando Edward salió del ascensor y se detuvo frente a mí.

— ¿Hay algo importante para ésta tarde? —negué revisando la agenda. —Toma tus cosas, nos vamos a casa.

—Pero…

—No me dirás que no quieres ir a acomodar los muebles de la habitación de Tommy. Porque si tú no estás impaciente yo sí.

Salimos de la oficina y llegamos a su departamento donde había varias cajas, se cambió rápidamente y me obligó a sentarme en una mecedora mientras él ponía manos a la obra para armar la cunita de Tommy, en más de una ocasión vi que se estaba frustrando porque no conseguía armarla.

— ¿No crees que sería más sencillo si lees las instrucciones? —pregunté señalando el folleto que había hecho a un lado.

—Supongo…—se encogió de hombros y tomó el folleto para después soltar una suave risita. —Jamás lo iba a conseguir, lo estaba haciendo mal.

—Creo que por algo ponen esos folletos, pero la mayoría de los hombres se resisten a leerlos. — me miró entrecerrando los ojos, pero siguió en su tarea, una que le llevó poco más de una hora pero cuando terminó delante de nosotros estaba la cunita más hermosa.

Llamó a Emmett que ayudó a Edward a colocar los muebles donde yo les indicaba.

—Creo que el cambiador un poquito más a la izquierda— dije y lo movieron quedando donde lo quería. — Y la cunita un poco más a la derecha, perfecto.

Continuaron con las estanterías y ahí yo fui la que acomodó peluches y una gran variedad de libros de cuentos que Edward había dicho que eran necesarios ya que no podíamos leerle el mismo cuento tan seguido, lo que él no comprendía era que eso dependía de Tommy.

Estaba acomodando las cortinas para que permitirá entrar un poco de luz de manera tenue, sólo lo necesario para iluminar sin que molestara la claridad.

—Hay algo que estaba en mi habitación y que iba en ésta. —me giré para ver a Edward entrar con un enorme elefante de peluche — ¿Crees qué le guste?— me preguntó mirando al elefante.

— ¡No sabrá que es!— le dije con impaciencia que él pareció no notar y sonrió de lado como siempre que pretendía algo, se acercó sigilosamente—Edward...

— ¿Si cariño?— murmuró tomándome en sus brazos y bajando su rostro para quedar a la altura del mío.

—Gracias por todo. —lo envolví en mis brazos.

—Tú le diste un nuevo significado a mi vida, Bella. —me besó suavemente. — ¿Vamos a cenar?

—Muero de hambre después de este trabajo tan agotador. —dije sonriendo y él soltó una suave carcajada.

La cena era sencilla como a mí me gustaba, estábamos sentados uno frente al otro y mientras comíamos él contaba un par de chistes, algunos más malos que los anteriores pero aún así me estaba haciendo reír. Su sonrisa era blanca, en sus ojos se formaban unas pequeñas arruguitas y sus ojos verdes mostraban un brillo de felicidad, se giró para mirarme y con ese simple gesto mi corazón saltó y una pequeña descarga recorrió mi cuerpo. Yo no podía enamorarme de Edward Cullen y no podía porque ya estaba perdidamente enamorada de él.

—Hay algo que debemos de aclarar cosita. —levanté la vista de mi postre y lo miré. — La habitación de Tommy ya está prácticamente terminada, sólo un par de detalles y únicamente hará falta el bebé. Quiero que dejes el departamento y te vengas a vivir aquí, conmigo.
 ...


Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

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