Dolorosa traición: Capítulo 9



 ¿Muy arriesgado?

EVOP

Aún después de un par de días no podía borrar la sonrisa de estúpido que estaba en mi rostro, una que me acompañaba desde que la había sorprendido en su clase de pre-parto. Verla triste era algo que me partía el corazón así que tomé la decisión y supe que lo conseguí al ver su rostro, pero lo mejor fue darme cuenta que ella estaba feliz de tenerme a su lado y que me permitió compartir ese momento con ella. Había tomado su vientre con un poco de miedo ya que no sabía si le dolería o la lastimaría de alguna manera, más tener mis manos en su abultado vientre me hizo sentir una sensación muy agradable una que me moría por repetir, pero sabía que ella se extrañaría si le pedía que me dejara tocarla nuevamente, que me dejara sentir la redondez de su barriguita.

El resto de la semana se había mostrado algo seria y se había mantenido aparatada de mi y todo debido a que no me había podido contener y la había besado en la comisura de los labios lo que había sido el peor error, ya que ahora me moría por probarlos. Le di su espacio para que no se sintiera incómoda, pero no podía dejar de pensar que en un par de días ella sabría que detrás de los detalles que recibía cada día estaba yo.

El sábado llegué unos minutos antes que ella y me mantuve en mi auto. La vi llegar y como uno de los meseros salía para llevarla a la mesa que había reservado.

— ¿Planeas quedarte aquí en el auto o vas a ir con Bella? —preguntó Emmett divertido al ver mi nerviosismo.

—Deséame suerte.

—Estaré al pendiente por si debo de llevarla a su casa en unos minutos. —lo miré frunciendo el ceño y él soltó una carcajada.

Salí del auto y fui hasta el interior del restaurante, dejé mi abrigo y me dirigí hasta donde la vi sentada de espaldas a la puerta como había pedido, me acerqué sigilosamente y dejé delante de sus ojos el arreglo con sus flores favoritas, las tomó en sus manos y se giró lentamente.

—Edward. —susurró borrando la sonrisa que había estado en su rostro. — ¿Qué haces aquí?

—Creo que es más que obvio. —dije sentándome delante de ella.

— ¿Te divertiste? — gruñó molesta haciendo un ademan de ponerse de pie. — ¿Por qué lo hiciste?

—No te vayas Bella. —tomé su mano y moví mi silla para quedar junto a ella. —Si hice esto es porque me interesas.

—Ya fue suficiente Edward, creo que…—coloqué un dedo en sus labios.

—Quiero que sepas que inventé todo esto del admirador secreto para poder acercarme un poco más a ti, desde hace tiempo mis sentimientos por ti cambiaron y me interesas. —acomodé uno de mis brazos en el respaldo de su silla y la otra la mantuve tocando sus manos. —Fui un cobarde y no te dije de frente por miedo a tu rechazo, pero cuando noté que no era tan indiferente decidí que era momento de que supieras que era yo quien estaba detrás de todo.

— ¿Por qué yo, Edward? —preguntó con la voz rota y apreté más sus manos.

— ¿Y por qué no? —ella esbozó una sonrisita rota. Y liberó una de sus manos y señaló su vientre que estaba cubierto por la fina blusa de color rosa pálido. — El que estés embarazada no cambia nada.

—Yo no abandonaría a mi bebé. —me miró con los ojos cristalinos.

—Y yo nunca te pediría que lo hicieras. —la atraje hacia mi envolviéndola en mis brazos y dejando mi mano sobre su vientre. —Yo quiero cuidar de ambos.

— ¿Por qué querrías comprometerte con una mujer embarazada cuando puedes tener a una que no?

—Tu estado no me incómoda, me gusta la mujer que eres. Eres más de lo que estaba buscando.

—Edward yo no…

— ¿Cómo puedes decir que no a algo cuando no has probado siquiera si funcionará? —le pregunté tratando y rogando porque ella no se marchara y entendiera que me interesaba de verdad, y que su estado no me importaba, que yo querría a ese bebé como si fuera mío.

—Es una locura y lo sabes. ¿Qué pensarán tus padres? —reí por lo bajo y moví mi mano sobre su vientre haciéndola estremecer.

—Mis padres están más que contentos con la idea. —levantó su rostro y me miró sorprendida. — Ya se los conté y te diré que fue mi padre quien me dio la idea de cortejarte lentamente.

—Ellos pensarán que yo…

—A ellos les caíste muy bien y no debes de preocuparte de nada más que de cuidar de ti y tu bebé. —quité la mano de su barriga y la utilicé para levantar su barbilla. — ¿Podemos intentarlo?

—Yo no sé si podré darte lo que buscas, somos muy diferentes.

—Somos más afines de lo que crees. Podemos tratar de que lo que hay entre nosotros funcione. Se que también sientes algo, aunque trates de ocultarlo. — dejé mis labios en su mejilla y sonreí al notar como su respiración se veía interrumpida y su pulso se aceleraba, seguido de un gruñido de su estómago.

—Lo siento. — se disculpó muy avergonzada ocultando su rostro en mi pecho.

—Es hora de cenar. — acomodé mi silla para quedar de nuevo delante de ella y llamé al mesero para que tomara nuestra orden, ordené por ambos y pedí que lo trajera lo más pronto posible.

Al principio ella mantuvo la mirada en sus manos y parecía que no dejara de darle vueltas a lo que le acababa de decir. Estaba muy nervioso porque ella aún no aceptaba y ahora que ella conocía mis sentimientos temía que no sólo me rechazara sino que también se marchara lejos de mí intentando evitar que me acercara más a ella.

Levantó su mirada y sus ojos aún estaban cristalinos, pero en ella noté un brillo agradable y su sonrisa tímida fue lo que hizo saltar mi corazón, ella parecía haber tomado una decisión y había elegido darnos una oportunidad. Dejó su mano sobre la mesa y noté el ligero temblor que estaba presente en su cuerpo, estiré mi mano hasta cubrir la suya con la mía y dejar que la agradable sensación recorriera mi cuerpo.

—Yo los protegeré. —ella lo dudo unos segundos pero asintió levemente.

La velada transcurrió de manera normal, traté de hacerla sentir cómoda y ella se relajó y comenzó a reír con mis chistes aunque la mayoría eran muy malos y estaba seguro que sólo se reía para que yo no me sintiera mal. La ayudé a ponerse su abrigo y llevé sus flores mientras salíamos del restaurante, fuera ya nos esperaba Emmett que sonrió ampliamente al ver que la llevaba de la cintura.

La acompañé hasta el departamento y la ayudé a encontrar un florero para su ramo. Lo llevó a su habitación y regresó con las mejillas sonrojadas lo que la hacia lucir muy hermosa.

—Me tengo que ir, pero mañana aquí estaré para llevarte a almorzar. —le dije envolviendo en mis brazos y besando su coronilla. —Descansa, cariño.

Me alejé de ella antes de que perdiera mi autocontrol y la besara.

Esa noche dormí completamente relajado y sin poder contenerme le envié un mensaje a Bella deseándole dulces sueños.

BVOP

Acurrucada entre las mantas aún no podía creer todo lo que me había sucedido esta noche. Mi admirador secreto resultó ser Edward. No sabía si había hecho bien en creerle pero ya lo había hecho. Lo que más me tenía sorprendida era que el realmente quisiera a mi bebé, cuando me había dicho lo que sentía por mi pensé que también me pediría que dejara a mi bebé, pero al contrario él me había dejado claro que no haría nada por separarme de mi bebé, que haría todo por asegurar su bienestar. Me quedé mirando las flores y me sumí en un profundo sueño que como los anteriores me hizo revivir cosas del pasado unas que pretendía olvidar.

Estaba en el baño de mi departamento sosteniendo la prueba de embarazo y esta era positiva. Mi rostro se iluminó.

Pensé sorprenderlo y fui hasta su oficina donde la secretaria me lanzó una mirada tímida y de inmediato le avisó a Jake de mi presencia.

¿Estás muy ocupado? —le dije al tiempo que entraba en su oficina y cerraba la puerta detrás de mi.

Lo que estoy es sorprendido ¿sucede algo? —me mostró una sonrisa y eso me dio valor para darle la gran noticia.

¿Puedes salir a comer? —pregunté tímidamente.

Tengo mucho trabajo cariño, pero si hay algo que quieras decirme. — apoyó su barbilla en sus manos y me miró sin dejar de sonreír.

No quería decírtelo aquí. — di un paso adelante y sonreí ampliamente. — Estoy embarazada, Jake. Vamos a tener un bebé.

¡¿Qué? — gruñó molesto levantándose en un movimiento brusco que me hizo retroceder. Y en un abrir y cerrar de ojos sus manos estaban cerradas en mis brazos y me movió con brusquedad. —repite lo que has dicho.

Me haces daño Jacob. Suéltame. — le pedí intentando zafarme.

Dime que estas bromeando y que no estás embarazada.

Lo estoy. —dije en un susurro.

Esto no puede estar pasando, es un inconveniente desagradable que tenemos que solucionar. — dijo soltándome y tomando su móvil.

Es un bebé de ambos, sé que no fue planeado pero…—tomé aire. — ¿Es qué no te agrada la idea de un bebé?

¿Eres estúpida? — se apoyó en el escritorio y me miró con una sonrisa. — Dime una cosa antes querida, ¿estás segura que es mío?

Sus palabras me habían dolido y después de eso no dejó de gritar que era una oportunista, una caza fortunas que sólo deseaba conseguir salir de la pobreza en la que estaba, las cosas de su escritorio comenzaron a volar en diferentes direcciones mientras seguía gritando y yo solté un grito de terror al ver que se acercaba y antes de que llegara a donde estaba fue uno de sus guardaespaldas que me protegió con su cuerpo reteniendo a Jacob que amenazó con despedirlo y su secretaria me sacó de la oficina tambaleándome de la impresión del enorme rechazo de Jacob.

Me llevó a una de las salitas que estaba cerca y me dio un té tratando de que me tranquilizara pero me dejó sola cuando el teléfono comenzó a timbrar.

Dile a Jacob que estoy aquí. —escuché una arrogante voz femenina.

El señor esta indispuesto.

Para mí nunca lo está. — no pude evitar la curiosidad y me levanté de la silla dejando la taza sobre el platito y vi a una hermosa mujer que retocaba su labial y acomodaba su cabello oscuro, la puerta se abrió y yo me oculté, vi como la chica se lanzaba a los brazos de Jacob que la recibía como si nada hubiera sucedido, el estómago se me revolvió al ver la manera en que la besaba y desaparecían en su oficina diciendo que no quería que lo molestaran.

Salí de la salita y aferrando mi bolso me acerqué a la secretaria que estaba pálida y me veía con una mezcla de dolor y compasión.

¿Esa mujer es…—dejé la pregunta incompleta por el nudo que se formo en mi garganta, pero aunque sabía que debía de ser su amante quería estar segura.

Será mejor que te vayas querida. Un taxi te espera. — apreté mi bolso y Salí de ahí tratando de que nadie notara lo afectada que estaba, la imagen de Jacob con la morena me perseguía constátenme.

Me desperté jadeando y me llevé la mano al vientre para asegurar que mi bebé estaba bien, me dejé caer de nuevo sobre las almohadas llevando la mano a mi frente que se encontraba cubierta de una fina capa de sudor frio. Al ver que eran cerca de las seis intenté volver a dormir y cuando lo hice agradecí que esta vez los sueños fueran agradables.

Me había despertado poco después de las nueve y me había metido de inmediato debajo de la ducha y arreglado, ya que no sabía en que momento llegaría Edward y lo que menos deseaba era que me encontrara mal vestida. Cuando el timbre sonó, fui a abrir con una sonrisa y él me abrazó apenas tuvo oportunidad.

— ¿Cómo dormiste? —preguntó acariciando debajo de mis ojos y supe que debía de tener un par de líneas que delataban que no había dormido muy bien.

—Tuve una pesadilla, pero nada que no pueda solucionar. —dije apartándome de sus brazos.

— ¿Hay algo que quieras hacer hoy? —negué tomando mi bolso y un suéter que ya había dejado cerca.

La mañana la pasamos paseando y la tarde en su departamento donde agradecí ya que cada vez me cansaba más.

—Túmbate y te daré un masaje que te va a encantar. — me propuso Edward con una sonrisa mientras se inclinaba y quitaba mis zapatillas. — Deja que te consienta un poco.

—No es necesario.

—Sólo túmbate y deja que te consienta. — aunque no quería me obligó en un par de movimientos y aunque me resistí en un inicio al final lo disfruté y fue tan bueno que terminé dormida.

Estaba nerviosa por temor a que alguien en la empresa se diera cuenta de que estaba saliendo con Edward y comenzaran a decir que mi trabajo lo había obtenido no precisamente por mi desempeño laboral.

Cuando llegué me encontré con un arreglo floral nuevo y una caja de chocolates con una pequeña notita.

Que tengas un lindo inicio de semana, cosita, y que tu jefe no se aproveche de ti haciéndote trabajar horas extras.
Edward.

La volví a meter en el sobrecito cuando él salió de su oficina, se acercó lentamente hasta llegar delante de mí y me dio un beso en la nariz.

— ¿Qué tal dormiste esta vez?

—Bien. — me levanté de puntillas y lo besé en la mejilla. — Espero que tú también pasaras una buena noche, aunque parece que saliste temprano de casa. —le dije acariciando su rostro que dejaba claro que no se había afeitado.

—Había olvidado que tenía que enviar algo ayer así que llegué temprano, pero prometo que me afeitaré en un rato libre que tenga.

—No te queda mal.

—Si te gusta me la dejaré.

—Es tu decisión no la mía. —me acercó más a su cuerpo y rozó su insipiente barba contra mi mejillas haciéndome cosquillas.

—Ahora tú también puedes opinar cosita. —me susurró para después dejar un beso en mi mejilla y separarse de mí.

Me tomó unos minutos el recuperarme de sus muestras de afecto y centrarme en lo que era mi trabajo. Revisé la agenda y le recordé un par de compromisos de los que debía de hacerse cargo y para ellos tendría que salir, lo que por primera vez no pareció hacerle mucha gracia.

—No olvides ir a comer. — me dijo antes de marcharse junto a Emmett que lo había ido a buscar.

La semana estuvo muy ocupada pero eso no impidió que me acompañara de nuevo al curso pre-parto, que se quedara a cenar conmigo y que siguiera teniendo pequeños detalles todos los días. Las secretarias de la empresa seguían preguntándose aún quien era el que estaba detrás de los obsequios y cuando me preguntaban yo solo fingía no saber nada aún, pero para lo que no estaba preparada era para que el fin de semana llegaran sus padres y hermana para comprobar que Edward había dicho la verdad y que estábamos saliendo.

— ¿No puedes decir que me sentí indispuesta? —pedí cuando estábamos en el ascensor subiendo a su departamento.

—Ellos sólo quieren verte. —apreté su mano entre las mías y pegué mi rostro en su brazo.

Al entrar al departamento intenté apartarme de él, más esta vez no me lo permitió y me llevó tomada de la mano hasta donde estaban los miembros de su familia.

— ¿Así que no mentía? —murmuró Alice con seriedad y se acercó a nosotros. — Bienvenida a la familia Bella. —me dio un abrazo.

—Que gusto el verlos juntos. — me besó Esme y después a Edward.

—Cualquier cosa que te haga no dudes en hacérmelo saber. — apuntó Carlisle. — Yo le daré su merecido.

— ¿Tienen planes para el fin de semana? —preguntó Alice con una enorme sonrisa y sentí como Edward apretaba más mi mano y pegué mi rostro a su brazo cuando soltó un chillido que nos aturdió.

—No hagas eso Alice. — gruñó su madre.

—Ya falta muy poco para la llegada del bebé y es tiempo de que decoremos su habitación. —yo miré a Edward y él me rodeó con su brazo. — Iremos de compras.


Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

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