Dolorosa traición: Capítulo 15




Un nuevo comienzo

BPOV

Con la habitación del bebé preparada en la casa de Edward me dijo que había llegado el momento de que dejara el departamento que había ocupado durante meses y que me mudaría con él. Era una muy buena idea pero a la vez me daba miedo y temía no ser lo que esperaba, además aunque me había saltado un par de normas de mi educación aún pensaba que no estaba del todo bien vivir juntos sin estar casados, sabía que era una estupidez, pero ahora quería hacer las cosas bien, más no sabía lo que él pensaba y jamás lo sabría si no se lo preguntaba.

Lo estaba esperando para cenar como cada noche y estaba nerviosa por lo que iba a decirle ya que me había dejado pensármelo por unos días.

Cuando la puerta se abrió él entró despeinado por el viento y sin gabardina con algunos copos de nieve, pero aún así seguía siendo un hombre muy guapo.

Fue hasta después de la cena que me preguntó por lo que había pensado sobre el irme a vivir con él y retorciendo mis manos le dije lo que pensaba sintiendo mis mejillas calentarse.

—No era lo que esperaba, pero puedo solucionarlo. — dijo con alegría lo que me desconcertó. — hoy es miércoles y ya que la chica que será tu remplazo está trabajando quiero que mañana te tomes el día y vayas a comprar un lindo vestido ya que el sábado nos casaremos.

— ¿El fin de semana?— pregunté atónita.

— No puede ser antes ya que ni mis padres y mucho menos Alice y su familia no podrían venir, y me matarían si no estuvieran presentes. —se encogió de hombros.

—Pero la licencia no te la darán tan rápido.

—Mañana la tendré lista. Espero que no te importe que por ahora sea por lo civil, ya cuando tengamos a Tommy lo haremos como Dios manda. ¿Te parece bien?— solo pude asentir y él me beso.

El jueves fui un rato a la oficina para ayudar a Leslie que sería mi remplazo y aún parecía un tanto nerviosa, pero estaba poniendo todo de su parte para hacer el trabajo lo mejor que podía y más de una vez nos mostró que superaba nuestras expectativas.

Después de la comida iría en búsqueda de mi vestido y para mi sorpresa, y la de Edward, Esme llegó para acompañarme.

— Cuando me dijo que sería este fin de semana supe que debía de venir para prestarte mi ayuda.

Esme fue de gran apoyo en la elección y también me ayudó a empacar mis cosas para que fueran enviadas a mi nuevo hogar, sonaba tan irreal y aún no podía creer que fuera realidad y no solo un sueño.

La boda fue al medio día y solo estuvieron presentes la familia de Edward y Ángela que estaba muy emocionada por ser mi testigo. Las sortijas eran simples y eso me agradó, ya que no me gustaba que fuera algo muy ostentoso. Durante la pequeña ceremonia no pude apartar los ojos de los de Edward que me mostraban que él estaba contento con lo que estaba haciendo, veía el amor reflejado en su mirada y sabía que también podría verlos en los míos. Jacob aún no desaparecía del todo, pero su recuerdo ya no era tan palpable y el dolor estaba desapareciendo.

Cuando fui proclamada su esposa no esperamos un segundo más para unir nuestros labios en el primer beso de nuestra vida en común. Ahora estábamos juntos.
Después de la ceremonia había una comida esperándonos en nuestra casa y Nicolás nos dio la enhorabuena por nuestro matrimonio, al fin estaba segura que pertenecía a un lugar y que jamás me volvería a sentir sola, me esforzaría por ser la mejor madre y por supuesto la mejor esposa.

— ¿No van a dormir aquí?— pregunté a los miembros de mi nueva familia que cuando oscureció se dispusieron a marcharse.

— ¡Es su noche de bodas!— remarcó Alice poniendo los ojos en blanco.

Con esas palabras fui consciente de que a partir de ese momento qué entré Edward y yo habría momentos de intimidad, aunque mi cuerpo reaccionaba a él, sabía que en este momento no era la mujer más deseable y no querría tener nada conmigo.

Cuando la hora se de dormir llegó yo estaba muy atemorizada por lo que sucedería cuando me viera con el camisón que Alice me había preparado para esa noche tan especial, no era nada muy sensual, me llegaba a mitad de los muslos y era de encaje semitransparente en el pecho y sonreí al ver la forma que habían adquirido por mi estado... Al mirarme en el espejo supe que no era la imagen más sexy y que lo más seguro era que no despertara nada en él.

Me coloqué la bata a juego y ya armada de valor salí del cuarto de baño para encontrarlo acomodando la cama en solo un pantalón de dormir dejando el resto al descubierto.

—Debes de estar agotada— me dijo palmeando la cama y mirándome sugestivamente lo que me hizo enrojecer, fui junto a él, me ayudó a quitarme la bata y a meterme entre las mantas para después él hacer lo mismo.

— Lo lamento. Sé que ésta no debe de ser la noche que aperabas— dije apretando las mantas contra mi pecho mientras miraba el techo de la habitación.

— ¿Cómo puedes saberlo?— preguntó acercándose un poco.

—Es más que obvio. Estoy como una pelota— dije con pesar.

— ¿Quién te dijo eso?— me obligó a mirarlo— no pareces ninguna pelota, parece que comiste una pelotita y aún así luces preciosa. —me mordí el labio al ver su mirada oscurecerse, con uno de sus dedos trazó el contorno de mi rostro, mi labio y bajó por mi cuello— te deseo con o sin pelotita.

— ¿Hablas en serio?— pregunté incrédula.

— Para mi luces preciosa y muy apetecible en este camisón.

— No soy comida para que me digas apetecible. —bromeé sonrojándome.

— Eres mi postre. — dijo besándome sin darme tiempo a protestar, nuestras lenguas se entrelazaron y danzaron a un compás lento y sumamente excitante, que despertó partes de mi cuerpo que tenía dormidas y que nunca más iban a volver a despertar; y ahí estaban, reaccionando tras cada roce, caricia y beso por parte de Edward que dejaba clara su experiencia y que sin duda sería un excelente amante.

Casi con miedo toqué la piel desnuda de su pecho que estaba más caliente de lo que recordaba; gemí al sentir la aspereza de su barba en la piel entre mis senos y a continuación sobre la tela de mi camisón tomó uno de mis pezones duros.

Traté de apartarlo pero mi cuerpo no parecía querer reaccionar y en vez de separarlo hundí mis dedos en su cabello.

— ¿Te queda claro o te lo demuestro mejor?— dijo con una enorme sonrisa y yo por unos minutos me quede perdida sin saber de que me estaba hablando. — ¿le podremos hacer daño a Tommy?

—Estoy segura que no. — dije con la respiración agitada y sintiéndome más excitada por saber que posiblemente esta noche, que planeaba como una normal, sería como la de cualquier pareja de recién casados.

—Ésta será una noche muy agitada— advirtió antes de volver a besar mis labios y esta vez comenzar a quitar el camisón que lo separaba de mi piel.

Él se estaba tomando su tiempo para asegurarse de que yo estuviera disfrutando de la parte previa, lo ayudé a sacarse el pantalón del pijama y no pude contener una exclamación de asombro al ver su erección y su tamaño, no era la primera vez que veía a un hombre desnudo, pero si a uno tan perfecto como él y lo mejor es que era mi esposo.

Cuando tocó la piel entre mis piernas arqueé la espalda y gemí aún más fuerte dejando que un suave cosquilleo recorriera mi columna y el resto de mi cuerpo. Acarició el punto sensible hasta hacerme rogar que no parara, mi placer se intensificó cuando un par de dedos entraron en mi interior y me agarré de la almohada donde tenía apoyada mi cabeza para soportar las oleadas interminables de placer. Era un experto ya que sabía perfectamente donde tocar para hacerme delirar y poco después sentí una contracción en mi interior y un espasmo que me hizo quedar la mente en blanco mientras el orgasmo más intenso recorría mi cuerpo.

Abrí los ojos con cautela y vi a Edward que me miraba complacido, me sonrojé al darme cuenta que estaba desnuda y no me había importado en lo más mínimo; deslice la mirada por su cuerpo y reparé en cierta parte que estaba más rígida que antes y sabía que era tiempo de retribuir el momento que me había regalado.

—Creo que esta noche lo vamos a hacer de una manera diferente. — su voz fue áspera y muy sexy. —Tú tienes el control.

Me ayudó a incorporarme y después se acomodó en el lugar donde había estado yo tendida, me miró de manera sugerente y aún con un poco de timidez acomodé mis piernas a ambos lados de su cadera y bajé hasta sentir como nuestros sexos entraban en contacto, me tomó de la cadera pero no apresuró el momento que fue lento permitiéndonos disfrutar la unión; gruñó al estar completamente dentro y comenzó a mover la cadera haciéndome gemir junto con él, apoyé mis manos en sus piernas y comencé a balancearme logrando que ambos gozáramos el momento. Dejé que sus manos me guiaran y me marcaran el ritmo que necesitaba para alcanzar la cima que me había hecho alcanzar y que sabía lo haría nuevamente, mis movimientos se aceleraron al igual que nuestros gemidos y la manera en la que pronunciábamos nuestros nombres, en este momento nada me importaba solo el hombre que gemía mi nombre y me pedía no parara.

De nuevo mi cuerpo pareció convulsionarse por la entrega y segundos más tarde lo sentí terminar y como su cuerpo se mantenía rígido y soltaba un gruñido acompañado de mi nombre.

Mi cuerpo aún temblaba de la intensidad del momento, abrí los ojos aún con el corazón desbocado y mi respiración errática. Me ayudó a acomodarme junto a él y me abrazó por la espalda besando mi hombro.

—Descansa cosita— entrelacé nuestros dedos y me quedé dormida entre sus brazos.

Nunca había pensado que pudiera llegar a experimentar tanto placer y nuevamente Edward me demostraba que estaba equivocada y que aún me quedaban muchas cosas por aprender. Desperté perezosamente y aún sentía el brazo de Edward rodearme, las cortinas estaban cerradas pero aún así se notaba la luz que se filtraba por una serie de aberturas, me moví intentando mirar al reloj que estaba sobre la mesita de noche y comprobé que eran cerca de las diez. Habíamos dormido más de la cuenta.

—Buenos días, cosita— saludó con voz adormilada, me giré para poder mirarlo.

—Buenos días— saludé sonriendo e inclinando mi rostro para poder posar mis labios sobre los suyos. Se levantó sin inmutarse por su desnudez y yo no pude apartar mi mirada de su cuerpo perfecto. Lo escuché abrir la llave del agua.

— ¿Te apetece ahorrar agua?— preguntó asomándose por la puerta y mirándome.

— Eso de ahorrar me gusta— dije levantándome con cuidado y fui hasta el cuarto de baño. Sabía que lo de ahorrar agua solo era un decir.

Cuarenta y cinco minutos después estaba buscando que ponerme, mientras él se terminaba de vestir.

El resto del día lo pasamos con su familia y estaba contenta de poder formar parte de ellos. Apenas hacía unos meses que me habían conocido pero para ellos parecía que era de años. Estábamos disfrutando de un día grandioso en una de los centros comerciales donde Edward me aseguró que encontraría la sillita adecuada para Tommy, me había querido oponer pero estaba tan entusiasmado que no pude más que aceptar, estaba mirando las sillitas cuando frente a la ventana vi pasar a un hombre moreno que me resultó extrañamente familiar, tontamente fui hasta la puerta para asegurarme de que solo se trataba de una alucinación, pero el hombre se giró y me miró con los ojos abiertos como platos, segundos después su mirada ardió al ver mi vientre abultado, pero una morena que recordaba muy bien se acercó a él, tomó su mano y lo obligó a caminar alejándose de donde yo estaba, pero se giró y con un movimiento de labios me dijo "Te encontraré".

— ¿Estás bien? —preguntó Emmett haciéndome saltar.

—Solo necesitaba un poco de aíre. —mentí, sintiendo un miedo que comenzaba a carcomerme.

Sabía que debía de decirle a Edward que había visto a Jacob y que este me había visto, que temía que pudiera hacer algo para quitarme a mi bebé o para… de solo pensarlo me sentí morir, después de meses ocultándome de manera acertada por asegurarme, él me había descubierto y todo había comenzado de nuevo.

Traté de continuar la tarde como si nada hubiera sucedido, pero no podía evitar mirar a todos lados solo para asegurarme de que él no estaba ahí. La despedida fue dura pero prometieron volver en un par de semanas.

El lunes fui a la oficina después de las diez, Edward ya quería que me quedara en casa, pero Leslie aún tenía muchas cosas por aprender y yo solo estaría asistiéndola. Cuando llegué la chica me miró con gratitud y me comenzó a hablar de todo lo que le había mandado hacer Edward para antes de la hora de la comida.

Le fui indicando donde encontrar cada cosa y ahorrarse trabajo, además de que tenía la ventaja de delegar un poco de trabajo a una de las temporales y ella se enfocaría en lo más importante.

— Pensé que había sido claro y que ya te quedarías en casa. — lo escuché gruñir a mis espaldas mientras yo corregía unas notas.

— Leslie aún necesita un poco de ayuda. Quiero estar segura que conoce todo para dejarla. — lo miré ceñuda y él se encogió de hombros y se marchó sin decir más, hasta que subió al ascensor.

— No te desgastes demasiado Sra. Cullen.

Las puertas se cerraron y yo supe que esas palabras eran para que Leslie y el grupo de personas que iban en el ascensor se enteraran de que ya era su esposa. La chica miró disimuladamente mi mano izquierda donde estaba la alianza y el anillo de compromiso, pero no hizo comentario alguno.

Al día siguiente todos me saludaban y podía leer en sus ojos que solo intentaban ser amables con la esposa de su jefe, las chicas me llenaban de atenciones, unas que me estaban asfixiando. Lo bueno es que solo las tuve que soportar una semana ya que la siguiente me quedé en casa; los primeros dos días acomodé un par de cosas y me entretuve mirando la televisión y ayudando a Nicolás en la cocina, también aproveché para hacer la mochilita de Tommy donde coloqué un par de cambios de ropita y el más importante era un trajecito azul que Edward había comprado y que sabia le encantaría que fuera el primero que llevara. Al tercer día quería hacer algo mas, no podía estar sin hacer nada porque me sentía frustrada.

—Tienes que dejarme ir a la oficina— le dije a Edward el viernes por la noche, el me miró y negó.

— Ya te había dicho que las últimas semanas las pasarías aquí, no quiero arriesgarlos.

— Aquí estoy aburrida.

— Lo siento, cariño. Pero tú te quedarás en casa. — bufé y alejé mi plato de helado molesta por su negativa. Me mantuve así por unos minutos y después volví acercar mi helado y lo terminé de comer, que estuviera enojada con él no implicaba que dejara de disfrutar de mi postre.

Aún con su negativa fui a la oficina e hice solo un par de tareas frente a la computadora que no me demandaban ningún esfuerzo.

Lo vi salir y nos saludó a ambas mientras hablaba con otro de los arquitectos sobre una obra de reconstrucción, había dado ocho pasos cuando se giró y caminó firmemente hasta donde estaba.

— ¿Qué haces aquí?

— Te dije que me aburría en casa.

— Y yo te dije que quería que te quedaras ahí para que descansaras ya que solo faltan un par de semanas para la llegada de Tommy. — Rodé los ojos y volví a lo que estaba haciendo— ¿por qué te empeñas en seguir viniendo? ¡Yo solo quiero cuidarte!

— Pero yo no estoy hecha para la vida solo en casa. — protesté indignada.

— ¿Y cuando nazca Tommy?

— Cuando nazca Tommy será diferente porque él me mantendrá ocupada y no como ahora que no puedo hacer nada porque Nicolás no me deja meterme en su trabajo.

—Bella...

—Edward— lo llamó el hombre que lo esperaba sonriendo ante la situación.

— Tengo una reunión de último minuto, si no logro llegar antes de la hora de la comida dile a Emmett que te lleve a casa. — asentí y él se marchó aún diciendo que entre más cuidaban a las mujeres, éstas se empeñaban por ser más independientes.

EVOP

La boda había sido intima y algo que ya había pensado pero por miedo a su reacción no había tocado el tema. Pero cuando ella lo había dicho supe que debía de aprovechar y hacerlo antes de que ella se arrepienta. Fue solo con las personas más cercanas a nosotros y con eso fue suficiente por ahora, después la convencería para hacer una ceremonia como Dios manda.

La noche de bodas yo me había prometido que no pasaría nada, ya que no quería hacerla sentir incómoda, pero se veía tan hermosa que no pude resistirme y terminamos disfrutando de una gloriosa noche, y supe que nuestros momentos juntos serian igual o más intensos que esa noche.

El día del parto se acercaba y yo solo deseaba que ella se cuidara y para eso tenía que dejar el trabajo y quedarse en casa, pero ella aunque había aceptado de palabra, a la hora de llevarlo a cabo no quería hacerlo; y me lo demostró presentándose en la oficina cuando solo se había tomado una semana, que para ella había sido el peor castigo. No entendía a las mujeres, entre más las cuidas ellas quieren poder ser más independientes y cuando les das su espacio ellas te dicen que no te preocupas por ellas; nos vuelven locos, pero sin ellas no podríamos vivir.

La junta a la que había entrado ya se había alargado tres horas y mirando el reloj sabía que ya se acercaba la hora de la comida, solo rogaba que esta vez sí obedeciera y se marchara ya que al paso que transcurría esta reunión bien saldríamos a la hora de la cena y si bien nos iba. Más para mi sorpresa en menos de una hora habíamos logrado aclarar las cosas y dejar que la construcción siguiera su curso, al menos hasta que hubiera otra petición de último momento.

Fui a mi oficina por mis cosas y miré a mi mujer tumbada en el sillón con un brazo sobre sus ojos y el otro sobre su vientre y mordía su labio inferior.

La observé por unos segundos maravillándome con lo afortunado que era de tenerla como esposa, sabía que muchos hablarían de lo extraño que resultaba que yo terminara eligiendo a una chica simple como ella, pero eso era lo que menos me importaba y además ella era mucho mejor que el resto de las chicas, ella era sincera y aunque aún no me amaba estaba seguro que lo conseguiría.

— ¿No sabes acatar una orden Isabella Cullen?— fingí estar molesto, pero el nombrarla con su nuevo apellido no pude evitar sentir ese regocijo. La vi mover los labios y la mano sobre su vientre lo que era un indicador de que estaba despierta. —Sé que me estas escuchando cosita, podrías decirme ¿Por qué sigues aquí y no en casa comiendo como...

— ¿Podrías callarte?— gruñó apretando los dientes y sonando bastante fría, tomó un poco de aire.

— ¿Qué hice ahora?— me acerqué a ella.

—Sigues hablando cuando deberías ayudarme para ir a un hospital. — Quitó el brazo de sus ojos y estos estaban cristalinos y reflejaba temor. Uno que yo sentí al comprender de lo que hablaba.

—No puedes hablar en serio. — dije mirando su tranquilidad. Debía ser una broma y una de muy mal gusto.



Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

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