Mi nueva vida con un playboy: Capítulo 6



Soy la indicada

De regreso, en el auto dije que estaba algo cansada y que si no le importaba prefería dormir un poco, él no le dio importancia y se dedicó a conducir mientras que yo fingía dormir.


Mientras recorríamos el jardín su madre había sido agradable, pero en un par de ocasiones me dejó saber lo que yo intuía, ella no me veía como la chica adecuada para su hijo. Sabía que tenía solo dos salidas, una era alejarme y regresar a mi vida antes de que cambiara por completo o bien demostrarle que podía ser la mujer adecuada para Edward, yo lo quería y me asustaba que lo que sentía por él creciera de una manera tan acelerada, pero era la sensación más intensa que había sentido por un hombre.

— ¿Qué te preocupa? —me preguntó rompiendo el silencio y me dejó saber que era consciente de que no estaba dormida.

— ¿Por qué crees que me preocupa algo? —le cuestioné abriendo los ojos y acomodándome en el asiento.

—Estabas demasiado rígida y tu semblante refleja que algo te tiene inquieta. —me llevé la mano al cabello y me regañé mentalmente por ser tan transparente ¿Qué es lo que me estaba pasando?

—Es sólo que no logro hacerme a la idea de esto.

— ¿Esto? —preguntó mirándome y enarcando una ceja y sabía que había entrecerrado los ojos, pero no lo podía asegurar ya que llevaba puestos los anteojos de sol. —Lo que tú llamas "esto", es una relación.

— ¿Crees qué es lo correcto? —pregunté apoyando mi codo en la puerta y recargando mi rostro en mi mano para mirarlo.

—Es lo que quiero y pensé que tu también.

—Si lo quiero, es sólo que hay momentos en los que me pregunto ¿Qué estoy haciendo?

—La respuesta es demostrar que lo nuestro puede funcionar.

— ¿Aunque tú madre no me acepte? —solté sin pensarlo y sentí mis mejillas enrojecer.

—Se muestra algo recelosa, pero sé que dentro de poco te la ganaras. —apretó mi rodilla. —El que vayas con ella de compras es algo a tu favor.

Iba a seguir protestando, pero sabía que no tenía ningún caso. Ahora sólo debía de prepararme mentalmente para el fin de semana. Cerré los ojos con fuerza al caer en cuenta de que estando con ella visitaría las tiendas más exclusivas y aunque podía cumplirme un capricho no lo hacía porque me parecía estúpido el gastar en cosas tan simples que costaban una fortuna sólo por ser de un diseñador reconocido.

Sería mejor que me tranquilizara y pensara en alguna estrategia como si se tratara de una misión, bueno no era como si lo fuera, era una misión muy difícil: tenía que simpatizar con la madre de Edward. Reprimí una carcajada al darme cuenta de lo estúpida que sonaba.
Esa noche llamé a mis padres y lo primero que me dijeron es que habían escuchado hablar mucho de mí en algunos de los programas de espectáculos y que muchos de ellos aún seguían tratando de averiguar quien era y a que me dedicaba y lo más importante como es que había conocido al gran Edward Cullen.

— ¿Segura que estás haciendo lo correcto? —preguntó mi madre que parecía aún dudar de la situación.

—Lo estoy mamá. ¿Puedes creer que conocí a sus padres? —le comenté para que supiera que no era una simple aventura. ¿Por qué si me había presentado a su familia quería decir que esto era algo más serio o me estaba equivocando?

— ¿Y son agradables? ¿Te trataron bien?

—Su papá es un hombre simpático y bastante agradable…

— ¿Así qué el problema es la madre? —soltó una risita. —siempre somos las malas, pero es natural ya que siempre deseamos lo mejor para nuestros hijos. Ya lo entenderás cuando seas madre.

—Es demasiado seria y…— me mordí la lengua— y creo que no le caí muy bien, me ve como una intrusa.

—Solamente se tu misma cariño, no hay nadie que no te adore. —solté una pequeña risita.

—Lo dices porque eres mi madre, así que ese comentario no cuenta.

—Dale tiempo para que se acostumbre a ti, es difícil ver que uno de nuestros hijos está saliendo con alguien, para nosotros nadie será el adecuado.

— ¿Crees qué Edward no es el adecuado? —le pregunté al recordar la manera agradable que lo había tratado.

—Es un hombre guapo no lo voy a negar, pero no me agrada la fama que tiene, Sin embargo eres tú la que debe de elegir. Yo hubiera preferido un chico normal.

— ¿Y él no lo es?

—Sabes a lo que me refiero Belly, él es un multimillonario, proviene de una familia adinerada y no me asombraría que tuviera familia de la nobleza.

—La gente únicamente conoce la faceta del Edward que muestran las revistas, pero yo conozco una faceta que la mayoría desconoce y que es maravillosa.

—Te quiero mucho Bella y por eso sólo te voy a pedir que tengas mucho cuidado y que no te dejes cegar por los sentimientos, ya que a veces no son los mejores consejeros. Abre bien los ojos pequeña.

—Confía en mi mamá, Edward no me engañaría.

—Hablamos después, que debo de ir al pueblo por un par de cosas. —se despidió recordándome nuevamente lo mucho que me querían.

Me di una ducha y dejé que el agua se llevara mis dudas, sabía que lo que estaba haciendo era lo correcto, Edward me quería y aunque yo lo negara sabía que también lo hacía, teníamos que demostrarnos que esta relación tenía un futuro, y lo primero que debía de hacer era demostrarles a los demás que era la chica indicada para él.

El resto de la semana salí a conocer gran parte de la ciudad ya que Edward tenía que estar en la oficina prácticamente todo el día, era una ciudad algo sombría pero que poseía su encanto. Los primeros días me había frustrado al notar que dos hombres me seguían a unos cuantos metros tratando de ser discretos, pero era imposible no notarlos con mi formación como agente; había tratado que Edward notara que era una exageración pero se negó rotundamente a retirar a sus hombres.

Por las noches esperaba a Edward a cenar y sólo cuando algo se complicaba me llamaba antes de las siete para avisarme que llegaría tarde, en esta semana apenas dos veces habíamos cenado juntos, debido a las diversas reuniones que debía de atender para que la empresa siguiera trabajando al mismo ritmo de siempre. Podía que él no lo viera, pero estaba desgastándose mucho y al final de cuentas eso le perjudicaría, una clara muestra era el susto que les había dado su padre y parecía que él quería obtener lo mismo. Un par de veces por la mañana era despertada con sensuales caricias y una voz ronca que me hacía disfrutar de un momento de intimidad, en cada uno de ellos había algo nuevo y muy excitante. Con él me estaba volviendo más atrevida y había descubierto que era más flexible de lo que había imaginado.

Finalmente el temido sábado había llegado, me había envuelto en otro vestido que se ajustaba a mi cuerpo, me coloque unas zapatillas que al final del día sabía terminaría odiando, pero todo era por dar una buena impresión a la madre de Edward que no creía que me viera con buenos ojos si me presentaba con algo que no fuera tan femenino.

—Todo saldrá bien. —me susurró posando sus manos en mi cintura, haciendo a un lado mi cabello para poder besar mi cuello con infinita suavidad.

—No puede ser tan malo. —le sonreí y lo aparte de mi antes de que ambos termináramos retrasados y estropeara el tiempo que había invertido para obtener un maquillaje casi perfecto.

Edward me acompañó hasta el lugar donde había quedado de ver a su madre que ya me esperaba y al ver a Edward lo abrazó aprovechó para lanzarme una mirada evaluadora, para mi sorpresa parece que no encontró nada inapropiado por que no hizo ningún gesto.

— ¿Nos acompañarás? —preguntó su madre.

—Tengo trabajo que hacer, pero procura no tardar demasiado ya que tengo entradas para una obra que estrena esta noche y quiero llevar a Bella conmigo.

—No tardaremos demasiado, sólo necesito un par de cositas. —le dio un beso y palmeó suavemente su mejilla.

—Nos vemos más tarde, preciosa. —besó mi coronilla y en un rápido movimiento me dio de nuevo su tarjeta de crédito y antes de que dijera algo él se marchó atendiendo una llamada al móvil.

—Será mejor comenzar. ¿Ya tienes algo adecuado para esta noche? —me preguntó su madre enarcando una ceja.

—No tenía ni idea de que tuviera planes para esta noche. —dije honestamente tratando de controlar mi molestia por enterarme de esa manera.

—Muy bien, si nos damos prisa sé que encontraremos algo que te ayude a mejorar tu apariencia. — apreté los puños ante su comentario tan mordaz.

Fui junto con ella que no dejaba de hacer preguntas sobre quienes eran mis diseñadores favoritos y si había visto la nueva colección de invierno.

—No soy una amante de la moda, sólo he escuchado hablar de algunos diseñadores pero no suelo comprar ropa de ese tipo. —se mordió el labio inferior y solo negó con la cabeza.

— ¿A qué te dedicas Isabella?

—Soy agente del FBI. —dije con orgullo y note como en su rostro se formaba una expresión de rotunda sorpresa.

— ¿Tú eras la chica que cuido de Edward durante todo ese feo incidente?

—La misma. —dije con una sonrisa al recordar algunas de las veces que había controlado a Edward y como este lentamente me fue conquistando.

— ¿No es una falta de ética involucrarte con un cliente?

—Ese caso está cerrado.

No dijo nada más y continuó caminando hasta llegar a una tienda que con solo ver su decoración dejaba ver que era un lugar exclusivo. Una de las dependientas se acercó a Esme y la saludó con familiaridad.

—Necesitamos un vestido para ella. —me señaló y la mujer me miró intensamente por unos segundos. —Asistirá a una obra de teatro.

—Creo que ya tengo algo que le puede ir bien. —aseguró la mujer con una cálida sonrisa.

—Puedes ver por si te gusta algo Isabella, yo tengo que medirme un par de prendas. —me dijo con una sonrisa fingida.

Recorrí la tienda y encontré varios modelos que me enamoraron, y al ver la etiqueta pensé que se trataba de un robo, yo podía conseguir un vestido similar por una cuarta parte o mucho menos. Me detuve a mirar un vestido verde cuando escuche la voz de Esme que estaba evaluando algunos vestidos.

—Ella es demasiado pálida y le sentara perfecto un color vibrante. —le aseguró la mujer que le mostraba un vestido rojo.

—La pobre no tiene mucho encanto y necesito que luzca presentable ya que acompañara a Edward. Creo que será mejor un color no tan llamativo ya que no queremos que las miradas se posen en ella y noten lo insignificante que es. —la mujer asintió.

Escuchar ese comentario mando mí autoestima a los suelos, yo sabía que no era la mujer más hermosa pero el que alguien más lo dijera dolía y mucho.

Finalmente después de un rato comencé a probarme vestidos que iban desde el gris hasta el terracota, éste último lo descartó ya que era un color que según ella no me favorecía. Después de una serie de vestidos a los cuales siempre les encontraba algún pero, me mostraron uno que dijo ella no me sentaría bien y yo pedí probármelo ya que me había gustado aunque no fuera el tipo de vestido que solía usar. Era un vestido ceñido que se ajustaba perfectamente a las pequeñas curvas que poseía y la dependienta que me estaba ayudando me aseguró que debía de llevármelo ya que era el que más me favorecía y me hacía ver divina. Al dejar que Esme me evaluara noté como fruncía los labios y entrecerraba los ojos.

—No creo que sea el indicado.

—Yo creo que es perfecto. —dije segura sin mirarla a los ojos. —Es el vestido que más me ha gustado y el que me siento cómoda.

—El hecho de que te guste no quiere decir que te siente bien. —sentenció mirándome altivamente. —Pero es tu decisión yo sólo planeaba ayudar.

—Y lo agradezco. —dije mirándome en el espejo y sintiéndome bien ante la imagen que estaba observando.

Esme indicó que enviaran el vestido y los accesorios que había elegido para el atuendo a la dirección de Edward, sin pensarlo dos veces extendí mi tarjeta en lugar de la Edward y apreté los labios al saber que al deslizarla una gran parte de mis ahorros se esfumarían y todo por un vestido, unas zapatillas para una sola noche.

El resto de la tarde la acompañé entrando y saliendo de diferentes tiendas, pero ella se mostraba más fría y me ignoró la mayor parte del tiempo.

—Será mejor que te arregles si quieres estar lista a tiempo. —me sugirió cuando estábamos fuera del edificio donde vivía con Edward.

—Lamento lo de esta mañana, pero agradezco su ayuda. —dije tratando de romper la tensión que se sentía entre ambas, cuando ya estaba fuera del auto.

—Sólo asegúrate de no hacer el ridículo. —me dijo cerrando la puerta y marchándose del lugar.

Lo que había imaginado no era nada en comparación con lo horrible de la situación, era una mujer voluble y sobre todo una actriz magnífica que delante de Edward se mostraba como una madre amorosa que estaba dispuesta a llevarse bien con su nueva novia, pero conmigo se mostraba fría y no temía dejarme saber lo desagradable que le resultaba.

Me tomó cerca de dos horas el alistarme y el resultado fue espectacular. Deje la bata de lado y me dispuse a colocarme el vestido para dar por finalizado el arreglo ya que Edward no tardaría en llegar.

—Permíteme. —mis manos se quedaron estáticas al escuchar la sensual voz de Edward que mientras subía la cremallera del vestido su mano rozaba la piel de mi espalda.

—Gracias.

—Luces maravillosa. —me aseguró dándome un beso apasionado que me hizo gemir. —me daré una ducha ya que es tarde. Pero estaré ansioso por regresar y quitarte ese vestido.

—Que sea una ducha de agua helada.

—No hay opción.

Al llegar al teatro muchas de las miradas se posaron en nosotros y muchos se acercaron a saludarnos, algunas de las mujeres me lanzaban una mirada altiva y me dedicaban una falsa sonrisa, mientras yo trataba de ignorarlas. No entendía como estas personas eran tan hipócritas, delante de Edward se mostraban agradables conmigo pero si él no miraba me veían con desprecio.

—Edward. —ambos nos detuvimos y giramos al escuchar que lo llamaban.

Abriéndose paso entre la multitud estaba Jane que iba en un vestido rojo, uno que se parecía demasiado a uno de los que me había probado esa mañana sólo que en gris oscuro.

—Que cambio. —fue lo primero que dijo al estar frente a nosotros y mirarme.

— ¿Qué se te ofrecía Jane? —preguntó Edward pasando un brazo por mi cintura y noté como varias miradas se posaban en nosotros.

—Sólo te vi y quise saludarlos. Mis padres estas por llegar y estoy segura de que les encantara que después de la obra cenen con nosotros.

—Gracias pero ya tenemos otros planes. —cortó Edward.

—No es para nada educado el que rechaces la invitación de Jane. —murmuró Eleazar que llegaba junto con su esposa que resaltaba por el numero de joyas que tenía puestas.

—Será para otra ocasión y si nos disculpan, tenemos que tomar nuestros lugares. —se despidió llevándome dentro.

EVOP

Sabía que Bella estaba nerviosa por pasar el día con mi madre, pero el fin de semana anterior mi madre había demostrado que le interesaba conocerla y que mejor manera que haciendo cosas de chicas que aunque Bella asegurara no le gustaba salir de compras, sabía que pronto terminaría amándolo y más cuando se diera cuenta de que ahora que estaba conmigo podía obtener todo lo que quisiera.

Me llevé una grata sorpresa al llegar a casa y encontrarla subiendo la cremallera de su vestido, tarea que decidí interrumpir para hacerlo yo y aprovechar el momento para tocar su piel que con mi tacto comenzaba a reaccionar de manera involuntaria y provocó que la ducha tuviera que ser con agua muy helada para poder disminuir el calor que comenzaba a recorrer mi cuerpo.

En el teatro muchas de las personas se acercaron para saludarme, sin embargo sabía que la verdadera razón era que querían conocer a la mujer que iba de mi brazo y que mantenía una sonrisa cálida y cómplice conmigo. La sorpresa de la noche fue encontrarme con Jane y con sus padres que aunque nos invitaron a cenar de manera supuestamente amigable, sabía que lo que Eleazar pretendía era sembrar la duda en Bella o de lo contrario decírselo de manera clara aunque yo no hubiera aceptado aún a contraer matrimonio con Jane.

En lugar de disfrutar de la obra mi mente comenzó a hacer una lista mental de todo lo que tenía que revisar y con cuales personas debía de acudir para encontrar una solución al problema que me estaba arruinando la vida en estos momentos.

— ¿Estás bien? —me preguntó en un susurro apretando mi mano.

—Claro cariño. —mentí.

Ella volvió a poner toda su atención en el escenario y supe que la siguiente semana a más tardar debía de viajar a Newcastle para ver a Annette. No podía dejar que los medios hablaran con ella ya que se ocasionaría un escándalo que arruinaría un par de negocios, la reputación de mi familia y mi relación con Bella.



Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

1 comentario:

  1. oh oh... no se que mas poner :3 asi que creo que debiste describir un poco el vestido de bella, sin ofrnder, critica constructiva u.u

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