Mi nueva vida con un playboy: Capítulo 14



La verdad al descubierto


EPOV

La primera semana sin Bella fue la más dura, había logrado que Eleazar no tocara el tema del compromiso, mientras que yo junto con mi padre presionábamos a los detectives a que encontraran algo que pudiéramos utilizar en su contra, pero hasta el momento, todo había sido inútil.

Al día siguiente de que descubrí que Bella se había marchado intenté retomar la rutina, sabía que sería algo complicado, pero lo más difícil es que Eleazar estaría esperando una respuesta. Tenía un dolor de cabeza demasiado fuerte debido a la cantidad de whisky que había bebido la noche anterior, no importaba lo bueno que fuera la cantidad siempre afectaba.

Mi secretaria me saludó con su habitual sonrisa que se borró al verme llegar, iba a decir algo pero con un simple gesto le indiqué que era mejor que no dijera una sola palabra, entré cerrando la puerta de mi oficina detrás de mí, la sorpresa fue ver que mi silla no estaba vacía.

¿Qué haces aquí? —pregunté acercándome al hombre que se levantó de un salto.

¿Te encuentras bien? —preguntó

¿No deberías de estar aún descansando? —el se encogió de hombros.
Se supone que aún debería de estar haciéndolo, pero tenía cosas de las que hablar contigo. —me señaló la silla de cuero que estaba en un rincón. — Sé que Eleazar está esperando una respuesta y…

Tengo a un par de detectives buscando algo que pueda usar en su contra pero no hay nada, cuando acepté ese estúpido acuerdo las cosas eran muy diferentes y no me importaba estar con una mujer como su hija. —gruñí cerrando los ojos y de inmediato el rostro de Bella apareció.

¿Dónde está Isabella? —preguntó de pronto haciéndome abrir los ojos y abandonar la visión de la hermosa castaña que estaba nombrando. —Puede que Jane diga que ella es la responsable de lo que le sucedió, pero yo tengo mis dudas.

Yo estaba en el salón cerca de la ventana, Bella me daba la espalda, pero parece que lo hizo. —dije con dolor. —No entiendo ¿por qué fue capaz de hacer algo como eso?

Si Jane es como su padre, intentará por todos los medios conseguir lo que quiere y en este momento lo que encabeza su lista eres tú. —me levanté furioso.

¿Cómo puedes ser amigo de un hombre como él? —grité molesto. —Pensé que eras más listo.

Él conoce algo que nos tiene en sus manos, si lo ponemos en nuestra contra, él nos destruirá.

Un error y nos volvemos vulnerables. —lancé al suelo lo que tenía cerca.

Me tomó unos minutos el recuperar el control, estaba furioso por saber que alguien me tenía en sus manos, era como si yo fuera un títere y él el titiritero que solo le bastaba tirar de una cuerda para que las cosas se movieran a su antojo. Siempre había sido yo quien tenía a todos haciendo lo que deseaba y estar del otro lado era frustrante.

¿Dónde esta Bella? —volvió a preguntar mi padre.

Se marchó. —dije sintiendo un extraña sensación en mi garganta como si se cerrara. — Fui demasiado duro con ella. Estaba furioso por lo que había pasado y la dejé sola esa noche ya que estaba fuera de control y lo que menos deseaba era seguir hiriéndola con comentarios desagradables.

Esa chica es especial y ¿sabes qué es lo mejor de todo? —me preguntó y yo negué sin mirarlo, no sabía cómo después de todo podía haber algo bueno. —Te quiere, ella ve al hombre y no solo el apellido.

No puedo buscarla hasta que no solucionemos esto. —dije con pesar

Había visitado a Jane un día porque mi madre no dejaba de pedírmelo, había llegado con unas flores que mi madre le había enviado. La había encontrado en la terraza leyendo una de las revistas de espectáculo mientras tomaba lo que parecía ser Té.

— ¡Edward! —se levantó de un salto dejando al descubierto sus piernas exhibiendo el vestidito que tenia puesto, algo que era estúpido tomando en cuenta que estaba haciendo mucho frio.

— ¿No deberías de arroparte un poco? —le dije entregando las flores que le había enviado mi madre y de inmediato me vi envuelto en sus brazos y una fragancia demasiado dulce llegó a mi nariz haciendo que mi estómago se contrajera. Tomé sus brazos con suavidad y la aparté sin parecer grosero. —Las flores te las envió mi madre y yo solo estoy aquí porque no dejaba de insistir en que debía de hacerlo.

—Oh— dijo con desilusión. — ¿Quieres…

—Solo era una visita rápida, tengo trabajo que hacer. —la miré de arriba abajo solo para comprobar que la caída no la había dañado de la manera que mi madre lo había hecho parecer. —Dime una cosa Jane. ¿Fue Bella la qué te provocó tu caída?

— ¡Ella lo hizo! —Exclamo furiosa— me acerqué a saludarla y ella comenzó a agredirme diciendo que quería que me mantuviera alejada de ti.

—Ella no…

—Es obvio que delante de ti mostraba una cara, pero en realidad era muy diferente.

—Hablaremos después. —dije alejándome de la rubia y saliendo de la casa.

Ese fin de semana me lo pasé en casa donde recibí llamadas de Annett que me pedía que fuera a verla, pero le aseguré que me era imposible, en estos momentos yo no era una compañía del todo agradable y quería evitarle algún mal momento.

Durante ese fin de semana no pude dejar de pensar en ella, en que es lo que estaría haciendo. Una parte de mi había tenido la esperanza de que ella me llamara o me hiciera saber que estaba bien, pero era obvio que no lo haría no después de la manera tan cruel en que la había tratado.

La siguiente semana me sumí en el trabajo y solo volví a la realidad cuando Eleazar se presentó en mi oficina y no espero a ser anunciado.

— ¿Puedo saber por qué te niegas a atender mis llamadas? —preguntó sentándose sin ser invitado. —Creo que ya tuviste tiempo suficiente.

Cerré los puños con fuerza ignorando el dolor, era claro que ese hombre no iba a descansar hasta que obtuviera lo que estaba buscando y no le importaba el utilizar a su hija para conseguirlo, la pobre chica no tenía ni idea que solo lo estaba utilizando como una moneda de cambio, se aprovechaba de sus sentimientos.

Estaba entre la espada y la pared, sabía que solo había una salida y ya no tenía más tiempo para alargar, si lo hacía Eleazar no dudaría en utilizar la información que poseía.

—Tú ganas. —le dije en un gruñido.

— ¡Enhorabuena! —exclamó feliz, se levantó e hizo el ademan de acercarse pero basto una mirada para que desistiera. —Muchacho, serás parte de mi familia.

—No por elección. —me levanté lentamente y lo miré a los ojos. —Estaré casado con tu hija, pero solo será sobre papel.

—Lo que tú hagas me tiene sin cuidado. —dijo sin inmutarse, dejando claro que lo sentimientos de su hija no le importaban.

Eso había sido el miércoles y para el viernes la noticia de mi supuesto compromiso ya había aparecido en una de las revistas de mayor circulación lo que me revolvió el estómago, llamé a Eleazar para saber porque lo había hecho pero el hombre no se dignó a atender la llamada. Había entrado a una junta de negocios que me llevó gran parte de la tarde y cuando terminó había recibido felicitación cuando lo más adecuado era una condolencia. Al llegar a mi oficina mi secretaria me informó que mi padre esperaba que fuera a casa esa noche para hablar de ciertos asuntos importantes, asuntos que sabia cuales eran.

Salí de la oficina una hora antes y conduje hasta casa de mis padres a una velocidad prudente. La verdad es que solo estaba alargando el tiempo del trayecto ya que no me apetecía a hablar de la decisión que había tomado.

— ¡Edward! —exclamó mi madre al verme, me envolvió en sus brazos y me dio un par de besos. —No sabes lo feliz que me siento de que al final estés comprometido con Jane. Es la chica indicada.

—Déjalo respirar mujer. —protestó mi padre mirándome seriamente. —vamos a mi despacho Edward. Que nadie nos moleste Esme.

Le di un beso a mi madre que aún lucia muy feliz por la noticia, seguí a mi padre que había dejado la puerta abierta para que entrara.

— ¿Por qué lo hiciste?

—No tenía más opción, Eleazar fue a mi oficina y al no tener nada que nos ayude para hundirlo es lo mejor.

—Tú no quieres a esa mujer, no puedes casarte con Jane. —dijo mi padre mirándome con ojos suplicantes.

—No la quiero y sé que no debo de hacerlo, pero es la única salida que tenemos en estos momentos.

—Es injusto que lo hagas, no puedes…

—Sabía que algo así le estarías diciendo. —dijo mi madre entrando en la oficina. — No sé qué es lo que no te gusta de Jane, es una chica de muy buena familia, tiene una educación formidable, es de su mismo círculo…

—No puedo creer que digas eso Esme. —bramó mi padre. — Edward no siente nada por esa rubia insípida, él quiere a otra persona que también lo quiere a él.

—No te atrevas a hablar así de Jane. —se acercó a mi padre furiosa. —La mujer de la que hablas lo único que quería era su dinero, es como todas esas mujeres que han estado antes, lo único que buscan es un poco de lujos que con su patética vida no han conseguido.

—No todas han tenido la fortuna de nacer en una familia privilegiada como tú. —le dije mirándola con rabia, no podía creer que siguiera hablando de esa manera. Era la primera vez que le hablaba de esa manera.

—Es la verdad, esa mujer lo único que quería era todo lo que pudiera conseguir de ti. Las mujeres como ella solo se les puede llamar de una manera.

— ¡No te atrevas! —le grité, ella abrió los ojos sorprendía por mi atrevimiento, apretó los labios y respiró profundamente antes de contestar.

—No lo diré pero sabes que lo es.

— ¡Basta Esme! —mi padre la tomó del brazo.

No esperé para escuchar que es lo que le dacia, giré sobre mis talones y salí de la casa, subí a mi auto y me marché con un fuerte rechinado de llantas. Durante el fin de semana había evitado las llamadas de mis padres y evitado a todos los medios de comunicación que parecían querer conocer algo más sobre mi inesperado compromiso con la hija de Eleazar.

Traté de ignorar las especulaciones que salían en la prensa amarilla, pero lo que me molestó verdaderamente fue que comenzaran a especular sobre un embarazo y cuando se lo habían preguntado a Jane ella solo había dicho que no hablaría al respecto dando entender que era verdad. Esa misma tarde fui a casa de Jane para aclara todo.

—Hola querido. —me saludó Carmen con sonrisa soñadora.

— ¿Dónde está Jane? —pregunté mirando sobre su hombro y viéndola en la salita. Pase de lado junto a la mujer y fui hasta la rubia que me miró con un poco de temor.

—Edward…

— ¿Quieres explicarme qué es lo que pretendes con esos comentarios tuyos? —grité acercándome a ella al tiempo que retrocedía.

—No es para tanto.

— ¿Te das cuenta de que ahora todo el mundo pensara que estás embarazada?

—Cuando nos casemos…

—No te hagas ilusiones—espeté fríamente notando como sus mejillas perdían el rubor.

— ¿Por qué? — gritó golpeado mi pecho, yo sostuve sus manos.

—Tú no me inspiras esa clase de sentimientos, en realidad no me inspiras ninguno. —su labio inferior comenzó a temblar y su mirada a nublarse. — Éste matrimonio lo arregló tu padre.

—Seré tu esposa.

—Como se lo dije a tu padre, solo lo será sobre un papel. Entre nosotros no habrá nada y será mejor que desmientas ese estúpido rumor.

La solté con brusquedad y me di media vuelta para marcharme.

—¡No puedes tratarme de esa manera!. — gritó histérica. — ¿Qué tiene ella qué no tenga yo?

—Mejor no lo preguntes.

—Ella era una asquerosa prostituta que lo único que buscaba era tu dinero, no puedes preferirla a ella que a mí. —me giré hacia ella lleno de ira por escuchar la manera en la que la había llamado. Retrocedió al instante al notar mi enojo.

—No la llames de esa manera.

—Es lo que es. —apreté los puños para no hacer algo de lo que me arrepentiría y me recordaba que era una mujer la que estaba delante de mí. — No la quité de mi camino solo para que tú me rechazaras, tú eres mío.

— ¿Qué estás diciendo? —la tomé de los hombros con fuerza. Estaba totalmente fuera de sí y parecía que no se daba cuenta de lo que estaba diciendo. — ¿Qué hiciste Jane?

—Yo…—apreté más fuerte sus brazos y ella lanzó un chillidito. — la culpé de la caída cuando lo hice yo, quería que la odiaras y lo hiciste, la sacaste de tu vida por mí. — intentó tomar mi rostro pero yo se lo impedí.

—Ella fue la que se marchó, yo jamás la hubiera dejado por ti. —estaba furioso de conocer la verdad. —Pero ahora que conozco la verdad…

—No puedes cancelar nada, mi padre me dijo que lo harías o tu reputación…

—Veo que sabes algo del trato—aflojé el agarre. — eso me facilita las cosas, esto lo hago por mi familia. —hice una pausa y coloqué mi rostro a su altura y la sentí temblar. —Te prometo que si nos casamos haré de tu vida un infierno.

—Ed.…

Antes de que dijera algo salí de la casa y fui a ver a mi padre, al llegar vi a mi madre que estaba en la salita leyendo un libro, al verme pasar noté un respingo de sorpresa pero no dijo nada, entré al despacho de mi padre y lo encontré revisando unos papeles.

—No terminamos de hablar la vez anterior. —me dijo mi padre. —Espero que durante estos días cambiaras de opinión y…

— ¿No pierdes oportunidad verdad Carlisle? Deja de meterle ideas a tu hijo. —interrumpió nuevamente mi madre.

—Tu no entiendes nada Esme, déjanos solos.

— ¿Y dejar que lo convenzas de que deje a Jane por esa mujerzuela?

—No la llames de esa manera mamá. Puede que no tenga nuestros privilegios pero es una mujer honesta. Una mujer muy superior a Jane.

— ¿Cómo puedes estar tan ciego? Jane…

—Deja de defender a esa mujer, por si no lo sabes ella se dejó caer por las escaleras para que todos se fueran contra Bella. Nos manipuló para que creyéramos sus mentiras, mientras que Bella decía la verdad y nosotros la juzgamos.

—Es una mentira.

— ¡Jane es igual de manipuladora que su padre! —le grité sin pensarlo y eso la sorprendió.

—Ella me mostró pruebas de que Isabella estaba contigo porque sus padres necesitaban dinero, unos pobres agentes inmobiliarios. —se burló mi madre. —no la culpo por querer salir de ese agujero.

— ¿Agentes inmobiliarios? —pregunté mirándola sin entender. —sus padres manejan una granja y Charlie Swan es uno de los mejores criadores de caballos del país. Ella tiene dinero, no necesita el mío.

—Ella te mintió, confío en Jane y ella consiguió esos papeles por medio de un detective que…

—Conozco a sus padres. — pasé la mano por mi cabello. —Cuando todo lo del juicio terminó fui a buscarla para aclarar las cosas y fui hasta la casa de sus padres donde estaba esos días, puede que no vivan con todos los lujos que nosotros contamos, pero ellos no tienen porque preocuparse por la falta de dinero, puedo asegurarte que tienen una enorme cantidad en su banco. —miré a mi madre que parecía contrariada. —Creo que el detective de Jane no sirve de nada y solo le sacó el dinero a ella. Bella siempre ha sido independiente comenzó a cambiar para agradarte, ella no aceptaba mi dinero, ella es una mujer real que me quería por quien soy no por lo que tengo.

—Esa mujer no importa, lo que importa ahora es que te casarás con Jane. —su dedo se encajó en mi pecho, su rostro estaba rojo por la ira y sus ojos resplandecían.

—No lo hará. —dijo mi padre ganándose una mirada asesina de mi madre y una incrédula de mi parte. — No tiene porque casarse con una mujer que no despierta nada en él, no dejaré que mi único hijo sea infeliz solo por un error.

— ¿Qué error? —preguntó mi madre.

—No papá.

—Si Edward aceptó ese trato fue para que Eleazar no divulgara una información que posee. —Mi padre nos dio la espalda —Eleazar se enteró de que hay una pequeña Cullen. —mi madre se llevó las manos a la boca para ahogar un chillido y me miró con horror.

— ¿Cómo pudiste hacer eso Edward? —mi nombre lo pronunció por lo bajo. —manchaste el nombre de esta familia.

—Él no lo hizo, fui yo. —aclaró mi padre mirando a mi madre que se dejó caer en la silla más próxima y parecía en estado de shock. —Esme. — se acercó mi padre hasta ella y lo que recibió fue una bofetada que le hizo girar el rostro y dejó una marca en su mejilla.

— ¿Me engañaste? — le dio un nuevo golpe y luego me miró a mí. —Tú lo encubriste.

—Yo me siento responsable. —dije mirándola.

—Fue hace más de cuatro años, por si lo has olvidado estuvimos a punto de separarnos y tú te dedicaste a viajar mientras que yo seguía a cargo de la empresa. —le recordó mi padre con serenidad. — mi asistente se marchó y Edward me ayudó a conseguir una nueva, en ella encontré una amiga y lentamente ese sentimiento fue cambiando y cuando menos lo esperaba…

— ¡Basta! —pidió mi madre, cubriendo sus oídos.

—Las cosas mejoraron entre nosotros cuando descubrí que Charlotte estaba embarazada, quise mantenerlo oculto, pero tu hijo es más listo de lo que esperaba y me siguió un día cuando iba por Charlotte al hospital después de que naciera Annett. —mi madre se cubría la boca ahogando los gemidos y sus mejillas estaban bañadas de lágrimas. — Fue por eso que no vino una larga temporada a casa, estaba molesto conmigo por traicionarte.

—Me siento culpable aún, porque yo puse a esa mujer junto a él. —dije mirando a mi padre.

—El único culpable fui yo. A veces uno es débil y como las cosas estaban tan mal entre nosotros no pensé que se arreglara. Así que me refugié en el cariño y comprensión de Charlotte.

— ¿Le diste tu apellido? —preguntó mi madre con voz temblorosa.

—Charlotte se negó a que lo hiciera, pero yo me puse en contacto con ella y la convencí de que dejara que fuera mi nombre el que apareciera en el acta, ella es una Cullen, no podía permitir que esa niña viviera privada de cosas que le pertenecen y que además a nosotros no nos hacen falta. —le dije y no pude evitar sonreír al recordar a la pequeña, era tan parecida a mí que muchos no dudarían que era mi hija, pero todos sus rasgos los había heredado de nuestros abuelos.

—Ella no es una Cullen, es…

—No lo digas mamá, esa niña es la menos culpable de todo esto. —le dije tratando de acercarme a ella pero se alejó y salió de dejándonos solos.

Vi a mi padre que estaba abatido, pero también parecía que la carga que había estado manteniendo durante tanto tiempo se había aligerado un poco. Apreté su hombro con suavidad y fui detrás de mi madre.

La encontré en su habitación sentada en la cama dejando escapar sollozos lastimeros que me rompieron el corazón.

—Mamá. —dije suavemente.

— ¿Por qué jamás me dijiste nada? — dijo con la voz entrecortada, me acerqué a ella y me mantuve de pie apoyado en una de la columnas de la cama.

—No me correspondía a mí, yo jamás pensé que eso sucedería.

— ¿La conoces? —preguntó levantando su mirada que mostraba el profundo dolor que estaba sintiendo.

—Es una pequeña encantadora, es muy inteligente y…

— ¿Tu padre la ve a menudo?

—Él no la ha visto desde que nació, le provee de lo que necesita pero la dejó de lado para estar contigo, te eligió a ti sobre ella. —dije con melancolía. —Annett solo me conoce a mí, ella me preguntó un día si era su papá y le dije que sí, eso le hace ilusión.

—Lo que dijiste acerca de Jane… ¿es verdad? —preguntó.

—Si acepté este tonto compromiso fue para que Eleazar no divulgara nada sobre Annett y sobre todo para que tú no tuvieras que pasar por todo esto. —dije sintiéndome culpable de mentirle. — Hace un rato fui a ver a Jane para hacer que desmintiera esos estúpidos rumores acerca de un embarazo que han aparecido en la prensa, discutimos y terminó confesando que lo del accidente había sido ocasionado por ella y Bella no había tenido nada que ver.

— ¿Por qué haría algo como eso? —preguntó hipando.

—Ella ha estado obsesionada conmigo, yo solo era amable con ella porque pensé que Eleazar era amigo de mi padre y tú te llevas bien con su madre y con ella, pero ella no me agrada.

— ¿Ibas a casarte con ella solo por nosotros? —Asentí— ¿Qué hay de lo que dijo de Bella? —preguntó de pronto tomándome por sorpresa de que la llamara Bella.

—Como te dije antes conozco a sus padres y no tienen nada que ver con los negocios inmobiliarios. Por si no lo sabes Bella fue la agente que me protegió mientras estuve oculto, no fui nada agradable pero ella me puso en mi lugar varias veces, poco a poco fue despertando sentimientos en mí que no conocía y bueno…—me encogí de hombros con una sonrisa.

— ¿La quieres? —la miré a los ojos y negué con un movimiento de cabeza que la desconcertó. —pero acabas de decir que…

—Lo que siento por Bella va más a allá de simple cariño. —la miré a los ojos para ver como se ensombrecían lentamente y las lágrimas comenzaban a brotar. — ¿Qué sucede, mamá?

—Lo siento tanto. —dijo hipando y yo no comprendí, me acerqué a ella y la envolví en mis brazos.

Parecía que los roles se habían invertido, durante gran parte de mi vida mi madre había sido la mujer que había estado junto a mí en los momentos difíciles, dándome palabras de aliento cuando las necesitaba. Y ahora era yo quien estaba sosteniéndola a ella en un momento muy difícil.

—Perdóname. —dijo hipando y apretando mi camisa.

—No importa nada mamá. —besé su coronilla.

—Creí en las mentiras de Jane, traté muy mal a Bella. —mis brazos se pusieron rígidos a su alrededor— traté por todos los medios de que ella se diera cuenta de que no encajaba entre nosotros. Y ella me demostraba que era la indicada por lo que me hacia enojar.

— ¿Por qué?

—Estaba cegada por las mentiras de Jane, no me odies Edward. —me pidió y fue un enorme esfuerzo el que tuve que hacer para sonreír. — Yo la eché de tu vida, después del incidente en la fiesta fui a buscarla y le pagué para que se fuera.

— ¿Qué? —exclamé con voz acerada separándome de ella como si de pronto su cuerpo me quemara.

—Yo creía que hacía lo mejor… — froté mi rostro con mis manos y evité cualquier toqué de mi madre.

—Si necesitas algo llámame. —le dije antes de salir de su habitación.

Durante mucho tiempo se había estado tejiendo una red de mentiras de la que no me había dado cuenta, Bella me había dicho la verdad sobre que mi madre no era agradable y yo me había comportado como un niño apegado a su madre. La familia que había conocido un día se había desmoronado, tal vez no me había dado cuenta pero ya tenía mucho tiempo que no éramos esa familia de cuando yo era pequeño.

Siempre había tenido todo lo que había deseado y ahora lo único que quería parecía que no lo tendría, ella se había marchado y estaba seguro que se había enterado de mi compromiso con Jane, lo que haría que lo que un día habíamos tenido se perdiera.

Siempre por miedo había evitado decir dos palabras que sabía me harían ver lo vulnerable que era a ella, pero ahora estaba seguro que de haber pronunciado un te amo haría que las cosas fueran diferentes. Ahora que veía el tiempo que había pasado con ella me sentía asqueado porque todo ese tiempo no la había tratado de la manera que debía, más bien la había hecho sentir como una aventura; egoístamente siempre había pensado que ella estaría ahí hasta que yo dijera que era suficiente pero la verdad es que eso no llegaría a suceder. Yo la necesitaba conmigo y ahora ya no la tenía más a mí lado.



Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

1 comentario:

  1. Aleluya, aleluya, aleluya, aleluya, jejeje dejare de cantar por que mi madre me esta mirando raro pero por fin! el idiota de Edward ya se dio cuenta, de verddad que este capitulo te quedo perfecto, yo no le cambiaria nadada; felicidades :) clau

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