Dolorosa traición: Capítulo 8



 Arriesgado

El domingo por la noche cuando todos los miembros de mi familia se habían marchado, me serví una copa de licor y me acomodé en el sillón de la sala mirando como el cielo adquiría esas tonalidades anaranjadas indicando que la noche estaba por caer. Fue en ese momento que abrí la puerta de los recuerdos y sorprendentemente ya no eran tan dolorosos como la última vez que me había permitido volver al pasado.


Claramente podía recordar a Tanya que era una mujer bonita: alta, muy delgada, de piernas kilométricas y era claro que sus senos y su trasero eran obra de un buen cirujano. Ella siempre lograba que las personas la miraran por su manera de vestir y de contonearse, pero aún así seguía siendo una mujer bastante común. En el mundo hay muchas rubias delgadas y operadas para simular un cuerpo perfecto, lo que la hacía ser una más.

En las fiestas siempre buscaba resaltar, asistía con diseños exclusivos que remarcaban perfectamente cada una de sus curvas y haciéndome acreedor de miradas llenas de envidia por tener a esa mujer colgada de mi brazo, fue en ese momento que me di cuenta de que ella para mí era como un adorno y que las miradas lascivas que los hombres le llegaban a lanzar me molestaban solo un poco pero no le daba gran importancia.

En cambio con Bella había conocido una nueva parte de mí, había salido a flote un Edward sobreprotector y que intentaba por todos los medios hacer que ella estuviera bien, Bella era una mujer única y por lo tanto muy valiosa, mi subconsciente se había dado cuenta de ello desde un inicio y por ello no me había podido alejar. Ella no era bonita, era una mujer hermosa, no era la típica rubia de cuerpo delgado y que dejaba claro que la mayoría de sus curvas eran gracias a unas cuantas cirugías; ella poseía una belleza natural y su cuerpo poseía las proporciones perfectas: sus piernas no eran kilométricas pero estaban bien torneadas, era delgada pero sin llegar a ser esquelética, la curva de su trasero era perfecta y sus senos no eran muy grandes pero tenían el tamaño justo, uno que iba modificándose a medida que el embarazo iba avanzando.

En las fiestas, mientras que Tanya buscaba ser la protagonista, Bella no buscaba el resaltar y aunque los vestidos que había utilizado eran muy favorecedores, eso al parecer la hacía sentirse tímida por lo que buscaba permanecer lejos de los ojos de los demás, una tarea que había resultado imposible, las miradas de todos siempre se posaban en ella y había notado como algunas mujeres la veían con envidia, sabía en parte que muchas la detestaban por estar conmigo pero también sabía que ellas se habían dado cuenta de que era una mujer hermosa, en cuanto a los hombres, ellos la miraban deleitándose con su belleza lo que había hecho despertar el monstruo de los celos que no creía que poseía.

Había conocido a Tanya en una de las tantas fiestas a las que había asistido y había sido ella quien se había acercado, al notar que tenía iniciativa me mostró que era una mujer con carácter y que sabía lo que quería, después de tres citas comprobé que era una mujer ardiente en la cama y que no pedía demasiada atención. Había días en los que no podía verla por el trabajo cosa que en relaciones pasadas me había traído peleas, con ella bastaba enviarle un obsequio caro y no recibía un solo reproche. Sonreí de lado al darme cuenta de algo que había pasado por alto, las veces que habíamos terminado, su razón había sido el poco tiempo que le dedicaba cuando antes no le había importado, y pensándolo más fríamente ella sólo buscaba una razón para terminar y así salir con alguien más y hacerme sentir el responsable de la ruptura, una que no duraba mucho ya que los demás no la complacían con caprichos caros como yo lo hacía. Sentía aprecio por ella, pero no había algo más fuerte que nos uniera y eso no parecía importarle.

Muchos creían que mi estado después de que ella me dejara frente al altar y delante de tanta gente se debía a que yo la había amado, pero la verdad de todo es que me había sentido humillado y que todo el mundo se enterara no mejoró las cosas, los comentarios de los medios fueron muy duros, llegaron a decir que yo la engañaba y lo peor fue cuando dijeron que parecía que todo se debía a problemas de cama, cosa que era ridícula ya que en ningún momento tuvimos problemas en ese sentido.

Para mí, mi trabajo era lo más importante, también quería formar una familia y pensé erróneamente que junto a Tanya podría conseguirla, sabía que ella no me exigiría más de lo que yo estaba dispuesto a darle y era obvio que ella no se molestaría si a cambio recibía todo lo que ella deseaba. Nuestra relación nunca fue amor, siempre habían sido negocios, cada uno obtenía lo que deseaba.

Después de la humillación había quedado muy lastimado por los comentarios de los demás que no tenían ni idea de la realidad, pero ahora estaba dispuesto a arriesgarme de nuevo por una mujer que tal vez me rechazaría y era extraño, sentía una adrenalina desconocida al ir detrás de una mujer que parecía no tener ojos para mí.

Al tener claros mis sentimientos supe que estaba haciendo lo correcto y que el conquistar a Bella no era un capricho que me negaba a ver, si no que detrás de todo eso había un sentimiento más profundo que no se mostraba aún por completo temeroso a un rechazo, pero ahora debía de arriesgarme si quería conseguir que ella me diera una oportunidad, al fin había encontrado a la persona correcta y no pensaba dejarla escapar.

El lunes comencé con mi rutina de cada día. La visita de mis padres había sido muy productiva y hoy comenzaría a tratar de despertar el interés en Bella.

De camino a la oficina hice que Emmett se detuviera en una floristería y compré un ramo con diferentes flores ya que no sabía cual era su favorita, hice que la chica escribiera una pequeña notita y la dejara sin firmar. Ignoré la sonrisa de mi chofer y en cuanto estuvimos en la oficina le pregunté al guardia de seguridad si Bella ya había llegado y cuando me confirmó que aún no lo hacía subí al ascensor con tranquilidad y dejé el arreglo floral sobre su escritorio y entré a mi oficina, quería salir a esperarla para ver su reacción, pero sabía que eso me delataría.

Menos de veinte minutos fue lo que tuve que esperar, escuché el timbre del ascensor y esperé unos segundos antes de salir.

—Me alegro de que llegaras, podrías llamar…— traté de actuar como si no supiera nada y sonreí ampliamente cuando noté el rubor en sus mejillas y la mirada de desconcierto ante las flores que estaban en su escritorio. — Veo que tienes un admirador.

—Seguro se equivocaron. —dijo y yo tomé la notita que estaba entre las rosas y girasoles.

—Aquí dice Bella. —se la entregué y ella parecía más extrañada. — Parece que alguien está tratando de llamar tu atención.

—Pierde su tiempo, yo no estoy disponible. — soltó un suspiro y me miró a los ojos. — ¿A quién querías que llamara?

—A Arthur para que me entregue los planos que quiere que le revise. —dije sintiendo como si algo pesado estuviera en mi estómago, a ella no le habían agradado las flores.
Entré a mi oficina y no pude comenzar a trabajar, sólo trataba de pensar de que manera podía hacer que Bella viera que yo tenía interés en ella y que mis intenciones eran serias; más no quería asustarla.

Al salir de mi oficina la encontré acomodando las flores en agua, estaba inclinada oliendo una rosa, pero reincorporó al notar que estaba ahí. Y sus mejillas se tiñeron de rojo.

—Parece que el tipo no sabía cual es tu flor favorita. —Dije señalando el arreglo y ella asintió sonriendo — Y por cierto… ¿Cuál es?

—Me gustan las rosas rojas y los tulipanes blancos. — confesó acariciando uno de los tulipanes del arreglo que era rosa y noté que no había ninguno blanco.

—Voy con Michael a revisar unos planos que estaba evaluando. Si necesitas algo sabes donde encontrarme.

Durante el día estuve ocupado en otros proyectos que estaban a cargo de otros arquitectos, únicamente los revisaba y verificaba que todo estuviera bien. Algunos podían pensar que yo no confiaba en su trabajo, pero lo único que buscaba era asegurarme de que no había ningún problema ya que en juego estaba el nombre de nuestra constructora.

A la hora de salir llevé a Bella al departamento y aunque al dejarla quise inclinarme para rozar sus labios, supe que no era una buena idea, con ella debía de lleva las cosas con calma y eso era algo nuevo. Mis antiguas relaciones no tenían nada que ver con todo esto, las chicas con las que me había involucrado no tenían nada de inocentes y sabían perfectamente lo que querían, y era otra de las razones por las que Bella me resultaba tan fascinante, era una mujer tímida, pero con carácter, era hermosa aunque ella no se viera con claridad y yo pondría todo de mi parte para intentar curar las heridas que aún parecía tener abiertas y que la seguían lastimando, ella le había dado un nuevo significado a mi vida y yo le daría uno nuevo a la suya.

— ¿Sabes lo qué estás haciendo? — vi a Emmett que me miraba por el retrovisor.

—Si te refieres a Bella, sé lo que estoy haciendo. —dije con tranquilidad.

—Aún es una chica inocente, demasiado buena para su propio bien y no merece que la lastimen.

—Yo no pretendo lastimarla Emmett, sé que todo este tiempo también la has estado vigilando a ella sin que yo me diera cuenta. — él se puso rígido pensando que lo regañaría. — Te agradezco que lo hicieras y ahora quiero que alguno de tus hombres la mantenga vigilada las 24 hrs del día.

— ¿Sucede algo malo? —preguntó alarmado.

—Sólo quiero asegurarme de que esté bien, quiero protegerla a ella y al bebé.

— ¿Así qué has decidido el aventurarte de nuevo? —preguntó con diversión.

—Lo intentaré, sólo espero que no me rechace. — me acomodé en mi asiento. —Emmett ¿Conoces algún lugar donde vendan buenos chocolates?

—Los mejores de la ciudad y hay importados. — Me guiñó un ojo— ¿Entonces estás tratando de agradarle a Bella?

—Sí, pero primero quiero que sea de manera anónima.

Durante las tres siguientes semanas Bella recibía todos los días un pequeño obsequio, desde chocolates, bombones, flores y pequeños detalles que aunque al principio parecía incomoda aceptaba y en un par de ocasiones había hablado con el guardia de seguridad para ver si él no sabía quien era el que le estaba enviando esos obsequios, pero el hombre había sido advertido que no podía decir una sola palabra y fingió no saber nada.

Me hice a otro móvil del cual le enviaba mensajes durante la noche, los primeros dos días ella no había contestado y sólo me había agradecido los obsequios, pero después comenzó a escribir un poco y era agradable conocerla un poco más. Había cosas que ya sabía de ella pero que no importaba volver a leer. Aunque lo quisiera ocultar en sus ojos había un brillo que mostraba que estaba halagada por las atenciones que estaba teniendo con ella.

Estaba sentado revisando los presupuestos de un nuevo condominio cuando ella llamó a la puerta y al entrar sonreí al ver que su vientre ya era muy notorio y lucía más hermosa que el primer día que la había visto. Le indiqué una de las sillas que tenía delante y ella se sentó con las manos en su regazo retorciéndose los dedos.

— ¿Qué sucede? —le pregunté apartando la mirada de mi tarea y concentrando toda mi atención en ella.

—Quiero pedirte que si me podrías dejar salir hoy un par de horas antes.

— ¿Tienes una cita? —pregunté enarcando una ceja.

—Verás… es que hace unas semanas me inscribí a un curso preparto, pero se suponía que empezaría la próxima semana pero lo han adelantado y me acaban de avisar.

—Llama a Sophia, la chica que esta de temporal y se encuentra en recepción para que tome tú lugar. —ella asintió y agradeció saliendo con una sonrisa. —Bella…

— ¿Dime? —preguntó asomando la cabeza.

—Dile a Emmett que te lleve a tu curso y que te espere, y cuando te deje en tú casa que regrese por mí. — fruncí el ceño y levante la mano en señal de que no dijera nada ya que iba a protestar. — sólo dile.

Durante la tarde estuve trabajando, deje que la chica se marchara igual que todos los demás. por la noche le envié un mensaje a Bella que tardo en contestar, esta vez sus respuestas eran cortas lo que me indicó que algo no andaba bien y cuando se lo pregunté ella sólo dijo que estaba cansada y que sería mejor que siguiéramos hablando después, le desee buenas noches y la deje descansar.

A la mañana siguiente cuando llegué a la oficina le dejé un tulipán blanco sobre su escritorio y una pequeña notita deseándole un buen día. Cuando la vi supe que mis sospechas de la noche anterior habían sido certeras y que algo no estaba bien, parecía un poco triste.

— ¿Te encuentras bien?

—Todo bien. —dijo sonriendo pero no fue una sonrisa genuina.

— ¿Qué tal el curso? —pregunté y ella apartó la mirada, lo que me indicó que el problema estaba relacionado con ese maldito curso. Me levanté molesto y me detuve frente a ella tomándola de los brazos con cuidado. — ¿Alguien te hizo algo?

—Todos fueron muy amables.

—Pero…

— ¿Por qué crees que debe de haber un pero? —preguntó ceñuda.

—Porque aunque intentes ocultarlo se que hubo algo que te puso triste.

—Es sólo que me sentí extraña, las otras mujeres iban acompañadas y yo era la única sola en el grupo. — la abracé y traté de reconfortarla, me podía imaginar que era algo duro para ella ver que las demás mujeres contaban con el apoyo de sus parejas y ella estaba sola. Más tenía una idea para solucionar el problema y que sabía que la dejaría sorprendida.

El resto de la semana lo pasó algo apagada, pero la siguiente poco a poco fue recuperando su humor y notaba que su entusiasmo con los pequeños regalos que recibía todos los días era mayor. Las pocas veces que había hablado con mi madre estaba encantada de que estuviera siendo paciente con ella y que no forzara las cosas, pero me dijo que ya iba siendo hora de que le dijera que detrás de todos esos obsequios estaba yo y que no era una burla o un juego, que mis intenciones con ella eran serias y que deseaba que nos diera una oportunidad. Después de mucho pensármelo decidí que después de casi cuatro semanas ya era hora de que nos viéramos de frente y que ella supiera lo que sentía por ella.

Esa noche en los mensajes se lo propuse y ella no respondió hasta cerca de una hora después, pero aceptó a que nos conociéramos el fin de semana, eso me llenó de alegría al mismo tiempo que de nervios.

Al día siguiente sabía que ella tenía de nuevo que asistir a su curso y se notaba ansiosa y cuando le aseguré que todo estaría bien ella dijo que estaba pensando en no asistir ya que había mucho trabajo, pero la realidad es que ella se estaba tratando de excusar para no ir y así no sentir la sensación de estar fuera de lugar. Cuando fue hora le dije que se marchara y que Emmett la llevaría.

—Todo saldrá bien. —le dije tomando sus manos y besando su coronilla. — Ve antes de que se te haga tarde.

BVOP

Durante el trayecto al curso no dejaba de removerme en el asiento, no quería ir ya que la vez anterior me había sentido completamente fuera de lugar y además de que me había sentido muy triste al ver a todas esas mujeres con sus parejas y yo era la única que estaba sola, aunque habían sido discretas había sentido las miradas que varias de ellas me habían lanzado. Sabía que estaba sola y había sido mi elección y debía de seguir adelante, no podía doblegarme fácilmente y menos ahora, si me daba por vencida ahora… ¿Qué se esperaba de mi después? Ésta era la primera prueba que debía de afrontar, me esperaba un futuro duro ya que muchas personas aún no veían con buenos ojos a las madres solteras.

Agradecí a Emmett y ingresé al edificio, fui hasta el saloncito donde se daban los cursos, entré al baño para ponerme algo más cómodo y cuando salí la instructora me sonrió ampliamente y me señaló el lugar que ella me había preparado. Las demás fueron llegando y todas saludaban amablemente al igual que sus parejas, respiré profundamente tratando de que no me afectara.

—Muy bien mamás vamos a comenzar con los ejercicios de respiración. —miré a las parejas que tenía cerca y de nuevo esa pesadez estaba presente, ese pequeño dolor. — Bien papás, coloquen las manos en el vientre y vamos a trabajar la respiración en el parto.

Cerré los ojos y comencé a hacer los ejercicios de respiración, mis ojos me estaban picando y sabía que si no me controlaba me echaría a llorar y eso sería humillante.

—Lo siento se me hizo tarde. —abrí los ojos de golpe al reconocer la voz y me giré a la puerta para ver a Edward entrar y llegar conmigo. — ¿De qué me perdí?

— ¿Qué haces aquí? —pregunté en un susurro entre sorprendida y emocionada.

—Colócate detrás de ella. — le indicó la instructora y me obligó a recargarme en él. — ahora coloca las manos en el vientre.

Edward acomodó sus manos en mi barriguita y una serie de cosquilleos recorrió mi cuerpo, aún no podía creer que él estuviera haciendo esto por mí. Estaba ahí como si fuera el lugar que le pertenecía y no parecía sentir ningún tipo de desagrado por tocar mi abultado vientre.

—Creo que sería bueno que tú también hagas el ejercicio, no soy yo el que sentirá las contracciones. — me dijo con burla y me di cuenta de que no estaba haciendo el ejercicio.

—Edward…

—Pon atención a la instructora, no quiero que durante el parto me digas que por mi culpa no escuchaste algo. — sonreí y apoye mi cabeza en su pecho, comenzando a respirar de la manera que nos estaba indicando la instructora.

Cuando terminó la clase noté que varias mujeres veían a Edward y él no parecía ver a nadie, tomó mi mano entre la suya y me llevó fuera. Sin poder contenerme las lágrimas hicieron su aparición y aunque intenté ocultarlas él se dio cuenta y me envolvió en sus brazos.

— ¿Por qué hiciste esto? —dije entrecortadamente.

—No quería que te sintieras extraña, si está en mis manos hacer un cambio lo haré. —me dijo al tiempo que me empujaba dentro del auto.

Antes de que pudiéramos hablar su móvil comenzó a timbrar y estuvo hablando durante todo el camino, y yo sólo pude pensar que estaba cometiendo un error, no debía dejar que las cosas cambiaran entre nosotros.

Me acompañó hasta el departamento y me quitó la llave para ser él quien abriera, me cedió el paso y antes de que estuviera completamente dentro me tomó de la mano.

—Tengo que volver para hacer unas llamadas.

— ¿Quiéres que te acompañe?— me ofrecí.

—Yo me hago cargo, ahora sólo date una ducha y descansa, ya trabajaste demasiado por hoy. — acunó mi rostro y esta vez sus labios se posaron muy cerca de los mios. — no olvides poner los pies en alto.

— ¿Pusiste atención en la clase? —dije tratando de sonar tranquila y no alterada como mi pulso ante su acto.

—Alguno de los dos tenía que hacerlo. Nos vemos mañana. — fue lo último que dijo antes de que las puertas del ascensor se cerraran y yo me llevara la mano al lugar donde sus labios habían tocado.

Traté de ignorar ese gesto pero me fue imposible, durante la noche me costó conciliar el sueño y cuando finalmente lo logré mi sueño comenzó a mostrarme mis recuerdos.

Estaba nerviosa ya que era la primera salida a una gala en la que asistía con Jacob; me había comprado el vestido, lencería, zapatillas, abrigo y los accesorios. Al mirarme en el espejo la que estaba ahí no parecía ser yo.

Al llegar al salón un par de parejas se acercaron a Jacob que me presentó como su amiga y no como su novia. Y al notar mi sorpresa se inclinó.

Es para que no te molesten, cariño. Si saben que estamos juntos pueden lastimarte y es lo que menos deseo. — me sentí halagada de que me estuviera protegiendo.

Durante la velada las mujeres me habían lanzado miradas sorprendidas y noté como algunas cuchicheaban entre ellas, lo que me hizo sentir incómoda y como si fuera un bicho raro.

No estoy cómoda Jacob, las personas parecen estar hablando de mí.

Ideas tuyas cariño. —me susurró

Durante el resto de la velada me susurraba palabras dulces al oído y se burlaba de las mujeres que lucían feos vestidos que según ellas eran de los mejores diseñadores. Su mano acariciaba constantemente mi pierna debajo de la mesa, habíamos bailado y me había hecho sentir como una princesa con sus atenciones, no había permitido que nadie se me acercara.

Cuando nos marchábamos una mujer lo llamó y me hizo esperar a unos cuantos metros, no podía escuchar nada pero veía como la mujer parecía estar molesta y me lanzó un par de miradas de odio.

Vámonos. — fue lo último que me dijo tomando mi brazo y llevándome fuera del salón.

¿Qué sucede Jake? —pregunté con timidez tocando su rodilla.

Esa mujer que se mete donde no la llaman. Esta es la razón por la que no te había llevado a ninguna fiesta, hay mujeres que no les importa lastimar a chicas como tú.

El que no seamos de la misma clase social no implica que seamos menos. — me acomodé en el asiento y lo mire fijamente. — ¿Estás seguro que el decir que era tu amiga no es porque te avergüenzas de mí?

¡Por supuesto que no! Solo te protejo de esas mujeres.

Me desperté dejando escapar un sollozo lastimero, él me había dicho que me protegía de las mujeres de ese baile cuando la realidad es que yo estaba con el ser más ruin.

Por más que trataba de olvidar los recuerdos seguían presentes y sabía que me perseguirían constantemente.

El resto de la semana traté de mantener las distancias con Edward, y él parecía algo extrañado pero no había hecho ningún otro acercamiento, lo que en vez de alegrarme como esperaba me hacía sentir un poco de desilusión, mis emociones eran totalmente contradictorias y aunque una parte de mi me decía que era un grave error, otra parte me decía que no podía vivir siempre temiendo que me lastimaran de nuevo; además Edward no era como Jacob.

Los pequeños obsequios siguieron llegando y eso me recordaba que había accedido a conocerlo el fin de semana. Nunca me había llamado la atención eso de citas a ciegas y ahora estaba a punto de hacer algo parecido. El jueves por la noche mi admirador me envió mensajes y platiqué un largo rato con él y cuando me preguntó si aún seguía interesada en conocerlo dije que si aunque no estaba segura de hacerlo en realidad.

El sábado por la noche me arreglé con manos temblorosas y me sentí satisfecha con mi aspecto, habíamos quedado de encontrarnos en un restaurante que estaba sólo a un par de calles por lo que podría ir caminando y así lo hice.

Mientras iba rumbo al restaurante no dejaba de repetirme que diera media vuelta y regresara, pero sería mejor ir y decirle que no estaba interesada en una relación que sólo podría ofrecer mi amistad y agradecerle por cada uno de los detalles que me había enviado. Al llegar al restaurante me di cuenta de que él debía de haber hecho las reservaciones y como no sabía su nombre no tendría otra opción que esperar afuera.

— ¿Señorita Swan? —me giré nerviosa porque no sabía que es lo que encontraría, pero para mi sorpresa sólo se trataba de un empleado de restaurante. — ¿Es usted Isabella Swan?

—Sí. —dije con timidez.

—Permítame llevarla a su mesa. —seguí al chico y me acomodó en una de las mesas que estaban cerca de una chimenea que mantenía caliente el lugar, retorcía mis manos en mi regazo y no podía más que sentirme nerviosa. No me había puesto a pensar que podía ser un hombre calvo y gordo o peor aún un hombre casado.

Traté de dejar de pensar en las horribles posibilidades y de mantenerme tranquila ya que en cualquier momento el hombre con el que había estado en contacto durante semanas llegaría. Un arreglo de rosas y tulipanes quedó frente a mis ojos y no pude contener una sonrisa ante el detalle; lo tomé entre mis manos y me giré aún manteniendo la sonrisa en mis labios.

—Edward—murmuré sorprendida.


Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Playlist