Mi nueva vida con un playboy: Capítulo 7



COMPLICACIONES


Era viernes y aún estaba en la oficina esperando que un pequeño problemita se solucionara para poder disfrutar de un fin de semana tranquilo al lado de Bella. Me alegraba de que ella se estuviera adaptando tan bien a la ciudad y que entendiera que mi tiempo se veía limitado por estar al frente de la empresa.


Había hablado con mi madre en la semana y me sorprendió cuando me comentó que parecía que ella no le simpatizaba a Bella, ya que el día que habían salido se había mostrado algo fría y a pesar de que la había intentado ayudar con la elección del vestido al final había elegido el que ella quería ignorando sus palabras. Sabía que era tal vez que ella aún no estaba cómoda con mi madre, por lo que dejé pasar ese pequeño inconveniente y me prometí que trataría que ambas pasaran más tiempo juntas para que se acostumbraran y comenzarán a limar asperezas, era consciente de que mi madre no era toda dulzura, pero era una buena mujer.

La cabeza me dolía casi como si me fuera a explotar, el trabajo sumado con el saber que seguía mintiéndole a Bella me estaba matando, queriendo arreglar las cosas las había complicado aún más y me veía en la necesidad de seguir mintiendo y ahora debía de encontrar una excusa para un viaje que haría en dos semanas para asistir a una fiesta de cumpleaños a la que me había comprometido y de la que Bella no se debía de enterar o estaba seguro que la perdería.

Agradecí cuando mi teléfono timbró y era el encargado de la sucursal de Roma que me informaba que el problema que me había tenido molesto toda la tarde en realidad sólo había sido un error al capturar los datos y no había ninguna fuga de dinero de la que debíamos de preocuparnos. Tomé mis cosas y me di prisa para llegar a mi departamento para después de un largo tiempo por fin poder cenar con la hermosa mujer que me esperaba cada noche.

Al llegar un delicioso aroma llegó a mi nariz y lo seguí hasta la cocina donde encontré a Bella maldiciendo mientras tenía uno de sus dedos en la boca lo que la hacía verse graciosa.

—Pensé que ya no maldecías. —le dije ganándome una mirada severa y después una sonrisa.

— ¡Llegaste! —exclamó sin ocultar su felicidad, me envolvió en sus brazos y sus labios chocaron con los míos.

—Éstas bienvenidas si me agradan.

—Las recibirías todos los días, pero no siempre llegas a cenar conmigo. —se encogió de hombros y sacudió su mano suavemente.

— ¿Qué te sucedió? —le pregunté tomando su mano y notando un pequeño corte.

—Estaba distraída y lo estaba haciendo muy aprisa. —le restó importancia. —Voy por una tirita, la cena ya casi está lista.

— ¿Tú la preparaste?

—Sé que no se compara con la de tu chef, pero es comestible. —aseguró.

—Eso lo sé preciosa, créeme que prefiero tu comida a la un chef.

—Eso no lo decías al principio ¿Recuerdas?

—Como olvidarlo, pero la realidad es que me gustó desde el primer momento sólo que no quería aceptarlo ya que temía que tú ego creciera. —ella me miró con la boca ligeramente abierta y los ojos entrecerrados.

—El único que tiene un ego demasiado grande eres tú. —me encogí de hombros y ella rodó los ojos.

—Ve por esa tirita. —le dije suavemente antes de darle una palmadita en el trasero y salir rumbo a mi despacho por una pastilla para controlar el dolor de cabeza.

La cena fue completamente relajante, en ese momento ninguno de los habló de trabajo o de otras personas, simplemente hablamos de nosotros y contamos algunas de nuestras travesuras en la infancia, así como de momentos importantes que nos hicieron ser quiénes éramos, también me atreví a preguntar sobre sus antiguas relaciones y me sorprendí que apenas hubiera salido con unos cuantos chicos mientras que yo había salido con una infinidad de mujeres, pero muchas de ellas sólo habían sido una muestra de que ninguna mujer era un imposible para mí ¿eso es lo que sería Isabella?

Toda esta situación me tenía seriamente presionado y ya estaba comenzando a dudar de mis decisiones y acciones.

— ¿Te sientes bien? —me preguntó colocando una mano en mi frente.

—La verdad es que tengo un fuerte dolor de cabeza.

—No me extraña. —se encogió de hombros. —Estás todo el día metido en esa oficina tratando de hacerte pasar por un súper hombre, cuando estoy segura de que hay tareas que puedes delegar a alguien más.

— ¿Súper hombre? —pregunté enarcando una ceja confundido.

—Crees que tú puedes hacer todo sin ayuda de los demás, no entiendo que caso tiene tener tantos hombres y mujeres trabajando para ti cuando no puedes delegar tareas y relajarte un poco.

—Alguien debe de cuidar que las cosas se hagan bien, un error y puede ser una perdida monumental. ¿Tienes idea de lo que eso ocasionaría? —bufé frustrado y molesto. —No tienes la más mínima idea de lo que implica estar al frente de una compañía de la magnitud que es la nuestra.

Antes de que pudiera decir algo más me marché dejándola sola y me fui a encerrar al despacho donde sabía conseguiría un poco de paz, en esos minutos me di cuenta de que no había razón para que le hubiera hablado de la manera en que lo hice, pero estaba tan enojado por la situación que a travesaba que venía descargando mi coraje con cualquiera que se atreviera a cuestionarme, el error más grande había sido hacerlo con ella.

Fui a buscarla a la cocina y sólo encontré el lavavajillas encendido y la mesa limpia como si nadie hubiera estado ahí. Llegué a la habitación y sólo escuché el correr del agua y como una pequeña lucecita se colaba por debajo de la puerta. Una sonrisa se formó en mis labios y me desvestí rápidamente, giré el pomo de la puerta suavemente evitando que ella se diera cuenta de que planeaba hacerle compañía. La vi con el rostro levantado y como el agua daba directamente en el, me acomodé detrás de ella y cerré los ojos al percibir el aroma de su shampoo.

— ¿Quieres compañía? —pregunté haciéndola saltar y sosteniéndola para que no cayera.

— ¿Qué haces aquí? —me fulminó con la mirada.

—Sólo quiero disculparme; no fue el mejor día en la empresa y sin querer fuiste tú la que se llevó la peor parte.

—Sólo me preocupa que enfermes, ya viste lo que le pasó a tú padre. — deslicé mis manos por su cintura húmeda, pero cálida.

—Te prometo que delegaré tareas, pero ahora sólo quiero pedirte disculpas de una manera que sé no te podrás negar.

Me adueñé de sus labios en un beso profundo pegándola completamente a mi cuerpo y que sintiera lo que estaba provocando en mí, enredé mi mano en su cabello y tiré suavemente de él para que me diera acceso a su cuello y comencé a dejar pequeños besos. A medida que decía perdón una y otra vez.

—No eres muy convincente. —me aseguró juguetonamente.

Con cada pequeño beso la pasión aumentaba y un calor abrazador comenzaba a arder en mi interior, cuando mis labios tocaron sus montículos rosados, ella dejó escapar un gemido placentero que me indicó que lo estaba disfrutando tanto como yo, la apoyé en la pared mientras seguí besando cada centímetro de piel que aparecía delante de mis labios, me hinqué delante de ella para besar la piel de su vientre y así continúe hasta llegar a sus muslos.

—Détente. —me pidió con la voz entrecortada tomando mi cabello entre sus manos y tratado de separarme de su cuerpo.

Levanté el rostro y me encontré con su mirada oscurecida por el deseo y como su pecho subía y bajaba más aprisa, sonreí de lado y deslicé mi mano por su abdomen hasta llegar a la curva de su seno y presionar con mis dedos una punta rosada haciéndola cerrar los ojos y aproveché ese momento de deliberada distracción para levantar una de sus piernas dejarla en mi hombro y con mi lengua separé los húmedos pliegues de su femineidad hasta llegar al pequeño capullo que se escondía. Lo capturé en mis labios y de inmediato sentí como ella se arqueaba y un gemido nacía en su garganta y después lo dejaba salir por sus labios entreabiertos.

Me mantuve en mi tarea escuchando como de sus labios se escapaba mi nombre y murmuraba un par de cosas que no lograba entender, mi erección era casi dolorosa, pero antes quería asegurarme que ella estaba satisfecha, en este momento no se trataba de mí si no de ella.

—Por favor Edward. —rogó.

Y yo en un movimiento me levanté dejando mi tarea, besé sus labios y con un pequeño empujoncito estuve dentro de ella sintiendo como sus cálidas paredes me envolvían, ambos gemimos al ser uno. Sus uñas se encajaron en mi espalda mientras gemía contra mi cuello, y cada movimiento pronto la llevó al éxtasis, en ese momento aceleré el ritmo liberándome de todos los problemas y las frustraciones que sentía, al llegar al punto más alto experimenté una oleada de completa satisfacción.

Nos quedamos un momento sin movernos en lo que nos recuperábamos, seguía sosteniéndola, manteniendo prácticamente todo su peso en mí, suponía que si la soltaba no sería capaz de sostenerse por sí misma. Besé su cabello y ella sonrió besando mi pecho.

— ¿Estoy perdonado? —susurré ganándome una risita y un golpe suave.

—Lo estás.

La ayudé a terminarse de bañar y cuando estuvimos listos sequé su cuerpo y la llevé a la cama donde la deposité con cuidado y me acomodé junto a ella.

—Descansa cariño. —le dije rodeándola con mis brazos y dejando que apoyara su cabeza en mi pecho.

—Buenas noches Edward.

Su respiración se fue haciendo cada vez más pausada hasta que se quedó profundamente dormida, en este momento tenía una serie de sentimientos encontrados, me sentía satisfecho por el momento que habíamos vivido, pero al mismo tiempo asqueado porque sentía que la había utilizado como una forma de liberarme de toda la tensión que sentía en el momento. Una parte de mi quería decirle la verdad y dejar que fuera ella la que elegirá, pero más predominaba mi parte egoísta que me impedía hablar y me aconsejaba mentir para evitar que se marchara de mi lado, ella me pertenecía y se debía de quedar conmigo hasta que yo quisiera.

Con ese debate interno me fui quedando dormido hasta que el sonido de mi móvil me despertó, solté a Bella que se giró dándome la espalda, tomé el móvil y contesté sin mirar de quien se trataba.

— ¿Eddie? —me desperté por completo al escuchar la dulce voz.

—Dame un segundo. —me levanté de la cama y tomé un pantalón de mi mesita de noche para poder salir de la habitación, cerré la puerta con cuidado de no despertar a la castaña que dormía en mi cama. —Dime cariño.

—Te quiero. —esas dos palabras me tomaron por sorpresa y una estúpida sonrisa se formó en mis labios.

—También te quiero cariño.

— ¿Cuándo vas a venir?

—Pronto cielo, más pronto de lo que te imaginas. —dejo escapar un suspiro de resignación.

—Buenas noches Eddie.

—Descansa Ann. —se despidió lanzando un beso y colgó.

Apoyé el brazo en el ventanal y mi frente en el, cerré los ojos y traté de entender en que momento mi vida se había convertido en este caos, era una red de mentiras y estaba afectando a más personas de las que imaginaba ¿Hasta cuándo terminaría todo esto? Solté un suspiro y recordé el supuesto viaje de negocios que había realizado el martes, cuando en realidad era un viaje para encontrarme con el pasado.

Aflojé el nudo de mi corbata al sentir un calor recorrer mi cuerpo, era nerviosismo por no saber a ciencia cierta lo que se suponía debía de hacer. Había prometido que nunca más volvería y que no tendría contacto con ella, que lo que había sucedido lo olvidaríamos, pero aquí estaba de nuevo a punto de reencontrarme con el pasado.

El auto se detuvo frente a una casa de dos pisos que estaba frente a la costa. Salí con paso lento pero firme, subí el par de peldaños hasta tocar el timbre.

¿Edward? —delante de mí estaba la mujer rubia, de tez blanca, su cuerpo había cambiado ligeramente, juraría que había aumentado un poco de peso pero lo había hecho en las partes adecuadas.

Charlotte. —saludé y sin poder contenerme miré sobre su hombro.

¿Qué haces aquí? —sus manos temblaban ligeramente y noté que miraba detrás de mí para ver si venía con alguien.

Vengo solo. ¿Puedo pasar? —ella lo dudó por unos minutos pero finalmente se hizo a un lado para permitirme entrar.

La casa era pequeña pero su decoración era acogedora, me detuve de seguir inspeccionando cuando noté que una pequeña figura bajaba por las escaleras, una mano iba deslizándose por el pasamanos mientras que con la otra se tallaba su ojito al tiempo que presionaba un osito de peluche. Me quedé sin aliento cuando sus ojos verdes se posaron en mí y su cabello cobrizo caía sobre sus hombros en graciosos bucles.

Hola Annette. —me coloqué en cuclillas al final de la escalera ante la mirada evaluadora de la pequeña que tardo un rato en reconocerme pero cuando lo hizo sonrió.

Eddie. —se lanzó a mis brazos y yo la capturé levantándola y dándole un beso en la mejilla.

Te extrañé mi pequeñita.

Estaba preocupada por ti. —susurró Charlotte que nos miraba con ojos cristalinos. —No sabría como le hubiera explicado a Ann si algo te hubiera sucedido.

Eso es pasado, pero hay cosas de las que debemos hablar. —dije seriamente mirando a la mujer que provocó un cambio en mi vida hace tres años cuando supe que estaba embarazada.

— ¿Hay algún problema? —me sobresalté al escuchar una adormilada voz detrás de mí.

—Nada que no pueda esperar. —le dije mirando que sólo llevaba un albornoz, me acerqué a ella y antes de huyera la coloqué en mi hombro ignorando que mi móvil quedara a mitad del pasillo.

En este momento solo la necesitaba a ella.



Gracias a mis betas: Andrea y Claudia que se toman el tiempo de corregir mis horrores de ortografía y de redacción.

1 comentario:

  1. Mmm disculpa no haberte dicho mi nombre pero es que no había visto tu comentario, casualmente mi nombre es Claudia, no creas que me tomo comentar tu historia como una obligación, lo hago por el placer de expresar mis emociones :3 , este capitulo estuvo realmente impactante te felicito me he quedado muda volviendo a leer el párrafo un rato

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